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ARQ (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  n.73 Santiago dic. 2009

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962009000300007 

ARQ, n. 73 Valparaíso, Santiago, diciembre 2009, p. 40-45.

LECTURAS

Las aguas ocultas de Valparaíso(1)

Marcelo Araya *

* Profesor, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Valparaíso, Chile.


Resumen

La topografía obliga a modificar la trama urbana regular y genera variaciones tales como los pliegues que conducen los cursos de agua. Valparaíso se entiende en sus grietas, en la relación entre los cerros, las aguas y el mar. Es así como sus habitantes se ajustan a la geografía y se benefician de ella.

Palabras clave: Urbanismo-Chile, topografía, morfología urbana, vialidad, hidrografía, tipos humanos.


 

QUEBRADAS COMO ESPACIOS ORIGINARIOS DE VALPARAÍSO / "Valparaíso está entero miniado" me dijo hace algunos años un habitante del quinto sector de Playa Ancha. El diccionario etimológico define la palabra miniado referida a los textos miniaturizados de la Edad Media, manuscritos de letras iluminadas que se nombraron miniadas por ser pintadas con color minio, la pintura de minio que proviene probablemente de la voz celta mein (metal de oro). La lengua, que retorna siempre por caminos recónditos, le confiere al poblador la razón del origen del vocablo. El minios u oro de las minas, las galerías por debajo de la tierra.
Valparaíso está enteramente miniado o minado: son los caminos del agua o las galerías subterráneas que forman parte del gran sistema de quebradas abovedadas de la ciudad, que nacieron cuando comenzó la ocupación de los cerros por los habitantes y se encontraron con la dificultad de subir por el cauce. La quebrada es el ámbito urbano originario de Valparaíso, el primero que se pobló y donde primero se encaramaron las casas (Urbina, 2002). En un principio la ocupación se hizo por veredas o huellas en los márgenes de la quebrada —aún hoy se pueden encontrar en su curso superior— y con el tiempo, considerando que gran parte del año la quebrada no tiene agua, se comenzó a utilizar su fondo y posteriormente cubrirlo, dejando siempre espacio por donde escurra el agua. Se establece así la bóveda que genera un suelo artificial, se allana el pliegue y la arruga íntima se transforma, en la medida que es posible, en pública. La quebrada natural es íntima y se des-intima cuando se cubre con una losa. Así se abovedaron las quebradas, lo que dio origen a plazas a pie de cerro en Valparaíso. (Álvarez, 2001)
Las quebradas son una abertura natural que, a medida que la ciudad crece, se vuelven subterráneas, llevan el agua pero no se la ve, se intuye pero se ignora.
Esta ciudad más que ninguna se soterra. Sólo cuando el molo de abrigo no contiene al mar y cuando los colectores de las quebradas colapsan es cuando los ciudadanos comienzan a entender las antiguas estructuras del paisaje.
 
