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Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) v.37 n.2 Santiago dic. 2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942004000200003 

 

Instituto de Historia
Pontificia Universidad Católica de Chile
Historia No 37, Vol. II, julio-diciembre 2004: 337-366
ISSN 0073-2435

 

La circulación de las ideas y la inserción de los cientistas económico-sociales chilenos en las redes conosureñas durante los largos 19602

 

Eduardo Devés Valdés

1 Instituto de Estudios Avanzados (IDEA) de la Universidad de Santiago de Chile. Correo electrónico: edeves@usach.cl


El tema de este artículo, la circulación de las ideas (a través) hacia y desde Chile en los largos 60, es una manera de modular dos problemas teóricos que se entrelazan: cuáles fueron las redes intelectuales a las que se articularon los intelectuales chilenos y cómo circulan las ideas en el mundo periférico.

Dialogando con diferentes intérpretes del pensamiento chileno y latinoamericano de la época, se intenta elaborar un modelo que trascienda (no que niegue ni menos que ignore) la noción colonial-colonialista de influencia desde el pensamiento central.

Los objetivos específicos del trabajo son dos: determinar entre los cientistas económico-sociales chilenos o residentes cuáles son los 10 con mayor inserción metanacional y, a partir de allí, determinar cuáles son las ideas que ingresaron durante el período, cómo se hibridaron entre ellas y/o con las ya existentes, cómo fueron mutando y dieron origen a otras que salieron, siendo altamente apetecidas en el mercado internacional de las ideas sobre todo dentro de la propia América Latina, pero también en universidades de Europa, incluso del Este, del Caribe anglófono, de Norteamérica incluido Canadá y también África.

Se ha pretendido desarrollar este trabajo eidológico (estudio de las ideas) en buena medida como una ciencia de la vida acogiendo categorías como genética, nicho, ecosistema, hibridación y mutación, entre otras.

Palabras clave: Años 60, ideas, redes intelectuales, ciencias sociales


The subject of this article _the circulation of ideas to, from and through Chile in the long `60s_ is a way to approach two connected theoretical problems: in what intellectual networks were the Chilean intellectuals inserted and how do ideas circulate in the periphery.

A dialog with different representatives of Chilean and Latin American thought in the period should help to create a model that transcends the notion of "colonial-colonialist" influence from the center.

The specific objectives of this work are to establish who are the ten social scientists in Chile best inserted in such networks, and, how the main ideas that came into the country were adopted, adapted and gave birth to others, which were highly prized in the international market for ideas, both in Latin American and in European, North American, Caribbean and African universities.

This study attempts to deal with ideas as does a "life science" using categories such as genetics, niche, ecosystem, hybridization, mutation and others.

Key words: 1960s, ideas, intellectual, networks, social sciences.


1. Los objetivos de este trabajo son dos: determinar entre los cientistas económico-sociales chilenos quiénes gozaron de mayor inserción en las redes metanacionales y determinar cuáles fueron las ideas que circularon por Chile desde y hacia fuera a través de dichas redes, durante los largos 1960.

El proceso de circulación de las ideas en el mundo periférico es el problema que intenta ser esclarecido a partir de los dos objetivos anteriores. Este puede descomponerse en varios subproblemas que apenas se señalan con la intención de indicar el horizonte en el cual se trabaja: desde dónde y hacia dónde van las ideas, quiénes (personas, instituciones, programas) vehiculizan tales ideas, qué hibridaciones y reelaboraciones van teniendo en ese tránsito.

Un objetivo mayor, del cual los anteriores son especificaciones de casos, consiste en avanzar en la formulación de un modelo explicativo respecto a la circulación de las ideas que mejore la explicación "colonialista" que ha sido la más frecuente entre nosotros. Esta versión, que asume que somos solo receptores, se afirma en dos tesis: recibimos aquello que las metrópolis deciden exportarnos y aquello que nuestras élites colonizadas buscan para estar a tono. La versión marxistizada de este paradigma apunta a que cada clase social de la periferia, a través de sus intelectuales orgánicos, va al centro a buscar las teorías que le sirven para sustentar sus posiciones.

2. Algunos conceptos claves manejados en este trabajo son: inserción metanacional de los intelectuales, redes intelectuales, circulación de las ideas.

Se entiende por "inserción metanacional" las relaciones profesionales establecidas por un agente intelectual (persona, programa, institución) más allá de las fronteras de su país y que se expresan en publicaciones, participación en encuentros, realización de docencia o conferencias; participación en proyectos de trabajo: investigación, asesorías, misiones; participación en directivas de organizaciones, revistas, casas editoras. Lo "metanacional" alude a lo cercano, a lo regional, distinguiéndose de la inserción "internacional", que sería más amplia y global, referida a todo el planeta.

Se entiende por "redes intelectuales" la existencia de contactos profesionales durante un período de años entre un conjunto de personas que se reconocen como pares y que de manera consciente utilizan estos contactos para promover algún tipo de actividad profesional que puede ser: circulación de la información, difusión de su trabajo, organización de equipos, creación de revistas o instituciones y hasta defensa de intereses corporativos.

Por "circulación de ideas" se entiende el proceso de emisión y recepción de las ideas desde unas regiones hacia otras, asumiendo que en este transcurso se van produciendo mutaciones o hibridaciones y que en esta circulación hay diferentes "estaciones", por una parte, así como diferentes "especies", por otra.

Los autores con más circulación

3. Durante los 10 ó 15 años de la segunda postguerra mundial, en Chile y América Latina, se fundaron numerosas instituciones de investigación, de formación y de agrupación de cientistas económico-sociales. Ello representó un salto cualitativo respecto del período anterior. Enrique Oteiza señala que en los 1950 se dobló la cantidad de centros dedicados a las ciencias sociales y que en los 1960 esta cantidad volvió a doblarse (Oteiza, 1977, 13). En los años 60 se produjo un aumento impresionante de la producción intelectual y en la cantidad de cuadros. Estos dos saltos que son correlativos a su vez deben conectarse con otro: el aumento en los contactos.

Con la fundación de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina) 1948, FLACSO (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales) 1957, y CLAPCS (Consejo Latinoamericano de Pesquisa en Ciencias Sociales) 1957, e ILPES (Instituto Latinoamericano de Planificación Económica y Social) 1962, se sentaron las bases de una comunidad latinoamericana de cientistas económico-sociales. Estas instituciones, salvo el CLAPCS, ubicado en Río de Janeiro, tuvieron su sede en Santiago de Chile. En 1967 se fundó CLACSO (Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales), instalándose en Buenos Aires como organismo coordinador. Estas instancias produjeron una sinergia que aumentó enormemente la actividad de estas disciplinas conectándolas a otras como la historiografía, la antropología, los estudios urbanos, los estudios políticos e internacionales.

Este fenómeno fue todavía acentuado en Chile por un sistema político estable, por una izquierdización progresiva y legal que atrajo a numerosos cientistas económico-sociales ahuyentados de sus países (Brasil, Argentina, Perú y otros) hacia este medio académico-político, el más productivo de que se tenga memoria.

4. Procedimientos metodológicos

Para determinar la inserción metanacional de los cientistas económico-sociales chilenos, van a utilizarse cuatro procedimientos: 1- revisión de obras que informen sobre la actividad intelectual de la época (memorias, recuerdos, etc.); 2- revisión de revistas extranjeras para determinar quiénes son los que publicaron; 3- revisión de información sobre actividad intelectual latinoamericana para determinar quiénes tuvieron presencia; 4- revisión de las portadillas de revistas para determinar quiénes participaban de la dirección y/o de los comités editoriales.

Ello va a permitir detectar quiénes son los cientistas económico-sociales con mayor inserción metanacional, pero no va a permitir conocer cuáles han sido las ideas que circularon. Para esto se realizarán dos estudios simultáneos: 1- conocer cuáles eran las ideas de los cientistas económico-sociales con mayor inserción, y 2-conocer cuáles eran las ideas que estaban llegando a Chile por otros medios.

¿A qué apunta toda la información acumulada más arriba? Recordémoslo: a descubrir cómo circulan las ideas, hacia y desde Chile durante los largos 60. Para esto un paso necesario es determinar el funcionamiento de las redes, las conexiones intelectuales: Cono Sur, espacio andino, América Latina, conexiones con el Caribe, especialmente anglófono (Universidad West Indies), con algunos ámbitos en USA-Canadá (Monthly Review, U. de Chicago, New Left Review) Francia (U. de París), Bélgica (U. de Lovaina), Inglaterra (U. de Londres, U. de Sussex) y desde algunos de estos lugares conexiones con Hungría y Polonia, con Senegal, Tanzania, Kenia y Ghana, con la India y China.

Esta información se acumula para ver si puede contribuir a descubrir quiénes fueron los más probables vehiculizadores de ideas. Pero los criterios utilizados no bastan y deben articularse a otros suplementarios: políticas de las casas editoras, labor de las librerías y bibliotecas, reseñadores de libros en revistas y periódicos y demás actores que juegan también un papel especialmente en la recepción de ideas en Chile.

Pero estos criterios no deben tampoco entenderse como desligados de los anteriores. Los cientistas económico-sociales con mayor circulación más allá de las fronteras fueron profesores y por esa vía indicaron a bibliotecas y librerías lo que se necesitaba; fueron comentadores y reseñadores de libros, con lo que indicaron lo que debía o no leerse; formaron parte de comités editoriales, con lo que intervinieron sobre lo que debía publicarse y muchos escribieron en medios de circulación mayor que las revistas especializadas. Los casos de las revistas Mensaje y Chile hoy, por ejemplo, son algunos de los más significativos a este respecto, teniendo en cuenta siempre que la pregunta es por la circulación de ideas en el sentido "culto", "académico" del término y no de las mentalidades o pautas de comportamiento.

5. Los cientistas económico-sociales con mayor reconocimiento o inserción

a) El primer procedimiento que se utiliza es la revisión de algunas obras autobiográficas sobre la época en las que se describe el ámbito de las ciencias económico-sociales.

André G. Frank (1991) en su trabajo autobiográfico que cubre todo el período que para este caso nos interesa menciona a los siguientes chilenos: Orlando Caputo, Enzo Faletto, Pío García, Marta Harnecker, Tito Pizarro, Pedro Vuscovic y Hugo Zemelman. Al referirse a Chile cita al grupo de brasileños que residieron en el país: Vania Bambirra, F. H. Cardoso, Paulo Freire, Celso Furtado, Ruy Mauro Marini y Theotonio dos Santos y que trabajaron con él en el CESO (Centro de Estudios Sociales, Universidad de Chile) o muy cerca suyo. Sin duda también se refiere a Raúl Prebisch.

