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ARQ (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  n.75 Santiago ago. 2010

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962010000200003 

ARQ, n. 75 Casas, Santiago, agosto 2010, p. 20-29.

 

LECTURAS

Casas publicadas

Andrés Téllez *

* Profesor, Escuela de Arquitectura, Universidad Diego Portales, Santiago, Chile.
** Profesor, Escuela de Arquitectura, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile


Resumen

A partir de el hecho de que las casas son las obras de arquitectura más publicadas, el autor analiza comparativamente las obras de este número a través de su categorización basada en cuatro puntos de vista: geografías o distribuciones interiores, transformaciones de obras existentes, localización rural o urbana y referentes previos.

Palabras clave: Arquitectura-Latinoamérica, análisis crítico, vivienda, espacios interiores, publicaciones.


 

LA CASA, PROYECTO DE ARQUITECTURA ESENCIAL/ ¿Quién no ha imaginado o construido su propia morada? Parece imposible hablar de arquitectura sin hablar de la vivienda como unidad básica del habitar humano. Es difícil encontrar una publicación especializada en arquitectura que no haya tratado el tema de la casa: el lugar privilegiado, el último refugio de la vida privada, la huella material de la unidad básica de la sociedad ─la familia─ y el postulado arquitectónico. Todo esto y más se encarna en la casa. Para comprobarlo basta mirar un panorama de casas publicadas en Chile durante los 80 años que median entre 1930 y 2010. Quien quiera construir para sí una idea del estado de la profesión, puede comenzar mirando casas. Son "la cara visible de la modernidad" (Téllez, 1996), modernidad entendida como esa condición dada por el cambio, por el avance hacia fronteras del conocimiento y del oficio no exploradas y definidas. El arco conceptual alcanza para incluir la casa en su versión contemporánea: la continuidad de actitudes modernas, heredadas unas, sobrepuestas otras a la experiencia del llamado Movimiento Moderno. Y la continuidad de esta actitud corre en paralelo con la necesidad de dedicar números monográficos a casas en revistas contemporáneas, como en su tiempo lo hicieran en Chile Arquitectura y Construcción o Auca.
En un segundo nivel de reflexiones, la vivienda unifamiliar se reconoce por su condición de mundo privado. La casa existe en nuestro imaginario a través de fotografías, croquis y planos, sobreviviendo a veces a su destrucción física. Culturalmente hablando, la idea que muchas veces se construye de la casa no es su vivencia práctica ─como sí ocurre con el edificio público─, sino aquella que construyen las fotografías, una reseña y el testimonio de algún visitante.
En un tercer nivel, cabe preguntarse: ¿De qué casas se ocupa el mundo editorial especializado? Un ejercicio de comparación permite cotejar las revistas Arquitectura y Construcción y ARQ. Salta a la vista una particularidad chilena: la casa de playa. Como se sabe, muchas de las casas-paradigma del siglo xx caen en esta categoría tipológica. En Chile la casa de playa ocupa, desde hace ya tiempo, un lugar destacado dentro de la producción de arquitectos jóvenes y consagrados. En un país de 4500 km de costa de norte a sur y apenas 440 km en su punto más ancho, acceder al litoral desde algunas de sus ciudades principales situadas en el interior, resulta relativamente fácil. La posibilidad de una segunda vivienda atraviesa todas las capas de la sociedad. Entonces es un campo adecuado para la difusión local e internacional de la arquitectura chilena. ¿Y qué queda para la casa urbana? Las casas situadas en los barrios emergentes de Santiago, aquellos que se diseñaron a partir del modelo de la ciudad-jardín anglosajona, son casas suburbanas. El suburbio implica una condición de cierta autonomía respecto de las restricciones reglamentarias y las presiones económicas propias de los centros urbanos. Es este aspecto, nada parece haber cambiado sustancialmente entre la década de 1930 y la actualidad: la casa suburbana es, por esencia, el luoco privilegiato palladiano. (Sato, 1999)
Los tres niveles de reflexión propuestos sirven de punto de partida para indagar sobre cómo este número de ARQ se suma a un extenso panorama de casas publicadas, aquellas que han contribuido a la construcción de una cultura arquitectónica que en Chile tiene, en la vivienda unifamiliar, una cara que sigue siendo tanto ó más visible que antes. Tómese nota de una paradoja: se las visita con la mirada contemplativa sobre el papel impreso o la pantalla del computador, pocas veces recorriéndolas.

