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ARQ (Santiago)

On-line version ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  no.80 Santiago Apr. 2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962012000100016 

ARQ, n. 80 Representaciones, Santiago, abril 2012, p. 62-75.

LECTURAS

La representación cartográfica como producción de conocimiento
Reflexiones técnicas en torno a la construcción del plano de Santiago de 1910

Germán Hidalgo *, José Rosas *, Wren Strabucchi *

* Profesores, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile.


Resumen

¿Puede producirse conocimiento a través de un dibujo? La construcción de un plano que retrata una ciudad –ya desaparecida– da cuenta de esa posibilidad que se verifica naturalmente en la práctica arquitectónica.

Palabras clave: urbanismo – Chile, territorio, Santiago, levantamiento, paisaje urbano, planimetría.


"De los conocimientos e intereses introducidos en los mapas vale decir que no son intemporales ni supra temporales, sino que están constituidos históricamente; algo que no reduce el valor de sus afirmaciones, antes bien nos proporciona la clave para desplegar el entero registro interpretativo y analítico. Cada mapa tiene su tiempo y lugar, su ángulo de visión, su perspectiva, y leídos correctamente nos proporcionan una clave para entender no solo el mundo figurado sino también orientación y propósitos de quienes se hicieron tal imagen del mundo. Así, una historia de la representación espacial, de la cartografía, siempre lo es también de su proceso de constitución".
Karl Schlögel. En el espacio leemos el tiempo.

I. PRESENTACIÓN
La producción de nuevos conocimientos en los estudios urbanos y en el entendimiento del fenómeno que acaece en la ciudad –entre muchos instrumentos y herramientas de análisis– encuentran en la representación gráfica un método de investigación no solo pertinente y adecuado, ya que permite integrar diversas dimensiones del objeto de estudio, sino que el producto cartográfico posibilita una comprensión de la realidad observada y, en consecuencia, una cierta operatoria sobre ella.
Cartografiar las relaciones espaciales, procesos o estructuras de un determinado territorio –a partir de la información proveniente de distintas fuentes primarias, secundarias e incluso de descripciones de la ciudad registradas en diversos textos, documentos históricos y geográficos– y producir una visión de conjunto, es una forma de conocimiento(1).
En efecto, en el escenario de los mapas, no solo existe la capacidad de representar la totalidad del espacio en un determinado período de tiempo, sino que observar el espacio de configuraciones específicas que se registran en ese sistema urbano y territorial.
En esta línea argumental, los trabajos de documentación cartográfica, como lo ha dicho el académico José Ignacio González, "cualesquiera sea su escala o tipo, deben cumplir con diversos procesos de análisis y síntesis, regulados por una serie de etapas que se inician con la recopilación de la información, procesamiento de la misma y elaboración del producto. Cada una de estas etapas requiere de la aplicación de un sinnúmero de métodos y técnicas" (González, 1988). Es por ello que el producto de esta investigación es un plano, el cual permite, a su vez, aplicar el discurso teórico explicitado en el Estudio territorial de las comarcas catalanas (Solà-Morales, 1981a) desarrollado por Manuel de Solà-Morales(2), entre otros, y del cual se destacan tres temas; a saber, un problema de identidad, una cultura de la descripción y el problema del dibujo.
En relación con el primer tema, un problema de identidad de un territorio pasa por hacer común y pública una imagen de ese territorio, es decir, explicita aquella doble función de la representación que es conocimiento y reconocimiento de los hechos.
Con respecto a la cultura de la descripción, se hace necesario revalidarla como herramienta de (re)conocimiento, específicamente por su papel en la planimetría. Solà–Morales revela: "El problema de expresar un conocimiento por medio de la confección de mapas, significa haber hecho del dibujo un instrumento de representación afrontando, junto a las cuestiones de lenguaje, los problemas de criterio que esto comporta" (Solà-Morales, 1981a). Si bien ese estudio específico se orientó a la cartografía territorial, en el caso de la ciudad de Santiago esta voluntad de descripción precisa se aplica con igual claridad en la escala de la ciudad.