Celso Furtado, en su Obra autobiográfica (1997) en tres volúmenes, menciona a relativamente pocos latinoamericanos no brasileños. Entre estos, de lejos, los más nombrados son los chilenos y los residentes en Chile. Es precisamente uno de ellos, el argentino Raúl Prebisch, casi siempre aludido en relación a la CEPAL, el más citado, con menciones en 79 páginas. En segundo lugar, muy atrás, aparece otro extranjero residente en Chile, el mexicano Juan Noyola, muy amigo de Furtado y muerto muy joven en un accidente de aviación, que aparece en 17 páginas. Le sigue Jorge Ahumada, mencionado en 12 páginas y luego José Medina Echavarría, español también residente en Chile, en 11 páginas. Bastante más abajo vienen Pablo Neruda citado en 5 páginas, que claramente pertenece a otro ámbito disciplinario, y Pedro Vuscovic; luego en 3 páginas cada uno aparecen mencionados Gonzalo Martner y Osvaldo Sunkel. Existen menciones en una página a Enzo Faletto, Carlos Matus, Julio Melnick, Aníbal Pinto y Hernán Santa Cruz. Con respecto a los residentes en Chile hay menciones en una página a F.H. Cardoso, Benjamín Hopenhayn, Cristóbal Lara y Francisco Weffort.

Samir Amin en su obra autobiográfica menciona a Raúl Prebisch, como Furtado, en primer lugar y siendo también el primer referente. Alude también a su "lectura de la escuela latinoamericana" y cita a F. Cardoso, D. Ribeiro, C. Furtado (brasileños), Aníbal Quijano (peruano) y a A. G. Frank (1999, 88), todos los cuales residieron en Chile. En otro pasaje se refiere a los "grandes nombres de la escuela de la dependencia" y cita a Furtado, Cardoso, Marini, Dos Santos, Ribeiro, Pablo González Casanova (mexicano que no residió en Chile), Enrique Oteiza (argentino que casó con chilena), P. Vuscovic, A. G. Frank, Gerard Pierre-Charles (haitiano que no residió en Chile) y Norman Girvan (jamaiquino que realizó una estadía de investigación en 1972 en el CEPLAN de la U. Católica de Chile).

b) El segundo procedimiento consiste en revisar algunas revistas importantes para el ámbito de las ciencias económico-sociales de América Latina y ver allí cuáles eran los chilenos publicados o reseñados.

El Trimestre Económico3 de México cubre todo el período publicando trabajos de numerosos chilenos. De lejos es Aníbal Pinto quien tiene mayor presencia con 13 artículos. Lo siguen Osvaldo Sunkel con 5, y con 2 Ricardo Ffrench-Davis, Gonzalo Martner, Cristián Ossa y Héctor Vega. Con una publicación individual y una en colaboración entre ambos encontramos a Alejandro Foxley y Óscar Muñoz G.; Héctor Correa con una individual y una en colaboración con R. A. Cuervo y Antonia Goyenechea; y Carlos Hurtado con dos en colaboración una con Edmundo García D'Acuña y la otra con Keit Griffin. Como Griffin, aparecen con una publicación otros extranjeros insertos en el medio nacional: Raúl Prebisch, Lucio Géller, Peter Dooner, Joseph Grunwald y Markos Mamalakis, todos asociados a la Universidad de Chile, y Solon Barraclough y Armand Mattelart, asociados a ICIRA (Instituto de Capacitación e Investigación sobre la Reforma Agraria).

Como redactores de reseña aparecen una vez cada uno Aníbal Pinto y Osvaldo Sunkel, y con reseñas sobre ellos una vez cada uno Osvaldo Sunkel y Raúl Prebisch.

Documentos o declaraciones aparecen provenientes de Felipe Herrera, Jaime Ruiz-Tagle, Hernán Santa Cruz y de Raúl Prebisch. Existe también una semblanza de Jorge Ahumada.

América Latina4 fue publicada en Río de Janeiro por el Consejo Latinoamericano de Pesquisas en Ciencias Sociales (CLAPCS), entre 1962 y 1972. En esta revista tuvieron también presencia numerosos chilenos, aunque en menor cantidad que el El Trimestre Económico.

Se publicaron dos artículos de Guerrit Huizer (asesor de la O.N.U. en Chile) y uno de Jorge Ahumada, Guillermo Briones, Adolfo Gaete, Hernán Godoy, Moisés Poblete Troncoso y Raúl Urzúa.

Las reseñas de trabajos de chilenos fueron más numerosas que las publicaciones de los chilenos mismos. Hubo dos reseñas a Guillermo Briones, Jacques Chonchol, Felipe Herrera y Osvaldo Sunkel y una reseña a trabajos de Jorge Ahumada, Gonzalo Arroyo, Eduardo Hamuy, Alejandro Magnet, Carmen Miró, Aníbal Pinto y Gregorio Ponce, así como una del trabajo compartido entre Alberto Rioseco y Fernando Onfray. Hubo también reseñas para extranjeros residentes: André G. Frank y José Medina Echavarría, una para cada uno.

Esta publicó una sección "Comentarios" y una sección "Documentos". Apareció un comentario a un trabajo de Raúl Prebisch y a un documento de Edmundo Fuenzalida.

En Buenos Aires el Instituto de Estudios Sociales (IDES) editó Desarrollo Económico. Revista de Ciencias Sociales, desde 1961, reconociendo esta como antecedente a la Revista de desarrollo económico, editada en la ciudad de La Plata los años 58 y 59. Revisado el índice que entrega la propia revista para sus primeros 15 años, es decir cubriendo todo el período que nos interesa, puede concluirse que: aparecieron artículos de Sergio Bitar, Alejandro Foxley, Gonzalo Martner y Aníbal Pinto. Uno de autoría compartida entre Ricardo Ffrench-Davis y Keith Griffin, así como también de varios extranjeros residentes, F.H. Cardoso, Peter Heinz y Benjamín Hopenhayn.

Críticas de libros fueron dedicadas a numerosos chilenos y residentes en el país: Brian Tew y R.F. Henderson (U. de Chile), Andrés Bianchi en obra colectiva editada en Inglaterra; Armand Matterlart y Manuel Antonio Garretón, Claudio Véliz, Franz Hinkelammert, Pilar Vergara, Hugo Perret y Patricio Biedma, Osvaldo Sunkel, Enzo Faletto, F. H. Cardoso, Celso Furtado, H. Jaguaribe y Torcuato S. di Tella.

En la sección "Notas y Comentarios" aparece una dedicada a André G. Frank.

c) Un tercer criterio ha consistió en la detección de noticias de actividades académicas alusivas al medio de las ciencias económico-sociales y disciplinas cercanas. Para ello se ha trabajado sobre la base de la información entregada por la revista América Latina editada por el CLAPCS en Río de Janeiro. En cada número aparecen variadas informaciones entre las cuales pueden señalarse: reuniones, congresos, encuentros, invitaciones académicas, investigaciones en curso, cargos o puestos asumidos.

Quien aparece con mayor cantidad de menciones es Alberto Rioseco con 7 (asiste al 4° período de sesiones CLAPCS; Comité Ciencias Sociales UNESCO; Secretario interino FLACSO; Reunión Comité Directivo Centro FLACSO; Secretario Comisión Chilena de UNESCO; participación 9° período de sesiones CLAPCS en México; a cargo de cuestionario). En segundo lugar, y con cuatro menciones cada uno, aparecen Carmen Miró (Congreso Mundial de sociología rural; Encuentro de políticas de población; Presidenta Unión Internacional para el estudio de la población, Seminario sobre enseñanza de la demografía) y Humberto Díaz Contreras (Reunión CLAPCS y FLACSO; Reunión Comité Directivo CLAPCS; reelegido como director centro FLACSO; preside 9° período de sesiones CLAPCS en México). Con 3 menciones aparecen Guillermo Briones, Felipe Herrera, Eduardo Hamuy y Ricardo Jordán. Con dos aparece Hernán Godoy, y con una: Alejandro Zorbas, Luis Donoso, Grete Mostny, Antonio Ruiz, Roberto Munizaga, Francisco Walker Linares, Patricio Santibáñez, Ismael Silva Fuenzalida, Renato Poblete, Luis Rafael Hernández, Jorge Ahumada, Astolfo Tapia Moore, Elías Espoz, Edmundo Fuenzalida, Eugenio Pereira Salas, Enzo Faletto, Osvaldo Sunkel, Francisco Orrego Vicuña, Manuel Antonio Garretón, Guillermo Geise, Gonzalo Arroyo, Carlos Massad, Sergio Rivera, Galvarino Ponce y Hugo Trivelli.

Entre los extranjeros residentes, quien más menciones recibe es Peter Heinz, con 5. Aparecen con una mención: Ferdinand Rath, Joseph Fitcher y Pierre Bigó,

d) El cuarto criterio consistió en detectar la presencia de chilenos en los comités editoriales de revistas de ciencias económico-sociales. Es decir, cargos netamente relacionados con la actividad intelectual.

Se revisaron numerosas revistas de ciencias económico-sociales5 de América Latina con circulación metanacional, no contemplando las editadas en Chile. Varias de estas no hacían constar su comité editor o simplemente no lo tenían de modo formal. Son los casos de América Latina, editada por el CLAPCS de Río de Janeiro y la Revista Mexicana de Sociología. Otras sí lo tienen pero no consideran chilenos ni residentes en Chile. Es el caso de la Revista Interamericana de Ciencias Sociales, editada en México. El tercer grupo está compuesto por aquellas que incluyen chilenos o residentes: la Revista Latinoamericana de Sociología del Centro de Sociología Comparada del Instituto Torcuato di Tella de Buenos Aires contempla a José Medina Echavarría y a Peter Heintz; Nueva Sociedad de Caracas a Orlando Cantuarias, político no reconocido como par en el medio intelectual; Trimestre Económico de México incluye a Jorge Ahumada y a Raúl Prebisch; el Boletín CLACSO de Buenos Aires considera a un Comité Directivo donde se encuentran Raúl Prebisch, Ricardo Lagos E., Álvaro Jara, Carlos Massad, Ricardo Jordán y Luis Ratinoff; la Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales editada en Buenos incluye a Aníbal Pinto, José Medina Echavarría, Tomás Amadeo Vasconi, Sergio Bagú (que residió brevemente en Chile), Edmundo Fuenzalida, Enzo Faletto y el brasileño residente en Chile José Serra.

