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Acta literaria

versão On-line ISSN 0717-6848

Acta lit.  no.44 Concepción  2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-68482012000100004 

Acta Literaria N°44, I Sem. (53-72), 2012

 

ARTICULOS

 

En busca de Klingsor de Jorge Volpi: Una novela con formato policial híbrido, posmoderno y poscolonial*

En busca de Klingsor by Jorge Volpi: A novel with a hybrid, postmodern and postcolonial narrative format

 

Clemens A. Franken K.
Pontificia Universidad Católica de Chile. Santiago, Chile 
cfranken@uc.cl


RESUMEN

Este artículo se basa en la hipótesis de que el escritor mexicano Jorge Volpi utiliza en su novela En busca de Klingsor un formato policial híbrido y posmoderno. En el primer capítulo se expone brevemente su concepto de realidad cercano al de los filósofos y escritores existencialistas que la consideran inasible, contradictoria y caótica. En el capítulo dos se analiza primero la inversión posmoderna del esquema policial clásico haciendo fracasar la búsqueda del dúo detectivesco-científico Francis Bacon y Gustav Links que presentan al final dos versiones distintas y contradictorias. Luego se estudia los antecedentes biográficos, el perfil psicológico, la conducta moral y el método de investigación de los dos detectives, mostrándose el primero como un joven norteamericano muy inteligente pero inseguro y sexualmente dependiente de su amante, mientras que su ayudante y guía alemán de edad avanzada, educado en los valores de la disciplina, austeridad y nacionalismo, rompe con virtudes importantes como la fidelidad, sinceridad y el compromiso, actuando ambiguamente en diversos ámbitos.

Palabras clave: Volpi, posmodernidad, narrativa policial mexicana.


ABSTRACT

This papers is based in the hypothesis the Mexican author Jorge Volpi uses in his novel En busca de Klingsor (In search of Klingsor), a postmodern and hybrid detective narrative format. In the first chapter of this study his concept of reality is briefly presented, a concept of reality close to the existentialist philosophers and writers’ concept of reality, who considered it as an ungraspable, contradictory and chaotic one. In the second chapter the post-modern inversion of the classic detective fiction scheme is analyzed in the first place, where the detective-scientific duo Francis Bacon and Gustav Links fails presenting two diverse and contradictory versions of what really happened. In the second place, the biographic antecedents, the psychological profile, the moral conduct, and the research method of both detectives are studied. The first detective is shown as a North American young man, who is intelligent but insecure, and sexually dependent on his lover, while his German assistant and guide, an elderly man, educated in the values of discipline, austerity and nationalism, breaks up with important virtues like fidelity, sincerity and commitment, acting in an ambiguous manner in many domains.

Keywords: Volpi, postmodernity, Mexican detective fiction.


 

1. CONCEPTO DE REALIDAD

Partimos de la base de que todas las novelas de Jorge Volpi revelan, al igual que los cuentos de J. L. Borges, un concepto de realidad cercano al de los filósofos y escritores existencialistas que la consideran "inasible, contradictoria y poliédrica" (Pellicer, 2004: 224), "un mundo fragmentario y caótico en el que no hay verdades absolutas ni incontrovertibles, y, por lo tanto, el bien y el mal, la verdad y la mentira, con todas sus derivaciones, son algo relativo" (García Jambrina, 2004: 110). Frente a este mundo complejo y misterioso, todos, los escritores y científicos incluidos, estamos, según Vol-pi, en el mismo papel de "detectives, científicos", "de incesantes intérpretes, de hermeneutas [...] de la realidad" (entrevistado por Aguirre Romero y Delgado Batista online). La literatura es, por tanto, para Volpi, ante todo, "esta necesidad de saciar [su] curiosidad y [su] búsqueda de conocimiento" (Volpi entrevistado por Aguirre Romero y Delgado Batista, 1999), una forma de descifrar al mundo, "de investigar la realidad" (González, 2004: 143), planteándose preguntas.

Desde el punto de vista formal, Volpi encara esta búsqueda literaria diseñando "siempre estructuras polifónicas (en el sentido bajtiniano de la palabra). La multiplicidad de registros, voces, máscaras y versiones que se contradicen unas a otras dan lugar a un resultado textual parecido a la idea de realidad que Volpi defiende" (Padilla, 2004: 225). De esta forma, Volpi, siguiendo las huellas del Borges posmoderno, llega al convencimiento de que el mundo exterior ya no se puede representar ni comprender y convierte la novela misma en una búsqueda detectivesca, en un laboratorio científico como ya lo exigió, en los años cincuenta, Michel Butor, un importante representante delNouveau Roman francés.

2. ANÁLISIS DE EN BUSCA DE KLINGSOR COMO NOVELA CON FORMATO POLICIAL

2.1. La inversión posmoderna del esquema policial clásico

Lo primero que llama la atención en la novela En busca de Klingsor, cuyo título ya alude al proceso de una búsqueda y/o investigación, es el uso del formato policial confirmado por todos los críticos literarios. Volpi mismo reconoce la utilidad de

hacer un paralelismo entre la investigación que lleva a cabo un científico y la de un policía, un detective. En ambos casos se plantea el mismo método inductivo, se trata de ir acumulando pruebas para probar teorías e irlas verificando o desmintiendo conforme van apareciendo nuevos elementos. Eso me [da] la oportunidad de tener una estructura utilizando un género tradicional, un poco de novela de suspense, de espías, para rellenar todo el otro mundo (Volpi, citado en Barrio Olano, 2004: 50).