Y, finalmente, si "dibujar es seleccionar, seleccionar es interpretar e interpretar es proponer" (Solà-Morales, 1981a), esta investigación considera al dibujo como la herramienta descriptiva que tamiza y articula la noción de proyecto con el fenómeno de un territorio.
Conviene recordar, apoyándonos para ello en Schlögel, que "el problema fundamental de la cartografía radica como es sabido en figurar relaciones espaciales, tridimensionales por tanto, en una superficie de dos dimensiones" (Schlögel, 2003). En esta línea y a objeto de figurar la dimensión espacial de la ciudad de Santiago en el período de estudio, es que se ha recurrido a trabajar los elementos de urbanización, parcelación y edificación en una escala tal, que permita visualizar la materialidad de la forma construida y en consecuencia establecer una real conexión entre modelo y realidad.
De este modo, lo que en estricto rigor trata esta investigación(3), en su objetivo por registrar en un mapa o una carta un fenómeno urbano y más allá de una percepción material del conjunto, es precisamente de eso, vale decir, producir un nuevo conocimiento sensible y detallado de lo concreto de las relaciones espaciales que se registraron en ese espacio físico.
Sin embargo, la transcripción entre la ciudad dada y la ciudad representada introduce una cierta complejidad y dificultad adicional a cualquier levantamiento o medición de la realidad observada, en la medida que aquí no se trata, ni sería posible, un registro exacto y técnico de lo que se observa o se mide, sino que es la restitución de un momento histórico y de unas relaciones espaciales que sucedieron en un determinado territorio hace un siglo.
Aparte de ello, hay que considerar los problemas o las dificultades que en materias institucionales y de sistematización de registros cartográficos existen en nuestras realidades latinoamericanas. En un marco de dispersión de fuentes primarias, precariedad y pérdida de la documentación sobre el objeto de estudio, quisiéramos poner en valor la información recabada(4) y el proceso de digitalización y vectorización que se ha realizado en esta construcción planimétrica(5) y que, por su tamaño, se adjunta en forma de separata en esta edición especial sobre Representación.
En especial destaca su utilidad como instrumento de referencia espacial para el período de estudio, donde la diversidad de aspectos naturales como artificiales recopilados y sistematizados están directa y simultáneamente localizados en un sistema de referencia geográfico actual. Si se tiene en cuenta que, como revela Marshall, "las ciudades exhiben una mezcla típica entre orden y diversidad: más orden que un conjunto azaroso de arquitectura; más diversidad que un artefacto elaborado por una sola mano" (Marshall, 2011)(6), se hace necesario fijar una imagen estable y unitaria para entender un determinado período.
En este horizonte de restitución histórica, la elección de una escala de baja proporcionalidad o también, como se dice, "de escala grande", ha sido un hecho relevante. El hallazgo original se encuentra justamente en el hecho de que los edificios, manzanas, predios o parcelas, calles e infraestructuras ferroviarias, plazas, espacios públicos y ordenamiento rural del entorno urbano (que se encuentran en fuentes diversas y dispersas, elaboradas por distintas instituciones y sectores, y que, como materiales desconocidos, en parte abandonados y poco utilizados, tienen el peligro de deteriorarse) ya no son vistos y representados como hechos aislados independientes o reducidos a un esquematismo en que tienden a desaparecer las formas. Al contrario, son puestos por primera vez en un soporte que los contiene y que permite entender sus detalles y relaciones entre las partes y la totalidad.
"Las funciones parecen ser más importantes que el uso. Como resultado, el urbanismo, en cuanto práctica y como disciplina, se ha convertido en algo extremadamente abstracto, mientras la distancia entre la planificación y lo que realmente llega a construirse no deja de aumentar" (Ibelings, 2008). En este contexto, el desafío mayor y principal consistió en revelar aquella ciudad de la que la cartografía existente decía poco y donde, por otros documentos gráficos como catastros, levantamientos de calles y registros arquitectónicos detallados, era posible iluminar a toda ella en un único soporte.
Se coincide con Berger en que "lo visible no es más que el conjunto de imágenes que el ojo crea al mirar. La realidad se hace visible al ser percibida. Y una vez atrapada, tal vez no pueda renunciar jamás a esa forma de existencia que adquiere en la conciencia de aquel que ha reparado en ella" (Berger, 2007).

