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ARQ (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  n.71 Santiago abr. 2009

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962009000100017 

ARQ, n. 71 Los Andes, Santiago, abril 2009, p. 88-91.


LECTURAS

Los cerros isla en la memoria colectiva de Santiago

Óscar Mackenney *
Karen Ulriksen **

* Director Escuela de Arquitectura, Universidad del Desarrollo, Santiago, Chile
** Profesora, Escuela de Arquitectura, Universidad del Desarrollo, Santiago, Chile


Resumen

El valle de Santiago se caracteriza por la entrada de la cordillera de los Andes a través de cerros isla que, junto con el río Mapocho, caracterizan al territorio. El crecimiento de la ciudad los ha incorporado de formas diversas: generando parques, urbanizándolos o tomándolos como terrenos disponibles al momento de expandir la vialidad.

Palabras clave: Urbanismo-Chile, cerros urbanos, cerros isla, expansión urbana, precordillera


Abstract

The entrance of the Andes range through single, isolated hills, together with the Mapocho River, characterizes the Santiago valley. The growth of the city has incorporated these elements in a variety of forms: generating parks, urbanizing them or using them as available sites to expand.

Key words: Urbanism-Chile, urban hills, urban expansion, hillsides.



Desde su descubrimiento hasta nuestros días, el compromiso y la complicidad existente entre el valle de Santiago y los cerros que lo demarcan en su margen oriente han sido su principal sello y su patrimonio geográfico.
Entre el testimonio escrito y gráfico de las primeras personas que advirtieron esta geografía inclinada hasta lo que nosotros, sus actuales habitantes, podemos observar, la relación cordillera–valle no ha dejado de existir pero sí ha cambiado; desde aquel primer día del descubrimiento hasta hoy, se fundó y expandió una enorme y extensa ciudad que seguirá creciendo.
Si observamos bien, entre la cordillera y el valle existe un territorio ondulado donde asoman los cerros islas, en que la pendiente aumenta considerablemente y el caminar se convierte en una dura tarea; una zona en que sí es posible mirar a Santiago desde adentro y en su total magnitud para reconocer sus partes e intuir sus límites. Es una franja intermedia donde los desplazamientos son resueltos por el auto y la construcción de las casas se traduce en un problema de contención del terreno.
Estos cerros no son muy altos y apenas superan los 80 m desde su base, lo suficiente como para obtener desde sus cimas y laderas una imagen similar a la que debieron tener los primeros españoles sobre el cerro Santa Lucía.
Nuestra ciudad está creciendo sobre ellos, cubriéndolos y borrándolos de nuestro paisaje, alterando sin darnos cuenta la imagen geográfica de este gran lugar.
MESETAS Y CERROS PRECORDILLERANOS: UN CONFLICTO CON LA CIUDAD / Los mecanismos de uso de suelo en el sector nor-oriente de Santiago no han sido capaces de adaptarse a una nueva realidad. Al aproximarnos a las fronteras geográficas y alcanzar aquellos cerros que se constituyen en el preámbulo de la cordillera —Manquehue, Alvarado, Dieciocho, Apoquindo, Calán y Del Medio, entre otros— inmediatamente nos damos cuenta de que nunca un cerro es igual a otro. Todos ellos poseen características propias originadas por diferencias en sus dimensiones, pendientes, orientación, vegetación, erosión, cantidad de construcciones e intervenciones urbanas.
Sin embargo, hoy la planificación de la ciudad los está aislando sistemáticamente, tratándolos, por una parte, como accidentes indiferenciados y entregándolos, por otra, de manera paulatina a los privados. Ambas acciones —que demuestran un enorme descuido y desconocimiento general— están arrasando con los cerros anteriormente citados. Basta ver lo ocurrido en las comunas de Las Condes, Lo Barnechea y Vitacura. Los pie de monte han sido parcelados y loteados con infinitos criterios, desde terrenos de más de 1.000 m2 (Santa María de Manquehue) hasta de 200 m2 (San Carlos, cerro Dieciocho), situación que asombra al confrontarlos con los primeros lotes del barrio Los Dominicos que fueron de 5.000 m2. Todas estas operaciones tienen un aspecto en común: no incorporan espacios públicos de magnitud suficiente ni resuelven el tema de cómo se construye en los cerros y mesetas.
Las actuales intervenciones —medidas paliativas en realidad— son acciones dirigidas exclusivamente al automóvil que deterioran la vida urbana; atentan contra el espacio público y, lo más importante, nos conducen hacia el desmantelamiento de la naturaleza original de los cerros y su consecuente pérdida como lugares de interés ciudadano.
Es un hecho concreto y evidente que la actual normativa se torna impracticable en pendientes fuertes.
LA MESETA DE SAN CARLOS DE APOQUINDO Y EL CERRO LOS PIQUES / La investigación(1) concentró su área de estudio en la comuna de Las Condes, específicamente en la meseta San Carlos de Apoquindo. Un primer análisis aerofotogramétrico permitió constatar con claridad los sucesivos cambios de la comuna.
