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ARQ (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  n.72 Santiago ago. 2009

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962009000200015 

ARQ, n. 72 Ríos urbanos, Santiago, agosto 2009, p. 78-81.

LECTURAS

Países Bajos, territorio reversible

Carolina Contreras *

* Profesora, Escuela de Arquitectura, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile


Resumen

La experiencia de los Paises Bajos en el manejo del territorio y de las aguas es extensa. Sus habitantes poseen conocimiento acabado de sus características, interactuando dinámicamente con su hábitat. Las necesidades medioambientales y económicas, sin embargo, han obligado a replantarse e incluso revertir este complejo sistema hidráulico.

Palabras clave: Urbanismo-Países bajos, territorios inundables, recursos hídricos, manejo de aguas.



PARAÍSO HORIZONTAL / Los curiosos viajeros que durante el s. xvii visitaron los Países Bajos, no podían evitar sorprenderse de su planicie, llegando incluso a quejarse algunos de la monotonía que caracterizaba su paisaje (Corbin, 1994). Sin embargo, el genio con el que el pueblo holandés había domesticado la naturaleza de las aguas para ese entonces, garantizaba a estos visitantes una red de transporte claramente superior, en términos de comodidad, a la que podrían haberse encontrado en cualquiera de los países vecinos.
El poder económico alcanzado por esta nación durante el famoso siglo de oro se basó en la destreza de sus hombres para batírselas con el mar, tanto a partir de la sencilla explotación de sus recursos, como en la audaz aventura iniciada por astilleros, cartógrafos y navegantes. El aumento de la población portuaria que dicha victoria trajo consigo, debió compensarse con una importante actividad agrícola tierra adentro, lo que a su vez exigió la dominación del pantanoso territorio ubicado en torno al delta del río Rin.
El atractivo que ejercía el paisaje de Holanda para el resto de los europeos se basaba en la contemplación de un territorio fecundo a partir del esfuerzo colectivo de sus hombres. Para algunos pensadores de la Ilustración, como Voltaire, este paisaje constituía un verdadero paraíso terrenal (Corbin, 1994) producto del absoluto control y homogeneidad que ofrecía como base para una sociedad equitativa. Desde el punto de vista estético, la pintura de paisajes marítimos y agrícolas hizo su parte promoviendo el artificio y control del territorio holandés como una suerte de Arcadia donde la luminosidad del cielo proyectada sobre su extensión, de praderas o de hielo, venía a celebrar la extensión misma del mar como origen de este territorio horizontal.
Bajo el supuesto de que la administración territorial es en sí una forma de garantizar equidad, los recientes desastres producidos en varios países por oposición entre naturaleza y artificio humano, parecieran convocar tanto o más que los ideales sociales de décadas pasadas. Desde esta perspectiva, valdría la pena revisar el proyecto holandés con el fin de comprender qué lecciones aparecen en estas experiencias vinculadas a la hidráulica, para enfrentar los desafíos medioambientales del presente.
EL SISTEMÁTICO DRENAJE DEL PAISAJE HOLANDÉS / El delta de un río se define como la planicie donde éste se ramifica, produciendo múltiples desembocaduras en el mar. De encontrarse en su estado natural, un delta, además de ser un paisaje notoriamente dinámico, presentaría una multiplicidad de texturas y vegetación —y no un horizonte inmutable de agua, como muchos suelen imaginar los Países Bajos previo a la intervención humana—. Esta diversidad estaría dada en gran medida por las variaciones en los caudales de agua dulce producto de las precipitaciones anuales, el grado de afectación de estas aguas por parte de las mareas y su correspondiente salinidad, las distintas constituciones del suelo y la presencia de lagunas, dunas, pantanos y acuíferos subterráneos.
Considerando la técnica, la actitud de los primeros holandeses pareciera perseverante y testaruda, al desestimar la humedad del suelo descrito anteriormente con el fin de obtener el privilegiado acceso al mar que esta posición brinda. Sin embargo, la tecnología para producir el drenaje sistemático de la superficie que rodeaba al delta, tiene una historia de casi diez siglos, donde distintos inventos, ideologías, movimientos artísticos e intereses económicos han sido los responsables de perfilar su eficiencia y control.
Según la investigadora holandesa Fransje Hooimeijer (2008), existirían seis etapas en la colonización de este territorio: la etapa de aceptación (hasta el s. x), la etapa defensiva (s. x - s. xv), la etapa ofensiva (s. xv - s. xviii), la etapa de manipulación temprana (1800 - 1890), la etapa de manipulación (1890 - 1990) y la actual transición entre manipulación y adaptación.
En un principio, los terrenos más altos de la turba ubicada a orillas de los ríos fueron los lugares donde se establecieron los primeros habitantes, limpiando los terrenos de la vegetación propia de este paisaje con el doble propósito de producir combustible y disponer de un suelo cultivable. Como la limpieza del terreno se produjo desde los caminos hacia el interior y dependió de cada propietario, los frentes de estas propiedades tendieron a ser angostos, resultando en las alargadas parcelas que aún son visibles en los cultivos holandeses. Asimismo, con el fin de mantener seco este suelo ganado a la turba, se trazaron los primeros canales entre parcelas que no eran más que simples excavaciones capaces de drenar las nuevas tierras hacia los cursos naturales de agua.
Aunque la tierra extraída de estos canales se utilizó para aumentar el nivel de las parcelas, lo que no se previó fue la eventual erosión de las mismas por parte del agua transportada por los canales que, al estar conectadas a otros cursos de agua vinculados al mar, tenían niveles oscilantes inundando grandes superficies del terreno ganado. Así, en el s. x apareció uno de los primeros inventos: la represa o dam(1) que, interrumpiendo un curso de agua, era capaz de prevenir la erosión y garantizar el drenaje a través de una esclusa.
