SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
 número62Noticias de la Facultad: Nuevo decano FADEU 2005 - 2008Noticias e-mail cartas índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Articulo

Indicadores

  • No hay articulos citadosCitado por SciELO

Links relacionados

  • No hay articulos similaresSimilares en SciELO

ARQ (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  n.62 Santiago mar. 2006

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962006000100018 

ARQ, n. 62 Consumos / Consumption, Santiago, marzo, 2006, p. 78.

ANEXOS

Noticias de la Facultad
El arquitecto Emilio Duhart (1918-2006)

No es sólo mi opinión, la comparten numerosos arquitectos y profesores: la oficina de Emilio Duhart, junto a la de los arqtos. Bresciani, Valdés, Castillo, Huidobro, fueron las dos oficinas más destacadas de Chile del siglo XX y su influencia y consideración alcanza hoy a todos los arquitectos que unen dos aspectos básicos: entusiasmo –pasión, diría- y ética en lo que hacen. Fueron afortunados en el sentido de tener un conjunto de obras importantes, pero fueron más afortunados aún al poner en ello la pasión y la ética, incluida en su labor como profesores.
En este artículo, prefiero dejar la palabra al propio Emilio Duhart, desde una entrevista realizada en el año 1994 . Su expresión certera y sintética es muestra de lo que hizo en arquitectura: mirar objetivamente una realidad, un lugar y tomar desde ello acciones concretas. Su vuelta a Francia en 1970, a los 52 años, nos privó de un gran arquitecto y de una figura que no se ha vuelto a repetir en Chile, por lo menos con esa fuerza: la del arquitecto-urbanista.

Emilio Duhart nace en Temuco, Chile; vuelve a Francia con su padres en 1921 y vuelve a Chile en 1935, a los 17 años.

“Yo dibujaba bastante en el colegio, sentía facilidad. Pero la presentación de la carrera de arquitectura de la École des Beaux Arts... instintivamente me pareció divorciada del mundo vivo, real. E incluso, diré más que eso, tenía la impresión de que toda esta gente jugaba con osamentas blancas. Eso era una cosa reñida con lo mío. En cambio me interesaban más los barcos. Me dediqué a estudiar construcción naval, en maquetas. Y eso representa una actividad interior con la arquitectura”

Cuando regresa a Chile, en 1935, tiene 17 años y entra a estudiar Ingeniería en la Universidad de Chile. Tiene como compañeros a Diego Sutil y Vicente Izquierdo. Abandona los estudios en el primer año.

“No había nada en contra de la ingeniería, pero no fue mi vocación, porque al mismo tiempo tenia mucho interés en todo lo que se refiere a calidad técnica, excelencia de aplicación, todo eso; con los asuntos de mi padre, con su gran molino en Cañete... me hice amigo de los técnicos de la fábrica que trabajan en acero o en madera”.

Ingresa a la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica en 1936, que funcionaba en el cuarto piso de la Casa Central en la Alameda.

“ ...la vieja Casa Central, que correspondía a una arquitectura que me había ilusionado cuando llegué a Santiago, una mezcla de pobreza, de dignidad y, como diría yo, derruida y polvorienta... hablo muy francamente.
Esto no es crítica, sino todo lo contrario. Diría que me gustó eso. Yo venía de un ambiente tan distinto, de un París que al lado de Santiago era mucho más brillante, mucho más fino…
Muy dignamente pobre y eso me gustó mucho... esa cosa auténtica. Y al mismo tiempo los encontré como viviendo en el s. XIX, totalmente...
No había ninguna discusión, ninguna inquietud en los primeros años... el cuestionamiento empezó más tarde, a los dos, tres años. Sergio Larraín era de alguna forma producto de esta ambigüedad, de este escepticismo. Entonces estaba en una posición inquieta, porque él mismo era inquieto, en relación a sí mismo, a su obra, todo. Había viajado por Europa, era un hombre muy culto…
Yo no soy enemigo de esa Escuela antigua. Creo que tenía, para la época, virtudes, sí. No veo otra posibilidad para esa época... No se podía pasar de un tirón de todo ese ambiente de s. XIX a la modernidad, no era posible”.

Emilio Duhart termina sus estudios de arquitectura en 1941: Durante 1939, siendo aún estudiante, viaja con un grupo de compañeros a la Exposición Universal en Nueva York.

“Sí, fue muy interesante como viaje en sí; un poco defraudante la exposición misma, la pobreza de los pabellones británico y francés...
Había un pabellón de la General Motors, que me tocó mucho por lo diabólico, porque ahí se ve por primera vez el mundo actual, el momento actual imaginado y querido, por ahora, por esa enorme bestia de la General Motors. Había una autopista, etc. el mundo del automóvil, pero con 20 años de anticipación, estaba ahí y me acuerdo que me tocó, no me volteó ni mucho menos, pero me tocó.
Los arquitectos descubrimos el pabellón de Finlandia de Aalto... estábamos con las antenas muy abiertas, muy abiertas. No teníamos una cultura sofisticada, a fondo como ahora... era mucho más espontáneo, más sensitivo.
Así que en los últimos años ya había proyectos nuevos... Eran un poco ingenuos, pero de calidad, y algunos calaban bastante bien en lo hondo de lo chileno, sin hacer nada folclórico”.

Emilio Duhart se recibe en 1940 con un asentamiento pesquero en la península de Taitao en la zona de los canales, que es expuesto en el salón de honor de la Universidad con motivo de un Congreso de Habitación Social al que acuden profesionales de Norteamérica. Se le ofrece una beca estadounidense para la cual elige ir a Harvard, a estudiar con Gropius.
Después de diplomarse en Harvard, va a trabajar a California donde permanece un año colaborando en planificación de instalaciones habitacionales ligadas a la producción naval en tiempos de la II Guerra Mundial.

“Cuando regresé de EE.UU. volví de nuevo a una suerte de virginidad; había hecho muy poco aquí en Chile... (quería seguir en la búsqueda que había dejado iniciada en el proyecto final)… buscar las raíces de una arquitectura propia, no diré chilena, porque eso de chileno, es como francés, inglés o japonés; hay una especie de nacionalismo que no me parece adecuado. Más bien es una cosa de autenticidad, una cosa propia del país, pero involucrado desde la naturaleza. Yo parte de una base, que la arquitectura es una cosa que emerge del mundo físico, no hay que olvidarlo, y tiene relaciones bastante indirectas, también. Y después naturalmente hay un pensamiento, una teoría, una historia y una poesía que emerge de todo esto”.

(En la casa de calle Pocuro)... “para obtener el permiso de construir tuve que batirme temiblemente en la Municipalidad de Providencia, el arquitecto de la Municipalidad me decía: ‘usted no sabe lo que es la arquitectura eterna!’ mirándome a los ojos, fusilándome. Si fue terrible… Claro, culturalmente era una aberración para ellos... No había ninguna casa así en todo Santiago, no digo esto para darme humos, pero no había, fueron después...
Además hay otra cosa: en general, yo tuve una clientela que no tenía muchos medios para hacer las cosas. Yo siempre estuve con el problema de hacer las cosas comparando precios”.


Entrevista editada por Montserrat Palmer Trias
Directora Ediciones ARQ