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Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) v.35  Santiago  2002

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942002003500004 

HISTORIA, Vol. 35, 2002: 35-62

Juan Ricardo Couyoumdjian*
María Angélica Muñoz**

CHILENOS EN EUROPA DURANTE
LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL. 1914-19181


ABSTRACT

As a result of the outbreak of the First World War in Europe many Chileans stranded in Europe requested help from the diplomatic and consular representatives. The records of the Legation in London under Agustín Edwards, show the various forms of assistance provided, whilst the list of beneficiaries, admittedly a sample of the Chilean in Europe, show that travel was not restricted to the upper classes. This article also studies the situation of a number of Chileans directly involved in the war, who were assisted by the Chilean Legation in Great Britain.

Entre 1911 y 1924, Agustín Edwards representó a Chile en Gran Bretaña como Ministro Plenipotenciario en Londres. Al estudiar su actividad diplomática, se descubrió un interesante material relativo a los chilenos que se encontraban por entonces en Europa, y que se vieron afectados por los trastornos ocasionados por el estallido de la Primera Guerra Mundial. Algunos de ellos se encontraban en el Viejo Continente en forma transitoria; otros, como residentes. Muchos experimentaron conflictos de diversa naturaleza, viéndose en la necesidad de recurrir a la Legación para comunicarse con Chile, para solicitar recursos económicos u otras ayudas de distinta naturaleza, de acuerdo a cada caso en particular. Tales situaciones individuales presentan diferencias en los distintos momentos del conflicto; se aprecian, especialmente, al comparar las dificultades al comienzo de la Guerra con las que aparecieron en su etapa final.

El presente trabajo intenta aproximarse a dichas situaciones personales como expresiones humanas que trascienden los hechos políticos y militares, y nos revelan aspectos ignorados o muy desconocidos al interior de los grandes acontecimientos.

I. EL ESTALLIDO DE LA GUERRA Y LA AYUDA A LOS CHILENOS

El inicio de la Primera Guerra Mundial, en agosto de 1914, marcó el término de una época, hecho que no todos los contemporáneos pudieron prever en su real dimensión al comienzo de los acontecimientos. Sin embargo, en lo inmediato, las declaraciones de guerra levantaron un conjunto de barreras entre naciones que, hasta entonces, formaban una suerte de comunidad, no obstante la Paz Armada. El cambio fue violento y se produjo en pocos días.

La población chilena que se encontraba en Europa era bastante más heterogénea en su condición social, económica y cultural de lo que suele suponerse. La opinión generalizada tiende a homogeneizar las características de los viajeros. Se piensa que se trataba de un grupo selecto que pertenecía a los sectores altos de nuestra sociedad, que disponía de suficiente dinero para los viajes y que compartía un mismo nivel cultural. Sin embargo, existen datos que indican lo contrario. Basta, por ejemplo, tomar una lista de los becarios chilenos que recibían ayuda del Estado en 1913, y que residían en Europa o en los Estados Unidos; esta asciende a 52 personas, entre los cuales se encuentran el pianista Claudio Arrau, en Alemania; los pintores Eucarpio Espinosa, Julio Fossa Calderón y Manuel de Zárate, en París; Amanda Labarca estaba en la Sorbonne; el profesor, más tarde historiador, Ricardo Donoso, en España; los profesores Bernardo Salinas y Raúl Ramírez estudiaban inglés en Gran Bretaña, y los médicos Ernesto Prado Tagle y Armando Larraguibel se encontraban también en Europa2. Algunos de estos becarios permanecieron allí, sin problemas, durante toda la guerra, como fue el caso de Claudio Arrau que recibía periódicamente su pensión hasta 19203.

Las comunicaciones marítimas entre Chile y Europa eran frecuentes; así consta al revisar la prensa de Valparaíso donde se publicaban los itinerarios que seguían las naves de las diversas compañías de navegación. Numerosos barcos, de distintas dimensiones, partían de Valparaíso y de otros puertos sudamericanos varias veces a la semana; la prensa indicaba el nombre y la dirección de sus agentes, en Valparaíso, Santiago, Concepción y otras ciudades del país. Los pasajes podían ser de primera, segunda o tercera clase, conforme a la situación social y económica de los viajeros. Las cabinas de primera clase recibían a las personas de mayores recursos. En segunda clase viajaban funcionarios en comisión de servicio, empleados de empresas extranjeras, jóvenes becados por el Gobierno y otras personas que conformaban los sectores medios. La tercera clase consistía en estrechos recintos que se asignaban a los contingentes de inmigrantes obreros, personas de escasos recursos y marinos indigentes, repatriados por los cónsules chilenos4.

En la víspera de la Guerra, Valparaíso estaba conectado con Europa por tres rutas distintas. La primera, a través del Estrecho de Magallanes, era servida por diferentes compañías de vapores. La Pacific Steam Navigation Company tenía un servicio semanal; hacía escala en la Península Ibérica y Francia y terminaba en Liverpool5. La compañía inglesa Lamport & Holt Ltd. tenía vapores de pasajeros y de carga que unían a Glasgow, Liverpool y Le Havre con los puertos de Chile y Perú6. Las naves de la compañía alemana Kosmos, muchos de los cuales llevaban nombres egipcios, recorrían los puertos del sur de Chile para luego recalar en Montevideo o Buenos Aires, antes de seguir a Le Havre, Inglaterra y Hamburgo7. Sus buques estaban equipados con radiotelegrafía, lo que aún representaba cierta novedad. La Roland Linie, también alemana, tenía frecuencia más o menos semanal, y sus vapores recalaban en los puertos del sur de Chile y Río de Janeiro; luego cruzaban el Atlántico, rumbo a Amberes, Rotterdam y Bremen8. Los buques de la Navigazione Generale Italiana viajaban a los puertos italianos, por la vía del Estrecho. La Johnson Line tenía un servicio de vapores que unía a Chile y Escandinavia, aunque sus buques eran preferentemente de carga9.

La segunda ruta era vía Panamá. El canal no estaba aún abierto al tráfico, y era necesario, por lo tanto, hacer transbordo y cruzar el Istmo en ferrocarril. La Pacific Steam Navigation Company ofrecía, además del servicio indicado más arriba, otro itinerario, con frecuencia semanal, que recorría la costa del Pacífico sudamericano hasta Panamá. Un recorrido similar hacían las naves de la Compañía Sudamericana de Vapores. El trayecto a Panamá tardaba dos semanas. Los buques de la Pacific Steam Navigation Company hacían combinación con los de la Royal Mail Steam Packet Co., empresa asociada a la primera y representada por ella, con servicio quincenal desde Colón rumbo a Nueva York y a Southampton. Desde Colón salían también los vapores de la Hamburg Amerika Linie con destino a Europa o a Nueva York; sus salidas combinaban con los vapores de la Pacific10.

La tercera ruta, más rápida y cómoda que las anteriores, consistía en tomar el ferrocarril transandino y embarcarse en Buenos Aires. La Royal Mail ofrecía un servicio semanal de transatlánticos que se dirigían a los puertos de Gran Bretaña, Francia y Portugal11. En esta ruta operaba también la Nelson Line, compañía inglesa con agentes en las principales ciudades de Chile; ofrecía un servicio semanal de vapores a Europa en primera y segunda clase. El valor de sus pasajes era comparativamente reducido: se podía viajar a Gran Bretaña, ida y vuelta, por £25, unos 500 pesos chilenos de entonces12. Una compañía francesa hacía el servicio entre Río de la Plata y los puertos de Francia. La Compañía de Vapores Austro-Americana tenía salidas desde Buenos Aires con destino al puerto de Trieste, en el Mar Adriático, y proyectaba, por entonces, un servicio directo hasta Chile. Los vapores de la Lloyd Sabaudo viajaban a Barcelona, Génova y otros puertos del Mediterráneo13.

La guerra produjo trastornos inmediatos en los servicios navieros, hecho que alteró sensiblemente el movimiento de viajeros. Temiendo la superioridad de la marina de guerra británica, las compañías alemanas suspendieron sus servicios, y sus naves se refugiaron en los puertos alemanes y neutrales. Constatando el hecho, El Mercurio de 27 de agosto comentaba sobre los perjuicios que la detención de las naves en los puertos causaba al comercio14. Más aún, durante los primeros meses de la guerra, algunas naves germanas que circulaban en el Pacífico estaban en condiciones de atacar a los barcos mercantes británicos, lo cual afectó el servicio regular de unos y otros15.

