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Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) v.38 n.2 Santiago dic. 2005

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942005000200006 

 

Instituto de Historia
Pontificia Universidad Católica de Chile
Historia No 38, Vol. II, julio-diciembre 2005: 397-444
ISSN 0073-2435

ESTUDIOS

 

RUPTURA CON EL EJE Y ALINEAMIENTO CON ESTADOS UNIDOS. CHILE DURANTE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

 

Raffaele Nocera*

* Università degli Studi di Napoli, "L'Orientale" Italia. Correo electrónico: r.nocera@mclink.it


En este trabajo se avanza más allá en la investigación de un tema que ya ha sido objeto de otros estudios. Se entrega un análisis pormenorizado de la posición de Chile ante el origen y primer desarrollo de la Segunda Guerra Mundial. Aunque se destacan las relaciones con EE.UU., en base principalmente a un amplio estudio de archivos chilenos y norteamericanos, se analiza la situación tanto política como económica del país en relación a la guerra. El artículo vincula las relaciones de Chile con Estados Unidos a la luz de sus propias relaciones con el conflicto europeo, y particularmente con la Alemania nazi.

Palabras clave: Chile, EE.UU. de N.A., Relaciones Internacionales, Segunda Guerra Mundial.

This study advances the research of a field, which already has been subyect of other works. There is a detailed analysis on Chile's position in front of the origins and in the first stage of the Second World War. There is an emphasis on relations with the U.S., based on Chilean and American archives, on the economic and political attitudes on the war. The article links the relations between Chile and the U.S. under the light of Chilean relations with the European conflict and, specially, Nazi Germany.

Key words: Chile, USA, Internationals affairs, Second War.


INTRODUCCIÓN

El artículo se propone describir la conducta chilena durante la Segunda Guerra Mundial, fijándonos en particular en las relaciones político-diplomáticas y económicas entre Chile y EE.UU. Este asunto ha sido desatendido durante mucho tiempo por la historiografía, incluso la chilena. La investigación más interesante la ha realizado Joaquín Fermandois en un ensayo titulado "Guerra y hegemonía. Un aspecto de las relaciones chileno-norteamericanas"1. A diferencia del trabajo de

Fermandois, nos proponemos ahondar en la descripción de las relaciones entre los dos países americanos bajo el más amplio contexto de la guerra, indagando, además, con más profundidad la relación privilegiada existente entre el país andino y la Alemania nazi. Demos por supuesto el conocimiento de los acontecimientos chilenos del periodo y la evolución del sistema interamericano. Muy importante es, en cambio, la identificación de los enlaces históricos que señalaron un cambio significativo en las relaciones chileno-estadounidenses y las decisiones de La Moneda en lo referente al puesto de Chile en un contexto internacional más amplio.

1. CHILE ENTRE LAS DOS GUERRAS

a) Hegemonía vs. dependencia: las relaciones chileno-estadounidenses

En relación a EE.UU., Chile padeció en la primera mitad del siglo XX una influencia directamente proporcional al aumento de las inversiones estadounidenses y a la orientación, esta también siempre más decidida, de su comercio exterior hacia el mercado norteamericano2.

A partir de 1915 Estados Unidos empezó a ser el principal importador de productos chilenos y la primera fuente de abastecimiento de Chile, reemplazando rápidamente a Gran Bretaña3. Este proceso se aceleró durante y después de la Primera Guerra Mundial. A Estados Unidos se debe esencialmente al comienzo de una fase de conspicuas inversiones en el sector del cobre, que consolidó aún más el poder de Washington en la vida económico-política chilena, teniendo en cuenta que ese mineral representó, a partir de 1930, el principal producto de exportación del país andino. Si Gran Bretaña había representado el primer país en relación a las inversiones en el sector del salitre, ahora Estados Unidos lo era en el del cobre4. Al final, esta fase también demuestra la agudización de la dependencia chilena para con el mercado financiero norteamericano, que substituyó al británico.

Si bien el papel de Alemania no es central en el proceso de transición de Gran Bretaña a Estados Unidos, es importante evidenciar el significativo crecimiento de la presencia comercial alemana entre las dos guerras. La participación en el mercado chileno empezó ya en las primeras décadas del siglo XIX, pero fue solo a principios del siglo XX que las empresas comerciales alemanas tuvieron éxito en Chile y en todo el Cono Sur. Desde fines del siglo XIX hasta la Primera Guerra Mundial, Alemania había mantenido esencialmente invariado su porcentaje en el total de las importaciones chilenas y había absorbido una parte creciente de las exportaciones.

Aunque distanciada, competía a Gran Bretaña y a Estados Unidos una porción considerable del mercado chileno5. La Primera Guerra Mundial interrumpió solo momentáneamente el comercio alemán con Chile. Después del conflicto, de hecho, los exportadores alemanes volvieron rápidamente a los principales mercados de América Latina. No olvidemos, además, que la relación entre Chile y Alemania se basaba no solo en un notable intercambio comercial, sino también en la presencia de muchísimos inmigrantes alemanes6, y en el papel ejercido por Berlín en la formación del Ejército chileno7.

Teniendo en cuenta lo que se ha dicho hasta ahora, durante los años veinte Chile tenía que haber considerado un cambio sustancial en las relaciones internacionales y, sobre todo, una acentuada asimetría en las relaciones con el vecino del norte. Esta tendencia se agudizó con la grave crisis de 1929, la cual afectó seriamente a Chile.

Una de las cuestiones más difíciles en la agenda política del entonces presidente Arturo Alessandri Palma, por lo que se refiere a las relaciones con Estados Unidos, fue la de la deuda externa. En 1931, Chile había suspendido, por primera vez en su historia, el pago. Gracias a la acción determinada del Ministro de Hacienda de Alessandri, Gustavo Ross Santa María, el gobierno chileno consiguió contener las protestas de los acreedores estadounidenses8 y, sobre todo, en muy pocos años, reducir la deuda casi a la mitad9.

Se buscaron otros socios comerciales, y se refrendaron nuevos acuerdos con una docena de países entre los cuales destacaba Alemania, que en 1936 había sustituido a Estados Unidos como principal socio comercial en importaciones desde Chile. Se trataba de una consecuencia de la Gran Depresión, que llevaba al centro de la agenda política la "reanimación de los flujos comerciales"10.

Washington se opuso a esta línea y manifestó al gobierno chileno su contrariedad por la política comercial de los chilenos, sobre todo respecto a las relaciones comerciales con Alemania y a los controles decretados por La Moneda sobre los intercambios chileno-estadounidenses. Otro tema que generó tensión fue el de los aumentos de la presión fiscal decididos por el gobierno chileno en el sector del cobre, que afectó principalmente a las empresas norteamericanas. En una época de euforia nacionalista, la administración norteamericana tenía, en cierto sentido, las manos atadas11: las presiones diplomáticas no lograron impedir ulteriores restricciones al comercio con Estados Unidos y ni tan siquiera nuevas medidas tributarias12.

La relación con EE.UU. fue, pues, primordial en la política exterior chilena durante los años treinta. Esto se evidencia sobre todo si se tiene en cuenta el principal objetivo de aquel período, que fue el de "recrear los vínculos económicos con el mundo"13 para salir del abismo en que se encontraba a causa de la Gran Depresión. Pero la relación con EE.UU. fue solo una parte, importante, del proceso, dado que Santiago tuvo que considerar las circunstancias de la economía mundial y de los vínculos y condicionamientos de la política mundial. Santiago tuvo que buscar caminos alternativos para favorecer el desarrollo económico interior. Análogamente, reaccionó a las tensiones políticas internacionales tratando de encontrar una colocación que la alejara de los vientos de guerra. En su relación con Europa, el mayor interés era de tipo económico, porque en las cuestiones políticas (e ideológicas) se trataba de implicarse lo menos posible en las vicisitudes del viejo continente. Sin embargo, como ha destacado Mario Barros van Buren, Chile "no quedó indiferente frente a los acontecimientos mundiales. El comunismo como la socialdemocracia [y] el nacionalsocialismo […] tuvieron aquí muchas consecuencias"14.

b) Comercio, ideología, política: nazismo y relaciones chileno-alemanas

La ofensiva comercial alemana había recomenzado, tras haberse detenido durante los años veinte, a mediados de la década siguiente. En 1934 se envió a América Latina15 una delegación económica para tantear la factibilidad, auspiciada por Berlín, de importar a América Latina "materiales estratégicos y productos coloniales" y de "promover las relaciones comerciales con los Estados de América del Sur"16. Entre las finalidades principales figuraba la de contrastar la competencia de EE.UU. y Gran Bretaña para "conquistar los mercados del continente americano". El interés del gobierno alemán estaba dirigido principalmente a los países del Cono Sur17, Brasil, Colombia y Ecuador18. Los medios encontrados para reconquistar los mercados continentales eran los acuerdos comerciales basados en la compensación y el trueque. A excepción de Bolivia y Paraguay, se visitaron todos los países latinoamericanos y se firmaron acuerdos comerciales (o tratados con Bancos Centrales) con Argentina, Brasil, Uruguay y Chile19. Respecto a este último, la feliz conclusión del acuerdo se consideró como una ulterior demostración de las buenas relaciones existentes con Chile20. Estados Unidos y Gran Bretaña trataron, por supuesto, de obstaculizar la iniciativa comercial alemana. Ya en febrero de 1937 Berlín alertaba del peligro a todas las sedes diplomáticas en América Latina21. La ofensiva norteamericana se habría acentuado en los años siguientes consiguiendo reemplazar completamente la presencia alemana, pero en 1937-39 la situación era incierta y la expansión comercial quedaba como objetivo primario de Berlín en América Latina.

Otro objetivo era el de consolidar los vínculos con las comunidades alemanas y nazificar las organizaciones en el extranjero, proceso que, sin embargo, no habría tenido que perjudicar los intercambios comerciales ni tampoco poner en peligro las relaciones diplomáticas. El primer objetivo político de los jefes nazis era el de mantener en los países de la región una postura neutral (ante las crisis de los años treinta y sobre todo la Segunda Guerra Mundial). A tal efecto, las colonias de inmigrantes alemanes -o la llamada "quinta columna"- representaban un recurso eficaz de la política exterior nazi. Habrían de cooptarse y adoctrinarse para extender la influencia del nacionalsocialismo en el mundo22.

La hitoriografía generalmente ha considerado las colonias alemanas en América Latina como bloques monolíticos que se adhirieron, en gran medida, política e ideológicamente al nazismo. No siempre todo sucedió de esta manera. Hubo, en realidad, roces en las comunidades y tensiones entre el Partido INSDAP (Nazi en Alemania) y las organizaciones alemanas locales aunque estas tuvieron que sucumbir frente al aparato propagandístico nazi. Este discurso vale, por supuesto, también para Chile, donde sin duda la mayoría de los alemanes y de los descendientes fueron simpatizante de la Alemania nazi, sin por eso adherirse necesariamente u obedecer al régimen nazi23.

Durante los años treinta los descendientes de origen alemán en Chile eran más de 35.00024. El primer grupo local oficial del NSDAP25 se constituyó en Santiago a principios de 1932; a este siguieron los de Concepción, Osorno y Valparaíso26. La comunidad alemana acogió favorablemente el ascenso del nazismo -aunque sin manifestaciones de particular júbilo-; de hecho, la mayoría de sus miembros compartía la fuerte marca nacionalista y las medidas en contra de los opositores (comunistas, socialistas y sindicatos). La obra de adoctrinamiento ideológico que desarrollaron los núcleos nazis se dirigía básicamente a las variadas asociaciones e instituciones ya existentes (como la Liga Chileno-Alemana, las escuelas o las parroquias luteranas).

En Chile, como en otros lugares, el instrumento de presión preferido fue la propaganda y el mayor aliado el cuerpo diplomático. A partir de 1933 desde Alemania se enviaron al país andino también personalidades del NSDAP con el encargo de coordinar y acentuar la obra de alineamiento político hasta entonces desarrollada por los encargados locales a través de la infiltración en las estructuras asociativas, o más sencillamente, la colaboración con las mismas. A las organizaciones que opusieron resistencia se les privó de ayuda económica27. La longa manus del nacionalsocialismo también se extendía a las escuelas, que a mediados de los años treinta eran 52 con más de 5.000 alumnos28 -financiadas en parte por organizaciones locales pero sobre todo directamente por el Reich29- y al mundo juvenil. En este sector, Chile fue el único país latinoamericano en donde surgió, incluso antes del ascenso al poder del nazismo en Alemania en enero de 1933, una asociación con una fuerte huella nazi, la Juventud Chileno-Alemana (Deutscher Jugendbund für Chile - DJC30). También en el sector religioso el nazismo tuvo su influencia, dado que la iglesia protestante alemana en Chile se adhirió enteramente al nazismo (siete de los ocho pastores fueron miembros del NSDAP)31. Antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, el balance en Chile en relación con la penetración ideológica y el alineamiento político de las organizaciones existentes32 era para la estructura local del NSDAP y para los jefes del Auslandsorganisation (AO) en Berlín más que positivo y sin duda más rico que el que presentaban Argentina y Brasil, los otros países por los cuales se interesó el nazismo.

A mediados de los años treinta, a nivel político-diplomático, las relaciones chileno-alemanas eran esencialmente amistosas. Esto no quiere decir que no hubiera roces con Alemania, los cuales podían ser tanto de índole comercial como política. En este último caso las resistencias chilenas las causaba principalmente la adhesión a la línea política continental y la voluntad de no deteriorar las relaciones con Washington y Londres.

Esto se deduce a raíz de la correspondencia diplomática del período 1935-36. En aquellos años, Berlín trató de obtener el consenso en el seno de la Sociedad de las Naciones en lo relativo a la redefinición de los equilibrios europeos. Sin embargo, aunque manifestara "simpatía" hacia la acción alemana en Europa, el entonces ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Cruchaga Tocornal, no pudo evitar que Chile se adaptara a las posiciones de los otros países latinoamericanos que condenaron la política agresiva y expansionista de la Alemania nazi33. Alemania manifestó igualmente juicios positivos en relación a la conducta chilena, considerando que existían márgenes de mejoramiento en la relación con el país andino. Berlín consideraba que Chile formaba parte de un grupo de países latinoamericanos (los otros eran Brasil y Argentina y, en menor grado, México) con los cuales podría mantener relaciones preferenciales. Más bien, el grupo de países ABC era el único en el cual Alemania concretamente tenía la intención de invertir para ampliar su influencia económica y político-ideológica en América Latina.

A ellos se pensó ofrecerles nada menos que la adhesión al pacto anti-Comintern34. Sin embargo, la consolidación de los vínculos políticos con los países latinoamericanos ahora citados no fue fácil por las incertidumbres de estos y por la acción de contraste ejercida por Washington (y en menor medida por Londres)35.

También en el plano económico la situación se volvió más problemática para Alemania, porque resultaba difícil competir con Estados Unidos y su aparato político-económico y propagandístico. Todo esto afectaba más o menos a todos los países latinoamericanos. Todavía no se había llegado al cese de los intercambios entre Europa y América que se produjo después de los primeros meses de guerra, ni a la batalla campal entre sistemas políticos antagonistas (democracia contra fascismo), pero la situación para el régimen nazi empeoraba paulatinamente.

La penetración ideológica del nazismo también creó en Chile tensiones agudizadas por una competición política fuertemente polarizada en la cual se manifestaban, procedentes de Europa, los contrastes entre bloques ideológicos contrapuestos. Pero todo eso solo perteneció a la escena política nacional y no perjudicó las relaciones entre los dos Estados. Sin embargo, Chile también experimentó su variante del partido fascista. Estamos hablando del Movimiento Nacionalsocialista de Chile, un movimiento fascista compuesto sobre todo por chilenos y parte del sistema político chileno. Ello va enmarcado, por lo tanto, como un fenómeno de política nacional aunque hubo contactos entre esta realidad política y las estructuras nazis, sobre todo en la fase inicial del movimiento mismo36.

Además, la importancia que tuvo el nazismo es completamente secundaria, o incluso inexistente, teniendo en cuenta las repercusiones que tuvo en la agenda de política exterior chilena. Cabe recordar que el movimiento se disolvió en 1938 y sus derivaciones (Vanguardia Popular Socialista, Partido Nacional Fascista y desde febrero de 1940 Movimiento Nacionalista de Chile) tuvieron muy poca importancia quedándose al margen del sistema político. Su acción se limitó a la defensa de la neutralidad chilena, de por sí un asunto no tan original en la vida política de entonces, y a una consecuente crítica del filonorteamericanismo del gobierno chileno37.

c) El Frente Popular y los Estados Unidos

El primer año del gobierno chileno coincidió con el estallido de la guerra. Esto tuvo profundas repercusiones en el plan de las relaciones entre Chile y EE.UU.38, poco menos en el de la política nacional. El terremoto de enero de 1939 complicó aún más la situación, el sur del país quedó arrasado. Más allá de la tragedia humana, el Ejecutivo tuvo que enfrentarse inmediatamente al problema de las zonas destruidas. Este acontecimiento, además, abrió las puertas al nacimiento de la CORFO y al de un proyecto de desarrollo completo y ambicioso39.

Una de las cuestiones más delicadas para el gobierno chileno fue la de encontrar los recursos necesarios. El embajador Norman Armour aconsejó a Washington que ayudara inmediatamente, y no solo simbólicamente, a Chile, para evitar que pudiera dirigirse a otra potencia (con un clara referencia a Alemania); sugirió, además, que la ayuda se concediera a través del Export-Import Bank40. En seguida quedó claro que, por un lado, Santiago esperaba de EE.UU. una ayuda significativa, y, por otro, que existían fuertes resistencias en el Departamento de Estado en relación a la concesión de una ayuda económica al país andino41. Armour ilustró personalmente el pedido chileno cuando viajó a Washington a principios de febrero. El proyecto se proponía enfrentar los daños provocados por el terremoto y lanzar un plan general de desarrollo con el costo total de casi 100 millones de dólares en cinco años. Al embajador le pareció una buena oportunidad para contrastar la influencia alemana. La concesión de prestamos habría tenido, de hecho, el doble efecto de ayudar a Chile y mejorar la posición estadounidense42.

Otro obstáculo a la operación fue la manera de emplear los préstamos, dado que la administración Roosevelt consideraba que tenían que ser destinados únicamente a los daños provocados por el terremoto, y decidió que los recursos para el plan de desarrollo económico se enviarían más adelante43.

De vuelta de EE.UU., Armour advirtió al gobierno chileno que entretanto había reducido un poco su petición44, que una acción drástica contra las empresas norteamericanas imposibilitaría la ayuda. Santiago contestó amenazando suspender el pago de la deuda y aumentar los impuestos a cargo de las empresas estadounidenses que operaban en el país. Amenazó, además, con realizar la petición a Alemania45.

Al final los dos países llegaron a un acuerdo: la Export-Import Bank concedería un préstamo por un valor de casi 10-15 millones de dólares (mucho menos del pedido chileno) con un tipo de interés favorable a Chile, pero que se podía utilizar solo para adquisiciones en el mercado estadounidense46. Chile esperó que este acuerdo diera lugar a otros en los meses siguientes, de manera que se pudiera financiar el desarrollo nacional. Pero entonces Estados Unidos contestó que no había concedido nada más que lo establecido en los acuerdos. La situación cambió, de manera positiva para el gobierno chileno, a partir de 1940 cuando se refundó el Export-Import Bank47.

2. LA NEUTRALIDAD CHILENA

Ante los acontecimientos europeos, Chile reaccionó como todos los otros países americanos, Estados Unidos incluido, declarando su neutralidad48. Esta venía declarada según el decreto n° 1.547, firmado por el presidente Aguirre Cerda el 8 de septiembre de 1939, con el cual Santiago citaba la V y la XII Convención de La Haya sobre los derechos y los deberes de las potencias neutrales en caso de guerra terrestre y marítima49.

La preocupación principal de La Moneda afectaba a las seguras restricciones al comercio mundial y el consiguiente cierre de los mercados chilenos ya sea para los productos exportados como para los importados. Desde los primeros días del conflicto el gobierno se enfrentó a la cuestión de la búsqueda de medidas para evitar el colapso económico interior50.

En realidad la administración Aguirre Cerda no podía hacer mucho, excepto regular el comercio exterior, reglamentar el consumo interior e impedir acciones especulativas51. El gobierno se esforzó por mantener la producción industrial y manufacturera, por lo menos para garantizar, en la medida de lo posible, el abastecimiento del mercado interior52. El gobierno chileno promulgó, además, una serie de decretos para reglamentar el tráfico marítimo de los barcos de los países beligerantes, el empleo de las emisoras de radio, la transmisión de los boletines de información, la venta de combustible para navíos y aviones de guerra o de buques mercantes armados y de los correos53.

En la conferencia de Panamá (23 de septiembre - 3 de octubre 1939) la delegación chilena, encabezada por Manuel Bianchi Gundián, se adhirió con convicción a la Declaración General de Neutralidad apoyando el firme cambio del movimiento panamericano hacia una postura de defensa frente a los acontecimientos europeos. Respecto a la Declaración de Panamá, que establecía la creación de una zona de seguridad de 300 millas a lo largo de las costas de los países americanos54, resultaba evidente que principalmente Estados Unidos se habría hecho cargo de esta tarea. Mientras se discutía la declaración, la delegación chilena quiso que la aceptación del principio relativo a la vigilancia de las costas, por parte de cada país, estuviera condicionado según las fuerzas navales disponibles55. Pero en aquellos días Chile se dedicó principalmente a la cuestión del contrabando y a la consecuente lista negra56 (introducida por Gran Bretaña a razón del bloqueo naval impuesto por Alemania). Ya el 2 de septiembre la embajada británica en Santiago había enviado al Ministerio de Asuntos Exteriores chileno un comunicado en el cual se daba noticia de la inminente formulación de una declaración sobre el comercio ilegal57.