De hecho, la trama central de En busca de Klingsor relata el intento del joven físico y militar estadounidense Francis Bacon, guiado por el físico alemán Gustav Links, de apresar al criminal Klingsor, el supuesto asesor científico de Hitler que durante la Segunda Guerra Mundial, aparentemente, estaba autorizado a designar recursos económicos para materias tan diversas como, por ejemplo, la experimentación eugenésica en campos de concentración o la construcción de la bomba atómica. El punto de partida de la investigación de F. Bacon es "un mínimo indicio que soporta la sospecha, un fragmento tachado de la declaración que Wolfram von Sievers, jefe de una unidad de experimentación de la SS, ha prestado al tribunal de Nüremberg, y en donde se menciona a este asesor, quizá un científico famoso cuya labor ha quedado en el anonimato" (Álvarez, 2003: 51). El resultado de la pesquisa de este dúo detectivesco-científico, la que consiste ante todo en interrogar a varios de los más connotados físicos alemanes, inducir, deducir y abducir (es decir, establecer hipótesis y hacer conjeturas), son sólo dos sospechosos: el resentido G. Links, que no puede dejar de desconfiar de su ex jefe, Werner Heisenberg, y el mismo investigador-detective Bacon, quien, influenciado por su amante Irene que se revela al final como espía rusa, opta en contra de su mismo estrecho colaborador Links y lo entrega a los rusos. De esta forma, Volpi, al presentarnos al final no una solución del enigma, sino solamente dos versiones distintas y contradictorias, hace fracasar la búsqueda del criminal, es decir, de la verdad de los hechos. El detective Gustav Links comparte el destino de su colega borgiano Erik Lönnrot en "La muerte y la brújula", quien igualmente fracasa es su búsqueda de la realidad/verdad, es decir, del criminal Red Scharlach, al no prever que él mismo va a ser la víctima del cuarto crimen. Al dejar persistir la duda hasta el final de la novela y, así, "negarse al restablecimiento del orden social" (Areco, 2006: 293), Volpi invierte el esquema convencional del género policial tanto en su vertiente de enigma como en la negra y escribe una novela con formato policial posmoderno en la tradición paródica de un Robbe-Grillet, Th. Bernhard, F. Dürrenmatt y J. L. Borges y, lo más importante, acorde con su visión del mundo. En el siglo XX, caracterizado por Volpi como el ‘Siglo de la Incertidumbre’, es imposible, según él, conocer la verdad dado que, según Einstein, todo es relativo, o, según Gödel,

aun en el sistema más perfecto existirá siempre al menos una proposición que no puede ser verificada de acuerdo con las leyes de ese sistema... No es verdadera ni falsa, sino indecible. Pero este aspecto afecta también a todas las esferas y facetas de la vida: ‘[...] si en la ciencia, en la física y en las matemáticas no es posible llegar a una certeza absoluta, ¿por qué nosotros insistimos en encontrarla? ¿Por qué la perseguimos con tanto denuedo? [...] la verdad es tan ambigua como una proposición indecible, tan esquiva como un electrón, tan incierta como una paradoja... (García Jambrina, 2004: 110).

Por eso, parece muy coherente que Volpi hace fracasar a sus investigadores. Sara Calderón agrega en relación al fenómeno de la inversión o problematización del esquema policial clásico en Volpi varios ‘ingredientes subversivos’ como, por ejemplo, el hecho de que

En busca de Klingsor es una novela que cumple en apariencia con las exigencias de la estructura, ya que comienza no con un crimen, sino con una serie de crímenes, materializados en la proyección privada que Hitler presencia de la serie de ejecuciones de los protagonistas del golpe de estado fallido, intentado contra él el 20 de Julio de 1944 (Calderón, 2004: 58)

Estos primeros crímenes no son investigados en esta novela como exige la convención del relato policial. Calderón habla al respecto, con razón, de "una inadecuación entre el crimen inicial, [...] y la investigación" (58). Luego percibe otro ingrediente subversivo en el hecho de que "[e]l misterio que rodea a Klingsor es así total" y se investigue "un crimen silenciado, desprovisto de escena de crimen, que no ofrece al lector de novelas policiacas los indicios necesarios para iniciar un proceso de deducción paralelo al del detective" (Calderón, 2004: 60). Como consecuencia, el lector, al igual que el detective F. Bacon, tendrá que optar al final por una de las dos versiones o uno de los dos sospechosos, lo que "no puede sino conllevar un fuerte grado de aleatoridad" (Calderón, 2004: 62). Volpi confirma al respecto, en la entrevista de Aguirre Romero y Delgado Batista, que En busca de Klingsor es, efectivamente, "una novela de decisiones todo el tiempo" y que "los propios científicos nazis consideraban que en un mundo de incertidumbre solamente la voluntad determina cuál es el mundo que queremos" (1999). Sin embargo, más adelante, luego de recalcar nuevamente que "[l]as respuestas absolutas siempre son mentiras", reconoce como consecuencia de esta postura más bien nietzscheana que

uno de los grandes peligros de las épocas de incertidumbre es que se busca la seguridad... Se ha insistido mucho en cómo la República de Weimar era una república en donde apenas se sostenía, en donde había una gran incertidumbre política y económica, donde no había ninguna certeza, y eso fue el caldo de cultivo para la tiranía. Yo creo que en nuestros días seguimos estando en muchos casos en sistemas parecidos al de la República de Weimar, en donde la falta de certezas provoca que la gente quiera verdades absolutas y la aparición de una posible tiranía es siempre muy fácil... (Aguirre Romero y Delgado Batista, 1999).

2.2. Los protagonistas Bacon y Links como investigadores-detectives

Los detectives-investigadores que fracasan en su búsqueda de la realidad/ verdad, es decir, del criminal Klingsor, son el físico y teniente norteamericano Francis Bacon y su colega alemán Gustav Links.