A continuación se presenta una tabla de síntesis de la información entregada.



1 Biografías de intelectuales Dc Cantidad de veces reseñados

A Autores mencionados en la obra de André G.

Dd Cantidad de documentos o declaraciones por

Frank

autor

B Cantidad de páginas en que se cita a autores en

E América Latina

la obra de Celso Furtado

Ea Cantidad de artículos publicados por autor

Ca Autores mencionados como principales referentes

Eb Cantidad de veces como autores de reseñas

en la obra de Samir Amín

Ec Cantidad de veces reseñados

Cb Autores mencionados como integrantes de la Ed Cantidad de documentos o comentarios por autor
Escuela latinoamericana leídos en la obra de F Desarrollo Económico
Samir Amín Fa Cantidad de artículos publicados por autor
Cc Autores mencionados como integrantes de la

Fb Cantidad de veces como autores de reseñas

Escuela de la Dependencia en la obra de Samir Fc Cantidad de veces reseñados
Amín Fd Cantidad de comentarios por autor

 

2 Revistas
 

D Trimestre económico

3 Noticias de actividades académicas

Da Cantidad de artículos publicados por autor

 

Db Cantidad de veces como autores de reseñas

4 Participación en comités editoriales

 El análisis de las tablas anteriores conduce a la selección de 10 autores: 5 chilenos: Jorge Ahumada, Guillermo Briones, Felipe Herrera, Osvaldo Sunkel y Aníbal Pinto, y 5 extranjeros residentes en Chile durante partes del período: Fernando H. Cardoso, André G. Frank, Celso Furtado, José Medina Echavarría y Raúl Prebisch.

Han sido seleccionados porque recogiendo buenas cantidades, no las agrupan en uno solo de los ítemes, sino que comparten menciones, publicaciones diversas, referencias, etc. Esto viene por lo demás a ser coincidente con la obra de numerosos autores que los citan como los más relevantes, salvo el caso de Briones, que no ha sido posteriormente reconocido como los otros6.

El medio latinoamericano, por desconocimiento, no ha valorizado en este plano el papel del británico Dudley Seers, uno de los más activos exportadores de ideas chilenas, un intermediario que distribuyó ideas latinoamericanas no solo en Gran Bretaña, en parte de Europa, sobre todo en España, sino que también en regiones de África y Asia. Es cierto que en la medida que la focalización apunta principalmente a la circulación de ideas en el Conosur de América Latina, Seers pierde significación o protagonismo en este espacio (Véase Devés, 2004)

Las ideas que entraron y salieron de Chile

6. La circulación de las ideas y el Chile de los 60

Alcanzando el primer objetivo, determinar quiénes son los cientistas económico-sociales con mayor inserción metanacional, debe pasarse al segundo, que es determinar las ideas que circularon a través de Chile: hacia y desde Chile. La hipótesis que articula ambos objetivos puede formularse así: las redes intelectuales son claves para explicar la circulación de las ideas.

La realidad cultural chilena ha sido estudiada sea desde una perspectiva estrictamente nacional, sea, si se la ha mirado en conexión con lo externo, con la noción de "influencia". Esta noción ha relevado las maneras como se ha importado la cultura del centro, siguiendo sus modas, tendencias o escuelas. Otras categorías para estudiar la relación de la cultura y del pensamiento chilenos a los de otras regiones han sido poco utilizadas o francamente olvidadas. La articulación de la intelectualidad nacional a redes metanacionales, por ejemplo, ha contado con escasos trabajos (Véase Alburquerque 2003; Devés, 2000).

La versión "colonialista" (colonizada) atribuye a la periferia un papel eminentemente pasivo o un no-papel. La intelectualidad periférica solo recibiría aquello que el centro (concebido como algo homogéneo) decide exportarle. Lo más que podría hacer la intelectualidad periférica es ir al centro y seleccionar allí lo que es más cercano a sus intereses de clase. No se trata que esta versión de las cosas sea completamente falsa, más bien es simplista y sobre todo parcial, en el sentido que deja importantes fenómenos sin explicar. Para nuestro efecto, la cuestión más importante que este paradigma deja sin explicación es cómo circulan las ideas al interior del inmenso mundo de la periferia. Otra cuestión que deja sin explicar es por qué unos intelectuales periféricos se orientan hacia unos países del centro en tanto que otros lo hacen hacia países diferentes, aunque con similares sistemas económico-político-ideológicos (unos a Inglaterra, otros a Francia). Es decir, el paradigma deja de lado afinidades culturales e idiomáticas que son claves para explicar las conexiones intelectuales.

La pregunta formulada a tales autores apunta a determinar en sus obras cuáles son los temas, conceptos, categorías, ideas que están entrando a Chile más bien a comienzos del período estudiado y cuáles están saliendo de Chile más bien hacia fines del mismo período. Esta manera de preguntar se afirma en la convicción que siendo los largos 60 un período no arbitrario sino que consistente con una evolución cultural (y no solo cultural) se produjo en Chile la maduración de un pensamiento7. La exportación de ideas también se va a detectar a través de dos procedimientos más: las ideas con las que se formaba a los extranjeros en Chile (Cepal, Ilpes, Escolatina) y las revistas chilenas con circulación metanacional.

7. Las ideas que ingresan a Chile

Este ha sido uno de los pocos períodos en que la balanza fue netamente favorable a Chile en la entrada y salida de ideas. Chile, que a nivel de su presencia en el mercado global de ideas, padecía un déficit secular, un endeudamiento gigantesco, en esta época tuvo un saldo muy favorable y no solo en las ciencias económico-sociales; también exportó pensamiento político y otras dimensiones culturales como poesía y música del neofolclore. Abusando de la metáfora, luego en los 70, Chile exportó ideas e intelectuales y artistas que se diseminaron por muchos países. Ahora bien, este boom de las exportaciones culturales, y eidéticas particularmente, no se debe solo a la moda por lo chileno, sino también al enorme crecimiento en la producción nacional y a su innovación, en buena medida generada y/o potenciada por un grupo de intelectuales extranjeros inmigrantes8.

¿Cuáles son las ideas que están ingresando a Chile durante los 50 y particularmente a fines de la década?

Las ideas que posteriormente tendrían más proyección e impacto son las que formuló el argentino Raúl Prebisch, instalado como director de la CEPAL en Santiago desde 1949. Su propuesta de desarrollo como industrialización dio consistencia teórica a un modelo que venía implementándose desde fines de los 30. La aparición del concepto de "desarrollo" para definir este proceso, siendo el principal instrumento la industrialización, y particularmente la sustitutiva de importaciones, se apoyó en primer lugar en las ideas de J. M. Keynes. Keynes fue releído y reelaborado a la luz de las nuevas ideas sobre crecimiento y desarrollo en boga en la inmediata segunda postguerra e hibridando esto con las ideas muy difundidas y por ello algo vagas del aprismo.

Si Prebisch había presentado y definido en Chile una primera formulación de la propuesta "estructuralista", aunque siempre pueden encontrarse otros antecedentes, sobre la base de la ecuación: desarrollo=industrialización, quedaban, sin embargo, desafíos prácticos y teóricos en los que avanzar. Uno de los más urgentes, entre los prácticos, el de la inflación; entre los teóricos, alcanzar una comprensión epistemo-ontológica del proceso de desarrollo. La confluencia de ambos desafíos permitía dar un nuevo paso y para esto se recurrió (se importó) a P. N. Rosenstein-Rodan, Nicholas Kaldor, Thomas Balogh, Ragnar Nurkse y Gunnar Myrdal, siendo los más importantes pero no los únicos, quienes fueron aliados a las categorías prebischianas para alcanzar una nueva formulación. Los cerebros de esta nueva conceptualización fueron tres discípulos del argentino: Celso Furtado, Osvaldo Sunkel y Aníbal Pinto. Sobre todo los dos primeros poseían una vocación teórica mayor que Prebisch, aunque además tenían 20 ó 30 años menos, y por ello les ilusionaba más teorizar la estructura.

Paralelo aunque menos espectacular fue el ingreso, también a fines de los 50, de la obra de Paul Baran y del neomarxismo: Leo Huberman, Charles Bettelheim y Paul Sweezy. El grupo de la Monthly Review había establecido contactos políticos e intelectuales con los sectores de la izquierda no comunista, particularmente trotskista o trotskisante en Argentina, Chile y México al menos. En Chile probablemente el más ligado a este grupo fue Clodomiro Almeida Medina. Prensa Latinoamericana editó en 1958 los textos de Baran: La economía de los países desarrollados, y de Huberman: Principios elementales de socialismo, obra a la cual, señalan los editores, el Departamento de Educación Política del Partido Socialista, "donde se creyó conveniente, la palabra `Estados Unidos' fue sustituida por `Chile'" (Huberman, 1958, 4). En 1959 se publicó en español por el F.C.E. el importante libro de Baran: La economía política del crecimiento9, clave en la obra de André G. Frank y de otros dependentistas. La lectura de Baran se hizo desde las categorías cepalinas y con una mentalidad, si puede decirse, "isebiana". El isebianismo10 era mucho más fogoso que el cepalismo.

Hacia 1960 tales importaciones de pensamiento fundamentalmente económico vinieron a ser complementadas con dos importaciones más bien sociales e incluso socio-culturales. Una es la teoría de la modernización en la versión del italoargentino Gino Germani, sistematización latinoamericanizada (argentinizada) sobre bases weberiana y rostowiana entre otras. La segunda es propiamente de Max Weber a través del español José Medina Echavarría que por esos años ya se desemepeñaba en la CEPAL. Para este efecto Weber entró como quien venía a mostrar que los cambios económicos (el desarrollo) eran acompañados e incluso posibilitados por factores socioculturales (educación). Una vez más se leían los autores con el prisma de la preocupación cepalina. Estas importaciones venían a configurar una visión más completa de la sociedad que se deseaba construir, armándose entonces la ecuación desarrollo=sociedad moderna (o en otras palabras, industrialización y educación y ojalá democracia).

Otra oleada de ideas que ingresaron, aunque no pertenecen en sentido fuerte al pensamiento socioeconómico, sino más bien al filosófico, para tener una incidencia importante en la clase político-intelectual, fue el humanismo existencial-marxista que venía a renovar el humanismo arielista-espiritualista. Autores como J.P. Sartre y A. Camus así como una relectura humanista de Marx, reivindicando al joven de los Manuscritos económico-filosóficos, a partir de Eric Fromm con Marx y su concepto del hombre, no en vano citado al menos por Guillermo Briones y Osvaldo Sunkel.

