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ARQ (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  no.81 Santiago ago. 2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962012000200011 

ARQ, n. 81 Espacios para la cultura, Santiago, agosto 2012, p. 62-66.

LECTURAS

 

Arte y comunidad

Espacios de transformación

  

Pablo X. Almeida *(1), Pablo Ayala *(2), Karina Cortez *(3), Martín Samuel Tituaña *(4)

* Miembro, Colectivo Tranvía Cero, Quito, Ecuador. (5)


Resumen

Una serie de proyectos de arte desarrollada junto a las comunidades de la periferia sur de Quito gatilla un uso aumentado del espacio público y profundiza los vínculos entre el barrio y sus habitantes, en un ejercicio de acercamiento entre arte y vida cotidiana.

Palabras clave: Urbanismo - Ecuador, arte urbano, comunidad, política y arquitectura.


El colectivo de arte Tranvía Cero fue creado en 2002. Nuestros planteamientos parten de la democratización de los espacios públicos, la interrelación y articulación de estos con la comunidad y de una constante crítica a las formas de interpretar la cultura y la "museificación" de la misma, cuestionando los registros formales y estéticos de las artes visuales. Hacemos frente a los ejercicios de poder institucional, académico, a los circuitos artísticos y a la misma ciudadanía, con la intención de reformular y de reflexionar desde una visión integral de la práctica artística.

Es necesario comprender brevemente el entorno y la ciudad en la cual hemos desarrollado la mayoría de las propuestas de Tranvía Cero. Quito se ha convertido en nuestro escenario de discusión y negociación de diversos temas concernientes a las políticas culturales; aquí, los servicios financieros, políticos, educativos y culturales se consolidaron en el centro, centro-norte de la ciudad. Y en una ciudad alargada como un chorizo, las desigualdades se hicieron visibles en la medida en que ella crecía hacia los extremos antes destinados solamente para la población obrera. Por ello es que el colectivo, al igual que muchas otras organizaciones autónomas, decidió iniciar acciones para dar visibilidad a espacios como los del sur de Quito, en los que esta inexistencia de alternativas era evidente. Así, a partir de las artes visuales, hicimos lo nuestro estableciendo pautas para el reconocimiento de estos sectores y haciendo de su riqueza cultural una bandera con la cual exigir acciones encaminadas a crear políticas públicas más incluyentes.

El trabajo del colectivo comenzó fomentando proyectos de arte y comunidad e incentivando transversalmente el uso del espacio público. Pensamos el espacio público no solo desde lugares estáticos o que se remiten a ámbitos como plazas, calles o parques. Lo público para Tranvía Cero también se concibe desde el sector, el barrio, la esquina, la tienda, las calles, las gradas, la casa comunal, la cancha; pero ante todo, desde las dinámicas, recorridos, disputas, conflictos, negociaciones y tensiones que se generan en ellos. Son estos elementos los que construyen el barrio como un espacio público en sí mismo. Nuestros trabajos intentan movilizar esos ámbitos de manera articulada pero intervenidos desde sus dinámicas y referentes de construcción sociocultural y política. Tranvía Cero procura ampliar el espacio de incidencia de los actores socioculturales en torno al trabajo comunitario, insertando una visión integral en la creación, producción, circulación y difusión. Si antes lo barrial estaba considerado como un circuito donde llegaba solo producción preestablecida de las diversas áreas de las artes, este proceso nos ha llevado a proponer una creación conjunta, en donde la participación de los múltiples actores interesados es preponderante en la construcción de proyectos de arte y comunidad en una visión amplia y dinámica del uso del espacio público.