En 1955 era posible apreciar un Santiago oriente rural, cuyas subdivisiones territoriales correspondían a extensos predios agrícolas; hacia 1982 ya era posible percibir la definitiva desaparición de esta condición rural y un considerable crecimiento urbano en la meseta de San Carlos. Para 1996, el ahora urbanizado territorio incrementa su densificación y, gracias al impulso proveniente desde el sector privado, expande de manera incontrolada sus límites reduciendo aceleradamente el espacio libre preexistente.
De los tres cerros que se sitúan en esta meseta, el cerro Calán ya se ha transformado en una isla inaccesible, cuya ladera poniente aún logra estar libre de la compra inmobiliaria. A poca distancia, el cerro Apoquindo está prácticamente invadido en su totalidad. A los pies de ellos se ubica una notable intervención conformada por el parque Los Dominicos donde se encuentra situada la parroquia San Vicente Ferrer. Por último, ubicado más hacia el norte, se encuentra el cerro Los Piques, objeto central del presente estudio.
Este último resalte geográfico —que sigue resistiendo a la gran presión inmobiliaria— posee un carácter de hito–cuña en la ciudad, pues muy cerca de su cima se encuentra enclavada una construcción que le entrega a todo el lugar un carácter marcadamente patrimonial: el convento Benedictino de la Santísima Trinidad. Sin embargo, su presencia desde la lejanía se ha ido perdiendo paulatinamente debido a diversas y sucesivas intervenciones. La primera de ellas transformó el entorno inmediato, que al ser loteado y construido simplemente desapareció del ámbito público, impidiendo con ello poder tomar distancia para observar al cerro. Hoy sólo es posible observarlo desde su borde inmediato. Luego, las crecientes urbanizaciones realizadas en el sector de San Carlos de Apoquindo avanzaron y se encaramaron por sus laderas sur, oriente y poniente. El costado nororiente ya se ve amenazado por futuros proyectos inmobiliarios. Finalmente, en los últimos meses aparecieron pequeñas intervenciones en las vías conectoras Paul Harris y San Francisco de Asís las cuales, literalmente, han socavado sus bases.
Cuatro décadas después de la construcción del complejo Benedictino, el cerro Los Piques está siendo prensado. Y si no fuera por este elemento arquitectónico ubicado en el borde del peñón el cerro ya habría desaparecido. El riesgo es alto pues la eventual extinción de todo el conjunto tendría, como consecuencia directa, la inminente pérdida de su presencia urbana(2).
INTERVENCIONES VIALES EN EL PERÍMETRO DEL CERRO LOS PIQUES / La más reciente y apresurada de las intervenciones corresponde a los trabajos iniciados durante el mes de febrero de 2008 en la intersección de las calles Charles Hamilton y Camino San Francisco de Asís.
El parque Paseo Charles Hamilton —comprendido entre los tramos de las calles Campanario, Estoril y La Fuente— es un gran y sencillo aporte urbano: ¿era muy difícil intentar prolongar sus características para abrir el tramo entre Camino La Fuente y Camino San Antonio, directamente bajo el cerro Los Piques resolviendo de este modo la intersección con Francisco de Asís?
Aparentemente lo era, porque el perfil proyectado nos informa que existirán 4 pistas paralelas: nuevamente las estrategias proyectadas y variables utilizadas corresponden a las mismas operaciones aplicadas en los sectores planos de Santiago. Evidentemente habrá que intervenir el cerro y en el caso de ser los mismos asesores del camino La Pirámide, el resultado será predecible: deterioro y fealdad.
Deterioro, porque el primer paso será depredar el borde del cerro, hasta dejarlo desnudo. Ciertamente hay que solucionar las 4 vías vehiculares proyectadas y solucionar la salida o canalización de las aguas de la hermosa quebrada del cajón cordillerano, pero a costa de eliminar todo vestigio de vegetación, todas las especies. Fealdad, pues la calle San Francisco de Asís quedará convertida en una calle tendida de bruces sobre la quebrada. Se está resolviendo sólo una articulación vehicular, trasladando el problema un poco más arriba, con perfiles erráticos: se cierra, luego se abre, tiene bandejón, después no lo tiene.
El resultado se avizora complejo y los trabajos realizados reflejan el grado de improvisación al que se puede llegar. El nudo será apresuradamente resuelto sin incorporar ninguna característica del territorio natural: los nudos son eso, nudos. Lo temido se cumplirá bajo las peores circunstancias: es un enlace pobre donde se rellena y cubre artificialmente la quebrada; se recorta el cerro retirando metros cúbicos de piedra para, finalmente, estucarlo sin medir el impacto a corto, mediano y largo plazo. Una oportunidad desperdiciada.
Pronto se abrirá, con dos nuevas pistas, la Avenida Francisco Bulnes Correa que pasará directamente por la ladera sur oriente del cerro Los Piques: si no se actúa rápido, quedará como una calle más, similar a muchas otras. Una barrera que no incorpora al espacio público.
Actualmente la umbría del cerro, con árboles crecidos, es un aporte al barrio. Cómo no fijarse entonces en la calle Las Flores, proyectada con un perfil generoso y majestuoso hacia la cordillera, digno, con especies crecidas, con el agua incorporada. No se puede perder esta oportunidad. Buenas perspectivas con visión de futuro.