Trastornos semejantes experimentaron los servicios telegráficos. Los cables que conectaban Europa con América del Sur estaban controlados por compañías británicas y norteamericanas. Como resultado de la guerra, las comunicaciones entre Chile y Alemania sufrieron alteraciones. En los primeros días, se hizo difícil incluso enviar mensajes desde otros países, en la forma acostumbrada, aunque se mantuvieron las comunicaciones directas entre Chile y Gran Bretaña16.

Con la declaración de guerra las relaciones financieras entre los países aliados -Gran Bretaña y Francia- y las potencias centrales -Alemania y Austria- se vieron interrumpidas de inmediato. La forma habitual de remesas de divisas desde Chile al exterior, para todas las actividades de comercio, era la letra sobre Londres; los viajeros recurrían a la carta de crédito. A raíz del conflicto y ante la alteración en las remesas del extranjero, el gobierno británico declaró una moratoria por 30 días en el pago de letras mientras se arreglaba la situación. Los bancos alemanes en Gran Bretaña debieron cerrar sus puertas; las letras giradas contra ellos dejaron de ser pagadas, y las cartas de crédito resultaban imposibles de cobrar. Algo similar sucedió en Francia con los bancos enemigos. Dichos trastornos no afectaron a las personas que llevaban consigo dinero metálico para sus gastos, pero crearon serias dificultades a quienes disponían de letras y cartas de crédito como medio para obtener dinero.

Estos efectos inmediatos de la conflagración afectaron a toda la población de los países en conflicto y, por cierto, a los chilenos que se encontraban en Europa. Sus solicitudes de ayuda llegaban a los diferentes representantes diplomáticos y consulares de Chile quienes, a su vez, las derivaban a la Legación en Gran Bretaña. Las comunicaciones entre Inglaterra y nuestro país no solo eran más fáciles; además, la Tesorería Fiscal en Londres, encargada de efectuar todos los pagos del gobierno de Chile en el extranjero, dependía de la Legación. De ahí la importancia que llegó a tener en esos momentos la representación diplomática chilena en Inglaterra.

La revisión de la correspondencia de la Legación permitió elaborar una base de datos de unas 430 personas, aproximadamente, considerando que, en algunos casos, se trata de matrimonios o de familias con uno o más hijos. La cifra total incluye a varios "chilenos desvalidos" y otros cuyos nombres no aparecen en los registros oficiales, pero que acudieron a los consulados en busca de ayuda; los montos asignados, según consta en los documentos, permiten estimar el número de individuos beneficiados. De este total existen unos 190 nombres de personas de quienes se conoce el lugar donde se encontraban al estallar el conflicto17.

Esta nómina solo representa una muestra de los chilenos o extranjeros residentes en Chile que se hallaban en Europa en ese momento. La ayuda prestada por la Legación en Gran Bretaña no implica que las demás representaciones diplomáticas y consulares en Europa no la hayan proporcionado también a los compatriotas conforme a sus medios, sin informar a Londres. Asimismo, es preciso considerar que hubo un número importante de personas, imposible de cuantificar, que no necesitó recurrir a los representantes oficiales, por contar con medios propios o contactos directos con los bancos y casas comerciales del país donde se encontraban. De ahí que no sea posible establecer el total de chilenos en el Viejo Mundo al iniciarse la Primera Guerra Mundial. Con todo, si tomamos como muestra la lista de 52 becarios mencionada más arriba, un grupo especialmente vulnerable, se verá que solo cinco de ellos aparecen en la base de datos, es decir, alrededor de un 10 por ciento. Si adoptamos esta proporción para el conjunto, con los ajustes del caso, el universo de chilenos podría alcanzar a 4.500 o 5.000 personas

Las solicitudes de ayuda se presentaban a la Legación de distintas maneras: en forma directa por parte de los afectados, por intermedio de las otras representaciones diplomáticas y consulares, o desde Santiago, a través del Ministerio de Relaciones Exteriores. Según su naturaleza, dichas peticiones pueden agruparse en las siguientes categorías: 1) pedidos de información acerca de parientes y amigos en Europa; 2) noticias enviadas por los viajeros desde Europa a sus familias en Chile; 3) solicitudes de ayuda económica de los chilenos en Europa para permanecer en el Viejo Continente o para regresar al país; en este último caso, era posible que necesitaran pasajes para volver; 4) remesas de dinero enviadas desde Chile, en respuesta a las peticiones anteriores o por iniciativa propia.

Al asumir esta tarea, que Agustín Edwards tomó con entusiasmo, la Legación se vio sometida a un enorme recargo de trabajo, no solo para el Ministro Plenipotenciario, sino también para el secretario de la Legación, Manuel Salinas, y para los demás funcionarios.

Ya en los primeros días de la guerra, Edwards autorizó al cónsul en Lisboa para proveer de fondos a los chilenos sin recursos que tenían pasajes de regreso en buques alemanes. El Gobierno les contrataría pasajes a Chile, en calidad de préstamo, en naves inglesas. Esta decisión fue autorizada por el Ministerio de Relaciones Exteriores18. Por el mismo tiempo, la Cancillería instruyó a Edwards en Londres para que remitiera dinero a los representantes chilenos en Viena, París, Berlín, Madrid y Roma con el fin de ayudar a familias que se encontraban en dichas ciudades. Estos dineros debían ser reembolsados a la Tesorería en Santiago, mediando la firma de un pagaré19. Edwards contestó de inmediato, el 5 de agosto: "Faisons demarches remettre £ 500.00 chaque Legation pour repatrier familles chiliennes"20. Dos días más tarde, informaba al Ministerio que, además de enviar dicha suma a cada Legación, atendía en Londres a "los chilenos [que] reciben toda asistencia del infrascrito". Y agregaba: "Hago gestiones para reservar camarotes en primer vapor que parta para Chile tocando Francia, España y Lisboa para todos los chilenos que quieran regresar y avisaré a todas las legaciones la fecha de salida con anticipación"21.

Además de los fondos ya remitidos a la Legación en Francia, se enviarían más recursos a París. Por esos días, se encontraba en Londres Augusto Villanueva, gerente del Banco de Chile; Edwards obtuvo que este enviara "un emisario a París con fondos efectivos para hacerles de su cuenta anticipos a los chilenos de allí"22. El 8 de agosto, el canciller, Enrique Villegas autorizó la compra de pasajes, por parte de las legaciones en Europa, destinados a las familias que quisieran regresar a Chile, e informó que Edwards tenía instrucciones de prestar su ayuda al respecto23.

El día 13 Edwards pedía nueva autorización, esta vez para "pagar pasajes de primera clase a familias chilenas acomodadas de escasos recursos que por la interrupción de negocios y en la mayoría de los casos la suspensión de pagos de los bancos alemanes coloca en la imposibilidad de obtener recursos y en situación angustiosa"24.

La presión desde Santiago, y también la falta de información, era grande. El mismo día 8 el Ministerio instruía a Edwards que depositara £3.000 en el Deutsche Bank, a nombre del Ministro Larraín Alcalde en Madrid, para hacer anticipos a familias chilenas que habían depositado el valor equivalente en la Tesorería de Santiago. Edwards debió explicar que el Deutsche Bank estaba cerrado pero que había hecho entrega de esa suma personalmente al Ministro Larraín que se encontraba temporalmente en Londres. En un intento por tranquilizar al Ministerio agregaba: "Puede U.S. estar cierto y asegurar familias que no omito esfuerzos para aliviar situación de deudos en Europa. Aunque circunstancias son penosas, estimo que mejorarán pronto y que no hay motivo de alarma"25.

Ante la imposibilidad de efectuar transferencias entre los países en guerra, los envíos de dinero a Alemania y Austria se debieron efectuar girando contra los fondos del Gobierno depositados en los bancos alemanes. Como las comunicaciones entre Gran Bretaña y esos países estaban cortadas, Edwards debió recurrir a la intermediación del cónsul de Chile en Estocolmo quien retransmitía los mensajes entre esas capitales. El Ministro de Chile en Berlín pedía £17.000 y se le autorizó para pedirlo al Deutsche Bank, indicando que se le depositaría tan pronto como las circunstancias lo permitieran26.