La implementación de los proyectos de arte-comunidad parten de una metodología de trabajo de interrelación entre artista, comunidad y espacio urbano que implica que el artista debe conocer el contexto del sector o barrio antes de iniciar. A partir de esos recorridos, el trabajo del artista o grupo intenta reconocer los problemas, vacíos, desaciertos o aciertos de la gestión de un sector y el impacto de la política pública como referente y como herramienta que permita actuar de una manera coherente con la comunidad. Entonces la labor del artista, más que un constructor de objetos, es la de un dinamizador de procesos y acciones. Asume el papel de un incitador para fomentar una construcción colectiva que promueva la participación, entendiéndola no solo como un espacio para ejercer el papel de espectador sino para convertirse en coautor de los proyectos artísticos y hasta generador de posibles políticas públicas. La metodología incita y promueve el trabajo en colaboración con artistas, colectivos o instituciones y no la imposición de una visión externa y que muchas veces no responde a los intereses culturales o artísticos del sector.

Estas diferentes herramientas de trabajo e interrelación permiten articular y rearticular el tejido social, que en muchos de nuestros sectores y barrios está deteriorado por el desinterés, el individualismo, las pugnas políticas y otros factores. También posibilitan la implementación de un diálogo que tiene al arte como su eje fundamental y en muchos casos reactivan el uso del espacio público desde una perspectiva que excede la del espectáculo.

Para intervenir un espacio, lo primero es el diálogo con sus actores directos pues el crecimiento y el ritmo de vida acelerado de la ciudad hace que se generen mayores distanciamientos y tensiones en las relaciones socioculturales. Y mucho más en los sectores periféricos, que no cuentan con condiciones que garanticen una adecuada calidad de vida. Por este motivo, las formas de trabajo vinculado aportan en algo a mitigar esos vacíos, al partir desde estos diálogos abiertos. Otro punto que impulsa a pensar en lo comunitario más allá de la consecución de los servicios básicos es verlo como un espacio de movilización cultural.

Al tener en cuenta la experiencia de Tranvía Cero, la idea de articular y rearticular hace que se refuerce el trabajo con las organizaciones culturales locales sin desconocer sus procesos, contextos, lógicas, formas y características del "saber hacer". Más bien, incentiva y tiene al diálogo como su herramienta esencial para conocer, reconocer y compartir conocimientos y saberes. A esto se suma el aporte de programas de capacitación que puedan contribuir a elevar la calidad de su gestión y, en el caso de los grupos artísticos, a mejorar la calidad de sus productos y de sus herramientas de trabajo. El objetivo último es que los procesos organizativos locales, a largo plazo, movilicen los espacios públicos de su comunidad. Este aporte, en términos de capacitación, inversión económica y recuperación de los bienes tangibles e intangibles de un barrio, implica una responsabilidad para los grupos culturales locales y de base, en términos de cautelar la mantención de un trabajo sostenido, independientes de la participación de las instituciones, gestores o artistas.

Esta metodología privilegia el proceso de construcción colectiva de los proyectos de arte y comunidad, más que la creación del objeto artístico como producto final y preponderante (pintura, dibujo, escultura teatro o danza). En los espacios mínimos de diálogo comunitario que se abren en los barrios, la idea inicial del proyecto puede cambiar, potenciarse, colapsar o desaparecer si el artista proponente no maneja o se vincula de alguna manera a las dinámicas propias del barrio y sobre todo a los ritmos y realidades de sus habitantes. El proceso es una temporalidad que abre y construye nuevos escenarios y horizontes, no solo respecto del proyecto sino también de las formas de relación del arte y el artista con la comunidad, y la organicidad de su realidad cotidiana. Estos múltiples escenarios y realidades generan tensión y cuestionan el impacto del o los proyectos y son parte de la visión de cómo concebimos lo público.

Los resultados son mediados. Más que el interés del artista debe cautelarse el resultado colectivo, que en algunos casos involucra presentaciones artísticas de pequeño formato en las que se presentan los registros del trabajo en video, fotografía, audio o dibujo. Este proceso en sí no promueve al espectáculo como el fin primordial, sino que busca estimular los canales de diálogo, participación, creación, producción y circulación colectiva.

