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ARQ (Santiago)

versão On-line ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  no.96 Santiago ago. 2017

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962017000200096 

Lecturas

La tipología como instrumento: del gran hotel al motel en Antumalal

Macarena Cortés 1   , Pablo Saric 2   , Anita Puig 3  

1 Profesora, Escuela de Arquitectura, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile. mmcortes@uc.cl

2 Director de Escuela Designlab, Universidad Adolfo Ibáñez, Santiago, Chile. pablo.saric@uai.cl

3 Estudiante, Doctorado en Arquitectura y Estudios Urbanos, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile. anitampuig@gmail.com

Resumen:

La presencia del paisaje natural es tan potente en Chile, que situarlo como factor determinante de las arquitecturas no urbanas se ha transformado en la interpretación hegemónica. Sin embargo, esta idea pasa por alto el rol que juegan los instrumentos propios de la arquitectura, como por ejemplo la tipología. Este texto ofrece una nueva lectura de un caso emblemático, planteando que su forma no está determinada por el paisaje, sino más bien por los instrumentos de la disciplina.

Palabras clave: Ferrocarril; automóvil; discurso; arquitectura moderna; Chile

Las interpretaciones existentes han situado al hotel Antumalal como una de las obras más relevantes de la modernidad en Chile (Torrent, 2010), pero con dificultad han analizado las estrategias proyectuales asumidas tanto a nivel tipológico como programático para justificar dicha condición. Por ello, desde el análisis de los instrumentos proyectuales, es posible volver a analizar este caso desde un punto de vista que hasta ahora ha sido pasado por alto en los discursos canónicos. Partiendo de las modificaciones de los equipamientos turísticos en la modernidad, que se concretizan en una renovación del lenguaje y una redefinición programática, el hotel Antumalal basa su relevancia no sólo en su relación con el paisaje - la interpretación dominante - sino también en la forma en que propone una nueva tipología para el hotel, determinada por un cambio en las formas de acceder a estos equipamientos turísticos.

Si bien el hotel en sí mismo - como programa - supuso una tipología arquitectónica surgida en el siglo xix «que dio forma concreta por primera vez a edificios que cons tituyeron innovaciones y habiendo sido expresados en un concreto lenguaje formal, extendieron y exaltaron activi dades en gran parte ya en acto en la sociedad de entonces» (Aymonino, 1966:4), derivadas precisamente de la masifi cación de las prácticas sociales asociadas al viaje, el ocio y a las vacaciones, esta misma tipología sufrió modificaciones importantes cuando asumió nuevas condiciones de escala, accesibilidad y programa, que pueden ser observadas con claridad en el caso del Antumalal.

Arquitectura moderna y paisaje

En la actualidad existe un cierto consenso respecto a que el hotel Antumalal es el resultado de una operación de paisaje, donde la estrategia de proyecto se basa principalmente en recoger las condiciones impuestas por un magnífico entorno natural. Esta interpretación es ratificada en diversos artículos. Fernando Pérez (2014) se refiere a la estrategia del hotel como: «una operación arquitectónica y paisajística. Las decisiones de implantación, incluyendo un enorme respeto por el bosque nativo, fueron tan importantes como la volumetría y la distribución del conjunto». Dicha interpretación ha sido complementada por arquitectos como Mathias Klotz e Iñaki Volante cuando se refieren a las condiciones de emplazamiento como: «una estrategia única de comunión con el paisaje para generar un escenario extraordinario, cerrando un círculo de belleza natural y grandeza espiritual, representado en un inmejorable edificio» (Elton, 2005:64). Desde la misma perspectiva historiográfica de este proyecto, Rodrigo Booth (2005) comenta que: «la obra de arquitectura se planteó como un objeto capaz de sublimar la naturaleza para convertirla en paisaje».