Las peticiones de ayuda a través de los representantes diplomáticos chilenos se multiplicaban. Ante ello y la imposibilidad de explicar cada caso por las ya mencionadas dificultades de las comunicaciones, el 22 de agosto Edwards pidió autorización para remesar las cantidades que solicitaran las legaciones, bajo la responsabilidad del Ministro que las pidiera. La solicitud fue acogida27. Días más tarde, Edwards resumía su trabajo de esta manera: "Hago indagaciones sobre lugar y necesidad de fondos. Creo oportuno hacer presente que las comunicaciones con todo el Continente son muy difíciles e inseguras y que no se pueden remitir giros telegráficos a ninguna parte. Hago llegar los fondos que familias depositan en Santiago valiéndome de distintos medios con un trabajo considerable. Todo aconseja que los chilenos que se encuentren acá regresen inmediatamente"28.

El mecanismo de hacer remesas mediante el depósito de dinero en la Tesorería en Santiago se hizo habitual. Con el fin de agilizar los trámites, Edwards solicitó al Ministerio que avisara cuanto antes de las sumas recibidas para hacer el desembolso correspondiente en la Tesorería Fiscal en Londres, con los fondos del Gobierno29.

Ante las emergencias, Edwards avisó al Ministerio que, para facilitar el regreso de familias chilenas con recursos en Chile, pero que no disponían de dinero en Europa, había tomado la iniciativa de otorgar "pasajes mediante recibos en forma de pagarés a 60 días para reintegrar valor en Tesorería Fiscal de Santiago"30. Las demás legaciones pidieron proceder en igual forma. Edwards aprobó la solicitud, confiando en la aprobación del Ministerio, "dadas las circunstancias extraordinarias".

El 7 de septiembre, Edwards planteaba al Ministro el problema que representaban las letras impagas de los bancos alemanes y proponía una solución que, sin tener carácter masivo, podría solucionar situaciones particulares de mayor urgencia: "Muchas personas se encuentran con letras de bancos chilenos y extranjeros domiciliados en Chile que no han sido aceptadas por los bancos girados. Aunque la acción legal de los tenedores queda expedita en Chile, se encuentran entretanto en situación insostenible. Como entiendo que el Gobierno ha ayudado allá a todos los bancos, podría, tal vez, exigirles que depositen en la Tesorería Fiscal de Santiago el importe de las letras que se encuentran en este caso giradas antes del 4 de agosto, siempre que sean de particulares y no de firmas comerciales. El infrascrito telegrafiaría a este efecto por cuenta de los interesados el número, fecha y nombre de cada letra y enviaría la letra cancelada por el tenedor. Estimaría respuesta telegráfica"31.

Esta fórmula implicaba un doble desembolso para los bancos alemanes, y por lo mismo no parece haber contado con la aceptación de los mismos.

En cuanto a la información recabada sobre los chilenos en Europa a través de los mensajes, esta es fragmentaria y desigual; sin embargo, permitió asomarse a este universo y apreciar el papel que le cupo a la Legación en cada uno de los casos. Personalidades oficiales consultaban sobre sus familiares en Europa y urgían su regreso. Así, el diputado Belfor Fernández preguntaba por su hijo Daniel que se encontraba en Londres, al cuidado de Miss Gertrudis Montiou de Roymont, Wellesley Rd., Strawberry Hill, y solicitaba su regreso inmediato. Por su parte, el senador Cornelio Saavedra estaba preocupado por su madre, Eufemia Montt, y la instaba a volver a Chile de inmediato; para ello pedía que Augusto Villanueva, gerente del Banco de Chile, quien, como se dijo, estaba entonces en Europa, le proporcionara los fondos necesarios y que se le dieran las facilidades para su pronto regreso. La señora Eufemia, que se encontraba en París junto a uno o más familiares, no mostraba demasiada urgencia en regresar, pese a las insistencias de su hijo. Permaneció en Francia durante todo el mes de septiembre, y solo el 15 de octubre se dirigió a Londres para tomar un vapor de la Nelson Line, rumbo a Sudamérica32.

La señora Mary MacAuliffe, al parecer la mujer del empresario Juan J. MacAuliffe, se encontraba en Hannover junto con su familia, al comienzo de la guerra. Allí se le enviaron sendas remesas de dinero en agosto y septiembre. En nombre del Ministro de Instrucción Pública, quizás amigo o pariente de MacAuliffe, el 30 de agosto se instruía a Edwards para que dispusiera el traslado de esta familia desde Alemania a Gran Bretaña, ya que se exponían a tener dificultades por su apellido británico. Edwards respondió que se había comunicado con el Ministro de Chile en Alemania para que la familia abandonara ese país cuanto antes33.

El Ministro de Relaciones pedía a Vicente Echeverría, el cónsul en Londres, que se hiciera cargo "del niño Álvarez", el hijo del jurisconsulto Alejandro Álvarez, "en poder de Montenegro", hasta que arribara su padre que viajaba a bordo del Rancagua. Otras informaciones indican que Álvarez hijo había regresado a Chile el 29 de octubre en el vapor Ortega.

Las peticiones llegaban también de otras esferas. La comunidad franciscana chilena enviaba un mensaje para que se hiciera contacto con el P. Casas Cordero que se encontraba en Tulda, Alemania. Pedía que se le repatriara, indicando que los gastos serían pagados por la propia comunidad. El religioso se embarcó a Chile, y la comunidad firmó un pagaré por el dinero adelantado. Muchos de estos adelantos, incluyendo el dinero para el P. Casas, no fueron pagados oportunamente, no obstante las obligaciones legales contraídas. A raíz del traspaso del servicio de Tesorería al Banco de Chile a mediados de 1918, salieron a luz las cuentas impagas de una larga lista de chilenos que habían recibido ayuda en 1914 y 1915.

Un caso dramático es el del Ministro belga en Santiago, el Sr Charmanne, quien recurrió al Ministerio de Relaciones para preguntar por su familia en Europa, inquietud más que razonable visto que su país había sido invadido por los alemanes. Al parecer la respuesta fue satisfactoria.

En respuesta a las urgencias planteadas desde Chile o por iniciativa propia, la mayoría de los viajeros respondían que se encontraban bien, y daban cuenta de sus próximos movimientos. El Barón Welszek indicaba que él y su familia se quedarían en Berlín; lo mismo hacía Paulina Brockmann; Berta Eugen regresaría de Berlín en caso de urgencia y esperaba instrucciones; igual cosa ocurría en otros casos, como el de Roberto Puelma quien solicitaba consultar a Dora Puelma si debía permanecer en Londres, indicando que, de ser así, requeriría fondos.

Algunos de los chilenos que se encontraron sin dinero recurrieron directamente a Edwards en calidad personal, como fue el caso de Pedro Subercaseaux Errázuriz. En sus Memorias, hizo más tarde un interesante relato de la situación que se presentaba a muchos chilenos y que él mismo experimentó en compañía de su cuñado, Juan Lyon Otaegui. La narración de los hechos merece una consideración aparte. Según señala Subercaseaux, la guerra europea se veía como una posibilidad lejana: "[Londres era] la inmensa metrópoli, que entonces gozaba de gran prosperidad y se mecía en la grata ilusión de que esa situación privilegiada duraría para siempre. Los rumores que corrían acerca de un posible conflicto con Alemania no parecían alarmar a nadie. ¿Quién se atrevería a atacar al Imperio Británico? ¿Qué gobernante sería bastante loco, como para romper el equilibrio reinante? Además, la guerra era cosa de otra época; ya no habría otra entre naciones civilizadas"34.

Pero el conflicto estalló. "Como testigo presencial que fui de aquellos días, trataré de dar unas pocas impresiones personales.[...] apenas declarada la guerra el 4 de agosto, recorrió las calles centrales de la City una curiosa procesión. En una carroza abierta, rodeado de guardias de gran parada, iba un rey de armas lujosamente ataviado y otros funcionarios con vistosos uniformes. En las esquinas principales se detenía el cortejo, resonaba un toque de trompeta y el rey de armas, con voz estentórea, lanzaba el tradicional llamado: "Oyez, oyez, oyez!"35.

El pueblo, habitualmente poco expresivo en opinión del autor,"se puso aun más callado que de costumbre. Todos andaban silenciosos y con aire preocupado que las circunstancias justificaban plenamente. [...] La única manifestación que presencié fue la de un hombre que se acercaba a las personas que pasaban y, con un dedo alzado, le decía a media voz: "¡Abajo Alemania!". Probablemente estaba borracho"36.