8. El nicho de Chile

¿Cómo se constituye un nicho en Chile hacia 1960, poco antes, poco después, que permite la gestación y maduración de un pensamiento que va a desarrollarse y evolucionar durante la década, siendo exportado profusamente dentro de América Latina y más allá?

Ese nicho se constituye en la confluencia de múltiples (infinitas) dimensiones como en todo sistema complejo, pero interesa señalar las más importantes y/o específicas para este asunto:

1. La existencia de una intelectualidad con un carácter "periférico" notable: cosmopolita, conocedora de idiomas, viajada, con estudios en universidades del primer mundo a la vez que con un sentimiento muy claro de su diferencia, de su marginalidad.

2. La existencia de una intelectualidad con apoyos en el Estado, en la sociedad civil (Iglesia Católica, masonería, partidos y agrupaciones) y en organismos internacionales (ONU, OEA)11, cosa que permitió la circulación abundante de ideas y personas, así como una sensación de seguridad que provenía de un ambiente suficientemente amplio y pluralista, con múltiples instituciones y fuentes de financiamiento.

3. La existencia de una política estable capaz de dar espacios a la intelectualidad chilena o residente tanto como de atraer intelectuales extranjeros, a la vez que marcada por un amplio juego político, con un sesgo de centro-izquierda, que concita confianza e interés en el país. Quizás sea en parte corolario de esto la fluidez de la comunicación entre el ámbito político y el intelectual12.

4. La existencia de un Estado fuerte y estable con políticas económicas razonablemente nítidas, focalizadas y planificadas hacia el desarrollo; un Estado que se planteaba esto mismo y otras cosas como desafíos: la industrialización, la reforma agraria, la educación, la planificación y una más coyuntural (y quizás por ello detonante): la reducción de la creciente inflación.

Este nicho estaba constituido a la vez por varios elementos ideológicos entre los cuales, para este efecto, deben destacarse dos recientes: el cepalismo y la sociología profesional, con fuerte impronta norteamericana y que algunos han llamado funcionalista; tres de mediana antigüedad, entre 20 y 30 años: el aprismo, un marxismo latinoamericanizado, con ribetes sociales, indigenista e integracionista, el industrialismo como ideología procedente de fuentes diversas y difusas como el pensamiento soviético de Lenin y Stalin, el alemán de Federico List y el rumano de Mijail Manoilesco, entre otros; el socialcristianismo con un carácter eticista muy marcado pero carente de un proyecto económico-social suficientemente claro, aunque acercándose rápidamente al desarrollismo; uno de medio siglo de antigüedad: el humanismo arielista, especialmente adoptado en ambientes masónicos con frecuentes alusiones al espíritu, liderado por el filósofo Enrique Molina, fundador y gurú de la Universidad de Concepción.

9. Estructura

Se ha señalado poco más arriba que Prebisch presentó una primera formulación del estructuralismo y que sus discípulos: Furtado, Pinto y Sunkel intentaron la segunda con una marca teórica más fuerte. Esta segunda formulación se realizó sobre la base de dos problemas, uno más general, el subdesarrollo, y otro más específico, la inflación.

Celso Furtado vivió varios años en Chile, durante los 50, fue a Francia para doctorarse y volvió a trabajar a Brasil. En 1961 publicó un libro sobre el subdesarrollo en el que se alude a sus trabajos de los últimos 10 años. Allí usa y abusa del término "estructura" para definir el subdesarrollo y otras cosas. Afirma que la expansión capitalista a veces se realizó en dirección a regiones ya ocupadas, algunas densamente pobladas, de naturaleza precapitalista. El efecto de la "expansión capitalista sobre las estructuras arcaicas [resultó casi siempre en] la creación de estructuras híbridas, una parte de las cuales tendía a comportarse como un sistema capitalista, y la otra a mantenerse dentro de la estructura precapitalista". Es este tipo de "economía dualista" lo que constituye "específicamente, el fenómeno del subdesarrollo contemporáneo" (1964, 165). El caso es que "el avance de la frontera económica europea se tradujo, casi siempre, en la formación de economías híbridas, en las que un núcleo capitalista pasaba a coexistir, pacíficamente, con una estructura arcaica. En verdad, era raro observar que el llamado núcleo capitalista modificara las condiciones estructurales" (1964, 168). Piensa Furtado que esta heterogeneidad se debe (o se expresa) a una "heterogeneidad tecnológica entre sectores de una misma economía" (1964, 178), lo que hace que el subdesarrollo sea en sí mismo un desequilibrio o dicho en otras palabras, "que las estructuras subdesarrolladas son sistemas híbridos, constituidos por sectores o departamentos dotados de comportamientos específicos" (1964, 179). Esto sería consecuencia de que el subdesarrollo "no resulta de transformaciones endógenas de una economía precapitalista, sino de un proceso de injerto, en esta última, de una o más empresas ligadas al comercio de las economías industrializadas en expansión" (1964, 179); el subdesarrollo, por tanto, "no constituye una etapa necesaria del proceso de formación de las economías modernas" (1964, 176). Su análisis culmina en que "el desarrollo de una economía subdesarrollada implica modificaciones estructurales" (1964, 181).

La idea de subdesarrollo como estructura híbrida o como estructura con departamentos dotados de compartimentos específicos será retomada por Aníbal Pinto y otros autores así como discutida por otros tantos. La idea de estructura a secas sería recogida por casi todos.

Aníbal Pinto, después de la publicación de su clásico Chile un caso de desarrollo frustrado (1958), se focalizó también en el tema del subdesarrollo utilizando la categoría de estructura. En un artículo de 1959, "la revolución del subdesarrollo", luego de constatar que "hoy en día hay pocos términos o conceptos que se repitan más que el de subdesarrollo", se propuso esclarecer qué es precisamente subdesarrollo, específicamente en su carácter actual, como desigualdad a nivel mundial. Para avanzar en esta dirección estableció una sinonimia entre "subdesarrollo" y "capitalismo periférico", caracterizándolos por la situación de países "dependientes, especializados en la producción de materias primas y subordinados a la demanda de esos bienes, por parte de las economías industrializadas" (1959, 35). Este tipo de economía, en términos intrínsecos, es definida como una estructura económica con una asimilación y difusión del progreso tecnológico que hace que el trabajo socialmente necesario para producir una mercancía cualquiera, sea mayor que en otras economías, es decir, que los niveles de productividad son inferiores al promedio (1959, 33) En la tarea de comprensión y explicación del subdesarrollo Pinto recurre a Rosenstein-Rodan, Myrdal, Nurkse, H. Singer y Marx, leído este último desde las teorías del desarrollo. La coincidencia de estos autores es en relación a que los economistas clásicos no fueron capaces de entender el proceso de la economía mundial y no previeron el subdesarrollo.

Osvaldo Sunkel publicó por su parte "Un esquema general para el análisis de la inflación", también en 1959. En dicho artículo intentaba explicar la inflación chilena, y de otros países subdesarrollados, apoyándose en un documento de la CEPAL y recurriendo básicamente a la noción de "problemas estructurales del desarrollo económico del país" (1959, 1). Había tres tipos de presiones inflacionarias, las circunstanciales, las acumulativas y las básicas o estructurales (aquellas que obedecen a limitaciones, rigideces o inflexibilidades estructurales del sistema económico) y que se podría llamar "las causas últimas de la inflación" (1959, 2). Sunkel pretendía que esta visión de las cosas permitiría superar "los tradicionales enfoques de corto plazo con que se acostumbra a analizar el fenómeno de la inflación, no rechazándolos pero relegándolos en cambio al lugar que les corresponde" (1959, 1)13.

10. El ingreso de Weber y el funcionalismo a través de los factores sociales y culturales del desarrollo

Otro ingreso importante de ideas se realizó en el ámbito de las ciencias sociales (especialmente sociología, pero también ciencia política) más que económicas. El motivo fue pensar el desarrollo como un proceso no puramente económico, es decir, determinar aquellos factores no propiamente económicos que se articulan con lo económico para desencadenar y/o mantener un proceso de desarrollo. El teórico más importante en este sentido en el Chile de la época fue el español de origen José Medina Echavarría, poseedor de una formación sociológica y humanista netamente superior a la de la mayoría de los intelectuales chilenos o residentes. Medina trabajaba en la CEPAL y en este espacio es que pretendió realizar un aporte desde lo social al tema del desarrollo, echando mano para ello a Max Weber como igualmente, aunque con mayor distancia, al estructural-funcionalismo y a Talcott Parsons en particular.

Dada su tarea intelectual, a Medina le preocupa que "se analicen no solo las cuestiones estrictamente económicas, sino todas las relacionadas con ellas, en forma muy estrecha, como son las sociales, políticas, educativas, etc.". Quiere entregar una explicación del desarrollo, así como adaptarla al caso latinoamericano, que tenga en cuenta como se desencadenó a partir de factores no propiamente económicos. Señala que dada esta perspectiva "nada tiene de extraño la frecuencia con que se acude en nuestros días a la obra de Max Weber en busca de inspiración y enseñanza" (1966-a, 26). Utilizando palabras de Weber, dice, "se trata en primer lugar, de explicar la aparición de un determinado ethos profesional" (1966-a, 27), para agregar que Weber tiene el mérito de haber formulado con brillantez el paradigma de las condiciones sociales de la economía liberal (1966-a, 28). La ética protestante que Medina contrasta con la holgazanería, como puro ideal vegetativo, expuesto por Ortega en su "Teoría de Andalucía" (1966-b, 279), no es el único elemento que pone en relieve como aporte para explicar el desarrollo o el crecimiento sostenido de una economía. En un texto más tardío publicado en 1972, haciendo un recuento de la recepción de la sociología norteamericana en Chile, alude a la contribución importante que realizó el estructural funcionalismo a las interpretaciones sobre el desarrollo (1972, 196) y ello no únicamente en los sociólogos, sino también en los cientistas políticos ocupados de este asunto (1972, 197). Lo principal de este aporte sería la idea de estructura-sistema para entender los fenómenos sociales, siendo para este efecto Parsons sin duda el más relevante (1972, 189-190).