2.2.1. Francis Bacon: antecedendentes biográficos, perfil psicológico, conducta moral

El narrador presenta al primero en forma bastante extensa. Sabemos de Bacon en su llegada a Nuremberg el 15 de octubre de 1946. En ese mismo momento se nos dice que es un agente antiguo de la OSS, teniente y consultor científico de los Estados Unidos. A su llegada, "Bacon acababa de cumplir 27 años, pero desde que llegó a Europa, en febrero de 1943, se había esforzado por parecer más maduro, más fuerte, más recio" (Volpi, 1999: 28). Hasta 1945 había formado parte de la misión Alsos, cuyo objetivo era capturar a los científicos alemanes nucleares que apoyaron a Hitler en sus investigaciones. Si bien estas instancias anteriores son una buena enseñanza para lo que vendría más adelante, lo que nos interesa es su incorporación a la misión encargada de capturar a Klingsor. Esta tarea se le presenta al físico como una buena oportunidad para cambiar de vida, ya que producto de un escándalo que protagonizara su prometida Elizabeth durante la conferencia del profesor Kurt Gödel (luego de encontrar en el departamento de Bacon a la amante afroamericana de éste, llamada Vivien), nuestro detective sabe que ya nada será lo mismo y que algún cambio habrá respecto a su permanencia en el Instituto de Estudios Avanzados: "Bacon no sabía qué destino iba a depararle aquella cita, pero en cualquier caso sería negativo, en un rango que se extendía entre una fuerte reprimenda y la expulsión definitiva" (99). No obstante, el físico nunca imaginaría que ese mismo día recibiría una propuesta que no tenía nada que ver con su estadía o expulsión del Instituto. Es así como Bacon acepta participar, aunque al principio bastante dudoso, de la misión que intenta averiguar quién era aquel científico de primer orden en Alemania al que llamaban Klingsor. Es este acontecimiento el que otorga el título y argumento principal a esta novela.

Bacon es un hombre bastante nervioso e inquieto, aspectos sicológicos que se traducen en fuertes migrañas "que, como un cuchillo clavado en medio de la frente, le dividían el cráneo en dos mitades" (99). Esta actitud intranquila parece estar determinada por el nombre que comparte con el brillante científico inglés Francis Bacon, quien también poseía una actitud incomprendida por sus contemporáneos y que el protagonista resalta como una "casualidad que no podía ser producto del azar" (78)1. La mejor instancia en que sabemos del aspecto físico de Bacon es cuando Links lo describe en su primer encuentro. Gustav menciona que le pareció un joven

[a]lto, aunque no demasiado, [que] conservaba en el rostro un rictus tenso, como si fuese consciente de que el uniforme no le sentaba demasiado bien. Tenía la espalda algo encorvada y las extremidades un poco largas –cuando me saludó pude observar que la camisa se le arremangaba hasta la mitad del antebrazo– aunque en conjunto podría decirse que no era feo. Su mirada inteligente, incapaz de detenerse mucho tiempo en una sola cosa, […] estaba provista de una vida que parecía exceder la aparente torpeza de sus movimientos. Calculé que no tendría más de treinta años […] Detrás de su mirada sincera y altiva se escondía un muchacho temeroso e introvertido. [...] Por otra parte, sus labios resecos y algo violentos, [...], le proporcionaban cierta brusca sensualidad que, supuse, a las mujeres no debía resultar indiferente. Su nariz afilada y su frente amplia y firme eran decididamente hollywoodenses, en el peor sentido del término (Volpi, 1999: 161).

En su aspecto moral, podemos decir que Bacon es un hombre que, al presentarse en la casa de Links para pedirle ayuda en el caso de Klingsor, se muestra seguro en su objetivo de encontrar la justicia diciendo: "sólo deseo contribuir a que la verdad salga a la luz. Sólo busco la verdad" (164). Sin embargo, este afán de verdad se abandona al final del libro, en tanto que culpa a su estrecho colaborador Links sin tener las pruebas suficientes de ello, olvidando anteponer la verdad para la resolución del caso. Además, espera construir parte de su identidad, descubriendo con el avanzar de las horas "los escurridizos dilemas del amor y el sexo, los disfraces de la personalidad, la infinita sutileza de la mentira" (Volpi, 1999: contra portada), que lo van transformando desde el comienzo hasta el final de la novela. Este joven físico es un hombre bastante desconcertado y confuso respecto al tema amoroso, aunque cree poseer ciertas convicciones que nadie podría derribar. Si bien tiene, antes de partir a Europa en su misión detectivesca-militar, una prometida blanca de un buen nivel social, Elizabeth, le es infiel con Vivien, una amante afroamericana de bajo estrato social. Llega a encontrarse muy confundido en este asunto, pues conversando con Links dice amar a las dos y no sabe cómo optar por una de ellas. La misma confusión deja entrever en una conversación con su amante europea Irene respecto al tema del amor. Con ella discute la clase de compañera que le gustaría tener a su lado, diciendo:

Yo no pido que mi compañera me cuente novelas o me escriba poemas, sino que acepte la pluralidad que hay en cada uno de nosotros y la lleve hasta sus últimas consecuencias. No se trata de fingir o de actuar. Sino de transformar el amor de modo que cada día se renueve. Una pizca de incer-tidumbre no hace mal a nadie (Volpi, 1999: 204).

A esto, agrega que uno nunca puede estar seguro de la persona que tiene a su lado, mostrando su propia inseguridad. Aun así, Bacon reconoce que el único sentimiento que rige el mundo es el amor. Este último punto resulta coherente si pensamos en el final de la novela en donde este detective opta por el amor de Irene, antes que por la verdad, la amistad y la fidelidad: "[encontramos] [r]elaciones amorosas dondequiera que volvamos la vista. ¿No le parece sorprendente? La unión de dos personas es el motivo fundamental de nuestra cultura" (218). Como en tantas novelas negras o de espías, la protagonista femenina Irene es un "claro tipo de mujer fatal, no tanto por un aspecto físico espectacular, como por el poder que tiene sobre el sexo opuesto. Irene es literalmente una bruja que hechiza progresivamente a Bacon hasta que éste no puede liberarse de la dependencia hacia ella" (Calderón, 2004: 65).

