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ARQ (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  n.55 Santiago dic. 2003

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962003005500014 

ARQ, n. 55 Juegos / Playing, Santiago, diciembre, 2003, pp 53 - 55

ENSAYOS Y DOCUMENTOS

Un nuevo espacio de veraneo
El Cap Ducal en la génesis de la modernidad
(1)

Macarena Cortés

Resumen
La sociedad chilena de la primera mitad del siglo XX se dividió ante los cambios: una parte horrorizada ante la liberalización de las costumbres, y la otra embarcada en adoptar los nuevos hábitos. Viña del Mar fue un verdadero laboratorio urbano en este escenario: la construcción de las primeras casas de verano, el casino, el hotel, y el restaurant Cap Ducal fueron los golpes al timón que transformaron a la ciudad en el balneario chileno más importante del siglo XX.
Palabras clave: Arquitectura – Chile, Roberto Dávila, historia de la arquitectura, Cap Ducal, Viña del Mar, restaurante.

Abstract
Chilean society in the first half of the 20th century split over the changes: one part was horrified by the new liberal attitudes, the other rushed to adopt them. Viña del Mar was a veritable urban laboratory. The building of the first summer residences, the casino, the hotel, and the Cap Ducal restaurant signaled the shifts in direction that transformed the city into Chile’s main resort of the 20th century.
Key words: Architecture – Chile, Roberto Dávila, history of architecture, Cap Ducal, Viña del Mar, restaurant.


¿Un espíritu nuevo?
(2)
La transformación de Viña del Mar en un balneario moderno.

Según Giorgio Triani, la cultura balnearia contemporánea se configura a partir de un elemento fundamental: la infantilización del hombre. Con la pérdida del miedo al mar y la pérdida del pudor, la playa se transforma en un modo de inmersión en la naturaleza, y por lo tanto, en un placer.

La revista Nuestra Ciudad (órgano oficial de la Municipalidad de Viña del Mar, aparecido entre octubre de 1930 y julio de 1931), publicaba en sus páginas tanto actividades sociales propias del verano (presentación de sus playas, piscinas, actividades deportivas e información turística en general) como proyectos de arquitectura e infraestructura. De estos últimos se pueden nombrar obras tan importantes como el Casino Municipal, el Hotel O’Higgins y el Palacio de los Presidentes en el cerro Castillo (todas ellas construidas simultáneamente). Además, se publicaron una serie de artículos centrados en la valorización de la ciudad, con títulos como: “El Veraneo en Viña”, “Breve Semblanza del Balneario”, o el siguiente escrito de Karl Brunner: “Aquí, en Chile, tenemos un balneario –Viña del Mar– que reúne todas las condiciones esenciales, como ser la situación panorámica y el mar, la distribución amplia de la población, la disposición de los diversos establecimientos de vida social, de veraneo, de turismo; en una palabra, la feliz estructura de la ciudad”. Brunner describía así la excepcional configuración de la ciudad y avalaba, de alguna manera, los proyectos que realizaría la municipalidad, “acaso la más progresista del país”(3).

Esta última afirmación se puede corroborar al analizar la importante tarea que venía realizando el municipio, principalmente desde el terremoto de 1906. La catástrofe significó un impulso decisivo en la instalación de la modernidad en Chile, y en este caso en particular marcó el punto de inflexión a partir del cual Viña del Mar se perfilaría como balneario.
En 1912 se creó la Sociedad Anónima Balneario de Viña del Mar. Ella adquirió los terrenos de la Población Vergara, al borde del mar entre el estero y el muelle (actual Avenida Perú), con el fin de crear allí la infraestructura necesaria para la transformación de la ciudad. Este lugar era el único que se encontraba vecino a la costa y al centro urbano, y por lo tanto, era el más apropiado para iniciar la expansión de la ciudad hacia el mar.

Pero es a partir de 1927, cuando Manuel Ossa asume como alcalde, cuando se realiza concretamente un proyecto de transformación urbana. En 1928 se aprueba la ley Nº4.283 de fomento al turismo y al progreso de la ciudad, en la cual se establece la creación de una junta pro- balneario que se encargaría de contratar, dirigir, fiscalizar y administrar las obras necesarias para estos fines(4).