TRES ALERTAS Y UNA IDEA PARA EL DESTINO DE LOS LUGARES SIGNIFICATIVOS
AL ACECHO DE LA PENDIENTE / La pendiente promedio de Santiago manifiesta un gran incremento en ciertas áreas ubicadas al oriente de la ciudad. En ellas, a pesar de eso, se sigue proyectando como si de terrenos planos se tratara. Esta es una gravísima omisión pues no considera las nuevas fronteras geográficas: los cerros y mesetas de la precordillera.
De este modo, comunas como Peñalolén, La Reina, Las Condes, Lo Barnechea, Vitacura y Huechuraba hoy se encuentran de sorpresa con problemas de crecimiento en pendiente y ante la urgencia de solucionar la conectividad vial, se han visto presionadas a implementar soluciones pobres sin aportes en espacios públicos urbanos.
EL CONDICIONAMIENTO DE LOS PERFILES DE LAS CALLES: UNA REALIDAD TRASTOCADA / El estudio de los perfiles oficiales de las tres calles que circundan el cerro Los Piques no deja lugar a dudas: son vías para la circulación de automóviles, para terrenos planos. Es curioso que incluso cuando estas calles tienen que crecer de dos a cuatro vías, con plataformas o bandejones centrales, que deberían absorber la pendiente, se dibujen igualmente como perfiles planos.
También es duro y hasta dramático comprobar las siguientes situaciones:
Primero, nunca se cumple el perfil oficial. Segundo, existe un alto grado de improvisación en las soluciones parciales. Dichas vías tienen hasta ocho perfiles distintos en un largo entre dos a tres kilómetros, afectando a los peatones y a la fluidez de los automóviles. Tercero, al pasar junto a los cerros, las vías presentan el perfil más débil y estrecho, evidenciando con ello la ausencia de sentido común.
No está de más sugerir entonces la urgente revisión de los perfiles propuestos, con estudios y levantamientos exhaustivos y detallados pues la investigación realizada nos demostró que los actuales perfiles están obsoletos.
ESTADO CRÍTICO DEL CERRO Y LA MESETA / El cerro Los Piques es uno de los pocos que aún conserva su condición natural original debido, principalmente, a la presencia del Monasterio y también a un constante trabajo por preservar y aumentar las especies nativas que conformar la vegetación del lugar. Por más de cuarenta años no ha tenido calles por sus bordes y el acceso al mismo aún se realiza por senderos en curva que ascienden lentamente, acogiendo al peatón los domingos y permitiendo una procesión que oculta la cumbre y descubre las vistas lejanas. Aunque mínimo, el valor agregado del acto o rito de peregrinación en ascenso le otorga un carácter único de espacio público a la austera subida hacia el Monasterio. Sin embargo, en breve tendrá calles-borde que en total sumarán diez vías vehiculares de alta velocidad. Un cerro parque con tantas vías circundantes y un marcado carácter vehicular no soportaría tal presión.
EL DESTINO DE LOS LUGARES SIGNIFICATIVOS / La presión desmedida, en primera instancia por la densidad inmobiliaria, ha oprimido el perímetro exterior de todos los cerros islas de esta área. Lamentablemente, para el caso de Los Piques se visualiza un oscuro destino para la explanada oriente pues su historia y también la lógica nos indica que deberán aparecer protecciones y cierros opacos en todo el perímetro de los cerros islas, desaprovechando con ello, la cuidadosa protección que otorga naturalmente la geografía.
Si en el último terreno libre del cerro Los Piques, con su marcada vocación comunitaria y pública, no se propone por ejemplo un nuevo parque temático, quedará convertido simplemente en un saldo inmobiliario más.
Los cerros isla del pie de monte eran las últimas oportunidades urbanas de escala peatonal que le quedaban al margen oriente de Santiago. Las estrategias de las intervenciones viales implementadas a la fecha en este sector no han hecho más que beneficiar al automóvil y perjudicar al peatón, generando vías desplazadoras y desintegradoras; cerros modificados, marginados, aislados e inabordables.
De este modo, los territorios caminables sufren una nueva reducción en conjunto con la habitabilidad de los espacios urbanos. En este caso y en este lugar, las obras públicas no han sido para el público.
Santiago seguirá teniendo a la cordillera como su gran frontera geográfica al oriente, pero seguramente perderá a los cerros isla de la meseta precordillerana como aquellos valiosos lugares intermedios entre la urbe inclinada y la geografía vertical.