Por la noche, una muchedumbre avivaba al rey quien había salido al balcón en el Palacio de Buckingham, ante lo cual el pueblo entonó, con gran fervor, el himno tradicional, "God save the King"37.

Pasada la euforia inicial, Subercaseaux comenzó a experimentar los efectos del conflicto:

Para nosotros, viajeros extranjeros, la situación se puso inquietante. Fue establecida la ´moratoria´, con lo que perdieron su valor los cheques, cartas de crédito y otros valores que no fuesen dinero sonante. Pasamos ratos desagradables. En el hotel nos siguieron sirviendo las comidas al fiado, pero nos miraban con ojos desconfiados. Durante unos quince días, temimos ser expulsados del hotel por no tener con qué pagar la pensión. Mientras tanto, junto con otros compatriotas que se hallaban en el mismo caso, asediábamos la Legación de Chile a cuyo cargo estaba entonces don Agustín Edwards Mac Clure38.

A través de la Legación chilena, Pedro Subercaseaux obtuvo cheques del Banco de Londres, lo que mejoró su situación incierta: "[...] pude yo, al fin, presentarme a la oficina del hotel llevando en mano un billete del Banco de Londres por una suma considerable. Al instante los empleados del hotel recuperaron su sonrisa habitual, sus espaldas perdieron su tiesura y volvieron a inclinarse atentamente ante nosotros"39.

Además de la ayuda propiamente financiera, Edwards debió ocuparse de la repatriación de quienes la requerían. Como se dijo, las compañías navieras germanas habían suspendido sus servicios, con lo cual se produjo una disminución del tráfico y pasajes disponibles. Algunas de las personas que tenían arreglado su regreso con alguna compañía alemana recurrieron a la Legación para conseguir cupo en alguno de los barcos ingleses. No es coincidencia, pues, que los últimos recados corresponden de preferencia a noticias sobre su próximo regreso. Un telegrama pedía avisar al Ministro de Instrucción Pública que el pensionado Basilio Muñoz había partido a Chile, vía Italia; se anunciaba que Darío Risopatrón Barros había partido a España en el Orcoma, de la Pacific Steam Navigation Company, y que continuaría su viaje a Chile en el vapor siguiente. También estaban de regreso o habían salido a Chile Enrique Rodríguez Puelma, en un vapor holandés; P. Wiechmann y familia lo hacían vía Amsterdam, el 9 de septiembre; Luis Rojas Arancibia informaba que parte de su familia había partido a Chile, pero que él esperaría en Londres que sus hijos regresaran de Alemania; el señor Thomson mandaba avisar a Ricardo Undurraga, calle Merced 348, que partiría con su señora y familia a Valparaíso en el Oriana40.

Respecto a este último caso, es interesante observar que la mayoría de quienes enviaban o recibían mensajes no indicaban dirección; esta omisión hace suponer que se trataba de personas conocidas en las legaciones de los distintos países o en el Ministerio de Santiago. Las excepciones se concentran entre los extranjeros, como el joven Kaulen, quien solicitaba se informara a su padre, calle Huérfanos 1449, que se encontraba en Bruselas y estaba bien, sin perjuicio de esperar una remesa de dinero.

También daban dirección algunas personas más modestas, como era el caso de la pianista Rosita Renard. Estuvo becada en Alemania por el gobierno chileno desde 1910 hasta 1914, año en que la beca fue suspendida; así lo publicó en Santiago el Pacífico Magazine, el 18 de junio, manifestando por ello una fuerte crítica. Rosita, entretanto, había sido declarada "alumna honoraria" del Conservatorio Stern, en Berlín, donde contó con una beca completa. Se encontraba en esta ciudad cuando estalló la guerra. El 18 de agosto obtenía un elogioso certificado de término de estudios que le otorgaba su eximio maestro Martin Krause, quien fuera, a su vez, discípulo de Franz Liszt. Aunque Europa abría a Rosita una brillante carrera artística, su situación inmediata era apremiante. Se encontraba sola con su madre en el centro del conflicto. Pidió instrucciones a su padre, residente en calle Gálvez 168, sobre lo que debía hacer, agregando que, en caso de volver, necesitaría dinero. De hecho regresó apenas iniciada la guerra41.

Algunos, como Pedro Subercaseaux y su cuñado, postergaron el imperativo del regreso para atender su deseo de asistir a la consagración del nuevo Pontífice, Benedicto XV, y recibir su bendición. Lograron llegar a Roma con gran dificultad por la desorganización de los servicios de transporte, y asistieron a la primera audiencia pública del nuevo Papa. Finalmente, pudieron regresar a Chile, embarcándose en Génova, rumbo a Buenos Aires, desde donde prosiguieron a Santiago42.

A fines de enero de 1915, Edwards pidió autorización para suspender "las facilidades de pasajes a Chile y repatriaciones ordenadas por U.S." Por entonces, la situación de emergencia había terminado, y se estimaba innecesario prolongar esta franquicia de excepción. El 1 de febrero se le respondió afirmativamente43.

2. CASOS INVOLUCRADOS EN EL CONFLICTO 1917-1918

Superada la emergencia inicial, la guerra fue adoptando su propio ritmo. Los trastornos mencionados disminuyeron en los últimos meses de 1914 y comienzos de 1915. Surgieron, en cambio, otros problemas. Ya no se trataba de rescatar a las personas sorprendidas por el estallido de las hostilidades; quienes viajaban tomaban medidas de precaución. Los casos que llegaban a la Legación disminuían en número, pero aumentaban en dramatismo. Hubo chilenos de origen alemán convertidos en prisioneros de guerra por los ingleses, por considerárseles de nacionalidad enemiga; otros, de ascendencia británica, buscaron participar en los campos de batalla junto a las fuerzas aliadas; algunos se vieron enrolados en el ejército contra su voluntad; la salud, la dificultad y lentitud en las comunicaciones, la carencia de documentos suficientes, la falta de recursos económicos, fueron otros de los graves problemas que debieron enfrentar esos chilenos.

Daremos cuenta de algunos casos especiales que debieron ser atendidos por la Legación de Chile en Gran Bretaña, y que hemos seleccionado como una muestra de la situación. Los protagonistas fueron jóvenes chilenos, cuyos testimonios se refieren principalmente a los años 1916 y 1917, cuando la tensión había alcanzado para ellos un alto nivel de angustia. Al igual que en el punto anterior, la situación personal varía según las circunstancias de cada individuo en el momento que aquí se ha considerado.

2.1 Chilenos de origen alemán

A comienzos de 1916, los británicos capturaron al joven Hermann o Germán Strauss, a bordo del vapor danés Ocean, con destino a Suecia, probablemente con la intención de continuar viaje a Alemania. Fue internado como prisionero de guerra en el campamento de Knockaloe, en la Isla de Man, por sospechas de ser alemán. Strauss protestó, alegando ser chileno; el 10 de marzo escribió a la Legación, solicitando apoyo.

Edwards pidió documentos que acreditaran su presunta ciudadanía chilena, como ser su certificado de nacimiento e inscripción en el registro militar. Pero Strauss no disponía de ellos, ni siquiera de pasaporte. Solo tenía la filiación de policía de Mendoza y San Pedro, de la República Argentina. Sin embargo, señalaba que su padre, Tomás Strauss, residente en Valparaíso, podía enviar las pruebas requeridas. La Legación escribió a Valparaíso, pero no obtuvo respuesta.

En abril y mayo, Hermann Strauss reiteraba sus peticiones de amparo y de liberación, solicitando, además, ayuda pecuniaria para mejorar la alimentación insuficiente que recibía en el campo de internación. Edwards nada podía hacer, pues requería antes los documentos comprobatorios de su nacionalidad.

La correspondencia entre Hermann Strauss y Edwards continuó sin variaciones durante los meses que siguieron. El 23 de septiembre, Strauss escribía "en forma aún más angustiosa" para solicitar el amparo oficial. Indicaba la dirección de su padre, y aportó nuevos antecedentes: su nacimiento en Ercilla el 21 de octubre de 1892 estaba inscrito en el Registro Civil de Collipulli; en el Departamento del Ministerio de Guerra, en Valparaíso, estaba su inscripción en los registros militares, en 1911, y en el Regimiento "Maipo" de ese puerto había obtenido su exención del servicio militar.

