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ARQ (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  n.61 Santiago dic. 2005

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962005006100016 

ARQ, n. 61 La Profesión / Practice, Santiago, diciembre, 2005, p. 68-73.

OBRAS Y PROYECTOS

Edificio Plaza Pedro Montt
Ñuñoa, Chile

 

Cecilia Puga

Directora de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Nacional Andrés Bello, Santiago, Chile


Resumen

¿Puede subsistir la buena arquitectura acorralada por el libre mercado y la especulación inmobiliaria? La excusa de algunos arquitectos, que ven cómo el campo operacional se desplaza desde el mal llamado gran diseño a áreas menos vistosas, pero finalmente estructurales, desaparece ante nuevas interpretaciones de los modelos de gestión, sus limitantes convencionales y los consumidores.

Palabras clave: Arquitectura - Chile, Puga, vivienda colectiva, hormigón armado, proyecto inmobiliario.


Abstract

Can good architecture continue to exist trapped between the free market and property speculation? The excuse of some architects, who see how their field of operation moves from the poorly named grand design towards less showy, but in the end structural, areas, disappears when faced with new interpretations of management models, their conventional limitations and the consumer.

Key words: Architecture - Chile, Puga, collective housing, reinforced concrete, real estate project.



Cecilia Puga, arquitecta
En el Atlas de plantas / viviendas (Schneider, 1997) se ordena y tipifica la vivienda colectiva según categorías propias de la planta, como la distribución o idea de la planta y la importancia y tipología del acceso.
Sin embargo, hay una categoría que el Atlas de plantas no incorpora: la definición volumétrica impuesta por la norma, especialmente sensible en el ámbito inmobiliario que asocia su éxito al uso máximo de la constructibilidad: el volumen arrojado por ésta es casi siempre un dato fijo, no teniendo generalmente que ver con voluntades políticas, ideológicas y formales de los arquitectos. La planta que el volumen determinado por la norma insinúa –o la idea de planta- no es resorte exclusivo del arquitecto.
Tampoco el programa ni los tamaños están determinados por él sino por la demanda, así como el tipo y calidad de la construcción, quedando la labor de éste aparentemente reducida a la sola organización de un puzzle cuyas piezas y criterios operacionales estarían predefinidos.
Para entender los proyectos que no están completamente formateados en función de la oferta tipo para una determinada zona, probablemente hay que dirigir la mirada más que hacia la capacidad creativa o el talento del arquitecto, hacia el promotor que está dispuesto a arriesgar rentabilidad, que apuesta a nichos de mercado alternativos y que cuenta con formas de financiamiento que permiten mayores grados de libertad. Ésta es una clave para entender este edificio.
Con todo, el proyecto se rige estrictamente con las reglas del negocio inmobiliario. Busca la mayor cantidad de m2 útiles vendibles y la más eficiente relación precio / calidad: el volumen que arroja la norma es asumido como dato fijo. A partir de él y de sus posibilidades se estructura el sistema de circulaciones y accesos y se diseñan las distintas unidades de vivienda, resultando un edificio con accesos a partir de galerías abiertas y pasillos cerrados y viviendas en uno y dos pisos, organizadas a través de una estructura abierta.
El volumen resultante de la aplicación de la norma nos ha entregado una serie limitada de posibilidades de trabajo que hemos debido manipular para introducir algunas modificaciones al patrón, tales como mayor grado de informalidad en la organización del programa incorporando la cocina al estar-comedor y sumando así m3 al área pública de los departamentos, o aplicando el mismo régimen de perforaciones a interiores y exteriores; permitiendo la continuidad de las superficies y controlando así la lectura del volumen; o favoreciendo como área pública y de intercambio la superficie de cubierta producida por la rasante y los distanciamientos exigidos en primer piso.
La posibilidad de operar pequeñas transformaciones en un campo de competencia tan duro como el inmobiliario demuestra que incluso en la organización del puzzle hay ámbito proyectual.