Frank sentía cómo los senos de Irene rozaban su pecho, cómo el pubis de ella se adentraba en sus caderas, cómo se disponía a adorarlo en medio de un intenso rito erótico, una antigua ceremonia germánica. Nunca había visto una devoción, una ternura, una fortaleza semejantes. No estaba sorprendido, sino extasiado. Como si se tratase de un cuerpo inerte, de un cadáver, Frank se abandonó completamente a los deseos de su amada. Ahora ella era el único motor del universo, la encarnación misma del movimiento, la armonía de las esferas... Cuidadosa y violenta, Irene se apoderaba de sus fantasías y, dominando cada una de las partes de su cuerpo, extraía placer y dolor de las zonas más insospechadas, convirtiendo a su amante en deseo puro, en energía... (Volpi, 1999: 229-30).

Irene aparece aquí como una diosa del erotismo comparable, por ejemplo, a las mujeres cubanas en algunas novelas de Roberto Ampuero. La total dependencia erótica de F. Bacon expresada en esta cita explica, en gran medida, por qué optó al final por la versión de su amante Irene.

Nuestro protagonista, aparte de ser inseguro y sexualmente dependiente de su amante, es también un hombre de mucha inteligencia, cualidad que es posible notar desde su niñez, en cuanto le ganaba largas partidas de ajedrez a su padre. La capacidad intelectual que verterá en el campo de la física, también es notada por el resto de las personas que lo rodean. El profesor Aydelotte, quien es el encargado de conversar con él y ofrecerle una nueva oportunidad luego de que Elizabeth hubiera interrumpido la clase dictada por el profesor Gödel, considera a Bacon un hombre que ha desarrollado su trabajo con "brillantez y discreción" (100), dos virtudes, según Aydelotte, apreciadas en los hombres de ciencias. Basta un poco de tiempo de observación por parte del señor Bird, el agente de marina enviado por el gobierno para reclutar a Bacon como encargado de la misión que iría en busca de Klingsor, para que note las virtudes de nuestro detective: "¿Y qué puedo hacer yo? [le preguntó Bacon]. Mucho, profesor [le respondió Bird]. Es joven, un científico competente, le gusta el peligro, habla alemán con fluidez y, por si fuera poco, de pronto ha quedado sin empleo y sin compromisos. Creemos que es la persona idónea…" (106). Así como las capacidades de nuestro protagonista son bastante evidentes para quien lo conoce por un breve tiempo, también lo es su gran defecto, como señala Bird: "[...] dicen que usted es un buen físico. Excelentes notas. Excelente comportamiento. Bueno, hecha la excepción de sus problemas con las mujeres, aunque a mí eso no me incumbe" (105).

Otro personaje a través del cual conocemos a Bacon es Von Neumann. En un principio Bacon piensa que su profesor guía no tiene una buena opinión de él, pues lo pone a prueba constantemente durante su primer encuentro, mencionando que "Von Neumann lo miraba como si fuese un patólogo realizando una autopsia" (55). No obstante, este profesor es el primero en defender su calidad de científico una vez que se avecina un castigo ineludible, posterior al escándalo que ha protagonizado la prometida del físico, apoyándolo en cuanto se le pregunta por él: "yo me limité a decirles la verdad: que usted es un buen físico, pero su camino no se encuentra aquí" (107). Esta última afirmación se debe a que si bien lo considera un trabajador muy dotado, no desconoce el carácter inquieto que lo caracteriza, el que no es el más apropiado para quien pretenda permanecer durante mucho tiempo en el Centro de Estudios Avanzados.

2.2.2. Gustav Links: antecedentes biográficos, perfil psicológico, conducta moral y visión de mundo

Una vez aceptada la propuesta realizada por el agente de marina para ir en busca de Klingsor, al primer hombre al que Bacon recurre, con la recomendación del profesor Von Neumann, es Gustav Links. Este matemático se convertirá en su detective ayudante, distinguiendo un hombre bondadoso y sincero en nuestro protagonista, "un hombre capaz de matar a otro pero que nunca lo haría por temor a sentirse culpable" (161), virtudes que motivarán su decisión de ayudarlo:

– […] Yo me declaro dispuesto a otorgarle mi tiempo y mis conocimientos
con el fin de llegar a revelar la verdadera identidad de Klingsor. Y sólo le
pongo una condición…
– Que su nombre no aparezca en mis informes…
– Exacto.
– No puedo hacer eso, profesor.
– Sólo así estoy dispuesto a ayudarlo. Ya he tenido demasiados problemas.
Es una prueba de confianza, teniente. Usted la pidió.
Bacon se quedó en silencio unos momentos, inquieto.
– De acuerdo: se convertirá usted en mi guía –dijo al fin, procurando no
ser demasiado entusiasta–. Mi Virgilio (Volpi, 1999: 169).