Las diversas descripciones del proyecto destacan la pendiente del terreno y la cercanía al lago como parte de las condiciones generatrices del diseño; así, Germán del Sol (2004) dice: «se entra pegado al suelo de roca, y se sale volando por la losa hacia el lago», o para el arquitecto Federico Elton (2005) indica que el proyecto debía: «plantearse ante el borde del agua y ante la naturaleza, sin imponer la arquitectura sino que integrándola a ellos». Por otro lado, ciertas referencias simplificadas a la arquitectura de Wright, como la casa en la Cascada y su emplazamiento, o a la utilización de Neutra como referente de la estrategia de «abstracción del paisaje» (Booth, 2005), han contribuido a construir un discurso sobre la obra. Así, la han vinculado con referentes arquitectónicos en donde las conexiones aluden a la idea de que la arquitectura moderna de este hotel, tal como en los casos mencionados, consideró relaciones formales con el paisaje circundante sin necesariamente adentrarse en la estrategia proyectual.

En un análisis más específico de los elementos arquitectónicos que lo componen, el mismo colaborador del proyecto, Miguel Eyquem, establece la referencia o cita del pilar rojo de la esquina característica del hotel Antumalal, definiéndola como «la que se apoya sobre la pata de Marsella, un homenaje a Le Corbusier, el maestro» (Eyquem, 2015:51), aun cuando reconoce que la Unidad de Habitación fue construida 4 años más tarde.

Finalmente, los análisis hechos han sido comple mentados con datos más precisos que construyen su historia y origen; por ejemplo, el particular apoyo de corfo, gestionado a partir de la visita del presidente Gabriel González Videla al café que existía en el borde del lago, previo a la construcción del hotel ; o también la cercanía que tuvo el arquitecto Jorge Elton con el cliente Guillermo Pollak, lo que supuso un particular compro miso con el proyecto (Elton, 2005).

Como hemos visto, el hotel Antumalal ha sido descri to y definido a partir de pocas características proyectua les quedando, en palabras de Bonta, como un significado en sí mismo. Es decir, la obra se encuentra asociada a los conceptos claves de arquitectura moderna y paisaje, como si fuese una operación única indisoluble. A su vez, el hotel ha sido reducido y definido a «un número cada vez menor de sus rasgos, que transmiten, en cierta ma nera la totalidad del significado», haciendo que la obra «tienda a producir a lo largo del tiempo estabilidad en la significación» (Bonta, 1973:43). Con esto se aprecia que las interpretaciones previas repiten la relación entre paisaje y edificio como fundamento del proyecto y justificación de sus características, sin romper esta totalidad significante.

Por ello parece interesante comprender la operación desde otra perspectiva: una que dice relación con la con cepción tipológica del hotel, y cuyo fundamento se loca liza en las formas que adquiría el turismo en los años en que se desarrolló este proyecto. A partir del cambio en la disposición y distribución de los cuerpos programáticos propios de la funcionalidad del hotel y de la escala de la operación, proponemos una interpretación de este proyecto en función de sus instrumentos tipológicos.

Del gran hotel al motel

En los años treinta, junto a la consolidación de la cober tura máxima que alcanzaría en todo Chile, Ferrocarriles del Estado (ffee) inició un plan de difusión del turismo nacional basado en la promoción del viaje (en guías y revistas) y en la construcción de equipamiento como, por ejemplo, hoteles. Los primeros de estos, como el hotel Pucón, hotel Puerto Varas, hotel Antofagasta o el hotel Portillo (Figura 1), tenían una gran cantidad de habitaciones y diversos servicios asociados (Cortés et al, 2014). Si bien esta concepción utilizó un lenguaje moderno en sus proposiciones formales y en sus so luciones funcionales, se basaba principalmente en la tipología del ‘gran hotel’, que había sido desarrollada con fuerza en Europa de finales del siglo xix e inicios del xx. Allí, en la mayoría de los casos estuvo asociada al servicio Ferroviario y por ello, al igual que en el caso chileno, «eran el punto central de urbanizaciones pro yectadas, completando y ennobleciendo asentamientos ya definidos» (Farina, 2001:27). Esta tipología consistía en grandes volúmenes con espacios de actividad social y programas anexos como bares, restaurantes, piscinas o termas, y otros servicios como salones de belleza que permitían una estancia de lujo. De este tipo hubo hote les contemporáneos a los nombrados (ya no dependien tes de ffee) como el Carrera, el Miramar o las termas de Puyehue, que fueron difundidos en los medios turísticos de propaganda como símbolos del progreso arquitec tónico nacional . En todos ellos, el tipo arquitectónico estuvo basado en el bloque compacto de habitaciones dispuestas en torno a los pasillos, que se desarrollaban desde un núcleo central de circulación de pasajeros, y eran complementados por otros núcleos de servicio en los extremos de los bloques.

