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ARQ (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  n.55 Santiago dic. 2003

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962003005500013 

ARQ, n. 55 Juegos / Playing, Santiago, diciembre, 2003, pp 50 - 52

ENSAYOS Y DOCUMENTOS

Para entender la urbanización del litoral:
el balneario en la conformación del Gran Valparaíso
(siglos XIX y XX)(1)

Gonzalo Cáceres + Francisco Sabatini

Resumen
La incorporación natural del agua a los ámbitos de la vida cotidiana es un hecho relativamente nuevo. La sala de baño y la idea actual de higiene son invenciones de la modernidad; igualmente la relación festiva con el mar, que da origen al balneario moderno, es una figura que tiene apenas 100 años.
Este ensayo revisa cómo Viña del Mar, planteada primero como extensión industrial de Valparaíso y como su barrio alto después, reorienta sus frentes hacia el Pacífico con la habilitación de las primeras playas en Miramar.
Palabras clave: Urbanismo – Chile, historia del urbanismo, balnearios, Valparaíso, Viña del Mar, ciudad jardín.

Abstract
Incorporating water naturally into areas of daily life is a relatively new phenomenon. The bathroom and today’s ideas of hygiene are modern inventions; a happy-go-lucky relationship with the sea gave birth to the modern beach resort, which is scarcely 100 years old. This essay looks at the way Viña del Mar, first an industrial extension to Valparaíso and then its upper class neighborhood, re-positioned itself towards the Pacific with the first beaches at Miramar.
Key words: Urbanism, town planning – Chile; history of town planning, beach resorts, Valparaíso, Viña del Mar, garden city.

Introducción
La relación entre urbanización residencial, actividad balnearia y ocio moderno, constituye un capítulo mayormente soslayado en la literatura dedicada a comprender la trayectoria republicana de Valparaíso. Tres podrían ser las explicaciones que justifican dicho vacío: la relativa contemporaneidad que pareciera caracterizar la localización agregada de viviendas en torno al borde de costa; la ausencia, en contraste con otras ciudades puerto, de una fisonomía balnearia en el área urbana consolidada, y por último, desde un ángulo más escéptico, la creencia que nada relevante subyace tras el trinomio urbanización-balneario-ocio.
Animados por un predicamento exactamente inverso al planteado en el último punto, reflexionaremos sobre el papel de las estructuras balnearias en la conformación de lo que hemos dado en llamar el Gran Valparaíso decimonónico(2). Complementariamente, nos interesa enfatizar que dicha unidad urbana no sólo acoge desde fechas muy tempranas viviendas en el borde de costa, sino que además la actividad balnearia alcanza una presencia contundente en Valparaíso pese a que la industrialización del borde de mar porteño le proporciona un carácter acotado primero e intersticial después(3).
En lo que constituye una aclaración metodológica fundamental, sostendremos que la evolución de Valparaíso resulta difícil de entender si excluimos del análisis aquellos asentamientos que dependían funcionalmente del principal puerto de la República en fechas tan tempranas como 1875. La intensidad de la articulación entre Valparaíso y Viña del Mar, Quilpué y Villa Alemana, permiten integrar a un mismo análisis áreas urbanas espacialmente discontinuas, pero económica, administrativa y culturalmente dependientes de Valparaíso. El punto cobra relevancia si fijamos la atención en el eje urbanización-balneario-Gran Valparaíso. La inclusión de Viña del Mar en el análisis, un virtual barrio alto de Valparaíso, permite precisar el papel del balneario en la urbanización residencial del litoral.

Valparaíso y sus balnearios
Tal como ocurrió en otras ciudades latinoamericanas, la segunda mitad del siglo XIX fue testigo de la paulatina integración entre actividades marítimas y vida urbana. Temido y respetado, el Océano Pacífico y sus áreas de contacto con el continente experimentaron una progresiva recualificación que para el caso de Valparaíso significaron el florecimiento de usos alternativos a los asociados al trasbordo de carga y pasajeros. Provistos de instalaciones las más de las veces provisorias, un ramillete de balnearios se ubicó en varios puntos de la línea de costa, compitiendo estacionalmente por localizaciones antes dominadas por las faenas portuarias, el quehacer de los pescadores y, más tarde, el febril trajín ferroviario.

Superiores en número a lo que imaginaríamos y seguramente demandados por una diversidad de grupos sociales, hacia 1880 la lista de lo que un autor recientemente ha dado en llamar “sectores de playa”, era relativamente extensa: La Cabritería, baños de La Caleta (la prolongación hasta la costa de la Avenida Argentina), baños de Pacífico Álvarez (actual estación Bellavista), baños de la calle del Cabo (proximidades de la Plaza Echaurren), baños de los Almacenes Fiscales y playa San Mateo.

Motorizados por una clientela en busca de baño y esparcimiento, una parte de los balnearios porteños ubicados al interior de la ciudad consolidada vio dificultada la obtención de su respectiva concesión, debido a la prolongación del ferrocarril que avanzó desde estación Barón hacia estación Puerto. Devenida en una actividad disfuncional para el desarrollo del área, los balnearios debieron desplazarse hacia las nuevas localizaciones balnearias adyacentes a Viña del Mar.