Links, el otro detective-investigador, por su parte, nace en la capital de Baviera, Múnich, el 21 de marzo de 1905. Durante su niñez forma parte de los Wandervögel (en Chile comparable a los boy scout) en donde conoce a Heinrich von Lütz (quien sería su amigo durante muchos años y parte importante de su historia) y a Werner Heisenberg (quien terminaría siendo el principal sospechoso que Links tendría durante la investigación). En 1924 se separan por terminar sus estudios en el Max Gymnasium. Mientras que el narrador es aceptado en la Universidad de Leipzig para estudiar matemática, Heinrich marcha a Berlín con el fin de estudiar a Nietzsche. Durante su estancia en Leipzig, se concentra en la teoría de los conjuntos infinitos desarrollada por Georg Cantor a fines del siglo XIX, buscando resolver lo que Cantor había dejado pendiente: "el problema del continuo". 1926 es el año en que vuelve a tener noticias de su amigo Heinrich von Lütz, quien lo invita a Berlín con el fin de presentarle a su amada Natalia. Ésta lleva a una amiga, Marianne Sieber (una joven a quien Links describe como una muchacha cariñosa, cálida y más inteligente de lo que en comienzo él pensaba), con quien comenzaría un amorío esa misma noche y quien el día 30 de octubre de 1928 terminaría siendo su futura esposa. Son tiempos de tranquilidad y felicidad marcados por una relación estable tanto amorosa como de amistad. Esta tranquilidad llega a su fin en la primavera de 1934, en cuanto Heini les da la noticia a sus amigos de que ingresará a la Wehrmacht. Ante esto, el descontento de Links no se hace esperar, quien lo increpa mediante las siguientes preguntas: "¿me estás diciendo que un hombre civilizado, un filósofo para colmo, prefiere convertirse en soldado? ¿Y, lo peor de todo, en miembro de un ejército controlado por los nazis? No puedo creerlo" (138). A esto se suman comentarios de parte de Links que son el reflejo de su antinazismo: "Hitler es un demente que sólo quiere la guerra" (139).

Su visión de mundo es descrita junto con los primeros datos que nos entrega de su vida: "cuando nací el mundo era un sitio ordenado, un cosmos serio y meticuloso en el cual los errores –las guerras, el dolor, el miedo– no eran más que lamentables excepciones debidas a la impericia […] Los valores que se nos enseñaban entonces eran muy simples: disciplina, austeridad, nacionalismo" (114). Sin embargo, para él ya no queda nada de eso. Ya durante su juventud y mientras forma parte de los "Wandervögel" sentía "un profundo rechazo por la civilización moderna y su proceso de industrialización" (118). Este desorden de la vida moderna se verá reflejado en su actuar. Links cae en un juego bastante oscuro, dado que mientras Heinrich se encuentra lejos, comienza a satisfacer sus deseos sexuales con Natalia y Marianne. En primera instancia, Links, en una mezcla confusa de sentimientos, disfruta como voyeur de los encuentros sexuales entre Natalia y Marianne, sin que ellas tengan conocimiento de que él lo sabe. Es luego de la cena de Navidad de 1940 cuando se produce un cambio radical en la vida de los tres personajes:

Rodamos por el suelo, como bestias que luchan por la misma presa, besándonos y acariciándonos y desgarrándonos y muriéndonos y amándonos sin fin, inconteniblemente, hasta el agotamiento... Perdimos nuestras personalidades individuales y nos transformamos en un ser múltiple, regido únicamente por el desazón y el deseo. [...]

No pecábamos, no podíamos pecar: por el contrario, estábamos poseídos por la gracia y éramos, por una vez en la vida, tan inocentes como niños... (Volpi, 1999: 286)2.

Una situación amorosa tan compleja difícilmente podría acabar en algo bueno. Links terminará enamorándose de Natalia, Marianne no podrá soportar el dolor de perderla y, al final, Heini se dará cuenta de lo sucedido. Posterior a estos acontecimientos el único que sobrevivirá será Links, llevando el peso de haber perdido a su amigo, a su esposa y a su amada, demostrando así el cambio en los valores que él destacaba en su niñez, rompiendo con virtudes tan importantes como la fidelidad, la sinceridad y el compromiso.

Las ambigüedades en diversos ámbitos es algo que caracterizará la visión de vida de Links. El área científica la reconoce como una zona lo "suficientemente ambigua como para que cada uno la interpretase a su antojo" (215). De ahí que defina el tema que más llama su atención: el infinito. Parece ser una ironía de la vida el hecho de que alguien que cree en las infinitas soluciones que pueden darse a un tema, terminase siendo el escogido para pasar cuarenta años encerrado en un manicomio, aun sin las pruebas suficientes para acusarlo e identificarlo como Klingsor. Links parece predecir esta resolución, en tanto que le dice a Bacon en una de sus conversaciones: "Digo que en un ambiente revuelto, la verdad queda por detrás de muchas otras consideraciones" (214). Con relación a sí mismo, Irene/Inge nos entrega una prueba que nos pone en duda respecto a la inocencia de Gustav: "[s]in embargo, de acuerdo con los sumarios del proceso, ese día sólo fueron juzgados cuatro reos, y ninguno de ellos era Links" (434). Es decir, el prefacio que nos narra Links al comienzo de la obra, en donde él se salvó por un golpe de suerte de ser ajusticiado, según la teoría de Irene/Inge, sería falso. Es cierto, que el lector rechaza la actitud de Bacon de traicionar a Links sin las pruebas suficientes optando por el amor de Irene/Inge, pero tampoco hay ninguna prueba que justifique la inocencia de Links. Es en este punto de la novela donde se nos vienen a la cabeza las palabras que Johannes Stark escribiera en la nota que encontró Bacon en su departamento: "¡Cuidado! Todos los físicos son mentirosos" (289).

2.3. Métodos de investigación

En su calidad de investigador y colaborador de F. Bacon, este joven detective-investigador reconoce en Links a un excéntrico (aunque no más que muchos otros científicos), pero en muchas instancias alabará, ante todo, la sutileza de las intuiciones que va teniendo Gustav a lo largo de la investigación:

– [o]dio reconocerlo –confesó él–, pero creo que usted ha vuelto a tener razón...
– ¿A qué se refiere, teniente? – me sobresalté.
– A la actitud de Heisenberg. Yo suponía que se pondría nervioso sólo con tocar el tema de la bomba, pero más bien ocurrió al hablar de Bohr (Volpi, 1999: 299, 300).