Naturalmente el comercio entre Chile y Alemania (y el resto de Europa) cesó casi completamente después de los primeros meses del conflicto. En Panamá, Chile presentó una moción de censura (sucesivamente aprobada con algunas modificaciones, por la Conferencia), escarmentado por las consecuencias sufridas en la Primera Guerra Mundial58. El resultado de la Conferencia se consideró positivo, como declaró Manuel Bianchi, según el cual las dos mociones presentadas por la delegación chilena, sobre el tráfico clandestino y sobre las listas negras, se habían aprobado "sin substanciales modificaciones"59.

La evolución de la guerra también influyó, comprensiblemente, en las relaciones bilaterales Estados Unidos-Chile, en la agenda de los dos países el primer lugar ahora lo ocupaba el asunto militar60.

En septiembre de 1939 el encargado militar en Santiago informó a Washington de que el gobierno chileno pedía el envío de una misión de fuerzas aéreas estadounidenses a Chile61. En el mes de noviembre, Santiago hizo una petición oficial, sosteniendo que la aceptación por parte de la Casa Blanca habría consolidado los lazos entre los dos países.

El Departamento de Estado promovió la causa chilena convenciendo al Departamento de Guerra para que enviase la misión. Desafortunadamente el retraso entre la conclusión del acuerdo (noviembre 1939) y la llegada de la misión a Chile (mayo 1940), redujo el impacto político en la opinión pública que esperaba el gobierno frentista62. El gobierno chileno manifestó toda su contrariedad, también agudizada por la expectativa, todavía no cumplida, de recibir equipamientos militares para la defensa de su territorio y, sobre todo, de las costas del Pacífico en caso de ataque de las potencias del Eje.

A la hora de la verdad, La Moneda no sabía que las discusiones relativas a la defensa y a la asistencia militar ofrecida por Washington no podían mejorar mucho las cosas. Ya desde el verano de 1940, Chile había sido reemplazado, en la lista de las naciones prioritarias, redactada por los estrategas militares estadounidenses, por Brasil, México, Ecuador, Colombia, Venezuela, y por los países de América Central63. La nación andina había quedado relegada, en efecto, a un grupo que comprendía Argentina, Paraguay, Uruguay, Bolivia y Perú, cuyas peticiones se satisfarían solo después de haber complacido las necesidades de los países del primer grupo, dado que Washington consideraba su defensa más importante y problemática64.

Sin embargo, la administración estadounidense no excluyó otras formas de cooperación con los chilenos, como demuestran las conversaciones entre los encargados del Ejército y de la Marina de ambos países a mediados de 1940. Washington no hizo más que cambiar de perspectiva, dejando de hablar del tema de la ayuda, que solo afectaba a una exigencia legítima, aunque subjetiva, y se concentró solo en el asunto de la protección de todo el continente americano. Las discusiones se centraron, por lo tanto, en la coordinación de las medidas de defensa continental65. EE.UU. pidió y obtuvo que estas discusiones quedaran secretas66. Con estas premisas, dos oficiales estadounidenses, de incógnito67, se quedaron algunos días (9-10 de junio) en Santiago, entablando intensas conversaciones con los encargados del gobierno chileno. Después de su salida, Aguirre Cerda entregó al embajador Bowers68 una propuesta de acuerdo basada en cuatro puntos69: en el caso de que Chile hubiera sido atacado se habría defendido con todas sus fuerzas; si Estados Unidos hubiera sido atacado, Chile lo habría ayudado; si un tercer país que Estados Unidos deseaba defender hubiera sido agredido, Chile lo habría ayudado; si Chile hubiera emprendido un acto de guerra, no habría podido esperar la ayuda estadounidense y viceversa. Este acuerdo no tenía mucha sustancia ya que dejaba abierta la posibilidad al gobierno chileno de no ayudar en caso de intervención en guerra de Estados Unidos. En cualquier caso, se trataba de una postura "básicamente pro-aliada"70.

Antes de estas conversaciones Estados Unidos había solicitado, a comienzos de abril, fortificar el estrecho de Magallanes, petición que el gobierno chileno rechazó sin vacilaciones71. Sin embargo, muchos países, por causa de las evoluciones del conflicto, empezaban a invocar una mayor unidad hemisférica y el comienzo de planes de defensa continental72. La capitulación de Francia tuvo un gran impacto en Chile y agravó la preocupación de que la guerra pudiera trasladarse también al continente americano. Estos y otros temores empujaron a los países americanos a reunirse una segunda vez, en La Habana, desde el 21 hasta el 30 de julio de 1940, para discutir en conjunto los problemas de la guerra. Chile tuvo un papel sustancialmente pasivo. Su delegación, dirigida por el ministro del Desarrollo Óscar Schnake73, tomó nota de los esfuerzos estadounidenses por afianzar el mecanismo de defensa continental74, limitándose, sin embargo, a confirmar la decisión de mantener una estrecha neutralidad. La administración Aguirre Cerda no quería inmiscuirse en los acontecimientos bélicos para dedicarse al desarrollo nacional.

3. GUERRA Y DEBATE POLÍTICO INTERIOR

Aunque manifestando su intención de querer cooperar en la defensa continental, la postura chilena fue de absoluta neutralidad. Un buen ejemplo de esta conducta fue la renuncia del gobierno chileno a condenar junto a otros países americanos la invasión de Finlandia por parte de la Unión Soviética75, aunque, en este caso, la presencia de los comunistas en la coalición de gobierno tuvo un papel determinante. Este episodio exacerbó el debate político en todos los partidos políticos, a excepción del comunista, unidos en la condena del expansionismo soviético76. El pacto Molotov-Ribbentrop77 había creado no pocas fricciones entre comunistas y socialistas y tal vez, en aquel momento, Aguirre Cerda no quería crear otro motivo de tensión.

Los acontecimientos europeos de 1940 tuvieron un gran impacto en los círculos dirigentes chilenos. La guerra se convirtió, desde luego, cada vez más, en un tema del debate político interior78. Cabe decir, sin embargo, que las intervenciones de los partidos en el Congreso, aunque a partir de una diferente evaluación de la política internacional, coincidían todas en la neutralidad. En este sentido, durante el período 1939-1941 las divergencias fueron mínimas, variando de una neutralidad que podríamos decir absoluta79, a otra que preveía una colaboración más estrecha en el ámbito americano (de acuerdo con Estados Unidos). La única excepción era la del Partido Comunista, que mezclaba confusamente la neutralidad con la defensa de la Unión Soviética, único y verdadero baluarte en contra de los imperialismos. De todos modos, divisiones de una cierta importancia tuvieron lugar sobre todo durante la conferencia de La Habana80. En términos generales, la polémica parlamentaria quedó limitada a la denuncia de la posición filosoviética del PCCh81 o, en menor medida, de las connivencias de algunos sectores de la extrema derecha (como los partidos nacidos del disuelto movimiento nacista). Solo después de la conferencia de Río de 1942 el cuadro completo cambió, dado que algunos partidos (en primer lugar los socialistas y los comunistas) se alinearon a favor de la ruptura con los países del Eje.

La embajada estadounidense en Santiago informó fielmente a Washington acerca de los contrastes políticos internos, que oficialmente tenían origen en las nuevas condiciones impuestas al país por la guerra, pero que en realidad eran la consecuencia de una lucha interna para el poder político y económico82. En el mes de mayo de 1940 Bowers empezó a informar de un desplazamiento gradual de la izquierda no comunista de la neutralidad hacia una política más favorable hacia los Aliados83. En junio el Partido Socialista redactó una declaración para la prensa, en la cual instaba a una mayor cooperación con Estados Unidos "sin ninguna pretensión imperialista"84. No era, por cierto, una novedad. Ya durante la campaña electoral de 1938 el Partido Socialista había cambiado su opinión sobre la administración Roosevelt, sosteniendo, además, que Chile habría tenido que estrechar los lazos con Estados Unidos. Esta línea de conducta se mantuvo después del estallido de la guerra85.

Los socialistas definían la guerra en curso como una lucha entre la dictadura fascista y el régimen democrático. Esto no tenía que implicar, sin embargo, el abandono por parte del gobierno de la neutralidad86. Los socialistas, enfrentados a los comunistas, rechazaban las disposiciones "impuestas del extranjero"87, sosteniendo que se basaban en un escaso conocimiento de la realidad nacional. El análisis que hacían de los problemas del continente los empujaba a invocar "la unión de los partidos socialistas y de organizaciones afines de América en un gran sujeto unitario". En el primer lugar de esta nueva organización debía aparecer la lucha contra el fascismo, tanto en el plano nacional como en el internacional88.

Más tarde, en 1940, los socialistas propugnaron el neutralismo activo89 y, en 1941, una política de fuerte condena de la neutralidad, en estrecha conexión con el creciente compromiso de EE. UU. en el conflicto. A partir de su decisión de declarar la no beligerancia, el PSCh apoyó completamente la línea norteamericana, llegando a ser una de las formaciones políticas más favorables a la ruptura de las relaciones diplomáticas con las potencias del Eje90.

En su análisis del imperialismo, el PSCh hacía una precisa distinción entre el existente en las potencias democráticas y el totalitario, porque "en el primero las clases populares pueden afirmar su posición de lucha y conquistar nuevas fronteras para la batalla final"91. El imperialismo de las democracias occidentales era, en síntesis, menos peligroso que el de los regímenes fascistas. En el caso estadounidense se llegaba a enunciar la coexistencia conflictiva del pueblo y del gobierno por un lado y de los grandes capitalistas de Wall Street por el otro. La Casa Blanca representaba efectivamente al pueblo estadounidense y se oponía con grandes esfuerzos a los capitalistas nacionales.

A fin de cuentas esta visión no era muy diferente de la del Partido Comunista: más bien en conflicto con el imperialismo norteamericano, ellos hacían una distinción análoga, felicitándose de las virtudes progresistas de la administración Roosevelt y valorando el papel del pueblo estadounidense en la defensa de la democracia y en la lucha contra los grandes círculos financieros y capitalistas nacionales. Si había divergencias, ellas no afectaban a la interpretación del papel de Estados Unidos en el conflicto en curso, sino más bien la relación de los comunistas con la Unión Sovietica92 -que los socialistas juzgaban por lo menos con sospecha- y una buena dosis de incoherencia demostrada siempre por los comunistas con sus incesantes cambios de estrategia. Pero existía, sobre todo, una competencia por el liderazgo en el mundo obrero, que alimentaba el choque, haciendo difícil, si no imposible, un acercamiento real. También en el plano estrictamente interno los dos partidos proponían un proyecto nacional muy parecido, orientado hacia el desarrollo industrial y hacia el logro de una plena soberanía sobre las riquezas nacionales sin interferencias exteriores.

Por lo que concierne al partido del presidente Aguirre Cerda, hasta el ataque de Pearl Harbor tuvo, con respecto a la guerra, una posición muy parecida a la de Estados Unidos. La creciente participación estadounidense en el conflicto habría modificado en parte la situación, llevando a un significativo contraste entre Washington y Santiago y a una visión diferente de la guerra del Partido Radical. Este tenía, en efecto, una percepción distinta de las responsabilidades frente a la Guerra Mundial y estaba, además, dividido en su interior sobre la posición que habría debido tomar el Ejecutivo. Estas diferencias fueron, precisamente, la base "de las dificultades para estructurar un consenso en la ruptura con el Eje"93. En su interior no faltaron, pues, opiniones contrapuestas, aunque la mayoría del partido se mostraba favorable a una cooperación limitada en el cuadro de la neutralidad. Los radicales, además, más que programas de defensa colectiva auspiciaban la consolidación de las relaciones económicas con EE.UU. para favorecer el desarrollo nacional.

Desde el punto de vista del Partido Comunista, la línea política llevada fue una fiel aplicación de la impartida por Moscú. Hasta el verano de 1939, se trató de ejecutar la exhortación de la III Internacional que incitaba a la construcción de un frente mundial de pueblos y gobiernos contra el fascismo, valorizando la política antifascista y democrática del gobierno Roosevelt94. La firma del tratado de no agresión nazi-soviético y el sucesivo estallido del conflicto mundial determinaron, sin embargo, un nuevo cambio de rumbo, tan radical como el precedente. El vuelco de las alianzas internacionales realizado por la URSS se traducía en un cambio total de la línea política, incluso de la III Internacional, y de los partidos comunistas de todo el mundo. El tema antifascista se sustituía por una genérica proclama antiimperialista y anticapitalista que definía el conflicto global como el choque entre las potencias imperialistas fascistas y "democráticas", por una parte, y la Unión Soviética, la clase obrera y los pueblos oprimidos, por la otra. La guerra entre Alemania, Gran Bretaña y Francia se describía como un choque interiimperialista que habría llevado a la agresión contra URSS por parte de uno de los dos contendientes, mientras la democracia proclamada por las potencias que se oponían al nazi-fascismo era denunciada como una "falsa máscara para engañar más fácilmente a las masas"95.

Naturalmente, el Partido Comunista chileno se adecuó enseguida a la nueva línea, concentrándose sobre todo en la contradicción entre capitalismo y socialismo, que desplazaba la contraposición precedente (utilizada para definir el conflicto entre democracia y fascismo) entre "civilización" y "barbarie". Con estas premisas también cambiaba otra vez la opinión sobre EE.UU. porque había decidido aliarse con uno de los dos contendientes "imperialistas". A la administración Roosevelt se le reprochaba, ahora, de haber traicionado el deseo de paz de su pueblo, eligiendo transformarse en instrumento de los grandes capitalistas nacionales con la intención de hacer entrar al país en guerra para aumentar sus ganancias. La posición diferente de EE.UU. en política exterior producía, según los comunistas, consecuencias significativas también en América Latina, en primer lugar el abandono de la política del buen vecindario y una acción más agresiva en el plano económico.

Los contrastes entre los dos partidos de izquierda se manifestaron con claridad en 1940, con ocasión del viaje a Washington (procedente de la Conferencia de La Habana en julio de ese año) del ministro socialista Óscar Schnake, que reivindicaba una mayor ayuda económica por parte de la administración Roosevelt96. La prensa comunista arremetió implacablemente contra él -definiéndolo como un siervo de Wall Street- y contra el imperialismo estadounidense. A su vuelta, Schnake hizo otro tanto y criticó duramente al PCCh97.

El ataque de Schnake y el consiguiente recrudecimiento en las relaciones entre los partidos de la izquierda chilena marcaron el comienzo de la disolución del Frente Popular. En el mes de enero de 1941, después del rechazo de los otros partidos por respaldar la petición socialista de expulsión del Partido Comunista98, el partido de Schnake abandonó el Frente invitando a la formación de una alianza nacional de la izquierda no comunista99. La desintegración definitiva se consumó dos días después, con ocasión de una reunión del Partido Radical. El 16 de enero, no logrando recomponer las tensiones internas100, los radicales declaraban que, a partir de aquel momento, actuarían libremente, sin dejarse condicionar por los otros partidos. Sin embargo, no todo se perdió. Las elecciones parlamentarias del 2 de marzo de 1941 demostraron, en efecto, un cambio significativo hacia la izquierda de la política chilena, con un notable avance de radicales y comunistas101.

El éxito electoral radical, que suponía una consolidación de la posición de Aguirre Cerda, no mitigó los contrastes en el interior del partido. El nombramiento de otro radical como ministro de Asuntos Exteriores, en el mes de marzo, sin duda respondía al deseo del partido por aumentar el propio poder, pero no bastó para evitar que al mes siguiente la Junta Central ordenara a los ministros radicales que dejaran sus cargos.

Al principio los ministros se opusieron (sufriendo la expulsión del partido), pero más tarde, en el mes de junio, aceptaron la intimación. Se produjo un nuevo reajuste gubernamental que condujo a Juan B. Rossetti a ser el nuevo Ministro de Relaciones Exteriores102.

La ofensiva lanzada por el ejército alemán contra la Unión Soviética a partir del 22 de junio de 1941 representó un momento crucial en la política nacional y en las relaciones de las izquierdas chilenas103. Gran parte de la polémica desarrollada hasta entonces por socialistas y comunistas se abandonó en favor de una convergencia instrumental y táctica, con la intención de incitar al gobierno a abandonar la neutralidad y de alinearse con los Aliados. Se atenuaban, sin desaparecer completamente, los tonos ofensivos y las acusaciones recíprocas104.

4. LA "GUERRA DE LA PROPAGANDA": NAZISMO CONTRA DEMOCRACIA

Antes y después del conflicto la Casa Blanca pensó que la numerosa comunidad alemana podría ser un recurso para la penetración nazi en Chile. De aquí el peligro de un golpe de Estado ejecutado por los elementos nazis (con el apoyo de grupos políticos de extrema derecha y de grupos de las Fuerzas Armadas chilenas105).

La embajada estadounidense en Santiago y el Departamento de Estado observaban, en efecto, con preocupación la campaña de promoción nazi. La prensa chilena, en general, no se consideró de gran ayuda, ya que seguía una línea editorial de firme neutralidad. En muchos casos, además, ella parecía en favor de Alemania. Ya en los primeros meses de 1940 se habían enviado a Washington informes, que aunque no se consideraban preocupantes, eran por lo menos críticos en relación a la actividad de propaganda que hacía la prensa chilena, supuestamente ayudada o controlada por "intereses alemanes"106. La embajada en Santiago parecía, sin embargo, principalmente preocupada por la actividad desarrollada por los periódicos alemanes difundidos en español107 y, en particular, por las trasmisiones radio y en los entonces muy concurridos cines108. Todo esto sucedía a pesar de que el gobierno hubiera prohibido la difusión de comentarios favorables a uno cualquiera de los beligerantes, ya que las medidas ordenadas por el Ejecutivo109 "no son respetadas"110. La atención de la diplomacia estadounidense en Chile por la propaganda siempre era intensa, y los seguiría siendo en los meses siguientes111, alimentada por la fuerte convicción de una significativa desigualdad de fondos empleados por los países aliados y por los del Eje112.

En realidad, el favor de una parte de la opinión pública fue para ambos grupos de beligerantes, una división esta, estimulada por la intensa actividad de propaganda hecha por los medios de comunicación y por los grupos de presión de diferente género (de los partidos políticos a los sindicatos, de los clubes a los institutos culturales). Sin duda el grupo más numeroso fue el de los neutralistas. El gobierno, por su parte, trató de impedir que la propaganda pudiera minar a la neutralidad del país o comprometerlo en disputas fastidiosas con las embajadas de los países en guerra.

Por lo que concierne a la prensa, a los diarios de derecha (sobre todo El Mercurio y El Diario Ilustrado), que conservaron una línea editorial neutralista, se contraponían los frentistas (La Opinión, La Hora, La Crítica, La Nación, Frente Popular y más tarde El Siglo, y además las revistas Hoy y Topaze) que, aunque oscilando entre neutralidad y el favor para los Aliados, atacaron violentamente al Eje. También Alemania e Italia pudieron contar con la presencia de una parte de la prensa.

Nos referimos al diario alemán para Chile, Cóndor, Acción Chilena, Patria y a algunos diarios locales en Valparaíso, Valdivia y Osorno difundidos por las comunidades étnicas. En Chile circulaba, además, la prensa alemana en español, enviada por Berlín a través de las maletas diplomáticas o la embajada alemana en Argentina113. Ambos grupos en lucha, en fin, emplearon programas radiofónicos y de cine diarios, que llegaban a Chile, traducidos en español, directamente de los países interesados.

Para Estados Unidos, la prensa era solo un aspecto, a fin de cuentas secundario, del problema nazi en Chile. Mucho más importante era la actividad de la presunta "quinta columna". A mediados de 1940, la Intelligence Division del Departamento de la Marina empezó a enviar informes alarmantes concernientes la intensificación de las actividades nazis en Chile. En uno de los primeros, del 31 de mayo de 1940114, se daba noticia de un inminente golpe filonazi; se decía, en efecto, que un grupo de "casi 10-12.000 alemanes y chilenos de origen alemán" estarían en punto de llevar a cabo un golpe de Estado. Al día siguiente, Bowers también confirmó estos temores. El motivo se dio gracias a un informe del vicecónsul estadounidense en Concepción, McLain, sobre la actividad alemana en el sur del país115. El embajador acusaba confusamente a una agencia turística, de propiedad de un alemán, la Empresa Andina del Sur; hizo referencia, después, a la isla Esmeralda, en la zona del lago Todos los Santos, que un ciudadano de nacionalidad suiza, pero que "puede ser un alemán y nazi, había comprado recientemente del gobierno chileno y en el cual había construido una casa"116. Algunos días después envió un largo memorándum basado en la conversación con el propietario de la revista Civilización, Rolando Molina117. Este, definido pro judío, daba informaciones "detalladas" sobre la organización, tamaño, preparación militar y actividad de la "quinta columna", cuyo centro operativo se hallaba en Valdivia y Pucón. El embajador sostenía que el aspecto más preocupante de la situación chilena consistía en el número de oficiales del ejército que eran pro alemanes. El documento terminaba con la previsión de una inminente toma del poder "en el interés de Hitler"118.

El 11 de junio la Intelligence Division del Departamento de la Marina recapitulaba la situación en un largo y detallado memorándum119. Se examinaron las estructuras nazis presentes en el país andino120, los principales encargados (con nombres121 y tareas) y los objetivos. Según el informe no había dudas sobre la existencia de la "quinta columna" en Chile. De las muchas secciones que formaban parte del NSDAP se tenían sospechas de las relativas al espionaje122 y a la organización militar123. Entre las organizaciones de cobertura, la más importante era la Bayer que, se relevaba, "envía un presupuesto contable cada quince días, casi siempre con un volumen de ventas de 250.000 dólares. Sin embargo, esta empresa puede contar con un crédito mensual de 2.500.000 dólares de la German Transatlantic Bank, que más o menos representa la cantidad gastada en Chile para actividades de espionajes"124. En fin, la Intelligence Division no tenía dudas sobre el rechazo del nazismo por parte del Ejecutivo, aunque esta consideración no afectaba a todos sus miembros125.

