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ARQ (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  n.73 Santiago dic. 2009

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962009000300004 

ARQ, n. 73 Valparaíso, Santiago, diciembre 2009, p. 23-27.

 

LECTURAS

Ciudad anfiteatro(1)

†Glenda Kapstein*

* Profesora, Escuela de Arquitectura, Universidad Católica del Norte, Antofagasta, Chile


Resumen

Valparaíso forma parte del borde costero oriental del océano Pacífico; su forma de ciudad anfiteatro que mira al norte y al mar la identifica y su geografía de cerros le da carácter y escala. La autora analiza esta adaptación histórica, desde su fundación en el plan hasta su orgánico crecimiento por lomas y quebradas.

Palabras clave: Valparaíso, Urbanismo-Chile, topografía, historia, morfología urbana, ciudad-puerto.



El sitio o lugar de asentamiento de las ciudades les confiere un carácter morfológico general, con el cual se les suele denominar e identificar: ciudad mancha, ciudad colina, ciudad cuenca, ciudad anfiteatro.
En Latinoamérica existe otro aspecto importante que es necesario considerar en el momento de realizar una lectura o reconocimiento de una ciudad, el cual es la presencia y escala del sitio donde ella se asienta y, más específicamente, en este litoral poniente o borde del océano Pacífico, donde la cordillera de la Costa se sumerge o emerge abruptamente desde el mar. "En la búsqueda del acuerdo entre territorio y ciudad es el ámbito geográfico el que encauza y define su destino". (Saldarriaga, 1990)
Si observamos el modelo físico del territorio(2), presenta una morfología de pliegues y quiebres dando un aspecto de papel arrugado —plegado— sin un orden aparente, que termina bruscamente en la estrecha franja del borde y en el mismo borde del mar.
Esta imagen propone formas nuevas, sugerentes de una geometría inscrita en la topología con pliegues, fractales y bordes. En este caso fractales naturales, como por ejemplo los dibujos que realiza el viento en una duna. (Briggs y Peat, 1990)
Esta pregnante geografía está determinada en Valparaíso por la fuerte pendiente de sus cerros hacia el mar —de 10 a 300 msnm—, cuyos pliegues, quiebres y hondonadas tienen el orden del recorrido del agua lluvia y de la humedad de la costa, erosión propia de territorios litorales, en busca de la cota cero de la superficie del mar.