LA GRIETA / Para conocer Valparaíso se dice normalmente: "Vamos a ir por la calle del borde, Errázuriz, luego subiremos a Avenida Alemania y así veremos los cerros, para luego bajar a dar una vuelta en lancha por la bahía". Estos son todos ejes que, en semicírculos, muestran el largo de la ciudad en directa relación con el mar, con su borde. Es siempre una mirada desde fuera.
Para el porteño la relación que tiene con la ciudad es otra, la de habitar el pliegue. Una mirada desde dentro, comprometido con la trama urbana, ese trazado particular que sigue las huellas diseñadas hace siglos por la erosión del agua lluvia, el mar abrasivo, los animales, las personas.
Valparaíso se comienza a entender en sus grietas, transversales todas. Ahí está su orden esencial. Del mismo modo como no se entiende la cordillera de los Andes en un dibujo de elevación —ignorando sus valles y cajones precordilleranos—, en Valparaíso hay que internarse en la quebrada, que es lo más profundo de los cerros. De esa forma nos daremos cuenta de que la quebrada casi siempre es ciega, sin salida, por lo menos no la salida convencional del automóvil; debemos bajarnos de él y caminar. Normalmente esto sucede a la altura de Avenida Alemania y es en este lugar donde caemos en cuenta que la calle por la cual subimos es hueca, que la quebrada se mete por debajo del cemento luego de sortear unas trampas para detener arena, barro y basura —desarenadores— y dejar pasar sólo al agua. Esta avenida, el antiguo Camino Cintura, es el límite de las quebradas abovedadas que llegan al terreno bajo de relleno, atravesándolo y desembocando en el mar. Los pilotos de lanchas turísticas de hoy, como los pescadores de las caletas de antaño, reconocen desde el mar una a una estas salidas, que aparecen como unos cuadrados negros en el canto de la cinta de cemento que eleva el plan de la ciudad. Saben cuál es cada una, se guían por ellas: Yolanda, Argentina, Francia, Bellavista, José Tomás Ramos, San Francisco y otras; todos estos túneles oscuros de 2 a 3 m de alto se divisan claramente desde el mar y constituyen un dibujo que Valparaíso muestra sólo al ojo atento.
Estas vías de agua traen a la memoria los avenamientos de las ciudades árabes del norte de África, aunque en ellas existían para traer agua a la ciudad, en el caso de Valparaíso son para sacarla. Sin embargo, con respecto al dibujo urbano que generan, son parientes.
El método árabe de extracción de agua era ubicar en la tierra una zona húmeda, establecer su dirección y construir un túnel subterráneo de cerámica, pequeño primero y mayor después, que a través de la porosidad del barro cocido iba sudando agua. Así se podía captar el suficiente líquido para abastecer una ciudad. Madrid, que pertenece al sistema hispano-árabe, cuenta con una estructura compleja de vías de agua subterráneas (Oliver, 1996). Estas vías debían tener respiraderos cada ciertos metros para asegurar su buen funcionamiento, el que era controlado por un celador de aguas, quien caminaba uniendo en línea los respiraderos. Con esto generó una huella, que luego se hizo camino, coincidente con la galería captadora de agua a 3 ó 4 m bajo tierra. La vía de agua demarcó las calles, por tanto, la trama de la ciudad.
En Valparaíso sucedió que la vía de agua —la quebrada— siempre existió, pero a fines del s. xix las calles que iban por el fondo de quebrada se cubrieron con una bóveda de piedra y hormigón, para separar el tránsito del hombre del tránsito del agua, desde el plan hasta la cota de los 100 m. Es el mismo principio: una vía de paso sobre una vía de agua donde la última determina la primera. Esto diferencia a Valparaíso de la mayoría de las ciudades hispanoamericanas construidas en terreno llano, donde el ordenamiento urbano se genera a partir de la división administrativa del suelo. En ellas el agua de las acequias debió saber ser incorporada a cada uno de los solares. Por tanto la trama urbana generó el dibujo del trazado del agua.
Lo dicho anteriormente sobre la quebrada se refiere principalmente a la primera franja, la que se despliega desde el borde del mar hasta Avenida Alemania que, construida aproximadamente sobre la cota 100 msnm —el antiguo Camino Cintura— en una obra ejecutada en la década de 1870, une los cerros desde Avda. Francia —antigua quebrada de Jaime— hasta Playa Ancha. En dicha avenida se encuentra la cadena de desarenadores.