Algunos días después también el consulado en Valparaíso daba su opinión sobre la "quinta columna" en Chile, con un largo memorándum que Bowers se preocupaba de enviar al secretario de Estado. Es interesante detenerse sobre algunas partes del documento, porque hay que contrastarlo con aquellos hasta ahora examinados126. Este criticaba duramente la línea llevada entonces por la administración Roosevelt que quería evitar que la amenaza nazi-fascista en América Latina fuera real y concreta127. Ya en las primeras líneas Renwick S. McNiece señalaba la existencia de una "organización [nazi] compacta y poderosa que podría tomar el poder si conviene a las finalidades del Reich alemán". Sin embargo, era difícil evaluar sus actividades en Valparaíso ya que solo se podía contar con "voces y otras declaraciones imprecisas que no podían ser avaloradas o probadas".

Al examinar el fenómeno, más detalladamente, el diplomático daba noticia de algunas maniobras militares de "pequeños grupos"; sin embargo, debía reconocer que la colonia alemana, hasta entonces, había mantenido una actitud "correcta". El resto del informe concernía la identificación de presuntos jefes nazis; la actividad de propaganda a través de radio, teatros y periódicos y el dinero empleado con este fin (casi un millón de pesos); y, en fin, la preferencia para la "causa alemana" demostrada, también en Valparaíso, por representantes del Ejército. McNiece llegó a una conclusión indudable, es decir, que "la presente relación no constituye una prueba de la presencia de una formidable quinta columna"128.

El informe de McNiece no interrumpió el flujo de informaciones enviadas a Washington sobre las actividades alemanas en Chile. Cuanto más se acercaba la Conferencia de La Habana, tanto más el cuadro se enriquecía de detalles preocupantes. Los informes alarmantes procedentes de Chile encontraron resonancia en la prensa estadounidense que justo en aquellos días aumentó las encuestas sobre las actividades de la "quinta columna" en América Latina. El embajador chileno en Washington, Alberto Cabero, denunció, en el mes de junio, el pressing que hicieron los diarios norteamericanos129. Las acusaciones que planteaba la prensa, según él, producían incluso el peligro de resucitar los peores aspectos de la política intervensionista y de "imperialismo" de Estados Unidos. Entretanto, a principios de julio, la Military Intelligence Division del Departamento de Guerra habló de probables ataques a sitios estratégicos130. En el informe se daba noticia de una acentuación de las actividades alemanas en la región del río Maipo, donde había algunas instalaciones hidroeléctricas de las más importantes, ya que abastecían a la ciudad de Santiago y el ferrocarril que unía la capital a Valparaíso.

A partir de las informaciones hasta entonces enviadas a Washington, el Federal Bureau of Investigation (FBI) intensificaba sus operaciones. En uno de los informes preparados en verano, el servicio de inteligencia estadounidense acusaba al Instituto Cultural Germano-Chileno, dirigido por el presidente del Senado de entonces Miguel Cruchaga Tocornal131, de ser una asociación para la propaganda nazi. Este instituto, de hecho, trabajaba con fines propagandísticos, a lado de la Asociación Amigos de Alemania132, recién fundada133.

En el mes de agosto los riesgos de un posible golpe parecían momentáneamente sin mucha importancia. La atención se dirigía, ahora, también hacia la acción del gobierno. Ya en los meses pasados Bowers había informado a Washington de que el Ejecutivo, aunque supiera de la presencia de la "quinta columna" y preocupado por su actividad, no hacía nada contra esta organización. Esta convicción parecía confirmada, a principios de septiembre, por el mismo representante de la administración de Aguirre Cerda134. El embajador pedía, pues, que se diesen más ayudas, no solo económicas, al gobierno chileno.

El 10 de octubre, Bowers enviaba al subsecretario Welles un larguísimo informe en el que había una lista de todos los presuntos partidarios de Alemania en Chile135. Se nombraron (con encargos y direcciones de residencia) personalidades del entorno diplomático, del mundo de los negocios, de las asociaciones y de cualquier otra realidad étnica colectiva (colegios, centros culturales, etc.). Después el cónsul McNiece preparaba a su vez dos memorándum confidenciales, el primero sobre la actividad alemana en la zona de Valparaíso, y el segundo sobre el caso de los marineros del crucero alemán Graf von Spee (hundido por la Marina brítanica)136 escapados de Argentina para Chile137.

Por lo que concierne al caso de los marineros, el embajador revelaba, con satisfacción, que este había surgido por haber descubierto que el cónsul alemán en Valparaíso "ha emitido pasaportes falsos para los miembros de la tripulación", irregularidad que había movido el gobierno chileno "finalmente a intervenir"138. Vamos a ver en los detalles los dos memorándum. En el primero se daba noticia en los pormenores de la estructura nazi local. El jefe de la organización nazi parecía ser C.L. Kulenkampff, el socio principal de la Kulenkampff & Knoop, agente en Chile de la Chevrolet y de la Good Year139. La organización local más importante enlazada íntimamente con los alemanes era, en cambio, la Asociación de Amigos de Alemania140. En el segundo memorándum McNiece informaba que de todos los miembros de la tripulación, 22 ya habían salido del puerto de Valparaíso para Argentina y otros 30 marineros estaban en espera de hacerlo lo más pronto posible141.

Casi después de dos semanas, Bowers enviaba al Departamento de Estado otro largo memorándum en el que daba noticia de las actividades subversivas en Chile142. En la parte económica se informaba que la embajada alemana había conseguido (con presiones o espontáneamente) que la mayor parte de las empresas alemanas hicieran contribuciones regulares para financiar la actividad de propaganda. En la sección relativa a la línea llevada por el gobierno chileno en sus relaciones con los países del Eje, Bowers no dejaba de elogiar la Administración Aguirre Cerda. Como denunciado muchas veces en los meses pasados, el peligro principal provenía de los miembros del Ejército y de los carabineros y de la muchas "personalidades destacadas con sangre alemana". Sin embargo, en caso de putsch nazi no se debía dudar de la fidelidad de la Fuerzas Armadas, porque "el gobierno destituye regularmente los oficiales, y también porque la base simpatiza con el Presidente y con los valores que representa". Por lo que concierne a la actividad de propaganda, Bowers no daba nuevos detalles, excepto en la cantidad empleada cada mes por la embajada alemana, que ahora se estimaba en 3 millones de pesos. La opinión pública parecía resignada frente a los acontecimientos bélicos, porque estaba convencida de que "debiendo ser tragada por un país imperialista no importaba mucho si este fuera Alemania o Estados Unidos".

Cabe preguntarse, a estas alturas de la discusión, cuál fue la acción de la administración Aguirre Cerda y en qué manera el peligro nazi influyó en el debate político interno. Por lo que se refiere al primer aspecto, ya se ha indicado la dirección del Ejecutivo, que básicamente no daba crédito al peligro nazi. El gobierno se limitó a promulgar, durante el primer bienio de guerra, unos decretos que tenían la intención de conjurar que la guerra tuviera consecuencias en la vida política, social y económica nacional. No se trató de intervenciones específicas preparadas para enfrentar la amenaza nazi. El gobierno juzgó suficiente una acción de control contra quienquiera tratara de desestabilizar el orden interior.

El Partido Socialista no compartió esta línea y pidió que se actuase urgentemente para desmontar la red nazi operante en Chile; de opinión opuesta los políticos de oposición, sobre todo González von Marées, el cual aprovechó de la ocasión para manifestar su apoyo a la causa alemana143. El tema polarizó mucho el arco político nacional también en los meses sucesivos, con los partidos frentistas (sin las divergencias entre comunistas y socialistas que habían caracterizado el primer año y medio de guerra), compactos en la condena de la actividad de los nazis locales, mientras la oposición se alineó más o menos en defensa de la comunidad alemana y de su adhesión al nacionalsocialismo. Los partidos de la derecha tenían el objetivo (que se manifestará durante el 1942) de salvaguardar el mantenimiento de la neutralidad, para contrarrestar la voluntad de casi todos los partidos que apoyaban el gobierno de romper las relaciones diplomáticas con los países del Eje.

Es probable que la oposición pudo contar, hasta fines de 1942, con el apoyo de la mayoría de la población -todavía convencida que el país tuviera que alejarse de los acontecimientos bélicos- y sobre todo con el mismo gobierno, entonces dirigido por Juan Antonio Ríos. Este, como su predecesor Aguirre Cerda, daba mucha importancia al hecho de que la guerra en los primeros dos años parecía ya ganada por las potencias del Eje. La diplomacia chilena en Europa invitaba continuamente el gobierno a tener en cuenta las victorias alemanas en relación al escenario pos-bélico, y, pues, al papel de primera potencia militar que habría tenido Alemania, y en medida menor, Italia. Este fue un leitmotiv de la correspondencia enviada de las embajadas chilenas en Roma y en Berlín. En realidad, en el primer caso, el embajador en Italia, Ramón Briones Luco, fue muy prudente en sus reflexiones, en primer lugar porque sabía de los límites económicos y militares italianos144; en segundo, porque Italia solía tomar decisiones oportunistas (atribuibles en este caso al momento de la entrada en guerra145), y en último, por la hostilidad que tenía respecto al fascismo. No se puede decir lo mismo para el embajador Tobías Barros Ortiz cuyo nivel de simpatía con la política internacional nazi fue muy elevado y que, durante años, insistió mucho para convencer a Santiago en quedarse neutral146.

La embajada en Berlín tuvo, sin duda, un papel influyente en la opinión del gobierno en relación a las vicisitudes bélicas. Sin embargo, también otras sedes diplomáticas desempeñaron su tarea. En este sentido hay que hacer una breve referencia a la embajada en Berna y al consulado en Praga. Esto no solo para la importancia de las delegaciones en cuestión, sino más bien porque indican justamente la opinión, aunque no muy difundida, de algunos diplomáticos chilenos respecto a la Alemania nazi. Pues bien, si para Barros Ortiz se puede notar que los informes enviados a Santiago solo implícitamente desvelaron una decidida propensión suya para el régimen nazi147, en el caso de las correspondencias de Carlos Morla Lynch de Berna y, sobre todo, de Gonzalo Montt Rivas, se asiste a la situación inversa. Sus juicios sobre los acontecimientos bélicos y, sobre todo, sobre el sistema político, económico y social del Reich alemán son un claro ejemplo de la celebración entusiasta de los logros conseguidos por el nazismo. A partir de las primeras semanas del conflicto, Morla Lynch envió a Santiago informes consistentes, en los cuales entregaba expresiones de elogio no solo de la potencia militar sino también de la política desarrollada hasta entonces por el Reich hitleriano, que había conseguido forjar un nuevo y grandioso pueblo alemán. En suma, es indudable la admiración del embajador para el prestigio y la grandeza de Alemania.

Esta apreciación es aún más oportuna para las correspondencias de 1941 -es decir, cuando la victoriosa ofensiva militar alemana llegó a su ápice-, de las cuales emerge una descripción exacta del éxito de los jerarcas nazis148, para nada preocupado por las noticias difundidas por la propaganda aliada según las cuales el gobierno alemán estaba suprimiendo "los locos alojados en los manicomios" y los "pobres de espíritu hospedados en los asilos" con "inyecciones letales y hasta los gases"149. Para el diplomático chileno los logros que había conseguido hasta entonces el régimen hitleriano eran tan importantes que llegó a definir la "comunidad nacionalsocialista" un "monumento de justicia social y de luminosidad espiritual"150. Morla Lynch nunca llegó, de cualquier modo, al nivel de admiración del consul de Praga (capital del protectorado alemán de Bohemia y Moravia desde 1939)151. Gonzalo Montt Rivas fue tal vez el primer diplomático en el mundo que supo del comienzo del holocausto, o "solución final", al concluir noviembre de 1941152. Hecho este muy inusual si se considera que los planes nazis se discutieron solo entre los altos oficiales del Reich el 10 de octubre de aquel año. Una explicación posible de todo eso puede encontrarse en el lazo que Montt Rivas tuvo con algunos jerarcas nazis de alto rango. Pero el hecho que Montt Rivas estuviera dentro de los ambientes políticos-militares alemanes de aquel entonces (sobre todo los de Praga), no explica completamente cómo pueda haber sido informado de cuestiones tan reservadas153. Entre todos los informes que envió el diplomático chileno, el único que, a nuestro parecer, merece analizar con atención es el del 24 noviembre porque contribuye a enriquecer el conocimiento de la historia del holocausto154. En los otros se deduce que Montt Rivas no solo contaba lo que le sucedía, sino también expresaba su adhesión a las medidas que las autoridades alemanas emitieron, durante meses, para "limpiar" el territorio checo. En síntesis, él simpatizó completamente la política de exterminio nazi.

Pero, ahora, vamos al informe más importante, desde el punto de vista histórico, de todos los que envió Gonzalo Montt Rivas. Sí, porque un día antes que la noticia fuera puesta de manifiesto155, el cónsul enviaba al Ministerio una parte traducida del Undécimo Decreto de la "Ley sobre la ciudanía del Reich" promulgado por Berlín:

El judío que reside normalmente al extranjero no puede ser ciudadano alemán. El judío que, en el momento en que entra en vigor esta ordenanza, se encuentra al extranjero o que traslada al extranjero sucesivamente, pierde la nacionalidad alemana. La riqueza del judío que pierde la nacionalidad -conforme a esta ordenanza- pertenece al Reich. A este también pertenece la riqueza de los judíos que en la fecha de esta ordenanza están sin patria y tienen en último término la nacionalidad alemana aunque mantengan habitualmente su residencia al extranjero. La riqueza que se obtiene de esta manera para el Reich servirá para resolver las cuestiones relacionadas con los judíos156.

Para Montt Rivas

El problema hebreo se está solucionando parcialmente en el protectorado, dado que se ha decidido desarraigar todos los judíos y mandar unos cuantos a Polonia y otros a la ciudad de Terezin, en espera de encontrar un lugar más lejano. El triunfo alemán [en la guerra] dejará a Europa libre de los semitas. Aquellos [los judíos] que salen vivos de esta prueba serán por cierto deportados a Siberia, donde no tendrán muchas oportunidades de capitalizar las propias capacidades financieras. En proporción al aumento de los ataques de Estados Unidos contra el Reich, Alemania acelera la destrucción del semitismo, ya que acusa al judaísmo internacional de todas las calamitades que ha sufrido el mundo. El éxodo de los judíos del Reich no ha tenido los resultados profetizados por los enemigos de Alemania, al revés: ellos han sido reemplazados por los arianos con obvias ventajas en todo y para todos, excepto en la usura y en sectores afines, en los cuales son maestros consagrados.

Aunque le faltaban muchas otras noticias sobre la logística de la "solución final"157, no podemos dejar de extrañarnos por las informaciones a disposición de Montt Rivas. Este no solo estaba informado del decreto antes que fuera puesto manifiesto a la opinión pública local y mundial, sino que disponía de pormenores de más amplia importancia como los relativos al proyecto nazi de exterminar el pueblo hebraico158, o de otros no menos marginales y dramáticos, como en el caso de la referencia de deportar los judíos a Siberia o a la ciudad de Terezin159.

Estas noticias más que acentuar la admiración del cónsul, para el régimen nazi parecieron agudizar su violencia verbal contra los judíos. Solo tres días después160, reaccionando a la noticia de un presunto acuerdo que el gobierno argentino había propuesto a los gobiernos chileno, uruguayo, paraguayo, brasileño y boliviano y según el cual "se hace imposible la inmigración ilegal de judíos", Montt Rivas avisaba que sabía que "al Ministerio se han presentado muchos pedidos y que se han aceptado muchos pensando en que fueron de arianos, mientras en realidad las personas beneficiarias son hebreos, judíos, israelíes de la más pura raza semita". Más tarde ponía en guardia: "estos sujetos juran de no ser `judíos' porque se bautizaron el día antes. Creo que el criterio que el Ministerio ha seguido es `racial' y no `religioso'. Para un judío es mucho más fácil cambiar nación, patria y religión, que renegar sus propios valores. El agua bautismal puede lavar el pecado original pero no lo sucio acumulado durante los siglos en los guetos de todo el mundo". Al final advertía a sus superiores que "esta gente empleará miles de subterfugios, pero ninguno de los que tendrá en su pasaporte una J -que es la señal que las autoridades alemanas ponen en los pasaportes de los judíos- recibirá el visto por este Consulado sin una orden clara y categórica del Departamento. El Ministerio puede estar seguro que este Consulado no está nada favorable a la inmigración semita a nuestro país, por eso ejecutará con especial placer todas las instrucciones para impedirla. Los judíos han creado dondequiera un serio problema racial del cual, nosotros también, debemos librarnos".

En uno de sus últimos informes enviados al Ministerio en 1941161, poseído por la retórica nazi, Montt Rivas escribía: "Su Excelencia me perdone por este discurso en contra de los judíos pero todos los que han vivido en contacto con esta `gente' y han podido averiguar todo el mal que han hecho y que siguen haciendo a la humanidad, tienen la obligación moral de impedir que la calamidad se extienda a nuestra querida patria".

5. AÑOS CRÍTICOS

a) Las relaciones chileno-estadounidenses en 1941

El aspecto económico estuvo en primer lugar en las relaciones chileno-estadounidenses en 1941 y concernió a las tentativas de La Moneda de sacar un precio más alto para su producción de cobre, con mayor razón ya que Estados Unidos compraba el mineral en el mercado interno al precio de 12 centavos por libra (frente al 10 por libra aplicado al chileno)162. A mediados de 1941 empezaron las negociaciones con Estados Unidos163. Después de haber repetido la necesidad de ayuda económica de su país, el ministro de Hacienda Guillermo del Pedregal amenazó a Washington que si Estados Unidos no hubiera hecho significativas concesiones, el Congreso chileno habría tomado medidas drásticas164. Por su parte, el Departamento de Estado tenía la intención de defender los intereses de las empresas del cobre, pero la determinación del precio del mineral no le competía, correspondiendo esta a la Metals Reserve Company, agencia dependiente por la Federal Loan Agency. En este sentido, el objetivo principal del Departamento fue el de impedir que Chile aplicara ulteriores impuestos a las empresas de cobre165.

El ataque a Pearl Harbor representó un momento de cambio. Ya al día siguiente, el 8 de diciembre exactamente, el consejero de las relaciones políticas del Departamento de Estado, Laurence Duggan, afirmó que "la cuestión del cobre chileno se ha extendido demasiado" y que las relaciones con Chile no debían ponerse en peligro "por el miope comportamiento de la Defense Supplies Corporation"166. El Departamento de Estado habría hecho su parte167. Al cabo de un mes la situación se resolvía168. Los dos países se pusieron de acuerdo en el precio de 11 y de 3/4 centavos por libra169. En aquel momento el acuerdo pareció un suceso para Chile. Sin embargo, en los años siguientes se consideró que no era realmente así, y la cuestión se volvió nuevamente motivo de fricción entre los dos países170.

Si bien el tema económico fue central en la relación entre EE.UU. y Chile, el militar no tuvo menos importancia aunque en este caso fue sobre todo el gobierno chileno que le dio grande resalto. Las dicusiones se basaron en la conclusión de un acuerdo Lend-Lease. A mediados de 1940 Chile informó a la administración estadounidense de haber recibido una oferta de Alemania de venta de armas requisadas en algunos países ocupados, a un precio más bajo del aplicado por Estados Unidos171.

Aunque declarando no estar interesado a la oferta alemana, la alusión del gobierno chileno impulsó las negociaciones llevadas a cabo en EE.UU. a comienzos de 1941. El representante chileno, Del Pedregal, propuso adquisiciones por la cifra de casi 40 millones de dólares, repartidos en un número indeterminado de años, manifestando la insatisfacción de su gobierno para el flujo de aparatos militares concedidos hasta aquel momento.

La cuestión tenía algunos condicionamientos. Las discusiones en materia de defensa entre los dos países, en efecto, ya habían pasado a través de una fase de tensión en relación al pedido del Departamento de la Marina estadounidense de establecer un punto de observación en Punta Arenas, pedido que el gobierno chileno había rechazado en el mes de marzo de 1941172. No estaba claro, además, la modalidad de financiación de toda la operación. Del Pedregal sugirió recurrir al Export-Import Bank pero el verdadero problema afectaba a las modalidades de pago por parte de Chile. A pesar de las resistencias internas a los círculos dirigentes estadounidenses, las conversaciones continuaron y en la primavera de aquel año Washington aceptó la petición chilena. En el mes de marzo, el Joint Advisory Board on the American Republics, un comité compuesto por oficiales del Ejército y de la Marina norteamericanos, autorizó la concesión de un préstamo de 50 millones de dólares (40 para el Ejército y 10 para la Marina chilena), repartidos en el trienio 1941-1944, que se debían emplear sobre todo para la adquisición de baterías antiaéreas y de equipamiento para la defensa de las costas173. En los detalles este acuerdo era muy provechoso para Chile. Santiago habría devuelto solo 15 millones de dólares (2,5 por cada año fiscal hasta 1947174) y, aún más importante, lo que le tocaba a Chile era inferior solo al de Brasil (100 millones) y mucho más que al de Perú (tercer puesto en la clasificación de los países latinoamericanos que aprovechaban de la ayuda estadounidense) al que se concedían 29 millones de dólares175.

Sin embargo, el asunto no se concluyó en el verano de 1941. Hubo, de hecho, considerables retrasos para la realización definitiva del acuerdo. Ante todo, se produjeron muchas resistencias por parte chilena, atribuibles tal vez a una especie de escepticismo alimentado por algunas fuerzas políticas locales176. Sucesivamente, intervinieron problemas atribuibles básicamente a las modalidades de pago y a los aparatos bélicos pedidos por Chile177 que EE.UU. no fue capaz de conceder en tiempo porque las prioridades de los equipamientos militares eran para Gran Bretaña y, después de la entrada de Estados Unidos en guerra, a las mismas fuerzas armadas estadounidenses. Desde 1942, después de la conferencia de Río, en fin, la administración Roosevelt empleó la concesión del préstamo como arma de presión para que el gobierno chileno se convenciese de romper las relaciones con el Eje. No es una casualidad, pues, que el acuerdo se haya firmado solo el 2 de marzo de 1943, poco menos de dos meses después de la interrupción de las relaciones diplomáticas con los países fascistas178.