Como trabajo comunitario, lo interesante es el apoyo a los procesos culturales de base social: creemos que es en este sector en donde se debe invertir con mayor preponderancia.

Uno de los aportes de esta forma de trabajar lo artístico desde lo comunitario ha significado hacer visibles varias demandas de las organizaciones culturales de base, sobre todo aquellas dedicadas a procurar una ciudad equitativa en la construcción de sus políticas culturales, en la distribución y redistribución de la infraestructura y la inversión económica de la cultura. Ha ayudado a hacer visibles las construcciones culturales y artísticas locales de los barrios y a generar un nivel de afirmación de las múltiples identidades que conjugan, conviven y se transforman constantemente allí.

Hace varios años era muy complicado entender o tener a un barrio como un referente válido y relacionarlo con las artes visuales contemporáneas; es más, este no era considerado un espacio de legitimación para el artista y su obra. Para muchos estos sectores aún son considerados menos que la galería o el museo: no es un sitio donde la alta cultura pueda reposar, estar, crearse, producirse y mucho menos difundirse y circular. Sin embargo, esta forma de trabajo hace que, anualmente, podamos descubrir un barrio nuevo y que este genere el espacio para verse a sí mismo, a sus referentes y a su gente.

 

Paseo de la fama

Parque de la Ciudadela México, calle Chambo y Guayllabamba, Quito, 2008.
Autores: Tranvía Cero / moradores de la Ciudadela México
Colaboradores: comunidad de la Ciudadela México Fotografía: Archivo Tranvía Cero.

Se gesta como una necesidad básica de reconocimiento colectivo que, aunque todavía anónimo, es justo. Las verdaderas "estrellas" y "héroes" se van construyendo y forjando con sus propios procesos vitales y no necesariamente mediante fenómenos mediáticos espectaculares. A las estrellas del Paseo de la Fama todavía se las puede admirar en el parque de la Ciudadela México y acordarse que ese día todos se codearon con el glamour "hollywoodense".

 

Calzones parlantes

Lavanderías públicas de barrio La Venecia, Quito, 2011.
Autores: Andrea Rojas Zambrano / mujeres del barrio La Venecia.
Colaboradores: Adm. Quitumbe / CDC de La Venecia / Arte en el Trole.
Fotografía: Archivo Tranvía Cero, Andrea Rojas.

Calzones parlantes es un proceso de diálogo y de construcción colectiva de un producto artístico que se llevó a cabo entre los meses de julio, agosto y septiembre, desde y con las mujeres del barrio La Venecia, ubicado al sur de Quito. El proyecto intenta visibilizar un problema que nos compete y afecta a todas y a todos: la violencia hacia las mujeres. El producto artístico fue una instalación de calzones intervenidos por un grupo de vecinas; por medio de la producción artística, las mujeres expresaron un deseo transversal y un derecho que corresponde a todas las mujeres, sin importar color de la piel, situación económica, origen, ocupación o creencia: "Queremos una vida sin violencia". Partimos de que "lo personal es político", sacamos "los trapitos al sol" porque ya no creemos que "la ropa sucia se lava en casa". Construimos un espacio nuestro, de mujeres, para hablar sobre nosotras.

 

Anónimos

Barrio de La lucha de los pobres, Quito, 2009.
Autores: Juan Fernando Ortega / habitantes del barrio de La lucha de los pobres.
Colaboradores: organizaciones barriales.
Fotografía: Archivo Tranvía Cero, Juan Fernando Ortega.

Los referentes simbólicos de una ciudad son un factor fundamental en la relación de sus habitantes con el entorno. Sin embargo, muchos de ellos son generalmente establecidos por instituciones que ignoran las expectativas de la colectividad en que intervienen, así como sus necesidades y características de conformación. El presente proyecto plantea dar lugar a un proceso participativo, en el que los moradores del barrio de La lucha de los pobres -ubicado al sur de Quito- sean quienes den nombre a las calles aún innominadas del sector en el que habitan. Se trata de gesto de apropiación del espacio urbano, que "dibuja" nuevas formas de representar la ciudad y cuyos gestores son los miembros de la comunidad involucrada.

