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Acta literaria

versão On-line ISSN 0717-6848

Acta lit.  no.54 Concepción jul. 2017

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-68482017000100219 

RESEÑAS

Reseña

David García Reyes 1  

1Universidad de Concepción. Concepción, Chilemangarcia@udec.cl

Figueroa, Alexis. ., Lota 1960: La huelga larga del carbón.. Santiago: :, Libros de Nébula, /Lom,, 2015. ,, 120p. pp. ISBN, ISBN: 978-956-00-0573-1.

En ocasiones, un conjunto de creadores localizados en una zona o región se convierten en punta de lanza de un movimiento más general o bien su obra es solamente una lágrima en el desierto. En estas líneas, afortunadamente, se puede colegir que estamos ante un eslabón dentro de un contexto, el de la historieta chilena, cada vez más propicio. Lota 1960: la huelga larga del carbón, es un trabajo creativo notable que surge en los caladeros de la creación penquista y que confirma la progresiva consolidación editorial del arte secuencial en Chile, constatando la realidad de un producto cultural cada vez más consolidado desde la recepción pública y crítica del mismo.

Lota, 1960 es un trabajo que lleva la firma de Alexis Figueroa como guionista de seis historias, que han sido ilustradas por Ibi Díaz, Elisa Echeverría, Vicente Plaza, Fabián Rivas, Claudio Romo y Francisco Muñoz. Romo, además, se ha encargado de la curatoría del conjunto. La obra, perteneciente a la colección Masa Sicotrónica, ha sido posible por una suma de esfuerzos entre las editoriales Lom y Libros de Nébula, bajo el auspicio previo de un proyecto Fondart Regional de 2013.

La obra se inscribe en un género que obtiene un importante grado de aceptación en la actualidad: la novela gráfica, que se caracteriza por una idea conclusiva con respecto a las tradicionales entregas seriadas, similares a los folletines decimonónicos que desarrollaban de forma capitular una historia que se alargaba de forma variable. El cambio que se opera a partir de la irrupción de la novela gráfica va ligado al mayor reconocimiento del noveno arte . Un buen ejemplo de ello es la eclosión que vive la producción latinoamericana en general y la chilena en particular.

Por tanto, se puede calificar a Lota, 1960 como una novela o antología gráfica, que indaga en la larga huelga que los empleados del carbón llevaron a cabo en las localidades mineras de Lota y Coronel, situadas en la costa de la Región del Biobío. El relato subraya también la significación que el pulso de los mineros y sus familias, muy presentes a lo largo de toda la narración, supuso como símbolo para los movimientos sociales de Chile en décadas posteriores. A pesar del eco que vivió el suceso, más de medio siglo después parece un episodio más de la historia regional y nacional, y no el excepcional acontecimiento que protagonizaron miles de resistentes reclamando un jornal y unas condiciones dignas de trabajo. Además, la huelga se vio opacada por el devastador terremoto que ese invierno asoló el país, que es el sismo con el registro más alto desde que hay mediciones. Durante casi cien días, Lota se convirtió en un grito unánime clamando justicia y dignidad.

Como una suerte de retrospectiva, Lota, 1960 viene a saldar cuentas, pues mira al pasado, pero también se detiene en el presente, y se proyecta lanzando una prospección cargada de futuro. A través de sus seis histoias, nos sumerge en una mezcla de géneros y de estilos sobre un episodio de temática histórico-social. Hibridez que se manifiesta desde la aparente frialdad de "Memoria" ilustrada por Ibi Díaz; la evocación poética de "Astronomía", dibujada por Elisa Echevarría; pasando por el trazo gris y la profusión narrativa de "Viaje", graficada por el veterano Vicente Plaza; los ecos revolucionarios y la épica del grabado en "Marcha" de Fabián Rivas; el estremecimiento junto con la potencia narrativa y visual con la que Claudio Romo perfila "Nadie"; hasta que la conclusión lleva al lector a un epílogo, que funciona como aviso para navegantes, caracterizado por lo distópico, e ideado visualmente por Francisco Muñoz en "Lota 2018".

El libro maneja acertadamente registros estéticos muy variados, que sirven para enriquecer el volumen de forma notable. Las gamas cromáticas, los diferentes trazos estilísticos o la tensión dramática ofrecen una propuesta narrativa tan atractiva como comprometida con el relato descrito.

