SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.47 número136Equivalencia de Ingresos en un Duopolio EléctricoDiferencias Regionales en la Participación Laboral Femenina en Chile índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Cuadernos de economía

versión On-line ISSN 0717-6821

Cuad. econ. v.47 n.136 Santiago nov. 2010

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-68212010000200004 

Cuadernos de Economía, Vol. 47 (Noviembre), pp. 217-248, 2010

ARTÍCULOS

 

¿Qué Incentivos al Retiro Genera la Seguridad Social? El Caso Uruguayo*

 

Ignacio Álvarez, Natalia da Silva, Álvaro Forteza, Ianina Rossi

Universidad de la República


Unlike many OECD and Latin American countries, in Uruguay activity rates among male workers have been growing in recent decades. According to several studies, social security regulations have played a significant role in inducing ear-lier retirement in several OECD countries. We analyze the incentives to retire in Uruguay's largest pension program, both before and after the reform introduced in 1996. We find that the reform reduced the implicit tax on continued activity and, in a few cases, transformed it into a net subsidy. Nevertheless, in most cases, the tax is still high in Uruguay, much higher than in developed countries.

JEL: H55, J14, J26.

Keywords: Incentivos al Retiro, Seguridad Social.


Las tasas de actividad de los hombres han estado aumentando en las últimas décadas en Uruguay, a diferencia de lo ocurrido en muchos países de la OCDE y de América Latina. Varios estudios realizados en la OCDE señalan que la seguridad social ha inducido retiros tempranos. Analizamos los incentivos al retiro en el principal programa de pensiones de Uruguay, antes y después de la reforma iniciada en 1996. Encontramos que la reforma redujo el impuesto implícito a seguir trabajando. Sin embargo, en la mayoría de los casos, el impuesto es todavía elevado en Uruguay, mucho mayor que en los países desarrollados.


1.       INTRODUCCIÓN

En las últimas décadas se ha producido en los países desarrollados una significativa caída de las edades de retiro y de las tasas de actividad de los hombres maduros. Simultáneamente se está produciendo un aumento de la longevidad y mejora de las condiciones de salud de los adultos mayores (Gruber y Wise 1999, 2004; Coile y Gruber 2001). Estas tendencias preocupan por su impacto en las finanzas de los sistemas de seguridad social de reparto.

La literatura ofrece básicamente dos explicaciones de la caída de las tasas de actividad. Se argumenta, por un lado, que la reducción de la tasa de actividad de los adultos mayores y el retiro más temprano son parte de un proceso de aumento del consumo de ocio que se produce como consecuencia del aumento de la riqueza (Burtless y Quinn, 2000). Otra explicación es que son los sistemas de seguridad social los que están induciendo el retiro más temprano (Gruber y Wise 1999, 2004; Burtless y Quinn, 2000). En esta segunda línea, se destaca que se está produciendo una caída de las edades a las que los trabajadores están reclamando sus jubilaciones y pensiones, una notable expansión de la cobertura de la seguridad social y, en varios países, se han reducido las edades legales de acceso a las jubilaciones y pensiones (Börsch-Supan y Schnabel, 1999; Diamond y Gruber, 1999; Blanchet y Pelé, 1999)1. Se plantea entonces la cuestión de si la seguridad social está distorsionando significativamente los incentivos al retiro y, por esta vía, erosionando su viabilidad financiera.

También en la mayor parte de los países de América Latina se observa una caída de la tasa de actividad de los hombres maduros, pero hay algunas excepciones. Álvarez et al. (2009), usando datos de OIT, muestran que entre 1960 y 2000 la tasa de actividad de los hombres de entre 55 y 59 años cayó en Bolivia, Brasil, Costa Rica, Ecuador, México, Paraguay, Perú y Venezuela. Chile presenta una caída hasta la década del ochenta y un aumento posterior2 y sólo Argentina y Uruguay presentan aumentos claros en las tasas de actividad de los hombres de entre 55 y 59 años a lo largo de todo este período. Coincidentemente, Bertranou (2001), trabajando con las encuestas de hogares de Argentina, encuentra un aumento en la tasa de actividad de los hombres del Gran Buenos Aires entre 1974 y 1999. Álvarez et al. también observan que en Uruguay se ha producido un aumento gradual de la edad de retiro de las mujeres al menos desde 1996 en adelante3, es decir después de la reforma de la seguridad social iniciada en ese año.

En este contexto, interesa analizar los incentivos al retiro que están implícitos en los sistemas de seguridad social de América Latina. En este documento analizamos los incentivos al retiro implícitos en las normas del principal programa de seguridad social de Uruguay, el que es administrado por el Banco de Previsión Social (BPS). Estimamos medidas usuales de incentivos al retiro, como la riqueza pensionarla y el impuesto a seguir trabajando. Seguimos de cerca la metodología utilizada por Gruber y Wise (1999) en un proyecto que abarcó once países desarrollados. De esta manera, las estimaciones que obtenemos para Uruguay son comparables con las que están disponibles para ese grupo de países. Hacemos las estimaciones tanto para el programa previo a la reforma que se inicia en 1995 como para el programa reformado. Esto nos permite ver si dicha reforma logró modificar sensiblemente los incentivos al retiro.

El caso uruguayo presenta un considerable interés por varias razones. En primer lugar, en un trabajo paralelo (Álvarez et al. 2009) presentamos evidencia de que en Uruguay, como en todos los países desarrollados incluidos en el estudio coordinado por Gruber y Wise y en Argentina (Bertranou, 2001), las edades de retiro presentan picos asociados a las edades de acceso a las jubilaciones. Hay entonces evidencia que sugiere que los incentivos generados por la seguridad social han condicionado el retiro de los trabajadores uruguayos. En segundo lugar, Uruguay inició una reforma estructural de la seguridad social en 1996 que, entre otras cosas, buscó aumentar las edades de retiro, particularmente de las mujeres. Álvarez et al. (2009) muestran que la edad media de retiro de las mujeres aumentó sensiblemente a partir de la reforma. En tercer lugar, Uruguay es uno de los países de América Latina con mayor cobertura de la seguridad social (Rofman et al. 2008), menor informalidad y mayores tasas de aporte a la seguridad social.

Varios trabajos recientes analizan el impacto de los sistemas de seguridad social en la actividad laboral de los trabajadores mayores en diversos países de América Latina. James y Cox (2005) encuentran evidencia de que la reforma de la seguridad social chilena iniciada en 1981 habría inducido mayores tasas de actividad en los adultos mayores y acceso más tardío a la jubilación. Atribuyen estos cambios fundamentalmente al endurecimiento de las condiciones de acceso a las jubilaciones que se produjo a partir de la reforma. Un argumento similar se ha planteado para el caso de la reforma de la seguridad social de Argentina iniciada en 1993 (Bertranou, 2001; Alós et al. 2008).