 

Referentes

BORJA, Jordi y Zaida MUXÍ. El espacio público: ciudad y ciudadanía. Electa, Milán, 2003.         [ Links ]

FISKE, John. Reading the popular. Routledge, Nueva York, 2002.         [ Links ]

GEHL, Jan. Cities are for people. Island Press, Washington, 2010.         [ Links ]

GUZMÁN, César; MAYA, Tania; KADAMI, Samira y Carmen GIL (eds.). !La calle es nuestra... de todos! Bogotá ciudad en movimiento. Universidad de los Andes, Bogotá, 2009.         [ Links ]

MENDES DA ROCHA, Paulo. La ciudad es de todos. Fundación Caja de Arquitectos, Barcelona, 2011.         [ Links ]

WHYTE, William H. The social life of small urban spaces. Original de 1980. Project for Public Spaces, Nueva York, 2010.         [ Links ]

ZUKIN, Sharon. Naked city. The death and life of authentic places. Oxford University Press, Nueva York, 2010.         [ Links ]


1. Pablo X. Almeida. Licenciado en Artes Plásticas, especializado en Pintura y Artes Gráficas, Universidad Central del Ecuador, 2005. Su obra ha sido expuesta dentro y fuera de ese país.

2. Pablo Ayala. Licenciado en Artes Plásticas, especializado en Escultura y Artes Gráficas, Universidad Central del Ecuador, 1999. Su obra ha sido expuesta en diversas salas y salones del país.

3. Karina Cortez. Licenciada en Artes Plásticas, especializada en Pintura y Artes Gráficas, Universidad Central del Ecuador, 2009. Su obra ha sido expuesta dentro y fuera de ese país.

4. Martín Samuel Tituaña. Licenciado en Artes Plásticas, especializado en Pintura y Artes Gráficas, Universidad Central del Ecuador, 2005. Su obra ha sido expuesta dentro y fuera de ese país.

5. Tranvía Cero. está integrado por artistas plásticos egresados de la Facultad de Artes de la Universidad Central del Ecuador, del Instituto de Artes Visuales de Quito, autodidactas y gestores culturales. A partir de su actividad en el área sur de Quito fomentan espacios independientes para la producción y difusión del arte. Sus trabajos en pintura, escultura, grabado, fotografía, instalaciones y performance han destacado en diferentes exposiciones y participaciones en el ámbito nacional e internacional.
Las primeras acciones del colectivo se realizan en 2002, con la participación de Pablo X. Almeida y Carla Villavicencio -del taller de arte La Mancha Social Club- y Samuel Tituaña de Akaros taller de arte, quienes crean vínculos con el movimiento cultural del sector sur de la ciudad y organizaciones como Al sur del cielo, Centro Cultural del Sur, Teatro de la Guaba, Centro Cultural Paccha Callari y Dionisios Teatro, entre otras. A partir de estas interacciones realizan el Primer Encuentro Internacional de Artes Plásticas BIEN HECHITO AL SUR 2002. Posteriormente organizan el Primer Encuentro de Arte Urbano AL ZUR-ICH 2003 y sus consiguientes versiones en 2004 y 2005. Durante esos años se integran al grupo el artista Pablo Ayala, el fotógrafo Luis Herrera, el gestor cultural Nelson Ullauri, Ernesto Proaño en trabajo organizativo, la comunicadora Sofía Soto y el artista visual Omar Puebla. En 2008 se suma al grupo el diseñador gráfico Adrián Balseca. Asimismo, a partir de 2010 el colectivo cuenta con la participación y el apoyo de las artistas Karina Cortez y Silvia Vimos. Actualmente Tranvía Cero está integrado por Pablo Almeida, Pablo Ayala, Karina Cortez y Samuel Tituaña.