Notas
1. Artículo basado en la investigación de Oscar Mackenney y Karen Ulriksen, Cerros en extinción, Universidad del Desarrollo, 2002 - 2008.
2. Ver como antecedente estudio del Monasterio Benedictino, dirijido por Iván Poduje, con la participación de Juana Zunino y Rodrigo Pérez de Arce, bajo el alero de SEREX, Servicios Externos FADEU, PUC.

Referentes
AA.VV. ARQ Nº 43 El agua. Buenos Aires, Caracas, Santiago. Ediciones ARQ, Santiago, noviembre de 1999.         [ Links ]
Gross, Patricio. El Monasterio Benedictino de Las Condes. Una obra de arquitectura patrimonial. Ediciones Universidad Católica de Chile, Santiago, 1988.         [ Links ]
McHarg, Ian. Proyectar con la naturaleza. Editorial Gustavo Gili, Barcelona, 2000.         [ Links ]
Pérez, Fernando; Bannen, Pedro; Riesco, Hernán y Pilar Urrejola. Iglesias de la Modernidad en Chile, precedentes europeos y americanos. Ediciones ARQ, Santiago, 1997.         [ Links ]
SEREMI. Plan Regulador Metropolitano de Santiago y Plan Regulador Comunal de Las Condes. Ilustre Municipalidad de Las Condes, Santiago, aprobado en 1994.
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