En octubre, Edwards escribió al Ministerio de Relaciones Exteriores, resumiendo los antecedentes del caso y solicitando el envío de los documentos indicados por Strauss para iniciar gestiones ante el Foreign Office44.

La situación se prolongaba sin variaciones, y aumentaba la angustia de Strauss45. El 12 de enero de 1917, este se dirigía a Manuel Salinas, secretario de la Legación, comunicándole noticias de su padre de quien acababa de recibir una carta, fechada el 16 de noviembre del año anterior. En ella, Tomás Strauss informaba a su hijo de las gestiones realizadas en Valparaíso para ayudarle. Hermann Strauss, a su vez, comunicaba a Salinas estas noticias y transcribía algunos extractos de la carta recibida. Al enterarse de la situación de su hijo, Tomás Strauss se había dirigido de inmediato a la Intendencia, y allí: "[...] ‘presenté mi reclamo por tu prolongada retención. El secretario, señor de las Casas, me prometió dar los pasos necesarios para que te pongan en libertad. Los papeles han sido mandados a Inglaterra por el Gobierno Chileno hace como siete meses. Habrá algo de intriga"46.

Hermann Strauss creía que se trataba de un "tenebroso misterio", y no dudaba que era víctima de una intriga, como lo sugería su padre. Según la fecha de esa carta, los papeles tendrían que haber sido remitidos a Inglaterra en abril de 1916. Por esta misma carta, Strauss supo que su padre le había escrito antes, en distintas oportunidades, sin que ninguna misiva hubiera llegado a su poder. Strauss concluía que dicha correspondencia había desaparecido, como también las no menos de 120 cartas que él escribiera a su familia, y que esta no había recibido. El atraso en la recepción de los documentos y el extravío de la correspondencia eran, a su juicio, una "manipulación criminal": "En el espacio de casi un año ha habido tiempo suficiente para probar si soy o no chileno. Deseo y pido desde luego que se me restituya inmediatamente mi libertad, mi correspondencia y mi equipaje, viéndome de lo contrario, obligado a proceder sin consideración alguna con el fin de conseguir el derecho que me corresponde. Creo que como chileno tengo el derecho de acusar a los representantes de mi patria. Por consiguiente, suplico a Ud. poner en conocimiento del Sr. Ministro el contenido de la presente, para que este señor se digne exigir al Gobierno Británico que se me ponga incondicionalmente en libertad de acuerdo con el derecho que me asiste y considerando lo explicado al principio de la presente"47.

La Legación le comunicó que había solicitado en forma reiterada la documentación por cable sin tener respuestas. A comienzos de marzo, Strauss adoptó un tono desesperado y amenazante: "Deseo saber si la Legación de Chile está o no en situación de poder conseguir mi inmediata libertad; si le es imposible hacerlo, tendré que valerme de los medios que están a mi alcance, haciendo caso omiso de las consecuencias que pudieran resultar. Tengo que ventilar este misterio y salir de esta incertidumbre que día a día más me abate. No deseo nada más que mi libertad y he de conseguirla pues no puedo tolerar por más tiempo mi estadía en Knockaloe [...] No quiero encontrarme aquí en el campamento por más tiempo, pues mi vida me es todavía lo principal y cuando sea tarde, recién se llegaría a la conciencia de que una desgracia más se podría haber evitado"48.

Días después, envió su fotografía a Salinas para que la Legación lo conociera, ya que no había podido presentarse personalmente. Agregaba que, a través de una persona cuyo nombre no indica, supo que el gobierno chileno remitió sus documentos a Londres, aproximadamente en abril de 1916. Desde Chile se habían hecho todos los trámites necesarios para que él recuperara su libertad. Por lo tanto, debía tratarse de un "descuido aquí, en Gran Bretaña", y no sería difícil ponerlo en claro. Agradecería muy de veras a Salinas que le indicara cómo podría explicarse la situación que vivía. Se trataba de hechos, para él, incomprensibles49.

Nada cambió. Strauss insistía, pero nada podía hacer la Legación50. Finalmente, se recibió la respuesta del Ministerio de Relaciones. Estaba fechada el 21 de abril. Según los antecedentes del Ministerio de Guerra, Strauss era súbdito alemán, por cuanto estaba inscrito en el consulado alemán de Valparaíso; la situación no cambiaba por haber obtenido su exención del servicio militar en el Regimiento "Maipo"51. Strauss reaccionó con asombro: "A mí me consta que soy chileno; cierto es, que he estado inscrito en el Consulado Alemán de Valparaíso, pero habiéndome inscrito en los Registros Militares de Chile, según la Ley, a los 18 años, dejo de ser súbdito alemán. Al ser llamado para el servicio no me presenté, eximiéndome más tarde mi padre del servicio, encontrándome en la República Argentina. Solamente tendría derecho a ser castigado como remiso, pero no es posible que sin más ni más se me dé otra nacionalidad. Ruégole remitirme una nota de todos los gastos que ha tenido la Legación para hacerlos pagar en Valparaíso"52.

Ya no esperaba ayuda de la Legación. Buscaría sus propios medios: "ahora emprenderé yo lo necesario para probar lo que soy"53.

Strauss no fue el único chileno-alemán con problemas. El 25 de noviembre, el Ministerio envió un telegrama a Edwards anunciándole que el joven chileno Enrique Wegemann Gunther estaba detenido en Plymouth por las autoridades inglesas. Se le rogaba gestionar su libertad, agregando que los documentos que acreditaban su nacionalidad chilena se estaban enviando en el próximo vapor. Edwards contestó de inmediato que Wegemann había sido puesto en libertad un mes antes, el 23 de octubre, "merced a las gestiones del infrascrito"54.

Otro caso es el de Kurt Steinmeyer, chileno, que fue apresado por los ingleses en Gibraltar, como sospechoso de ser alemán. Steinmeyer acudió a la Legación pidiendo amparo. Alegó tener pasaporte chileno de la prefectura de Valparaíso, y dio como referencia a Roberto Steinmeyer, de ese puerto. Edwards consultó a Santiago sobre este caso. El Ministerio le confirmó que, efectivamente, se había expedido un pasaporte a Steinmeyer, por cuanto había nacido en Chile, y que no estaba inscrito en el consulado alemán, con lo cual quedaba el campo despejado para la acción diplomática55.

2.2. Chilenos de nacionalidad inglesa.

Distintos eran los problemas que podían enfrentar los anglo-chilenos, como fue el caso de Arthur Reed. Había nacido en Santiago en 1890 y era hijo de padres ingleses. Su abuelo, Sir John Nicholas Reed, había sido condecorado con la orden de San Miguel y San Jorge por la Reina Victoria. Por entonces su padre, ingeniero arquitecto, trabajaba para la familia de Agustín Edwards en las personas de sus parientes Alberto Hurtado Concha, Panchita Edwards y J. Benavides; este último administraba el fundo "La Peña", en Calera.

Reed había cumplido en Chile con el servicio militar, y en 1913 era aspirante a oficial en el Regimiento "Maipo" Nº 12, de Infantería, en Valparaíso. Súbdito británico por sus padres, quiso ingresar a las filas del ejército británico para combatir en la guerra. Se embarcó rumbo a Gran Bretaña, y llegó a Liverpool el 14 de mayo de 1917. Desde ese puerto escribió al secretario de la Legación de Chile; avisaba que no le era posible ir a Londres a retirar su correspondencia, y solicitaba que le fuera enviada a Liverpool. Al día siguiente escribía nuevamente. Por motivos que desconocía, las autoridades no le permitían desembarcar. Reiteraba su pedido de envío de la correspondencia a bordo, camarote Nº 113. Esperaba cartas desde Santiago o Valparaíso, que debían llegarle en forma directa, o bien al Consulado de Chile o a la Legación. Por otra parte, su padre, Arturo M. Reed, le habría mandado dinero que tampoco había recibido. Reed pedía que su caso fuera conocido por Agustín Edwards y que se investigara la razón por la cual no se le permitía desembarcar: "he venido con el patriótico objeto de enrolarme al Ejército Británico después de haber cumplido [con...] mi patria haciendo mi servicio militar [...]

Hoy vengo a cumplir en el Segundo [sic] país de mis padres, este Gran Reino, y no se me deja desembarcar talvez porque he cursado infantería en Chile y soy hoy día un oficial de reserva [...]"56.