Bertranou y Mastrángelo (2003) encuentran que los ingresos previsionales desalientan el trabajo e inducen el retiro en Chile, a pesar de la equidad actuarial del sistema chileno. Cerda (2005) encuentra que tanto el nivel como la varianza de los ingresos previsionales afectan las decisiones de retiro y trabajo de los adultos mayores en Chile. Mayor ingreso previsional induce adelanto del retiro y menor oferta de trabajo, pero mayor varianza del ingreso previsional tiene el efecto opuesto. Argumenta entonces que la introducción de cuentas de ahorro individual aumentó la varianza de los ingresos previsionales y, por esta vía, indujo postergación del retiro.

Duran et al. (2003) analizan los incentivos al retiro y la evasión en Uruguay haciendo simulaciones en base a un modelo de ciclo de vida. Concluyen que la reforma iniciada en 1996 aportó incentivos para postergar el retiro en la mayor parte de los casos simulados. Únicamente en el caso de trabajadores formales que pasan a trabajar en el mercado informal después de retirarse del trabajo formal la reforma no aporta incentivos para la postergación del retiro. En todos los otros casos que consideran, la reforma de 1996 parece aportar fuertes incentivos a aumentar la edad de retiro.

Hasta donde sabemos, no se han realizado en América Latina estimaciones de los indicadores de incentivos al retiro propuestos por Gruber y Wise (1999), como las que aquí presentamos, con la excepción de un estudio realizado recientemente para Brasil (Lanza, 2008).

Luego de esta introducción, presentamos en la sección 2 una breve descripción del principal programa de seguridad social uruguayo, incluyendo no sólo las normas vigentes actualmente sino las que rigieron a los trabajadores que se retiraron en años anteriores. En la sección 3 presentamos los incentivos al retiro. Resumimos brevemente los indicadores utilizados en la subsección 3.1 y luego presentamos nuestras estimaciones de incentivos al retiro para el caso uruguayo. Simulamos los incentivos que enfrentan trabajadores de dos cohortes, una nacida en 1930 y otra en 2005. La cohorte nacida en 1930 se rige por las normas contenidas en el acto institucional 9 de 1979 y la de 2005 por las normas aprobadas en la reforma de 1995. En la sección 4 presentamos una breve síntesis y nuestras conclusiones. En el apéndice describimos en detalle las bases de datos utilizadas y la forma de cálculo de los ingresos laborales que utilizamos en las simulaciones.

2.       PRINCIPALES CARACTERÍSTICAS DEL SISTEMA DE SEGURIDAD SOCIAL URUGUAYO

Desde fines de la década de los setenta hasta la actualidad, el principal sistema de seguridad social uruguayo estuvo regido por dos disposiciones legales fundamentales: el acto institucional 9, que rigió el sistema entre 1979 y 1996, y la ley 16.713, que lo rige a partir de entonces. En el presente trabajo se analizan los incentivos al retiro implícitos en estas dos normas fundamentales, con sus correspondientes disposiciones reglamentarias y normas modificativas.4

El Cuadro 1 describe los elementos clave de las normas que rigen los derechos pensionarios simulados en este estudio, desde una perspectiva comparada.

3.       INCENTIVOS AL RETIRO

3.1       El modelo de simulación

3.1.1    Indicadores de incentivos al retiro

Se estimaron dos indicadores de incentivos al retiro: (i) la riqueza de la seguridad social y (ii) el impuesto implícito a seguir trabajando.

La riqueza de la seguridad social consiste en el valor presente neto del flujo de prestaciones que un trabajador adquiere si se retira del mercado laboral, esta cantidad es llamada SSW (Social Security Wealth) y es la que da lugar a los demás indicadores.

Como se presenta en la ecuación (1), la riqueza de la seguridad social se obtiene como la suma del flujo descontado de jubilación y pensión de sobrevivencia (Yjub, Ysob, respectivamente) neto del flujo descontado de contribuciones a la seguridad social (Ycon). Se consideraron tanto los aportes personales como patronales, bajo el supuesto de que los aportes patronales recaen en última instancia en los trabajadores bajo la forma de menores salarios (Gruber 1999, p 90).

El subíndice t0 es el momento al que se descuentan los flujos. En este trabajo, siguiendo a Gruber y Wise, se llevan todos los indicadores al momento en que el individuo cumple los 55 años de edad. Entonces SSWt0(r) representa la riqueza de la seguridad social que se obtiene al retirarse a la edad r a valores del momento t0. Luego son las probabilidades de estar vivo a la edad t dado que lo estaba a la edad t0, de hombres y mujeres respectivamente, p es la tasa de descuento5 y δ es la diferencia entre la edad del hombre y su cónyuge. Por otro lado Br(t) es el beneficio por jubilación que se recibe a la edad t si se retira a la edad r, Ap(t) son los aportes a la seguridad social a la edad t y S(tƒ/t) representa la pensión de sobrevivencia que cobra el cónyuge a la edad tf si el aportante muere a la edad t.

Una vez obtenido el SSW, se puede calcular el segundo incentivo antes mencionado, el impuesto implícito a seguir trabajando. En las siguientes ecuaciones Acrt0(r) es la adquisición de derechos pensionarios (Acr por accrual, su nombre en inglés) e Impt0(r) es el impuesto al trabajo y Wt0(t) son los ingresos salariales del trabajador en el año t descontados al momento t0 y λper es la tasa de aportes personales a la seguridad social.

Para comprender el impuesto a continuar trabajando se debe entender la adquisición de derechos pensionarios (el accrual), ya que el impuesto representa el accrual con signo negativo como proporción de los ingresos salariales netos anuales. A partir de las ecuaciones anteriores se presenta el accrual en términos generales con el objetivo de identificar los distintos elementos que deberían ser tomados en cuenta para la decisión de retiro. El mismo está calculado descontando todos los valores al momento en que el individuo cumple 55 años.

donde tr es el momento en que el individuo comienza a cobrar jubilación si se retira a la edad r, y λ es la suma de las tasas de aporte personal y patronal. El símbolo * implica que la variable está corregida por la probabilidad de sobrevivencia y el factor de descuento, por ejemplo (análogamente con W*). ΔYsob es el incremento en la pensión de sobrevivencia.

Si el trabajador decide retirarse en r + 1 y no en r el signo del accrual resulta del balance entre pérdidas y ganancias. Al retrasar el retiro un año se incurre en una pérdida porque comienza a cobrar jubilación en tr+1 en vez de en tr6, además se deben pagar los aportes a la seguridad social por un año más. Por otro lado se incurre en una ganancia ya que al trabajar un año más, puede permitir acceder a una jubilación mayor desde tr+1 en adelante y lo mismo pasa con la pensión de sobrevivencia.