El chileno Guillermo Briones, sociólogo, discípulo según su confesión de Medina Echavarría e inserto en la red cepalina, publicó a comienzos de los 60 al menos dos textos importantes para el efecto que interesa: 1963, El empresario industrial en América Latina y en 1964, en colaboración con José Mejía Valera, El obrero industrial. Aspectos sociales del desarrollo económico en el Perú. Ubicado en el horizonte de los problemas sociales del desarrollo, como su maestro, el primer trabajo está destinado a "señalar las características sociales y psicológicas más significativas de la clase empresaria" (1963, 5 y 7). En su trabajo cita dentro de los chilenos solo a Aníbal Pinto y entre los no chilenos a varios economistas ocupados del crecimiento como Bert Hoselitz, Arthur Lewis y Joseph Schumpeter, y entre los sociólogos a Talcott Parsons y Seymour Lipset, relevante para él como para F. H. Cardoso que en esos años trabajaba sobre las élites, en particular la burguesía industrial. Son relevantes igualmente las citas de Michel Crozier, Georges Friedmann y Georges Balandier.

En el segundo trabajo, también orientado a hacer una sociología del desarrollo económico (1964, 5), se focaliza en cuestiones como el cambio social en América Latina como paso de la sociedad tradicional a la industrial, y dentro de él a los desajustes que sufren los migrantes rurales, en particular en el proceso de urbanización en la industrialización. En este trabajo introduce un elemento poco típico en este discurso, pasando del tema de los grados de satisfacción en el trabajo al de la alienación para lo cual acude al Eric Fromm de Marx y su concepto de hombre (1964, 39)

11. El neomarxismo norteamericano

Se ha señalado ya que el neomarxismo norteamericano fue conocido en Chile, desde fines de los 50, incluso con publicaciones de obras de Baran y Huberman en el país. La Monthly Review, cuya edición en español comenzó a hacerse en Chile desde mediados de los 60, hizo conocer de manera más abundante la obra de estos, así como la de Paul Sweezy y la de A. G. Frank. Más presente se hizo esta escuela de pensamiento, en particular la obra de Baran, cuando Frank publicó su Capitalismo y subdesarrollo (primera edición en inglés en 1965) donde la presencia de las ideas de Baran es fuerte, tanto por las referencias directas que se le hacen como por la utilización de estas a través de las tesis de Gunder Frank. Luego de dedicar el libro entre otros a Baran y a Sweezy, inicia el prefacio con la siguiente profesión de fe: "creo, como Paul Baran, que fue el capitalismo mundial el que generó el subdesarrollo en el pasado y que sigue generándolo en el presente" (1976, 1).

Algunas ideas de Baran que son expuestas en sus trabajos y que pueden aludir más directamente a la situación de América Latina apuntan a que el capitalismo occidental no pudo mejorar materialmente a los pueblos que habitaban la mayoría de las zonas atrasadas (1958, 4). Lo que ocurrió en esas zonas fue la amalgama económica y política que combinaba las peores características de ambos mundos (feudalismo y capitalismo); y que bloqueaba efectivamente todas las posibilidades de crecimiento económico (1958, 6-7). Por otra parte y no menos importante es que el desarrollo económico de los países subdesarrollados es profundamente adverso a los intereses dominantes de los países capitalistas más avanzados, de allí que la clase dirigente de los EE.UU. y de otros países se oponga a la industrialización de los "países fuertes" (1961, 28). Numerosos historiadores que se ocupan de la formación económica de los países desarrollados hacen poca mención del papel desempeñado en la evolución del capitalismo occidental por la explotación de los hoy países subdesarrollados (1961, 32). Allí donde se requieren cambios económicos estructurales […] solo una radical reorganización de la sociedad y una movilización integral de toda su potencialidad creadora puede sacar a la economía de su estancamiento (1961, 30). O para decirlo de otra forma, las simples nociones de desarrollo y crecimiento económico sugieren una transición de algo que es viejo hacia algo que es nuevo y ello puede lograrse únicamente a través de una lucha firme contra las fuerzas conservadoras y retrógradas, a través de un cambio de la estructura social, política y económica (1961, 30)

12. La exportación de ideas desde Chile

No es posible distinguir con precisión un período de importación de ideas y otro de exportación. Ambas dimensiones están presentes durante los largos 60. El cepalismo o el primer estructuralismo económico se exportaba ya profusamente a fines de los 50, a mediados de los 60, ILPES está exportando de manera masiva una propuesta de planificación, hacia 1970 el dependentismo se exporta hacia cuatro continentes y quizás incluso a Oceanía. Que durante los 60 se produce un boom de la industria editorial, que crece la matrícula universitaria en muchos lugares, que América Latina "se pone de moda" son cuestiones que no hacen más que confirmar que con el correr de los largos 60 la producción de las ciencias económico-sociales se hace cada vez más demandada. En otras palabras, a fines del período se exporta netamente más que a comienzos.

¿Qué fue lo que se exportó como producto de las ciencias económico-sociales durante la segunda parte? Se trata de algo que llamaremos estructuralismo-dependentismo. No es algo completamente homogéneo, existen acentuaciones, pero eso sí es un producto bastante reconocible, especialmente a la distancia.

¿Cuáles fueron los elementos que quedaron de todo lo que se importó y que pasaron a formar parte de esta nueva escuela, dejando herencia genética destacable?

De Prebisch y los economistas del desarrollo, en primer lugar el concepto "desarrollo", el más importante en la segunda mitad del siglo XX en las ciencias económico-sociales y en el discurso político en América Latina. Pero también las nociones de deterioro en los términos del intercambio, de industrialización, del importante papel del Estado en la actividad económica en vistas al desarrollo, como gestor, administrador y planificador, y la consideración internacional de los fenómenos económicos, entendiéndolos como centro y periferia, y por ello la convicción que el desarrollo no debía pensarse de manera idéntica a como había ocurrido en los casos clásicos.

Del funcionalismo quedó la fuerza de la noción "estructura" y/o "sistema"; la oposición entre sociedad tradicional y moderna.

De Weber, que existen elementos socioculturales importantes para generar un crecimiento sostenido y que sin estos las solas condiciones económicas favorables no bastan.

Del neomarxismo, que el enriquecimiento de los países desarrollados se ha hecho en importante medida a costa de los países productores de materias primas; que los grupos dominantes de los países desarrollados han entrado en sociedad con los de los países dominados y que para revertir el subdesarrollo hay que realizar un cambio de estructuras que modifique las condiciones en que esta alianza mantiene a los países pobres.

Desde un conjunto de fuentes viene la noción de conciencia, toma de conciencia, concientización, conciencia de clase: el existencialismo (J. P. Sartre y otros), el isebianismo (P. Freire, Helder Camara), desde el humanismo marxista (E. Fromm) y desde el marxismo (G. Lukacs).

Ahora bien, ¿cómo fueron cruzándose (componiéndose-acoplándose) estas ideas entre ellas para dar lugar a algunos especímenes altamente apetecidos en el mercado mundial de las ideas durante la segunda mitad de los largos 60? La circunstancia en que esto ocurre es la sensibilidad de los 60, sensibilidad que no es la "causa" del espécimen, sino que su circunstancia, puesto que el ecosistema, sensibilidad de los 60, se conformó en buena medida por los especímenes que se iban seleccionando en su interior. La sensibilidad de los 60 no nace ya formada, sino que se va constituyendo y remodelando hasta generar sus propias negaciones, crear los monstruos que destruyen el ecosistema.

13. Planeación

Luego de formulado conceptualmente y con detalles el estructuralismo, tanto para entender el macroproceso del desarrollo como para entender cuestiones específicas como la inflación, se dio un paso hacia la formulación de políticas, siendo la idea de planificación prácticamente un corolario. Si todo funciona como estructura, el futuro también, para incidir adecuadamente sobre el futuro hay que planificar. Para formular estas ideas se realizó una nueva importación y probablemente en ello algunos polacos jugaron un papel significativo. El Trimestre Económico de México, revista muy importante para la red de cientistas económico-sociales cepalino-desarrollistas de los 50 y 60, publicó por ejemplo en 1965 artículos de Michal Kalecki: "Bosquejo de una metodología para elaborar un plan de desarrollo. La experiencia polaca"; de Zofía Dobrska: "La selección de técnicas en los países en vías de desarrollo", y de Ignacy Sachs: "La planeación en una economía sensible a las importaciones".

Para desarrollar más estas ideas teóricamente y sobre todo para difundirlas y aplicarlas se fundó en 1962 el Instituto Latinoamericano de Planificación Económica y Social (ILPES) en el seno de la CEPAL, y con amplio apoyo del Banco Interamenricano de Desarrollo, pasó a ser dirigido por Raúl Prebisch, al dejar él la dirección de la CEPAL. En el ILPES o en actividades organizadas por este participaron además de su director varios de los cientistas económico-sociales chilenos o residentes en Chile con mayor proyección internacional: Osvaldo Sunkel, Fernando H. Cardoso y José Medina Echavarría entre otros. La CEPAL y luego ILPES organizaron numerosos cursos destinados a administradores, funcionarios públicos, profesionales comprometidos en actividades industriales, agrarias, etc. En los cursos organizados por ILPES participaron miles de personas14 provenientes de muchos países de América. Puede afirmarse que fue, en estrecho contacto con la CEPAL y no siempre es posible distinguir una del otro, el mayor exportador de ideas desde Chile.

ILPES, además de los diferentes tipos de cursos, organizó seminarios con especialistas de nivel para avanzar teóricamente en los temas de planificación. En 1966 se publicó un documento como fruto del seminario realizado en Santiago de Chile en julio del año anterior sobre "Organización y administración del planeamiento"15. El documento se abre con la siguiente afirmación: "El concepto y la idea de planificación están en boga en América Latina. Ha habido en esto un cambio importante y positivo respecto a la situación prevaleciente hasta hace unos diez años, en que el término mismo era objetado por su excesiva carga de valoración política" (ILPES 66a, 5). Más adelante se señala que "en todas partes [en América Latina] se advierten fuerzas sociales que han sido impregnadas por las ideas del desarrollo y la planificación", cosa que es atribuida a la "influencia ejercida por los economistas, ingenieros, técnicos y empresarios modernos en la difusión de esas ideas, así como a la importancia que tuvo la diversificación industrial y la acción del Estado16 al permitir la incorporación de parte de esos técnicos a altos niveles de la maquinaria estatal y de la empresa" (ILPES 66a, 31).