Sin embargo, sus aspiraciones parecen haberse cumplido pues, en agosto del mismo año, escribió a Agustín Edwards desde el campo militar al que había sido asignado57. Reed creía que el Ministro había estado de vacaciones, pues le había escrito hacía un mes o más y no había tenido respuesta. En esa carta incluía recortes de El Mercurio, La Unión, La Opinión, y deseaba recuperarlos. Asimismo, le pedía clarificar sus dudas sobre la solicitud que le había presentado58. Temía que su carta se hubiera extraviado por el cambio de guarnición al que fue sometido. Hacía tres meses que estaba en esa "nación extraña para mí". Aún no había tenido noticias de Chile, como señalaba en sus primeras cartas de mayo. Pensaba en el extravío de toda su correspondencia. Avisaba que antes del 30 del próximo mes [septiembre], partiría a Francia. No había podido ir a Londres a entrevistarse con el Coronel Arthur Mac Donald, del "War Office", quien le había ofrecido un puesto como intérprete de las tropas portuguesas en Francia: "[Espera que él] intervenga en mis asuntos en esa ciudad que siempre es necesario en estos casos pues no tengo en este país a nadie[;] así sin estos requisitos esto tenía que ocurrir[,] pero tengo aun esperanzas y muy grandes de obtener mi puesto pues hoy en la Orden del Regimiento se ruega a todo el que posee el Portugués presentarse a la Comandancia a las 9 a.m. antes del 21 de los corrientes lo que me consuela pues si aun cuento con su benevolencia para conmigo poder ir a Londres en este mes y arreglar este asunto tan importante para mí"59.

Había recibido una carta de Mejillones, en la cual le comunicaban que le escribieron con destino a su dirección permanente en Londres, Nº 1 Queen Anne´s Gate, que era la antigua dirección de la Legación. Pensaba que, quizás por descuido, el secretario no se la había remitido.

En El Mercurio que le mandó el Club se enteró "con sumo placer" de que el valor de la moneda chilena había subido considerablemente desde que salió del país. Había llegado a 13 peniques. Por el Times se acababa de informar de la progresiva subida del cambio y esperaba que esta se mantuviera. Muchos chilenos no lo creían conveniente por diversos motivos, en particular quienes "manejan las riendas del país": "por esto todos anhelamos llegue el día en que Ud. Señor se resuelva volver al País pues estamos convencidos en que Ud. será el "right man in the right place" que tanto tiempo buscamos para que rija los destinos de nuestro querido Chile"60.

Esperaba visitarlo en sus vacaciones, antes de partir a Francia, siempre que para entonces hubiera recibido dinero de su padre. Su deseo era viajar a Londres antes de sus vacaciones reglamentarias, a fin de activar su nombramiento en el "War Office", pero "las reglas de la milicia" le impedirían obtener el permiso con esa finalidad. Por este motivo, Reed proponía a Edwards una estrategia: enviarle una carta en inglés pidiéndole visitarlo el domingo en Londres. De ese modo, Reed podría solicitar un permiso "especial desde el sábado 25 - 6 a.m. a domingo 26, 10 p. m.". Confiaba en que Edwards no se molestaría por las "humildes líneas" que le dirigía. Creía un deber y una responsabilidad mantenerlo en conocimiento de su situación y de su "paradero", y depositar en él toda su "confidencia".

No hay constancia de una respuesta de Edwards a la solicitud de Reed. El 10 de diciembre de 1917, este escribía nuevamente a la Legación, preguntando siempre por la correspondencia que no recibía61. Por entonces ya había sido trasladado a otro campamento en Francia, que consideraba "muy bonito pero muy pobre y sin ningún recurso". Pedía que le enviaran El Mercurio, "in case the Club does not send them to me". Preguntaba por las cosas de Chile, entre ellas el valor del cambio: ¿aún estaba el peso a 15 peniques? Agradecía las atenciones recibidas de parte de Edwards y de Ricardo Pepper, sin mencionarlas. Lamentaba no poder extenderse, ya que no le estaba permitido.

El 26 de diciembre agradecía al Secretario de la Legación la información proporcionada: la Legación no había recibido encomienda ni correspondencia para él: "Actualmente me encuentro no muy distante de la línea de fuego [...] así he dejado el Reinforcement Camp y mi dirección ahora es [...] Nº 11 [¿?] - K.R.R.C-Div.-A Coy - B. E. F. France [,] dirección que creo será para eternidad o mejor decir hasta que esta terrible guerra termine. Después de año nuevo [ falta un trozo de papel]" 62.

Ignoramos la suerte posterior de Reed.

2.3. Los chilenos enrolados: Sagunto Real

A la Legación llegaron dos casos dramáticos de chilenos enrolados en los ejércitos aliados. El primero corresponde a Sagunto Real. Según sus propias declaraciones había nacido en Santiago el 29 de marzo de 1897. Fueron sus padres Julio Real y Prado y Julia Vianna quien, a la fecha, ya había enviudado. Sagunto Real tenía 20 años, y le correspondía hacer el servicio militar en Chile. Creía que Edwards conocía a su familia, "porque mi padre tenía grandes librerías e imprentas en Santiago y fue fundador del cuerpo de bomberos y conocido entre la alta sociedad de mi patria"63.

Encontrándose en Canadá -no indica los motivos- lo reclutaron "para el servicio como ciudadano canadiense". Entonces no sabía una palabra de inglés. Al momento de escribir a Edwards ya había aprendido a hablar una que otra. Se dirigía al Ministro para pedirle el "sacrificio" de intentar liberarlo del ejército canadiense. Pertenecía al primer batallón de Tropas de Ferrocarril canadienses, donde trabajaba "todo tiempo sin descansar". Recibía nueve dólares al mes, sueldo que debía repartir entre su "pobre madre", sus hermanos y sus necesidades personales. ¿Qué podía hacer con tan escaso salario? "No me queda a mí, ni para un pequeño paquete de cigarrillos, mucho menos para los otros gastos que tengo que hacer con esta miserable suma de dinero".

Y añadía en post data: "En este momento no tengo ni un pedazito [sic] de cigarrillo ni nada. Espero su contestación enseguida. [sic]"64.

Si Edwards pudiera conseguirle "la baja para regresar a mi patria o hacer" que lo pasaran "a otro cuerpo de reserva en Inglaterra hasta que pasa la guerra", él sería su "más humilde servidor" y "su leal sirviente", no tanto por sí mismo, sino por su "pobre madre," viuda, anciana, a cargo de sus "hermanitos".

Veinte días después, el 1 de noviembre de 1917, Sagunto Real insistía en sus requerimientos de ser relevado. Añadía nuevas causales y pedía respuesta inmediata: "cada día es más el odio que nos tienen aquí porque no nos entienden nuestra lengua hasta el extremo que estando enfermo me mandan a seguir trabajando porque soy chileno y no soy inglés"65.

Enviaba papeles del consulado de Chile en Liverpool, pasaporte y carta de su madre para atestiguar su carácter de chileno. El 10 de noviembre, Luis Barrie, el agregado naval, se dirigía al Secretario del Ministerio de Guerra presentando el caso de Sagunto Real. Acompañaba su pasaporte, y pedía devolverlo con la respuesta: "Considering that the man is a Chilean citizen and wishes now to be discharged from the British Army I should be very grateful to you if you will do, on his behalf, all what is in your power so as to obtain his discharge, on the grounds he is under age"66.

Posteriormente, el 20 de noviembre, escribía a Real, por encargo de Edwards, y le informaba que se habían iniciado las gestiones para acceder a su solicitud. La carta iba dirigida a un hospital67. Dos días más tarde, K. L. Bainesfield, a nombre del Director de Movilización, respondió a Barrie que estaba atendiendo el asunto68. El 4 de diciembre, Sagunto Real se dirigía a Edwards, informando haber recibido la carta del 20 de noviembre respecto al inicio de las gestiones. Reiteraba que su padre fue persona conocida en la sociedad chilena, hecho que ya había indicado en su primera carta del 11 de octubre69.

El 17 de diciembre, Real escribía nuevamente al Ministro de Chile en Londres. Acusaba recibo de carta y relataba nuevos detalles anecdóticos de su situación. Se quejaba, entre varias cosas, de que el Ejército había interceptado la correspondencia que él mandara a su "amigo en la Frontera", el único que hablaba castellano: "yo todavía estoy enfermo y en estos días de tremenda nevada mucho más. Ruego a Ud. señor se sirva contestarme y darme la respuesta de estas cortas líneas y comunicarme de mi discharge antes de morirme en este destierro y ruina"70.