Para simplificar la ecuación anterior, se puede ver que

que representa los aportes pagados en el año de retiro r. Por otro lado Br*(t) es la suma de dos componentes, una proporción del SBJr y una renta vitalicia asociada al pilar de ahorro individual. Para estudiar la diferencia entre B*r(t) y B*r+1(t) se analizan separadamente estos componentes.

En las simulaciones realizadas en este trabajo se supuso que el salario del individuo evolucionaba igual que el IMS. Esto implica que el salario actualizado según IMS es constante, por lo que es igual para todas las edades de retiro. Llamando a a la tasa legal de reemplazo, la diferencia de retirase en r o en p + 1 en este componente es .

Por lo tanto, la adquisición de derechos jubilatorios puede aproximarse como:

donde ΔPI es el incremento en la jubilación por el pilar de ahorro individual y ΔYsob es el incremento en la pensión por sobrevivencia.

En la ecuación (8) los tres primeros componentes representan las ganancias por retrasar el retiro un año. El primer término es la ganancia asociada al aumento de las jubilaciones que surgen del pilar de solidaridad intergeneracional, mientras que el segundo corresponde a la pensión de sobrevivencia y el tercero al pilar de ahorro individual. Por otro lado, los dos últimos componentes representan pérdidas, uno por retrasar el cobro de la jubilación durante un año, y el otro por el pago de aportes a la seguridad social durante el año r. Esta fórmula es válida en la medida que el perfil salarial evoluciona con IMS por lo que el SBJ* es constante. Además en cada caso particular puede haber factores que se anulen, por ejemplo en el caso del sistema acto institucional 9 el factor ΔPI es nulo.

3.1.2     Escenarios

Se simularon los incentivos al retiro para 5 tipos de trabajadores diferentes pertenecientes a dos cohortes, una nacida en 1930 y la otra en 2005. Las simulaciones para la cohorte de 1930 permiten evaluar los incentivos al retiro que surgen de las normas previsionales contenidas fundamentalmente en el acto institucional 9 de 1979. La mayor parte de los trabajadores que se retiraron en el período que observamos (1996-2004) fueron afectados por estas normas. Las simulaciones para la cohorte nacida en 2005 permiten evaluar los incentivos al retiro que surgen de las normas actuales, fundamentalmente la ley 16.713 de 1995 y modificativas.

El caso base es el de un hombre que empieza a trabajar a los 20 años y contribuye a la seguridad social sin interrupciones hasta los 60. Está casado con una mujer tres años menor que él, que nunca trabajó, y no tienen hijos dependientes. Su ingreso laboral es el del trabajador mediano en la distribución de ingresos del trabajo según la encuesta de hogares (ver detalles en el Apéndice).

El segundo caso analizado es el de trabajadores solteros. En todo lo demás, el trabajador simulado en este caso es idéntico al del caso base. Se intenta con este caso evaluar el efecto en los incentivos al retiro de un período más corto de percepción de prestaciones, dado que estos trabajadores no dejan pensiones de sobrevivencia.

El tercer caso es un trabajador similar al caso base, salvo que empieza a trabajar a los 30 años. El objetivo de esta simulación es evaluar el efecto en los incentivos al retiro de historias de contribución más cortas. Es un caso en el cual es más probable que la jubilación mínima cumpla un papel relevante.

Finalmente, se simularon trabajadores que difieren del caso base por su nivel de ingreso promedio: se simuló un individuo cuyo ingreso corresponde al límite entre el primer y segundo decil (P10) y otro cuyo ingreso es el límite entre el noveno y último decil (P90). En el Cuadro 2 se presenta una descripción sintética de los casos simulados.

Los casos analizados en este trabajo son iguales a los analizados para once países desarrollados en el programa de investigación coordinado por Gruber y Wise (1999). La elección de los casos responde en parte a su interés intrínseco, pero también al objetivo de facilitar la comparación de nuestros resultados con los del mencionado proyecto.

3.2      Incentivos al retiro en el marco del acto institucional 9 de 1979

3.2.1      Acto 9. Resultados en el escenario base

El caso base es un trabajador de sexo masculino, nacido el primero de enero de 1930, que ha contribuido a la seguridad social sin interrupciones desde que cumplió los 20 años en enero de 1950. En 1990, con 60 años de edad y 40 de contribuciones, está en condiciones de acceder a la jubilación común por las normas establecidas en el acto institucional 9 de 1979. Está casado con una mujer tres años menor que él y que nunca trabajó. No hay hijos dependientes. Sus probabilidades de sobrevivencia corresponden a las que surgen de las últimas cuadros de mortalidad publicadas por el BCU en su sitio web.

No contamos con información que permita determinar directamente los salarios representativos de la generación nacida en 1930. La primera encuesta de hogares confiable para este fin es la de 1986, cuando los individuos nacidos en 1930 tenían 56 años de edad. A los 56 años, los ingresos laborales podrían ya haber empezado a caer por disminución de la jornada laboral y, para el análisis de incentivos al retiro, nos interesa analizar ingresos por una jornada completa. Usamos entonces un procedimiento indirecto para determinar el ingreso laboral de la generación de 1930. Calculamos primero el cociente entre el salario mediano de los individuos de 40 años de edad y el PBI per cápita entre 1991 y 20057. Luego multiplicamos el promedio de este cociente por el PBI per cápita de 1970 para obtener una estimación del ingreso laboral que el individuo mediano de la generación de 1930 habría tenido a los 40 años de edad. Finalmente proyectamos el salario para otras edades suponiendo que el salario de este individuo evolucionó igual que el índice medio de salarios. En el apéndice explicamos los detalles de este procedimiento.

Los principales resultados en el caso base se resumen en el Cuadro 3. A casi todas las edades el trabajador pierde postergando el retiro, con la única excepción de los 59 años, cuando postergar un año el retiro le significa una ganancia equivalente al 76% del salario anual líquido.


Entre los 55 y los 58 años este individuo paga un impuesto implícito equivalente aproximadamente a entre 28% y 30% de su salario anual por cada año de postergación del retiro. En otras palabras, si decide postergar su retiro un año entre los 55 y 58 pierde el equivalente a casi 30% del salario de un año. La pérdida acumulada en estos cuatro años es del orden de 120%. En este tramo de edades, el impuesto refleja básicamente los aportes adicionales que se pagan al continuar trabajando, ya que no cambia ni el monto ni el momento en que empieza a percibirse la jubilación. La jubilación del trabajador del caso base no cambia con la postergación del retiro entre los 55 y los 58 años, porque este trabajador tendría entre 35 y 38 años de contribuciones y en todo ese rango la tasa de reemplazo es constante e igual a 65%. Por otra parte, con los supuestos realizados, el salario básico jubilatorio tampoco cambia en términos reales. A su vez, el momento en que empieza a percibirse la jubilación sigue siendo 60 años, que es la edad mínima de acceso al beneficio para los hombres8.