El seminario tuvo como orientación "relacionar la planificación de modo directo con las problemáticas del desarrollo latinoamericano" (ILPES 66a, 5). Se afirmaba (constataba-proponía) más adelante que "en el caso latinoamericano, la planificación ha venido a ser considerada como el instrumento fundamental para superar la condición de subdesarrollo, transición que supone cambios institucionales y de estructura económica muy profundos" (ILPES 66a, 13). Ello significa que la planificación deberá asumir un papel más amplio que en los países desarrollados, pues "debe ser expresión de una política de desarrollo que entraña cambios y programas de reforma estructural" que o no están o no de la misma forma en los países industrializados (ILPES 66a, 14). Más radicalmente, se postula que la planificación debería ser "un método del gobierno al servicio de una inspiración reafirmadora de las estructuras de la propiedad, de la renta y de los mecanismos de poder característicos de la sociedad tradicional" (66a, 30) y por ello es clave para "la nueva fase sociopolítica que vive América Latina" en la cual "se está iniciando la transición hacia nuevas formas de organización que correspondan a las funciones del Estado moderno" que, según proponen los redactores del documento, "se caracteriza por adquirir nuevas funciones de inversionista, de empresario y de orientador del proceso de desarrollo" para lo cual debe reclutar servidores públicos capaces de actuar en un Estado moderno que se tecnifica y burocratiza" (66a, 33-34).

En esa misma línea se encuentran las propuestas de Jorge Ahumada realizadas en Venezuela en los años inmediatamente anteriores a su muerte. En su texto Planificación del desarrollo (1972) publicado póstumamente en Chile, presenta el quehacer del planificador como orientado a la optimización de recursos en vistas a fines que no han sido determinados por él. Es un técnico neutro, que en el estado actual de la sociedad que quiere desarrollarse trabaja para alcanzar lo mejor posible ese objetivo, dados los recursos existentes. En tal sentido la planificación no corresponde a un sistema político específico (1972, 4), aunque reconoce que algunos le son más proclives que otros. Para ser efectiva la planificación a) debe permitir demostrar que los fines son alcanzables; b) debe asegurar que los medios son los mejores disponibles o que al menos son eficaces; c) debe permitir comprobar si los fines y los medios son compatibles (1972, 35). Piensa que "si el desarrollo ha de producirse necesariamente, y así parece serlo" porque es necesario para "satisfacer las necesidades sociales que demanda una población que sufre una explosión demográfica y un aumento sin precedentes de sus expectativas", entonces argumenta Ahumada, "será necesario que el desarrollo se haga en condiciones tales de lograr el máximo de eficiencia en la utilización de los recursos y el mínimo de costo social para obtenerlo" (1972, 5-6).

14. La integración continental

El máximo ideólogo y promotor de la integración latinoamericana, durante los largos 60 fue Felipe Herrera, el menos académico de los 10 autores seleccionados. Este, menos "teórico" y "conceptual" que los demás, dejó pocos rastros de las ideas que había recibido, aunque su pensamiento tuvo vastas proyecciones en instituciones políticas, financieras, universitarias y organismos internacionales.

La propuesta de Herrera, en América Latina hay una gran tarea que está por completarse y cuyos síntomas de maduración son evidentes, que es la integración (1976, 275, texto original de 1973), se enmarca dentro del pensamiento estructuralista cepalino, como buen discípulo de Prebisch que es. Su novedad respecto a los demás autores es que se entronca, incluso más que Medina Echavarría, en la trayectoria del pensamiento latinoamericano remontándose por los autores hasta Bolívar obviamente. Ello le otorga una fuerza o una mística, nada ingenua por lo demás, a su pensamiento. De hecho no ha habido en la historia latinoamericana una década en que la integración haya tenido más eco que en los 60. En este sentido, la integración no solo es un tema de época, sino que es un factor constitutivo de la sensibilidad, aquello que Herrera llamaba el nacionalismo continental (s/f, 210, texto original de 1963).

Herrera insiste en los síntomas, en la maduración de un proceso integracionista que viene produciéndose y agudizándose en la década. Ello permite, y permitirá mejor cuando se realice y consolide, recuperar el tiempo perdido, que se ha de acelerar con el ritmo de la integración (1976, 276). En su visión estructural, la integración es un componente, causa y consecuencia, que se articula al desarrollo. La integración favorecerá la industrialización y la difusión de la tecnología tanto como la expresión cultural y política (1976, 276 y 279). Más aún, esta aparece como condición necesaria o al menos como coadyuvante clave para las reformas de las estructuras económicas y sociales (1976, 280), pero dentro de un proceso único, si no se avanza en el cambio de las estructuras tampoco habrá integración (s/f, 211). Piensa que para que todo este proceso se acelere debe existir una mística de la integración o una conciencia de la integración en las masas latinoamericanas (s/f, 211).

15. Satélite, dependencia, metrópoli: ruptura con el capitalismo

André G. Frank fue, aunque durante pocos años, muy influyente en el medio universitario de la izquierda más radical, por el efectismo de su discurso y por ser susceptible de una lectura fácil, que él mismo se encargó de refutar y precisar. Frank articuló el pensamiento estructuralista latinoamericano con el de Paul Baran o, dicho de otro modo, reescribió en clave baraniana algunas ideas que provenían del cepalismo e incluso del aprismo. De hecho, ambas tendencias o escuelas habían tenido ya contacto con el marxismo norteamericano en Chile y la Monthly Review, el órgano de este grupo.

En su libro Capitalismo y subdesarrollo (1ª edición en inglés en 1965) Gunder Frank hace particular hincapié en la pérdida y enajenación del excedente económico durante el proceso de subdesarrollo capitalista, proceso hacia el cual, nos recuerda, llamó la atención Paul Baran (1976, 1), para luego señalar que este "sugirió que el imperialismo lejos de fomentar el capitalismo industrial, fortaleció el capitalismo mercantil en los países subdesarrollados" (1976, 4).

La reformulación en términos neomarxistas y en idioma inglés (luego en español y varios más) de ideas latinoamericanas, contribuyendo a algo así como una mejor teoría del imperialismo, hizo del producto entregado por Frank algo muy apetecido en muchos lugares de Europa, América del Norte y África. Ideas como las siguientes fueron configurando una línea de trabajo y discusión política sobre el desarrollo: "el capitalismo nacional y la burguesía nacional no ofrecen ni pueden ofrecer modo alguno de salir del subdesarrollo" (1976, 6); "es vano esperar que los países subdesarrollados de hoy reproduzcan las etapas del crecimiento económico por las que pasaron las sociedades evolucionadas modernas" (1976, 6); "el subdesarrollo de Chile es producto necesario de cuatro siglos de desarrollo capitalista y las contradicciones internas del propio capitalismo" (1976, 15); "estas contradicciones capitalistas y el desarrollo histórico del sistema capitalista han generado subdesarrollo en los satélites periféricos expropiados, a la vez que engendraban desarrollo en los centros metropolitanos que se apropiaron del excedente económico de aquellos; y además que este proceso continúa" (1976, 15); "para el pueblo latinoamericano la única salida del subdesarrollo es la revolución armada y la construcción del socialismo" (1976, 304). Estas, en una formulación más radical que otras, no hacían sino marcar una tendencia: el desarrollo no es ni puede ser en primer lugar obra de los agentes económicos sino de los políticos o derechamente guerrilleros o militares. No se trata de producir riqueza, esta existe, se encuentra disponible, solo que es apropiada y mal distribuida por unos pocos. ¿Qué puede ser más sesentista que esta idea?

16. Dependencia, alianzas políticas y desarrollo

La versión de Fernando H. Cardoso y Enzo Faletto, la más difundida y clásica del estructuralismo dependentismo, se escribió en 1967 para publicarse en 1969. La obra con mayor cantidad de ediciones de las ciencias económico-sociales latinoamericanas da cuenta de los autores, corrientes y temas que entran en la discusión y en consecuencia de las diferentes versiones que han ido cristalizando en este proceso. Partiendo por los documentos oficiales de la CEPAL y por la propia red a la que ellos pertenecían, aparecen referencias a Prebisch, Furtado, María Conceicão Tavares, Luciano Martins, Benjamín Hopenhayn, Torcuato S. di Tella, Peter Heintz y Pablo González Casanova. En la discusión con el funcionalismo y las teorías más convencionales de la modernización discuten con Gino Germani, Robert Herton, H. Chenery, Talcott Parsons y W. Rostow. A la hora de referirse a la dualidad estructural, aluden a la obra de Jacques Lambert y Albert O. Hirschman.

En su proceso de caracterización del subdesarrollo y la dependencia, particularmente cauteloso por otra parte, se ubican en la disyuntiva de cómo complementar explicaciones sociales y demás con explicaciones económicas. De hecho están concibiendo subdesarrollo y dependencia, y por cierto desarrollo también, como estructuras compuestas por elementos de índoles variadas, y particularmente a ellos les interesa "aportar a la comprensión de las condiciones políticas y sociales". (1971, 10)17.

Ahora bien, lo más importante para nuestro efecto es que continúan por la senda ya abierta parcialmente por ILPES y A. G. Frank que conducía hacia la "deseconomización" del desarrollo y que será continuada posteriormente todavía por Osvaldo Sunkel y Pedro Paz. Sostienen Cardoso y Faletto que "la novedad de las hipótesis no está en el reconocimiento de la existencia de una dominación externa _proceso evidente_, sino en la caracterización de la forma que asume y de los efectos distintos, con referencia a las situaciones pasadas". Explicitan más su hipótesis: "resaltamos que la situación actual de desarrollo dependiente no solo supera la oposición tradicional entre los términos de desarrollo y dependencia... sino que se apoya políticamente en un sistema de alianzas distinto del que en el pasado aseguraba la hegemonía externa" (1971, 164). La clave entonces para superar esta citación se encuentra en el sistema de alianzas, es decir, "la superación o el mantenimiento de las `barreras estructurales' del desarrollo más que de las condiciones económicas tomadas aisladamente, dependan del juego del poder que permitirá la utilización en sentido variable de esas `condiciones económicas'". Postulan que en este sentido "podría haber oposiciones _presentes o virtuales_ que dinamizaran a las naciones industrializadas y dependientes de América Latina y que habría posibilidades estructurales para uno u otro tipo de movimiento social y político" (1971, 165).

Esto quiere decir que la clave en la tarea del desarrollo no la tiene el homo economicus sino que el zoon politicon, y si radicalizamos las cosas, el revolucionario y el guerrillero. Es el actor político el que podrá manejar, cortar o superar, las situaciones de dependencia y soltar o cortar las amarras que impiden el desarrollo.