F. Bacon, por su parte, como ya se mencionó, percibe, en primera instancia, una oposición entre la investigación científica y policial, pero intenta hacer confluir en su pesquisa los mismos métodos que utiliza como científico, decisión que le permitirá no sentirse tan apartado de lo que antes hacía:

Aunque mi trabajo no es estrictamente científico, […] trato de aplicar los mismos principios de la ciencia… Me considero, antes que nada, un investigador… Y de pronto estoy aquí, en Alemania, mirándolo a usted, y me doy cuenta de que, en algún sentido, continuo haciendo lo mismo: elaboro hipótesis, realizo pruebas experimentales, compruebo mis resultados, elaboro mis teorías (Volpi, 1999: 191).

Esta sensación que lo hace estar a gusto, también la experimenta gracias a la ayuda y seguridad que Links le ha brindado. Finalmente termina por asumir el cambio de oficio que ha devenido con el cambio de actividad, con cierta resignación quizás, por la melancolía que le recuerdan sus días en Princeton.

Una vez que Bacon se ha reconocido como un investigador y ha aceptado la tarea de detective que se le ha solicitado, con la ayuda de Links procede en forma inductiva, es decir, busca datos y, en conjunto, elaboran un plan de investigación. Siguiendo una técnica distinta para cada uno de los datos que necesitan, buscan complementar la información que se les ha entregado como conocimiento específico y base de la investigación. El dato del que hablamos es la transcripción del testimonio de Wolfram von Sievers, quien mencionaba el nombre de Klingsor por primera vez:

Para que el dinero nos fuese entregado, cada proyecto contaba con el visto bueno del asesor científico del Führer. Nunca llegué a saber de quién se trataba, pero se murmuraba que era una personalidad reconocida. Un hombre que gozaba del favor de la comunidad científica. Se le conocía con el nombre clave de Klingsor (Volpi, 1999: 141).

A pesar de poseer esta primera pista para ir en busca de Klingsor, Bacon, en primera instancia, se ve bastante confundido respecto a cómo comenzar la investigación. No obstante, con Gustav Links como detective ayudante, el asunto comienza a ordenarse. Es así que inician la pesquisa buscando nombres de científicos que compartieron los ideales de Hitler y nombres de personajes que, a pesar de no ser un posible candidato para ser Klingsor, pueden proporcionar datos útiles a la investigación. Desde la primera reunión entre ambos detectives, se empiezan a hacer suposiciones que irán guiando el caso y se trazan líneas para ver a quiénes podrían ir a interrogar con el fin de llegar a Klingsor: "Como en cualquier investigación que se respete, lo primero es plantear el problema y esbozar una teoría. O varias según vaya conviniendo" (183), le dice Links a Bacon, agregando que hay que elaborar una lista de nombres posibles, hacer un recuento de su historia y seguir su comportamiento a lo largo del Tercer Reich. Partiendo con la premisa de que "en primer lugar, Klingsor existió, y en segundo, Klingsor fue una persona vital para Hitler" (183), comienzan a realizar interrogatorios para descubrir exclusivas de los entrevistados que los podrían llevar al paradero de Klingsor. Para ellos todos son culpables hasta que no sean capaces de demostrar su inocencia. El primero en ser interrogado por ambos detectives, pero que no consideran como un posible candidato para ser Klingsor, sino alguien que conoce bien la historia de Alemania con los ochenta y ocho años que lleva encima, es Max Planck. Incluso los mismos interrogados van haciendo suposiciones. Por ejemplo, Planck menciona sobre Klingsor lo siguiente: "Era uno de nosotros –se lamentó Planck–. Nos conocía a la perfección. Vivía con nosotros… Y nos engañó a todos" (196). Así, describe a Klingsor como alguien a quien "[n]adie lo conocía por su nombre. Nadie lo vio desempeñar sus funciones. Puede ser cualquiera. Cualquiera de nosotros…" (196). Posterior a Planck, devienen una serie de interrogatorios con diversos hombres asociados a la investigación científica durante el Tercer Reich, entrevistándose con grandes científicos ganadores del Premio Nobel como Johannes Stark y Max von Laue, Werner Heisenberg, Erwin Schrödinger, luego otra vez a Heisenberg, y por último Niels Bohr, para finalizar la novela con la entrevista a quien fuera el primer interpelado, Gustav Links, pero ahora, interrogado por el doctor Ulrich.

Si bien la suposición forma parte importante de toda la investigación en busca de Klingsor, hay momentos en que estos detectives-investigadores saben que no pueden quedarse en meras conjeturas, pues así no lograrán llegar nunca a la verdad:

– Bohr y Heisenberg eran como padre e hijo […] Si tuvieron un desacuerdo tan grave, debió estar motivado por una causa lo suficientemente importante.

– Dejemos de especular, Gustav, por favor –el tono de voz de mi amigo comenzaba a volverse demasiado enfático; yo sabía que era la espuria influencia que Irene ejercía sobre él–. Ciñámonos a los hechos, ¿quiere? (Volpi, 1999: 300).

En esta cita queda claro que F. Bacon intenta aplicar más aunque no exclusivamente el método inductivo y G. Links opta más por el abductivo, es decir, la elaboración de hipótesis y conjeturas. Cuando Irene le presenta, más adelante, sus deducciones y abducciones que involucran a Gustav Links como el culpable de aceptar todos los horrendos estudios científicos durante el gobierno de Hitler, Bacon sabe que no puede fiarse sólo de lo que se cree, sino que también es necesario tener pruebas.