A partir de los 60 y hasta por lo menos los 69 años de edad, este trabajador vuelve a perder si posterga el retiro. En la mayor parte de estas edades la magnitud del impuesto es superior a 100%. Hay que tener en cuenta que nuestro caso base ya cuenta con 40 años de cotización a los 60 años de edad, por lo cual sólo obtendrá incrementos en la tasa de reemplazo legal cuando cambia de tramo de edad de retiro9.

El impuesto oscila entre aproximadamente 109 y 113% entre los 60 y los 63 años de edad. La tasa de reemplazo legal para un individuo que se retira entre los 60 y 64 años de edad y cotizó 40 años o más es 70% y el salario básico jubilatorio es el mismo entre los 60 y los 63 años de edad y por lo tanto el monto de la jubilación es también el mismo ( = 0). Por lo tanto, al igual que en el tramo de edades 55 a 58, no hay ganancias de jubilación por la postergación del retiro entre los 60 y los 63. La pérdida es más pronunciada en este tramo de edades que en el anterior, debido a que si el individuo se retira un año después no sólo debe pagar los aportes de dicho año sino que además retrasa en un año el cobro de la jubilación (tr = r)10.

Entre los 65 y los 68 años, el impuesto oscila entre 118 y 120%. Al igual que en el tramo de edades 60 a 63, la pérdida por seguir trabajando se debe a que se aporta más años y se cobra la jubilación menos años, con igual monto de jubilación, dado que la tasa de reemplazo para un individuo que se retira entre los 65 y 69 años de edad y cotizó 40 años o más es constante e igual a 75%. La pérdida es mayor en este tramo que en el anterior porque la jubilación es mayor y porque cada año de pérdida representa proporcionalmente más cuanto mayor es la edad.

A los 59, 64 y 69 años se observan caídas en el impuesto a continuar trabajando. La caída es tan pronunciada a los 59 años que el impuesto se vuelve negativo, es decir que se convierte en un subsidio. Estas caídas del impuesto a seguir trabajando están directamente vinculadas a los aumentos de la tasa legal de reemplazo que se producen a esas edades. A los 60 años de edad el individuo simulado en el caso base alcanza los 40 años de aportes por lo que la tasa legal pasa de 65 a 70% ( = 0.05). Esto determina que a los 59 existan incentivos a continuar trabajando un año más. A los 64 años la tasa legal de reemplazo pasa de 0.70 a 0.75 y a los 69 pasa de 0.75 a 0.80. En estos dos últimos casos la tasa del impuesto sigue siendo positiva, sin embargo, debido a la pérdida de jubilaciones cobradas que deriva de la postergación del retiro a estas edades.

Las tasas de impuesto a seguir trabajando presentan un perfil por edades similar en Uruguay y en los países analizados en el proyecto de Gruber y Wise (1999), pero las tasas tienden a ser en Uruguay sensiblemente mayores que en los países desarrollados. El impuesto es "moderado" o negativo en las edades cercanas a los 55, aparece una disminución en "escalón" cerca de la edad mínima de jubilación (59 años en nuestro caso) y sube sensiblemente en edades mayores. Pero los resultados presentados en los trabajos de Gruber y Wise (1999) muestran niveles del impuesto a continuar trabajando notoriamente inferiores a los presentados en el Cuadro 3. En siete de los once países analizados en ese proyecto el impuesto no alcanza el 60% en ninguna edad. Sólo en España y en Italia los valores crecen gradualmente hasta llegar a niveles comparables, aunque menores, al caso uruguayo (Cuadro 4).

En el caso de Brasil, con las normas existentes hasta 1998, Lanza (2008) encuentra tasas del impuesto a seguir trabajando en un rango que va de 0,43 a 0,5811. Estas tasas resultan elevadas en comparación con las calculadas para los países desarrollados, pero son menores a las que obtenemos para Uruguay bajo las reglas vigentes hasta 1995. Una peculiaridad del caso brasileño es que no se observan saltos o cambios "en escalón" del impuesto a seguir trabajando a ninguna edad, como sí ocurre en Uruguay y en los países analizados en el proyecto de Gruber y Wise.

3.2.2      Acto 9. Otros escenarios

El hombre soltero tiene una riqueza de la seguridad social sensiblemente inferior a la del hombre casado, porque no deja pensión de sobrevivencia (Cuadro 5)12. Sin embargo, el impuesto a seguir trabajando tiene un perfil y magnitud similares para los solteros y los casados. Algo similar se ha descrito en países desarrollados.


 

Los trabajadores que empiezan a trabajar a los 30 años y que no tienen interrupciones de sus historias de contribuciones sólo alcanzan los 30 años de servicios requeridos para acceder a una jubilación común si se retiran a los 60 años. En el caso que se retire entre los 55 y 59 años de edad el individuo acumula al menos 25 años de servicio. Esto le da derecho a la jubilación por edad avanzada al cumplir los 70 años de edad. Es decir que si se retira a los 55 años comienza a cobrar jubilación 15 años más tarde. El impuesto de los primeros años es relativamente constante por las mismas razones que en el caso base y la SSW es muy pequeña ya que en estos años sólo se obtiene jubilación por edad avanzada (Cuadro 6).


Entre los 60 y los 63 años, este trabajador pierde aproximadamente todo el ingreso laboral del año si decide trabajar un año más. Sin dejar de ser elevadísima, esta tasa del impuesto a seguir trabajando es menor a la del caso base. Lo es simplemente porque la jubilación perdida por seguir trabajando un año más es menor en este caso que en el base porque el trabajador ha contribuido menos años.

A los 64 y 69 años de edad, la tasa del impuesto a seguir trabajando se reduce sensiblemente para un trabajador que empezó a trabajar a los 30 años. La reducción es tan marcada a los 69 años que el impuesto se vuelve negativo y, por lo tanto, a esa edad este trabajador obtiene una significativa ganancia de riqueza pensionarla si posterga el retiro un año. Trabajando un año más alcanza los 40 años de contribuciones y esto implica que la tasa de reemplazo aumenta de 65 a 80%. Este aumento es suficientemente importante como para compensarlo por contribuir un año más y recibir un año menos de jubilación.

El nivel de ingresos puede también tener un efecto importante en los incentivos al retiro. Los trabajadores con ingresos en el valor de corte del percentil 90 pagan impuestos a seguir trabajando similares al trabajador mediano, pero los trabajadores en el valor de corte del percentil 10 pueden enfrentar incentivos muy diferentes (Cuadro 7).


