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ARQ (Santiago)

On-line version ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  no.80 Santiago Apr. 2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962012000100003 

ARQ, n. 80 Representaciones, Santiago, abril 2012, p. 16-21.

LECTURAS

Las mil y una Baghdad de Al-Mansur

Martino Tattara *

* Profesor, Berlage Institute, Rotterdam, Países Bajos.


Resumen

Una instrucción legible –como las que escribía Sol Lewitt– deja en evidencia el poder de las memorias de arquitectura en cuanto representación: una matriz de diseño descrita con el rigor de la palabra puede garantizar la vitalidad y la supervivencia de los principios rectores de un proyecto.

Palabras clave: urbanismo – Irak, ciudades persas, historia del urbanismo, planificación, levantamiento.


Una vez más, los proyectos para la fundación de nuevas ciudades están en el centro de la discusión arquitectónica. En las últimas décadas hemos sido testigos del surgimiento de numerosas ciudades en los países del este de Asia y las noticias sobre nacientes ciudades construidas desde cero se suceden, con inmutable entusiasmo, hasta hoy. En 2001, el Ministro de Asuntos Civiles de China hizo pública su ambición de completar la construcción de cuatrocientas nuevas ciudades hacia el año 2020, de modo de dar residencia a numerosos inmigrantes del campo y estimular el proceso de industrialización nacional en curso.

En Medio Oriente, la reciente explosión urbana ha ido a la par con el desarrollo de ambiciosos proyectos para construir nuevas ciudades, los que han acaparado la atención de los medios especializados principalmente por la incorporación de algunos starchitects en su diseño. Por otra parte, la reciente celebración del aniversario número 50 de la inauguración de Brasilia atrajo nuevamente las miradas hacia algunas experiencias –a menudo desatendidas– ocurridas en la historia de la arquitectura y el urbanismo modernos, consideradas por la historiografía dominante como poco más que ejemplos nítidos del fracaso de las utopías del siglo XX.

Aunque sería necesario hacer una distinción entre aquellos proyectos que han sido capaces de ampliar la noción de ciudad –o que están apostando a una renovación de la idea de urbanidad– respecto de otros que simplemente replican paradigmas preexistentes, seleccionando desde la historia de la arquitectura algunas referencias relevantes, una mirada detenida al conjunto de estos emprendimientos deja de manifiesto que diseñar una ciudad desde cero es, en realidad, no solo una tarea inusual que unos pocos arquitectos abordan durante sus carreras profesionales. Se trata de un ejercicio de diseño sin duda equivalente al mayor reto arquitectónico, uno en el cual el alcance, el potencial y los límites de la disciplina son llevados hasta el extremo, poniendo a prueba la capacidad operativa de los instrumentos propios del trabajo del arquitecto.

El proyecto de una ciudad es un oxímoron. Imposible en sus propios términos, en él el rol del arquitecto está necesariamente limitado al establecimiento de aquellos principios formales, tipológicos o incluso normativos que probarán en el tiempo ser capaces de orientar y controlar el desarrollo de la ciudad. Primero y antes que todo, el proyecto de una ciudad es –en contraste con la magnitud y el alcance del esfuerzo asociado– un asunto vinculado a la reducción, a las restricciones y a las limitaciones.

El crítico uruguayo Ángel Rama produjo un ensayo notable sobre el poder de la palabra escrita en la formación de las sociedades latinoamericanas, donde explora el rol fundamental de los "hombres letrados" para entender lo que él considera un aspecto crucial de la ciudad colonial latinoamericana. Según su libro La ciudad letrada, la principal característica de la urbe colonial no es la aplicación de una grilla como principio elemental de la fundación de ciudades, sino más bien el rigor sostenido en la descripción por escrito de los principios rectores que se suponían capaces de orientar la composición del espacio urbano. En Latinoamérica, esto se habría llevado a un punto de refinamiento tal que el orden técnico puede, consecuentemente, reproducir y confirmar el orden social de la manera en que este es establecido por el proyecto.

Ese intento por destilar lo esencial y descartar lo superfluo es confirmado por otro proyecto capital: el plan piloto de Brasilia (1956-1960). En el caso de la nueva sede del poder político brasileño, el arquitecto no ganó el concurso solo gracias a la claridad de sus dibujos: fue clave el texto de la memoria, el célebre "relatorio". En él, los escuetos principios formales y organizacionales del proyecto (como el uso de la supercuadra como principal solución para las áreas residenciales) fueron descritos con tal nitidez y precisión que el profesional aseguró su legibilidad para los ejecutores que luego se encargarían de levantar la ciudad.

La misma actitud reduccionista caracteriza el proyecto de la gran ciudad levantada por el califa Al-Mansur en el sitio de Baghdad, la célebre y misteriosa ciudad circular cuya construcción se inició en el año 762 d.C. y de la cual no existen restos arqueológicos. La planta de la ciudad ha sido objeto de reconstrucciones históricas basadas en unas pocas fuentes bibliográficas disponibles –como La historia de Baghdad escrita por Khatib Al-Badhdadi (1071) y Geografía de Ya'qubi's– y desarrolladas primordialmente por K.A.C. Creswell, quien en su Compendio de arquitectura paleoislámica (1958) entregó una primera interpretación posible de la planta de la ciudad, y Jacob Lassner en La topografía de Bagdad en las edades medias tempranas (1970).