RETROSPECTIVA / Propongo al lector un repaso de algunas casas del siglo XX en Chile, a partir de las revistas de arquitectura. Desde inicios del siglo, las grandes residencias particulares fueron objeto de la atención de los medios impresos. Cuando, a mediados de la década de 1920 las clases medias iniciaron su ascenso y aparecieron como actores relevantes de la sociedad, la casa unifamiliar inició su transformación.
La revista Urbanismo y Arquitectura, órgano oficial de la Asociación de Arquitectos de Chile, incluyó en sus páginas una rúbrica llamada "Residencias Modernas"(1). Se trataba de casas que presentaban ciertos rasgos que las diferenciaban de los palacetes eclécticos de hacía apenas 20 años atrás, empleando referencias estéticas de orígenes a veces exóticos, mezcladas y recompuestas. Estas residencias modernas representaban en sus plantas, a una sociedad todavía anclada en estructuras familiares rígidas, con una fuerte dependencia en la servidumbre necesaria para mantenerlas. Si bien se trataba de viviendas aisladas, sin duda un avance respecto de la casa entre medianeras del centro de la ciudad, su indudable carácter suburbano situaba a los arquitectos en una nueva frontera.
En la misma revista, hubo un generoso espacio para casas claramente modernas. Un ejemplo fue la publicación en 1937 de las casas para la familia Hasbún, diseñadas por Fedorov, Jayme y Peretiatkowicz, en Ñuñoa, Santiago. Ellas representan un contrapunto interesante sobre el camino a seguir por parte de los arquitectos y cómo el gusto imperante hasta entonces podría ir cambiando hacia una aceptación de las formas del habitar moderno. Pero este habitar, a juzgar por las fotografías de estas casas, debía superar todavía algunos obstáculos. Son la expresión de una capa emergente de la sociedad, que aceptó las formas de la modernidad en sus residencias, como una prolongación natural de su actividad económica. Sin embargo la estructura familiar se mantenía rígidamente atada a jerarquías y esquemas estáticos, heredados por generaciones.
La aparición de Arquitectura y Construcción en 1945 supuso un giro importante en la consolidación de una cultura arquitectónica de matriz moderna. La revista dedica, en sus cinco años de vida, dos números para la casa urbana, un número para la casa de playa, un número para casas de temporada y un reportaje sobre casas de Richard Neutra. Indudablemente, el carácter más independiente de la revista le permitió publicar obras que empujaban más allá de lo acostumbrado, los proyectos que reflejaban los cambios sociales que Chile estaba experimentando. El espacio otorgado a casas de jóvenes arquitectos de entonces ─Duhart, Castillo, Pérez de Arce, Galván, Despouy y Dvoresky─ sin duda contribuyó a formar en las generaciones nuevas, una cierta idea de lo que podía ser la casa moderna. Casi todas ellas eran pruebas de laboratorio, tendientes a demostrar las ventajas de la construcción moderna, de la planificación de la casa como mapa de una vida igualmente planificada, racional y desprejuiciada en sus esquemas de relaciones funcionales y de recursos estéticos. Por otro lado, con algunas de ellas se inaugura un nuevo pacto entre medio natural y artificio construido.
La década de 1950 marca un interludio en el mundo editorial dedicado a la arquitectura(2). La desaparición de Arquitectura y Construcción y la esporádica aparición de publicaciones como Arquitectura, la labor de los arquitectos tuvo que encontrar otros canales de difusión.
A pesar de ello, surgen Zig-Zag y Eva para llenar parcialmente este vacío. En estas revistas de gran tirada y contenidos diversos, la arquitectura apareció aquí y allá de muchas maneras. Más interesante para este ensayo, resulta ser la revista Eva, una publicación orientada al ama de casa chilena de clase media. En ella se destacan los ámbitos domésticos como espacios a ser sometidos a transformaciones para hacerlos más prácticos y confortables, más limpios y luminosos. La mujer era representada asumiendo el control de la vida doméstica, liberándose de su dependencia en el personal de servicio. ¿Qué arquitectura podría asociarse a semejante transformación cultural, en el Chile de fines de la década de 1950? Muy poca, si se observa con atención el programa, las superficies y la disposición de recintos de casas publicadas años más tarde.
La aparición de Auca en 1966 marca un tono diferente a los anteriores. La casa unifamiliar es tratada en artículos y reportajes, compartiendo lugar con temas nuevos o más urgentes. Entra en escena una nueva generación de arquitectos, en el contexto de la madurez del movimiento moderno. Su labor precursora preparó el terreno para casas en las que materiales, técnicas, programas y espacios parecen más ajustados a la familia nuclear chilena. En notas editoriales, Auca destaca el hecho de que se trata de viviendas para familias acomodadas, con generosos presupuestos y un manejo de ciertos materiales como estucos y maderas, usados como referencias a valores locales autóctonos. El panorama expuesto a través de seis casas muestra las posibilidades formales y posturas personales de sus autores. Se destacan relaciones interiores-exteriores intensas, con lo cual el paisaje inmediato y el lejano adquieren mayor relevancia; espacios interiores más abiertos, con estares y comedores compartiendo un mismo gran recinto; y dormitorios y áreas de servicio claramente separados y compactados.
Las décadas de 1970 y 1980 significaron para la producción arquitectónica chilena una época de crisis en la valoración de lo moderno; patios, círculos, ladrillos y parrones constituyeron parte importante del repertorio formal empleado en la arquitectura doméstica. El panorama editorial de esos años, a falta de un estudio más acabado sobre sus alcances, puede caracterizarse por la aparición y desaparición de proyectos editoriales de cierta importancia, pero sobre todo por la ausencia de posiciones más críticas, no desde el discurso y la retórica, sino desde la obra misma. Diluida como tipo edilicio en medio de una creciente variedad de programas y escalas, la vivienda unifamiliar continuó siendo un campo de construcción de postulados, acordes con los valores propios de estas décadas: recuperación de formas, elementos y materiales que denotaban una cierta raigambre localista.
Sin duda, las bienales, los Seminarios de Arquitectura Latinoamericana y el crecimiento de intercambios más o menos fluidos entre revistas agitaron aguas que comenzaban a estancarse a principios de la década de 1990. La Expo Sevilla de 1992 y más adelante el Congreso de la uia en Barcelona de 1996 revelaron algunos caminos de salida hacia posturas más personales, tanto en el discurso de los arquitectos(3), como en el de la obra misma como portadora de actitudes más propositivas y abiertas.