El 22 de diciembre, el Brigadier General del ejército canadiense informaba al Agregado Naval acerca del caso. El soldado chileno tenía más de 18 años, y, por ende, su solicitud de "baja" no se podía atender. Aprovechaba la ocasión para rectificar el número indicado por el "Private" Real en su carta del 17 de diciembre; no era el número 2569362 sino el 249788771. Sagunto Real, entretanto ponía en el Ministro sus últimas esperanzas; el 23 de diciembre, le escribía: "Le pongo en conocimiento que yo sufro mucho de fiebre terciana y aquí los doctores no me la pueden curar, ni saben lo que es, cada dos días me viene la fiebre hasta el grado 107.6; que me encuentro loco, y los doctores me ponen capuchas de agua caliente. Ruego a Ud. se sirva hacer lo posible porque yo talves (sic) me muera en una de estas noches de demasiada fiebre"72.

El 25 de diciembre preguntaba nuevamente por su "baja", su "discharge": "[...] todos los canadienses me pasan aquí insultando y diciendo que yo soy el descrédito del ejército canadiense y que yo no debo decir que estoy en el ejército de Canadá, en primero porque no hablo el inglés y lo segundo porque yo no le doy ni el más pequeño cigarrillo, así es que como ellos no me dan nada a mi yo no tengo derecho de darle nada a ellos, aquí quieren bien mi dinero y todas mis cosas pero no nos quieren a nosotros los latinos ni siquiera nuestra lengua [...]"73.

Nada más se supo de Sagunto Real y es probable que no sobreviviera en esas condiciones.

El otro caso es el de Juan Ossa, Private 529027 en los Royal Canadian Dragoons, C.A.M.C. Army Post Office. Este soldado raso en el ejército canadiense fue enrolado por un año o por la duración de la guerra. El año expiró en febrero de 1917. Ossa quiso obtener su licenciamiento y consultó a la embajada en mayo de 1917. Su petición fue atendida por Luis Barrie quien dio pronta respuesta: Si Ossa tenía más de 18 años, nada podía hacer74. El 21 de mayo, Ossa informaba que su edad era de 27 años cumplidos. "Como mi familia no dejará de hacer indagaciones sobre mi paradero y en atención a que mi padre se ha encontrado en este último tiempo delicado de salud y su edad no le permite soportar sin perjuicios esta clase de disgustos, le agradecería que si llegaran a su conocimiento me las hiciera saber antes de contestar, para tomar medidas que atenúen el impacto"75.

Ossa agregaba que había pedido traslado a una compañía de ametralladoras para ir antes a Francia y allí obtener ingreso al ejército francés. Un año más tarde hubo una nueva gestión ante el gobierno, resumida por Edwards en una ayuda memoria: "Juan Ossa. El año expiró en febrero pasado. Ossa no habla inglés y cuando se alistó, según afirma, el intérprete le aseguró que era solo por un año. Aunque soldado raso al presente, pertenece a una buena familia y tiene buena educación. No ha conseguido brevete de oficial porque sabe poco inglés. En varias ocasiones ha corrido serio peligro en el frente como resultado de no entender lo que se le decía. Fue herido hace poco y su familia tiene mucho interés que sea licenciado o destinado a trabajos no peligrosos. El soldado Ossa se dirigió a su coronel quien lo ha autorizado para tratar de obtener su licenciamiento a través del Alto Comisionado de Canadá a quien parece competir el asunto"76.

Al parecer, Ossa sirvió hasta el final de la guerra. En respuesta a una consulta desde Chile, en abril de 1919, el encargado de negocios, Manuel Salinas, informó que Ossa había sido licenciado del ejército; quería regresar a Chile, pero carecía de dinero. Pedía que se le mandaran £150, suma que se le podría enviar a través del cónsul de Chile en Londres77. La familia comunicó que no estaba en situación de remitir el dinero. Salinas pidió al Ministro de Relaciones autorización para repatriar a Ossa en segunda clase: "De otra manera se encontrará pronto en la más completa indigencia pues el próximo mes termina exigua pensión de soldado desmovilizado que recibe del ejército aquí"78.

Hasta aquí la documentación al respecto.

En sintesis, las solicitudes de Hermann Strauss se dirigieron al Ministro para pedir su apoyo a fin de obtener su libertad y salir del campamento alemán, donde había sido recluido. Al no comprobarse su nacionalidad chilena, debió permanecer allí, probablemente hasta el término de la guerra. En cambio, Wegemann y Steinmeyer, que habían sido hechos prisioneros por los ingleses debido a su origen alemán, fueron liberados prontamente, una vez demostrada su calidad de chilenos. Reed, por el contrario, insistía en incorporarse al ejército británico, y esperaba con ansiedad en Liverpool la autorización para desembarcar. Strauss y Reed eran de origen europeo, y contaban con el apoyo de sus respectivos padres en Chile. En cambio, Sagunto Real, y Juan Ossa eran chilenos que carecían de dinero y, en el caso del primero, también de cultura básica. Real intentaba demostrar que su padre era conocido en la alta sociedad de Santiago por vinculaciones de trabajo, de lo cual se desprende que Real era un hombre de origen más bien modesto. La familia de Juan Ossa tampoco disponía de demasiados medios, a juzgar por el abandono en que él quedó.

Tanto estos casos, como los mencionados en la primera parte, son trozos de historias personales, cuyo contenido esencial, debidamente documentado, ilustra las diferentes condiciones de los chilenos que viajaban a Europa a comienzos del siglo XX, y a quienes sorprendió la guerra en circunstancias también diversas. A todos ellos, sin embargo, el conflicto mundial los involucró personalmente ocasionándoles incertidumbre y angustia. Todos recurrieron a la legación de Chile en Londres; sus casos fueron conocidos por el ministro Agustín Edwards y se intentó solucionarlos.

No disponemos de antecedentes acerca de la suerte que corrieron otros jóvenes envueltos en la guerra y que, muy probablemente, representan situaciones similares a las descritas. En los casos mencionados existen importantes vacíos en la información: la identificación de los protagonistas es muy débil, y las situaciones de cada uno se presentan extremadamente incompletas. En la mayoría de los casos, desconocemos su desenlace. Sin embargo, los documentos nos han puesto frente a esos casos individuales que, de hecho, existieron, aunque ocultos por la dimensión del conflicto universal.

Esta investigación no pretende un estudio biográfico de los chilenos involucrados en el conflicto. Sin embargo, hemos querido aproximarnos a ellos por el significado que encierran: son trozos de historias personales, cuyo contenido nos muestra una de las formas como la sociedad chilena, en un país lejano al conflicto, pudo verse directamente involucrada en la guerra a través de sus ciudadanos. Esas historias ilustran también la gran variedad de circunstancias particulares que vivieron chilenos de diferentes condiciones, envueltos directamente en la guerra europea.

En otro plano, el estudio de estas situaciones sirve para ilustrar una de las tantas funciones que cumplió la Legación, ofreciendo atención a los casos particulares, a la vez que permite apreciar la dimensión humana y personal que pueden adquirir las instituciones oficiales en casos extremos.

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* Profesor del Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

** Profesora del Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

1 Este trabajo corresponde a la investigación financiada por el Proyecto Fondecyt 1000581.

2 La lista de becarios consta en la Memoria de la Legación de Chile en Gran Bretaña, 1913. Archivo Nacional, Archivo Siglo XX (en adelante AN Sº XX), Ministerio de Relaciones Exteriores, Vol. 1503.        [ Links ]

3 Ver Decreto Supremo N° 1644 de 14-6-1918; Agustín Edwards a Miguel Cruchaga, Ministro de Chile en Berlín, Conf. Nº 1178, 22-6-1918, Archivo Histórico del Ministerio de Relaciones Exteriores (en adelante AHMRE), Vol. 713; Salinas a Banco de Chile, 398/2346, 28-12-1919, AHMRE. Vol. 772.

