SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
 número65Territorializar la arquitecturaUna tradición constructiva del Norte Chico índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

ARQ (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  n.65 Santiago abr. 2007

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962007000100003 

ARQ, n. 65 En territorio / In territory, Santiago, abril, 2007, p. 11-19

Notes English

LECTURAS

Lo Contador: casa, barrio, ciudad(1)

Fernando Pérez Oyarzun*

* Profesor titular Escuela de Arquitectura, Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile
  Jefe programa de Doctorado en Arquitectura y Estudios Urbanos, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile


Resumen

La relevancia de una obra en la construcción, evolución y destino del territorio inmediato donde se inserta, se devela aquí a partir de la lectura de los acontecimientos de una casa patronal a lo largo de los siglos. La reconstrucción del proceso de la obra se establece a partir de diferentes escalas de aproximación: la casa, el barrio y la ciudad.

Palabras clave: Arquitectura–Chile, Lo Contador, evolución urbana s. XVIII–XIX, casas patronales, Santiago.


 

LO GRANDE Y LO PEQUEÑO / Robin Evans abre su clásico texto Doors Figures and Passages (Evans, 1997) señalando que las cosas ordinarias esconden los misterios más profundos. En un hecho urbano tan acotado como una casa pueden percibirse las huellas de las formas y el sentido del crecimiento de una ciudad(2). Tales formas de interacción escalar que permite reconocer las huellas de lo mayor en lo menor y viceversa, constituyen una parte muy medular de los fenómenos con que la arquitectura ha debido tratar a lo largo de la historia.
La casa de Lo Contador sita en el que hoy es el barrio de Pedro de Valdivia Norte, en Santiago, ha resistido casi milagrosamente al paso del tiempo y al crecimiento de la ciudad. Hoy, literalmente sumergida en el tejido urbano del barrio, tal vez no sea tan aparente la relación que existe entre ella y el área urbana que la rodea.
Como tantas casas rurales chilenas, Lo Contador es el resultado de un largo proceso de evolución. Este ha dependido de múltiples factores históricos. En primer lugar los propietarios y las formas de explotación productiva. Sin embargo ella no es ajena a los procesos de desarrollo de la ciudad de Santiago que, desde su condición inicialmente periférica, parece registrar a la distancia. Más aún, la propia fuerza gravitacional de la ciudad puede llegar a alterar las formas que la casa va tomado a lo largo de su desarrollo.
Solemos ver la ciudad y su crecimiento como contexto de la obra de arquitectura; algo que la preexiste y que la determina. Menos frecuentemente somos conscientes de cuánto una pieza arquitectónica puede ser factor clave en el desarrollo de un área urbana. Especialmente, cuando ella no es meramente un volumen aislado sino parte de una forma territorial.
CONSTITUCIÓN DE LA PROPIEDAD Y RECONSTITUCIÓN GEOGRÁFICA / Parte de la encomienda concedida por Pedro de Valdivia a Rodrigo de Araya, los terrenos ubicados entre el cerro San Cristóbal y el río Mapocho habían sufrido sucesivas subdivisiones durante los s. XVII y XVIII. A fines del s. XVIII la rinconada determinada por la falda del cerro, dos de sus puntillas y el río estaba dividida en una serie de propiedades de unas pocas hectáreas cada una. Corresponde a Francisco de Avaria(3) el haber reunificado la propiedad a través de una serie de compras haciendo coincidir sus límites prediales con unos límites geográficos muy precisos, que hasta hoy lo hacen claramente identificable. Casado con Matilde Salamanca, Avaria dejó en herencia la propiedad a su sobrina huérfana Mercedes Contador, de quien actuaba como tutor, y construyó en ella una casa que formaría posteriormente parte de su dote(4) .
Es difícil reconstruir con exactitud lo que serían las características del área en la época(5). En cualquier caso es probable que haya estado en parte plantado de frutales, como nogales y olivos, de los que existen registros explícitos en documentos posteriores. Lo Contador era en sus inicios una chacra suburbana que, a pesar de estar físicamente bastante cercana al centro se percibía, de facto como una propiedad extramuros.
La entonces incipiente ciudad de Santiago bordeaba los 40.000 habitantes y no superará la barrera del Santa Lucía, hacia el oriente, hasta bien entrado el s. XIX. Los diversos planos que de ella se dibujan durante los s. XVIII y XIX(6), no incluyen, por tanto el área de Lo Contador. La construcción del puente de Cal y Canto, relativamente contemporáneo con las compras de Avaria(7), apoyó el difícil desarrollo de la ciudad hacia el norte, y facilitó las conexiones de Lo Contador con el centro de Santiago. Estas, y hasta un siglo y medio más tarde, se producían básicamente por el flanco norte de la propiedad, a través de un camino que atravesaba la actual zona de Bellavista.
EL TRAZO DE LA ALQUERÍA / Es sobre estos terrenos que Francisco de Avaria construirá la casa de Lo Contador, desde entonces centro de gravedad de la propiedad. La casa seguirá el modelo de una alquería como lo hacen una serie de casas rurales contemporáneas en los alrededores de Santiago(8): un solo cuerpo longitudinal de dos pisos, con corredores tanto en su cara norte como en su cara sur y escaleras de acceso que exceden el volumen del edificio. Los recintos del primer nivel –cuartitos y bodegas– estaban destinados a servicio, mientras las habitaciones principales se localizaban en el segundo.