Fuente: Guía del Veraneante, Sección de Propaganda y Turismo de la Empresa de Ferrocarriles del Estado de Chile. Santiago: Talleres Gráficos, 1968:45.

Figura 1 Hotel Portillo, Región de Valparaíso, Chile. 

No pasó mucho tiempo desde que la construcción de estos primeros grandes hoteles diera paso a la concreción de hoteles de menor escala, conocidos comúnmente en Chile como ‘hosterías’. Estos estuvieron asociados principalmente a la honsa, Hotelera Nacional S. A. (Figura 2), que buscaban darle continuidad a la concepción del viaje en el territorio nacional a través de establecimientos más pequeños y estratégicamente localizados, lo que «resultó más efectivo tanto en la cantidad de inversiones como en la conformación de una red hotelera en el norte y en el sur del país» (Casals, 1999).

Fuente: Guía del Veraneante, Sección de Propaganda y Turismo de la Empresa de Ferrocarriles del Estado de Chile. Santiago: Talleres Gráficos, 1966:24.

Figura 2 honsa Publicidad 

Este cambio de escala de los hoteles, sin embargo, también puede ser entendido desde una perspectiva más amplia e internacional, que involucra la modificación del viaje con la introducción del automóvil. Con esta nueva forma de transporte se transforma la primacía del tren, se aceleran los tiempos de los desplazamientos turísticos y se introducen mayores puntos de detención. Esta condición es esencial para comprender la composición planimétrica y espacial que planteaba la tipología que se adaptaba a este nuevo tipo de viaje: el motel, o motor hotel; una nueva solución a la habitación temporal para el viaje de ocio.

La variación tipológica introducida por esta modifi cación en las formas de viaje fue expuesta con claridad y pertinencia ya en 1955, en la revista L’Architecture d’Aujourd’hui en el artículo titulado «Los moteles en Estados Unidos». Ahí se hacía referencia a las condi ciones de accesibilidad: «la intensificación de la pro ducción de automóviles en serie, dio nacimiento en los Estados Unidos a un modelo de alojamiento especial mente adaptado para las necesidades del automovilista: el motel» . Así se exponían los problemas de disposición funcional, tanto al interior de las unidades de habita ción como de su distribución en conjunto, presentando una gran variedad de alternativas de agrupamiento y de distribución programática en función de la llegada en automóvil y su cualidad de alojamiento temporal.

Por otro lado, en el libro monográfico de Alexander Koch (1958), se presentaban diversos casos, divididos pre cisamente en hoteles, moteles y casas de veraneo. El tipo motel agrupaba los bloques de habitaciones de diversas maneras, tanto en barras únicas, paralelas, en L, en U, en cruz y en las variaciones permitidas por la introducción de ángulos, respondiendo a su condición menos urbana y expansiva. En los casos expuestos los proyectos tra bajaban la disposición de habitaciones, la inclusión de programas sociales vinculados al acceso y la articulación de los estacionamientos para los huéspedes (Figura 3).

Fuente: Koch, 1958:236.

Figura 3 Richard Neutra. Hacienda San Pedro. California, ee.uu., 1955. 

En esta misma línea, George Candilis presentaba una serie de proyectos que estudiaban las distintas formas de acoplamiento de las unidades - la vertical preferentemente usado en hoteles y la horizontal para los moteles - definiendo además al motel a través de la ecuación «hotel + automóvil + estancia limitada» (Candilis, 1973:109), que resumía las condiciones impuestas por el tipo de viaje turístico más corto, como una diferencia fundamental al turismo que justificaba los grandes hoteles del siglo xix.

Del hotel Pucón al Antumalal

Este cambio tipológico se puede analizar en el mismo contexto geográfico del hotel Antumalal. Más de diez años antes, en el mismo lago Villarrica se había construido el hotel Pucón (Figura 4), caracterizado por una planta de simétrica que configuraba un bloque denso de programas organizados en torno a pasillos centrales. Las noventa y siete habitaciones, dispuestas en el volumen en forma de H, aseguraban vistas hacia ambos lados de las crujías: de un lado hacia la plaza y del otro, al lago. El volumen compacto era coronado por techos a dos aguas que daban altura y conformaban la imponente fachada hacia el lago. Pero lo más relevante, y donde se distancia de la tipología motel, es que en él imperaba la escala monumental del ‘gran hotel’, asociada a pasajeros que llegaban en tren y que debían asegurar los lujos y comodidades - como la alimentación, diversión e higiene - dentro del propio hotel.

