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Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) v.37 n.1 Santiago jun. 2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942004000100010 

 

RESEÑAS

EDUARDO DEVÉS VALDÉS. El pensamiento latinoamericano en el siglo XX. Tomo II. Desde la CEPAL al neoliberalismo (1950-1990). Editorial Biblos-Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, Santiago, 2003.

Con este tomo, Eduardo Devés completa su historia del pensamiento latinoamericano en el siglo XX abarcando la segunda mitad del siglo que se abre con las teorías del desarrollo de la Cepal y culmina con el apogeo de la teoría económica neoliberal. El libro sigue en una secuencia histórica el modo en que aparecen las distintas corrientes o escuelas de pensamiento, pero también se ordena en torno al vaivén que se produce entre las tradición "ensayística" y la tradición "científica" característica del pensamiento latinoamericano. El punto de partida es la irrupción de la ciencia económica de los cincuenta, asociada a las teorías del desarrollo de la Cepal (con Raúl Prebisch en la primera línea) y la aparición concomitante de una sociología de la modernización (esta vez con Gino Germani como el autor más significativo), en ambos casos inspirados por la figura tutelar de J. Medina Echavarría. El libro es siempre escrupuloso en destacar autores menores en cada corriente y en dar cuenta del amplio abanico de temas y preocupaciones que surgen en distintas partes del continente, de modo especial en el área del Caribe que permanece largamente desconocida para el pensamiento continental. En el contrapunto de las ciencias sociales y de su ruptura epistemológica se muestra la vitalidad que conserva la tradición ensayística en los cincuenta con una miríada de autores que vuelven a plantear el problema de la conciencia latinoamericana: de esta época data "El Laberinto de la Soledad" de Octavio Paz, cuya importancia y vigencia resulta, a mi juicio, algo desmerecida, sobre todo en relación con la relevancia que se atribuye constantemente a Leopoldo Zea. El capítulo dedicado a las propuestas integracionistas con la figura destacada de Felipe Herrera tiene un interés puramente documental.

La década del sesenta está registrada con la misma minuciosidad que se debe celebrar en todo el libro. En su conjunto es un viaje al desvarío intelectual que se abre con la teoría de la dependencia cuya obra más sensata es "Dependencia y Desarrollo en América Latina" de F.H. Cardoso y E. Faletto que está justamente relevada en el libro. Por lo demás, el dependentismo tuvo una importancia ideológica y política que sella definitivamente la ruptura entre la economía (que desde entonces comienza a constituirse desde un fundamento liberal) y la sociología (que se pliega y confunde con la crítica del positivismo científico y la recepción de las teorías críticas generalmente de inspiración neomarxista). Fue una réplica de la "querella epistemológica" alemana que tuvo una expresión latinoamericana sobresaliente en el marxismo de Franz Hinkelammert a quien tal vez debió mencionarse, entre otras cosas, por sus aportes a la teoría del subdesarrollo. El capítulo dedicado a los pensadores de la "liberación" reconoce a sus figuras centrales: la pedagogía de Paulo Freire (radicalizada en la teoría de la desescolarización de Iván Illich), la teología de la liberación de Gustavo Gutiérrez (radicalizada todavía por la teología del cautiverio de Boff o la teología de la revolución de Comblin), algo sobre el liberacionismo político de Guevara (entre los que hubiera mencionado a Regis Debray) y la llamada "filosofía de la liberación" del grupo argentino que culmina en las aventuras filosóficas de E. Dussel, A. Roig o R. Kusch. En su conjunto es un pensamiento extraño y bizarro y por esto mismo interesante como materia de estudio: todos ellos se sitúan al margen del canon de la formación académica, incluyendo a los dependentistas cuya formación económica estaba en ciernes, y producen un pensamiento que podría calificarse de "primitivista", sumario y radical. En muchos sentidos es la reflexión del "buen salvaje". Son todos autores de época que piensan en mundo que carece de economía monetaria, de escuela, de universidad o de iglesia. ¿Quién podría plantear razonablemente hoy día la desmonetarización de la economía? ¿O la desescolarización de la sociedad? ¿O la refundación de la Iglesia a través de las "comunidades de base"? Aunque parezca curioso, este fue efectivamente el mundo de la marginalidad latinoamericana, del "pueblo", desde el que se pensó en los sesenta: los umbrales de integración económica y social eran demasiado bajos y las oportunidades de desinstitucionalizar la sociedad estuvieron a la mano. En este mundo inestable, cuando los bordes o la periferia representaban la totalidad, se pudo imaginar un mundo sin instituciones, sin dinero ni escuelas ni iglesias: un mundo que prontamente hubiera quedado a merced del poder revolucionario del Estado como muchos descubrieron después con el renacimiento intelectual del liberalismo económico y político de los ochenta. El ensayo sesentista, por su parte, pierde su línea de continuidad histórica y se asocia con la autocomprensión de las grandes obras del "boom literario" latinoamericano": por esto mismo sus principales fuentes son Carpentier, Fuentes, Cortázar o Arguedas, refrendados por el ensayismo de O. Paz y M. Traba que versan justamente sobre el arte. Desde el boom, en efecto, la identidad latinoamericana se encuentra sobre todo en la expresión más que en la acción y en el lenguaje más que en la historia. Este giro en el ensayismo latinoamericano está bien documentado en el libro.

El pensamiento postsesentista completa la obra de E. Devés: el impacto de la derrota de Allende es el momento crucial que explica el renacimiento del pensamiento de derecha, asociado sobre todo al neoliberalismo económico chileno (que encuentra, sin embargo, soportes intelectuales en Vargas Llosa y en la crítica del "ogro filantrópico" de O. Paz) y la renovación intelectual del pensamiento de izquierda muy vinculado con el apogeo de la sociología política (en desmedro de la sociología económica de sello estructuralista que se cultivó en los sesenta) y con la teoría de la democracia (en contraste con la teoría del desarrollo de otrora). En un capítulo intermedio se revisa el pensamiento geopolítico latinoamericano (desde algunos teóricos de la seguridad nacional hasta defensores de los derechos humanos representados por Pérez Esquivel o de la desnuclearización en García Robles): salvo Methol Ferré, cuyas ideas sobre el resurgimiento religioso y el antiimperialismo cultural de América Latina pueden merecer mayor atención, los demás autores despiertan poco interés. Todo esto es historia más reciente donde las líneas de la tradición ensayística se pierden y difuminan con la reinstitucionalización de las ciencias sociales y el retorno del proyecto modernizador que abrió el período. En su conjunto, el libro de E. Devés es un trabajo detallado y excelentemente documentado sobre la historia del pensamiento latinoamericano del último medio siglo. Hubiera reemplazado el anexo fotográfico por un diagrama de las obras principales que se produjeron en el período y una presentación bibliográfica más sistemática. Siempre se podrá discutir la relevancia que se atribuye a unos autores que merecen un parágrafo aparte respecto de otros que solo están mencionados al pasar y en la feria de las vanidades el libro podrá ser objeto de algunos reproches. Pero se trata de una obra escrupulosa y equilibrada, que aunque toma pocos riesgos en la interpretación, realiza un trabajo serio y esmerado. Respecto del fondo, el libro deja claramente la impresión de que lo que América Latina hizo en la literatura -producir algo propio de alcance universal- no lo ha hecho ciertamente en el plano del pensamiento.

EDUARDO VALENZUELA CARVALLO
Pontificia Universidad Católica de Chile