17. El desarrollo como cambio estructural global

Osvaldo Sunkel publicó en 1970, junto a Pedro Paz, una obra contundente: El subdesarrollo latinoamericano y la teoría del desarrollo que se presenta como el "resultado de la experiencia de investigación acumulada en casi una década, durante la cual se dictaron cursos sobre el proceso de desarrollo económico de América Latina, tanto en la sede de la CEPAL y la de ILPES en Santiago de Chile, como en prácticamente todos los países de la región, incluidas muchas universidades" (1986, 1). El libro es, a la vista, aunque también lo confirman los autores, una maduración y una síntesis de lo elaborado, en este marco, durante años. El libro se transformó en una obra de grandes proyecciones, de lo cual es una muestra que el citado aquí es de 1986 y representa la edición Nº 18.

La clave del texto es la idea del desarrollo como cambio estructural global, lo que viene siendo una síntesis no solo de los avances de Sunkel, sino que de las ideas de la red estructuralista-dependentista. En este sentido las ideas han alcanzado sofisticados índices de abstracción a la vez que, en el afán de incorporar todos los elementos, el desarrollo y el subdesarrollo, han llegado casi a perder el sentido económico. Es el fin de una década, es la síntesis y es el colmo de una década.

La definición de subdesarrollo como "un conjunto de estructuras vinculadas entre sí por ciertas leyes de funcionamiento que configuran un sistema, en este caso, subdesarrollado", es decidora de un horizonte conceptual (1986, 6). La aclaración o especificación que dice que "a su vez cada estructura es un conjunto de elementos u objetos relacionados entre sí también por ciertas leyes" y que "en consecuencia el funcionamiento de un sistema está determinado por la manera en que se combinan las estructuras según sus leyes de funcionamiento, o sea, según las formas de vinculación y de interacción de las diferentes estructuras" si bien contribuye a aclarar la mentalidad estructural y sistémica no nos dice mucho del subdesarrollo. Decir que "este sistema se modifica por efecto de influencias externas significativas que generan cambios en la estructura social" y que "los cambios que surgen en las distintas estructuras van creando nuevas formas de vinculación entre ellas y paulatinas modificaciones, lo que se traduce en una nueva manera de funcionar del sistema" (1986, 6-7), es una forma algo críptica de señalar la dependencia y la transformación18.

Siendo más explícito y marcando un contraste con el subdesarrollo, Sunkel y Paz estiman que se ha venido insistiendo cada vez más en que la noción de desarrollo consiste en transformaciones profundas y/o reformas estructurales "que permitan que el funcionamiento y la expansión del sistema económico produzca como resultado un proceso más dinámico y más justo" (1986, 35). En el esclarecimiento de la noción de desarrollo como un proceso de cambio estructural global (1986, 34) señalan que "el problema fundamental del desarrollo de una estructura subdesarrollada aparece así como la necesidad de superar su estado de dependencia, transformar su estructura para obtener una mayor capacidad autónoma de crecimiento y una reorientación de su sistema económico, que permita satisfacer los objetivos de la respectiva sociedad" (1986, 37). Su visión social y política del desarrollo se expresa mejor cuando argumentan que el texto anteriormente citado "implica una reorientación de la política de desarrollo, tanto en lo interno como en las relaciones internacionales" y que "para ser eficaces y permanentes los reordenamientos de esta naturaleza solo pueden basarse en la participación social, política y cultural activa de nuevos grupos antes excluidos o marginados, y esa participación debe hacerse presente tanto en la formulación de los objetivos de la sociedad como en la tarea de alcanzarlos" (1986, 37-38).

Para terminar

¿Es posible formular algún modelo, explicativo o no, que dé cuenta de la circulación de las ideas a través de Chile en los largos 60? ¿Qué papel juegan allí las redes de los cientistas económico-sociales del Conosur entre ellos y con los intelectuales de otros espacios? ¿Qué hizo que las ideas elaboradas en este espacio tuvieran tanta demanda a nivel mundial, siendo incluso recepcionadas en Polonia, en Tanzania, en Sri Lanka, en la costa oeste de USA y en Jamaica, por mencionar solo algunos lugares?

Hay una dimensión de lo excepcional, como la nariz de Cleopatra, que es casual y no se sabe cuánto pudo afectar: se trata de la genialidad y la sinergia. No puede establecerse un modelo precisamente sobre lo excepcional. ¿Cómo podría pensarse que se encontrarían juntos Prebisch, Furtado, Sunkel, Cardoso, Medina Echavarría, A. G. Frank y Aníbal Pinto? Ello atrajo también a un conjunto de personas de menor brillo intelectual pero que sumadas, y superándose a sí mismas, contribuyeron a la explosión de sinergia que irradió desde el Conosur. Lo que salía de aquí en esos años venía cubierto por un aura que hacía identificarlo como tocado por los dioses. La democracia chilena y su izquierdización progresiva fue la caja de resonancia de este discurso.

El impacto de estas ideas en el Conosur y mucho más allá de este, debe ser entendido también como algo excepcional en buena medida: los propios 60 y su sensibilidad. Estas ideas fueron recibidas porque eran sonoras, coherentes, bien formuladas, geniales, y no porque hubieran mostrado eficiencia práctica. A diferencia de lo que vendió Chile a fines de los 80: la eficiencia económica del modelo Pinochet. Pero estábamos en los 60 y no en los 80. ¿Habrá que repetir que esa fue su belleza y su tragedia?

Ahora bien, más allá de la belleza y la tragedia, más allá para decirlo algo retóricamente de esa combinación de juvenilismo, de sensibilidad quijotesca y de sacrificio barroco americano, ¿qué rescata el estudioso de las ideas? Porque tampoco es el único caso en la historia de la humanidad que haya tenido grados de excepcionalidad.

1. Una cuestión fundamental es que ha sido el primer movimiento de ideas elaborado netamente en el Tercer Mundo que ha tenido influencia en numerosos lugares del planeta. Hubo otros cuerpos eidéticos que surgieron en la periferia: podrá discutirse si el narodnismo eslavo19 o el leninismo lo son, pero no podrá discutirse sobre el maoísmo, el nasserismo, el guevarismo o el fanonismo. Pero estas cuatro últimas son elaboraciones teóricas relativamente rudimentarias en comparación con el estructuralismo-dependentismo, que es una auténtica escuela de pensamiento con decenas de representantes.

2. Otra cuestión destacable es que se trata de la primera etapa en un proceso de circulación que tiene al menos una segunda: la amplia difusión del liberacionismo, menos intenso pero más duradero y, con lo años, más y más expandido.

3. Una tercera cuestión a destacar es que el estructuralismo-dependentismo gozó de reelaboraciones, que en cierta medida se transformaron en subescuelas: la caribeña (Walter Rodney, Norman Girvan, Clive Thomas) y la(s) africana(s) (Samir Amin, Justinian Rweyemamu, Colin Leys), y la europea (Dudley Seers, Gabriel Guzman y José Molero). Estas subescuelas reelaboraron o hibridaron: los caribeños se focalizaron en las pequeñas economías, en la cuestión racial y postcolonial; los africanos además de lo hecho por los caribeños en los efectos perversos, sobre la economía de su continente, de la esclavitud; los europeos en las maneras de desarrollar sus regiones periféricas y atrasadas como Portugal, Grecia, Irlanda y otras. Estas circulaciones y reelaboraciones no fueron propiciadas solo por los latinoamericanos, que poco hicieron en esto, y ni siquiera solo por los propios africanos, caribeños o europeos. Confluyeron numerosos esfuerzos donde algunos norteamericanos (estadounidenses: A. G. Frank, y canadienses: John Saul) ligados, por ejemplo, a las redes de la Monthly Review; ingleses ligados a los estudios sobre el desarrollo (D. Seers, A. O. Hirschman, C. Leys); franceses latinoamericanistas (Regis Debray, Alain Touraine) contribuyeron a circular las ideas generadas en el Conosur por el Primer Mundo y también entre regiones del Tercero y también algunos latinoamericanistas y africanistas del Segundo Mundo de Checoslovaquia (Jan Kñakal), de Polonia (Zofia Dobrska). Por cierto no dejaron de ser importantes los propios latinoamericanos insertos en el medio europeo (Celso Furtado, F. H. Cardoso, O. Sunkel, Gabriel Palma, Edmundo Fuenzalida y Óscar Braun entre muchos otros)

4. Ante esto aparece claramente una cuarta cuestión referida específicamente al tema de las redes y, su medio clave, el idioma. Las redes de intelectuales funcionan teniendo en cuenta el idioma común como el primer criterio, aunque no el único. Para que las ideas del Conosur vayan al resto del mundo deben estar en idiomas accesibles y el español y el portugués en los 60 eran menos importantes que a comienzos del siglo XXI. Esto hace que en los ambientes anglófonos A. G. Frank sea más leído que Prebisch, Furtado, Cardoso o Sunkel. Es cierto que muchos entre quienes se interesan en el ámbito anglófono por nuestros países son proclives al pensamiento fácil (es decir aquel de categorías simples, que dividen el mundo claramente y por ello generan una ilusión de manejo de la realidad) y el germano-norteamericano se los proporcionaba. Pero esa no es la explicación clave sino que Frank publicaba en inglés y estaba bien coordinado a redes de izquierdistas radicales, más interesados que otros en el Tercer Mundo. Jugaron un papel importante como "traductores-difusores" de estas ideas Norman Girvan en el Caribe y Dudley Seers en Gran Bretaña y ambos en África. En definitiva la articulación a las redes que funcionaban en inglés fue clave para la circulación de nuestras ideas incluso hacia otras regiones del Tercer Mundo: África y Asia "intelectualmente" anglófonas. Con el francés ocurrió algo parecido, pero en menor medida.

5. La explicación fundamental tanto para la hibridación, selección y multiplicación del estructuralismo-dependentismo reside en el ecosistema de la mentalidad sesentista. Este ecosistema sesentista potenció el desarrollo y multiplicación de ciertos genes, pero, en un círculo, estos individuos eidéticos se reprodujeron acentuando ciertas características de la misma sensibilidad. Por ello no debe concebirse la sensibilidad sesentista20 como un deus ex machina puramente causal, sino también como consecuencia de la misma dinámica de selección y reproducción de ideas.