AMÉRICA LATINA ENTRA EN ESCENA / Si algo parece haber dejado como herencia la década de 1980 en el campo editorial, es esta mayor atención a lo que acontecía en Argentina, México o Brasil. Poco a poco fue apareciendo lo que la arquitectura chilena podía aportarle a la cultura latinoamericana. Favorecida por un clima económico saludable, un ambiente político más esperanzador y una generación de arquitectos dispuesta a pasar a la acción, la casa retoma su papel de orientadora para una creciente masa crítica de arquitectos.
Las casas publicadas entran en un circuito de difusión de alcances globales. Junto con la mayor atención al contexto latinoamericano, aparece en escena una renovada visión crítica sobre un período inspirador de la arquitectura moderna: las décadas de 1940 y 1950 emergen de nuevo bajo la forma de remozadas fotografías de época y elegantes ediciones de lujo sobre los Eames, Neutra, Breuer, Le Corbusier, Schindler y otros. Las claves formales que estarían ayudando a redefinir la casa contemporánea de inicios del s. xxi están, en parte, en este archivo de la memoria moderna.
Para el panorama que se propone en la presente edición estas casas no constituyen visiones nostálgicas, reproducciones acríticas u homenajes a los maestros del siglo xx. Las 18 casas publicadas parecen reafirmar el campo de libertades y el universo de ideas y recuerdos de sus autores, todos profundamente contemporáneos y sin embargo, a su modo, continuadores de una tradición que en nuestro continente sigue viva en las revistas del siglo pasado.