Sin embargo, las variaciones climáticas exigieron instaurar prácticas todavía más ofensivas, como la construcción de diques que compartimentaran la tierra ganada y la protegieran de las crecidas del mar y los ríos. Lentamente, los sistemas de drenaje dentro de estos perímetros de dique se fueron coordinando unos con otros hasta construir un solo sistema de manejo de aguas a partir de un mosaico de patrones de tierra ganada (Reh, Steenbergen y Aten, 2007).
Lo anterior no hubiese sido factible sin la invención del molino, un sencillo artefacto hidráulico capaz de captar las diversas orientaciones del viento y transmitir esta fuerza a una rueda dotada de remos que conseguía verter un flujo de agua en otro flujo ubicado en un nivel superior. Este invento, a pesar de su perfeccionamiento a lo largo de los siglos, no lograba subir el agua a alturas mayores a un metro; ello exigió la sistematización de corridas de molinos que conseguían alzar el agua hasta 4 m, sobrepasando la altura de los diques y conduciéndola al nivel siguiente en esta secuencia de pólderes(2), hasta vaciarla en el mar.
Otros inventos, como el motor a vapor y luego el motor a combustible fueron haciendo cada vez más eficiente el secado de tierras, ocupando menos infraestructura y produciendo un gradual divorcio entre las disciplinas de la ingeniería hidráulica y el diseño urbano. Este sistema, de clara orientación tecnócrata, acabó por garantizar un suelo seco y plano, una verdadera tabula rasa, de la cual arquitectos y urbanistas podrían disponer para realizar las expansiones urbanas requeridas por el aumento de la población.
La estructura compartimentada de este territorio drenado dio pie en el s. xvii al establecimiento de una innovadora estrategia militar que permitió a los holandeses defenderse de las invasiones españolas. En 1629 se tomaron las primeras medidas para la construcción de una línea defensiva (Reh, Steenbergen y Aten, 2007) que tendría por misión garantizar la protección de las principales ciudades a través de una secuencia de fuertes y, entre ellos, la presencia de vastas zonas inundables. El trazado de esta línea estuvo basado tanto en la topografía natural del terreno como en la lógica de los pólderes, para luego ser subdividida en distintos planos de inundación, cada uno con su propio nivel de agua.
A fines de la década pasada, producto de importantes cambios climáticos, dicha estrategia militar recibió una nueva interpretación por parte de las autoridades medioambientales holandesas. Con el fin de producir nuevas reservas de agua dulce, como alternativa a su acelerada expulsión, se propuso el abandono de algunas estructuras de drenaje y la inundación de sus respectivos compartimentos de tierra.
Uno de los primeros proyectos de este tipo, a ejecutarse entre los años 2012 y 2032, sería el proyecto de Wieringen, diseñado recientemente por la oficina Palmboom & van den Bout. Esta intervención consistiría en la gradual inundación de un terreno ganado al mar en el norte de Holanda; la posición estratégica de este proyecto viene a coincidir no sólo con la intención de almacenar agua, sino además con la estructuración de un corredor ecológico que conduciría la migración de algunas aves desde el interior del continente hacia el Mar del Norte. Asimismo, este terreno inundado permitiría la conexión entre dos cuerpos de agua con distintos niveles de salinidad que, desde la perspectiva ecológica, alojaría el crecimiento de una interesante vegetación halófila y desde la perspectiva del desarrollo urbano, produciría un nuevo y atractivo frente de agua.
La estructura hidráulica que hoy garantiza el drenaje de dicha superficie permitiría que en el futuro este proceso de inundación se realizara de forma gradual, evitando el desastre ecológico que una anegación repentina podría implicar y acompañando a su vez un proceso de transformación urbana flexible. La disponibilidad de suelo para estos efectos ha estado fuertemente vinculada al actual decaimiento de la actividad agrícola: la reciente incorporación de países como Polonia en la Comunidad Europea ha producido la forzosa cesión de Holanda como principal proveedor de productos lácteos del viejo continente, habilitando estos terrenos para otros usos y estimulando la generación de nuevas economías.
EL PAPEL DEL TIEMPO / "A landscape is a space deliberately created to speed up or slow down the process of nature. As Eliade expresses it, it represents man taking upon himself the role of time" (3) (Jackson, 1986).
El conocimiento riguroso de la naturaleza ha permitido a los habitantes de los Países Bajos una interacción dinámica entre hombre y medio ambiente, al punto de ofrecer alternativas que permiten hoy revertir un complejo sistema hidráulico para favorecer nuevas necesidades medioambientales y económicas. En este sentido, el desempeño y versatilidad del paisaje holandés ha hecho profundamente válido el comentario de John B. Jackson con respecto al tiempo. El afinado control ejercido sobre la velocidad con la que el agua del delta es expulsada al Mar del Norte, ha permitido tanto su aceleración como su retardo, abriendo la oportunidad de hacer lento un proceso que en otros territorios parecería irreversible producto de la canalización obstinada de sus cursos de agua.
Sin embargo, el territorio holandés sigue siendo indiscutiblemente frágil. Las altas probabilidades de que en el futuro este país desaparezca bajo las aguas del Mar del Norte, debido al calentamiento global, han producido una paulatina tolerancia al agua que atraviesa varias esferas de la vida cotidiana. Desde el diseño de un conocido calzado aislante, hasta las clases obligatorias de nado, los cursos de remo y una arquitectura que explora el futuro de un país acuático, los habitantes de los Países Bajos revisan hoy el artificio de su paisaje con una humildad que parece, al menos, desafiante.