La superposición de servicio y bodegas con habitaciones establece una relación frecuente en casas de campo europeas y que irá desapareciendo en Chile en la medida en que se constituyan patios de servicio y llaverías. Una sección longitudinal de Lo Contador muestra bien la forma en que los recintos de servicio se levantan del suelo lo mínimo posible, mientras las habitaciones del segundo piso alcanzan una altura mayor, acentuada en el volumen original por no existir cielos rasos: una suerte de piano nobile levantado sobre un podio sólido. La independencia de los dos pisos es bien notable ya que las bodegas –actual túnel– se conectaban directamente al camino de ingreso y al campo, mientras a las habitaciones se accedía desde los patios.
Por otra parte, el esquema constructivo de la alquería aparente en su corte transversal, muestra su original estructura: dos muros longitudinales de adobe conectados entre sí por elementos del mismo material (entre los cuales se localizan los cuartitos), sobre el cual se levantan los dos muros paralelos del segundo piso. Tanto el entramado de piso como la estructura de techumbre y las divisiones de las habitaciones del segundo nivel están construidas en madera. Estos últimos, aunque aparecen como muros, se construyen a la manera de una doble quincha, teniendo la virtud de conectar los muros longitudinales y no cargar el entramado de piso.
Muy pronto recibió la casa una adición hacia el oriente consistente en un recinto que alojaba dos lagares de piedra, lo que da testimonio de la importancia que las viñas deben haber adquirido en la propiedad a fines del s. XVIII y comienzos del s. XIX. Como en otras casas del período la cocina era un recinto independiente ubicado al norte(9).
Siendo básicamente un volumen oriente-poniente, la casa parece haberse extendido a través de tapiales en el sentido norte-sur, configurando una trama de recintos que se extendía desde el cerro al río(10). Ella se orientaba principalmente al norte, hacia donde se localizaba el jardín desde donde se llegaba desde Santiago. Hay testimonios también acerca de la posibilidad de entrar a través de un zaguancillo desde el sur donde se localizaba el patio principal.
Lo Contador representa la manifestación de un saber constructivo local que ha alcanzado una cierta madurez. Con muy pocos medios, básicamente adobes y maderas nativas, fue capaz de plantear soluciones que, aunque modestas en términos arquitectónicos, tenían una potencia derivada de sus dimensiones y de su escala territorial. La construcción de Lo Contador seguramente por parte de maestros de obra locales es contemporánea y contrasta con la llegada de una arquitectura culta, representada por la figura de Joaquín Toesca(11) quien, en esos años está construyendo el palacio de La Moneda y la nueva fachada de la Catedral de Santiago.
DE LA ALQUERÍA AL PATIO / El desarrollo de la casa desde la primitiva alquería hasta la casa de patios que hoy conocemos, constituye su transformación fundamental. Ella está marcada por un cambio simultáneo en el uso de la casa que pasa, por voluntad de Mercedes Contador, desde una chacra suburbana a ser una casa de retiros. Para alcanzar esta condición había debido producirse un largo proceso, incluyendo el juicio de divorcio de Mercedes Contador de su marido Antonio de Hermida(12). Más allá de los detalles anecdóticos de un matrimonio, aparentemente infeliz desde sus comienzos, interesa destacar el apasionado interés de ambos litigantes por conservar la chacra de Lo Contador entre sus bienes. Si Mercedes Contador ganó la batalla fue a costa de no pocas sesiones de otros bienes a favor de su marido.
No es fácil reconstruir el proceso por el cual el patio alcanza su actual condición(13). Sin embargo, para cumplir con sus nuevas funciones, y más temprano de lo que habitualmente se ha creído, la casa adquirió una capilla, un refectorio y unos cuartos de alojamiento. Capilla y refectorio se sitúan como dos cuerpos perpendiculares a la alquería y los cuartos de alojamiento en la actual crujía sur, probablemente en mas de una etapa. Simultáneamente se construyen los baños en el punto en que la acequia que cruzaba el patio pasaba bajo el cuerpo poniente. Junto al refectorio se instaló una nueva cocina. Para mediados del s. XIX corredores rodeaban completamente el patio(14). Es probable que la última zona en construirse hayan sido los recintos de la esquina sur-oriente del patio.
La extensión de la casa a partir del núcleo inicial de la alquería y la doble función a la que debió servir, dejan sus huellas en la estructura de la casa. La alquería y los volúmenes alrededor del patio podían funcionar con cierta independencia.
A la muerte de Mercedes Contador la casa fue heredada por don Diego Martínez Contador, quedando gravada por diversas obligaciones religiosas de las cuales su nuevo propietario procuró liberarla(15), Hacia fines de siglo, mientras en Santiago Vicuña Mackenna impulsa sus reformas urbanas, se hace crecientemente importante la explotación de canteras en el cerro. Con excepción de la de la puntilla, estas deberán detenerse con la expropiación del cerro en 1917.