Lo más llamativo en los resultados del percentil 10 es la tasa del impuesto a seguir trabajando extraordinariamente elevada que se observa a los 60 y a los 62 años de edad. La pérdida no se limita en estas dos edades a pagar un año más de contribuciones y recibir un año menos de jubilaciones. También se produce en este caso una caída de la jubilación cuando el trabajador posterga el retiro un año. Este peculiar resultado se asocia a que este trabajador recibe la jubilación mínima y ésta tuvo un ajuste muy inferior a las jubilaciones en curso de pago en 1990 y 1992. En efecto, si se hubiera jubilado en 1990 con 60 años de edad, este trabajador habría obtenido una jubilación equivalente al 85% del salario mínimo nacional de 1990. En 1991 habría ganado esa jubilación actualizada por el índice medio de salarios. Si en cambio hubiera decidido retirarse en 1991, habría obtenido el 85% del salario mínimo nacional de 1991, lo cual arroja una cifra muy inferior a la mínima de 1990 actualizada por el índice medio de salarios. Algo similar ocurrió entre 1992 y 1993, es decir cuando el individuo simulado tenía 62 y 63 años de edad13.

Este ejemplo no significa obviamente que un trabajador pobre que a los 60 años posterga un año el retiro deba esperar una pérdida equivalente a 3 años de salario. Pero sí indica que esa pérdida puede producirse. De hecho, un trabajador de la generación de 1930 con ese nivel de ingreso que haya decidido retirarse a los 61 años en lugar de a los 60, después de haber trabajado 40 años, habría experimentado una pérdida de ese orden de magnitud. El desfasaje en el ajuste del salario mínimo en relación al medio difícilmente pudo haber sido anticipada y, por esa razón, no es probable que haya afectado los incentivos al retiro. Pero no deja de ser cierto que algunos trabajadores nacidos en 1930 pueden haber sufrido esa pérdida si decidieron retirarse a los 61 años en lugar de a los 60.

3.3      Incentivos al retiro en el marco del régimen mixto

El sistema mixto es más complejo que el anterior ya que cada individuo puede realizar simultáneamente aportes a los pilares de ahorro individual y de reparto.

El trabajador mediano no está obligado a contribuir al pilar de ahorro individual porque sus ingresos son inferiores al umbral a partir del cual la ley obliga a aportar a ambos pilares. En el escenario base entonces sólo tenemos aportes al pilar de solidaridad intergeneracional. Lo mismo ocurre en el escenario de historias incompletas (trabajador mediano que empieza a aportar a los 30 años de edad) y en el escenario del trabajador del primer decil. Sólo el caso del trabajador del decil noventa debe obligatoriamente aportar a ambos pilares. La ley 16.713 otorga a los trabajadores de bajos ingresos la opción de aportar también al pilar de ahorro individual. En la medida en que la mayoría de quienes estaban en esta situación hicieron la opción, presentamos también un escenario con un trabajador mediano que opta por aportar al pilar de ahorro individual.

Los trabajadores simulados para analizar el régimen mixto nacen el 1 de enero del 2005. Sus ingresos laborales evolucionan de acuerdo al índice medio de salarios que se proyectó con una tasa de crecimiento constante e igual a 9.6% anual. Se supuso una inflación de 8% anual y una tasa de rendimiento real de los fondos de pensiones de 4% anual14.

3.3.1      Régimen mixto. Resultados en el escenario base

El caso base para el análisis del régimen mixto es un trabajador de sexo masculino, nacido el primero de enero del 2005, que contribuye a la seguridad social sin interrupciones desde que cumple los 20 años en enero del 2025. En el 2065, con 60 años de edad y 40 de contribuciones, está en condiciones de acceder a la jubilación común por las normas de la ley 16.713 y modificativas. Está casado con una mujer tres años menor que él y que nunca trabajó. No tienen hijos.

En el Cuadro 8 se presentan los resultados para el caso del trabajador mediano que no hace la opción por aportar al pilar de ahorro individual. El impuesto a continuar trabajando es positivo a todas las edades y alcanza a 71% del ingreso anual cuando el trabajador tiene 69 años de edad.


Entre los 55 y los 59 años de edad, la tasa del impuesto es aproximadamente 15%. En estas edades, postergar un año el retiro supone pagar un año más de aportes sin modificar la edad a la que se recibe la jubilación por primera vez. A diferencia de lo que ocurría con las normas del acto 9, en el régimen de la ley 16.713 este trabajador obtiene una jubilación algo mayor al aportar un año más. La tasa de reemplazo aumenta medio punto porcentual por cada año adicional de aportes. Este aumento de la jubilación compensa parcialmente la pérdida que sufre el trabajador por realizar un año más de aportes y, en consecuencia, la tasa del impuesto a seguir trabajando es ahora menor a la tasa de aportes.15

A partir de los 60 años de edad, el trabajador pierde un año de jubilaciones por cada año que posterga el retiro. Esta pérdida se suma al aumento de aportes realizados. Como contraparte, la ley prevé un aumento más pronunciado de la tasa de reemplazo que aumenta ahora tres puntos porcentuales por cada año de postergación del retiro. Como surge de el Cuadro 8, el efecto neto es un aumento gradual de la tasa del impuesto a seguir trabajando que pasa de aproximadamente 18% a los 60 años a 71% a los 69 años.16

Comparado con el régimen del acto 9, el régimen mixto iniciado en 1996 significó una considerable reducción del impuesto a seguir trabajando a casi todas las edades. Solo a los 64 y 69 años de edad, el trabajador base habría pagado un impuesto a seguir trabajando menor bajo el acto 9 que en el régimen mixto. Estos resultados están en línea con uno de los objetivos de la reforma que introdujo el régimen mixto: alinear mejor los incentivos e inducir aumentos en la edad de retiro. Sin embargo, las tasas de impuesto a seguir trabajando que obtenemos para el caso base en el régimen mixto son todavía elevadas si se las compara con las de los países incluidos en el proyecto coordinado por Gruber y Wise (Cuadro 4).

También en Brasil se introdujeron cambios en el sistema de seguridad social hacia mediados de los noventa que habrían reducido los incentivos al retiro temprano. De acuerdo con Lanza (2008), la reforma paramétrica realizada en Brasil en 1998 provocó una reducción muy marcada en las tasas del impuesto a seguir trabajando. Según sus estimaciones, bajo las nuevas reglas y en las condiciones del caso base, la tasa del impuesto no supera el 17% a ninguna edad, mientras que con las normas previas las tasas oscilaban entre 43 y 58%.

3.3.2      Régimen mixto. Otros escenarios

El hombre soltero tiene menor riqueza de la seguridad social que el hombre casado debido a que no genera pensión de sobrevivencia (Cuadro 9). La tasa del impuesto a seguir trabajando es mayor para el soltero que para el casado, pero el perfil por edades es similar.


El trabajador que empieza a contribuir a los 30 años de edad tiene menor riqueza de la seguridad social y tasas de impuesto a seguir trabajando similares a los del caso base, salvo a los 59 años, cuando obtiene una ganancia equivalente a casi un año de salarios al postergar el retiro un año (Cuadro 10). Este trabajador pasa de contribuir 29 a 30 años cuando se retira a los 60 en lugar de los 59. Esto le permite acceder a los 60 años a una jubilación común, mientras que de haberse retirado a los 59 sólo habría accedido a una jubilación por edad avanzada a los 65 años.