II. LA INVESTIGACIÓN: LA RESTITUCIÓN DEL PLANO
Una investigación de estas características es "…como leer hacia atrás formas petrificadas" (Schlögel, 2003), ya que metodológicamente, además de restituir un fenómeno urbano y el proceso histórico que sucedió un siglo atrás en un plano de baja proporcionalidad que permita reconocer la textura de los lugares y las formas de construcción, conlleva no solo la identificación del problema, sino los conceptos pertinentes para representar y fijar cartográficamente los signos de reconocimiento de ese específico espacio y tiempo.
Si bien en las representaciones de la ciudad actual es posible identificar la geometría fundamental que fue su soporte en el pasado y aún, a pesar del cambio, permanece una significativa cantidad de episodios notables de aquella estructura que designamos como ciudad del Centenario(7), cabe señalar que la construcción del plano de Santiago de 1910 es, en estricto rigor, la restitución de un espacio extinto.
El trabajo se inicia a partir de rastros parciales e indicios que la ciudad revela sobre su pasado a través de fuentes primarias y secundarias dispersas, tales como planos, dibujos, pinturas, fotografías e incluso textos. Se trata de una visión retrospectiva de la ciudad del pasado, que parte del estudio de las distintas capas que han sedimentado en el sistema urbano en cuestión; lo que conduce a un trabajo principalmente estratigráfico y arqueológico.
Según Agamben, "podemos llamar provisoriamente 'arqueología' a aquella práctica que, en toda indagación histórica, trata no con el origen sino con la emergencia del fenómeno y debe, por eso, enfrentarse de nuevo con las fuentes y con la tradición" (Agamben, 2010).
En este contexto y en el horizonte de identificar el problema, hemos superpuesto varios planos del inventario de la ciudad de Santiago a lo largo de su historia(8). Esto nos ha permitido confirmar, por una parte, un proceso de acumulación y construcción de su estructura urbana a partir de la aplicación del orden regular de la cuadrícula y sus variaciones en el tiempo, que se desarrolla entre 1541 y 1864 (Rosas y Pérez, 2010). Por otra parte, también para identificar el estrato temporal en que dicho desarrollo cronológico se altera, marcando un punto de inflexión entre representaciones fisiognómicas y técnicas, lo que acaece en 1875 con el plano de Ernesto Ansart y el plan de transformaciones de Benjamín Vicuña Mackenna (Pérez y Rosas, 2010).
Posteriormente, entre 1889 y 1890, la Ilustre Municipalidad de Santiago encargó el levantamiento completo, detallado y técnico de la ciudad al ingeniero Alejandro Bertrand, quien llevó a cabo, entre otras planimetrías, la construcción de un plano mural (Corvalán, 2008) a escala 1: 5.000. Se trata de un documento de extraordinario valor histórico, cuya pérdida o destrucción, exige su investigación, puesto que permitiría acceder por su legibilidad al momento de escisión entre la ciudad republicana y la emergencia de la ciudad moderna.
En este regreso al pasado –y como siempre sucede cuando se leen fragmentos de una trama de cuya historia no se tiene la completitud de lo sucedido– se requiere de un gran trabajo para descifrar lo que se desconoce. Al estar frente a un relato incierto e incompleto en que con mucha más frecuencia de lo que se cree habrá discordancias entre los hechos y la explicación que de ellos se ha efectuado a lo largo de la historia, se hace necesario una actitud investigativa diferente.
De este modo, la ciudad que ha sucedido hace un siglo es una ciudad que, para representarla integralmente, requiere de un trabajo situado en el horizonte de recuperar su morfología urbana, lo que implica una relación de distancia que permita entender el todo, pero también, una cierta minuciosidad para comprender las partes y resolver los enigmas que esta nos revela.
El trabajo de inventariar y transcribir en un plano los diferentes hallazgos tiene un símil con el rol del detective en el esclarecimiento del problema y restitución de los hechos. Al igual que el trabajo del detective, en que la solución de un problema depende de la profundidad con que se investigue, nuestro trabajo como estudiosos urbanos quedará situado en un doble rol: por una parte, descubrir y revelar los hechos que nadie ha visto e interpretarlos y, por otra, descifrar las interrogantes en el horizonte para armar las piezas del rompecabezas. "This is puzzling".
Como dice Piglia, "el detective está ahí para interpretar algo que ha sucedido, de lo que han quedado ciertos signos y puede realizar esa función porque está afuera de cualquier institución. El detective no pertenece al mundo del delito ni al mundo de la ley; no es un policía, pero tampoco es un criminal (aunque tiene sus rasgos)" (Piglia, 1997).
La construcción de este plano ha sido, en gran medida, el recorrido de esa interpretación y secuencia de visualización, recomposición y tramado de los hechos. El producto cartográfico que emerge es el resultado de la tensión entre los materiales con que se leen los fragmentos y pistas del plano, y las formas bajo lo que se representan en retrospectiva esas lecturas, intentando reconocer en un solo documento cartográfico la naturaleza tipológica de sus elementos o partes, sin perder de vista la identificación de la ciudad como un todo.
En cierta medida, ya en el papel de escudriñar el fenómeno urbano del Santiago de 1910, quedamos situados en una zona donde la representación de esa realidad pasada tiene algo de conjetura, ya que se requiere traer a presencia algo que estaba oculto o que una parte importante de su realidad histórica carece de información. En esta idea, hay que reconocer una especie de circularidad entre el descubrimiento o resolución de la conjetura y el documento gráfico en cuanto síntesis e identificación de una trama. Y es que para interpretar además correctamente lo que se ha descubierto es fundamental la adecuada realización de su representación, por lo cual, la actividad del detective debe dar paso, al decir de Sennett, al papel del "orfebre" (Sennett, 2008).
Este tránsito, en el caso del dibujo y la representación del fenómeno urbano, está directamente asociado a la elección de la escala con la que se registran los hechos, la que se mide en la realidad tangible del mapa en cuestión. La construcción del plano no solo es la representación de lo construido sobre el papel, vale decir, la representación de los hechos una vez resueltos los enigmas y conjeturas, sino ha de ser también la mejor expresión posible con que se interpretan las relaciones que existen entre espacio y lugar.
De hecho, una escala de baja proporcionalidad introduce un tema de materialidad no tan solo en lo que se representa, ya que en este tipo de dibujo permite el registro de detalles de la fábrica urbana, sino que en la propia realidad del dibujo que exige precisión, debe resolverse una cierta conexión y concordancia entre el fenómeno observado y la transcripción que de este se realiza.
El plano –desde el papel del orfebre– informa tanto una visión de la ciudad cuanto una cierta tactilidad, dadas las texturas y capas que revela. De este modo, la escala no solo exige una cierta consistencia en lo que desea representar, y su construcción no solo indica una manera más detallada y minuciosa de mirar la ciudad, sino que entrega pruebas de su espesor y sustancia como hecho, poniendo en evidencia la materialización de la arquitectura, el paisaje y la ciudad.
Contribuye a este objetivo el trabajo con imágenes visuales (dibujos, pinturas y fotografías), las cuales aportan nuevas pistas sobre estos hechos. En efecto, ellas se constituyen en un eslabón que permite reunir bajo una nueva dimensión el fenómeno de la ciudad física dada y de la ciudad representada (Hidalgo, 2010). Es más, los textos o imágenes en los mapas, como señala Schlögel, "…son representaciones de realidad. Hablan la lengua de sus autores y callan aquello de que el cartógrafo no quiere hablar o no sabe cómo. Un mapa dice más que mil palabras. Pero también calla más de lo que podría decirse en mil palabras" (Schlögel, 2003).
De esto se deduce que el investigador en tanto detective tiene por misión la restitución de los hechos lo más fidedignamente posible a lo que ocurrió y, en tanto orfebre, tiene como imperativo el cuidado de la correcta construcción y registro de esos hechos en el plano. Ambos serían la faz y la contrafaz de una misma labor, cuyo producto es la resolución de la conjetura mediante la representación cartográfica de un fenómeno urbano, y donde el hallazgo radica en el valor que este documento gráfico tiene para el entendimiento de la trama que se quiere esclarecer.