También el método de la observación es utilizado a lo largo de la investigación. Por ejemplo, Bacon observa el nerviosismo de Heisenberg cuando le pregunta por Bohr, identificando que algo muy malo debió pasar entre ellos, ya que al pronunciar su nombre logra incomodar en demasía al científico. Lo mismo hacen Irene y Links. Mientras que Irene es testigo de cómo va avanzando la investigación, observando cada detalle narrado por Bacon, Links utiliza la observación para confirmar sus sospechas respecto a Irene, siguiéndola y observando que algo esconde:

Asegurándome de que no me viese, me encargué de seguirla... Escondido detrás de una columna, pude ver que se reunía con un hombre alto y desgarbado, vestido de paisano, al cual le entregó un sobre. Eureka. No me había equivocado. Aquel hombre debía ser su contacto (Volpi, 1999: 302, 303).

Finalmente, cabe destacar con relación a la metodología de investigación que, al igual como anteriormente en el campo del amor la racionalidad no logró imponerse, también en el campo metodológico "la diseminación de indicios y la designación y eliminación de sospechosos [según] la lógica racional propia de las novelas de enigma" (Calderón, 2004: 61) predomina sólo hasta la mitad de la novela, es decir hasta el momento en que el físico Johannes Stark pronuncia "el indicio constituido por la paradoja recurrente [...]: ‘¡Cuidado! Todos los físicos son unos mentirosos’" (Calderón, 20004: 61). De allí en adelante y, ante todo, al final de la novela podemos constatar "[e]l predominio necesario de la intuición derivado de la incertidumbre y de la imposibilidad de conocer el mundo [...]" (Calderón, 2004: 62). Ya mencionamos el aprecio de Bacon por "una de [las] intuiciones" de Links que le "ha sido muy valiosa para la misión" (Volpi, 1999: 301). Otra intuición útil de Links es su "presentimiento" (339) en relación a la persona de Irene de la cual desconfía con razón. "Nunca [le] gustó. Desde el principio sup[o] que había algo maligno, astuto y obsequioso, en cada uno de sus actos, en sus opiniones, en su forma de controlar a Bacon" (301).

De esta forma, G. Links y F. Bacon forman un dúo detectivesco bien sui generis. Ambos comparten varios procedimientos metodológicos en su investigación, como por ejemplo, la lectura de textos (cfr. E. Lönnrot de "La muerte y la brújula"), los interrogatorios, las inducciones, deducciones y abducciones, siendo Bacon más un defensor de los hechos duros y la experiencia y Links más intuitivo y especulativo.

2.4. La compleja relación entre los colegas Bacon, Links e Irene

Por eso, el narrador Links describe al "soberbio teniente Bacon [como su] Doppelgänger, un alma similar a la suya" (164). En el comienzo, ambos logran establecer una relación de mutua confianza que se deteriora paulatina y especialmente por los casos Werner Heisenberg e Irene, los que ambos evalúan de distinta manera. A mitad de la investigación, la relación entre los dos detectives-investigadores ya está tan deteriorada que Bacon quiere ir solo a Copenhague para entrevistar a Bohr que tuvo una relación con Heisenberg comparable a la de un padre con su hijo. Links sospecha acertadamente que Irene es la causa de la desconfianza creciente de su joven colega y que ella lo acompañará en este viaje a Dinamarca. Inmediatamente después de que Links le comunica que Irene lo ha engañado desde el principio, Bacon declara terminado su mutua colaboración diciendo: "Ya no puedo confiar en usted. Ni en nadie" (345). Sin embargo, al final de la novela, ya enterado de la traición de Links "a su mejor amigo, y no sólo una, sino dos veces, primero al acostarse con su mujer y luego al denunciarlo" (434), Bacon igualmente reconoce en Links solamente al ‘criminal’ pasional, que debe recibir un castigo, pero se resiste aún, a estas instancias finales, a identificarlo con Klingsor. Tal vez también para castigarlo, además de salvar a Irene, lo entrega a los rusos con la siguiente disculpa digna de una auténtica novela negra o de espionaje:

"–Lo siento, Gustav –[...]–. El juego ha terminado" (Volpi, 1999: 439).

De esta forma, Volpi invierte de alguna manera los papeles en esta novela. "Si bien Gustav Links asume, como todos los ‘asistentes’, la narración, él es quien toma en mano la investigación desde un primer momento aconsejando a Bacon. Él es también quien corresponde, por su edad madura, su soledad afectiva y su hiperracionalidad, al perfil del detective tradicional, [...]" (Calderón, 2004: 63). Concuerdo con la primera parte de esta cita, sin embargo discrepo de la segunda. Como hemos visto en la parte metodológica, Bacon se parece más a Sherlock Holmes que Links. Éste se diferencia, sin embargo, de Watson por ser un detective-investigador a la misma altura de ‘su jefe’ Bacon y quien, incluso, es capaz de guiar la pesquisa, por lo menos hasta que Irene, su antagonista, cruza su camino y logra, definitivamente, conquistar a Bacon.

Es justamente Irene que además de F. Bacon y G. Links las hace de detective. Ella es una mujer bastante intrigante, en tanto que lo único que conocemos de ella es que tiene un bebé llamado Johann y que conoce a Bacon cuando éste tropieza con ella y su pequeño hijo en un descuido mientras buscaba las llaves de su departamento. Esta figura tan misteriosa, que de un día a otro pasa a ser parte fundamental de la vida de Bacon, desde un primer momento es motivo de desconfianza para Links, quien finalmente vería corroborada su hipótesis:

Nunca me gustó. Desde el principio supe que había algo maligno, astuto y obsequioso, en cada uno de sus actos, en sus opiniones, en su forma de controlar a Bacon. Sus largos ojos pardos, sus ademanes mohínos, su reticencia y su hostilidad hacia todos aquellos que no la complacían eran muestras suficientes de la desconfianza que merecía por mi parte (Volpi, 1999: 301).