LA TRANSFORMACIÓN DE COMIENZOS DE SIGLO / Diego Martínez muere en 1900, heredando la casa don Luis Martínez, quien la habita hasta su muerte en 1955(16). La existencia de un proyecto de remodelación fechado en 1915 y firmado por el arquitecto Ramón Fehrman Martínez(17), tal vez pariente de la familia, da indicaciones importantes para comprender algunas características de la actual casa. Fehrman Martínez pertenecía a una de las primeras generaciones de arquitectos formados en Chile y su intervención sobre la casa da cuenta de las complejas relaciones establecidas con la arquitectura colonial y rural. El proyecto contemplaba la construcción de un torreón en el ángulo norponiente de la casa y la elaboración de las fachadas sur y poniente. Para ello, incorporando elementos estilísticos clásicos y del barroco español, se regularizaban las ventanas, se incluían balcones y se abría una nueva puerta de la capilla al exterior. Un nuevo cierro de ladrillo al poniente reemplazaba, en parte, al antiguo de adobe y una nueva escalera de acceso se situaba en el encuentro de este con la casa, cuyo primer nivel se revestía en piedra.
El proyecto de Fehrman se construyó muy parcialmente y con variantes. La fachada sur, simétrica y con elementos clásicos, que incluye el traslado del zaguán, y muy probablemente la apertura de nuevas ventanas hacia el río, es acaso su huella más visible. También la construcción de cielos rasos, las puertas más elaboradas y complejas del flanco sur del patio y la abundancia de elementos de piedra, parecen provenir de esta reforma. Por su parte, el pasillo del segundo piso de la alquería, recordando a Robin Evans, constituye un elemento aparentemente inocente pero que ya denuncia un modo bien diverso de entender la planta de la casa(18).
Pero acaso la transformación más substancial ocurrida en este momento en la casa es que ella comienza a mirar al sur, al río y a Providencia. Tal giro queda subrayado por el establecimiento de la fachada sur como la principal y el abandono del proyecto de la fachada poniente. El es coincidente con la decidida expansión de Santiago hacia el oriente producida desde comienzos del s. XX. La llegada a la casa comienza a producirse cada vez más frecuentemente desde Providencia, a través de un precario puente peatonal situado frente a la antigua calle de Montolín.
LA CASA Y EL BARRIO / Las actividades agrícolas parecen haberse ido deteriorando, entre otros factores por problemas con los derechos de agua y el regadío. La explotación de la piedra se reducía sólo a la cantera de La Puntilla. La presión de una ciudad en expansión y la construcción de un puente vehicular frente a la recientemente abierta calle de Pedro de Valdivia Norte y posteriormente frente a Nueva de Lyon sellarán el destino inmobiliario de la chacra.
La población Pedro de Valdivia Norte, primer loteo en el área(19), se situaba entre la prolongación de la calle del mismo nombre hasta la falda del San Cristóbal y la calle El Cerro, teniendo como eje central Padre Letelier. Ella se plantea como una suerte de barrio modelo, con un núcleo central provisto de una plaza, un conjunto de edificios de tres pisos, locales comerciales y una parroquia. Sus calles ligeramente curvilíneas resolvían el trazado de vías en un terreno triangular y aparecían más naturales en una urbanización que buscaba un protagonismo de la vegetación. Parte significativa de esta urbanización se hizo en terrenos que pertenecían al curso del río, por lo que los esfuerzos de urbanización e incluso de construcción de las casas no fueron pocos. La actual calle Los Conquistadores, el principal eje de conexión oriente-poniente, prácticamente calcó el trazado del antiguo camino agrícola que uniendo las dos puntillas recorría en forma rectilínea el borde del antiguo cauce del río.