GEOGRAFÍAS / Ante la imposibilidad práctica de visitar la mayoría de las casas, he preferido elaborar algunas reflexiones sobre el material disponible digitalmente(4).
Las geografías que proponen estas 18 casas describen una variedad enorme de posibilidades para el habitar doméstico. Desde una mínima caseta-casa de guardia en Brasil hasta una compleja residencia en la precordillera de los Andes chilenos, su arquitectura propone elementos reconocibles e inéditos, por la manera en que están asociados unos con otros o por las relaciones que proponen con su entorno. Si las casas de la modernidad, aquellas que aparecían publicadas en las revistas entre 1940 y 1970, apelaban a elementos formales y cualidades espaciales inéditas en el contexto local, las casas que hoy se publican quizás sorprendan menos precisamente porque muchas de ellas remiten a episodios ya vistos, a situaciones de la vida doméstica previsibles y establecidas. Lo que llama la atención en casi todas ellas, es el fuerte sello personal de sus arquitectos, puestos a conversar con sus comitentes a definir primero la vida familiar y, luego, a construir la arquitectura que habrá de describir, como una geografía, sus particulares visiones del mundo.
La aparente contradicción entre modos de vida previsibles y establecidos y el trabajo arquitectónico para darles un sentido más particular y específico es lo que tensiona, en un sentido positivo, cada una de las geografías propuestas. Para comenzar, un tema al azar: las casas que proponen espacios domésticos relativamente autónomos para dos familias nucleares, con espacios compartidos. La casa en los Andes de Juan Carlos Doblado, situada en un valle interior irrigado, propone un tapiz verde sobre el cual dos núcleos familiares, o una familia y sus huéspedes, comparten una superficie dura que contiene una piscina y un lugar de estar. Más pequeña pero más compleja en las relaciones que propone, la casa dos hermanos de Aguiló y Pedraza propone dos vidas familiares que se encuentran en el suelo que comparten. Mientras la inferior conserva la estructura básica de la casa pre-existente, el dormitorio principal se desplaza hacia el nuevo segundo piso. Partiendo directamente del suelo, como en tantas casas de la década de 1940, una escalera conduce directamente a la segunda vivienda, un recinto único que integra un estar, una cocina y un dormitorio. En este nivel, ambas comparten la terraza resultante de desplazar parte del volúmen nuevo respecto del existente. Finalmente, la casa para dos golfistas de Beals y Lyon es la que comparte más geografías domésticas. Sobre un deck que determina la superficie del plano compartido, el volúmen común se organiza en torno a un punto caliente, la cocina-chimenea, centro de la vida social de los habitantes. Los dos volúmenes altos con la terraza de cubierta compartida, delimitan el ámbito privado de cada uno.
Estos modos de vida compartidos, propios de la casa de temporada, parecen estar penetrando en el campo de la vivienda urbana. La casa 2 hermanos apunta en esta dirección. Una mayor flexibilidad impulsada por vidas familiares más móviles y líquidas (Bauman, 2003), permite usos para la pequeña casa del segundo piso que pueden o no ser integrados a la vida doméstica de la vivienda mayor.
En la idea opuesta se sitúan las casas cuyos recintos más privados, dormitorios y baños, se localizan en volúmenes independientes. La casa en Santa Teresa de Angelo Bucci y equipo define, para los recintos más íntimos, un volumen largo suspendido sobre la explanada de llegada cuyo techo es una prolongación del nivel intermedio destinado a la vida social más lúdica: piscina, comedor informal, área de juegos. Más arriba, en un volúmen perpendicular y cerrado, tiene lugar la vida social más formal. Ciertamente, el nivel intermedio por ser enteramente abierto define un horizonte compartido por los otros dos. Mientras uno le ofrece una terraza descubierta sobre los dormitorios, el otro le asegura un espacio de sombra bajo el estar. En los apoyos del volumen alto se concreta la conexión física entre los dos mediante escaleras rectas cerradas.
La casa en Valle Escondido de Cruz y Purcell plantea una vida doméstica que asegura para cada uno de los dormitorios, una localización, una vista y un nivel específicos hacia los extremos de tres brazos. En el punto medio, se produce el cruce de los brazos en un espacio de doble altura. La vida social tiene lugar en este espacio, sobre el cual un circuito de pasillos y escaleras determina dos estratos de vida diferenciados. A la vida social le corresponde un basamento rugoso de piedra. Sobre él se desplazan, fuera de sus límites, los muros blancos texturados de los dormitorios. Este "estallido blanco" se refuerza por las líneas horizontales de las ventanas y las cubiertas inclinadas elevadas hacia el paisaje. Un recuerdo quizás remoto de cómo, en la conocida casa Errázuriz de Le Corbusier, sobre el basamento rugoso de piedra se apoyaba la vida doméstica enmarcada por los muros blancos, animada por la rampa y la doble altura del espacio central.
Para la suave inclinación del terreno que le fuera asignado en Marbella, Toyo Ito(5) propone su prolongación a contra-pendiente, para asegurarle independencia a los dormitorios y permitir el acceso mediante un recorrido desde el frente hacia el interior del lugar. El rectángulo deformado dentro del cual se inscribe un vacío central reúne en una única superficie continua, todo el programa doméstico de la casa. La geografía resultante se podría describir mediante un plano-secuencia, que comienza en la vereda del frente y termina mirando hacia esa misma vereda desde el baño del último dormitorio del nivel superior. Una cierta simultaneidad de eventos, encadenados unos a otros, se pueden observar desde los vértices del espacio interior. El estar-comedor fuga, rampa mediante, hacia el estar de dormitorios abarcando la casi totalidad del largo de la casa. La superficie lisa y continua de los vidrios acompaña este movimiento. La posibilidad de estirar este espacio hacia la piscina, se logra paradójicamente gracias a la deformación hacia adentro y hacia atrás que sufre el rectángulo en este vértice. Sólo quedan confinados tras los muros, la cocina y los dormitorios. Estos últimos dan francamente la espalda a la casa para asomarse a los techos vecinos y al campo de golf. Así, el paisaje de la casa no es sólo el condominio Marbella, sino el que la casa misma configura dentro de los límites del terreno, mediante el vacío central y la apertura hacia el costado de la piscina.
La más paradojal de las casas es la Casadetodos. Una mirada atenta a las fotografías de su autora, Verónica Arcos, tomadas durante el proceso de construcción desde un punto distante llaman a varias reflexiones. Obsérvense las casas vecinas de catálogo. Parecen ajenas a esta quebrada frente a la que se emplazan. La Casadetodos introduce su propia quebrada, mediante los pliegues de su envolvente. Este acompañamiento morfológico de la geografía circundante, por momentos parece más adecuado que las arquitecturas que la circundan. La evidente libertad con la que el encargo ha sido dado, hace posible este escape de las fórmulas establecidas y comunmente aceptadas. La línea de la envolvente, necesariamente asociada a la estructura metálica se va estirando progresivamente desde un costado hacia el otro del terreno, formando esta quebrada interior, que sirve de playa para los dormitorios. Por su parte, los estares y el comedor se abren hacia el paisaje de la quebrada natural, protegidos por el volúmen superior en voladizo. La superficie oscura de madera parece sugerir un vínculo con la vegetación circundante, mientras que sus aristas agudas y geométricamente definidas, hablan de rocas, montañas y cavernas con las cuales parece posible construir la vida doméstica.
METAMORFOSIS / La transformación de casas existentes es un tema arquitectónico recurrente en tiempos de cambios acelerados en los gustos y formas de vida. La casa 2 hermanos ya referida es un buen ejemplo. No se trata sólo de superar las rigideces propias de arquitecturas que jamás se plantearon como flexibles, con estilos de vida supuestamente durables y estables. Los materiales empleados en esta ampliación sugieren esa condición más leve que se superpone, literalmente en este caso, a las estructuras más durables y pétreas desde el punto de vista tectónico. Como bien lo expresa Bauman (2003), "Gracias a sus recientemente adquiridas flexibilidad y capacidad de expansión, el tiempo moderno se ha convertido, primordialmente, en el arma para la conquista del espacio. En la lucha moderna entre espacio y tiempo, el espacio era el aspecto sólido y estólido, pesado e inerte, capaz de entablar solamente una guerra defensiva, de trincheras... y ser un obstáculo para las flexibles embestidas del tiempo".
El tiempo embistió, aparentemente sin piedad la casa en Tunquén, proyectada en 1990. 18 años más tarde, Ulloa y Ding se encargan de transformar la casa original, con el fin de extender su programa y aprovechar la pendiente del techo existente para subirse a él y usarlo como anfiteatro-mirador frente al paisaje costero. Mediante estructuras metálicas yuxtapuestas a la madera de la casa original, la casa se estira, alarga, recubre y abre los espacios interiores y, al mismo tiempo, multiplica los escenarios de la vida doméstica de esta casa de temporada. Sin desechar los elementos de base, se ha logrado el aprovechamiento de lo más difícilmente aprovechable: la superficie inclinada de unos 20 grados de pendiente de los techos, tanto del volumen mayor como del apéndice lateral. La nueva propuesta de vida de la casa, no sólo se superpone a la antigua, sino que amplifica los espacios para dar independencia a las distintas escenas que pueden ocurrir. El trabajo de ampliación de recintos se completa con el énfasis dado al patio que aparece entre el estar y el dormitorio inferior. La envolvente de madera, una reiteración del material original en clave contemporánea, está modulado de modo que permite, por transparencia, mostrar el aire del exterior y la opacidad del interior. La paradoja en este caso, es que la embestida del tiempo supo aprovechar las solideces del espacio, sin arrasarlas del todo.

