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Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) v.36  Santiago ago. 2003

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942003003600021 

JUAN RICARDO COUYOUMDJIAN, ELIANA ROZAS, JOSEFINA TOCORNAL: La Hora, 1935-1951, trayectoria de un diario político. Ediciones Universidad Católica de Chile, Santiago 2002, 310 págs.

Los autores emprenden esta historia de un diario, la que si bien esta dividida en tres partes formalmente, de hecho toca dos temas. Uno relacionado con el ambiente político chileno de los años 1935-1952 y otro el estudio del periódico mismo, como órgano de difusión y como empresa.

La primera parte se inicia preocupándose del segundo gobierno de Arturo Alessandri y la actitud del Partido Radical, frente a este. Inicialmente fue de apoyo pero, al poco tiempo, en la medida que el Presidente se fue acercando a sectores de derecha, el radicalismo fue derivando hacia una decidida oposición. En esas circunstancias los radicales (el mayor partido político de Chile, cfr., p. 16) y sus dirigentes, en particular Pedro Aguirre Cerda, se encontraron con que no tenían un diario que reflejase sus posiciones políticas.

En efecto, la prensa santiaguina, que incluía a los principales órganos periodísticos del país, pertenecían a personeros o grupos de derecha, la que ahora estaba en un decidido apoyo al gobierno. Entre estos: El Mercurio (de Santiago y Valparaíso) Las Últimas Noticias y La Segunda de las Últimas Noticias, de circulación vespertina esta última. Todos pertenecientes al familia Edwards y de tendencia liberal-conservadora. El Diario Ilustrado, órgano del Partido Conservador y de la Iglesia Católica, entonces muy tradicionalista. La Nación, diario que pertenecía al Estado desde su expropiación realizada por el general Ibáñez a su fundador y dueño Eliodoro Yáñez, y que era un periódico que si bien venía en decadencia en la medida que no podía mostrar una postura política objetiva por razones obvias, sí contaba todavía con la colaboración de algunas de las mejores plumas periodísticas del país. Esa empresa era dueña también del vespertino Los Tiempos. Quedaba El Imparcial, de línea un poco más independiente, pero en ningún caso crítica del régimen.

En la oposición estaba el diario La Opinión, de tendencia socialista, pero ningún otro. Existía pues el lugar para un nuevo diario que reflejase la opinión radical, ahora contraria al gobierno. Más todavía cuando el gobierno, que llevaba adelante el duro programa de ajuste económico creado y dirigido por el Ministro de Hacienda Gustavo Ross, iba perdiendo popularidad. El segundo gobierno de Alessandri, que había partido con promesas de cambio social y beneficios para los más pobres, tal como en su primera administración, había ido derivando a una convivencia cercana con la derecha.

Así nacía el diario La Hora el 24 de mayo de 1935. Venía a llenar un vacío evidente. Pero no por esto su aparición fue bien mirada por el gobierno de Arturo Alessandri que tendría con el diario y sus ejecutivos una tormentosa relación. La Hora llegó a ser allanada y sus directivos, tanto en lo periodístico como en lo empresarial, detenidos y relegados. Después se le persiguió y hostilizó de otras formas más indirectas.

No es de extrañar pues que el triunfo del Frente Popular a fines de 1938 significara un considerable alivio para el periódico, el que desde la oposición cerrada pasó a defender al oficialismo. Tanto más cuando Pedro Aguirre Cerda, el nuevo Presidente de la República, era importante accionista y figura decisiva dentro de La Hora.

Pero la empresa tenía problemas económicos. Esto está muy bien explicado. No en vano Ricardo Couyoumdjian, un especialista en historia empresarial, es el principal autor del libro que comentamos. Hubo necesidad de mejorar la infraestructura de producción y _ergo_ invertir. El problema económico se pudo complicar por la muerte del Presidente Aguirre Cerda; sin embargo, vino a solucionarse -o al menos a posponerse- cuando quien lo sucediera como primer mandatario resultó ser Juan Antonio Ríos, quien también era (directamente o por intermedio de su hijo) uno de los accionistas principales del diario, y le dio su apoyo. En cambio, cuando fue elegido Presidente de Chile Gabriel González Videla, la empresa pareció ir a la crisis. En las primarias del Partido Radical, La Hora había apoyado a Alfredo Duhalde, amigo de Ríos, y no a González.

Pero el nuevo Presidente muy pronto se abuenó con el periódico, lo necesitaba. Con todo, las dificultades para el diario subsistieron, pero más que en el ámbito político, en el financiero. La empresa, que había perdido gran parte de su capital, parecía ir a la quiebra. Fue entonces que el Partido Radical se hizo cargo directamente de La Hora; sin embargo, el problema financiero no se solucionó. Se contrataron prestamos y se amplió la empresa adquiriendo y vendiendo bienes y prestando servicios a terceros. Pero, vanos esfuerzos, del hoyo no se salía.