CLAVES CONCEPTUALES. EL PROBLEMA, LAS PREGUNTAS, HIPÓTESIS Y PARADOJAS
Estudiar la relación e influencia mutua entre el fenómeno urbano de Santiago a comienzos del siglo XX y la construcción de un medio gráfico que permita una completa y detallada comprensión de su estructura introduce aspectos metodológicos de enorme importancia, dado que, según Manuel Solà-Morales, se hace necesario "establecer la continuidad de las diferencias valorando sus tamaños, moverse en la simultaneidad de escalas (el kilómetro y el centímetro a la vez), apreciar las intersecciones como puntos vitales y las longitudes como atributos imprescindibles del proyecto urbano" (Solà-Morales, 2008).
Se trata de analizar la relación entre la ciudad como artefacto concreto y sus representaciones planimétricas, así como la consideración de la relación inversa, dado que entre ambas se establece un proceso de intercambio, de traslaciones y transcripciones, de entrecruzamientos. En efecto, entre la ciudad dada y la ciudad representada, el esfuerzo principal está en la unificación de todos los materiales de la ciudad en un solo documento.
De este modo, el problema de la investigación queda orientado en términos teóricos entre la crítica a la arquitectura contemporánea planteada, entre otros, por Ignasí de Solà-Morales, cuando afirma que la arquitectura se concibe como un culto al objeto ensimismado (Solà Morales, 2002), y la crítica a la representación de la ciudad, que realiza Manuel de Solà-Morales cuando afirma que esta no puede reducirse a una mancha homogénea en un puzzle de colores (Solà Morales, 1981b). Esta tensión planteada hace unos años está aún vigente e ilumina todo nuestro trabajo.
De ahí que entonces, la pregunta que genera el problema de investigación es: ¿cómo representar la morfología de la ciudad de un modo integral y sinóptico?, en que la noción de integralidad exige la coexistencia de tres conceptos, a saber, arquitectura, ciudad y paisaje; y que la visión sinóptica es el soporte que permite una visualización simultánea del conjunto que las reúne y las partes o capas que la especifican. A cada concepto le corresponde no solo una específica forma de conocimiento, sino también una representación cartográfica.
En este marco, una primera hipótesis que la investigación ha formulado, problematizado y elaborado en la restitución y construcción de un plano de la ciudad de Santiago de 1910 es que los hechos de la arquitectura, la ciudad y el paisaje coexistan coherentemente. Interesa construir un documento gráfico que permita reconocer la naturaleza tipológica de sus edificaciones y espacios públicos, su disposición en la trama y en el manzanero, a la vez que cada parte quede situada e identificada en la ciudad y en el territorio como un todo. A través de eso se ha intentado recobrar aquella posibilidad de visualizar y comprender la ciudad de modo completo, condición que en el caso de Santiago se ha perdido en los años posteriores al centenario de la República, por la creciente extensión y complejidad que fue adquiriendo la ciudad en su tránsito a metrópolis, lo que se relaciona con una representación urbana de tipo abstracto y esquemático.
Complementariamente, una segunda hipótesis es que en el marco del paradigma moderno del conocimiento científico, que exigió una cada vez mayor abstracción para registrar la observación de los hechos, se dio como consecuencia el abandono de una visualización simultáneamente fisiognómica y técnica del todo y sus partes constituyentes.
Es por ello que los medios de representación gráfica de la ciudad de Santiago en el siglo XX –dado el tamaño que la ciudad adquiere en términos de superficie y población(9), los que reflejan el modo de desarrollo moderno de la ciudad– estuvieron acompañados de una creciente especificación de sus distintos componentes: redes, sistemas y subsistemas; a la vez que quedó marcada por una cada vez mayor incapacidad de poder representarla de modo integral.
Es más, la representación técnica de las infraestructuras viarias y redes de servicio introdujo una desagregación analítica y analógica de estos componentes de la calle, escindiendo el objeto de estudio en diversos mapas o planos (Larrain, 1909). Estas dos hipótesis de la investigación definen y precisan de modo teórico las cualidades de un plano que tiene por intención la coexistencia de los hechos de la arquitectura, los de la ciudad y aquellos del paisaje, en un solo documento.
En esta búsqueda(10) ha resultado clave la revisión de referentes previos o planos paradigmáticos, que a lo largo de la historia de la cartografía urbana constituyen ejemplos de una relación articulada y coherente entre los elementos de la arquitectura, la ciudad y el paisaje. Bajo esta óptica, se ha querido estudiar con cierta detención el plano de la ciudad de Imola, realizado por Leonardo da Vinci en 1502 (Baratta, 1941); el de Roma, realizado por Giambattista Nolli en 1748 (Borsi, 1993 y Ceen, 1991); y el plano de Madrid de 1874 (AA.VV., 1979), realizado por el Instituto Geográfico y Estadístico de aquella ciudad. Estas tres reconocidas planimetrías, de distintas épocas de la cultura occidental, han servido como referente para observar y discutir los criterios con los cuales se ha elaborado el principal producto de esta investigación.
En este sentido, en el ámbito nacional destacan especialmente los planos de Mostardi-Fioretti de 1864 y de Ansart de 1875 (Martínez, 2007). Es así como una primera paradoja que reconoce la investigación es que, hacia fines del xix, en los documentos cartográficos se produce un giro en el modo en que se representa la ciudad de Santiago de Chile. En efecto, después de haber contado con una secuencia de planos que representan con sentido de integralidad y mirada sinóptica la organización urbana (Martínez, 2007), esta se pierde al inicio del siglo XX y los planos solo logran ese objetivo de modo superficial y esquemático.
Una segunda paradoja es que, a pesar de existir a fines del siglo XIX y principios del XX distintos catastros urbanos de la ciudad de Santiago de Chile que destacan por su precisión, exhaustividad y enfoque empírico –información que se reunió en el trabajo cartográfico de Alejandro Bertrand, donde de modo consciente y explícito se transmitió una visión total y, al mismo tiempo, detallada de la ciudad a partir del levantamiento de sus calles– muy por el contrario e independiente de su pérdida, esta forma específica de conocimiento y representación se extinguió.
El problema de investigación, las preguntas, las hipótesis antes mencionadas y específicamente estas dos paradojas dotan de sentido y justifican la construcción de un plano de Santiago de 1910 a escala 1: 5.000. En primer lugar, por la posibilidad de reunir en un solo documento información en un grado de detalle nunca antes ni después disponibles. En segundo lugar, por cuanto esta misma construcción cartográfica revela y representa el estado de transición de Santiago de ciudad pre moderna a moderna.