4 El caso de la marinería repatriada ha sido estudiado por Gilberto Harris: "La marinería chilena enganchaba en naves de bandera extranjera durante el siglo XIX. Aspectos históricos, jurídicos y diplomáticos", en Gilberto Harris Bucher, Emigrantes e Inmigrantes en Chile, 1810-1915. Nuevos aportes y nuevos revisionistas. Valparaíso. Universidad de Playa Ancha Editorial, 2001, 95-121.        [ Links ]

5 El Mercurio de Valparaíso (EMV), 6 de agosto de 1914, 10.

6 EMV, 11-7-1914, 12

7 Idem.

8 Idem.

9 Idem.

10 Id.; EMV, 1-7-1914, 12; Ibíd., 11-7- 1914, 12; Ibíd., 6-8-1914, 10.

11 EMV, 11-7-1914, 12; Ibíd., 12 -8-1914, 10; Ibíd., 21-8-1914, 8.

12 EMV, 11-7-1914, 12

13 EMV, 7-8-1914, 10, y 21-8-1914, 8

14 EMV 27-8-1914, 1 cols 2-3; ya el diario de 6-8-1914 (p. 8), no registraba avisos de las compañías alemanas.

15 Sobre las correrías de buques alemanes véase J. Ricardo Couyoumdjian, Chile y Gran Bretaña, durante la Primera Guerra Mundial y la postguerra, 1914-1921, Santiago, 1986, 51-54.        [ Links ]

16 La falta de comunicaciones telegráficas llegó a afectar a los diarios, aunque El Mercurio de Valparaíso (16-8-1914, 3 col 1). se ufanaba de haber podido conseguir un servicio noticioso desde Londres, gestión en que debió intervenir el propio Edwards.

17 Ver lista en el anexo.

18 Edwards (Edwards) al Ministro de Relaciones Exteriores (Min. Rel.), oficio Confidencial Nº 199, 4-8-1914. AHMRE. Vol. 500. Min.Rel. a Edwards. Telegrama Nº 50, 5-8-1914. AHMRE. Vol. 500.

19 Min. Rel. a Edwards, Conf. 126. 5-8-1914. AHMRE Vol. 500.

20 Edwards a Min.Rel. Tel. Nº 77 en Conf. 122, 5-8- 1914, AHMRE Vol. 500.

21 Edwards a Min.Rel., Conf. 132, 7-8-1914. AHMRE Vol. 500.

22 Idem.

23 Edwards a Min.Rel., Conf. 136, 8-8-1914. AHMRE Vol. 500.

24 Edwards a Min.Rel., Conf. 172, 13-8-1914., AHMRE Vol. 500.

25 Edwards a Min.Rel. Tel. Nº 89, citado en oficio de Edwards a Min.Rel., Conf. Nº 139, 8-8-1914, AHMRE Vol. 500.

26 Edwards a Min.Rel., Nº 136, 8-8-1914. AHMRE Vol. 500.

27 Edwards a Min.Rel., Conf. 206, 22-8-1914. AHMRE Vol. 501.

28 Edwards a Min.Rel., Conf. 229, 26-8-1914. AHMRE Vol. 501.

29 Edwards a Min.Rel., Conf. 132, 7-8-1914. AHMRE, Vol. 500; del mismo al mismo, Conf. 150, 13-8-1914, Ibíd.

30 Edwards a Min.Rel., Conf. 277, 6-9-1914. AHMRE Vol. 501.

31 Edwards a Min.Rel., Tel. Nº 239 en Conf. Nº 305, 7-9-1914. AHMRE Vol. 501.

32 Edwards a MinRel, Nº 149, 13-8-1914, AHMRE Vol. 500; del mismo al mismo, Nº 261, 1-9-1914, AHMRE vol. 501; del mismo al mismo, Nº 408, 5-10-1914, Ibíd.

33 Edwards a Min.Rel., Conf. 290, 9-9-1914, AHMRE Vol. 501.

34 Pedro Subercaseaux, Memorias, Santiago, 1962, 147.         [ Links ] Tal era el sentir de la época. La confianza en la ciencia y en el progreso se extendieron entre los sectores cultos de la sociedad occidental. Documentos, estudios y literatura de comienzos del siglo XX indican que la guerra era entonces un hecho inimaginable.

35 Idem, 147-148.

36 Idem, 148.

37 Idem.

38 Idem.

39 Idem. 148-149.

40 Edwards a Min.Rel., Nº 452, 16-10-1914. AHMRE Vol. 502.

41 Edwards a Min.Rel., Nº 175, 14-8-1914, AHMRE Vol. 501. Samuel Claro Valdés, Rosita Renard, pianista chilena. Santiago. 1993, 26-34.        [ Links ]

42 Subercaseaux, ídem, 149.

43 Min.Rel. a Edwards, Conf. 71, 1-2-1915, AHMRE Vol. 524.

44 Edwards a Min.Rel., Conf. Nº 288, 16-10-1916. AHMRE Vol. 579.

45 Strauss a Salinas, 12-1-1917. Sus datos eran P[risoner] o[f] W[ar] 25963. Camp. I. Compound II, Hut 1ª Knockaloe. Camp./ Isla de Man. AHMRE Vol. 652.

46 Edwards a Min.Rel., Conf. Nº 77, 15-3-1917. AHMRE Vol 640.

47 Strauss a Salinas, 12-1-1917, AHMRE Vol. 652.

48 Strauss a Salinas, 4-3-1917, AHMRE Vol. 652.

49 Strauss a Salinas, 20-3-1917, AHMRE Vol. 652.

50 Strauss a Salinas, 29-5-1917. AHMRE Vol. 652.

51 Min.Rel. a Edwards, Nº 29, 21-4-1917, AHMRE Vol. 640.

52 Strauss a Salinas, 15-8-1917. AHMRE. Vol. 652

53 Idem.

54 Edwards a Min.Rel, Conf. Nº 590, 7-12-1914. AHMRE Vol. 502.

55 Edwards a Min.Rel. Conf. Nº 235, 17-5-1918. AHMRE. Vol. 525.

56 Arthur Reed a Salinas, 15-5-1917, AHMRE. 674. Hay cartas escritas en inglés y en castellano, dependiendo, según indica su autor, del objetivo que busca. Habitualmente, no coloca puntuación. Los puntos suspensivos corresponde a texto ilegible.

57 Reed a Edwards, 19-8-1917, AHMRE. Vol. 652. Sus señas eran: R Nº 39308. The King’s Royal Rifle Corps Nº 3 Co[mpan]y - 5 th Batt[allio]n.- Mellmarsh Camp.- Sheerness on Sea.

58 Idem.

59 Idem.

60 Idem.

61 Reed a Edwards, 10-12-1917, AHMRE. Vol. 647.

62 Reed a Manuel Salinas, 26-12-1917. AHMRE. Vol. 647.

63 Sagunto Real a Edwards, 11-10-1917, AHMRE. Vol. 647. Sus señas eran: Sapper Nº 2492887/ First Battalion. CRT (Canadian Railway Troops) / B.E.F. (British Expeditionary Force) in France, care of Army Post Office/ London.

64 Idem.

65 Real a Edwards, 1-11-1917, AHMRE Vol. 647.

66 Barrie al Secretario del Ministerio de Guerra, 10-11-1917. AHMRE Vol. 647.

67 Barrie a Real, 20-11-1917. AHMRE Vol. 647.

68 K.L. Bainsfield por Director de Movilización a Agregado Naval, 22-11-1917. AHMRE Vol. 647.

69 Real a Edwards, 4-12-1917. AHMRE Vol. 647.

70 Real a Edwards, 17-12-1917. AHMRE Vol. 647. La carta es manuscrita y la letra revela su mal estado físico.

71 Headquarters of Overseas Military Forces of Canada, por Brigadier General del Ejército Canadiense (firma ilegible) al Agregado Naval, 22 de diciembre de 1917. AHMRE Vol. 647. Real indicaba ese número anteriormente, en su carta de 11-10-1917.

72 Real a Edwards, 23-12-1917. AHMRE Vol. 647.

73 Real a Edwards 25-12-1917. AHMRE, Vol. 647.

74 Barrie a Juan Ossa, 8-5-1917. AHMRE, Vol. 647.

75 Ossa a Barrie, 21-5-1917. AHMRE, Vol. 647.

76 Edwards, Ayuda Memoria, en Private and Confidential. Memorandum. Annex D s/f. 1918, AHMRE, Vol. 710.

77 Salinas a Min.Rel., Tel. Nº 134, 9-4-1919, AHMRE Vol. 765.

78 Salinas a Min.Rel., Tel. Nº 205, 30-5-1919. AHMRE Vol. 765.