A partir de esta primera urbanización se completan posteriormente las de los sectores oriente y poniente. El hecho de que el sector poniente de la chacra estaba, a excepción de unas cuantas casas junto al río, prácticamente sin urbanizar a fin de los años cincuenta, permite a Sergio Larraín sugerir dicho sector para instalar allí el nuevo campus que la Universidad Católica deseaba construir. Tal posibilidad no prosperó frente a la opción de la chacra San Joaquín, mucho mayor en superficie aunque peor localizada desde un punto de vista urbano. La insistencia y la gestión personal de Larraín hicieron que se adquiriera la casa para instalar la Facultad de Arquitectura. El mismo adquirió la antigua casa de administración y el resto del lote ofrecido por la sucesión de don Luis Martínez(20).
Tal adquisición produjo una modificación en la urbanización aprobada para entonces en la municipalidad, suprimiéndose una calle propuesta entre la casa principal y la de administración. Se generó así la larga manzana entre El Comendador y Los Navegantes. Esta se suma así a un tejido caracterizado por una peculiar forma de desarrollo del manzanero, con calles más largas en el sentido oriente-poniente, paralelas al río. Un sector integrado pero muy discernible dentro de la trama urbana de Providencia. Tal estructura contradice la antigua división norte-sur de las chácaras adquiridas por Avaria, de la que la casa y sus extensiones formaban parte, como si la conexión con el centro, y el sentido de la expansión de la ciudad al oriente siguiendo el curso del río hubiesen sido la fuerza dominante.
DE LA CASA AL CAMPUS / Desde que la casa fuese ocupada por la universidad, no ha sufrido transformaciones substanciales. El decanato y dirección de la escuela se instalaron en el cuerpo sur, que había pasado a ser el acceso principal de la casa. Los restantes recintos se ocuparon básicamente como aulas y talleres. La antigua cocina, posteriormente cochera se constituyó en casino, hasta su demolición con la construcción de la nueva biblioteca, recuperando algo de su sentido original. Alrededor de la casa se instalaron una serie de construcciones supuestamente provisorias, de un piso y en estructura metálica, algunas de las cuales aún permanecen. Estas se utilizaron para talleres de arquitectura o arte, aulas o dependencias administrativas(21). A fines de la década de los ochenta se construyen dos edificios de tres pisos en los flancos norte y oriente de la casa como parte de un plan mayor que apuntaba a cerrar un volumen en L alrededor de la casa(22).
Dicha iniciativa no se completó. En cambio, el nuevo edificio de la biblioteca de Teodoro Fernández, Cecilia Puga y Smiljan Radic se desarrolla paralelamente a la antigua alquería enfatizando el sentido oriente poniente y apuntando al centro de la manzana. La adición de la casa de la antigua casa de administración, adquirida por la universidad el año 2000, ha enfatizado aún más dicho sentido, prolongando un vacío en torno al cual pivotea todo el campus, desde lo que fue el antiguo jardín de la alquería hasta el jardín de la casa de Sergio Larraín: el antiguo trazo oriente-poniente dibujado por la primera alquería que se fue prolongando hasta unirse con la casa de administración, vuelve a repetirse consolidando nuevamente lo que fue el acceso antiguo a la casa(23).
La frecuencia con que Lo Contador fue pintado habla de su singularidad como paraje. Un dibujo de Rugendas de mediados del siglo XIX muestra la presencia imponente de la cordillera en el paisaje abierto por el río. Valenzuela Llanos retrató el lugar en múltiples ocasiones y solía acudir a pintar allí con sus alumnos(24). Anclada al territorio que la rodeaba, a través de muros huertos y patios, la casa, formaba parte integrante de tal paraje y en algún modo lo constituía(25). Contraída en sí misma como toda rinconada y a la vez parte de la complejidad del valle de Santiago: el cerro, la ciudad y la cordillera a la distancia.
El proceso a través del cual la chacra Lo Contador deviene al barrio Pedro de Valdivia Norte y con este, parte constituyente de la ciudad de Santiago, habla precisamente de la complejidad y la riqueza de esas relaciones oscilantes entre escalas diversas que tan fuertemente caracterizan a aquellos bienes que la arquitectura puede ofrecer a la ciudad.