LA CONSTRUCCIÓN DEL PLANO: ARQUITECTURA, CIUDAD Y PAISAJE
El producto principal de esta investigación es un plano que intenta representar la coexistencia coherente de los elementos de la arquitectura, la ciudad y el paisaje en una escala tal que la posibilite. La representación unitaria es importante, pero la desagregación de la forma urbana en arquitectura, ciudad y paisaje tiene por objetivo focalizar nuestra mirada para entender mejor un tejido complejo.
Independiente de cualquier definición, hemos seleccionado estas tres categorías para representar la organización urbana, coincidiendo nuevamente con Schlögel, quien señala: "Un mapa que represente todo no representa nada y es una insensatez, no sería sino caos o confusión. Los mapas solo llegan a enunciar algo dando realce a esto y desechando aquello" (Schlögel, 2003).
La distinción entre los hechos de la arquitectura, la ciudad y el paisaje no es tan significativa como la reflexión que cada una de estas categorías, o capas de representación, permiten, en el objetivo de entender la materia del espacio. En definitiva, interesa representar la "urbanidad material", al decir de Solà-Morales.
Ello es aún más válido en la producción de un plano retrospectivo, de una ciudad de hace 100 años cuya temporalidad depende, más que de los antecedentes y fuentes históricas, de los levantamientos precisos que informan sobre lo concreto de sus calles, avenidas, casas privadas, edificios y espacios públicos. En estricto rigor, es la elaboración de un plano con sentido inverso; ya no para abstraer o simplificar el fenómeno de una realidad presente, sino para acercarse a comprender con detalles el fenómeno de una realidad ausente.
Es por ello que intentar transcribir la compleja y rica realidad de dicha organización requiere de un proceso que reproduzca de la manera más exacta la información recabada, articule las fuentes primarias y su montaje, las distintas formas de transcripción y el ensamblaje del conjunto para concluir con la descripción sucinta del plano principal y sus tres lecturas.
En este contexto, una aclaración necesaria que orienta tanto la comprensión del plano en sí como su proceso de elaboración consiste en recoger y trabajar con la planta entendiéndola desde dos miradas; a saber, la planta como el orden y soporte de lo físico dado, es decir, poder leer la composición de los elementos de la arquitectura, la ciudad y el paisaje de modo diferenciado; y la planta como el orden de la coreografía, es decir, como notación de aquellos elementos que determinan los movimientos posibles y las diferencias dentro de lo construido (Pérez, 2004).
En la elaboración del plano se definieron las siguientes etapas: una de homologación, consistente en la digitalización y vectorización de las fuentes primarias; la construcción, que contempla el ensamblaje de las fuentes primarias ya homologadas; el montaje de las distintas capas de información generadas: arquitectura, ciudad, paisaje y, finalmente, las lecturas. Al final se agregó una etapa de verificación y confirmación sobre el trabajo realizado.
En relación con las fuentes primarias, ellas están constituidas principalmente por el Archivo Municipal del Catastro de Manzanas de 1910, consistentes en mil cuatrocientas planchetas en que se representa la planta de cada manzana, escala 1: 500. Complementariamente se recopilaron las plantas, a escala 1: 100 o 1: 50, de 343 casos de arquitectura, cuyo origen principal fue el archivo de la empresa Aguas Andinas(11). Finalmente se agregaron las plantas, en distintas escalas, más fotografías históricas de 56 casos de operaciones de paisaje(12). Otra fuente primaria son las cartas geográficas elaboradas entre 1903 y 1915 por la institución predecesora del Instituto Geográfico Militar. Estas se enmarcan en el contexto de un levantamiento a nivel nacional, a través de cartografías a escala 1: 25.000(13). La restitución del trazado ferroviario y sus instalaciones asociadas fue elaborada en base al Archivo Histórico de las Empresas de Ferrocarriles del Estado (EFE), el Museo Ferroviario, el Instituto Ferroviario y el Archivo de la Administración Nacional.
En este contexto, el trabajo de transcripciones halla su expresión más acabada en lo que señala José Ignacio González, como una serie de etapas que se inician con la recopilación de la información, procesamiento de la misma y elaboración del producto (González, 1988). Respecto a eso se reconocen tres momentos fundamentales. El primero es el paso y transcripción desde el fenómeno a la representación planimétrica a través de un levantamiento pormenorizado (la plancheta realizada en torno a 1910). El segundo paso es la transcripción de la información contenida en la plancheta a formato digital, en el año 2008, y la tercera, la transcripción y adecuación de esta información a la realidad del plano impreso, escala 1: 5.000. Este proceso de transcripción implicó la adecuación de la información de las distintas escalas en que se encontraban los documentos originales o fuentes primarias (ninguna en la escala 1: 5.000), en vistas de conseguir su correcta visibilidad y equilibrio en un plano como un todo. El éxito de esta etapa se mide en el ensamblaje de los componentes del plano.
