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Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) v.36  Santiago ago. 2003

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942003003600027 

RICARDO KREBS, La Iglesia de América Latina en el siglo XIX, Ediciones Universidad Católica de Chile, Santiago 2002, 341 págs.

Obra, como su autor afirma, realizada en base de archivos originales, sino en excelente bibliografía, puede ser presentada como un excelente manual universitario, y también, como una obra que introduzca en el conocimiento de la polifacética acción del catolicismo en América Latina.

Seis capítulos la componen: 1. América Latina en la primera mitad del siglo XIX. 2. La Iglesia y los movimientos de Independencia. 3. La Iglesia y los nuevos estados. 4. Nuevas tendencias en la segunda mitad del siglo XIX. 5. La Iglesia latinoamericana en el contexto de la Iglesia Universal. 6. ¿Ha cumplido la Iglesia latinoamericana con su misión en el siglo XIX? Sigue la Bibliografía, en 9 párrafos que consta de 297 títulos.

Ricardo Krebs nos dice que su libro busca ser a la vez una crónica y un análisis interpretativo del acontecer histórico.

¿Cumplió la Iglesia su misión? Krebs lo afirma rotundamente, no obstante las dificultades y falencias del catolicismo es ese siglo.

Desvanece así la acerba crítica del siglo XIX, principalmente del liberalismo extremo anticatólico, que definió al catolicismo como una entidad retardataria y obsoleta, al mostrar no solo su acción evangelizadora y educadora, sino que también la activa participación del clero en los complejos procesos de la Independencia, negado por el liberalismo.

Queda en claro la acción social, notable, de órdenes religiosas en medio de los indígenas, como también del clero que organizó a un laicado piadoso agrupado en sociedades y cofradías.

Ante la crítica que cuestionaba la institución divina de la Iglesia, esta reaccionó y se organizó, bajo pontificados de Pío IX (1840-1878) y León XIII tomando las medidas para enfrentar un mundo cada vez más secularizado. Tal como en Europa, nacía el ultramontanismo.

Respecto del proceso de la Independencia, Krebs señala las tremendas tensiones que ella originaran, dividiendo a familias y organizaciones religiosas, como a toda la sociedad, que vivía en medio de una cultura escolástica, que se enfrentaba contra una Ilustración, por pocos seguida en América Latina, y los que lo fueron, fueron cristianos.

Se rompió con España, pero no con la Iglesia, aunque esta hubo de contar con grandes pérdidas económicas y bajas sacerdotales en el proceso de separación.

La desorganización que para la Iglesia significó la Independencia; la participación de figuras señeras en política (por otra parte algo normal en el sistema patronatista español), le trajo problemas que hicieron que bajase el impulso misionero y el servicio al pueblo, durante la primera mitad del siglo XIX.

La tendencia de revirtió en la segunda parte del siglo, y en todo él, el catolicismo conservó su prestigio espiritual y social, no obstante las fallas incluso morales del clero.

El catolicismo continuó siendo un vínculo entre las diversas etnias de América Latina, como lo había sido en los siglos coloniales.

Otro punto interesante, que desmiente la intencionada crítica del liberalismo decimonónico, fue la positiva acogida que de 1827 la Santa Sede dio a las incipientes repúblicas, que, aunque no reconocidas oficialmente, por 1840, tuvieron del Vaticano una solución positiva para la designación de obispos. Algo a lo que España se oponía tenazmente, tenía a estos pueblos por rebeldes, y el Rey era el Real Patronato.

En 1829 hay Nuncio en Brasil, y en 1831, el veto de Fernando VII al Cardenal Guistiniani, hizo que se eligiese al Cardenal Cappelani, Gregorio XVI, quien solucionó definitivamente el problema de la designación de obispos.

La mayoría de los Estados latinoamericanos tuvo al catolicismo como la única iglesia y también verdadera, aunque quisieron seguir usando los privilegios del Patronato, a lo que Roma, sin reconocerlo oficialmente, hubo de aceptar.

La Iglesia conservadora no fue cuestionada por los Estados. Más bien quisieron servirse de ella para moralizar a los pueblos, que en sus clases humildes sufrían de vicios como el alcoholismo, la ignorancia y casi nula organización familiar.

El siglo XIX permitió que las iglesias latinoamericanas libres de España, pudiesen comunicarse libremente con Roma, algo que no se dio durante el régimen colonial.

Muestra de colegialidad y de unión fue el Primer Concilio Plenario Latinoamericano en Roma el año 1899, donde, el arzobispo de Santiago Mariano Casanova y el jurista eclesiástico Rafael Fernández Concha tuvieron destacada labor.

Los distintos aspectos de la vida pastoral y religiosa van apareciendo en el libro, mostrándonos cómo el espíritu del cristianismo, su apostolado y misión se restaura después de las crisis independentistas, y se creyó capaz de forjar una cristiandad.

En el capítulo cuarto, se destaca el desarrollo demográfico y económico; el ascenso de nuevos grupos sociales, de empresarios exitosos, la estabilidad política y el debilitamiento de la tradición hispánica, como el auge del positivismo y del laicismo y el actuar de la masonería.

Se analiza con detalle la penetración del protestantismo y la actitud defensiva del catolicismo con el ultramontanismo.

En este contexto son analizados los conflictos entre la Iglesia, el Estado, comunes durante toda la segunda parte del siglo XIX, donde no poca violencia se vivió llegando hasta los exilios, expropiación de tierras e incluso muertes.

Esta confrontación llevó a la Iglesia a la renovación que se expuso en un clero más culto y apostólico surgido de buenos seminarios, con formación seria, en la óptica del ultramontanismo.

Nuevas diócesis, parroquias, sínodos y conferencias episcopales se estructuran vitalizando la misión evangelizadora y social, como también la incursión en política, formándose partidos de inspiración católica, bendecidos por la jerarquía, con el fin de combatir el laicismo ambiente, que especialmente en el plano educativo se enfrentaba con la Iglesia.

Particular interés tiene cómo se afrontó el problema social y la movilización de los seglares para enfrentar el problema y buscar soluciones en comunicación, con la incipiente doctrina social de León XIII.

La lectura de este excelente libro permitirá tener una visión clara y segura del acontecer decimonónico del catolicismo en tierras latinoamericanas.

PBRO.. LUIS EUGENIO SILVA CUEVAS