Los incentivos al retiro del trabajador del percentil noventa son iguales a los del mediano, pero los del percentil 10 de nuevo son muy diferentes (Cuadro 11). Entre los 55 y los 59 años de edad, pierde 27% del salario por cada año que posterga el retiro. Esta pérdida se produce por el aumento de aportes que realiza sin recibir a cambio un aumento de su jubilación. La jubilación de este trabajador no aumenta al trabajar más años porque recibe la jubilación mínima. El trabajador mediano y el del percentil noventa tienen un menor impuesto a seguir trabajando en este tramo de edades precisamente porque por cada año que postergan el retiro obtienen una tasa de reemplazo mayor. La jubilación mínima aumenta entonces los incentivos a retirarse temprano de los trabajadores de bajos ingresos.17


Entre los 60 y los 65 años de edad, el trabajador del percentil 10 obtiene un subsidio (impuesto negativo) a seguir trabajando un año más. Al postergar el retiro más allá de los 60 años de edad, el trabajador del percentil 10 accede a una jubilación mínima mayor. En efecto, la jubilación mínima aumenta 12% por cada año que se posterga el retiro a partir de los 60 años de edad, con un máximo de 120% (artículo 75 de la ley 16.713). El aumento de la jubilación más que compensa la pérdida por aportar un año más y recibir la jubilación un año menos en este tramo de edades. El subsidio es decreciente fundamentalmente porque el número de años durante los cuales el trabajador recibe la jubilación incrementada es menor cuanto más tarde se produce el retiro. La existencia entonces de una jubilación mínima creciente en la edad de retiro modifica sensiblemente los incentivos al retiro de los trabajadores uruguayos de bajos ingresos y diferencia notablemente al caso uruguayo de otros como el español en que los trabajadores de bajos ingresos encuentran en la jubilación mínima un fuerte incentivo a retirarse temprano.

En el Cuadro 12 presentamos los resultados para un individuo como el del caso base, pero que decide aportar a ambos pilares. Se trata de un trabajador que por su nivel de ingresos no está obligado a aportar al pilar de ahorro individual, pero el artículo 8 de la ley 16.713 le da la posibilidad de volcar la mitad de sus aportes personales a la cuenta de ahorro individual. Para elaborar el Cuadro 12 supusimos que el trabajador decide hacer esta opción lo que incorpora dos efectos en los incentivos que percibe, en primer lugar los aportes del trabajador se bonifican por hacer la opción, y por otro lado se incorpora el pilar de ahorro individual.


A todas las edades, el impuesto a seguir trabajando es menor si se hace la opción de aportar a ambos pilares (Cuadro 8 y Cuadro 12). A los efectos descritos para el caso base se agrega ahora el efecto de la bonificación de la jubilación percibida y el aumento de la renta vitalicia que se produce al aportar un año más. Entre los 55 y los 59 años de edad el impuesto es negativo, es decir que el individuo recibe un subsidio si se retira más tarde. Al postergar el retiro un año, paga un año más de aportes. Como contraparte, recibe una jubilación mayor, tanto en el pilar de solidaridad intergeneracional como en el de ahorro individual. En este tramo de edades, la ganancia de jubilación más que compensa los mayores aportes. Los efectos son similares a los del caso base, pero se agrega ahora el aumento de la renta vitalicia.18

El impuesto se vuelve positivo y creciente a partir de los 60 años de edad. La postergación del retiro en este tramo de edades supone no sólo pagar aportes un año más sino también cobrar la jubilación un año menos. En el pilar de ahorro individual el trabajador es compensado actuarialmente por reclamar la jubilación más tarde, pero no ocurre lo mismo en el pilar de solidaridad intergeneracional. Si bien hay un aumento de la tasa de reemplazo asociado a jubilarse más tarde, el aumento de la jubilación no logra en este pilar compensar al trabajador por aportar un año más y recibir la jubilación un año menos.

4.       SÍNTESIS Y CONCLUSIONES

Para evaluar los incentivos al retiro implícitos en el sistema de seguridad social que cubre el BPS, estimamos la riqueza jubilatoria y el impuesto a seguir trabajando de individuos simulados. El primer indicador mide la suma descontada de beneficios neta de aportes. El impuesto a seguir trabajando es una medida de la pérdida de riqueza jubilatoria que experimenta el trabajador cuando posterga un año el retiro, expresada como proporción del ingreso laboral del año. Estimamos estos indicadores para dos cohortes, una nacida en 1930 y la otra en 2005. Los derechos jubilatorios de la cohorte de 1930 se regulan fundamentalmente por el acto 9 de 1979 y los de la cohorte de 2005 por la ley 16.713 de 1995 y modificativas. A los efectos de facilitar la comparación con estudios previos existentes para países desarrollados, adoptamos supuestos y utilizamos definiciones de los indicadores análogas a los utilizados por Gruber y Wise (1999).

Encontramos tasas del impuesto a seguir trabajando elevadas en comparación con los países desarrollados. En otras palabras, la proporción del ingreso laboral que el trabajador pierde por reducción de su riqueza jubilatoria cuando posterga un año el retiro tiende a ser mayor en Uruguay que en los países desarrollados cubiertos por el estudio coordinado por Gruber y Wise (1999). No son infrecuentes en nuestras estimaciones para Uruguay tasas del impuesto de 80% a edades tan tempranas como los 60 años, particularmente en el caso de trabajadores regidos por el acto 9. Es decir que muchos trabajadores pierden el 80% del ingreso laboral del año si deciden trabajar un año más cuando han cumplido 60 años.

En general, encontramos tasas del impuesto más altas para la generación de 1930, regida por el acto 9, que para la del 2005, regida por la ley 16.713. En el escenario base, por ejemplo, el trabajador de la generación de 1930 pierde más del 100% del ingreso del año si decide postergar su retiro un año a los 60 años de edad. En cambio el trabajador de la generación de 2005, con las reglas actuales, pierde aproximadamente 18% del ingreso del año si posterga el retiro un año a los 60 años de edad. No resulta sorprendente que el impuesto a seguir trabajando sea menor con las normas actuales que con las normas del acto 9, dado que uno de los objetivos explícitos de la reforma iniciada en 1995 fue aportar incentivos para que los trabajadores se retiraran a mayor edad.