EXTRANJERÍAS / Desde hace tiempo, los arquitectos en América Latina han tenido oportunidades de ejercer su oficio en patrias diferentes a la propia. Para Jorge Marsino, la lógica del manto único, levemente plegado y recortado resulta útil para dar unidad al programa doméstico dispuesto en T de la casa Diamante, en Córdoba, Argentina. Las geometrías más dinámicas logradas mediante este manto aseguran triángulos de sombra y transparencias para el acceso, aperturas orientadas hacia el paisaje y una unidad formal a toda la casa. Esta unidad sin embrago, tiene diferentes lecturas. Visto desde el camino de aproximación a la casa, el volumen queda inscrito bajo una suceción de pliegues que acompañan las suaves lomas del lugar. Vista desde la distancia mirando hacia el estar-comedor, la figura resultante tiene una única pestaña levantada hacia el sol poniente. Mediante ésta la casa adquiere un carácter particular gracias al ladrillo, el cual hace parte de las tradiciones constructivas cordobesas.
En la casa en Barueri, Sao Paulo, el chileno Andrés Gálvez recurre al esquema en L, en cuyo vértice, conectando los tres niveles de la casa, se ubica la escalera central. De este centro, despegan los espacios sociales del nivel intermedio configurados mediante muros pétreos y generosas ventanas y puertas deslizantes. La continuidad visual entre interior y exterior de estos espacios, compartida con la otra casa brasileña de esta selección, marca un claro énfasis en el carácter lúdico y de contacto con el paisaje. También en consonancia con la casa en Santa Teresa, los recintos más privados se protegen del mundo exterior mediante celosías y persianas de madera. Resulta inevitable recordar, gracias a los aleros, los materiales y la disposición de los elementos del programa, las casas de Wright, Neutra o Schindler.