EL ORIGEN DE LA CIUDAD / El anfiteatro geográfico de Valparaíso, situado entre los paralelos 32º 27’ y 32º 29’ latitud sur, está formado por terrenos en talud natural que circundan la costa en torno a una bahía (Fig. 01). La ciudad se asienta en el encuentro del valle interior de Quintil con el mar, donde los cerros conforman un pequeño arco —entre el cerro Artillería y el cerro Alegre—, inicio fundacional de la ciudad, que posteriormente se expande en un arco mayor hasta Playa Ancha al poniente y cerro Barón al oriente, configurando el anfiteatro completo. (Fig. 02)
La estrecha planicie al borde del mar, en el sitio de origen de la ciudad, no permitió implantar una trama planificada —ortogonal o damero— sino una adaptación de ella a las condiciones geográficas existentes en el lugar.
Rápidamente la ciudad creció hacia los terrenos altos, donde se genera un tejido más orgánico, de carácter espontáneo, siendo los fondos de quebradas las subidas naturales de accesos principales a ellos. Por una parte la ciudad trepó desde el plan hacia los cerros como expansión natural. Por otro lado, desde el punto de vista histórico, las actividades portuarias desde 1554 —año en que es declarado puerto oficial de Santiago— inician un crecimiento paulatino. (Fig. 03)
Durante los s. xvi y xvii Valparaíso fue un asentamiento tipo caserío, en torno a la Iglesia La Matriz, situándose las bodegas en la planicie vecina, en el barrio El Almendral (Fig. 04). El auge económico que se inició en el s. xix es clave para las rutas que comunican Europa con los países del Pacífico a través del Cabo de Hornos y Valparaíso. La actividad mercantil atrajo comerciantes ingleses, franceses y alemanes, que dejaron sus huellas en los estilos de los edificios en la zona del plan y cerros más próximos.
La construcción del canal de Panamá, en la década de 1930, lo transforman en punto terminal y se privilegia el transporte de productos nacionales. (Vicuña Mackenna, 1925)
Si bien estos hechos inciden directamente en toda la ciudad, exigen a su vez al plan —o estrecha planicie— mayor superficie para las expansivas faenas del puerto, por lo cual el plan gana a su vez terrenos al mar, expandiéndose hacia la bahía en la medida de lo posible.
Nos enfrentamos entonces a una trama urbana en constante crecimiento hacia los terrenos en altura y hacia el plan exigido por el desarrollo de las faenas del puerto, el comercio y el mundo cívico, consolidando su borde con el mar en el transcurso del tiempo.
Después de la modernización del puerto y la preponderancia adquirida por el océano Pacífico como centro de intercambio comercial y mundial globalizado, se presenta una nueva posibilidad de desarrollo al igual que otras ciudades tales como Barcelona, Ámsterdam, Rotterdam y Buenos Aires, entre otras. Nos enfrentamos un Valparaíso donde convive la ciudad histórica con una ciudad contemporánea y donde, para enfrentar los desafíos, se realizó un vasto plan de infraestructura que comprende la apertura del puerto y borde del mar y el sistema vial de conexiones con el puerto por el sur, sin interrumpir el paseo público peatonal del borde.(3)
Los cambios del modo de vida y la consolidación del centro cívico o plan ha dado lugar a un nuevo tipo de edificación en altura, que se ha normado respetando las zonas históricas y ha generado una nueva trama, lo que ha agregado complejidad a la lectura de su realidad.