Hubo divergencias con EE.UU. también por culpa de la Proclaimed List179, la cual había alimentado una amplia convicción en el país de que la administración Roosevelt, con motivo de la defensa continental, estuviera tratando de extender su influencia al país andino. Sobre todo los partidos de derecha expresaron esta crítica, y en el Parlamento juzgaron brutalmente la medida restrictiva decidida por la Casa Blanca180. Aunque no tuvo ningún efecto práctico, la polémica que sublevó la oposición respondía al descontento de muchos sectores productivos, no solo de los que sufrían directamente las restricciones, encontrando el apoyo de la opinión pública181.

En este mismo período el sistema político chileno se inquietó por la enfermedad de Aguirre Cerda, que restringió al Presidente a un período de hospitalización182, durante el cual circularon voces de un posible golpe de Estado183. Para la diplomacia estadounidense la situación parecía realmente crítica, hasta pensar en un inminente cambio extraconstitucional del gobierno, probablemente inspirado por los representantes de los partidos de derecha184. Voces de un posible golpe siguieron circulando después de la muerte de Aguirre Cerda, aunque en medida menor y sin fundamentos. El ataque a Pearl Harbor, de todas maneras, acabó con cualquiera presunta hipótesis golpista.

b) De Pearl Harbor a la Conferencia de Río

Después del ataque japonés en Pearl Harbor, el ministro de Asuntos Exteriores chileno, Juan B. Rossetti, pidió la convocatoria urgente de una reunión de los ministros de asuntos exteriores de los países americanos185. El ministro chileno fue, entre los colegas latinoamericanos, uno de los primeros en considerar que la situación exigiera una intervención inmediata y conjunta de los países americanos. El 9 de diciembre, La Moneda promulgó el decreto n. 2.259, según el cual EE.UU. (y cualquiera otra nación latinoamericana hubiera seguido su ejemplo) no era considerado beligerante186.

El 8 de diciembre el embajador estadounidense Bowers envió un telegrama en el cual rendía cuentas de una conversación tenida con Rossetti. Este le había anunciado de querer apoyar "completamente" la defensa continental187. El ministro también había manifestado su preocupación para un eventual ataque japonés a las costas chilenas, recibiendo por Hull, el 11 de diciembre, la aseguración que EE.UU. habría dado todo su apoyo188. Pero las palabras del secretario de Estado norteamericano no debían de haber tranquilizado bastante al ministro chileno si este, el 13 de diciembre, advertía la necesidad de volver a plantear la cuestión a Bowers: en un coloquio privado, Rossetti revelaba encontrar muchas resistencias en una parte del Congreso y de las Fuerzas Armadas (apoyados "por la opinión pública"), convencidas que las costas chilenas pudieran ser atacadas por Japón189.

En aquellos días la vida política chilena estaba en gran agitación. Al nuevo escenario internacional se sumaba, en efecto, la campaña electoral del nuevo Presidente de la República190, para reemplazar a Pedro Aguirre Cerda, fallecido el 25 de noviembre de 1941. Las proclamaciones de los contendientes monopolizaron completamente la escena política nacional191 y las discusiones que precedieron la Conferencia de Río de Janeiro. La competencia electoral se desarrolló desde el comienzo en un clima de agitación y tensión que el embajador Bowers ya había señalado el día siguiente a Pearl Harbor192. El diplomático estadounidense expresó su preocupación para la candidatura de Ibáñez que definía, abiertamente, "el candidato de los nazis y de la "quinta columna" […] Sus discursos son los típicos del fascismo, es decir `orden', `disciplina', derrota de la democracia', estupidez del `gobierno parlamentario'"193.

También los radicales y la izquierda enfatizaron las precedentes conexiones de Ibáñez con los nazis. Ríos ganó con el 56% de los votos194.

Algunas semanas antes de la elección presidencial se celebró en Río de Janeiro la III Conferencia extraordinaria de los ministros de asuntos exteriores de las repúblicas americanas (desde el 15 al 28 de enero de 1942)195. Chile compartió y apoyó sustancialmente la línea argentina tratando de no contrariar demasiado, sin embargo, a la administración norteamericana. La delegación chilena insistió en los aspectos económicos y en la solidaridad hemisférica, cuando resultaba claro que los asuntos de la reunión habrían sido principalmente políticos. La incertidumbre creada por la campaña electoral penalizó mucho su labor. Esta incertidumbre jugó un papel perjudicial en la gestión del poder por parte de Rossetti, que se volvió, de hecho, vacilante, inseguro, justo en el momento en que hacía falta tomar compromisos precisos en ámbito continental, y el ministro estaba más anheloso de conducir, desde pronto, su país al lado de Estados Unidos196. Pero el ministro tuvo que atenerse a las instrucciones recibidas en Santiago, que lo autorizaban a apoyar a Estados Unidos con todos los medios, excepto con la ruptura de las relaciones diplomáticas con los países del Eje197.

Esta medida podía ser aceptada solo condicionándola a la aprobación del Congreso. Otro aspecto que condicionó la conducta de la delegación chilena (y, en definitiva, sus resistencias en la aprobación de la resolución sobre la ruptura de las relaciones diplomáticas con el Eje) fue la preocupación de un inminente ataque japonés198.

Rossetti repitió este punto muchas veces en sus coloquios con los delegados estadounidenses y con el mismo Welles199. También después de la aprobación de la recomendación el ministro de Asuntos Exteriores chileno volvió a confirmar este temor. El 25 de enero Welles informaba a Hull de que Rossetti, en sesión plenaria, había anunciado que "sin duda alguna, Japón atacará inmediatamente a Chile"200. Al día siguiente el ministro chileno proponía al subsecretario estadounidense la firma de un acuerdo en el cual Estados Unidos se comprometía en tomar "medidas preventivas de defensa de las aguas del Pacífico adyacentes América del Sur" y en ofrecer una "efectiva asistencia militar" a Chile201. Según Welles, Rossetti sostenía, además, haber recibido de Santiago la seguridad de que Chile estaba listo para romper las relaciones con las potencias del Eje sin otros retrasos. El anuncio se habría hecho el "último día de la conferencia"202.

En espera de comunicaciones del departamento, Wells se declaró favorable al acuerdo previsto. La réplica del secretario de Estado atenuaba algunas declaraciones elaboradas por Rossetti (eliminando, sobre todo, la afirmación que las "costas chilenas como se sabe están expuestas a un ataque"), pero formalmente aceptaba el pedido del ministro chileno203. En el telegrama (que llegó a la atención del presidente Roosevelt) Hull invitaba a Welles de hacer presente a Rossetti que había que considerar las capacidades de ronda de la Marina estadounidense (debido a la extensión de las costas del Pacífico) y que Chile no podía esperar un tratamiento preferencial respecto a los otros países latinoamericanos que presentaban el mismo problema. Concebido en esta manera, Rossetti y Welles refrendaron el acuerdo.

En fin de cuentas la conferencia se concluía de manera favorable para Chile que había conseguido contrarrestar las presiones estadounidenses respecto a las relaciones con los países del Eje204. La resolución relativa a este tema fue solo una de las muchas que adoptó la conferencia205. De esta salía, en efecto, un complejo y pormenorizado sistema de cooperación hemisférica, cuya fiel aplicación no habría dejado muchos márgenes de maniobra a los países latinoamericanos. En una carta a Welles, Bowers manifestó su apreciación por la conducta tenida en Río por Rossetti, definiéndolo el político chileno más claramente filoestadounidense206. Por su parte, el ministro volvió a repetir al embajador su convicción respecto a la ratificación por parte del Congreso de la resolución sobre la ruptura. Ya el 31 de enero había anunciado este paso, dando como último plazo un mes, después del cual "las misiones diplomáticas del Eje dejarán" Chile207. Pero el Congreso chileno tenía otras ideas, y no fue sino hasta enero de 1943 que el Senado apoyó la ruptura.

Esta línea política exterior no correspondía a la percepción que había tenido EE.UU. del nombramiento de Ernesto Barros Jarpa como nuevo Ministro de Relaciones Exteriores. Su pasado había dejado suponer, en efecto, un nuevo curso de política internacional marcado por el apoyo sin vacilaciones a la política estadounidense208. Pero esta impresión se reveló errónea. En una de sus primeras conversaciones con Bowers, anteriores a su nombramiento, Barros Jarpa dijo claramente que se oponía a la ruptura de las relaciones con las potencias del Eje209. Sin embargo, el Departamento de Estado siguió nutriendo una buena consideración de Barros Jarpa210. A fines de febrero, el Departamento propuso una visita suya a Estados Unidos antes que tomara posesión del cargo211. Ríos aprobó la idea, pero Barros Jarpa temía que la decisión del nuevo gobierno de no asumir una posición determinada sobre la ruptura le habría procurado muchas críticas por parte de la prensa estadounidense212. El 2 de marzo Bowers informaba al Departamento que el presidente chileno había cambiado, idea prefiriendo que el viaje para EE.UU. se hiciera en el mes de abril, es decir, después del nombramiento de Barros Jarpa como Ministro de Relaciones Exteriores213.

La Conferencia de Río acababa de concluirse y ya el Departamento de Estado había empezado su ofensiva contra Argentina y Chile que no habían seguido todos los otros partners continentales que rompían o declaraban guerra al Eje. Las presiones norteamericanas se basaron oficialmente sobre las actividades de espionaje ejercidas por los agentes nazi-fascistas, que contaron justo con la neutralidad chilena para convertir el país andino, junto al platense, en la base de sus operaciones secretas en América Latina. En las conversaciones que tuvieron lugar entre los dos países durante todo 1942, el Departamento de Estado, en manera más o menos explícita, amenazó con represalias contra Chile aprovechando de la necesidad chilena de asistencia económica y militar. Chile, de hecho, no recibiría ninguna ayuda si antes no hubiera roto las relaciones con las potencias del Eje214. Al mismo tiempo, también el gobierno chileno trató de condicionar el abandono de la neutralidad para el conseguimiento de una mayor asistencia por parte de Estados Unidos. Como seguía percibiendo la guerra como un acontecimiento, en fin de cuentas, lejano y ajeno a sus intereses, si no en la medida de un posible ataque a sus costas o de interferencias en los intercambios comerciales interamericanos, La Moneda estaba convencida de que sencillamente se trataba de contentar a EE.UU., demostrando estar interesada, realmente, a su compromiso bélico y al esfuerzo común para la defensa continental.

Por su parte, el Departamento de Estado nunca dio importancia a las afirmaciones del gobierno chileno según las cuales Santiago estaba haciendo todos los esfuerzos para respectar la solidaridad continental. Los chilenos afirmaban que también estaban contribuyendo de muchas maneras al compromiso bélico estadounidense, enviando materiales estratégicos, cooperando en la actividad de control de los intereses alemanes e italianos en el país y contrarrestando, incluso con las detenciones de presuntos espías, la actividad de la "quinta columna".

6. EL DEBATE POLÍTICO ACERCA DE LA RUPTURA

Cuando había pasado solo muy poco tiempo desde el nombramiento de Barros Jarpa como ministro de Asuntos Exteriores, Bowers revelaba que sin ninguna duda el deseo chileno era la neutralidad215. El 30 de abril, el ministro de Relaciones Exteriores chileno ilustró con una circular -la primera de su mandato- a todo el cuerpo diplomático chileno en el exterior, la política internacional del gobierno216. En los detalles, el ministro explicaba cómo el Ejecutivo conciliaría la neutralidad con los compromisos asumidos en plan continental. La Cancillería negaba que la recomendación adoptada en Río representara una "fuente de obligaciones para Chile", que empeñaba el Ejecutivo en romper las relaciones con las potencias del Eje. Después había una valiente y convencida defensa de la intención del gobierno de querer seguir manteniendo buenas relaciones con los países fascistas y a la vez respetar los principios de la solidaridad continental.

Barros Jarpa rechazaba categóricamente la crítica del Departamento de Estado según el cual las misiones diplomáticas del Eje estuvieran ejerciendo "actividades en contra de un país americano", ya que todo esto no "ocurre en Chile". En fin, el ministro sostenía que Chile estaba dando un amplio apoyo a la administración Roosevelt permitiendo el empleo sin restricciones de los puertos chilenos (o de otros sitios estratégicos) a las Fuerzas Armadas norteamericanas y otras facilidades (como el envío de los materiales estratégicos) útiles para el esfuerzo bélico del poderoso vecino del norte.

Con la ruptura de las relaciones diplomáticas el escenario habría mudado dramáticamente porque esta habría implicado "gravísimos peligros". "Los países [del Eje] considerarían esta medida como una declaración de guerra que daría lugar a actos hostiles contra nosotros". La opinión nutrida por la mayoría de la población, contraria a la ruptura, representaba el aspecto que más que todo inducía no mudar de rumbo en política exterior. Y el presidente Ríos no podía dejar de tenerlo en cuenta.

En verano hubo, aparentemente, un cambio de rumbo. El 27 de julio, en efecto, el embajador Michels, de vuelta de Santiago, había asegurado a Sumner Welles que el presidente Ríos estaba listo para romper las relaciones diplomáticas con el Eje217. Michels añadió que el Presidente no quería dar la impresión de "negociar" la ruptura pero que, al mismo tiempo, si Chile no hubiera obtenido aparatos militares capaces de asegurarle un nivel mínimo de autodefensa, difícilmente la opinión pública nacional aceptaría el cese de las relaciones con el Eje218. Wells contestó que se habría podido refrendar enseguida una especie de preacuerdo, "basado en pedidos mínimos", estableciendo tiempos y modalidades de entrega en espera de llevar a cabo, una vez obtenida la ruptura, el acuerdo Lend-Lease.

Pero el país todavía parecía muy pegado a la neutralidad. Había muy pocas voces discordes219. Entre las fuerzas políticas, las de oposición eran completamente contrarias a la ruptura de las relaciones con el Eje, mientras que los partidos de izquierda y una parte del Partido Radical acentuaban más y más su polémica para las dudas del Gobierno. Este con su táctica de espera, parecía tener la intención de dar la razón a los primeros220.

A comienzos de agosto, el presidente Roosevelt convocó al embajador chileno Michels para decirle que la opinión pública estadounidense percibía la conducta chilena de manera muy parecida a la argentina y, sobre todo, que el Departamento de Estado consideraba que el mantenimiento de la neutralidad permitía a los agentes del Eje de actuar libremente en América Latina empleando el territorio chileno para sus acciones subversivas y para comunicar a Berlín y Tokio "informaciones sobre los movimientos de los navíos de guerra aliados y otras noticias sobre los esfuerzos de guerra de las naciones americanas"221. Según Roosevelt, el espionaje tenía lugar gracias a las libertades que tenían las delegaciones diplomáticas de los países fascistas. El presidente norteamericano añadió no creer que la ruptura habría provocado graves peligros a Chile dado que la vigilancia a lo largo de las costas del Pacífico evitaba el peligro de daños considerables. Sin embargo, como demostración de las buenas intenciones de su gobierno, el Presidente aseguró que después de la ruptura Chile habría recibido "de 50 a 100 aviones para patrullar sus costas"222. Las palabras del presidente Roosevelt no surtieron ningún efecto, obligando Welles a volver a convocar, el 1 de septiembre, a Michels para expresar toda la contrariedad del Departamento de Estado para las resistencias chilenas223.

La ofensiva norteamericana chocaba con la opinión de la mayoría de la clase dirigente y de una parte significativa de los políticos, contrarios al abandono de la neutralidad. Los partidos de oposición estaban convencidos de que Chile tenía que seguir manteniendo las relaciones con los países del Eje. Esta postura se repitió, a continuación en el Parlamento224, en los diarios de derecha o en folletos publicados para las circunstancias225. Los partidos de izquierda tenían, por supuesto, la opinión opuesta. Ya se ha dicho acerca de la fuerte simpatía que los socialistas tenían por Estados Unidos. Pues bien, Pearl Harbor no hizo más que acentuar esta posición. A partir de entonces, y hasta enero de 1943, los socialistas tomaron decididamente posición en favor de la ruptura de las relaciones diplomáticas con las potencias del Eje. Entretanto, también cambió la opinión sobre la Unión Soviética a la que ahora se le reconocía "una contribución eficaz para el desarrollo de la revolución, por el rasgo social de su economía y de su organización política"226.

Esto confirmaba la reconciliación con el Partido Comunista. Este ya había cambiado rumbo desde mediados de 1941, volviéndose un convencido partidario de la alianza entre EE.UU. y la URSS y de la ruptura de las relaciones diplomáticas con los países fascistas. Los comunistas chilenos criticaron duramente las vacilaciones del gobierno Ríos, sosteniendo la urgencia de romper las relaciones no solo para una genérica solidaridad antifascista sino también en función del interés nacional, considerado convergente con la política continental de Estados Unidos. De aquí la denuncia de la política exterior del gobierno chileno227.

Por lo que concierne a los radicales se puede añadir muy poco en cuanto a lo que ya se ha dicho, ya que el gobierno representaba su línea casi fielmente. Ellos, de esta manera, seguían estando, a pesar de un creciente malestar de una parte del partido, en favor de la neutralidad. Además, cada eventual cambio de la política internacional perseguido por el Ejecutivo tenía que llevar necesariamente consigo acuerdos económico-militares con Estados Unidos.

Con todo, no se debe olvidar que todavía en junio de 1942 el Senado apoyó por casi unanimidad, con el voto en contra de los dos senadores comunistas, la política de Ríos. Lo hizo a petición expresa del canciller Barros Jarpa, quien en una sesión secreta afirmó que si antes había dicho que no había presiones de Washington, "hoy tengo que poner el mismo énfasis para decir que esa presión existe, y en términos absolutamente desmedidos e inaceptables"228. De alguna manera se veía que la "opinión pública" apoyaba todavía la neutralidad.

7. CHILE ABANDONA LA NEUTRALIDAD

El otoño de 1942 representó un momento de cambio en las relaciones chileno-estadounidenses dado que las presiones norteamericanas ya no ofrecían muchas posibilidades decisionales al gobierno chileno. Un primer indicio que la situación estaba a punto de cambiar fue la organización del viaje a EE.UU. del Presidente de la República, Juan Antonio Ríos. La idea de una visita nació por una invitación efectuada en el verano boreal por el Departamento de Estado y por el presidente Roosevelt y habría tenido que realizarse el 14 de octubre. Pero la administración norteamericana había pedido muchas veces al presidente chileno que rompiera las relaciones con el Eje antes de su llegada, pero Ríos lo había rechazado, declarándose dispuesto a hacerlo solo una vez de regreso a Chile229.

Para vencer la oposición chilena, el 8 de octubre Sumner Welles, en el 29° National Foreign Trade Convention que tuvo lugar en Boston, afirmó que Chile y Argentina permitían "que sus territorios sean utilizados por funcionarios y agentes subversivos del Eje, como bases para actividades hostiles en contra de sus vecinos". El subsecretario hacía observar el alto número de barcos de países americanos hundidos230, incluso los de Estados Unidos. Welles daba el último empujón declarando: "no puedo creer que las dos repúblicas todavía permitirán por mucho tiempo que sus vecinos americanos […] sean apuñalados por la espalda por emisarios del Eje que operan en sus territorios"231. La acusación formulada por Wells provocó mucha sensación y Argentina y Chile la rechazaron categóricamente232. Una de las primeras consecuencias del discurso fue la anulación del viaje de Ríos a Estados Unidos233, presumiblemente el principal móvil de Welles234.

En Chile el discurso primero suscitó gran asombro235 y luego indignación236. Casi todos los diarios y los partidos políticos237 se unieron en la defensa orgullosa de la independencia nacional. Muchas personalidades políticas destacadas extendieron en aquellos días un manifiesto con el cual expresaban su apoyo a la política internacional del presidente Ríos238. Como el gobierno chileno declaró no conocer los informes sobre las actividades nazi-fascistas en Chile, el Departamento de Estado comunicó a Santiago que habría puesto de manifiesto el memorándum entregado al ministro Barros Jarpa el 30 de junio239, que contenía una relación detallada de estas actividades240. Al final el informe se puso de manifiesto a través de la sede del Emergency Committee for Political Defense en Montevideo241.

El gobierno chileno contestó que muchas de las personas señaladas en el memorándum estadounidense ya estaban presas, añadiendo que no se podían tomar ulteriores medidas antes de que el trabajo de la policía chilena terminara242. En relación a las actividades nazis en territorio chileno hay muchas circunstancias que inducen considerar que La Moneda o, si preferimos restringir el campo, que Barros Jarpa tuviera informaciones precisas y pormenorizadas. Sin embargo, es difícil sostener, como hicieron entonces en EE.UU. y en Chile, que el ministro hubiera estorbado con intención una acción más eficaz de su gobierno243. Tal vez Barros Jarpa no se dio realmente cuenta de la importancia de la red de espionaje operante en Chile; igualmente se puede presumir que consideró que los informes que le habían sido entregados en aquellos meses por el Departamento de Estado eran el fruto de un alarmismo exagerado, o hasta sin ningún fundamento. Probablemente pensó (en parte con toda razón) que las noticias que le dio la administración estadounidense formaban parte de una estrategia de presión (junto a las amenazas de represalia económico-militar) para convencer Chile abandonar la neutralidad.

Sin embargo, el propio ministro de Relaciones Exteriores había encargado, el 27 de abril, a un funcionario del departamento diplomático, Marcial Martínez Prieto, de preparar un memorándum detallado sobre las actividades subversivas244. La iniciativa se hacía a causa de la publicación en la revista estadounidense Background de un artículo sobre el nazi-fascismo en Chile245, en el cual se denunciaba que el país andino era el centro de las operaciones secretas de los agentes del Eje en territorio americano246. Aunque no se consideró toda la documentación recogida hasta entonces por la Dirección General de Investigaciones e Identificación de Chile, el memorándum que preparó Martínez Prieto fue suficiente para formarse una idea más precisa de la situación de las actividades subversivas en Chile. Sin entrar en los pormenores, cabe decir que desde las primeras páginas el funcionario admitía haber averiguado "con asombro que las afirmaciones del señor Singer eran exactas en todo". Sin embargo, el ministro juzgó oportuno profundizar ulteriormente el caso247.