La novela de Lota es un ejemplo de oficio, pero sobre todo resulta un brillante ejercicio de historieta en el contexto chileno. Por mucho que algunos quisieran ver que se trata de una apuesta en los márgenes o un ejemplo de localismo residual, no lo es, ni puede, ni debe serlo. Su compromiso es autóctono, pero su difusión tiene vocación universal. Romo, Figueroa y el resto de los autores ofrecen una obra de una potencia visual insólita, magnética. Características que permiten situar al libro, por derecho propio y por la calidad del mismo, muy cerca de las obras de Pascal Rabaté, Paco Roca, Marjane Satrapi, Vittorio Giardino o Jaques Tardi. Aunque la comparación siempre suele resultar odiosa, es importante poner en valor lo que ofrece y sin ningún tipo de complejo. De hecho, cualitativa y cuantitativamente,

La novela de Lota retoma la mejor y más excelsa tradición del noveno arte y de los autores de América Latina. Creadores que han dejado su impronta, imprescindibles, en el arte secuencial, como el mexicano Eduardo del Río "Rius", el chileno Alejandro Jodorowski, el cubano Juan Padrón, el uruguayo-argentino Alberto Breccia o los argentinos Héctor Germán Oes-terheld, Joaquín Lavado "Quino, Juan Sasturain o Roberto Fontanarosa, por citar tan sólo unos pocos epítomes fundamentales para entender el desarrollo de la historieta en América Latina. Una tradición que la novela gráfica chilena honra en los últimos años, viviendo una eclosión creativa que se prolonga en el tiempo y prospera por méritos propios.

La recepción de la narrativa secuencial no sólo cuenta con potenciales lectores. Esta demanda se ve reflejada en la avidez por la temática con raíces históricas. Tendencia representada por obras tan variadas que van desde Santa María 1907. La Marcha ha comenzado, editada por Lom en 2014, donde Pedro Prado, recurriendo a animales antropomorfos como personajes, se inspira en la novela Santa María de las flores negras de Hernán Rivera Letelier, sobre la cruel matanza que reprimió a los trabajadores del salitre que reclamaban mejoras laborales en la ciudad nortina de Iquique; El Golpe. El pueblo 1970-1973, editado por la Editorial Pehuén en 2014, de Nicolás Cruz y Quique Palomo, en el que se relatan los mil días en La Moneda del presidente Salvador Allende y que sirven como un retrato del país y de lo que vendría después, con una continuación que aún no ha sido publicada sobre los años de la dictadura; Los años de Allende, editado por Hueders en 2015, de Carlos Reyes y Rodrigo Elgueta, que narra también el trienio de la presidencia de Allende, tomando la figura del estadista como elemento central de la narración; o La Senda del Errante, editado por Acción Comics en 2015, de Germán Valenzuela, Javier Bahamonde, Danny Jiménez, Cristian Pérez Bolton, Alfonso Molina, Fabián Sáez y Sebastián González, que retomando la matanza de Santa María, se ocupa de la venganza y ajuste de cuentas contra el responsable militar de la misma.

Todos los títulos anteriores y Lota 1960 perfilan y narran acontecimientos que marcaron de forma indeleble la historia del siglo pasado en Chile, requiriendo a los autores un esfuerzo notable por la investigación que conllevan. Desde el estudio y documentación en fondos, archivos y bibliotecas, simultáneamente al trabajo de terreno que supone entrevistar a los protagonistas anónimos de los sucesos que cambiaron el devenir de una nación, que nutren de forma decisiva la mayoría de estas ficciones, recurriendo a la memoria de los mismos o de sus descendientes. Esta pulsión por la recuperación y la reflexión en clave histórica aglutina los títulos citados y en Lota 1960 también se puede encontrar esa sensibilidad por analizar y narrar episodios de la historia chilena para comprender, a partir del testimonio de los protagonistas anónimos, la memoria histórica de un país. Todo ello a partir de un producto de la industria cultural que aproxima, a nuevos y viejos lectores.

La historieta es el resultado de un trabajo exhaustivo y manifiesta cómo el arte del cómic proporciona herramientas sutiles para desmadejar el recuerdo tortuoso con el que todos los pueblos deben convivir. Y a la vez que pueden servir para restañar viejas heridas abiertas y sobre todo para mitigar el olvido de acontecimientos fundamentales en la vida y en la historia de cualquier nación, acercándoselo a generaciones más bisoñas.

Este crisol de historias que es Lota 1960, unidas por el denominador común de la huelga minera, es un homenaje a la memoria y a la resistencia.

La novela gráfica de Lota vindica, dialoga y participa de la creación precedente, a la vez que también reconoce su contemporaneidad y se autoafirma como un producto editorial que merece traspasar fronteras. El afán de divulgar se une al carácter renovador, a esa ruptura que sondea la identidad y se re-plantea la imagen icónica , siendo una imprescindible bocanada de aire fresco, en la que el gran valor de los creadores pueda recibir, como merece, el refrendo de los lectores, últimos y sabios jueces de productos tan notables como escasos.

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