En efecto, esta operación de ensamblaje consistió principalmente en el calce de los casos de arquitectura al interior de la unidad de la manzana, el calce de los casos de paisaje y las manzanas en la trama y, finalmente, este conjunto tuvo, a su vez, su calce final en la representación del contexto rural. En este proceso de construcción y a modo de constatar el grado de legibilidad de las partes, se realizaron pruebas planimétricas de las manzanas, de los casos de arquitectura y de los casos de paisaje, cada uno por sí solos.
Por otra parte, una segunda fase consistió en el proceso de montaje, que se realizó a partir de la noción de capas o estratos. La primera es el plano topográfico GEOCEN 2002. La segunda es el plano compuesto de la comuna de Santiago y adyacentes del año 2008, que se constituyó como base para inserción de las mil cuatrocientas manzanas del catastro de Santiago de 1910. Sobre esta base depurada se montó la transcripción homologada del entorno rural proveniente del plano del IGM, escala 1: 25.000. Posteriormente se montaron las capas que agrupaban los casos de arquitectura y paisaje, así como la restitución de la red de ferrocarriles.
En este contexto, la comprensión estructural de la ciudad es el plano de Santiago de 1910, donde coexisten la arquitectura, ciudad y paisaje en una escala 1: 5.000, en un formato de 210 x 255 cm y que, siendo un plano sinóptico, representa de modo integral el fenómeno de la ciudad física dada.
Este plano es la comprobación de una hipótesis metodológica que consiste en la elección de la escala 1: 5.000 y de un soporte impreso que permite representar la ciudad en su integralidad, donde comparezcan las mil cuatrocientas manzanas del catastro de 1910, las 343 plantas de edificios públicos e institucionales y, finalmente, los 56 casos de paisaje, incluido el entorno rural. Se integra a este plano el sistema ferroviario de la época, con sus vías y edificaciones afines. Los planos que analizan y sintetizan por separado la arquitectura, la ciudad y el paisaje son a la vez instancias de verificación de su correcta construcción y representación.
En ese contexto, el plano de Santiago de 1910 y su arquitectura es la primera capa, elaborada a escala 1: 5.000. Ella revela 343 plantas de edificios públicos e institucionales insertas en la trama de calles. De los edificios se ha destacado su configuración interna de muros, suelos y vacíos. En este plano se puede leer la relación de continuidad o discontinuidad entre interior y exterior de las edificaciones, definiendo los límites entre lo público y lo privado. Permite, además, relacionar tipologías edificatorias y sus emplazamientos en la manzana y en las distintas zonas de la ciudad.
El segundo plano corresponde a los elementos constitutivos de la ciudad y está construido por mil cuatrocientas manzanas, de las cuales se ha destacado su subdivisión predial y la trama urbana, considerando calzadas y aceras. En este plano también se representa el ámbito rural, a través de la red de caminos y callejones, que permite entender el entorno inmediato de los bordes de la ciudad, además de la subdivisión predial e interna de los paños agrícolas. Este plano permite relacionar la continuidad vial entre ciudad y territorio, las rutas principales y la accesibilidad al paisaje de una sociedad urbana.
El tercer plano registra elementos de paisaje y está constituido por 56 casos, entre los cuales se cuentan plazoletas, plazas, paseos y parques insertos en la trama de calles y su arborización. Junto a estos vacíos se representan los hitos geográficos inmersos en el contexto urbano. Estos espacios abiertos al interior de la ciudad se complementan con una diversidad de espacios de la ruralidad, como casas patronales y tierras productivas como chacras, viñas y predios de árboles frutales y poblaciones. Este plano permite visualizar la conectividad entre lugares abiertos de la ciudad y confirmar la existencia de un sistema o trama del ocio y esparcimiento (Rosas, Strabucchi, Hidago y Cordano, 2010).
Finalmente, el plano síntesis es la ciudad toda, que puede ser comprendida, por una parte, como la desagregación analítica de las capas que informan, así como la superposición de los tres planos constitutivos y explicativos de la urbanidad material.