Es la propensión holística de los 60 la que hace tomar desde el funcionalismo la idea de estructura-sistema y no la de legitimidad-eficacia, por ejemplo. Es esta misma propensión la que va inhibiendo dentro de la herencia del primer cepalismo la preocupación por la inflación para recoger y potenciar aquella por la planificación, como acción del Estado sobre la realidad. A ello se agrega ese inmenso y "juvenal" apetito de sentido cuyo faustinismo se realiza en llevar las riendas de un Estado racionalizador. Estos mismos caracteres de tal sensibilidad sumados al radicalismo son los que hacen tomar del neomarxismo la idea del paso del subdesarrollo al desarrollo como cambio de estructuras en lucha contra los privilegios conservadores. En lo de más propiamente latinoamericano esa sensibilidad con raíces católicas, arielistas y apristas demoniza a los Estados Unidos, en su carácter de inmundo connubio entre patrones-c.i.a.-gánsteres, como causa última de todos los males del continente. En buena medida la respuesta a ello es la integración continental.

Esta sensibilidad, algo esquizofrénicamente, insiste con frecuencia a los determinantes económicos y materiales así como, por otra parte, se realiza como contracultura de lo material y del consumismo, reivindicando humanismo, fraternidad y utopía. Esto permite que la noción "desarrollo" (originalmente, sinónimo de crecimiento económico sostenido) se vaya "deseconomizando" para componerse con múltiples dimensiones culturales, sociales y políticas, aludiendo a autonomía y libertad. Así comienza a desviarse como concepto económico para irse transformando en sinónimo de humanización. Esta evolución del concepto fue interactiva con la transformación del promotor del desarrollo: del agente económico (trabajador y empresario), al planificador, al político y al revolucionario. El agente del desarrollo pasaba a ser homo anti-economicus, al límite el militante o el guerrillero. La riqueza provendría de una guerra revolucionaria que restituiría lo robado.

Eran las batallas de la dialéctica con sus enrevesadas venganzas. Hegel se vengaba de Marx, utilizando a los izquierdistas para poner la historia nuevamente sobre la cabeza, olvidando a los pies. Sería por poco tiempo. Marx no menos astuto, usando a sus acérrimos enemigos, recordaría a Hegel que la mejor crítica del idealismo es la crítica de las armas y que quienes detentaban el mayor poder de fuego recibirían la historia sobre sus pies, imponiendo la base económica material.

Esta es la dinámica de una sensibilidad que como un torbellino va incorporando los elementos que su fuerza centrípeta va succionando hasta crecer en tal medida que se hace incapaz de sostenerse para reventar centrífugamente. El ecosistema del sesentismo colapsa.

 

NOTAS

3 Se revisaron todos los números con excepción de dos que no fueron encontrados.

4 América Latina es la continuación del Boletín del CLAPCS, publicado entre 1958 y 1961. De ambas publicaciones se pudo revisar alrededor del 80% de los números.

5 No fue posible revisar todos los números de cada una de estas, en primer lugar por no estar completas sus colecciones.

6 Véanse por ejemplo Rodríguez, Octavio (1981); Gurrieri, Adolfo (1980); Love, Joseph (1980, 1998); Hodara, Joseph (1987), Bielschowsky, Ricardo (1998).

7 Habría sido interesante completar el procedimiento anterior con otro que consiste en estudiar las ideas que importaron las ciencias económico-sociales chilenas a través del envío de estudiantes al extranjero (aquí se hace presente el pensamiento neoliberal, casi ausente a partir de otros criterios, por tratarse de un proceso que apenas se inicia y cuya exportación se realizaría solo a partir de fines de los 70 y sobre todo en los 80) y a través de la recepción de publicaciones.

8 Véase Devés, Eduardo, "El desprestigio de las ciencias sociales: sociología y política en Chile 1950-1973", en Mapocho, N° 44, Santiago, 2° semestre de 1998.

9 El ejemplar de la Biblioteca Nacional de Chile corresponde a la edición de 1961 y perteneció a Alejandro Chelén Rojas, cuyo acervo bibliográfico fue donado al Estado de Chile.

10 Bajo la dirección del más sobrio de todos, Helio Jaguaribe, se agrupaban en el ISEB antiguos nacionalistas con algunos rasgos fascistas, filósofos iluminados de un identitarismo populista acendrado como Álvaro Vieira Pinto, sociólogos de viejo cuño como Guerreiro Ramos y de nuevo cuño marxista como Nelson Werneck Sodre. De este pensamiento se alimentó Paulo Freire, quien se trasladó a Chile ejerciendo amplia influencia, también se nutrió de este pensamiento Helder Camara.

11 En su trabajo sobre las ciencias sociales en Chile, Manuel Anontio Garretón (s/f, 7) refiriéndose a la situación de estas durante el período de la Unidad Popular alude a los campos ocupacionales omitiendo los organismos internacionales que eran claves, especialmente si se trata de la proyección metanacional de su trabajo, aunque este no es el objetivo del trabajo de Garretón. En todo caso, más allá de las universidades, de instituciones del Estado o de organizaciones sociales se encuentran CEPAL, ILPES y FLACSO, por citar las más relevantes. Ello no quiere decir que las personas que se desempeñaban en estas instituciones no lo hicieran en otras, particularmente en las universidades.

12 Cuba, otro país que en la época suscitaba entusiasmo, no poseía un grupo de cientistas económico-sociales capaz de potenciar teóricamente la experiencia y las proyecciones de la revolución. Juan Noyola, economista mexicano que viajó a Cuba y se interesó no solo política o poéticamente por lo que allí estaba pasando, murió muy joven. Sus ideas con herencias cepalinas y baranianas no alcanzaron a formularse. Como ha mostrado el interesante trabajo de Germán Alburquerque (2003), Cuba (Estado e intelectuales) tuvo un papel significativo en la articulación de redes de novelistas, ensayistas y críticos culturales, cosa que se explica por el alto nivel que esas disciplinas alcanzaron en la isla, especialmente con el grupo Minorista y sus herederos. Esto no guarda parangón alguno en las ciencias económico-sociales, mucho más fuertes en el Caribe de los 60 en los territorios anglófonos que en los hispanoparlantes.

13 El economista inglés que residió en Chile y trabajó en la CEPAL entre 1957 y 1961 señaló al respecto: "Diversos elementos de la teoría estructuralista han sido desarrollados en los trabajos de economistas de la CEPAL, pasados y presentes (fuera de los ya mencionados: Noyola, Sunkel, Joseph Grunwald, A. O. Hirschman, A. Pinto, Charles Schultze) tales como R. Prebisch, C. Furtado, P. Vuskovic, J. A. Mayobre, V. L. Urquidi, Pedro Mendive, Manuel Balboa, Hugo Trivelli y Jorge Alcázar, entre los muchos que han participado en los estudios de la CEPAL sobre desarrollo y en el trabajo de grupos consultivos sobre política económica. De los visitantes de la CEPAL que en los últimos años han tenido alguna influencia en el mismo sentido, aunque no se les pueda designar con el nombre de `estructuralistas', podemos mencionar a Thomas Balogh, Hollis Chenery, Nocholas Kaldor, Julio Olivera, Nancy Ruggles, Richard Ruggles y Jan Thibergen" (1963, 419).

14 En ILPES 1966-b 11 se da cuenta de 3.343 personas que participaron en los cursos.

15 En el seminario participaron: Manuel Balboa, José Cárdenas, Fernando Cardoso, Ricardo Cibotti, Shimos Danieli, Alberto Fuentes Mohr, Jesús González, Norberto González, Benjamín Hopenhayn, José Ibarra, Enrique Iglesias, Bernal Jiménez, Roberto Jordán Pando, Cristóbal Lara, Gonzalo Martner, Carlos Matus, José Medina, Ángel Monti, Cleantho de Paiva Leite, Raúl Prebisch, Luis Rojas, Germánico Salgado, Manuel San Miguel, Héctor Soza, Estevam Strauss, Osvaldo Sunkel, Jacobo Schatán, Louis N. Swenson, Ángel Valdivia, Pedro Vuskovic y Alberto Waterston.

16 Para reforzar esta idea relativa a que la planificación es una tónica de época, el documento alude a que "en 1961, la Carta de Punta del Este estableció el compromiso de los gobiernos latinoamericanos para planificar sus economías, realizar reformas de estructura, elevar el ritmo de desarrollo y distribuir mejor los beneficios de ese crecimiento. Este acontecimiento impulsó y extendió aún más los esfuerzos de planificación generando en consecuencia una mayor demanda de servicios técnicos, de asesoría en el campo de la planificación" (ILPES 1966-a, 19).

17 En otros textos, Cardoso hace referencia a la importancia para él del trabajo con José Medina Echavarría, como de sus referencias a Seymour Lipset.

18 Quien se interesa en las mentalidades y los paradigmas imperantes en el medio intelectual, no podrá dejar de equiparar estas formulaciones a tantas otras y en particular a algunas recientes como la "postmoderna" y la de la "complejidad" que han servido a algunos de salvavidas, al menos por poco tiempo, y que ha definitivamente ahogado a otros.

19 Prefiero esta formulación para evitar la confusión con el "populismo" de Getulio Vargas o J. D. Perón. El narodnismo guarda más relación con el pensamiento "popularista" de Paulo Freire o Guillermo Bonfil Batalla y en Chile con la escuela "popularista" de Gabriel Salazar, José Bengoa, María Angélica Illanes y Mario Garcés. El populismo es más bien una ideología y sobre todo un tipo de quehacer político, el popularismo es una ideología sociocultutal de exaltación y defensa del pueblo pobre y particularmente campesino, con clara impronta identitaria. No deben estas tendencias confundirse tampoco con el agrarismo de Soto y Gama, de Castro Pozo, de Flores Magón. El agrarismo pone el acento sobre todo en el reparto dela tierra.

20 No es el caso ahora de volver a definir o descubrir la dinámica del sesentismo. Numerosos autores lo han hecho para el mundo, para el continente latinoamericano o para Chile. Prefiero remitir a otros trabajos sobre esto. Devés, Eduardo: Escépticos del sentido, Nuestra América, Santiago, 1984; "La sensibilidad de los 60", en Revista Universum, U. de Talca, año 9, 1994; "Ideas y sensibilidades en el Chile del siglo XX (lo tanático y lo sacrificial en la Universidad de Concepción entre 1950-1973)", en Cuadernos Americanos, Universidad Nacional Autónoma de México, N° 63, 1997, México.

 

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Fecha de recepción: marzo de 2004.

Fecha de publicación: noviembre de 2004.

2 Este artículo es fruto del proyecto FONDECYT N° 1030097. Todos los textos que en la bibliografía aparecen citados en idiomas diferentes al español, han sido traducidos por mí. Agradezco la colaboración de la profesora Cinthia Rodríguez en esta investigación.