EL AGUA COMO GENERATRIZ DEL ÁMBITO ORDINARIO / En Valparaíso el agua es una de las generatrices importantes de la traza de la ciudad; otra es el esfuerzo por subir. Y cómo no si los cerros son unidades geográficas considerables que se deben subir, rodear, escalar, perforar y sostener. Tan así es que ese avanzar subiendo los cerros es, probablemente, el porqué se tornaron tan característicos como barrio. Se partió habitándolos desde abajo, desde el plan, por lo que desde el inicio se diferenciaron. No olvidemos que los cerros son distintos abajo; arriba son una sola gran unidad geográfica. La excepción es el cerro de Playa Ancha, que comenzó a habitarse desde arriba y su crecimiento bajó en vez de subir. Por tanto no diferenció sus cerros y hoy llamamos Playa Ancha a un conjunto de cerros absolutamente indistinguibles geográficamente uno de otro. Se les llama barrios de Playa Ancha: Parque Alejo Barrios, Evangélicos, Porvenir, Loma Larga y otros; no están registrados como cerros en la memoria popular.
Así, mientras el agua divide unidades geográficas cuando baja, el habitante las divide cuando sube.
Si se avanza desde el mar al cerro, nos encontramos con los primeros farellones y se producen cuatro tipos de situaciones con las vías:
I. La calle llega entre dos cerros y se interna en la quebrada. En este caso siempre tiene bajo ella una galería para evacuar el agua.
II. La calle que llega a la cabeza del cerro y se monta en él por su lomo. No hay muchas; un ejemplo de este tipo es calle General Mackenna.
III. La calle que llega al frente del cerro choca en él y se transforma en escalera o en ascensor —o una especie de escalera mecánica—.
IV. La calle que llega a la cabeza de cerro y se interna en él a través de una galería subterránea para luego subir por un ascensor y aparecer en el lomo del cerro. Existe un solo ejemplo de este tipo: calle Almirante Simpson en el cerro Polanco.
Todas las vías de la ciudad que llegan al cerro corresponden a variaciones de estos cuatro ejemplos.
Las calles que suben por el lomo o los ascensores y escaleras, que luego se transforman en calles largas por el centro del cerro, continúan ascendiendo siempre por el lomo. En cambio, la calle que sube por el fondo de quebrada normalmente se interrumpe en la cota 100 m, en la Avenida Alemania. En este punto la calle, que no es más que una cubierta sobre la quebrada, deja de serlo para dar paso a la quebrada natural. Aquí pasa algo singular, porque a los lados de la quebrada suben caminos de tierra. Estos caminos se transforman en huellas después y no abandonarán la cañada hasta que ésta desaparezca. Desde la cota 100 hasta los 200 m más o menos es un camino de tierra normal, luego una vereda peatonal hasta los 250 ó 300 m. Desde ahí hacia arriba es una huella de pezuña de ciriaco(2), caballo y pie de hombre. Después de esta aún siguen pequeñas huellas vernáculas, caminos de perros cimarrones —salvajes o alzados— conejos y roedores. Siempre esas huellas saldrán a la parte alta de los cerros y, con el tiempo, harán el camino de vuelta para convertirse progresivamente en huellas mayores, veredas, caminos de tierra, pasajes y calles.
En este ámbito se genera una intimidad con el paisaje que, aunque urbana, tiene mucha relación con la retroalimentación rural. La leña para cocinar y la leña de venta proviene en gran medida de extracciones ilegales del bosque de eucaliptos o espino que rodea la ciudad desde los 300 m hacia arriba. Los troncos son arrastrados por caballos o burros hasta el punto donde son desmenuzados y trozados a la medida de los hornos de las panaderías o los calefactores domésticos.
 