Luego vino el memorándum entregado por el Departamento de Estado norteamericano el 30 de junio. Pero tanto antes como después de esta fecha, la embajada estadounidense transmitió en varias ocasiones, al Ministerio de Asuntos Exteriores, algunas informaciones, en posesión del gobierno norteamericano, relativas a las operaciones desarrolladas por las misiones diplomáticas o por espías del Eje en territorio chileno. A los ya indicados, hace falta añadir por lo menos otros dos documentos. En el primero, del 5 de septiembre, Bowers volvía a protestar por la red de telecomunicaciones presente en territorio chileno. La denuncia era esta vez tan explícita como dura: el embajador declaraba que el gobierno estadounidense consideraba la tolerancia del gobierno chileno en este campo "un aporte esencial para la causa del Eje". Veinte días después Bowers informaba al ministro Barros Jarpa de tener conocimiento de la cantidad de dinero gastado por la embajada alemana y por la legación japonesa, gracias al envío (por medio de la Transradio Chilena) de comunicaciones telegráficas cifradas a sus capitales. Pues bien, frente a un gasto mensual durante el primer semestre de 1939 (antes de la guerra), para la primera de 3.000 y para la segunda de 9.000 pesos, el embajador revelaba que en el primer semestre de 1942 las dos sedes diplomáticas habían gastado mensualmente, respectivamente, casi 170.000 y 190.000 pesos, "a pesar del hecho de que ninguno de esos Gobiernos tiene relaciones comerciales, financieras o de viaje con Chile"248.

Más tarde el embajador examinaba el caso de la estación radio clandestina descubierta en la isla de Cuba249. En relación a este episodio, Bowers volvía a repetir que "las instrucciones sobre el funcionamiento de esta estación clandestina hallada en Cuba provenían de una persona residente en Chile250. Barros Jarpa no consiguió superar sin daños la crisis que produjo el discurso de Sumner Wells y las sucesivas revelaciones acerca del espionaje en Chile251. Las críticas de los partidos de izquierda252, de algunos grupos radicales y de cuantos auspicaban ahora la ruptura de las relaciones con los países del Eje, le costaron el cargo al ministro253.

Los acontecimientos nacionales e internacionales convencieron al presidente Ríos de que no había razón para ir a Estados Unidos254. Sin embargo, el nuevo Ejecutivo se propuso llegar en poco tiempo a la ruptura de las relaciones diplomáticas con el Eje. Aun antes de asumir el cargo, el futuro ministro de Relaciones Exteriores, Joaquín Fernández Fernández, declaró que Chile iba a acentuar su política de solidaridad continental255, lo cual, en otros términos, quería decir romper en tiempos rápidos las relaciones diplomáticas.

El gobierno estaba listo, por lo tanto, a abandonar la neutralidad. Quedaba la oposición de algunos sectores políticos. En el Parlamento los debates de política exterior confirmaron las divisiones entre las fuerzas políticas expresadas en los meses precedentes. A los comunistas (apoyados por los socialistas) que invocaron a gritos la ruptura inmediata de las relaciones con el Eje256, contestaron casi todas las otras formaciones políticas, reacios a cambiar la conducta internacional del país257. Con el paso del tiempo, también los sectores más hostiles tuvieron que aceptar la decisión frente a la intención del gobierno de cambiar rumbo. Las discusiones parlamentarias258 del mes de diciembre confirmaron la paulatina toma de conciencia del Congreso por no poder diferir la ruptura.

A principios de diciembre, Ríos envió a Washington a su ministro del Interior para explicar la posición chilena y obtener garantías antes de romper con los países del Eje259. En una conversación con el presidente Roosevelt, del 17 de diciembre, Morales Beltramí renovó el pedido de ayudas militares y económicas260. Después añadió que, tal vez para contestar a las acusaciones estadounidenses sobre el retraso y las resistencias en tomar la decisión de abandonar la neutralidad, era difícil para el gobierno chileno romper las relaciones sin "un acto de guerra" e, incluso, solo "basándose en principios abstractos"261.

El ministro chileno obtuvo la garantía que EE.UU. habría ayudado Chile en caso de ataque, y la vaga promesa de acuerdos para refrendar después de la ruptura. Para el presidente Ríos fue suficiente, se llegó a la ruptura. El ministro de Asuntos Exteriores Fernández presentó la propuesta el 18 de enero al Consejo de Defensa Nacional y al día siguiente al Senado donde se aprobó con 30 votos en favor, 10 en contra (todos de la oposición) y dos abstenciones. Durante las discusiones, que tuvieron lugar en sesión secreta, también circuló la propuesta de "suspender" las relaciones más que romperlas, pero fue rechazada262. El 20 de enero, en un discurso radiofónico a la nación, el presidente Ríos comunicó que Chile había roto las relaciones con las potencias del Eje263. En aquella ocasión, además de explicar que se trataba de una elección dictada por obligaciones morales, defendió la decisión del gobierno de no haber querido cumplir antes aquel paso264.

CONCLUSIONES

Como había ocurrido en los dos años y medio precedentes, en 1942 Chile no tenía interés alguno en romper las relaciones diplomáticas con el Eje. Las motivaciones aducidas para justificar la neutralidad, en los meses que precedieron a la ruptura, fueron esencialmente dos: la actividad de espionaje ya estaba bajo estrecha vigilancia; Chile estaba cumpliendo por completo los compromisos en materia de defensa y solidaridad continental porque había concedido a Estados Unidos el tratamiento de nación no beligerante, abasteciéndolo abundantemente, y según los chilenos también generosamente, de materiales estratégicos. Ir más allá no se podía también porque "la ruptura o la declaración de guerra tenía que plantearse sobre una razón específica, como había hecho Estados Unidos"265. Hubo, obviamente, el revés de la medalla. Aunque, para la admisión de los mismos dirigentes chilenos, la neutralidad resultaba difícil de administrar ante todo con respecto a las relaciones con EE.UU., no parece que ellos fueran realmente conscientes de las repercusiones que implicaba el mantenimiento de las relaciones con los países fascistas. O, más sencillamente, subestimaron las consecuencias negativas hasta el punto de poner en peligro la economía del país.

La administración Ríos no entendió que la neutralidad hacía daño a las relaciones económicas (además que políticas) con Estados Unidos, haciendo reducir las importaciones de productos esenciales (alimenticios y materias primas) y dejando en una situación de incertidumbre las exportaciones futuras (con posible pérdida, pues, del único mercado que habría quedado disponible). Y, cosa aun más importante en aquella fase, ella detuvo las negociaciones en curso sobre la asistencia financiera y militar. Ella, en fin, empujó el país, junto a Argentina, hacia el aislamiento continental.

No hay duda que por parte chilena hubo la tentativa de llegar hasta el límite, esperando que la guerra pudiera terminar dentro de poco tiempo, y por qué no, con la victoria del Eje, pero el hecho que, desde el principio, Roosevelt utilizara la asistencia como arma de presión, nos hace considerar que La Moneda no conocía muy bien las reglas del juego.

Al menos hasta la entrada en guerra de EE.UU., el gobierno chileno no fue el único en pensar que el conflicto habría terminado con la victoria ítalo-alemana en Europa y que, sobre todo, la guerra no se habría prolongado más allá de 1941 o como mucho de 1942. Pearl Harbor salió por tal registro, cambiando completamente el escenario bélico e imponiendo una nueva consideración de las fuerzas en campo, operación que los chilenos no fueron capaces de hacer perfectamente. Santiago no quiso aceptar la idea de tener que entregarse a EE.UU. y de formar parte, como ya lo habían hecho todos los otros países latinoamericanos, excepto Argentina, de la esfera de influencia norteamericana. Chile no aceptó, entonces, que la política exterior del país debiera cambiar por presiones política-económicas y siguió sosteniendo, en plan mundial, una posición autónoma e independiente que le permitiera no sufrir daños por ninguno de los países en guerra o, aun mejor, sacar provechos por ambas partes.

A fin de cuentas, esta era la línea seguida también en la Primera Guerra Mundial y, como entonces, se legitimaba por el hecho de que Chile, esperando principalmente que la guerra terminara, mantenía buenas relaciones con las dos coaliciones en lucha. La prosecución del conflicto echó a perder los planes chilenos: las presiones estadounidenses, las dificultades económicas, el aislamiento continental, el riesgo que los países cercanos se reforzaran demasiado en plan militar, obligaron al gobierno a rendirse y a romper las relaciones. Desde entonces el país andino participó al esfuerzo bélico estadounidense, acogiendo los pedidos -sobre todo en el sector de la represión del espionaje y de la intensificación de la producción de las materias primas estratégicas- que hizo a su vez la administración Roosevelt. Sus márgenes decisionales se redujeron drásticamente. Chile no pudo hacer nada, excepto recuperar el tiempo perdido en la búsqueda jadeante de un lugar destacado

Historia 38 / 2005

en el tablero latinoamericano, elaborado por EE.UU. para el mundo de posguerra. De esta manera, uno de los principales quebraderos de cabeza de La Moneda fue el de hacer aceptar la participación chilena en la futura organización internacional, incluso a costa de minimizar la conducta antecedente.

Por un extraño recurso de la historia, todo esto ya había ocurrido después de la Primera Guerra Mundial, cuando Santiago había tratado de hacer olvidar, tanto en Londres como en Washington, la neutralidad mantenida durante el conflicto. Pero con una considerable discrepancia respecto a los años veinte, esta vez no se podía esperar el fin de las operaciones bélicas. Es por este motivo que el trienio 1943-45 vive casi exclusivamente de la tentativa chilena de hacerse legitimar como partner por el campo aliado. Después de la ruptura, pues, el gobierno fue obligado a preocuparse en primer lugar de la colocación del país en el próximo sistema internacional. Hubo, por supuesto, también otros sectores en los cuales se desarrolló la acción diplomática chilena -que por motivos de espacio no podemos analizar en esta ocasión-, desde el restablecimiento de las relaciones con Italia hasta la creación de los con la URSS, desde la disputa argentino-estadounidense hasta la declaración de guerra a Japón, pero estos también, en un atento análisis, pueden observarse desde el punto de vista del nuevo orden mundial, en el sentido que su gestión ya se insertaba en la proyección del posguerra. No se trató de un recurso original que afectó solo al país andino. Todo el sistema internacional vivió en la espera de la conclusión de la guerra, en previsión de aquella nueva dimensión que los tres grandes habían esbozado en las varias conferencias que precedieron a la de San Francisco, a partir de la cual se habría organizado el mundo en la posguerra.

 

NOTAS

1 Historia, n. 23, 1989, 5-51.         [ Links ]Véanse también los trabajos de M.J. Francis, The Limits of Hegemony: United States Relations with Argentina and Chile during World War II, Notre Dame, University of Notre Dame Press, 1977,         [ Links ] de A.F. O'Brien "The Politics of Dependency: A Case Study of Dependency. Chile 1938-1945", Notre Dame, Diss., 1977),         [ Links ] de E. Barros Jarpa, "Historia para olvidar. Ruptura con el Eje (1942-1943)", en Neville Blanc (ed.), Homenaje al Profesor Guillermo Feliú Cruz, Santiago, Andrés Bello, 1973, 31-96.         [ Links ] Más reciente el libro de M. Barros van Buren, La Diplomacia chilena en la segunda guerra mundial, Santiago, Univerdidad de Chile, 1998,         [ Links ] que sin embargo resulta demasiado favorable hacia los principales políticos chilenos de la época.

2 F. Pike, Chile and United States: 1880-1962, Notre Dame, University of Notre Dame Press, 1963, 160.         [ Links ]

3 La demostración de la importancia del fenomeno, cabe recordar que Chile fue el primer país de América del Sur en el cual EE.UU. sustituyó a Gran Bretaña.

4 A finales de los años treinta las inversiones norteamericanas en el sector subían hasta casi 383 millones de dólares en un total de 484, M.J. Francis, The Limits of Hegemony, cit. 10.

5 J.R. Couyoumdjian, Chile y Gran Bretaña durante la primera guerra mundial y la postguerra, 1914-1921, Santiago, Editorial Andrés Bello, 1986, 27.         [ Links ]

6 Sobre los flujos de inmigrantes alemanes hacia Chile, empezados ya en la primera mitad del siglo XIX, sobre los lugares de estancia y sobre las modalidades de integración en el tejido social chileno, véase J.P. Blancpain, Les allemands au Chile (1816-1945), Colonia-Viena, Böhlau Verlag, 1974, 185-448.         [ Links ]

7 Véase F.M. Nunn, "Emil Körner and the Prussianization of the Chilean Army: Origins, Process and Consequences, 1885-1920", Hispanic American Historical Review, 2, 1970, 300-322.         [ Links ]

8 M.J. Francis, The Limits of Hegemony, cit. p.10.

9 Para una profundización sobre el tema de la deuda exterior, véase el ensayo de J. Fermandois, "Del unilateralismo a la negociación. Chile, Estados Unidos y la deuda de largo plazo 1934-1938", Historia, 26, 1991-1992, 71-115.         [ Links ]

10 J. Fermandois, Abismo y Cimiento: Gustavo Ross y las relaciones entre Chile y Estados Unidos, 1932-1938, Santiago de Chile, Universidad Católica de Chile, 1997, 209.         [ Links ]

11 También hace falta recordar que se estaba en plena fase de la "política del buen vecino", desarrollada por la administración Roosevelt para mejorar las relaciones con los países latinoamericanos. Cfr. J. Fermandois, Abismo y Cimiento, cit. 65-72.

12 W.F. Sater, Chile and the United States: Empires in Conflict, Athens-London, The University of Georgia Press, 1990, 106.         [ Links ]

13 J. Fermandois, Abismo y Cimiento, cit. 19.

14 M. Barros van Buren, Historia Diplomática de Chile(1541-1958), Santiago, Editorial Andrés Bello, 1990, 729.         [ Links ]

15 Se trató de una misión de alto nivel ya que estaba compuesta por los ministros de Asuntos Exteriores, Hacienda, Alimentación y Agricultura y por el director de la Reichsbank.

16 Documents on German Foreign Policy (de ahora en adelanteDGFP), London, Her Majesty's Stationary Office, 1949-serie C, vol.III, 74-75, telegrama del director del departamento económico, Ritter, a las legacías en Argentina, Brasil, Uruguay, Colombia y Ecuador, 23 de junio de 1934.

17 Aunque la circular no fuera dirigida también a la misión en Chile, La Moneda ya había sido informada de su contenido (ibidem, 74, nota 2).

18 El telegrama señalaba el interés sobre todo para lana, cuero y pieles, aceite de semillas y de oliva, maíz y trigo producidos en Argentina y Uruguay; café en Brasil y Colombia; cacao en Ecuador.

19 Con este se refrendó un Acuerdo comercial y un Acuerdo de Pagos el 26 de diciembre de 1934, que tenía que renovarse cada año. Sobre política comercial alemana en América Latina del periodo véase A. Frye, Nazi Germany and the American Hemisphere 1933-1941, New Haven, Yale University Press, 1967, 72-75         [ Links ]

20 La delegación alemana no dejó de subrayar la cálida acogida recibida (prensa, jefes de Estados, personalidades políticas, comunidades alemanas). Véase DGFP, serie C, vol. III, 932-933.

21 Véase DGFP, serie C, vol VI. 930-934, circular del ministro de los Asuntos Exteriores alemán, Ritter, a las sedes diplomáticas en América Latina.

22 Sobre la penetración del nazismo en Chile se puede consultar el libro de Víctor Farías Los nazis en Chile, Barcelona, Editorial Seix Barral, 2000, que atribuye un papel importante a los proyectos político-ideológicos nazis en el país andino. A este trabajo nos referiremos a menudo en las páginas siguientes tomando, sin embargo, las distancias de algunas exageraciones de tipo sensacionalista (como, por ejemplo, la de atribuir una importancia estratégica a Chile -y a América Latina- que al evaluar los hechos no es verdadera) o conclusiones a la ligera que los propios documentos utilizados por el autor no aclaran por completo (sobre todo los concernientes a la colaboración entre el cuerpo diplomático chileno en Alemania e instituciones nazis). Los nazis en Chile tiene la cualidad, de todas maneras, de haber reabierto el debate sobre una página poco clara de la historia chilena. Sobre el mismo asunto, pero mucho menos documentado, el libro de María Soledad de la Cerda, Chile y los hombres del Tercer Reich, Santiago, Editorial Sudamericana, 2000.         [ Links ] Una tentativa más completa y seria la ha conducido Grame S. Mount, Chile and Nazis. From Hitler tè Pinochet, Montreal-New York-London, Black Rose Books, 2002)         [ Links ] que reconstruye el proceso de adhesión del nazismo en Chile en base a la documentación guardada en los archivos chilenos, estadounidenses, alemanes y japoneses. Una tesis doctoral muy completa, Christel K. Converse, "The Rise and Fall of Nazi influence among the German-Chileans". Washington DC., Georgetown University, diss., 1990.         [ Links ]

23 J. Fermandois, Abismo y Cimiento, cit. 229.

24 Véase O. Gaudig - Veit, "El Partido Alemán Nazionalsocialista en Argentina, Brasil y Chile frente a las comunidades alemanas: 1933-1939", Estudios Interdisciplinarios de América Latina y el Caribe (E.I.A.L.), 6/2, 1995, 2 (disponible en red en la página: www.tau.ac.il/eia).         [ Links ]

25 Aquí se sigue la distinción hecha por Gaudig y Veit entre los grupos locales (Ortsgruppen con al menos 25 miembros) y puntos de apoyo (Stützpunkte con al menos 5 miembros).

26 Había, luego, 6 puntos de apoyo en Valdivia, Puerto Montt, Puerto Varas, Talca, Temuco y Traiguén. En 1937 el partido nazi en Chile tenía 985 militantes; en 1939 1.005 y en 1944 1.107. En proporción a la población de la comunidad alemana, Chile estaba entre los con el mayor número de inscritos en el mundo (cfr. V. Farías, op. cit., 22).

27 Fue el caso de la Liga, que resistió hasta 1935 cuando su director se vio obligado a dejar el cargo para ser sustituido por un miembro del NSDAP. A partir de entonces este organismo, que volvió a ser financiado por Berlín, se convirtió en uno de los principales instrumentos de la difusión ideológica del nazismo.

28 Véase V. Farías, op. cit., 74-77; C.K. Converse, "The Rise and Fall of Nazi Influence among the German-Chileans", Washington, Georgetown University, Diss., 1990, 206-207.         [ Links ] Es por esta razón que se enviaron de Alemania muchos emisarios. Numerosos profesores eran, además, miembros del NSDAP o de la NSLB (Asociación Nacionalsocialista de Profesores) por medio de la asociación de la estructura local (Asociación de Profesores Alemanes en Chile).

29 C.K. Converse, "The Rise and Fall of Nazi Influence among the German-Chileans", cit. 209-210.

30 Esta organización nació en 1931. Sus miembros llevaban uniformes muy parecidos a los de la juventud hitleriana.

31 V. Farías, op. cit., 78-80.

32 En aquellos años las diferentes instituciones se reunieron en un "Comité de la colonia" dominado por el partido.

33 Véase DGFP, serie C, vol. III, 159 e vol.V, 58, 183, 196, 204.

34 Véase DGFP, serie D, vol. V, 815, memorándum del 30 de noviembre de 1937 en el cual se afirma que "entre todos los países de América del Sur, solo la adhesión de los tres grandes Estados ABC -Argentina, Brasil y Chile- sería políticamente importante".

35 Véase DGFP, serie D, vol. V, 821, 834-837.

36 Sobre la acción política del nazismo, véase M. Potashnik, "Nacismo: National Socialism in Chile, 1932-1938", diss., Los Angeles, University of California, 1974, 250-301.         [ Links ]

37 Véase M. Klein, "The New Voices of Chilean Fascism and the Popular Front, 1938-1942", Journal of Latin American Studies, 33/I, 2001, 349.         [ Links ] Sobre las que han sido definidas las "nuevas voces del fascismo chileno" véase la descripción dada, siempre, por Klein en las 354-375.

38 Cabe decir que después de una hostilidad inicial, manifestada sobre todo en campaña electoral y en las primeras semanas siguientes, la embajada estadounidense en Santiago se convenció que el gobierno frentista no provocaría daños ni a las relaciones político-diplomáticas con Washington ni a los intereses de los invesionistas estadounidenses. Solo para citar algunos ejemplos se pueden analizar todos los enviados de la embajada estadounidense en Santiago al secretario de Estado, National Archives II, College Park, Maryland (de ahora en adelante NA), 825.00/1016-1/2, 2 de febrero de 1938; 825.00/1032, 18 de mayo de 1938; 825.00/1085, 29 de octubre de 1938; 825.00/1086, 2 de noviembre de 1938; 825.00/1110, 21 de diciembre de 1938; 825.00B/56, 14 de marzo de 1939; 825.00/1148 y 825.00/1150, respectivamente, del 10 y del 17 de mayo de 1939; 825.00/1159, 11 de julio de 1939.

39 NA, 825.00/1121, embajada estadounidense en Santiago a secretario de Estado, 28 de enero de 1939.

40 Véase NA, 825.48 Earthquake, 1939/40, 31 de enero de 1939, cit. en M.J. Francis, The Limits of Hegemony, cit. 18.

41 Entre los asuntos que más preocupaban a Washington estaba la intención del gobierno chileno de perjudicar los intereses estadounidenses, hecho que habría causado la oposición del Congreso, muy sensible a las protestas de los inversionistas norteamericanos al exterior, a cualquiera hipótesis de financiación al país andino.