Notas
1. Los resultados de este artículo se deben a un largo trabajo de colaboración. Destaco especialmente los notables trabajos de los alumnos del Taller de Investigación sobre la casa de Lo Contador dirigido junto a Sergio Salazar durante el primer semestre de 2004: Juan Pablo Alcalde, Pablo Alfaro, Rodrigo Camadros, Felipe Combeau, Daniel Del Campo, Bernardita Devilat, Felipe Fontecilla, Felipe Fuentes, Enrique González, Oscar Gutiérrez, Mariana Hurtado, Hernán Kirsten, Pablo Lamarca, Francisca Lorenzini, Francisco Quintana, Andrés Soffia, Tomás Swett y Stephanie Wunkhaus. Fundamental ha sido también el proyecto DIPUC La chacra Lo Contador: evolución de un edificio patrimonial, que contó como asistente a Francisco Quintana y colaboradores a Sebastián Osorio, Felipe Fuentes, Felipe Camus y Danitza Karzulovic.
2. Alberti señaló en De Re Aedificatoria que, en una suerte de paradójico intercambio de escalas, una casa podía verse como una ciudad y una ciudad como una casa.

3. Según José Toribio Medina, Avaria sirvió en la infantería y caballería, siendo nombrado por Manuel de Salamanca teniente general y visitador de minerales. Manso de Velasco le nombró corregidor de Melipilla y Alcalde Mayor de Minas.
4. Francisco de Avaria era casado con Matilde Salamanca y tenían ellos mismos una propiedad en el área.
5. El Plano de hijuelas y chácaras entre el cerro San Cristóbal y el río Mapocho de Antonio de Lozada (1764), muestra un sitio cercado a la manera de un huerto o una viña en los terrenos de Lo Contador.
6. Piénsese en los de Frezier, Mostardi Fioretti y Ansart por ejemplo, publicados por Castedo en el resúmen de la historia de Encina. Ellos registran los crecimientos de la ciudad hacia el poniente, el sur e incluso el norte durante el s. XIX. Habrá que esperar hasta el plano del ejército de 1895-1905 para ver el sector de “La Contadora” incluido en el plano de Santiago.
7. El puente fue construido bajo la dirección del corregidor Zañartu entre 1767 y 1782, garantizando por más de un siglo la comunicación entre ambas riberas del río. Es derribado en 1888, mismo año de la publicación del trabajo de Abel Rosales sobre el puente.
8. La alquería constituye un esquema arquitectónico particularmente interesante tanto desde el punto de vista constructivo como funcional, que aún no es debidamente estudiado. Será más difícil de encontrarlo en la medida que avance el s. XIX. Lo Contador comparte características arquitectónicas con conjuntos como Lo Matta, Lo Fontecilla y las antiguas casas de El Rosario.
9. Los datos del estado inicial de la casa pueden deducirse de la carta dotal de Mercedes Contador de 1793, en la que se describe y se tasa la casa con lujo de detalles.
10. Raúl Irarrázaval ha destacado en sus trabajos sobre casas patronales en el valle central esta condición expansiva del espacio de la casa prolongándose a través de muros y alamedas. Tal situación es muy visible en ejemplos tan clásicos como San José de El Carmen en El Huique.
11. Toesca permanece en Chile las dos últimas décadas del s. XVIII introduciendo no sólo nuevas concepciones y un nuevo lenguaje arquitectónico, sino también nuevas técnicas constructivas ligadas a la albañilería.
12. Este juicio se desarrolla entre 1818 y 1820.
13. Las casas rurales de adobe eran continuamente reparadas y modificadas. Las huellas de tales modificaciones frecuentemente desaparecen, haciendo muy difícil su reconstitución precisa. Irregularidades en los techos presentes en las fotografías de hasta mediados del s. XX, posteriormente regularizadas, dan cuenta en Lo Contador de las complejidades de este proceso de crecimiento.
14. Un contrato de pinturas de 1839-40 nos permite estar ciertos de que, para entonces, el patio ya estaba completamente rodeado de corredores. Por entonces se construye también el altar de la capilla.
15. Mercedes Contador muere en el año 1864, después de haber conseguido autorización oficial para Lo Contador como casa de retiros. En su testamento gravó la casa con la obligación de realizar dos corridas al año para 300 personas cada una. Los gastos debían solventarse con las ganancias de la producción de la chacra. Diego Martínez Contador, realizó una subdivisión del terreno y acudió a diversas instancias eclesiásticas para demostrar la inviabilidad de tales obligaciones. En la década de 1890, y por diversas circunstancias, no se realizan retiros.
16. Aparentemente Luis Martínez aprovechó la estructura de la casa para vivir independientemente en la zona de la alquería, mientras el resto de la familia lo hacía en el cuerpo sur.
17. Ramón Fehrman Martínez nacido en 1876 era hijo de Juan Eduardo Fehrman. Estudió arquitectura en la Universidad de Chile a fines de siglo. Ver artículo de Hernán Rodríguez en el diario El Mercurio, 21/10/1983.
18. Fehrman detalla esa zona correspondiente a lo que fue el escritorio de Luis Martínez en su proyecto.
19. Luis Martínez vende con fines inmobiliarios 30 hectáreas de su propiedad en 1938. El puente Pedro de Valdivia se construye en 1939. La prolongación de Pedro de Valdivia Norte inaugura un nuevo acceso al cerro en el punto en que se encuentra con su falda. Anteriormente tal acceso se producía más al poniente.
20. Eduardo Frei Montalva participó en las negociaciones como abogado de la familia. La promesa de venta y la venta se realizaron en 1958. El traslado de la Facultad en 1959.
21. La forma de dichas construcciones derivan del proyecto de título del arquitecto y profesor Horacio Borgheresi quien fuera decano de la Facultad entre 1967 y 1969.
22. Tal iniciativa estaba en buena parte basada en el proyecto de título que Antonio Lama había realizado a propósito del desarrollo del campus en 1983. El proyecto fue publicado en la revista ARQ ese mismo año.
23. Paralelamente, la conexión con el centro vuelve a consolidarse por la falda del cerro en lugar de realizase por Providencia.
24. Nemesio Antúnez, rememorando el nacimiento de su vocación de pintor, hablaba de las salidas a Lo Contador, a hacer acuarela del natural con el profesor Ignacio Baixas, antes de que la casa fuera adquirida por la universidad. El taller 99, que él fundó, funcionará por algún tiempo en el campus y el mismo construirá su casa en el barrio.
25. La casa fue declarada Monumento Nacional en 1974.