III. CONCLUSIONES
La realidad siempre es más rica y compleja que las representaciones que de ella podamos realizar y sintetizar en un plano.
Aun así, el plano como producto tiene un valor en lo que representa, es decir, en cuanto a que revela el estado premoderno de la ciudad de Santiago, siendo en este sentido la imagen planimétrica más precisa jamás elaborada, la que en términos históricos confirma el tránsito de una ciudad preurbanizada a una urbanizada. Esta precisión constituye la hipótesis del proyecto FONDECYT Nº 1110684 "Santiago 1890: la calle como soporte y tránsito hacia la modernidad. Transcripción y montaje planimétrico del catastro de calles de Alejandro Bertrand"(14).En términos disciplinares, su valor radica, por una parte, en la contribución que este documento cartográfico tiene para posteriores estudios urbanísticos sobre Santiago, así como una metodología de descripción aplicable a otras realidades urbanas y la posibilidad de múltiples y nuevas miradas.
Nos parece aún más relevante que la imagen cartográfica de Santiago en 1910, y en particular las lecturas de su arquitectura, ciudad y paisaje en tanto atributos de dicha organización, han sido intentos por representar la construcción y ocupación del espacio en un momento en que la ciudad de Santiago evidencia un cambio significativo, consecuencia de una serie de acciones previas.
Una buena parte de la configuración morfológica y tipológica deriva del conjunto de operaciones fijadas en el plan de transformaciones de Benjamín Vicuña Mackenna y el plano de Ernesto Ansart de 1875, lo que posteriormente se intensifica con el plano de Alejandro Bertrand y el levantamiento de calles y avenidas realizado en 1890, así como del proyecto para la canalización de agua potable y alcantarillado realizado en 1905 por la empresa Batignolles et Fould (Larrain, 1909).
Estas acciones de modernización contribuyen a definir una imagen estable de la ciudad que se anhela y, por otra parte, confirman un punto de inflexión en la historia cartográfica de la ciudad y el cañamazo sobre el cual se construye la ciudad de Santiago de 1910 y los desarrollos futuros de ellos (Rosas, Vicuña, Farías, 2011).
La estructura urbana queda así expresada en la claridad con que el sistema de circunvalación ferroviario define, en un importante porcentaje del perímetro, el límite entre las áreas urbanas y el territorio rural. Por su parte, la escala 1: 5.000 escogida, permite tanto una legibilidad nítida y en simultaneidad de los hechos de la arquitectura, la ciudad y el paisaje(15), como fija un tamaño abarcable para la apreciación del conjunto. En el encuadre definido por el plano queda reflejada la ciudad y el campo, y además la disposición de los edificios públicos y privados, que en una alta proporción son viviendas y que tiene una subdivisión predial pequeña; los elementos urbanos decisivos de la parcelación y trama de calles; y las partes que por adición constituyen la ciudad.
De este modo, se conjuga la ciudad dada con la ciudad representada, equilibrando la apreciación del detalle con la impresión de la totalidad. En síntesis, la construcción de esa imagen pone en evidencia el modo en que fue hecho.