Fuente: Guía del Veraneante, Sección de Propaganda y Turismo de la Empresa de Ferrocarriles del Estado de Chile. Santiago: Talleres Gráficos, 1962:128.

Figura 4 Hotel Pucón, Región de la Araucanía, Chile. Departamento de Ferrocarriles del Estado, 1935. 

Como ya se ha adelantado, el hotel Antumalal asume el cambio tipológico del gran hotel al motel, al resolver elementos funcionales, formales y programáticos por medio de la reducción de las superficies de servicio e ins talaciones que absorbían actividades complementarias.

El proyecto se caracterizó por la resolución en L, lo que permitió independizar los programas de encuentro social de las habitaciones. Asimismo introdujo variantes de la disposición recta - en hilera - de las barras de habitaciones, incorporando un ángulo entre ellas, además de otros elementos de continuidad formal como el basamento de piedra y las vigas superiores.

Tanto las barras de habitaciones como el volumen de espacios de estar dibujaron el nivel o la cota en que se desarrolló el proyecto, suspendiéndose hacia la pendiente y enfatizando la condición horizontal de los volúmenes. A pesar de la conexión interior, las barras de habitaciones conformaron un edificio completamente independiente del de servicios y estar, logrando autonomía entre ambos tanto desde el punto de vista formal como funcional.

Por otra parte, la ruta que recorre el automóvil desde el acceso va paralela a las barras de habitaciones, desti nando un generoso espacio para al movimiento del auto y su estacionamiento. El automóvil fue un protagonista fundamental en la concepción general del acceso, ya que reforzó la condición volumétrica del conjunto. Así, parece difícil separar el hotel de la experiencia automovilística, un hecho remarcado fuertemente por la forma de acceder.

Considerando al viaje como fundamento de la actividad turística asociada al paisaje escenográfico, es importante observar cómo se localizó este hotel respecto a la carretera por la que se accede a él: configurando una ruta paralela al camino principal, a diferencia del acceso axial característico del gran hotel. Esta decisión no sólo permite resguardar la privacidad de sus huéspedes, sino también alcanzar un emplazamiento privilegiado sobre el lago.

Si bien el hotel no se percibía desde la carretera, sí era visible desde las rutas fluviales presentes en el lago donde, antes al hotel, existió una pequeña cafetería. Es posible asumir que el proyecto fue pensado también desde esta perspectiva, resolviendo el programa público a través del importante voladizo que presentó el hotel al acceso desde el lago.

Las estrategias de distribución y disposición de los programas pueden ser vistos en casos posteriores como la hostería de Chañaral, de Bresciani, Valdés, Castillo y Huidobro, o las hosterías de Ancud y Castro de Emilio Duhart . En todos ellos la escala menor de las instala ciones (no superaban las veinticinco habitaciones), la distribución horizontal de las habitaciones en barras, la conformación de núcleos de acceso y espacios comunes, entre otras similitudes, confirman la variación tipológi ca que acompañó el desarrollo de la hotelería en los años cincuenta y sesenta.

De esta forma, algunas publicaciones describían estas instalaciones; «contraponiendo las costosas construcciones anteriores a las pequeñas y acogedoras hosterías actuales» . Además del cambio de escala, estas nuevas hosterías nacieron «al amparo de la corfo, cuando dicha corporación adquirió protagonismo en la actividad turística desplazando la labor que había tenido Ferrocarriles» (Cortés et al, 2014:44). Como se puede observar, este cambio tipológico fue amparado también por un cambio de las instituciones que administraban, gestionaban y promovían el desarrollo turístico nacional.

Fuente: Guía del Veraneante, Sección de Propaganda y Turismo de la Empresa de Ferrocarriles del Estado de Chile. Santiago: Talleres Gráficos, 1965:73.