Los incentivos a seguir trabajando varían considerablemente dependiendo del tipo de trabajador considerado y, en el caso del régimen mixto, de las opciones que haga el trabajador. No encontramos diferencias importantes entre el trabajador cuyo ingreso está en la mediana de la población y el que está en el percentil noventa, pero en cambio obtuvimos resultados muy diferentes para el trabajador en el percentil diez. Este trabajador accede a la jubilación mínima, lo cual modifica sensiblemente los incentivos al retiro. En el contexto del acto 9, los trabajadores de bajos ingresos que reciben la jubilación mínima tienen mayores incentivos a retirarse temprano que los trabajadores de ingresos medios y altos. Al igual que los trabajadores de mayores ingresos, los trabajadores del percentil 10 sufren pérdidas al retirarse más tarde debido a que contribuyen más años y reciben jubilaciones menos años, pero a diferencia de sus pares más ricos, los trabajadores que reciben la jubilación mínima por el régimen del acto 9 no son compensados con mayores jubilaciones cuando postergan el retiro. En cambio, en el contexto del régimen mixto introducido por la ley 16.713, la jubilación mínima aumenta considerablemente con la edad a la que se reclama por primera vez el beneficio. Esto modifica totalmente el impuesto, aportando incentivos a los trabajadores del percentil 10 para postergar el retiro entre los 60 y los 65 años de edad.

En el régimen de la ley 16.713, los trabajadores que no están obligados a aportar al pilar de ahorro individual y que hacen la opción prevista en la ley de verter la mitad de sus aportes personales a las cuentas individuales tienen incentivos a retirarse más tardíamente que aquellos que no la hacen. Sin embargo, aún estos trabajadores enfrentan ya a los 60 años una pérdida de 13% del salario del año si deciden retirarse un año más tarde.

En resumen, los trabajadores uruguayos maduros cubiertos por el principal programa de jubilaciones del país tienden a experimentar pérdidas de riqueza jubilatoria significativas si postergan el retiro después de los 55 años de edad. Las pérdidas tienden a ser mayores en Uruguay que en los países desarrollados para los cuales se han realizado estimaciones similares. La reforma iniciada en 1996 redujo marcadamente estas pérdidas y, en algunos casos, las convirtió en ganancias, aportando entonces incentivos para postergar el retiro. En los años siguientes a la reforma se ha producido efectivamente un aumento de la edad de retiro (Álvarez et al. 2009), pero no es evidente que estos cambios puedan atribuirse a los nuevos incentivos. Los aumentos más notorios en las edades de retiro se observan en las mujeres y parecen asociarse al aumento en la edad mínima de retiro que se aprobó en 1995 y se implemento gradualmente en los años siguientes. Por otra parte, en la mayor parte de los casos simulados, los trabajadores uruguayos siguen experimentando pérdidas importantes de riqueza jubilatoria cuando postergan el retiro. Se requiere una investigación adicional más exhaustiva para evaluar si el cambio observado en el impuesto a seguir trabajando puede haber contribuido al aumento observado en las edades de retiro.19

 

NOTAS

*       Agradecemos el financiamiento provisto por el Fondo Clemente Estable, proyecto FCE2007-293. E-mails: nachalca@gmail.com, natydasilva@gmail.com, alvarof@decon.edu.uy, ianina@decon.edu.uy.

1       En el caso de los Estados Unidos, cambios legales introducidos en 1961 facilitaron la jubilación anticipada, pero hacia mediados de los ochenta se introdujeron otras modificaciones que tendieron a inducir retiros más tardíos (Burtless y Quinn 2000).

2       James y Cox-Edwards (2005) atribuyen el cambio de tendencia que se observa en Chile en la tasa de actividad de los adultos mayores a la reforma de la seguridad social iniciada en 1981.

3       Su análisis de la edad de retiro se basa en los registros administrativos de historia laboral de la seguridad social que empezaron a llevarse en forma sistemática recién en 1996.

4       Se tuvieron en cuenta disposiciones establecidas en decretos, resoluciones de directorio del BPS, disposiciones del BCU y leyes que introdujeron modificaciones puntuales de parámetros. En particular, el análisis de los incentivos al retiro en el régimen mixto se hizo tomando los parámetros fijados en la ley 18.395 de octubre del 2008, que modifica parcialmente disposiciones de la ley 16.713.

5       Siguiendo a Gruber y Wise se utilizó una tasa de descuento de 3% anual.

6       Esto ocurre siempre que se cumplan los requisitos de años de cotización. Si no se alcanzan las condiciones de elegibilidad, retrasar el retiro y continuar cotizando puede llevar a adelantar el cobro de los beneficios (no se debe esperar hasta generar causal por edad avanzada).

7       Se decidió dejar a un lado la encuesta nacional de hogares ampliada de 2006 debido a que los cambios realizados en la encuesta parecían afectar el nivel de salarios estimados, aun cuando se tomaron precauciones para hacer comparables a las encuestas, eliminando los datos correspondientes a localidades de menos de 5000 habitantes. En particular, la tendencia observada entre 1991 y 2005 de incremento de los ingresos en términos corrientes, se veía revertida en 2006. Dado que el crecimiento de la economía en 2006 fue muy importante, no parecía creíble que estos datos fueran comparables.

8       En términos de la ecuación (8), en este caso = 0 y B*(r) = 0 ya que tr = tr+1. Tanto ΔYsob como ΔPI son iguales a 0 y el accrual puede escribirse como Acc55 = — 0.25 W*(r). De esta manera, el impuesto es Imp55(r) = 0.25W*(r)/(1 — 0.12)W*(r+ 1). La diferencia entre W*(r + 1) y W*(r) se explica por la función de sobrevivencia.

9       Ver el detalle de la definición de los tramos en el apéndice.

10       La adquisición de derechos pensionarios entre los 60 y los 63 años de edad es Acc55(r) = -0.25W*(r) - Br*(r).

11       Lanza sólo analiza hombres solteros, por lo cual sus resultados no corresponden exactamente a los del caso base en nuestro trabajo y en Gruber y Wise (1999). Pero dado que en todos los países en que se hicieron los cálculos para hombres solteros y casados las diferencias del impuesto fueron relativamente pequeñas, entendemos que los resultados que presenta Lanza para Brasil considerando solamente hombres solteros son comparables a los del caso base en nuestro trabajo y en Gruber y Wise.

12       El efecto de la pensión de sobrevivencia en la riqueza pensionaría es en Uruguay de igual o mayor magnitud que en España (Boldrin et al. 1999), pero menor que en Canadá (Gruber 1999).


13       No se obtuvieron estos valores "anómalos" del impuesto a seguir trabajando en las estimaciones que se realizaron en base a una evolución simulada y suave del índice medio de salarios, del salario mínimo nacional y del IPC. Por razones de espacio, no se presentan esos resultados aquí, pero pueden ser solicitados a los autores.

14       La inflación en Uruguay en los últimos diez años fue de 11,6% en promedio, pero este período incluye una profunda crisis económica-financiera. La inflación promedio de los últimos tres años fue 8,3%. Noguez (2009) proyecta rendimientos reales anuales de los fondos de pensiones uruguayos de entre 3,2 y 6,2%, dependiendo de la duración media de los activos del fondo (1 a 15 años).

