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ARQ (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  n.55 Santiago dic. 2003

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962003005500020 

ARQ, n. 55 Juegos / Playing, Santiago, diciembre, 2003, pp. 74 - 75

ANEXOS

Noticias de la Facultad
Cambio de Decano en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos P.U.C.

 

El 22 de septiembre de 2003 se realizó el traspaso del mando de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos. Transcribimos los discursos pronunciados por la Decana saliente, Montserrat Palmer Trias, y por el Decano entrante, Juan José Ugarte Gurruchaga.


Montserrat Palmer Trias

Quiero agradecer a la Universidad el haberme permitido ser Decana durante estos tres años. Es cierto que el primer año y medio fue terrible. Me acordé varias veces de mi amigo, el arquitecto Oriol Bohigas, quien me dijo que cuando asumió su cargo en la Escuela de Barcelona a veces deseaba tener un accidente para no llegar. Los días se van pasando contándolos de a medios días para poder resistir.
Lo que pasó fue que se juntaron tres situaciones: me tocó poner en práctica un Estatuto nuevo en que el Decano es la cúspide de la pirámide; segundo, descubrí que no sólo no tenía dinero sino que una deuda de $80 millones; y lo obvio, no tenía experiencia en ser Decana.

El año y medio restante fue bastante más animador: empezaron a dar resultados los esfuerzos del equipo del Decanato por articular a las 3 unidades académicas que componen la Facultad, –que cuando llegué eran casi castillos almenados–. De hecho, uní físicamente el pabellón de profesores de Arquitectura con el Instituto de Estudios Urbanos. En la Escuela de Diseño, entre risas y verdades, el Director quería emigrar a San Joaquín para estar cerca de Ingeniería.

Inventamos el llamado Comité Ejecutivo de los días lunes, en que se juntaban los tres directores académicos con el equipo del Decanato; todos sabíamos lo que estaba ocurriendo y se interconectaban las ideas con fluidez.

En otro aspecto hubo contribuciones de artistas visuales a los que les pedí que nos dejaran en préstamo sus obras: Vicente Gajardo y Mauricio Guajardo, escultores, en la Casa de Lo Contador; Lise Moller, unas cerámicas y Marcela Correa, una escultura de su colección Natural-Artificial, ambas instaladas en la casa de don Sergio Larraín. También Mónica Periç, con dos murales de vidrio: uno en el ingreso de Lo Contador y otro en la Biblioteca de don Sergio. El ingreso de Lo Contador retomó su magnífica geometría cúbica y los vigilantes obtuvieron un lugar propio y calefaccionado en los dos ingresos del Campus. En la nueva Sala de Consejo, con vista al Patio de los Naranjos, se colocó una foto de don Sergio Larraín, de la fotógrafa Paz Errázuriz, y un grabado de Nemesio Antúnez.

No conseguí realizar el proyecto ganador del 1er. Premio para la Capilla chica del Campus, obra excelente de Pablo Allard y Alejandro Aravena. Debería volverse a intentar construirla. Pero sí logré construir la cancha de babyfútbol e instaurar el premio Copa Decanato de Fútbol.

En 2002 la Facultad ganó un proyecto Mecesup, liderado por Carmen Rioseco y Luis Valenzuela, de más de dos millones de dólares.

Pero lo fundamental, como siempre, es la cooperación de muchos. Así que quiero terminar agradeciendo a muchas personas que trabajaron bastante más allá de lo que indica su contrato, como fue el caso de Carmen Rioseco y Luis Valenzuela para el Mecesup.

También a Francisco Vergara y Ximena Ibáñez de SEREX, que enhebraron encargos con profesionales, académicos y ministerios, consiguiendo notables resultados. El más resonante: el Anillo de la Ciudad Interior y su parque inundable La Aguada, con el brío de los jóvenes urbanistas encabezados por Pablo Allard, y con la colaboración del ingeniero Bonifacio Fernández. Gracias también al “padrino” de la operación, Hans Mühr.

A Rodrigo Pérez de Arce y Francisco Chateau, por la labor minuciosa y trabajosa al interior del Campus y por cumbres como el Seminario de las Zonas Áridas, con la Universidad de Tucson, Arizona. A Francisco Chateau su carga extra en el área de computación, y el éxito notorio por el cual la Facultad obtuvo, de la Dirección Superior, un fondo de 23 millones de pesos para renovar equipos computacionales.

A Victoria Saud, quien derrotó la confusión y números rojos que nos caracterizaron ante Casa Central durante ese tenebroso primer año y medio.

A Elizabeth Bennett, quien tuvo que prescindir en 3/4 partes de mi labor como Directora de Ediciones ARQ y caminar sola por la cuerda floja económica que caracteriza a nuestra Editorial.

Agradezco también a Marcos Bravo, administrador del Campus, sus respuestas siempre efectivas y amables en las docenas de cosas que le pedí.

Las secretarias, siempre en la línea de fuego, Loreto Villarroel, Margarita Rendic, Gabriela Gertner, Ketty Vilches, Teresa Jerez, Victoria Acevedo y a la única persona que se iba después de mí, Anita Guzmán, de Extensión.

Término no sin antes desearle al nuevo Decano mucho éxito y sobretodo, ánimo.