URBANIDAD / Buenos Aires, Gran Canaria y Quito ofrecen un campo de trabajo más estrictamente urbano. En el único ejemplo de vivienda colectiva y de iniciativa pública de esta selección, el edificio de ocho casas y tres patios en Gran Canaria, de Romera y Ruiz, resuelve hábilmente programas domésticos de cierta extensión en un lote irregular, entre medianeras y relativamente pequeño: cuatro dormitorios, un baño y medio, cocina y lavadero. Los tres patios introducen la necesaria porosidad al conjunto para asegurar luz y aire fresco para todos. La franqueza con la que se han tomado las decisiones respecto del espacio interior, se retoma en la fachada. El tour de force que anima la cara urbana del edificio disloca la necesaria tipificación de las plantas, mediante la plegadura móvil y la alternancia de los vanos. A la vez que se le da espesor y rigidez estructural, las líneas de sombra, siempre fuertes en la latitud canaria, entregan protección al medio ambiente interior.
La casa MCMC en Vicente López, provincia de Buenos Aires, hace parte de un repertorio de viviendas diseñadas por el estudio de Mariano Clusellas en sectores del Gran Buenos Aires en proceso de transformación. La casa entre medianeras es un tema casi obligado y forma parte de la cultura arquitectónica bonaerense. La casa se cierra hacia la calle sin negarle el balcón del segundo nivel y la apertura del tercero, mientras que los espacios de la vida social y la intimidad de los dormitorios se extienden hacia el jardín interior. En un único recinto, el estar-comedor-cocina se extiende de un medianero al otro. En el segundo nivel, un sistema de puertas plegables abre o clausura los espacios de los dormitorios y el estar común. De manera permanente se tiene plena conciencia de los límites que impone el lugar y se los aprovecha para permitir una simultaneidad visual.