LOS ESPACIOS DE LA QUEBRADA Y SUS TIPOS HUMANOS / Sobre la línea de los desarenadores aparece nuevamente la quebrada íntima no cubierta. En esta segunda franja se establecen las diferencias del habitante relacionadas al lugar del cerro donde reside: el habitante del fondo de quebrada —el quebradeño— y el que vive en el lomo —el lomero—.
Estos dos casos corresponden a dos paisajes formados principalmente por el agua, ya sea en su condición de elemento pluvio-erosionante —que construye la grieta transversal— o como masa de agua de mar abrasiva en los diferentes estratos glaciares, que construye las terrazas longitudinales a 50, 100 y 140 msnm (Álvarez, 1963).
En las huellas menores abundan los huaches(3), que suministran carne de conejo o liebre para las tomas de terreno que rodean la ciudad y que se ubican desde el último punto donde llega el suministro de agua potable —300 m— hasta donde comienza el bosque —350 a 400 m—.
En este rango de cotas es donde también brotan pequeños manantiales o aguas de vertiente que logran mantenerse en los meses más secos del verano. En los lugares donde aparecen se construyen pozos que se protegen de animales y basura. Estos pequeños surtidores de agua relativamente limpia se ocupan para abrevar animales, regar huertas y chacras y, ocasionalmente, para uso doméstico, ya sea para la propia familia o incorporando también a los vecinos más próximos. El dueño de los pozos es el quebradeño, personaje que habita la quebrada desde Avenida Alemania hacia arriba. Su característica principal es que es de índole más rural que el resto de los porteños, cuenta con animales de carga y de consumo, cabras, caballos y un cerdo quizás, plantíos básicos, huerta pequeña, saca leña del bosque cercano y cuenta con agua propia; la quebrada lo protege. Puede suponerse que su padre o abuelo, que llegó a Valparaíso a principios de siglo, eligió este lugar más verde y con presencia de agua, que le recordaba los valles interiores de los cuales provenía. Más que la vista al mar le interesó plantar árboles de pradera. Así, los álamos característicos del campo chileno aparecen aquí entre las esclerófilas endémicas boldo, peumo, litre y arrayán.
Vecino del quebradeño, a no más de 100 m arriba, vive el habitante de la loma, el lomero. Este es un ciudadano más público, que mira la bahía desde la altura, controla los tránsitos desde el centro del cerro, los microbuses suben por su calle, no tiene agua pero sabe cómo conseguirla y prefirió la conectividad a la posibilidad de riego. Su calle es infinita, nace en el borde del mar y se prolonga indefinidamente hacia la parte alta de la ciudad, lo que en definitiva lo conecta con el mundo. Esta misma relación lo hace comerciante; es dueño del almacén del cerro que casi siempre está ubicado en la intersección de la calle central con alguna transversal al lomo. La sede social o el comité —si se trata de habitantes de una toma— se ubica generalmente en este espacio del cerro.
Si visualizáramos la relación entre ambos personajes diríamos que la ocupación espacial del terreno en que se establecen es al modo de un engranaje, en que lo urbano avanza subiendo por la loma del cerro —administración vecinal, calles pavimentadas y agua potable—, pero se retrae en la quebrada. De la misma manera lo rural, que es lo que rodea la ciudad, avanza en sentido opuesto bajando por la quebrada e introduciéndose en lo urbano.
Lo interesante es la convivencia e interacción entre estas diferentes tipologías que, a diferencia de lo que probablemente sucedería en un terreno plano en que se polarizarían estableciendo una barrera sólida entre ambas, producto de la pendiente el paso de una a otra es absolutamente gradual, tanto que la mayoría de ellos no se reconocen a sí mismos en ninguno de los dos ámbitos.
Así uno de los aspectos culturales más importantes y significativos de Valparaíso está oculto a simple vista y se encuentra desde Avenida Alemania hacia arriba; es donde tiene lugar esta singular manera de establecer el límite a partir de la pendiente, entre lo construido y lo agreste.

Notas
1. La planimetría presentada en este artículo fue realizada por los titulantes de Diseño de Objetos de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Sandra Ureta Marín y Pedro Garretón Izquierdo.
2. Burro de baja alzada utilizado para el transporte de carga.
3. Pequeños lazos corredizos de acero que se ponen en las huellas de paso de la presa para atraparlo del cuello


Referentes
Álvarez, Leonardo. Geología del área Valparaíso-Viña del Mar. Instituto de Investigaciones Geológicas, Santiago, 1963.         [ Links ]
Álvarez, Luis. "Origen de los espacios públicos en Valparaíso". Revista de Urbanismo, N° 4. Universidad de Chile, Santiago, 2001         [ Links ]
Oliver, Jaime. Historia del nombre de Madrid. Agencia Española de Cooperación Internacional, Madrid, 1996.         [ Links ]
Urbina, Ximena. Los conventillos de Valparaíso, 1880 - 1920. Fisonomía y percepción de una vivienda popular urbana. Ediciones Universitarias de Valparaíso, Valparaíso, 2002.
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