Dentro de ellas se encuentra el Casino de Viña, cuya inauguración en 1930 causó un gran malestar entre las clases más conservadoras pero que se transformó en un importante foco de atención turístico y social, complementario a las actividades del verano, que generó una fuerte entrada de dinero a la municipalidad. Con similares aspiraciones se construyó el Hotel O’Higgins en 1935, que albergaría a los turistas ofreciendo las máximas comodidades(5).
Otra obra de relevancia fue el Palacio de los Presidentes de Chile (inaugurado por Carlos Ibáñez del Campo el 19 de febrero de 1930) que de alguna manera honraba a Viña del Mar al reservar a los Presidentes un espacio de veraneo y descanso en la ciudad. Esta acción, política por cierto, avalaba la gestión de la junta pro– balneario.
Dos conceptos básicos planteados por la modernidad están implícitos en esto. Por un lado, la comprensión que las obras de arquitectura no sólo por su utilidad (o programa), sino que también por su representatividad, podrían desencadenar transformaciones urbanas. Por otro lado, la declarada renovación del estilo de vida de la sociedad chilena, que incorpora en sus rutinas la vida al aire libre, las vacaciones, el deporte y el encuentro social, en particular durante los meses de verano.

A las tres obras descritas habría que agregar la creación de las piscinas de 8 Norte (1929) y de Recreo (1930), así como la habilitación de diversos balnearios: Recreo (1924), Las Salinas (1929), Caleta Abarca y Cochoa (1935). Estas obras acogieron las nuevas relaciones con la playa, el mar y el sol, convirtiendo a la ciudad de Viña en “expresión de la problemática y modificación del gusto que experimentaba nuestra sociedad”(6), llevándola a una cierta liberalización de sus costumbres.
El primer antecedente de esta ocupación aparece en los terrenos donde hoy se emplaza el edificio del Cap Ducal. En 1884 el doctor Teodoro Von Schroeders estableció –con fines terapéuticos– los baños de Miramar, que otorgaban espacio dentro de la sociedad viñamarina para los cada vez más populares baños de mar (que incidirían positivamente en la salud de quienes los practicaban). Su ampliación en 1887 permitió complementar la playa con baños calientes, especialmente realizados por el doctor Von Schroeders, para motivar su uso dentro de la conservadora sociedad de la época.

Otro de los factores que influyó en el nacimiento del balneario moderno es la evolución de diversos medios de transporte (como el tren y el automóvil) que facilitan progresivamente la colonización de la costa y como el acceso a las playas.

Desde la Revolución Industrial el tren aparece como uno de los elementos claves en la modificación del paisaje y de la ciudad. En un primer momento, la expansión urbana de Viña del Mar se había orientado hacia el interior, a partir de la creación de una línea férrea que unía la ciudad con las zonas agrícolas de Olmué; la creación de los mencionados baños de Miramar constituyó el primer esfuerzo de apropiación de la costa, con la correspondiente construcción de una estación ferroviaria que unía los baños con el centro urbano en 1885. Este proceso de consolidación en el territorio tiene su momento más elocuente en la llegada del tren desde Santiago en 1924. “La línea férrea constituyó para Viña del Mar su verdadera acta de fundación, porque desde ese momento fue para chilenos y extranjeros el sitio de atracción más interesante de la región... desde el día de la inauguración del ferrocarril, se hizo el sitio de moda del país entero”(7).

Es así como Viña del Mar se transforma en una ciudad balneario a partir de la introducción de los cambios sociales que acompañan el surgimiento de las vacaciones y del veraneo. En este contexto particular, y precisamente después de los años de mayores cambios en la ciudad, es donde se insertará la obra del Cap Ducal.

El Cap Ducal como representante de la modernidad local.
A fines de 1907, los terrenos de los baños de Miramar fueron cedidos a la Municipalidad para la construcción de la Avenida Marina; en 1912 se construyó en el lugar un salón de té denominado Palacio Ducal, propiedad de Alberto Mackenna y Mercedes Matte. Posteriormente, don Domingo Tocornal Matte adquirió el salón de té y llamó a concurso privado a las oficinas de los arquitectos Roberto Dávila, Jorge Arteaga, y de Costabal y Garafulic, para la construcción de un nuevo restaurante sobre los cimientos del antiguo salón.

El Cap Ducal sería uno de los espacios arquitectónicos requeridos por el emergente balneario de Viña del Mar para dar lugar a la sociabilización del verano. Esto sería logrado a través de una proposición arquitectónica apoyada en un programa de bar–restaurante, cualificada por su emplazamiento de borde mar.

La planta propone claramente una secuencia espacial horizontal, en la relación entre interior y exterior, a través de tres tipos de espacio: un núcleo rígido hacia la calle, espacios de continuidad desarrollados horizontalmente que se abren hacia el exterior a través de la transparencia generada por la utilización de una estructura de pilares y ventanales, y finalmente, espacios de extensión también desarrollados horizontalmente a través de losas en voladizo sobre el mar.