RECUERDOS / En alguna oportunidad, el arquitecto paraguayo Solano Benítez recordaba lo aprendido en el taller de Eladio Dieste. La referencia, en respuesta a una pregunta que se le hiciera sobre la cercanía de su obra con la del ingeniero uruguayo, aclaraba que lo aprendido no tenía que ver tanto con el cálculo estructural, sino con aprender a observar cómo se comportan las estructuras y trabajar con ello. La estancia LA a 200 kilómetros de Asunción, consiste en un único volúmen de planta rectangular levantado del suelo, bajo el cual se despliega todo el programa doméstico de la casa.
Sin entregar todos los secretos de la vivienda, una de las fachadas se encarga de revelar cómo se organiza el corte, la estructura y las jerarquías. En ella se asoman los apoyos del volumen, la cubierta en pendiente, los tensores que aseguran una luz sin apoyos intermedios por el lado angosto, el volumen bajo de los dormitorios inserto dentro de la caja principal y el soberbio muro plegado que acompaña el recorrido desde el acceso hasta el estar en el extremo opuesto del rectángulo. Bajo este manto de ladrillo y tensores habita un universo de espacios interiores con mezzaninas sobre los dormitorios, un amplio ventanal abierto sobre el costado largo del rectángulo, una cocina-bar abierta sobre el estar-comedor y un quincho para asados a continuación y abierto bajo la gran caja, mirando a un patio. La figura rotunda y clara del volumen se amplifica mediante los muros bajos que forman este patio y que encierran el estacionamiento de autos.
A diferencia de sus casas urbanas más conocidas, la estancia LA adquiere una cualidad especial. Sin recurrir a vistosos elementos estructurales para proteger fachadas, el volumen único que sirve de manto protector y delimitador de la forma arquitectónica, se enfrenta a un paisaje prácticamente llano. La leve colina sobre la que se emplaza ayuda en este empeño, pero al no percibirse unos límites naturales o artificiales inmediatos, se diría que los dominios de esta casa son aquellos que la vista alcanza a abarcar.
En el valle central de Chile las casas de inquilinos(6), con sus galerías y muros de albañilería o adobe pintados a la cal, forman parte del paisaje construido heredado de épocas pasadas. La modernidad pasó al lado de ellas y, sólo en niveles muy abstractos o conceptuales, su profundo sentido de la vida doméstica enraizada en la región logró traspasar dogmas y doctrinas para comenzar a ser útiles en otros niveles más prácticos. La casa chilena 1 de Smiljan Radic es resultado de diferentes niveles de atención prestados por su autor al lugar, a los "despojos abandonados de la cultura de la pobreza" pero al mismo tiempo a "los productos más avanzados de la industria". (Sato, 2007)
Lo primero expresado en la galería abierta al nororiente, en los muros en albañilería pintados de blanco, en los recintos dispuestos en hilera y abriéndose directamente sobre la galería. Lo segundo, en un nivel más conceptual, aparece de diferentes maneras. La suma de recuerdos, evocados por una colección de trozos de cultura arquitectónica alojada en la mente del arquitecto, trae a esta casa chilena, sin traicionar sus profundas raíces, piezas rescatadas de arquitecturas modernas. Lo más avanzado de la industria acude en ayuda de una galería que se transforma en estar vidriado de invierno, acompañado por un patio, perforado por el vano alargado en el muro de cierre de la casa. Se entra en este mundo blanco a través de un muro pintado de negro a la manera de un frontón, que es preciso atravesar para dejar atrás el ordinario escenario de un condominio residencial. Los nogales "a los cuales se les ha dejado en paz", van puntuando cada espacio marcándolos silenciosamente.
La casa Boxe, literalmente caja, cierra estas reflexiones sobre los recuerdos, la memoria, las metamorfosis y las geografías. Diseñada para alojar al cuidador de un condominio en una rocosa isla del estado de Sao Paulo, reemplaza a una antigua vivienda en piedra y tejado de arcilla. Del espacio original, arrasado sin piedad por el tiempo ─volviendo una vez más a Bauman─, sobrevive el muro de contención curvo. Las piedras de la casa sufren la metamorfosis que, como en otras casas referidas aquí ─Errázuriz o Valle Escondido─, se utilizan para construir el basamento pétreo sobre el cual habrá de posarse el artificio nuevo. La imparable marcha del tiempo en su lucha determina, para el destino del cuidador, el inexorable salto hacia adelante, hacia formas de vida que desde la cultura material exigen una asimilación integral de lo práctico, la observación amplia del paisaje y, como lo sugiere la fotografía del dormitorio reflejada en la pantalla esférica del televisor, la posibilidad de abstraerse de todo, incluida la desnuda arquitectura de Chu y Kato.
Las casas publicadas de ayer y de hoy están marcadas por el signo de los cambios. Unas más que otras avanzan hacia modos de vida más abiertos, flexibles y socialmente integradores. Otros, se aferran a sus tradicionales estructuras familiares y sociales con tectónicas radicales y abstractas. Casi todas celebran los paisajes cercanos y lejanos. Algunas experimentan asumiendo los riesgos del error y de paso descubriendo maneras más sutiles de cualificar su entorno natural, escapando de los estereotipos. El panorama es diverso, disímil y sugerente. Tendremos que acostumbrarnos, en este lado del mundo, a aceptar las palabras de Paul Valéry, traídas a colación por Zygmunt Bauman (2003): "La interrupción, la incoherencia, la sorpresa son las condiciones habituales de nuestra vida. Se han convertido incluso en necesidades reales para muchas personas, cuyas mentes sólo se alimentan [...] de cambios súbitos, y de estímulos permanentemente renovados [...] Ya no toleramos nada que dure. Ya no sabemos cómo hacer para que el aburrimiento dé fruto". Para la cultura arquitectónica, la huella de las revistas de la modernidad del siglo xx es la prueba de que, para llegar a estas 18 casas, ha tenido que librarse una y otra vez la batalla del espacio en contra del tiempo. Como ellas lo demuestran, la batalla nunca es ganada del todo por el tiempo. El espacio casi siempre se las arregla para reinventarse, sin dejar de hacer un llamado a la memoria, al lugar y sin dejar de ser una geografía o la descripción de su superficie