Por fin, por encargo del gobierno, se conversó con Germán Picó Cañas para que adquiriera La Hora. La solución parecía buena, el diario continuaba siendo un órgano con simpatías hacia el Partido Radical y además se impedía que pasara a ser controlado por la derecha. Picó, en asociación con Raúl Jaras, compraron el diario. Pero insistiendo que con la transacción "el diario ya no era `el órgano oficial de un partido político"' (p. 65).

Como diario independiente (al menos de nombre) La Hora no logró salir de sus problemas financieros. Una demanda de la Caja de Empleados Públicos y Periodistas por imposiciones impagas, presentada en 1950, vino a empeorar la situación. No hay duda que la precaria realidad económica, que siempre acompañó a La Hora, más allá de problemas de falta de avisaje y precio del papel, habla bien a las claras que la administración de la empresa nunca fue muy eficiente.

Se pensó, además, con razón, que a pesar de su insistencia sobre la independencia que lo caracterizaba, La Hora seguía siendo considerado un diario radical y ese partido iba en una debilitación progresiva, de allí que la venta también tendiera a declinar. Entonces se ideó una solución audaz con implicancias hasta el presente. Se sacó otro diario que paso a llamarse La Tercera de la Hora, para que no se confundiera con La Segunda de las Últimas Noticias de la cadena El Mercurio. Acertadamente se pensó que los vendedores la vocearían como La Tercera. Este diario existe hasta el día de hoy, aunque en circunstancias muy diferentes. El nuevo se trataba de un diario ágil, noticioso, verdaderamente independiente y fácil de leer. Su éxito, que al principio no pareció cierto, se fue afirmando hasta el punto que se decidió transformar La Tercera en matutino, lo que equivalía a la muerte de La Hora, la que lanzó su último numero el 7 de julio de 1951. Nunca pudo desprenderse de su cartabón radical y salir de sus endémicos problemas financieros.

Habiendo hecho la historia de la empresa, el libro vuelve a preocuparse de la política nacional. En definitiva se trata de un intento de penetrar en el sentido que tuvo la presencia del Partido Radical, en condición de mayor agrupación política de Chile, durante el segundo gobierno de Arturo Alessandri y los tres gobiernos radicales que lo sucedieron. El tema ya había sido abordado al comienzo del libro como vimos, pero ahora se hila más fino ya que se ven otros episodios y se entra en detalles. Es efectivo que, en algunos casos, se matiza, en tono diferente, ciertas situaciones relatadas al comienzo (así, por ejemplo La Hora que, al comienzo, era un diario "ágil" y claro, se transforma ahora en "combativo"). Es el riesgo que corren los libros con varios autores, sin que sea uno solo el qué de su redacción definitiva. Pero, en este caso, la diferencia de matices pasa casi desapercibida ante la cantidad de nuevo material historiográfico que se agrega. De hecho, sin perder el hilo conductor, que es siempre La Hora, de la cual se reproducen numerosos y a veces largos trozos de editoriales y crónicas, hay todo un relato de la gestión del radicalismo a cargo del Estado chileno en los años de la mitad del siglo XX (1939 a 1952).

La inserción de trozos del diario mismo es un método acertado para acercar a los lectores del libro a lo que fue el estilo y la línea del diario, evitando los adjetivos y juicios de valor.

¿Cual es el balance de esta historia del diario y el radicalismo? Notablemente ecuánime, más todavía si se tiene en cuenta que los autores no son precisamente simpatizantes de esa tendencia. Los defectos que caracterizaron el estilo de gestión gubernativa radical quedan de manifiesto indirectamente al relatar como fue administrado el periódico, en lo bueno y en lo malo, pues, en forma indirecta, muestra como era administrado el Estado. Así, aunque no se entrega una interpretación acabada sobre el periodo, lo que tampoco era pertinente en un libro consagrado a la historia de un diario, si se puede concluir con varias opiniones bien fundadas acerca de este.

La última parte del libro son estadísticas sobre la organización interna del diario, es historia empresarial "dura".

Se agrega una serie de apéndices muy completos, sobre accionistas, balances y diversas mediciones estadísticas. Útiles para quien le interese la historia de La Hora en cuanto empresa.

En suma. Un libro interesante porque toca un tema, la historia de la prensa, sobre el que se ha escrito poco y porque trata un período y un actor político, el Partido Radical, que tampoco han sido estudiados a fondo, entregando provechosa información rigurosamente presentada.

CRISTIÁN GAZMURI