 

Referentes
Amenabar, Pilar; Guerrero, Francisco y Larach, Carmen Gloria. Lo Contador un nuevo destino, Proyecto para optar al título de arquitecto. Pontificia Universidad Católica de Chile, 1975.         [ Links ]
Castedo, Leopoldo y Encina, Francisco. Resumen de la Historia de Chile. Editorial Zig-Zag, Santiago, 1954.         [ Links ]
Evans, Robin. Translation from drawing to building and other essays. MIT Press, Cambridge, 1997.         [ Links ]
Irarrázaval, Raúl. La casa patronal. Santiago, 1969.         [ Links ]
Lama, Antonio. "Campus El Conquistador" en revista ARQ 8, Nov 1983, pp. 10-12.         [ Links ]
Larraín, Carlos J. Las Condes. Nascimiento, Santiago, 1952.         [ Links ]
Meza, Fernán. Lo Contador. Seminario de título, Universidad de Chile, 1961.         [ Links ]
Palmer, Montserrat. La comuna de Providencia y la ciudad jardín. Pontificia Universidad Católica de Chile, Facultad de Arquitectura y Bellas Artes, Santiago, 1984.         [ Links ]
Rosales, Abel. Historia y tradiciones del puente de Cal y Canto. Manuel A. Mujica (ed). Imprenta Estrella de Chile, Santiago, 1888.
        [ Links ]