Notas
1. Max Aguirre anota: "UA: 1936, abril N°3. Véase p16 y 17, la casa proyectada por Eduardo Vijil y en UA: 1936, mayo N°4, p19, la casa proyectada por Ricardo González Cortés. Ambos casos ilustran con claridad la ambigüedad con que se empleó en esa época el concepto de moderno; aparentemente el término se refiere simplemente a las últimas edificaciones realizadas, en el sentido de las más recientes, sin vincular a la aplicación del término la concepción de nuevas formas y plantas, ideadas bajo un régimen de nuevos principios." Tesis doctoral, Universidad Politécnica de Madrid, ETSAM, 2004, p. 200.
2
. En 1955, los curadores de la exposición "Latin American Architecture since 1945" incluyeron dos casas chilenas en la muestra: la casa que E. Duhart diseñara para sí y la casa en calle O’Brien de J. Costabal. Véase más detalles en Molina, Cristóbal. "Henry-Russell Hitchcock y Rollie Mackenna en Chile: Precisiones al capítulo chileno de la exposición y libro Latin american architecture since 1945 del MoMA de Nueva York". Revista 180, Nº 24. Universidad Diego Portales, Santiago, 2009, pp. 12-17.
3. Para Fernando Pérez Oyarzun, texto y obra estuvieron presentes en figuras como Browne a fines de los ochentas, y en Assadi, Klotz y Undurraga en los noventas. Ver: Pérez Oyarzún, Fernando. "Poéticas del caso. Chile, entre la palabra y el caso". Arquitectura Viva Nº 85. Madrid, 2002, pp. 28-35
4. El material utilizado por el autor para conocer las casas proviene, principalmente, de publicaciones digitales.
5. Esta casa forma parte de la iniciativa inmobiliaria llevaba a cabo por la empresa Interdesign, de diseño integrado de arquitectura, paisajismo y mobiliario Ochoalcubo, etapa 2 "Arquitectos internacionales".  (N. del Ed.)
6. La casa de inquilinos alojaba a personas que trabajaban en los grandes fundos agrícolas de la región. Se trata de volúmenes sencillos y separados de la casa patronal, formando a veces núcleos edificados junto a caballerizas y bodegas.

Referentes
Bauman, Zygmunt. Modernidad líquida. Fondo de Cultura Económica, Ciudad de México, 2003         [ Links ]
mondragón, Hugo y Andrés Téllez. Arquitectura y Construcción 1945-1950. Una revista de arquitectura moderna. Ediciones Universidad Central de Chile, Santiago, 2006         [ Links ]
Sato, Alberto. "Introducción". 24 casas. Ediciones ARQ, Santiago, 1999.         [ Links ]
Sato, Alberto. "Al margen". 2G, N° 44. Editorial Gustavo Gili, Barcelona, 2007.         [ Links ]
Téllez, Andrés. "La cara visible de la modernidad: casas en Santiago 1935/1945". ARQ, N° 33. Ediciones ARQ, Santiago, agosto de 1996.

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