42 Véase NA, 825.48 Earthquake, 1939/94, 16 de febrero de 1939, cit. en M.J. Francis, The Limits of Hegemony, cit. 18.

43 En realidad, la administración Roosevelt estaba contraria a la financiación de un proyecto de desarrollo económico de gran alcance. El pedido económico, además, se consideró excesivo (véase M.J. Francis, The Limits of Hegemony, cit. 19-20).

44 El ministro de Hacienda Wachholtz informó a Armour que el plan preveía un gasto de 80 millones de dólares, de los cuales el 70% bajo forma de abastecimiento y el 30% en efectivo.Véase Foreign Relations of United States (de ahora en adelante FRUS), 1939, vol.V, 439-443, que también contiene la réplica de Armour.

45 Ibidem, 447-449. Téngase en cuenta que aún antes de que el nuevo gobierno tomara posesión del cargo, hubo contactos entre personalidades frentistas (Aguirre Cerda, Marmaduke Grove, pero también el general Ibáñez) y la embajada alemana en Santiago. El 21 de noviembre de 1938, el embajador Von Schoen había enviado, de hecho, un telegrama a Berlín en el que informaba de la intención de algunos líderes frentistas de fortalecer las relaciones económicas entre Chile y Alemania. Estos contactos tuvieron una continuación a comienzos de 1939, cuando encargados del gobierno frentista pidieron a la embajada alemana la concesión de un préstamo (150-200 miliones de marcos) para la adquisición de productos industriales y armamentos. Inicialmente, Berlín consideró el pedido chileno excesivo, pero después de haber calculado los beneficios políticos de esta operación (en primer lugar el de crear las premisas para que el gobierno chileno desarrollara una política favorable a Alemania en ámbito panamericano) dio su asenso, autorizando la concesión de un anticipo de la cantidad de 10.000 marcos (véase DGFP, serie D, vol. V, 889-891, memorándum del director del departamento de política económica, Becker, 9 de enero de 1939).

46 Para ulteriores informaciones sobre las últimas fases del negocio véase FRUS, 1939, vol. V, 447-452.

47 Véase FRUS, 1940, vol. V, 681-689. El préstamo fue autorizado por el Consejo de administración del Export-Import Bank el 13 de junio de 1940. Para la versión chilena véase Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile (de ahora en adelante AMRE), Ministerio de Relaciones Exteriores a embajada chilena en Washington, Oficio confidencial n. 11, 1940, vol. 1823; y embajada chilena en Washington a Ministerio de Relaciones Exteriores, Oficios confidenciales n. 368/19, n. 674/34 y n. 704/38, respectivamente, del 22 de marzo, del 5 y 14 de junio de 1940, vol. 1823. El del mes de junio de 1940 fue solo el primero de algunos préstamos, "adicionales", concedidos por el Export-Import Bank: hubo otros al final de aquel año (5 millones de dólares) y en el mes de junio de 1941 (10 millones de dólares). En relación a este véase AMRE, embajada chilena en Washington a Ministerio de Relaciones Exteriores, Oficio confidencial n. 1442/100, 3 de julio de 1941, vol. 1910-B.

48 El 3 de septiembre El Mercurio invitaba a bajar los tonos de la polémica política interna para enfrentar con tranquilidad y firmeza las consecuencias de la guerra ("Un programa de unión nacional"). También el Congreso hacía exhortaciones para la unidad nacional: véase Boletín de Sesiones del Senado (de ahora en adelante BSS), 4 de septiembre 1939, 1844-1845; Boletín de Sesiones de la Camara de Diputados (de ahora en adelante BSC), 5 de septiembre de 1939, 2785-2789).

49 Véase Memoria del Ministerio de Relaciones Exteriores (de ahora en adelante MMRE), 1939, 11-12; El Mercurio, "Chile declara su neutralidad", 5 de septiembre de 1939.         [ Links ]

50 El Mercurio, "Las noticias de hostilidades en Europa" y "El conflicto y la marina mercante", respectivamente, del 2 y 3 de septiembre de 1939.        [ Links ]

51 Véase El Mercurio, "Países de América gestionan la formación de stock de alimentos en previsión de una guerra europea que aparece inminente", 3 de septiembre de 1939. Por esta razón, el 4 de septiembre, el Ejecutivo decidía crear la Junta Económica Nacional con la tarea de estudiar las repercusiones económicas de la guerra, El Mercurio, "Medidas adopta el Gobierno frente a la situación de los países europeos", 5 de septiembre de 1939.         [ Links ]

52 El Mercurio, "Chile ante el conflicto", 5 de septiembre de 1939.         [ Links ]

53 M. Barros van Buren, La diplomacia chilena en la Segunda Guerra Mundial, cit. 34.

54 El Mercurio, "Plan de seguridad continental sería considerado en la sesión plenaria de la Conferencia de Panamá" y "La Conferencia Interamericana aprobó el establecimiento de una zona de seguridad", respectivamente, del 25 de septiembre y del 3 de octubre de 1939.

55 Véase FRUS, 1939, vol. V, 38. El 20 de enero de 1940 el gobierno chileno promulgó un decreto con el cual reglamentaba la actividad de los buques mercantes dotados de armamentos. En el mes de julio del mismo año, La Moneda prohibía la entrada de submarinos y de portaaviones de las naciones beligerantes (M. Barros van Buren, La diplomacia chilena en la segunda guerra mundial, cit. 88).

56 La lista negra incluía mercancías que no podían acceder al mercado europeo y que habrían sido secuestradas como contrabando independientemente del país de procedencia. La restricción afectaba también a los productos destinados a los países neutrales, porque el gobierno británico creía que existía un sistema de comercio triangular entre los países neutrales y Alemania.

57 M. Barros van Buren, La diplomacia chilena en la segunda guerra mundial, cit. 38. El 22 de septiembre (por decreto n° 8.645) el gobierno chileno replicaba juzgando la lista negra en violación de la Declaración de Londres del 26 de febrero de 1909 concerniente al comercio fraudulento y, por esto, recházandola.

58 Mociones análogas, aunque menos duras, fueron presentadas por Argentina y Uruguay (El Mercurio, "Chile atacó, ante la Conferencia de Panamá, ciertas medidas de los beligerantes que significan una intromisión en el comercio de países americanos", 28 de septiembre 1939).         [ Links ] Sobre el mismo tema véase también dos editoriales muy críticos de Galvarino Gallardo Nieto, El Mercurio, "Conferencia de Panamá y sus posibilidades" y "Moción chilena sobre las lista negras", respectivamente, del 27 y 29 de septiembre de 1939.         [ Links ] Es importante señalar que en el mes de diciembre, Gallardo Nieto escribió un editorial en que apoyaba en lleno la teoría del "espacio vital" del Tercer Reich ("Inquietud europea: colonias alemanas", 23 de diciembre 1939).

59 El Mercurio, "América deja las declaraciones lírica para entrar de lleno a una etapa de realizaciones", 3 de octubre de 1939.         [ Links ]

60 En realidad, la cuestión de la cooperación militar era importante sobre todo para Santiago.

61 NA, 825.248/150A, 8 de septiembre de 1939.

62 FRUS, 1940, vol. V, 694; M.J. Francis cree que la reluctancia estadounidense en ofrecer adecuada asistencia militar a Chile, se basaba en las valoraciones de la War Plans Division (División de los planes de guerra) que consideraba deber limitar la defensa estratégica solo a Brasil. En los detalles, los principales planes militares (conocidos con el nombre en código RAIBOW I) preparados para la defensa del territorio estadounidense en los meses que precedieron a la entrada norteamericana en la guerra, preveían la defensa del canal de Panamá y de la zona septentrional del subcontinente ("latitudine 10° sur […] a casi 100 millas a sur de Recife y 150 millas a norte de Lima"). Por eso, "en diciembre de 1939, la War Plans Division basó sus juicios sobre la cantidad de fuerza aérea necesaria para evitar que Alemania pudiera establecer una base cerca de la protuberancia de Brasil" (The Limits of Hegemony, cit. 28). En virtud de esta evaluación estratégica, Chile quedaba excluido de los planes de defensa militar de Estados Unidos.

63 No debe extrañar que en aquel período la propaganda nazi insistió mucho en el hecho de que EE.UU. no estaba interesado a prestar ningún tipo de ayuda para la defensa de Chile (NA, 825.00-N/983/8 mas véase también 825.00-N/98, embajada estadounidense en Santiago a secretario de Estado, 31 de agosto 1940).

64 Véase FRUS, 1940, vol. V, 12-13. En realidad, La Moneda no estaba completamente a oscuras del asunto ya que el embajador en Washington, en el mes de mayo de 1940, había señalado un escaso interés de EE.UU. para la defensa de aquellos países que estaban "a sur del Ecuador" (AMRE, embajada chilena en Washington a secretario de Estado, Oficio confidencial n. 580/25, 22 de mayo 1940, vol. 1823).

65 EE.UU. entabló discusiones de este tipo con todos los otros países latinoamericanos.

66 FRUS, 1940, vol. V, 52-54.

67 Se trataba del capitán de la Marina B.L. Canapa y del coronel del Ejército A.R. Harris.

68 Claude G. Bowers había sustituido a Norman Armour en el septiembre de 1939, con ocasión del estallido de la guerra en Europa, procedente de España. Es interesante notar que según M.J. Francis, Bowers fue, durante su mandado, un representante diplomático demasiado bien dispuesto hacia las autoridades chilenas, a menudo también a costa de los mismos intereses estadounidenses. El estudioso norteamericano sostiene que "los problemas existentes entre EE.UU. y Chile en 1942 fueron causados por el deseo de Bowers de no llamar la atención del gobierno chileno sobre situaciones demasiado desagradables" (The Limits of Hegemony, cit. 22-23). Aunque nos parece exagerada, esta interpretación es en parte confirmada por la lectura de la correspondencia inviada por Bowers en los años de guerra y por las memorias que escribió a conclusión de su experiencia chilena (Misión en Chile, 1939-1953, Santiago, Editorial del Pacífico, 1975).         [ Links ] Recientemente ha aparecido una biografía de Peter J. Sehlinger y Holman Hamilton, Claude G. Bowers 1878-1958. Spokesman for Democracy Indianápolis: Indiana Historical Society, 2000.         [ Links ]

69 El texto de la respuesta de Aguirre Cerda se encuentra en FRUS, 1940, vol.V, 55.

70 M.J. Francis, The Limits of Hegemony, cit. 32. Las conversaciones se reanudaron el 19 de agosto, cuando llegaron a Santiago el mayor de la Marina estadounidense M.D. Taylor y el comandante del Ejército W.W. Webb, y se concluyeron el 5 de septiembre (FRUS, 1940, vol. V, 55-57).

71 Cfr. M. Barros van Buren, La diplomacia chilena en la segunda guerra mundial, cit. 100.

72 Véase NA, 710.consultation (2)/73, embajada estadounidense en Santiago a secretario de Estado, 19 de junio 1940.

73 NA, 825.00/1225, embajada estadounidense en Santiago a secretario de Estado, 3 de julio 1940; Intelligence Division (Navy Department), informe del encargado militar en Santiago del 10 de julio 1940, serial n. 337, file n. 104-300.

74 Sobre el comportamiento de la delegación chilena en La Habana, en relación a la cuestión de las colonias europeas, véanse los telegramas y el informe enviados por Bowers el 25, 26 y 30 de julio, respectivamente, en NA, 710.consultation(2)/441, 710.consultation(2)/452, 710.consultation(2)/538. Por parte chilena véase el telegrama enviado por Schnake el 30 de julio (AMRE, embajada chilena en La Habana a Ministerio de Relaciones Exteriores, telegrama n. 8, 30 de julio de 1940, vol. 1807).

75 La Moneda siguió una línea ánaloga también en el mes de mayo de 1940, cuando los países americanos protestaron por la ocupación de Bélgica, Holanda y Luxemburgo o después de la invasión de Dinamarca. En todos estos casos, el gobierno chileno rechazó las invitaciones, apelándose a las decisiones tomadas en Panamá y en La Habana que establecían la neutralidad del continente americano (M. Barros van Buren, La diplomacia chilena en la segunda guerra mundial, cit. 85-87).

76 Véase BSC, 30 de noviembre de 1939, 757-758, y 12 de diciembre de 1939, 934-937. Para el Partido Comunista, la difícil tarea de justificar la línea seguida en aquel período por la Unión Soviética, fue tomada por su líder Contreras Labarca (BSC, 28 dicembre 1939, 1635-1646).

77 El Mercurio, "El pacto germano-soviético", 3 de septiembre de 1939.         [ Links ]

78 El gobierno reiteró una vez más, en el mes de junio de 1940, su propósito de continuar en el camino de "una absoluta neutralidad" e invitó todos los chilenos a trabajar, por encima de intereses de parte, para el bien del país (El Mercurio, "S.E. llama a una más estrecha unión de todas las actividades frente al conflicto de Europa" y "Vigilancia y cooperación americana", respectivamente, del 4 y 5 de junio de 1940).         [ Links ] La oposición encargó la respuesta al discurso de Aguirre Cerda a los presidentes del Partido Conservador y del Partido Liberal, Fernando Aldunate y Eduardo Moore (El Mercurio, "No puede garantizar la paz interior y exterior un gobierno que se apoya en los comunistas", 7 de junio 1940).         [ Links ]

79 En este caso para no desgastar las relaciones con ninguna de las potencias europeas en lucha. Para un ejemplo de esta opinión véase la sesión de la Cámara de los Diputados del 7 de agosto de 1940 in BSC, 1901-1905.

80 Para un ahondamiento del debate político que precedió la conferencia de La Habana, véase BSC, 1117-1120 (sesión del 9 de julio), 1199-1203 (sesión del 10 de julio).

81 El Mercurio, "Propaganda antinacional", 7 de junio de 1940.         [ Links ]

82 Un buen ejemplo de cuanto dicho se encuentra en el informe sobre la situación política enviado por Bowers el 30 de enero 1940 (NA, 825.00/1192).

83 Véase NA, 740.00111 AR./1104, embajada estadounidense en Santiago a secretario de Estado, 15 de mayo de 1940.

84 NA, 825.00/1224, embajada estadounidense en Santiago a secretario de Estado, 28 de junio 1940. La apelación del partido socialista fue publicada el 25 de junio y reafirmada, el mismo día, también por la Cámara de los Diputados por el diputado Hübner (BSC, 25 junio 1940, 681-687).

85 Boris Yopo H., El Partido Socialista chileno y Estados Unidos: 1933-1946, Documentos de Trabajo n. 224, Santiago, FLACSO, 1984, 42.         [ Links ]

86 Partido Socialista, La guerra de Europa y la política internacional del Partido Socialista, Santiago, Talleres Gráficos Gutenberg, 1939.         [ Links ] Las citaciones que siguen, salvo diferente indicación, se han sacado de esta publicación (25-28).

87 Los socialistas, por supuesto, no fueron los únicos que se quejaron de la afiliación del partido comunista chileno a la Tercera Internacional. Los representantes de los partidos conservador y liberal fueron aún más duros en denunciar el riesgo de una penetración del comunismo internacional en Chile a través del partido de Contreras Labarca. Las discusiones, pues, en el Congreso fueron muy frecuentes y se condenó el comportamiento del Partido Comunista y el peligro de la difusión del marxismo. Solo para citar un ejemplo, véase las discusiones ocurridas en la Cámara de los Diputados a los días 18 de enero y 2 de julio de 1940, en BSC, 2675-2690 y 896-904. A finales del año, el conservador Sergio Fernández Larraín presentó (con el apoyo de 29 diputados) un proyecto de ley en que se pedía la disolución del Partido Comunista para su conexión con organizaciones extranjeras (BSC, 26 de noviembre de 1940, 664-687, mas véase también la sesión del día siguiente y del 3 de diciembre dedicadas a la discusión del proyecto de ley, respectivamente, 750-764 y 1006-1023). La propuesta de ley, aprobada por la Cámera el 4 de diciembre (cfr.El Mercurio, "Queda aprobado en general y particular el proyecto sobre represión del comunismo" y "Represión del comunismo", ambos del 5 de diciembre de 1940),         [ Links ] pasó luego al Senado recibiendo otro juicio favorable (cfr. BSS, 7 de enero de 1941, 1131-1141, 14 de enero 1298-1313, 15 de enero 1329-1351 y 1380-1401), pero encontró el veto de Aguirre Cerda el 25 de febrero de 1941. Por precaución el Partido Comunista cambió denominación, presentándose a las elecciones siguientes del mes de marzo con la sigla de Partido Progresista Nacional (NA, 825.00/1303, embajada estadounidense en Santiago a secretario de Estado, 17 de febrero 1941). La oposición volvió a la carga en el mes de junio de 1941, pero sin ningún resultado, porque, justo a consecuencia de la convocatoria electoral, los partidos de la mayoría habían aumentado sus escaños en el Congreso (BSC, 18 de junio de 1941, 381-393, 24 de junio 479-488, 25 junio 530-558).

88 Esta invitación no se esfumó. Bajo propuesta del Partido Socialista chileno, del 3 al 8 de octubre de 1940, tuvo lugar, en efecto, en Santiago el primer Congreso de los partidos populares y democráticos latinoamericanos. Participaron unos partidos socialistas del continente (con la intervención a las reuniones del argentino, ecuatoriano, panameño y uruguayo) más otras formaciones que según el caso se presentaban de izquierda o democráticas (entre las cuales el Partido de la Revolución Mexicana, el Partido Aprista Peruano y el Partido Democrático Nacional venezolano representado en la capital chilena por Rómulo Betancourt). Para Chile, además del Partido Socialista, adhirió también otra franja del socialismo chileno: el Partido Radical Socialista y el Partido Democrático (véase Primer Congreso de los partidos democráticos y populares de América Latina, Santiago, Talleres Gráficos Gutenberg, 1941).        [ Links ]

89 Véase Boris Yopo H., El Partido Socialista chileno y Estados Unidos: 1933-1946, cit. 45.

90 Esta es la opinión del embajador estadounidense en Santiago, Claude Bowers (Misión en Chile, 1939-1953, cit. 115).

91 H. Mendoza, ¿Y ahora? El Socialismo Móvil de Postguerra, Santiago, Imprenta Cultura, 1942, 287-289,         [ Links ] cit. en Boris Yopo H., El Partido Socialista chileno y Estados Unidos: 1933-1946, cit. 48.

92 A partir del pacto nazi-soviético, la URSS empezó a ser definida en muchos medios como país "totalitario" sin más.

93 Boris H. Yopo, "El Partido Radical y Estados Unidos: 1933-1946", Documentos de Trabajo n. 230, Santiago, FLACSO, 1984, 51.         [ Links ]

94 Resoluciones del VII Pleno del C.C. del PC de Chile, Santiago, Antares, 1939, 4-5.         [ Links ]

95 Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, "La Internacional Comunista contra la guerra imperialista", Principios, n. 1, diciembre de 1939, 49-55, cit. en A. Riquelme Segovia, "Visión de EE.UU. en el Partido Comunista Chileno. I. "La Era Rooseveltiana": 1933-1945", Documentos de Trabajo n. 239, Santiago, FLACSO, 1985, 39.        [ Links ]

96 Para un ahondamiento de los contrastes entre los partidos frentistas durante los años del conflicto y de su línea política en relación a EE.UU., véase A. Barnard, "Chilean Communists, Radical Presidents and Chilean Relations with United States, 1940-1947", Journal of Latin America Studies, 13/II, 1981, 347-356.         [ Links ]

97 O. Schnake, "America y la guerra", Revista del Partido Socialista, n. 31, 1940, 10-17.         [ Links ]

98 NA, 825.00/1343, embajada estadounidense a Presidente de la República, 2 de enero de 1941.

99 NA, 825.00/1291, embajada estadounidense en Santiago a secretario de Estado, 7 de enero de 1941.

100 Entre el ala derecha guiada por Juan Antonio Ríos y Florencio Durán, desde siempre contrarios a una alianza con los comunistas, y el ala izquierda, favorable a la continuación de la relación.

101 Sobre esta convocatoria electoral véase G. Urzúa Valenzuela, Historia política de Chile y su evolución electoral (desde 1810 a 1992), Santiago, Editorial Jurídica, 1992, 521-527.         [ Links ]

102 Sobre lo que se ha dicho hasta ahora también se pueden ver las correspondencias enviadas por el embajador Bowers al secretario de Estado en NA, 825.00/1318 (19 de marzo de 1941); 825.00/1337 (24 de abril de 1941); 825.00/1364 (11 de junio de 1941); 825.00/1370 (19 de junio de 1941); 825.00/1394-1/2 (27 de agosto 1941) que contienen algunas noticias sobre la vida y la carrera política de Rossetti y las primeras impresiones sobre su mandato. En línea general, se puede decir que Bowers no tuvo una buena impresión de Rossetti, definido, en los meses siguientes, como oportunista (véase 825.00/1474, embajada estadounidense en Santiago a secretario de Estado, 22 de octubre de 1941). Otros detalles se pueden sacar, en fin, en FRUS, 1941, vol. VI, 39-45, 74-75, 119-120.

103 Este episodio causó, en efecto, un vuelco de las alianzas internacionales soviéticas y un consecuente cambió también de la estrategia adoptada por la IC. Para esta la guerra ya no tenía un carácter interimperialista sino de liberación antifascista. Como en el pasado, el PC chileno seguía diligentemente el nuevo curso.

104 El 25 de junio 1941, de los escaños del Senado, Contreras Labarca dictaba las líneas de la nueva estrategia del Partido Comunista chileno, es decir, lucha global entre democracia y fascismo y alianza con EE.UU. (BSS, 25 de junio 1941, 571-577). Sobre el mismo tema también véase C. Contreras Labarca, Unidos los pueblos, con la Unión Soviética, aplastarán al fascismo, C.C. del PC de Chile, 1941.

105 NA, 825.00/1210/2, carta del embajador Bowers al presidente Roosevelt, 14 de mayo de 1940.

106 NA, 825.00P/51/2, consulado estadounidense en Valparaíso a secretario de Estado, 16 de enero de 1940.

107 Como el Suplemento del Diario Alemán cuyas ventas se estimaron en casi 26.000 copias al día (NA, 825.00-N/56, embajada estadounidense en Santiago a secretario de Estado, 4 de junio de 1940).

