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ARQ (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  n.61 Santiago dic. 2005

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962005006100018 

ARQ, n. 61 La Profesión / Practice, Santiago, diciembre, 2005, p. 78-83.

OBRAS Y PROYECTOS

Casa Poli
Tomé, Chile

 

Mauricio Pezo* **, Sofía von Ellrichshausen*

* Miembro oficina Pezo-Von Ellrichshausen arquitectos, Concepción, Chile.
   Profesor Escuela de Arquitectura, Universidas de Las Américas, Concepción, Chile.

** Profesor Escuela de Arquitectura, Universidad del Bío-Bío, Concepción, Chile.


Resumen

Algunas obras que valoramos comparten cierta indeterminación; ella las hace más flexibles y retarda su obsolescencia, pero no proviene de una indiferencia a los actos que en ellas ocurren. Por el contrario, y paradójicamente, se trata de una cualidad generada en la atención cuidadosa al programa, entendido como un germen capaz de desarrollarse y cambiar.

Palabras clave: Arquitectura - Chile, Pezo, von Ellrichsausen, segunda vivienda, hormigón armado, pabellón polifuncional.


Abstract

Some works that we value share a certain indefiniteness: this makes them more flexible and retards their obsolescence, but that does not arise from indifference to the acts that take place within them. On the contrary, and paradoxically, it concerns a quality generated by careful attention to the program, understood to be a germ that is capable of developing and changing.

Key words: Arquitectura - Chile, Pezo von Ellrichsausen, vacation home, reinforced concrete, multifunctional pavilion.


Mauricio Pezo, arquitecto
Era difícil resistir la tentación de alcanzar el borde, de sentir la caída, estando frente a un acantilado. Teníamos una sensación de vértigo un poco morbosa. Retirada del borde, según advertencia estructural, confinamos la operación en una pieza compacta que ocupa el único sitio menos escarpado. Aquello nos obligaba a elevar el suelo hasta recuperar al menos dos cosas: una era la sensación de un podio natural rodeado de nada y la otra era esa lectura morbosa y en primer plano al pie del acantilado.
Si en vez de techo decidimos dejar una terraza que ocuparía toda su superficie, el interior debía moldearse de acuerdo a condiciones puntuales: su base es una plataforma quebrada en tres niveles que bajan con la topografía; el vacío de triple altura que ocupa la plataforma más baja (orientado al noroeste) pretende contener la dimensión vertical del acantilado, acusando la experiencia aérea del mar; las dos habitaciones del segundo piso se desplazan (en sentido este - oeste) para conseguir condiciones visuales equivalentes.
Dado que el programa debía alternar un centro cultural con una casa de vacaciones, nos enfrentamos ante una vocación contradictoria: mediar entre una dimensión muy pública y otra más íntima e informal. O sea, a hacer algo medio monumental y medio doméstico, sin que una calidad le pesara a la otra.
Por ello, decidimos no nombrar los recintos por sus funciones y más bien dejarlos sin nombre y sin función, como meras salas más o menos interconectadas, para luego llevar todo el programa de servicio hacia el perímetro, hacia un muro exageradamente grueso, un espesor habitable, que actuaría como fuelle.
Dentro de este perímetro vaciado quedan la cocina, las circulaciones verticales, los baños, armarios y una serie de balcones interiores. Eventualmente, todos los muebles y objetos domésticos pueden guardarse dentro de este perímetro, liberando el espacio para múltiples actividades.

Eduardo Meissner, Centro Cultural Casa Poli
Intervenir un paisaje idílico. Perturbarlo. Esta es una condición que parecía inevitable. Siempre recordamos las sanciones de Loos (Loos, 1910). Las llevamos a cuestas. Por eso estoy de acuerdo con Pezo cuando dice que “esta nueva construcción no podría ser menos que una severa figura a medio trabar entre la tierra y el mar. Una suerte de refutación de los contemporáneos discursos que diluyen la distinción entre natural y artificial”.
Presentamos la casa con el libro Ochenta y nueve, noventa y uno (AA.VV., 2005). En él aludíamos a los desajustes entre proyecto teórico (90º) y realidad constructiva (entre 89º y 91º). Lo entendíamos como un elogio de la imperfección. De mi artículo, una lectura vivencial y analógica a través de dos recorridos por la casa, transcribo los siguientes párrafos.
Una serie de relaciones de continuidad me dejan percibir una relativa temporalidad, una presencia simultánea, entre los diferentes espacios interiores. Casi como en un cuadro cubista, tal como dijera Rowe, las piezas se transparentan fenomenológicamente. El interior fluye continuamente hasta sus limitantes perimetrales, transversal, sagital y verticalmente. Es una masa vaciada. La percepción de la totalidad del espacio interior, más que recinto, se presenta como un campo continuo, un paisaje interior. Este paisaje interior se alterna y complementa con la presencia del paisaje natural exterior. La luz natural distorsiona, segrega, invierte, el contrapunto visual que hay entre un paisaje y otro. A pesar de la robustez de sus estructuras, la sensación de levedad e ingravidez del espacio percibido es ostensible.
Sin duda la obra obliga a un movimiento ritualizado. La disposición de circulaciones dentro del espesor habitable establece, imperativamente, la ocupación del perímetro, de los límites de este confinamiento. Con ello estamos forzados insistentemente a mirar hacia afuera, a dejar de ver la propia obra, a evadirnos del interior, a deshabitar la arquitectura. Aquí la obra desaparece, se niega a sí misma, se desborda su medida antropométrica en la extensión de los acantilados. Como en todo ritual, se establece una relación forzada, repetitiva, tensa, controlada. En esta correspondencia repetitiva es en donde deberíamos encontrar el verdadero programa arquitectónico de la obra.