Aunque la Baghdad de Al-Mansur no es de ninguna forma la primera ciudad circular construida en la historia de la humanidad, puede considerarse uno de los ejemplos más destacados de planificación urbana en el mundo del Islam. En términos generales, la ciudad se presentaba como un anillo con una circunferencia de 16.000 cubits(1) (alrededor de 8,3 km) y 5.093 cubits de diámetro, equivalentes a 2,6 km. Sin embargo, a diferencia de los esquemas circulares típicos del pensamiento renacentista, en que el círculo era usado para comunicar "la jerarquía social proyectada por el planificador, con los edificios de gobierno situados al centro y áreas residenciales asignadas a diferentes clases sociales en anillos concéntricos, desde el centro a la periferia" (Rama, 1996), en el caso de la Baghdad de Al-Mansur se trataba de nada más que una estructura habitable de ancha crujía, que delimitaba un enorme vacío circular –la gran Rahaba– en el centro del cual se ubicaba el palacio del califa, junto a la mezquita. La radicalidad de su esquema urbano no proviene de la utilización de una figura geométrica abstracta que, como Creswell sugiere, puede de hecho encontrarse varias veces en otras ciudades del mundo islámico, partiendo por los campamentos militares asirios. Más bien, se vincula al intento de implementar la posibilidad de una ciudad por el proyecto de su borde: un macizo muro habitable de múltiples capas, una fortaleza que simultáneamente contenía y organizaba funciones de vivienda, defensa y comunicación.

Las dos principales reconstrucciones de la planta de la ciudad, propuestas respectivamente por Creswell y Lassner, formulan la misma organización para el elemento fundante, lineal y circular. La sección tipo del anillo está caracterizada por series de cinco muros concéntricos que forman tres caminos interiores igualmente circulares –señalados como el primer, segundo y tercer fasil– que corren ininterrumpidamente desde una puerta de la ciudad a la otra. Estas son cuatro, cada una equidistante de la anterior y nombradas según la provincia o ciudad hacia la cual se dirigen; van cortando cada fasil e interrumpiendo, en consecuencia, la continuidad del tráfico en ellos. Además de proveer accesibilidad general a la ciudad, las cuatro puertas organizan la distribución entre los diversos sectores de vivienda, facilitan los intercambios entre los tres anillos concéntricos y permiten la penetración hacia el gran patio circular. Cada acceso está –comenzando desde el muro exterior– organizado como una secuencia espacial lineal que empieza con el cruce sobre la zanja que corre a lo largo del muro exterior de la ciudad, atraviesa un primer patio, luego dos portones separados por un estrecho corredor, un largo y amplio portal diseñado para albergar a unos mil guardias, un pequeño patio que interrumpe el tercer fasil y, finalmente, el muro interior. La definición de una ciudad a partir de la descripción de un único elemento, como testimonian las reconstrucciones de Creswell y Lassner, confirma que para diseñar una ciudad es necesaria una actitud reduccionista.

Mientras Creswell sostiene que al final de la secuencia de acceso, después de la última bóveda, uno se encontraría en medio de un patio cuadrado de 20 cubits que conduciría directamente a la gran plaza central, Lassner sugiere que "rodeando el vacío central estaban las habitaciones de los hijos menores de Al-Mansur, sus sirvientes residentes, los esclavos, el tesoro, el arsenal, el diwan de la corte, las cocinerías y varias otras dependencias del Estado". Según esa hipótesis existiría entonces un anillo de edificios entre el tercer fasil y la explanada central (Allan, 1991). La posible construcción de un anillo habitado en torno al vacío principal revela que todo el proyecto urbano era, esencialmente, una sencilla estructura de muros que servían como soporte al proceso de formación de la ciudad. Cada fasil y las cuatro grandes puertas corresponderían a los elementos de infraestructura mayor de la ciudad, actuando como soporte, sirviendo a las áreas destinadas a funciones residenciales y también orientando el eventual crecimiento urbano. La existencia de un anillo interno es, en definitiva, un asunto irrelevante en la medida en que su existencia se interprete como el resultado natural de la concepción urbana misma: un esqueleto sobre el cual el cuerpo urbano se va desarrollando. Vistas así, nunca fue posible realizar por completo el proyecto de la Baghdad de Al-Mansur ni la consiguiente reconstrucción de su planta. Y nunca lo será, mientras la naturaleza de la propia ciudad se sostenga en el control y diseño de unos pocos aspectos –las puertas de acceso, los rituales de entrada, las maneras de desplazarse por la trama urbana, los largos muros–, y el resto parezca estar abierto a una multiplicidad de interpretaciones y eventos.

Los dibujos que acompañan a este texto ofrecen algunos desarrollos posibles desde este radical plan urbano, en un intento de visualizar los resultados que pueden producir estos principios formales y esta actitud frente al diseño.

Notas

1.     El cubit es una antigua unidad de medida de longitud que aproximadamente equivale al largo de un antebrazo. Creswell sugiere una medida de 51,8 cm.

Referentes

ALLAN, James W. "New Additions to the New Edition". En Muqarnas 8. The Aga Khan Program for Islamic Architecture, Harvard University y Massachusetts Institute of Technology, Cambridge, 1991, p. 17.         [ Links ]

CRESWELL, K.A.C. A Short Account of Early Muslim Architecture. Penguin Books, Harmondsworth, 1958.         [ Links ]

LASSNER, Jacob. The Topography of Baghdad in the Early Middle Ages. Wayne State University Press, Detroit, 1970.         [ Links ]

RAMA, Angel. The Lettered City. Duke University Press, Durham, NC, 1996.         [ Links ]