La antipatía de Links para con Irene aumentará cuando esta ya no sólo pretenda formar parte importante de la rutina de Bacon, sino que también procura entremeterse en la misma investigación, rogándole a su enamorado que la deje participar de la búsqueda de Klingsor, a la cual cree poder aportar, ante todo, su "intuición femenina" (237). Incluso, durante la entrevista a Erwin Schrödinger realizada en un viaje a Dublín, ella se atreve a interrumpir la conversación de los tres científicos (el entrevistado, Links y Bacon) preguntando: "¿Qué quiere decir con eso, profesor?" (271). El narrador Links cree estar soñando cuando escucha la voz de Irene. De esta forma, ella va logrando su cometido: convertirse en una detective, ayudante del caso de Bacon, desde la pasividad de la mera observación y deducción de lo que van investigando Gustav y Francis.

El carácter fuerte y atrevido de Irene, quien no duda en decir lo que piensa, acarreará repetidas discusiones con Bacon. Unas de las más notorias dentro de la historia es la referente al tema del amor. Irene considera a Bacon como un hombre misógino: "Nunca pensé que fueses tan misógino […] Qué patético. Yo pienso lo contrario. Las mujeres son las fuerzas que no tienen otra opción que oponerse al campo gravitatorio al que los hombres quieren someterlas" (217). Las grandes diferencias de pensamiento entre ambos enamorados confunden al lector en tanto que ve a su protagonista tan enamorado de una mujer que difiere tanto de su personalidad. Al momento de preguntarnos si los sentimientos de ella para con Bacon son reales, la frase que más nos convence es que "[p]ara ella, él sólo era un consuelo y un apoyo, alguien en quien confiar en los momentos de soledad o de desesperación: Bacon representaba, asimismo, la posibilidad de una nueva vida, mejor, al margen de las privaciones del pasado" (228). Estas palabras, no son comprendidas en su totalidad por el lector hasta el final de la novela. ¿A qué se refería con privaciones del pasado? Es en las últimas páginas de la obra literaria que se nos revela su verdadera identidad. Luego de la muerte de su padre, cuando ella tenía quince años, decide unirse al Partido del que su padre fue miembro, por lo que va en busca de un amigo de su progenitor, quien la bautiza con un nuevo nombre: "Irene Hofstadter" (431). En principio efectúa trabajos de mensajería, pero con el paso de los años hace uso de sus encantos femeninos con el fin de extraer información útil para el Partido. Cuando conoce a Bacon, los rusos ven en él el instrumento perfecto para llegar a descubrir quién es Klingsor, haciendo uso de Irene como fuente de información. Irene pretende dejar el trabajo por amor a Bacon, no obstante, antes debe entregar a Klingsor. Es acá donde ella decide culpar a Links.

3. CONCLUSIÓN

De esta forma, resumiendo, podemos sostener que Volpi nos entrega una novela de formato policial ‘hibrido’ en varios sentidos: por una parte, hay una mezcla de los subgéneros policiales de enigma (ante todo la existencia de un enigma, un dúo de detectives-investigadores que procede usando la inducción, deducción y abducción), negro (el sexo, la crítica a los físicos alemanes y del régimen nazi) y de espionaje(mujer fatal, traición, mentira, agencias de inteligencia). En segundo lugar, hay una mezcla de tramas, tiempos y espacios, típico para una novela poscolonial (un mexicano escribe sobre un tema, ante todo, con raíz, trasfondo y personajes alemanes) y posmoderna (hay inversión del esquema policial convencional a través de versiones contradictorias, el fracaso de la búsqueda de la verdad y un mundo de incertidumbre).

NOTAS

1 Nuestro detective-investigador comparte con su filósofo renacentista homónino, ante todo, el uso del método inductivo por sobre el deductivo y el aprecio por la experiencia sobre la especulación en el pensamiento científico. Según Barrio Olano, "[p]ara Bacon, la ciencia, como producto de la razón, y la fe, como producto de la revelación, no pueden ser cognoscibles por la misma vía ni lo divino puede ser conocido por analogía con lo natural. [...] El intento de entremezclar lo natural con lo divino [como lo hace, por ejemplo, la filosofía tomista] es para Bacon fuente de errores y perversiones" (2004: 50-51).

2 La filiación nietzscheana de J. Volpi queda muy clara en esta alusión al "principium individuationis [principio de individuación]" que, según expone este filósofo alemán en su libro El nacimiento de la tragedia (1973), es representado por el dios griego Apolo y debe ser superada por el "místico grito jubiloso de Dionisio, [que rompe] el sortilegio de la individuación y [abre] el camino hacia las Madres del ser, hacia el núcleo más íntimo de las cosas" (132). La negación de asociar la práctica amorosa del menage a trois al pecado y, por el contrario, hablar de la presencia de la gracia justamente en este momento, revela un rechazo volpiano de la moral sexual cristiana con un leve toque de blasfemia. Si agregamos la afirmación repetida tanto por Links como por Bacon que aman a su respectiva pareja más que a sí mismo, la ciencia, Dios y la patria, tenemos que hablar con Luis Quintana Tejera de un "reconocimiento de una pasión que bien puede parecerse a una religión. Los grandes enamorados de todas las épocas son irrespetuosos y rompen con los cánones establecidos, llegan a negar inclusive verdades metafísicas y afirmaciones teológicas" (259).

 

REFERENCIAS

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Recibido: 30.07.2011. Aceptado: 30.04.2012.

* Este artículo es fruto del Proyecto Fondecyt Regular Nº 1071100 "Hibridaciones, parodias polémicas con el género policial en la narrativa latinoamericana".