Sofía von Ellrichshausen, arquitecta, como constructora
La situación apartada de la obra condicionó nuestra operación; debíamos trabajar con una tecnología arcaica y una mano de obra local carente de especialización. Abordar la construcción desde esta realidad precaria, tan imperfecta como inacabada, o desde el horno de ladrillos y el peón para usar las imágenes de Martínez Estrada, más que una apología del menor esfuerzo, suponía hacer una especie de denuncia de un estado de cosas (Martínez Estrada, 1942).
Originalmente, la casa se construiría en siete meses. Uno para tareas de instalaciones previas y seis meses que corresponderían a los seis estratos de vaciado de hormigón. Que la casa se haya construido en más de un año y medio, además de un pésimo negocio, es una confirmación de nuestras primeras sospechas.
Los camiones descargaban a 150 m de la faena, en una cota 30 m más alta. Desde allí, todos los materiales se bajaron a pie. La mezcla se hizo con dos pequeñas betoneras y se trasladaba en cuatro carretillas. El agua se sacaba de un pozo que gracias a los aljibes de bomberos pudo ser recargado un par de veces durante los meses de verano.
Durante la construcción trabajaron más de 30 personas, entre carpinteros, enfierradores y jornales. Aunque nunca más de 6 a la vez. Muchos de ellos interrumpían sus contratos para dedicarse a su labores habituales de labrado o a esporádicas temporadas de pesca artesanal. Ninguno leía planos.
Una vez terminada la obra gruesa la casa se veía igual que ahora. Casi no tiene terminaciones. Un par de detalles de ventanas, que todavía estamos tratando de ajustar. Usamos las mismas tablas maltratadas de los moldajes para revestir los muros interiores que tienen contacto con el exterior. También para construir unos paneles correderos que sirven como puertas de los clósets y como postigos que cubren las ventanas cuando la casa se abandona.
Así como en los muros de hormigón quedaron las huellas de las tablas de los moldajes, los leves desaplomes, descalces, derrames, descuadres, no dejan de cristalizar algo de nuestro drama por salir del paso. Creo que esto no dista mucho de aquella definición que hace Gyhka del paisaje; una huella cicatrizada de un conflicto de fuerzas naturales (Gyhka, 1950).


Ficha técnica

Casa Poli

Arquitectos: Mauricio Pezo, Sofía von Ellrichshausen – PvE arquitectos
Ubicación: Calle Rapa Nui 1, Península de Coliumo, Tomé, Chile
Cliente: Centro Cultural Casa Poli
Cálculo estructural: Cecilia Poblete
Construcción: PvE arquitectos
Carpinteros: César Manríquez, Roberto Ulloa, Andrés Reyes
Ayudantes: Gumercindo Moscoso, Mauricio Cortés, Miguel Cortés
Instalaciones sanitarias: PvE arquitectos
Proyecto eléctrico: Alberto Silva, Claudio Mora, PvE arquitectos
Materialidad: hormigón armado, madera de pino reciclada, aluminio electropintado, vidrio termopanel
Presupuesto: 13 UF/ m2 (US$ 379/ m2)
Superficie terreno: 10.000 m2
Superficie construida: 180 m2
Año proyecto: 2002 - 2003
Año construcción: 2003 - 2005
Fotografía: Ana Crovetto (construcción), PvE arquitectos, Cristóbal Palma


Referentes
Gyhka, Mathila; Estética de las proporciones en la naturaleza y en las artes. Original de 1950. Editorial Poseidón, Barcelona, 1983.         [ Links ]
Loos, Adolf; “Arquitectura”.         [ Links ] En Ornamento y delito y otros escritos. Original de 1910. Editorial Gustavo Gili, Barcelona, 1980.         [ Links ]
Martínez Estrada, Ezequiel; Radiografía de la pampa. Original de 1942. Editorial Losada, Buenos Aires, 2001.         [ Links ]
AA.VV.; Ochenta y nueve, noventa y uno. El proyecto Casa Poli. Ediciones CASAPOLI, Concepción, 2005.
        [ Links ]