Viña del Mar antes de la ciudad jardín
La imagen urbana que Viña del Mar proyecta en la actualidad difiere sustancialmente de la que el asentamiento exhibió durante su formación. Mientras en general su costa está mayormente constituida por un anillo de balnearios e infraestructuras de carácter público, hace exactamente 100 años el borde estaba jalonado por áreas industriales que convivían con incipientes reductos balnearios.

25 años después del loteo original de Viña del Mar, la costa acogía fábricas de gran tamaño y que vieron en el sector un adecuado mix de atributos: grandes paños, precios bajos y conectividad al ferrocarril. De sur a norte, era posible contabilizar en 1900 la maestranza Lever and Murphy (en lo que hoy es caleta Abarca); el matadero de Viña del Mar (en la actualidad los edificios orientados desde Avenida Marina hacia el Casino de Viña del Mar), un astillero emplazado en las cercanías del muelle Vergara (en lo que hoy son las playas que arrancan en 8 Norte) y el mismo muelle Vergara (convertido en recinto turístico).

En claro contraste con el panorama industrial dominante, el borde de costa también registró para el centenario de la República la presencia de dos balnearios: Miramar y Recreo. Provistos de playa y equipamientos especialmente acondicionados para los bañistas (usualmente niños y ocasionalmente mujeres), Miramar y Recreo se erigieron en lugares de exhibición para los conspicuos visitantes que en verano buscaban diversión y ocio. Preferidos por los segmentos más pudientes de la sociedad local, ambos recintos fueron incorporados al itinerario social seguido por numerosas familias porteñas, santiaguinas y también mendocinas. Del mismo modo, ambos terminaron convirtiéndose en escenarios apropiados para la localización adyacente de amplios chalets y conocidas mansiones.

Virtual epicentro de la vida cultural de las elites, Miramar también acogió el despliegue de nuevas prácticas deportivas que se introducían en el país. Tenis, ciclismo y fútbol fueron deportes practicados en la planicie abierta tras sucesivas ampliaciones. En este punto, cabe consignar que los atributos del balneario fueron suficientemente calibrados por el mercado del suelo(4). Lo anterior explica finalmente, el emplazamiento de la residencia veraniega presidencial en Cerro Castillo y el cierre de la Maestranza Lever y Murphy hacia mediados de la década del treinta.

Reflexiones finales
Como era presumible esperar, sin la apertura del tendido ferroviario Valparaíso-Santiago (1855) hubiese sido imposible urbanizar el litoral que separa Valparaíso de la desembocadura del estero Marga-Marga. Como las fotografías indican, los trabajos modificaron sustancialmente la geografía de la costa, creando una potencial franja de ocupación urbana ahí donde antes había un murallón de rocas agreste y escarpado.

Si bien la explosión inmobiliaria generada con el loteo de Viña del Mar (1874) no se proyectó originalmente hacia el borde marítimo, la actividad balnearia terminó atrayendo a veraneantes y paseantes. Especialmente importante en dicho proceso, Miramar es un ejemplo claro de cómo las estructuras balnearias pueden orientar el desarrollo urbano y modificar las preferencias culturales de los habitantes. Precisamente, mientras sin su presencia hubiese sido difícil romper la orientación mediterránea de Viña del Mar –dominada por usos industriales–, su dinamismo permitió convertir el solaz visual que brinda la contemplación del mar abierto, en un activo suficientemente poderoso como para redefinir el proyecto urbano de una ciudad completa a favor de su potencial balneario, tal y como se vería ratificado con la construcción del Casino en 1930.

Notas:
1. El presente artículo se beneficia de los avances obtenidos en el proyecto Fondecyt 1020877: “Valparaíso, Santiago y Concepcion: formación de sus barrios altos entre la búsqueda de calidad de vida y la construcción de identidad social (1892-1964)”.
2. Cáceres, Gonzalo; Booth, Rodrigo y Francisco Sabatini (2002); “Suburbanización y suburbio en el Gran Valparaíso decimonónico”, Archivum, III, 4: 151-164.         [ Links ]
3. Booth, Rodrigo (2002). “El Estado ausente: la paradójica configuración balnearia en el Gran Valparaíso (1850-1925)”, Eure, XXVVIII, 83: 107-123.         [ Links ]
4. Al igual y como aconteció en Valparaíso, hacia el sur de Viña del Mar los usos industriales también se apropiaron del borde de costa. Al respecto y aunque no contamos con la evidencia del caso, es muy probable que la localización del matadero de Valparaíso en lo que hoy es Caleta Portales (1860) retardó el desarrollo residencial detonado desde Valparaíso.

Gonzalo Cáceres
Licenciado en Historia, Pontificia Universidad Católica de Chile, 1995, y Magister en Desarrollo Urbano, Instituto de Estudios Urbanos de la P.U.C., 2002. Actualmente es subdirector académico y profesor del Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales de la P.U.C.

Francisco Sabatini
Licenciado en Sociología, Pontificia Universidad Católica de Chile, 1977; Magister en Desarrollo Urbano, Instituto de Estudios Urbanos de la P.U.C., 1982, y Ph.D en Planificación Urbana, Universidad de California, Los Angeles, 1993. Actualmente es profesor del Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales de la P.U.C.