TRAMA URBANA, FRAGMENTOS, INTERSTICIOS Y BORDES / Como hemos visto Valparaíso es una ciudad conformada por el anfiteatro, la planicie, la bahía, el horizonte y el cielo. La particular disposición de los cerros les permite a las viviendas y a los espacios públicos superiores participar visualmente de la bahía y a la vez de los cerros vecinos y el resto de la ciudad o fragmentos de ella, a través de hondonadas y quebradas entre cerros. (Figs. 05 y 06)
El tejido urbano, en este caso en la adaptación a las pendientes, va generando su propio lenguaje: unas sobre otras las edificaciones toman la mejor posición para asegurar el dominio visual, el sol y ventilación adecuadas. Los volúmenes suben, giran o se descuelgan desde las calles que dibujan alguna cota horizontal o en pendiente y se posesionan de las laderas, del talud o encuentro de los cerros con el plan.
A su vez el suelo se pliega —a la medida del pie— para ganar más en altura que en distancia, entre volúmenes verticales; bordeando muros o como veredas, junto a calles de pendientes fuertes. Son las escaleras en todas sus formas y proporciones: pasajes, callejones, calles, esquinas y quiebres en todos los ángulos o rampas, puentes y ascensores. El espacio público de los cerros también adquiere su propia expresión.
Es así como las tradicionales plazas o plazoletas encuentran su sentido en los miradores o bordes de los cerros y trozos de ensanches de calles habilitados con barandas para observar la bahía, el mar y la ciudad. Estos bordes miradores, en esta compleja trama, son orientadores respecto a las distancias y la altura recorrida por sus intrincadas calles, pasajes y escaleras.
Esta realidad compleja produce una lectura de ciudad donde los intersticios urbanos surgen, por una parte, del especial contexto geográfico de su asentamiento y, por otra, de las múltiples causas de la acumulación histórica de su desarrollo en diferentes épocas, que se han superpuesto en una coexistencia entre tradición y modernidad, ambas intrínsecamente relacionadas.
El intersticio aparece como una entidad urbana espacial —tridimensional— compleja, en determinados fragmentos de la ciudad como una forma de interpretación de problemáticas de desarrollo urbano de la ciudad contemporánea. En relación a esta lectura y específicamente en lo que se refiere a los fragmentos, De Las Rivas (1992) dice: "El fragmento deriva de la estructura de la realidad (…) un fragmento aparece en primer lugar como un trozo, como parte aislada de un todo fuera de su contexto. Pero un fragmento por la expectativa que propone al estar incompleto tiene un poderoso contenido evocador, cita, referencia múltiple, búsqueda de una nueva poética. Su carácter incompleto le hace pertenecer a la vez a dos mundos, al de origen y a su nuevo contexto y en este adquiere su valor. Ambos se dan simultáneamente. ¿Puede un fragmento constituirse a sí mismo ‘ex –novo’, sin pertenecer a algo preexistente?"
El fragmento así definido y entendido como el soporte del intersticio trae incertidumbre, descontrol y transformación azarosa, pero a la vez representa un gran potencial de cambio.
En una ciudad mancha se produce una discontinuidad o quiebre en el orden espacial. El paisaje urbano se torna ambiguo, sin destino claro: periferias incompletas, espaldas de ciudad, encuentros en tramos, diferentes orientaciones, lugares centrales abandonados. Su lectura en primera instancia no presenta dificultades. En el tejido urbano descrito anteriormente podemos hablar de un orden espacial por sobre posición, donde el paisaje urbano se transforma en algo saturado, con demasiadas referencias implícitas y con destinos aparentemente claros. Laderas de cerros o taludes, vueltas de las calles en fondos de quebradas, desconexiones entre cerros, volúmenes encontrados en giros, escalonamientos y geometrías que revelan la morfología de la base de su tentación: el terreno y su condición natural. El fragmento en estos casos respondería a una geometría de pliegues con superposición de diferentes elementos o taludes. El paso de las estrechas calles buscando una cota posible para su continuidad, bordes de calles, estructuras aéreas de ascensores, volúmenes y taludes, acentuando la profundidad de los vacíos.
A una escala menor, intersticios que dan cuenta de callejones escalonados, pasos peatonales, escaleras entre volúmenes o acompañando el paso de ascensores, bajadas de agua, escaleras en quiebres, rampas escalonadas y otras situaciones de gran influencia social en la vida cotidiana de los habitantes de los barrios cerros, como lo son los miradores, plazas y bordes. "El anfiteatro cobra su verdadero sentido cuando participa de la bahía y ello se manifiesta en sus bordes". (Bernal y Kapstein, 1968)
El gran borde de la ciudad se produce en el plan, el borde limita con el mar —hoy paseo peatonal— que se inicia en el puerto, molo de abrigo y espigón, hasta el muelle Barón. Este gran borde correspondía a las anteriores bodegas del puerto y era un antiguo anhelo de sus habitantes, que ya tenía sus manifestaciones en los bordes miradores de los cerros a diferentes culturas, en diferentes situaciones y orientaciones. En nuestra lectura, este tipo de bordes pueden ser parte de un intersticio o indistintamente estar inscritos o superpuestos.
Y si bien acostumbramos a asociar los bordes a las calles o carreteras, en este caso también debemos asociarlos a los cambios de nivel, a las diferentes cotas de bordes de los cerros, terraplenes, terrazas y taludes.
Los bordes que generan las carreteras se sitúan fuera del centro urbano, salvo el caso específico del metro-tren y Avenida Errázuriz —de ingreso y egreso de automóviles paralelos al Paseo del Mar—, lo cual produce la desconexión de este último con el resto de la ciudad.
El plan a su vez presenta una morfología y trazado de cuadrículas irregulares adaptadas a la amplitud o estrechez de su franja, con tres plazas verdes y dos plazas secas —barrio histórico y puerto— y una serie de plazoletas de articulación, en las bajadas de los cerros. En ellas encontramos manifestaciones de la ciudad en altura y el encuentro de sus habitantes en las actividades propias de la ciudad del plan.