Esta secuencia espacial era reforzada por los programas que estos espacios contenían: un borde duro de servicios que independiza el restaurante de la calle; una situación de grandes espacios de comedor y bar, y por último, las terrazas que se relacionan con la vista y el mar. Toda esta operación en planta, con relación al plano horizontal, responde también a una condición de lugar donde la obra se abre completamente con ventanales y terrazas hacia el mar, a través de las superficies de suelo y cielo que se proyectan hacia el espacio exterior, cerrándose a la calle con una fachada dura.

Esta operación de descomposición es realizada igualmente en la vertical a través de losas que disminuyen en tamaño a medida que ganan altura, abriéndose cada vez más a las terrazas, que se abalconan hacia el mar, hasta generar un espacio completamente al aire libre.

Las operaciones analizadas no tendrían mayor valor, si es que los espacios no estuviesen conectados a través de elementos verticales (escaleras), que configuran un sistema de recorrido continuo, ascendente y periférico al mar, que le da sentido a la obra.

Y es que la idea de recorrido del espectador es de radical importancia para su condición de emplazamiento en el borde costero. Esto porque el recorrido circunvala la obra estableciendo su límite como una línea dinámica, relacionada con la vista sobre el mar y el horizonte a través de las terrazas.

Es así como la obra, a través de su propuesta arquitectónica, reacciona a la condición específica del contexto, tanto geográfica como social. De esta forma intenta responder a las nuevas exigencias del balneario moderno en que se transformaba la ciudad de Viña del Mar durante la primera mitad del siglo XX.

Notas:
1. Esta tesis, presentada en el Magister en Arquitectura de la P.U.C. en 2002 bajo la dirección del profesor Max Aguirre, es utilizada como una oportunidad para situar, contextualizar y validar la obra del Cap Ducal (arq. Roberto Dávila, Viña del Mar; 1936), como obra sintomática de los inicios de la modernidad arquitectónica en Chile.
Para esto se intentó precisar las características particulares del proceso de renovación social y arquitectónica de Viña del Mar, que transformaron esta ciudad en un balneario moderno y en el escenario propicio para la consolidación del Cap Ducal como obra emblemática de su tiempo.
2. Título del artículo realizado por Hüber, Manuel Eduardo. Revista Nuestra Ciudad, Nº1, año 1, Viña del Mar, octubre de1930, p. 6.         [ Links ]
3. Brunner, Karl; “La estructura del balneario mundial”. Revista Nuestra Ciudad, Nº7, año 2, Viña del Mar, Junio-Julio de 1931, p. 3.         [ Links ]
4. "Por ley Nº 4.283, de 7 de febrero de 1928, el gobierno del Presidente Carlos Ibáñez, autorizó la contratación de un empréstito por catorce millones de pesos, destinado a efectuar obras de mejoramiento de la ciudad. El Ministerio del Interior, por decreto Nº 1045 del 9 de Marzo de 1929, aprobó el siguiente presupuesto presentado por la Municipalidad de Viña del Mar para la inversión de los fondos del referido empréstito: 1. balneario, 2. baños termales, 3. piscina, 4. baños públicos, 5. circo, 6. teatro, 7. camino a Concón, 8. pavimentación, 9. paso bajo nivel, 10. plantaciones, 11. velódromo, 12. vespasianas, 13. pago deudas municipales, 14. piscina Recreo, 15. gastos generales a prorratear”. Basulto, Renato; 75 años de Viña del Mar: 1879–1954. Imprenta y Litografía Sánchez, Valparaíso, 1954, p. 48.         [ Links ]
5. “Así Viña podrá sumar a la riqueza de sus flores, al encanto de su clima, a sus palacios y al Casino, esta nueva obra, valiosa desde todo punto de vista y un progreso de vital importancia para las futuras actividades de la ciudad, que año tras año ve aumentado su prestigio de gran balneario de moda”. En “El futuro Hotel O´Higgins en Viña del Mar”. Revista Nuestra Ciudad, Nº7, año 2, Viña del Mar, abril–mayo de 1931, p. 26.         [ Links ]
6. Godoy Urzúa, Hernán; El carácter chileno, Editorial Universitaria, Santiago, 1976, p. 253.         [ Links ]
7. Salas, Nancy; La vía férrea como elemento disociante en la ciudad de Viña del Mar. Memoria de título, Facultad de Arte y Tecnología de la Universidad de Valparaíso, Valparaíso, 1975, p. 15.
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Macarena Cortés
Arquitecta, Universidad Central de Santiago, 1996, y Magister en Arquitectura, Pontificia Universidad Católica de Chile, 2002. Actualmente es secretaria de estudios y profesora de Taller de Proyectos en la Escuela de Arquitectura de la Facultad de Arquitectura, Arte y Diseño de la Universidad Diego Portales en Santiago.