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ARQ (Santiago)
versión On-line ISSN 0717-6996
ARQ (Santiago) n.73 Santiago dic. 2009
doi: 10.4067/S0717-69962009000300001
ARQ, n. 73 Valparaíso, Santiago, diciembre 2009, p. 11.
Editorial
* Directora Ediciones ARQ, Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos, Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile
Siempre he sentido nostalgia del mar, aunque nací en Santiago.
Cuando era muy pequeña y hasta los 14 o 15 años, dos o tres veces al mes y durante todo el año, con mis padres tomábamos el tren en la estación Mapocho y partíamos al puerto. Alojábamos en un hotel recién construido en el centro. Mis padres se habían conocido y casado en Barcelona y cuando se embarcaron para venir a Chile —mi madre siempre lo recordaba— después de La Habana, magnífica, al pasar el canal de Panamá, los puertos del Pacífico eran todos pequeños y pobres y mientras más al sur peor. Una mañana, al amanecer, entraron a una ciudad magnífica: el puerto de Valparaíso, con lo que a mi madre le volvió el alma al cuerpo.
En cambio Santiago no le gustó nada, salvo la cordillera. Así que cada dos o tres veces al mes volvíamos a ese puerto que le recordaba a Barcelona.
Claro, han pasado muchos años y la decadencia de Valparaíso es explicable por variados motivos. Explicable, pero no aceptable; hemos perdido algo importante como país.
Algo se hace, pero muy poco.
Esperemos. Valparaíso se reconstruyó casi desde sus cimientos después del terremoto de 1906.
Quizás habría que demoler el Congreso; ¿será eso lo que lo tiene cargado?