CIUDAD Y PROYECTO URBANO / El propósito de esta lectura es poner énfasis en una visión que abra las posibilidades de renovación y restauración, a través de fragmentos de ciudad y tomando la ciudad intersticial como recurso de proyecto, como tema que aparece a la vez como recurso de imagen y puesta en valor, dadas las especiales características de su morfología urbana.
Carlo Aymonino (1972), a través del análisis de la transformación de la ciudad contemporánea, puntualiza cómo "la intervención arquitectónica es tan necesaria hoy como lo fue en el pasado". El proyecto arquitectónico y urbano se constituye en sí en un instrumento de medición de los espacios estratégicos de intervención, revelación de la vocación del intersticio, aspectos programáticos de su escala y contexto inmediato.
"La ciudad que podemos proveer sobre la base del análisis, es una ciudad que no elimina la historia del hombre, que recupere los valores útiles del pasado y los ponga en una relación nueva más rica —por más compleja— con los posibles valores del futuro, que garantice las posibilidades y ventajas de la vida urbana, en particular la multiplicidad de alternativas a la totalidad de los ciudadanos". (Aymonino, 1972)

BIOGRAFÍA / Glenda Kapstein Lomboy (1939 – 2008), nacida en la ciudad de Valparaíso, estudió arquitectura en la Universidad de Chile. Residió en España entre los años 1968 y 1979, donde colaboró con arquitectos de la última modernidad europea: Camuñas, Georges Candilis, Corrales y Molezún. En 1979 regresa a Chile radicándose en Antofagasta, donde inicia su carrera académica y de investigación ligada al Desierto de Atacama y a la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica del Norte. Su orientación medio ambiental se concreta en 1988 con la publicación del libro Espacios intermedios (Editorial Universitaria). Entre sus obras destacan la casa de ejercicios espirituales para la Fundación Alonso Ovalle en Antofagasta (1991), el pabellón de Codelco en Exponor Antofagasta (1995), la ampliación de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica del Norte (2001) y la galería solar de la casa Kapstein en El Quisco (2002). En 1995 obtiene el grado de Magíster en Arquitectura en la Pontificia Universidad Católica de Chile. En 2003 recibe el premio internacional Passive and Low Energy Architecture.

Notas
1. El presente artículo fue escrito por encargo de la arquitecta Marisa Carmona, como parte de una investigación para la Universidad de Delft, Holanda, 2007. Los croquis presentados fueron realizados por Glenda Kapstein para el mismo artículo.
2. Ver modelo perteneciente al Instituto Geográfico Militar de Chile.
3. Planes derivados de la nominación como Patrimonio de la Humanidad por la unesco durante el año 2003.

Referentes
Aymonino, Carlo. Orígenes y desarrollo de la ciudad moderna. Editorial Gedisa, Barcelona, 1972.         [ Links ]
Bernal, Juan y Glenda Kapstein. Arquitectura de una ciudad anfiteatro: Valparaíso. Seminario de Arquitectura, Universidad de Chile, Santiago, 1968.         [ Links ]
Briggs, John y David Peat. Espejo y reflejo: Del caos al orden. Editorial Gedisa, Barcelona, 1991.         [ Links ]
De las Ribas, Juan. El espacio como lugar. Sobre la naturaleza de la forma urbana. Universidad de Valladolid, Valladolid, 1992.         [ Links ]
Saldarriaga, Alberto. "Museo de Arte Moderno". Revista de Arte, Caracas, 1990.         [ Links ]
Vicuña Mackenna, Benjamín. Historia de Valparaíso (1536 - 1868). Imprenta Albión de Cox i Taylor, Valparaíso, 1925.         [ Links ]