Notas
1. De ahí los nombres de las ciudades Ámsterdam y Rótterdam, con los ríos Amstel y Rotter como sus principales cursos de drenaje.
2. Polder (pólder): palabra de origen holandés que hace referencia a un compartimiento de tierra, rodeado de un dique con un sistema de drenaje propio que logra mantener secas las parcelas ubicadas en su interior. Algunos de estos pólderes conservan una forma levemente ovalada, delatando su origen de lago drenado.
3. "Un paisaje es un espacio deliberadamente fabricado para acelerar o retardar el proceso de la naturaleza. Como lo expresa Eliade, representa al hombre desempeñando el papel del tiempo." (traducción de la autora)



Referentes
Corbin, Alain y Jocelyn Phelps. "The admirable road to Scheveningen". The lure of the sea. The discovery of the seaside in the Western World 1750-1840. University of Californa Press, Berkeley, 1994.         [ Links ]
Hoomeimeijer, Fransje. "Exploring the relationship between water management technology and urban design in Dutch polder cities". Feyen, Jan; Shannon, Kelly y Matthew Neville (ed). Water and urban development paradigms, towards an integration of engineering, design and management approaches. CRC Press, Taylor and Francis Group, Londres, 2008.         [ Links ]
Jackson, John. Discovering the vernacular landscape. Yale University Press, New Haven, 1986.         [ Links ]
Reh, Wouter; Steenbergen, Clemens y Diederik Aten. Sea of land: The polder as an experimental atlas of Dutch landscape architecture. Stichting Uitgeverij Noord-Holland, Wormerveer, 2007.
        [ Links ]