Figura 5 Hotel Antumalal, Región de la Araucanía, Chile. Jorge Elton, Miguel Eyquem, 1950. 

Fuente: © Pablo Casals

Figura 6 Hotel Antumalal. En la actualidad. 

Fuente: © Pablo Casals

Figura 7 Hotel Antumalal. En la actualidad. 

Fuente: © Pablo Casals

Figura 8 Hotel Antumalal. En la actualidad. 

Fuente: © Pablo Casals

Figura 9 Hotel Antumalal. En la actualidad. 

La tipología como instrumento

Si el cambio en la forma de realizar el viaje turístico - del tren al automóvil - implicó una variación en el programa, tamaño y tipología del hotel - del gran hotel al motel - resulta difícil creer que esas modifica ciones no hayan tenido efectos en un Chile que inten taba impulsar el turismo desde el Estado, por medio de ffee primero y corfo después, como una forma de desarrollar el territorio en su extensión. Desde esta perspectiva, podemos argumentar que el hotel Antumalal estuvo inserto en un panorama nacional y mundial de transformación de los equipamientos tu rísticos, desde los lujosos hoteles a instalaciones de me nor escala, como los moteles y las hosterías chilenas.

Visto así, las interpretaciones del hotel Antumalal pueden adquirir nuevas visiones que comprendan su inserción en un panorama cultural amplio, relacionado con la colonización turística del territorio. Desde este punto vista, la operación de proyecto se inserta en una planificación turística integral que decanta en una obra de pequeña escala con una profunda búsqueda desde una estética moderna particular.

La experimentación formal y espacial observada en el hotel proviene entonces de su entendimiento de la tipología no como un anclaje a la tradición de los hoteles, sino más bien como un instrumento de proyecto que permite variar e innovar, confirmando «la importancia adquirida por la definición formal de los nuevos organizamientos arquitectónicos en base a su función de uso» (Aymonino, 1966:7). Es tal vez esta posibilidad la que ha sido pasada por alto en las interpretaciones previas, que han asumido que la innovadora resolución formal del hotel Antumalal se debe a su relación con el paisaje cuando en realidad es el producto de una variación tipológica; es decir, el hotel Antumalal sería producto de un instrumento propio de la arquitectura más que de algo que está fuera de ella.

Fuente: Confección de los autores a partir de planimetría publicada en Eyquem, 2016

Figura 10 Hotel Antumalal Isométrica 

Fuente: Redibujo de los autores

Figura 11 Hotel Pucón. Planta primer piso. S. E. 

Fuente: Redibujo de los autores

Figura 12 Hotel Antumalal. Planta. S. E. 

Referentes

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* Macarena Cortés Darrigrande

Arquitecta, ucen, 1996. Magíster en Arquitectura 2002 y Doctor en Arquitectura y Estudios Urbanos, Pontificia Universidad Católica de Chile, 2010. Postgrado en Paisajes Culturales, Patrimonio y Proyecto, upc Barcelona, 2005. Ha participado y liderado proyectos Fondecyt y Fondart, con temáticas sobre la arquitectura chilena del siglo xx. Ha publicado en revistas y libros, entre ellos Turismo y Arquitectura Moderna en Chile (Ediciones arq). Actualmente es Directora de Extensión y Comunicaciones de la Facultad de Arquitectura Diseño y Estudios Urbanos de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

** Pablo Saric Huidobro

Arquitecto, ucen, 1997. Msc in Advanced Architectural Design, Columbia University, 1999. Máster en Arquitectura, Crítica y Proyecto, Universidad Politécnica de Cataluña, España, 2000. Obtuvo el Premio Mayor Obra Mínima el año 2012 por la remodelación de la Sala Fanjzylber en el Edificio de Las Naciones Unidas de Santiago. Ha dirigido el Encuentro Internacional de la Bienal de Chile en los años 2008 y 2012.

*** Anita Puig Gómez

Arquitecta, Universidad Mayor, 2004. Magister en Arquitectura, Pontificia Universidad Católica de Chile, 2011. Estudiante de Doctorado en Arquitectura y Estudios Urbanos uc. Ha trabajado en diversas investigaciones sobre publicaciones periódicas. Actualmente su trabajo se centra en estudios de género y vivienda.

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