Montserrat Palmer Trias, Arquitecta


Juan José Ugarte Gurruchaga

Estamos aquí en familia, dándole casa al tiempo como acto profundo de hospitalidad, construyendo así una detención en un continuo fluir; y para ello hemos dado forma a este rito, esta celebración eucarística encabezada por el Padre Juan, capellán por muchos años de nuestro Campus, que al igual que todos nosotros debe estar muy contento de ver de nuevo y recibir en su casa a nuestros queridos ex – decanos: Renato Parada, Pedro Murtinho y Fernando Pérez, quien se excusó por estar hoy en Caracas con sus alumnos de Seminario, pero nos acompaña en la celebración.

Y este darle casa al tiempo, lo hacemos en el momento en que la Casona de Lo Contador, al inicio de esta primavera, muestra una cara admirada por todos; cuidada con un esmero, delicadeza, y cariño que sólo la llegada de nuestra Decana Montserrat Palmer, acompañada por sus amigos (dos nuevos jardineros, y los más importantes artistas plásticos de la escena nacional) ha sabido imprimirle como un signo presente de la realidad actual de nuestra Facultad. Esto es, un espacio de trabajo pero también de ensoñación, un espacio evocador, pero que también nos muestra el camino a seguir, un espacio que sabe de la penumbra, pero que celebra la luz.

Signo decimos de una Facultad que cumple el próximo desde su Escuela de Arquitectura 110 años de existencia, pero aún así que ha variado tanto en su estructura como en su composición interna de manera significativa en el último tiempo, ha mantenido siempre como hilo conductor de toda su historia el amor por su disciplina; única manera de entender, al decir de nuestro profesor Hernán Riesco, el nivel de entrega y pasión puesta por muchos, en diferentes momentos y circunstancias, en el desarrollo de la tarea encomendada.

Frente a esta realidad, estamos recién siendo capaces de visualizar y comprender la inmensa capacidad y variedad de iniciativas que podemos encarar como Facultad, entendiéndola a ésta como una “unidad compuesta”, útil en su definición más básica para explicar fenómenos generales, pero limitada para entender la diversidad de fenómenos que les son propios, y que sólo se explican teniendo presente su constitución interna. Sólo se ama lo que se conoce, y es sólo a partir de ese entendimiento que podremos fundar un tipo de relación fecunda y duradera, la cual nos permitirá dar el salto de escala al cual estamos llamados, tanto en el plano universitario como comunidad educativa, como en lo más propio e íntimo de nuestras disciplinas.

Mirando la historia reciente, podríamos afirmar que estamos viviendo un período de transición entre un proyecto que tomó muchos años construir, y el proyecto que está dando inicio a los próximos años de nuestra historia. El primero, que comenzó con la pacificación de los espíritus lograda con inmenso cuidado por don Renato, la gigantesca puesta en marcha de Pedro, y la consolidación del proyecto académico de Fernando, acciones todas que nos han dejado en un muy importante pie como comunidad académica, tanto a nivel nacional como en el escenario internacional de la disciplina. En el inicio de este nuevo período, marcado por una serie de circunstancias como las descritas anteriormente, la Decana Montserrat Palmer Trias supo hacer frente a un inicio muy complejo, correspondiéndole cimentar una nueva base de relaciones para la Facultad, que derivó finalmente en la construcción efectiva de una plataforma de trabajo que alcanzó importantes logros reconocidos en diversos ámbitos, basados en un sincero diagnóstico de nuestras capacidades, y las oportunidades abiertas o a la espera de nuestra acción decidida.

El nuevo proyecto que se comienza a construir, en un esfuerzo compartido tanto en su forma como en su fondo con la Dirección Superior de la Universidad, se basa en la edificación de la Facultad como una plataforma real de desarrollo institucional (un piso noble) tanto en el plano de la docencia de pre y postgrado, la investigación y la extensión al más alto nivel disciplinar, construyendo un espacio de interacción, confianza y creatividad entre todos sus integrantes, única manera de lograr un real desarrollo de todas nuestras capacidades frente a la realidad y demanda a escala local y global. El próximo desafío que tenemos adelante por tanto, de asumirlo en propiedad, resultará extraordinariamente demandante para todos los integrantes de la Facultad.

De aquí se pueden desprender elementos que constituyen la base de un programa para los próximos años, invitándonos a trabajar con una visión de más largo plazo, sin que ello implique descuidar las acciones más próximas, pero cuidando que lo inmediato nos impida visualizar un destino mayor. Hablamos de nuestra historia como Facultad, pero en verdad en general conocemos poco de ella. Sin duda su realidad actual es heredera directa de esta larga y rica tradición, marcada tanto por sus dinámicas internas, como por aquellas que aquejaban a la sociedad como un todo. Construir nuestra historia, sentirnos orgullosos de ella, herederos de esta tradición pero por sobre todo desafiados por ella, llamados a pensar e inventar su futuro, es una tarea irrenunciable que tenemos que asumir en propiedad.

Está todo preparado como para que seamos capaces de dar un salto de escala significativo en cuanto Facultad, pero para poder hacerle frente, de manera responsable y sostenible en el tiempo, debemos ser capaces de comprometernos en la acción, tanto a escala de la Facultad como de la Universidad, en íntima relación con el nuevo Plan y Proyecto de desarrollo que como cuerpo seamos capaces de construir. Todo esto sólo será posible desde la base de una comunidad académica comprometida, estimulada para un mejor desempeño y muy principalmente unida en pos de un objetivo común, que es sin duda el máximo logro que a nuestra Decana saliente quisiéramos siempre recordar.

Querida Montse, dar casa al tiempo, en esta casa y en este tiempo, es parte del camino que nos haz dejado trazado, y que entre todos, y tú la primera, tenemos que ayudar a construir.

Juan José Ugarte Gurruchaga, arquitecto