108 NA, 825.00-N/61, embajada estadounidense en Santiago a secretario de Estado, 12 de junio de 1940.

109 Se refería a dos circulares (respectivamente del 29 y 31 de mayo de aquel año) que "prohíben categóricamente la radiodifusión de cada género de comentarios sobre los acotencimientos bélicos", contemplando solo la difusión de "noticias exhibidas por agencias de información reconocidas" (es decir, controladas por el gobierno) (NA, 825.00-N/64, Embajada Estadounidense en Santiago a Secretario de Estado, 15 de junio de 1940; El Diario Ilustrado, "Sólo deben transmitir noticias imparciales de la guerra", 7 de junio de 1940; La Hora, "Prohibidas transmisiones radiales sobre la guerra que no sean las de diarios o agencias noticiosas", 11 de junio de 1940).

110 NA, 825.00N/61 y 82500P/6, Embajada Estadounidense en Santiago a secretario de Estado, respectivamente del 12 de junio y del 2 de agosto de 1940.

111 NA, 825.00P/9 memorándum de la Military Intelligence Division (War Department), 1 de abril de 1941.

112 Cabe señalar que también la embajada alemana se quejó del comportamiento de la prensa local (MMRE, 1940, 299-304).

113 Como ASPA (Actualidades Semanales de Prensa Alemana), Centraleuropa (publicado en Zurich) y Servicio Mundial.

114 NA, 825.00-N/88.

115 NA, 826.00-N/51, Embajada Estadounidense en Santiago a secretario de Estado, 1 de junio 1940.

116 Las informaciones contenidas en este informe revelan claramente la real amenaza nazi en Chile en aquel período. Ellas muestran, sin embargo, la preocupación (si no una verdadera obsesión) del embajador (presumibilmente inspirada por el departamento) que lo empujaba a enviar cada tipo de información, también las más irrelevantes, pero vagamente atribuibles a la Alemania nazi.

117 NA, 825.00-N/57, Embajada Estadounidense en Santiago a secretario de Estado, 6 de junio de 1940.

118 Un telegrama del día siguiente confirmó esta tesis añadiendo la noticia que también los comunistas hicieran parte del complot para hacer de "Chile un vasallo de la Alemania nazi" (NA, 825.00-N/52, embajada estadounidense en Santiago a secretario de Estado, 7 de junio de 1940).

119 NA, 825.00-N/55 1/2

120 El NSDAP local, la Asociación de Profesores Alemanes en Chile y la Juventud Chileno-Alemana, así como el Partido Nacionalsocialista y el Movimiento Nacionalista chilenos.

121 Entre estos se señalaban Walter Boettger Lehmann (responsable comercial de la embajada alemana), William Himmer, Arthur Kast, Walter Berger (de la empresa Bayer) y el doctor Thiele (del Banco Aleman Transatlántico). Muy "peligroso" se consideró el cónsul alemán Reichmann, mientras del embajador Von Schoen se decía que "obedece a las órdenes impuestas por el resposable comercial".

122 Se sostenía que el jefe fuera Werner Siering, manager de las empresas Bayer, Westkott y Cía. (Bayer Asprin). "Entre los agentes regulares" se encontraban "los empleados de la Bayer Co." entre los cuales se destacaba "Werner Scherr, jefe de las SS en Chile". También las reuniones tenían lugar en las oficinas de la Bayer mientras los documentos se guardaban en la embajada y en las casas de Siering y de su secretaria Ana Brodenkamp de Hellemann.

123 Que estaba encabezado como ya fue señalado por el representante de las SS Werner Scherr. No se conocían, sin embargo, las operaciones militares en programa.

124 Para este punto véase también NA, 825.00-N/52, 27 de julio de 1940, carta de Fletcher Warren, asistente de Adolf Berle, a J. Edgar Hoover, director del FBI.

125 NA, 825.00-N/57-1/2, Intelligence Division (Navy Department), 20 de junio de 1940. En este informe se insinuaba que los nazis tuvieran ramificaciones en muchos partidos políticos chilenos. De aquel día es otro informe, siempre de la misma división, que describía presuntos métodos, centros de organización y objetivos de la "quinta columna" (NA, 825.00-N/103).

126 NA, 825.00-N/67, embajada estadounidense en Santiago a secretario de Estado, 26 de junio de 1940, documento declasificado en 1990.

127 En sustancia, avalora la hipótesis ya sostenida por una parte de la historiografía y asimilada también por este estudio, que el desafío nazi-fascista haya sido notablemente exagerado, e instrumentalizado, por la administración estadounidense.

128 Al presentar el informe, Bowers había declarado de no compartir la conclusión de McNiece. Las afirmaciones del embajador (otras concernían el Partido Comunista y su presunta alianza con los nazis chilenos) sobre la "quinta columna" se fundaban en un memorándum, que se podía consultar solo en el Departamento de Estado, sobre la penetración del nazi-fascismo en el continente americano (NA, 710.consultation(2)/613, 22 de junio de 1940).

129 AMRE, embajada chilena en Washington a Ministerio de Asuntos Exteriores, Oficio confidencial n. 702/36, 10 de junio de 1940, vol. 1823. Sobre el mismo tema también véase embajada chilena en Washington a Ministerio de Asuntos Exteriores, Oficios confidenciales n. 843/52 y 865/54, respectivamente del 15 y 17 de julio de 1940, vol. 1823.

130 NA, 825.00-N/101, Military Intelligence Division (War Department General Staff), informe del encargado militar Ralph H. Wooten, 9 de julio de 1940.

131 Sobre el presunto filonazismo de Cruchaga Tocornal, también véase NA, FW825.00-N/120, memorádum de uso interno del Departamento de Estado, 12 de diciembre de 1940.

132 Esta asociación se componía principalmente por oficiales del Ejército chileno reservistas.

133 NA, 825.00/1254, Federal Bureau of Investigationa asistente secretario de Estado Adolf A. Berle Jr., 4 septiembre de 1940, pero el memorándum es del 3 de agosto.

134 Según el encargado naval en Santiago, W.W Webb, se trataba del Ministro del Interior, Guillermo Labarca (NA, 825.00-N/986/8, Intelligence Division (Department of Navy), 2 de septiembre de 1940).

135 NA, 825.00-N/126, embajada estadounidense en Santiago a secretario de Estado, 10 de octubre de 1940.

136 El crucero había sido hundido durante la batalla de Río de La Plata del 13-17 diciembre de 1939. Los miembros de la tripulación del barco habían sido detenidos en Argentina y Uruguay.

137 NA, 825.00-N/120, embajada estadounidense en Santiago a secretario de Estado, 18 de octubre de 1940. El informe de Bowers y los dos memorándum han sido declasificados en febrero de 1990.

138 Los miembros del equipaje fueron reexpedidos a Argentina mientras Paul Barandón, cónsul alemán, suspendido de sus funciones. Sobre el retiro de las credenciales del cónsul, también véase MMRE, 1940, 305-306.

139 En los meses siguientes el Departamento de Estado ejerció presiones a cargo de estas empresas para llevarlas a interrumpir cualquier tipo de relación con la Kulenkampff & Knoop. Una estrategia parecida se utilizó con otras empresas estadounidenses (entre estas la General Motors y Standard Oil) (véase. NA, FW825.00-N/120, Division of the American Republics, 19 de noviembre 1940). Por lo que se refiere, en cambio, a las intervenciones estadounidenses en el sector del transporte aéreo véase FRUS, 1941, vol. VI, 562-570.

140 McNiece declaraba que la asociación, presidida por el oficial reservista Roberto Stone, estaba dirigida por un consejo donde había muchos ex militares. El cónsul hacía observar, luego, que la mayoría de estos pertenecían al comité directivo de la sección de Valparaíso de la Alianza Popular Libertadora, el partido del general Ibáñez.

141 En realidad, el caso fue mucho más importante de lo que había señalado McNiece. La suerte de la tripulación del Graf von Spee fue uno de los casos más significativo de la actividad secreta de los agentes alemanes presentes en Chile. Para una profundización véase L.B. Rout - J.F. Bratzel, The Shadow War. German Espionage and United States Counterespionage in Latin America during World War II, Frederick (Md.), University Publications of America, 1986, 238-239.         [ Links ] Este libro ofrece una descripción detallada, y ampliamente documentada, de la estructura de espionaje nazi en Argentina, Chile, Brasil y México y de la de contraespionaje anglo-estadounidense. Por la parte chilena, se remite a las 235-320.

142 NA, 825.00-N/128, embajada estadounidense en Santiago a secretario de Estado, 1 de noviembre de 1940. También este documento ha sido declasificado en febrero de 1990.

143 BSC, 13 de agosto 1941, 1976-2009. Análogas divisiones se produjeron en el Senado (BSS, 22 octubre 1941, 122-126; 19 de noviembre de 1941, 366-369).

144 Para una verificación de lo que estamos diciendo, véase AMRE, embajada chilena en Roma a Ministerio de Asuntos Exteriores, Oficios Confidenciales n. 47/8 (20 de enero 1940), 396/34 (30 de abril de 1940), 442/37 (14 de mayo de 1940), vol. 1842. Pero véase, siempre en el mismo volumen, algunas cartas enviadas por Briones Luco al presidente Cerda en 1940 (AMRE, embajada chilena en Roma a Presidente de la República, 27 de marzo, 30 de abril, 1 de agosto y 23 de septiembre de 1940) y en 1941 (cartas del 27 y 28 de marzo de 1941 en AMRE, vol. 1934).

145 Véase AMRE, embajada chilena en Roma a Ministerio de Asuntos Exteriores, Oficios confidenciales n. 348/31 y n. 348/31, respectivamente, del 16 de abril y 24 de abril de 1940, vol. 1830-A.

146 El tema de la neutralidad se destacó en casi todos los documentos enviados por Barros Ortiz a Santiago. Véase, solo para citar algunos ejemplos, los telegramas n. 95 (30 de mayo), n. 125 (1 de julio) y n. 137 (19 de agosto), todos de 1941 y presentes en el vol. 1880 (AMRE).

147 Como en ocasión de las tensiones que se originaron entre Santiago y Berlín para el tratamiento reservado a algunos ciudadanos de ambos países a mediados de 1941. La querelle se produjo por la detención, ocurrida en Valdivia a principios de agosto, de 5 exponentes del partido nazi local. No es esta la sede para examinar el caso. Cabe aquí limitarse a señalar que los dos países sufrieron un momentáneo recrudecimiento de las relaciones diplomáticas, y también que Barros Ortiz pareció demasiado bien dispuesto hacia la línea seguida por Berlín, fastidiando no poco al ministro Rossetti. Para ulteriores informaciones véase DGFP, serie D, vol. XIII, 1941, 314-315 y 555-556; AMRE, embajada chilena en Berlín, telegramas n. 189, n. 190, n. 208, n. 215, n. 220, 13-15-27 septiembre y 2-6 de octubre de 1941; Ministerio de Asuntos Exteriores a embajada chilena en Berlín, telegramas n. 85, n. 98, n. 101, n. 114, n. 237, 16-28-30 de septiembre y 4-17 de octubre de 1941, vol. 1880.

148 AMRE, legación chilena en Berna a Ministerio de Asuntos Exteriores, informe n. 109/15, 17 de abril de 1941, e informe n. 117/16, ambos en 1881. No está clara la fecha de envío del segundo documento; en este solo se lee el recibo (10 de mayo) por parte del Ministero. Pero también véase el informe n. 161/24 del 23 de junio de 1941, siempre en el vol. 1881.

149 AMRE, legación chilena en Berna a Ministerio de Asuntos Exteriores, informe n. 134/20, 13 de mayo de 1941, vol. 1881. Cabe señalar que Morla Lynch declaró no creer en la aplicación de estas medidas.

150 Ibidem.

151 Cuando en el agosto de 1941 el gobierno alemán pidió a todos los consulados de los países neutrales de cerrar sus sedes en los territorios europeos ocupados, por intercesión del embajador chileno en Berlín, Barros Ortiz, y del cónsul general chileno en Hamburgo, Eugenio Palacios Bate, solo los consulados chilenos en París y Praga quedaron abiertos (véase M. Barros van Buren, La diplomacia chilena en la segunda Guerra Mundial, cit. 118-121).         [ Links ]

152 Este caso salió a luz el 2 de julio de 2001 cuando algunos históricos del Interagency Working Group (IWG), que se ocupaban de declasificar documentos relativos al Nazi War Crimes and Japanese Imperial Government Records, guardados en el National Archives and Records Administration de Washington, había algunos informes sobre la eliminación de judíos en Europa. Entre estos también un documento, fechado 20 de marzo de 1942, que el Coordinator of Information (COI predecesor del OSS, Office of Strategic Services) había obtenido secretamente por el servicio de espionaje británico. Se trataba de una copia, traducida al inglés, de un informe de un diplomático chileno, Montt Rivas precisamente, del 24 de noviembre 1941. Otras informaciones están disponibles en el portalwww.nara.gov/iwg/pressrel.html. Para un comentario véase el artículo del director de la investigación histórica dell'IWG, Richard Breitman, What Chilean Diplomats Learned About the Olocaust.

153 Actualmente no se sabe quién fuera la fuente de Montt Rivas. En sus despachos no decía nada de cómo había obtenido las informaciones que enviaba a Santiago.

154 Para una profundización véase R. Nocera, "I preparativi nazisti della "soluzione finale". I rapporti segreti del console cileno a Praga, 1941", Nuova Storia Contemporanea, 3, 2003, 125-138.         [ Links ]

155 Es decir, el 25 de noviembre de 1941.

156 Archivo Nacional de Chile "Siglo XX" (a partir de ahora ANC), consulado chileno en Praga a Ministerio de Asuntos Exteriores, Oficio confidencial n. 142, 24 de noviembre de 1941, titulado "Legislación sobre judíos".

157 Esto no quiere decir que no tuviera conocimiento, aunque parece poco probable. Aquí solo se puede relevar que las informaciones no se revelaban en el informe.

158 Esto casi dos meses antes de la Conferencia de Wannsee del 20 de enero de 1942. En esta ocasión se elaboró el plan para la eliminación de la "raza inferior", al principio por medio de trabajos forzados y nutrición insuficiente y luego por el "tratamiento adecuado", es decir, del traslado de los judíos a los campos de concentración.

159 En el campo de concentración de Terezin, antes del fin de la guerra, habrían perdido la vida más de 33.000 personas.

160 ANC, consulado chileno en Praga a Ministerio de Asuntos Exteriores, Oficio confidencial n. 144, 27 de noviembre de 1941, con el título de "Sudamérica y los judíos. Permisos del Ministerio".

161 ANC, consulado chileno en Praga a Ministerio de Asuntos Exteriores, Oficio confidencial n. 148, 18 de diciembre de 1941, con el título de "Noticias falsas en la prensa de Santiago".

162 La acción chilena era una consecuencia de la iniciativa estadounidense que miraba a comprar, a través de la Metals Reserve Company, el surplus de los materiales estratégicos (en el caso de Chile, sobre todo cobre) de las naciones latinoamericanas (véase FRUS, 1941, vol. VI, 578-579; AMRE, embajada chilena en Washington a Ministerio de Asuntos Exteriores, Oficio confidencial n. 1440/98, 3 de julio de 1941, vol. 1910-B; y Oficio confidencial n. 329/117, 27 de febrero de 1941, vol. 1912).

163 Véase FRUS, 1941, vol. VI, 579-580 y 587-588. Otras informaciones están contenidas en NA, 825.00/1394-1/2 (embajada estadounidense en Santiago a secretario de Estado, 27 de agosto de 1941).

164 Véase M.J. Francis, The Limits of Hegemony, cit. 36 que cita 825.5151/633, embajada estadounidense en Santiago a secretario de Estado, 5 de agosto de 1941. Bowers sostenía el punto de vista chileno (véase FRUS, 1941, vol. VI, 584-587).

165 Wells había expresado en más de una ocasión sus quejas al embajador chileno en Washington, Rodolfo Michels. Véase, solo para citar un ejemplo, FRUS, 1941, vol. VI, 588. Pero también el gobierno chileno se había quejado dado que estaba convencido que los pedidos hechos por la CORFO no tuvieran adecuada atención por parte de la administración Roosevelt (AMRE, Ministerio de Asuntos Exteriores a embajada chilena en Washington, telegrama n. 321 y telegrama n. 338, respectivamente, del 22 de noviembre y del 5 de diciembre de 1941, vol. 1913).

166 FRUS, 1941, vol. VI, 594.

167 Ibidem, 595.

168 El acuerdo fue aprobado por un intercambio de notas entre los dos gobiernos el 26 de enero de 1942 (ibidem, 596).

169 Ibidem, 595.

170 Para ulteriores detalles del caso véase J. Fermandois, Cobre, guerra e industrialización en Chile: 1939-1945, Santiago, Comisión Chilena del Cobre, Colección Estudios Históricos, 1992.

171 Véase NA, 825.24/171, embajada estadounidense en Santiago a secretario de Estado, 15 de julio de 1940, cit. en M.J. Francis, The Limits of Hegemony, cit. 38. La oferta que el embajador alemán Von Schoen entregó a las autoridades chilenas preveía la venta de aparatos militares requisados en los territorios ocupados a "un precio más bajo del 50% de los que podrá practicar Estados Unidos" (DGFP, serie D, vol. X, 1940, 529-531, circular del 23 de agosto de 1940).

172 Véase FRUS, 1941, vol.VI, 552-554 y 556-559.

173 FRUS, 1941, vol. VI, 571.

174 Ibidem, 572-573; AMRE, embajada chilena en Washington a Ministerio de Asuntos Exteriores, Oficio confidencial n. 1519/106, 10 de julio de 1941, vol. 1910-B.

175 Estas informaciónes están contenidas en FRUS, 1941, vol. VI, 137. El programa del Joint Advisory Board on the American Republics tenía la intención de abastecer de material militar para la defensa continental y presuponía la asignación de 400 millones de dólares, de los cuales 80 concedidos hasta el 1 de julio de 1942. Para ulteriores informaciones, véase ibidem, 133-148.

176 En el Parlamento existía, en efecto, una corriente de opinión, difundida sobre todo entre los bancos de la oposición, contraria al pedido de préstamos a EE.UU. porque esto habría abierto el camino a la hegemonía estadounidense (BSC, 28 de octubre 1941, 623-638).

177 FRUS, 1941, vol. VI, 574-577.

178 Ibidem, 577.

179 Hace falta recordar que la medida fue decidida por la administración Roosevelt el 17 de julio de 1941.

180 BSC, 21 de octubre de 1941, 265-278; y 29 de octubre de 1941, 651-667.

181 Naturalmente, el gobierno chileno protestó repetidamente con la administración estadounidense. Para un ejemplo de lo que estamos diciendo véase los telegramas enviados por Rossetti al embajador Rodolfo Michels el 27 de septiembre y el 6 de octubre de 1941 (AMRE, Ministerio de Relaciones Exteriores a embajada chilena en Washington, respectivamente, n. 239 y 253, vol. 1913).

182 La conducción del Estado la tomó, provisionalmente, el 10 de noviembre el ministro de Asuntos Interiores y vicepresidente de la República Jerónimo Méndez Aranciba. Aguirre Cerda se murió dos semanas después.

183 NA, 825.00/1427, embajada estadounidense en Santiago a secretario de Estado, 16 de octubre de 1941.

184 Huellas de un posible golpe de mano se sacan de un largo memorándum que, el 10 de noviembre, el director de la Division of the American Republics Philip W. Bonsal envió al subsecretario Wells (NA, 825.00/1598, legación estadounidense en Quito a subsecretario de Estado, 10 de noviembre de 1941). La oportunidad se dio por una estancia que el dirigente estadounidense había efectuado en Chile del 1 a 7 de noviembre.

185 FRUS, 1941, vol. VI, 119-120. Véase también El Mercurio, "Ante el momento internacional, Chile propicia una entrevista de Cancilleres americanos", del 9 de diciembre 1941         [ Links ]y, del día siguiente, "Frente al nuevo conflicto". Durante los días y las semanas siguientes, El Mercurio no tuvo dudas sobre la oportunidad y sobre el deber de Chile de prestar apoyo a EE.UU. Esta línea se tomó ya el 11 de diciembre en los artículos "Actitud internacional definida" y "El discurso de Roosevelt".

186 MMRE, 1941, p. 2; AMRE, Embajada Chilena en Washington a Ministerio de Relaciones Exteriores, Oficio confidencial n. 3322/337, 11 de diciembre de 1941, vol. 1917; FRUS, 1941, vol. VI, 76-77; El Mercurio, "Nuestro Gobierno acordó la no beligerancia con EE.UU. y los demás países del Continente", 10 de diciembre de 1941. El 17 de diciciembre, con decreto n. 2337, la no beligerancia también se decretó para Alemania e Italia.

187 FRUS, 1941, vol. VI, 75.

188 FRUS, 1941, vol. VI, 75-76.

189 Según Bowers, Rossetti había recibido fuertes críticas también por sus colegas ministros (FRUS, 1941, vol. VI, 560-561; NA, 825.00/1530, embajada estadounidense en Santiago a secretario de Estado, 11 de diciembre de 1941. Cabe notar que en el telegrama que envió Rossetti al embajador Michels el 10 de diciembre (en que rendía cuentas propio del debate en el Parlamento), no hay huellas de las peleas internas del gobierno o del Congreso (AMRE, ministerio de Relaciones Exteriores a embajada chilena en Washington, telegrama n. 350, 11 de diciembre de 1941, vol. 1913).

190 Véase el artículo de El Mercurio, "La guerra a nuestras puertas" del 8 de diciembre en que el diario ponía en relación la noticia de la agresión japonesa con el comienzo de la campaña electoral. Del mismo tono eran los artículos "Movimiento de salvación nacional" y "Unión frente al peligro" del 11 de diciembre; "La aspiración nacional" y "La doctrina política común" del 13 de diciembre.