Bárbara Larraín, inversionista
Al margen de las múltiples restricciones propias de cualquier proyecto inmobiliario, existen ciertas áreas en que es posible decidir entre alternativas diferentes y otorgar al proyecto un sello propio, desde el punto de vista del inversionista, más allá del diseño arquitectónico. En el caso del edificio en la Plaza Pedro Montt de Ñuñoa –a pesar del riesgo que ello involucra– ha habido disposición a innovar, a experimentar soluciones que respondan a necesidades reales de los usuarios y que constituyan un aporte a su calidad de vida, apelando más a la creatividad y al ingenio que a alternativas ya consagradas. Entre éstas ha existido una búsqueda deliberada de entornos que faciliten el encuentro y la convivencia. La ubicación del edificio en un barrio familiar y tranquilo, frente a una antigua plaza que fomenta los vínculos de pertenencia de los vecinos, y en donde juegan y se hacen de amigos los niños del sector, responde a esta opción. También hay una búsqueda de autenticidad, un rechazo a maquillajes e imitaciones que simulen lo que la obra en realidad no es. Esta opción se expresa en la elección de materiales brutos, sin disfraz: hormigón a la vista y pizarra en el edificio y en un diseño escueto, limpio de elementos decorativos.

Paulina Gutiérrez, socióloga, propietaria
El día amaneció frío y en la plaza no hay niños pese a que es sábado. Me pongo una chaqueta gruesa y salgo a comprar los diarios a la esquina, preparándome para una mañana de lectura lenta. Desde mi cama veo que el Manquehue está sin nieve y pienso que todavía no averiguo el nombre de esa palmera que hacia el norte interrumpe el horizonte de las montañas (¿será la palma chilensis o la africana o cualquiera de las muchas que me entero existen, las que también están en la plaza mezcladas con araucarias y que miro desde el estar?).
Bajo a la cocina y compruebo que hay pan, no será necesario ir hasta la tienda de la señora mayor con abrigo gris. Anoche me quedé oyendo música y mirando hacia la plaza silenciosa. Hay algo que atrapa la vista como si fuera el mar o el fuego, me puedo quedar horas suspendida entre la música y la copa de los árboles. En el día, pero sobre todo en la noche, es como un muelle para contemplar. Están los otros en cada luz encendida, no hay cómo equivocarse: esta es una ciudad. Antes vivía casi en el campo, en una casa de un piso a la que rodeaban árboles y muchas plantas. Como me sentía orgullosamente pegada a la tierra temía encaramarme a un piso cuarto y quinto (el 401 es dúplex). La relativa altura y sutil compañía que logré en este lugar me ha sorprendido y llena de una especie de gratitud hacia lo inesperado.
Camino hacia el quiosco. Pareciera que Santiago aún tiene bolsillos de barrio y de vida buena y que desde el 401 puedo ir suavemente dejándome acoger, aunque nunca averigüe el nombre de muchos árboles y confunda las araucarias con los pinos
.


Ficha técnica
Edificio Plaza Pedro Montt

Arquitecta: Cecilia Puga
Colaboradores: Paulina Courard, Carolina Portugueis, Carlos Bisbal
Ubicación: Bremen 237, Ñuñoa, Chile
Cliente: PyL Inmobiliaria
Cálculo estructural: Sergio Rojo
Construcción: IC Ltda. Harold Rogers, Felipe Amenábar
Inspección técnica: Ramón Goldsack
Instalaciones sanitarias: Patricio Moya
Proyecto eléctrico: IC Ltda.
Calefacción: Manuel Gutiérrez
Extracción de basura: Duilio Tonini
Materialidad: estructura de hormigón armado, carpinterías de aluminio, pavimentos de madera y piedra pizarra
Presupuesto: 14,6 UF/ m2 (US$ 425/ m2)
Superficie terreno: 856 m2
Superficie construida: 1.780 m2
Año proyecto: 2003 – 2004
Año construcción: 2004 - 2005
Fotografía: Cristóbal Palma