Notas

1.     Este artículo está íntimamente relacionado con la separata que acompaña a esta revista y que incluye el plano de Santiago de 1910, a escala 1: 5.000, producto principal de esta investigación.

2.     Cabe señalar las influencias del Laboratorio de Urbanismo de Barcelona como institución en el medio nacional y el rol del arquitecto Manuel de Solà-Morales, tanto su enfoque teórico como su metodología. Otros trabajos derivados de esta postura se han incluido en la bibliografía del presente texto.

3.     Proyecto FONDECYT Nº 1085253, ya citado.

4.     Con la colaboración del equipo de la Dirección de Obras de la Ilustre Municipalidad de Santiago, conformado por Miguel Saavedra, Gustavo Carrasco, Ignacio Corvalán y Claudio Contreras.

5.     El equipo de ayudantes en esta tarea estuvo conformado por Francisca Carter, Carmen Verdugo, Carlos Silva y Felipe Lanuza; y por los tesistas Christian Saavedra, María José Besoain y Gabriel Allende.

6.     El párrafo original es el siguiente: "Cities exhibit a typical mix of order and diversity: more order than a random aggregate of architecture; more diversity than an artifact crafted by a single hand".

7.     Plano de Santiago. Imprenta y Litografía América, 1910 (Martínez, 2007).

8.     Al respecto se pueden consultar los siguientes documentos elaborados por alumnos de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica: Silva, Carlos. "Informe Metodología de Dibujo Año 3", marzo de 2011; Lanuza, Felipe. "Restitución planimétrica. Trazados e infraestructuras ferroviarias de Santiago 1910", marzo de 2011; Carter, Francisca y Carmen Verdugo. "Construcción del Plano de 'Santiago de 1910'. Metodología y estado de avance, capas ciudad y arquitectura", marzo de 2010; Saavedra, Christian. "Construcción plano de Santiago 1910. Método y avance capa paisaje: espacio público y ruralidad", marzo de 2010; Saavedra, Christian y Lanuza, Felipe. "Los planos de rectificación de la calles de Santiago, 1890 de Alejandro Bertrand", marzo de 2010.

9.     En 1900 Santiago cubría una superficie de 5.085 hectáreas y tenía 256 mil habitantes (Martínez, 2007).

10.     Se ha querido trabajar en lo posible con planos de tamaño facsímil, de modo que su lectura se ajuste lo más posible a las condiciones del plano original. Esto reconoce la importancia que merece el tratamiento adecuado de las fuentes de estudio, las que se han querido situar como elemento central del análisis. En consecuencia con lo anterior, se ha incorporado también una ficha informativa que busca ser lo más exhaustiva posible al dar cuenta de los detalles y circunstancias que determinaron la creación de cada documento.

11.     Este material fue recopilado por el arquitecto y co investigador de este proyecto, Ítalo Cordano, a lo largo de 20 años de trabajo.

12.     Otra fuente importante para complementar la planimetría señalada fueron las fotografías, para lo cual se realizó un archivo fotográfico por casos, del que estuvo a cargo el co investigador Germán Hidalgo, y el cual dio origen al libro Vistas panorámicas de Santiago 1790-1910. Su desarrollo urbano bajo la mirada de dibujantes, pintores y fotógrafos, ya citado.

13.     Las cartas que recogen el encuadre geográfico de Santiago de 1910 son cuatro: las de Santiago norte, por el nororiente; la de Santiago sur, por el suroriente; Renca, por el norponiente; y Maipú, por el sur poniente.

14.     Este proyecto fue adjudicado como segunda etapa del proyecto fondecyt Nº 1085253 "Santiago 1910: Construcción planimétrica de la ciudad pre moderna. Transcripciones entre el fenómeno de la ciudad física dada y la ciudad representada. 2008-2011" a ser ejecutado entre los años 2011-2014.

15.     Se ha optado por establecer una escala precisa y reconocible, convencionalmente manejada por quienes comparten el entorno disciplinar. Un ajuste fino según otros criterios que pudiera llevar a reducciones proporcionales no tan claras o específicas, si bien es cierto pueden acercarse aún más a una lectura óptima de la representación, podría distorsionar el plano como herramienta de observación comparable y manipulable en relación con otras representaciones.

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