191 Ellos fueron Carlos Ibáñez y Juan Antonio Ríos. Para la opnión del embajador Bowers véase NA, 825.00/1525, embajada estadounidense en Santiago a secretario de estado, 11 de enero de 1942.

192 NA, 825.00/1530, embajada estadounidense en Santiago a subsecretario de Estado, 11 de diciembre de 1941.

193 NA, 825.00/1528, embajada estadounidense en Santiago a presidente Roosevelt, 15 de diciembre de 1941. Bowers no tenía pruebas concretas de la financiación de los países del Eje a la candidatura de Ibáñez, una circustancia más tarde confirmada (L. Rout - J. Bratzel, The Shadow War, cit., 235). Estos dos autores no excluyen que también los británicos hubieran participado en la campaña electoral financiando a Ríos.

194 Véase El Mercurio, "La contienda electoral ha terminado", "La prensa de América ha destacado ampliamente el resultado de la elección presidencial en Chile", "Problemas nacionales e internacionales de la hora preocupan a don Juan A. Ríos", respectivamente, del 2, 3 y 4 de febrero de 1942;NA, 825.00/1578 y 825.00/1610, embajada estadounidense en Santiago a secretario de Estado, 4 de febrero de 1942.

195 Sobre los resultados de la conferencia véase Report on the Third Meeting of the Ministers of Foreign Affairs of the American Republics, Rio de Janeiro, January, 15-28, 1942, Submitted to the Governing Board of the Pan American Union by the Director General, Congress and Conference Series No 36, Washington, Pan American Union, 1942.         [ Links ]

196 Por esta razón Rossetti había pedido de ser recibido en Río por Wells antes del comienzo de la conferencia (FRUS, 1942, V, 7-9). Mario Barros van Buren sostiene al contrario que Rossetti formaba parte en Chile "de la mayoría "neutralista" (La diplomacia chilena en la segunda guerra mundial, cit. 128). Del mismo parecer Enrique Bernstein Carabantes, diplomático entonces en cargo en la embajada en Río y miembro de la delegación chilena en la conferencia (Recuerdos de un diplomático. Haciendo camino 1933-1957, Santiago, Editorial Andrés Bello, 1984, 70).

197 NA, 710.consultation(3)/605, embajada estadounidense en Santiago a secretario de Estado, 22 de enero de 1942.

198 Por este motivo el día en que empezaba la Conferencia, Bowers enviaba un telegrama en que daba noticia de un encuentro entre el ministro de la Defensa Juvenal Hernández, algunos oficiales chilenos y el embajador japonés en Santiago, Keyoshi Yamagata, que estaba seguro de la victoria japonesa en el Pacífico (FRUS, 1942, VI, 1). Durante los días de Río, el gobierno chileno recibió también una amenaza velada por Berlín, llevada el 22 de enero por el embajador Barros Ortiz (AMRE, embajada chilena en Berlín a ministerio de Relaciones Exteriores, Oficio confidencial n. 28, 22 de enero de 1942, vol. 1969).

199 FRUS, 1942, VI, 2, 9-14 y 16-18.

200 FRUS, 1942, V, 39.

201 Ibidem, 40.

202 Ibidem.

203 Ibidem, 41-42.

204 En Chile el acuerdo, que se limitaba a recomendar la ruptura de las relaciones diplomáticas, encontró mucha satisfacción (NA, 710.consultation3/474, 710.consultation3/475 y 710.consultation3/487, embajada estadounidense en Santiago a secretario de Estado, respectivamente, del 24, 25 y 26 de enero de 1942). Véase también El Mercurio, "Los acuerdos de Río", 7 de febrero de 1942.         [ Links ]

205 Depués de poco tiempo de la aprobación de la recomendación, Pedregal había informado a la embajada en Berlín que esta medida "no implica la ruptura de las relaciones con los países del Eje. El texto se limita a recomendarla" (AMRE, Ministerio de las Relaciones Exteriores a embajada chilena en Berlín, Oficio confidencial n. 18, 26 de enero de 1942, vol. 1968)

206 NA, 825.00/1609, embajada estadounidense en Santiago a secretario de Estado, 4 de febrero de 1942.

207 FRUS, 1942, vol. V, 43. La certidumbre de una rápida ratificación de la resolución la dio Rossetti dos días después también (NA, 710.consultation3/562, embajada estadounidense en Santiago a secretario de Estado, 2 de febrero de 1942), y, unas veces más, en el mes de marzo (710.consultation3/709, 710.consultation3/712, 710.consultation(3)/722, 710.consultation(3)/746, embajada estadounidense en Santiago a secretario de Estado, respectivamente del 7, 11, 14 y 16 de marzo de 1942).

208 M.J. Francis, "The United States and Chile during the Second World War: The Diplomacy of Misunderstanding", Journal of Latin American Studies, 9/I, 93-94.         [ Links ]

209 Barros Jarpa había manifestado su oposición a la ruptura también en la primera conversación que tuvo el 24 de febrero con el recién elegido Presidente de la República (AMRE, Fondo Ernesto Barros Jarpa, Carpeta n. 21, memorándum).

210 NA, 825.00/1640, informe de la Division of The American Republics, del 5 de marzo de 1942, sujeto a la atención del subsecretario Wells, en que se daba una rápida biografía del futuro ministro. Véase la descripción también hecha por Bowers en sus memorias (Misión en Chile, cit. 109-110).

211 NA, 825.00/1605, embajada estadounidense en Santiago a secretario de Estado, 28 de febrero de 1942.

212 Véase C. Bowers, Misión en Chile, cit. 112. En sus memorias el embajador declaró estar de acuerdo con el punto de vista expresado por Barros Jarpa.

213 NA, 825.00/1607, embajada estadounidense en Santiago a secretario de Estado, 2 de marzo de 1942. En el memorándum citado (AMRE, Fondo Ernesto Barros Jarpa, Carpeta n. 21, memorándum) el futuro ministro rechazaba el viaje porque la prisa "lo habría hecho inútil o de mera formalidad", añadiendo que habría sido interpretado esencialmente como una visita efectuada "para recibir órdenes".

214 Ya en el mes de marzo el consejero de la embajada estadounidense en Santiago, Donald R. Heath, invitaba al Departamento en hacer "presiones" para convencer Chile. El 14 de marzo, de hecho, Heath apoyó en pleno la tesis del embajador en Argentina Norman Armour, según el cual la ayuda económica-militar era "el arma principal para provocar la ruptura de las relaciones de Chile con el Eje (NA, 710.consultation3/737, embajada estadounidense en Santiago a Laurence Duggan della Division of the American Republics, 14 de marzo de 1942).

215 NA, 740.0011 European War 1939/21294, embajada estadounidense a secretario de Estado, 9 de abril de 1942.

216 AMRE, Circular confidencial n. 1, 30 de abril de 1942, vol. 2043.

217 FRUS, 1942, VI, 28;NA, 740.0011 European War 1939/23034, embajada estadounidense en Santiago a secretario de Estado, 22 de julio de 1942.

218 FRUS, 1942, VI, 29.

219 Entre estas la de Gustavo Ross (NA, 825.00/1689, embajada estadounidense en Santiago a secretario de Estado, 23 de junio de 1942).

220 NA, 825.00/1697, embajada estadounidense en Santiago a secretario de Estado, 8 de julio de 1942.

221 FRUS, 1942, VI, 29-30.

222 En el informe enviado por Michels al Ministerio de las Relaciones Exteriores, el embajador dio noticia de los puntos ya aceptados, excepto la referencia a la asignación de aviones para la defensa del territorio chileno (AMRE, embajada chilena en Washington a Ministerio de Relaciones Exteriores, Oficio confidencial n. 4062/101, 6 de agosto de 1942, vol. 2018).

223 Ibidem, 32-33.

224 VéaseBSC, 18 de agosto de 1942, 1358-1359, discurso del diputado liberal Raúl Marín Balmaceda sobre las "razones que justifican la neutralidad de Chile".

225 Es el caso de un pamphlet titulado Guerra o Neutralidad (Santiago, Imprenta W. Gnadt, 1942), publicado, a principios de noviembre, por algunos diputados de la oposición (los liberales Raúl Marín Balmaceda, Hugo Zepeda Barrios y el conservador Sergio Fernández Larraín). Durante estos meses hubo, de todas maneras, muchas publicaciones en las cuales se patrocinaba la neutralidad. Otro ejemplo fue el opúsculo que hizo Manuel Antonio Vittini, Carta a mi país (Santiago, Imprenta Universitaria, 1942).

226 J.C. Jobet, Historia del Partido Socialista de Chile, Santiago, Ediciones Documentas, 1987, 160.         [ Links ]

227 Comité Central del Partido Comunista de Chile, "Ruptura con el Eje, defensa de las libertades democráticas y contra la carestía de la vida", Principios, n° 18, diciembre de 1942, 2-3.         [ Links ] Sobre el mismo tema véase también R. Fonseca, "La defensa nacional y los acuerdos de Río de Janeiro", Principios, n° 10 de, abril de 1942, 9-12         [ Links ]y C. Contreras Labarca, "Chile debe formar parte entre las Naciones Unidas para derrocar a Hitler en 1942", Principios, n. 13, julio de 1942, 6-9.        [ Links ]

228 BSS, Sesión Secreta, 24 de junio de 1942; en AMRE, vol. 2091.

229 AMRE, embajada chilena en Washington a Ministerio de Relaciones Exteriores, Oficio estrictamente confidencial n. 412, 9 de septiembre de 1942; Ministerio de Relaciones Exteriores a embajada chilena en Washington, Oficio estrictamente confidencial n. 351, 11 de septiembre de 1942, vol. 2019; Fondo Barros Jarpa, Carpeta n. 19, telegrama n. 366, Ministerio de Relaciones Exteriores a embajada chilena en Washington, 17 de septiembre de 1942.

230 Según EE.UU. el territorio chileno era un centro (segundo solo al argentino) de una red de telecomunicaciones, del cual se enviaban informaciones a Berlín y Tokio sobre la navegación de los barcos mercantiles cerca de las costas americanas (sobre todo por el mar caribeño), que luego serían hundidos por los submarinos del Eje. En el mes de junio el ministro Barros Jarpa había protestado duramente con el embajador Bowers por las acusaciones dirigidas a Chile (AMRE, Ministerio de Relaciones Exteriores a embajada chilena en Washington, Oficio estrictamente confidencial n. 241, 18 junio 1942, vol. 2019). Bajo instrucción de su gobierno, Bowers volvió a la carga el 13 de julio (AMRE, memorándum del embajador Bowers al ministro de Relaciones Exteriores Barros Jarpa, 13 de julio de 1942, vol. 2012). Después del verano el Departamento de Estado renovaba la denuncia (AMRE, memorándum de conversación entre el embajador Bowers y Juan Antonio Ríos, 24 de septiembre de 1942, vol. 2012).

231 FRUS, 1942, V, 210 e 214-216. Véase también AMRE, embajada chilena en Washington a Ministerio de Relaciones Exteriores, Oficio confidencial n. 5037/132, 16 de octubre de 1942, vol. 2018.

232 AMRE, Fondo Barros Jarpa, Carpeta n. 20, embajada chilena en Washington a Ministerio de Relaciones Exteriores, telegrama n. 504, 10 de octubre de 1942.

233 AMRE, Fondo Barros Jarpa, Carpeta n. 20, Circular n. 37, 11 de octubre de 1942.

234 Esta es la opinión de Mario Barros van Buren (La diplomacia chilena en la segunda guerra mundial, cit. 163) y Joaquín Fermandois ("Guerra y hegemonía. Un aspecto de las relaciones chileno-norteamericanas", cit. 28).

235 Véase La Nación, "Insólita declaración de Mr. Sumner Wells provoca reclamación de Chile ante el presidente Roosevelt", 10 de octubre de 1942;         [ Links ] El Mercurio, "Declaraciones de Mr. Sumner Wells", 10 octubre de 1942.         [ Links ] El 11 de octubre el diario santiaguino publicaba en sus páginas de comentario un artículo muy duro del ex presidente Arturo Alessandri, titulado "Protesto", en que se quejaba "enérgicamente por la agresión injustificada e injuriosas inferidas a mi país por Sumner Welles".

236 El Mercurio, "Chile ha aprobado más medidas contra la "quinta columna" que muchos países americanos y quizás si más que el mismo EE.UU.", 14 de octubre de 1942.         [ Links ]

237 El Mercurio, "Directivas políticas consideran el actual momento internacional" y "Partidos políticos apoyan la actual política internacional", 14 y 15 de octubre de 1942.         [ Links ]

238 El Mercurio, "Unidad en torno de la política internacional de Su Excelencia el Presidente de la República", 14 de octubre de 1942.         [ Links ]

239 Michels daba noticia el 18 de octubre. En su réplica, Barros Jarpa rechazaba cada "responsabilidad respecto a las acusaciones de tolerancia del espionaje", añadiendo que las "denuncias de espionaje […] no tienen fundamento" (AMRE, Fondo Barros Jarpa, Carpeta n. 20, embajada chilena en Washington a Ministerio de Relaciones Exteriores y viceversa, telegramas n. 532 y 413, respectivamente, del 18 y 19 de octubre de 1942). Véase también AMRE, Ministerio de Relaciones Exteriores a Ministerio del Interior, Oficio confidencial n. 36, 8 de julio de 1942, vol. 2012.

240 FRUS, 1942, V, 225-229. En el memorándum se recorrían las operaciones de casi 18 espías del Eje. Por la copia del informe entregada al Ministerio de Relaciones Exteriores chileno véase AMRE, memorándum, 30 de junio de 1942, vol. 2012.

241 FRUS, 1942, V, 100-101.

242 Ibidem, 237-239; AMRE ministerio del Interior a Ministerio de Relaciones Exteriores, 4 de noviembre de 1942, vol. 2011, y ministerio de Relaciones Exteriores a embajada chilena en Washington, 12 de noviembre de 1942, vol. 2020.

243 Diferente opinión tiene Victor Farías (op. cit., 315, que cita MMRE, Acta de la sesión secreta del H. Senado celebrada el 22 de diciembre de 1942).

244 AMRE, Informe confidencial sobre el problema nazi en Chile, 12 mayo de 1942, vol. 1970.

245 Se trataba de un número monográfico con el título Germany's Secret Service in South America, cuyas partes más polémicas afectaban a las actividades de espionaje hechas por agentes del Eje en Chile y Argentina.

246 Barros Jarpa había sido informado por primera vez por el embajador Michels a finales de enero. A mediados de febrero, el diplomático chileno había enviado luego a la Cancillería una traducción en español de la parte de la revista dedicada a Chile, añadidas algunas informaciones sobre el editor (Joachim Joesten) y el autor (Kurt D. Singer). La opinión de Michels era que la parte relativa a Chile "es de carácter sensacional y alarmista, indudablemente exagerado, y tendencioso y falso en muchas partes" (AMRE, embajada chilena en Washington a Ministerio de RR.EE., Oficio confidencial n. 502/12, 12 febrero de 1942, vol. 2018).

247 Un memorándum interno del Ministerio de RR.EE. del 25 de mayo, con el título "Las actividades nazis en Chile", juzgaba insuficiente el trabajo hecho por el funcionario Marcial Martínez Prieto. El informe sugería, pues, crear "una comisión especial" con la tarea de profundizar y completar las investigaciones (AMRE, memorándum, 25 de mayo de 1942, vol. 2012).

248 AMRE, carta de Claude Bowers a Barros Jarpa, 25 de septiembre de 1942, vol. 2012.

249 Se trataba del caso "Lunning". El 4 de septembre los servicios de intelligence estadounidenses habían interceptado un mensaje cifrado enviado de Santiago, por un cierto Carlos Robinson, a La Habana, a Enrique Lunning (cuyo verdadero nombre era Heinz August Lunnig). Este fue detenido por la policía cubana con la acusación de ser un espía alemán (AMRE, Fondo Barros Jarpa, Carpeta n. 20, memorándum, s.d). En la cárcel, Lunnig había confesado de haber recibido instrucciones, dinero e informaciones por un agente chileno que se llamaba Carlos Robinson. Basándose en estas afirmaciones, Robinson también detenido por la policía chilena, declarando, bajo interrogatorio, que era un agente al servicio del Eje y que su única tarea consistía en dar dinero a la red de espionaje alemán en La Habana, sin por esto tener algún contacto con Alemania (M. Barros van Buren, La diplomacia chilena en la segunda guerra mundial, cit. 167).

250 En una comunicación al embajador Michels, el ministro Barros Jarpa escribió que las noticias a disposición de los servicios investigadores chilenos "demuestran que las comunicaciones entre Lunning y Robinson se reducen a un telegrama del cual se infiere que ellos querían establecer una conexión a través de radios clandestinas, cosa que no sucedió por la acción de nuestra policía. La afirmación de Wells que las comunicaciones entre estos dos espías han provocado el hundimiento de barcos cerca de Brasil y del Caribe es completamente falsa". El ministro relevaba, luego, que el telegrama incriminado fechaba 4 de septiembre, mientras "el hundimiento de los barcos sucedieron el 15 y el 16 de agosto. Además […] no hay alguna información en esta comunicación sobre movimientos de barcos" (AMRE, Fondo Barros Jarpa, Carpeta n. 20, telegrama n. 406, 11 de octubre de 1942).

251 Casi depués de dos semanas del reajuste de gobierno y de su confirmación a la dirección del Ministerio del Interior, Morales Beltramí daba su versión de los hechos al nuevo ministro de RR.EE. Fernández, absolviendo completamente su persona por las acusaciones que el gobierno norteamericano había expresado (AMRE, ministro del Interior a ministro de RR.EE., 4 de noviembre de 1942, vol. 2011). Véase también AMRE, Ministerio de RR.EE. a embajada chilena en Washington, 12 de noviembre de 1942, vol. 2020.

252 El Mercurio, "La acción de grupos políticos ante el momento internacional", 20 de octubre de1942.         [ Links ]

253 Al comunicar a todas las sedes diplomáticas chilenas al extranjero, la conclusión de su mandato, el ministro afirmaba que "el cambio de titular de esta cartera significará la ruptura de relaciones con las potencias del Eje a corto plazo" (AMRE, Fondo Barros Jarpa, Carpeta n. 20, 21 de octubre 1942). El 22 de octubre el embajador Tobías Barros Ortiz, expresando a Barros Jarpa su solidaridad, volvía a confirmar de estar contrario al abandono de la neutralidad (AMRE, Fondo Barros Jarpa, Carpeta n. 21, telegrama del embajador chileno en Berlín Tobías Barros Ortiz a Barros Jarpa, 22 de octubre de 1942). La misma opinión la tenía Carlos Morla Lynch en Berna (ibidem, carta de Morla Lynch a Barros Jarpa, 24 de noviembre de 1942).

254 AMRE, Fondo Barros Jarpa, Carpeta n. 20, ministerio de RR.EE. a embajada chilena en Washington, telegrama n. 412, 17 de octubre de 1942.

255 El Mercurio, "Política de solidaridad continental desarrollará el nuevo canciller", 23 de octubre de 1942.         [ Links ] Al día siguiente, La Hora escribía que su nombramiento anunciaba "desarrollos de gran importancia" en política internacional ("El nuevo Canciller", 24 octubre de 1942).         [ Links ]

256 Véase BSC, 24 de noviembre 1942, 147-151; 1 de diciembre de 1942, 256-258.

257 Ibidem, 24 de noviembre de 1942, 151-157; 15 de diciembre de 1942, 467-472; 22 de diciembre de 1942, 572-574.

258 Para una relación de los últimos debates de la Cámara de Diputados véase BSC, 23 de diciembre de1942, 641-644; 30 de diciembre de 1942, 772-774 y 788-791; 5 de enero de 1943, 857-860.

259 AMRE, Ministerio de RR.EE. a embajada chilena en Washington, 10 de diciembre de 1942, vol. 2020.

260 AMRE, embajada chilena en Washington a Ministerio de RR.EE., 18 de diciembre de 1942, vol. 2020. Por lo que concierne la acusación de querer negociar el abandono de la neutralidad véase tambiénNA, 711.25/312, memorándum, 17 de diciembre de 1942.

261 FRUS, 1942, VI, 41-42.

262 FRUS, 1943, V, 800. Sin embargo, como afirma Mario Barros van Buren, en las comunicaciones a los países del Eje, el gobierno chileno habló de suspensión, mientras el término ruptura se utilizó en las comunicaciones a la prensa nacional, en el discurso a la nación del presidente Ríos y en las comunicaciones a los países americanos (La diplomacia chilena en la segunda guerra mundial, cit. 262-275).

263 Véase El Mercurio, "El gobierno decretó ayer la ruptura de relaciones con los paíse del Eje", 21 de enero de 1943. Véase también MMRE, 1943, 35-50; FRUS, 1943, V, 802-804;BSC, 20 de enero de 1943, 1120, 1127-1229 y 1135-1138.

264 Estos conceptos se reafirmaron en una publicación del Ministerio de RR.EE. con el titúlo "La posición internacional de Chile ante la actual guerra" (AMRE, vol. 2185, año 1943) que representaba la versión oficial del gobierno en relación a la ruptura de las relaciones diplomáticas con los países del Eje.

265 Ernesto Barros Jarpa, "Historia para olvidar. Ruptura con el Eje (1942-1943)", en Homenaje al professor Guillermo Feliú Cruz de Neville Blanc, Santiago, Ed. Andrés Bello, 1973, 31.         [ Links ] Con este ensayo, a distancia de treinta años de los hechos, Barros Jarpa reconstruyó el período histórico entre la Conferencia de Río y la decisión de la administración Ríos de romper las relaciones. Se trata, obviamente, de su versión de las razones que habían motivado el mantenimiento de la neutralidad. Esta debe considerarse, pues, como una tentativa para justificar su conducta.

 

Fecha de recepción: diciembre de 2004.

Fecha de publicación: noviembre de 2005.