15       En términos de la ecuación (8), ΔPI es cero para todas las edades, ya que se trata de un trabajador que no aporta al pilar de ahorro individual. Hasta los 59 años de edad, se verifica que tr= 60 y B*(r) = 0, en cambio la tasa legal de remplazo aumenta en medio punto por cada año de servicio adicional, esto es 5= 0.005. Por lo tanto:

16       A partir de los 60 años de edad tr = r por lo que B*(r) será positivo, además el incremento de la tasa legal de reemplazo es del 3% ( = 0.03) hasta el final del período. De esta forma Esto determina que el impuesto a seguir trabajando aumente paulatinamente a partir de los 60 años de edad.

17       Este mismo efecto ha sido descrito en otros países. En el caso de España, Boldrin et al. (1999) y Jiménez y Martín (2007) encuentran que la jubilación mínima generó fuertes incentivos al retiro de los trabajadores de bajos ingresos, que estos incentivos fueron aumentando en las últimas décadas y que los trabajadores de bajos ingresos tendieron a retirarse más tempranamente que los de altos ingresos.

18       Utilizando la ecuación (8), se observa que para las edades de retiro r = 55,...,59 el accrual es

y si el trabajador se retira a partir de los 60 años dicho accrual es:

Es decir que los componentes correspondientes al pilar de solidaridad intergeneracional aparecen de igual forma en ambos casos. La diferencia con el individuo anterior (que no realiza la opción) es ΔPI. Este factor representa el cambio en la renta vitalicia por trabajar un año más.

19       La siguiente etapa del proyecto de investigación del cual el presente artículo forma parte consiste en estimar los incentivos al retiro que enfrentó una muestra de trabajadores cubiertos por el BPS y evaluar a través de análisis microeconométrico si esos incentivos afectaron efectivamente la decisión de retiro.

20       Alvez et al. (2009) reportan una evolución similar de la relación p90/pl0. Aunque estos autores analizan los ingresos laborales formales e informales y tienen en cuenta todas las edades, el cambio encontrado en la relación (p90/pl0) entre 2005 y 1991 es aproximadamente 1,5, al igual que en los datos reportados en el Cuadro A1.

 

REFERENCIAS

Alós, M., I. Apella, C. Grushka y M. Muiños (2008),"Participación de los Adultos Mayores en el Mercado Laboral Argentino: un Modelo de Valor de Opción". Revista Internacional de Seguridad Social 61: pp 29-65.         [ Links ]

Álvarez, I., N. da Silva, A. Forteza e I. Rossi (2009), "El Retiro de los Trabajadores Uruguayos y la Seguridad Social". Revista de Economía, Banco Central del Uruguay, 16(2), Noviembre.         [ Links ]

Alvez, G., R. Arim, G. Salas y A. Vigorito (2009), "Desigualdad Salarial en Uruguay, 1981-2007. Una Descomposición de su Evolución en Efecto Precio y Composición", IRCON, UdelaR.         [ Links ]

Bertranou, R (2001), "Empleo, Retiro y Vulnerabilidad Socioeconómica de la Población Adulta Mayor en la Argentina" (Documento de Investigación). Córdoba, Universidad Empresarial Siglo 21.         [ Links ]

Bertranou, R y J. Mastrángelo (2003), "Envejecimiento, Trabajo, Retiro y Seguridad Social en Chile", Informe de conferencia, 4a Conferencia Internacional sobre Investigaciones en Seguridad Social "La seguridad social en una Sociedad Longeva", Amberes, 5-7 de mayo.         [ Links ]

Blanchet, D. y L-P. Pelé (1999), "Social Security and Retirement in Prance". En: Jonathan Gruber y David A. Wise (eds.), Social Security and Retirement Around the World. Chicago and London: The University of Chicago Press, pp 101-134.         [ Links ]

Boldrin, M., S. Jiménez-Martín, and R Peracchi (1999), "Social Security and Retirement in Spain". En: Jonathan Gruber y David A. Wise (eds.), Social Security and Retirement Around the World. Chicago and London: The University of Chicago Press, pp 305-354.         [ Links ]

Börsch-Supan, A. and R. Schnabel (1999), "Social Security and Retirement in Germany". En: Jonathan Gruber y David A. Wise (eds.), Social Security and Retirement Around the World. Chicago and London: The University of Chicago Press, pp. 135-80.         [ Links ]

Cerda, R. (2005), "Does Social Security Affect Retirement and Labor Supply? Evidence from Chile", Developing Economics, 53(2): 235-64.         [ Links ]

Coile, C. y J. Gruber (2001), "Social Security Incentives for Retirement", En: David Wise (ed), Themes in the Economics of Aging. NBRR and The University of Chicago Press, pp 311-356.         [ Links ]

Diamond, P y J. Gruber (1999), "Social Security and Retirement in the United States," in Social Security Around the World. Jonathan Gruber and David A. Wise eds. Chicago and London: The University of Chicago Press.         [ Links ]

Duran, V, G. Poplavski y A. Vernengo (2003), "Impacto de la la Reforma de la Seguridad Social en la Edad de Retiro y la Evasión". Trabajo presentado a las XVIII Jornadas Anuales de Economía, BCU. Uruguay.         [ Links ]

Gruber, J. y D. A. Wise (eds.) (1999), "Social Security and Retirement Around the World". Chicago and London: The University of Chicago Press.         [ Links ]

Gruber, J. (1999), "Social Security and Retirement in Canada". En: Gruber, Jonathan and David A. Wise eds. 1999. Social Security and Retirement Around the World. Chicago and London: The University of Chicago Press. Pages 73-100.         [ Links ]

James, R. y A. Cox-Edwards (2005), "Do Individual Accounts Postpone Retirement?: Evidence from Chile". Michigan Retirement Research Center. WP 2005-098.        [ Links ]

Jiménez-Martín, S. y A. R. Sánchez (2007), "An Evaluation of the Life Cycle Effects of Minimum Pensions on Retirement Behavior." Journal of Applied Econometrics, 22(5): 923-50.         [ Links ]

Lanza, B. (2008), "Retirement Incentives: Pension Wealth, Accrual and Implicit Tax". Well-Being and Social Policy, 4(1): 73-94.         [ Links ]

Mesa-Lago, C. y R Bertranou (1998), "Manual de Economía de la Seguridad Social en América Latina". CLAEH, Uruguay.         [ Links ]

Noguez, J. I. (2009), "Rentabilidad Real de Largo Plazo de las AFAP. ¿Qué Deberíamos Esperar?" República AFAP.        [ Links ]

 

APÉNDICES

A.        Encuestas Continuas de Hogares (ECH)

Las Encuestas Continuas de Hogares son bases de datos de corte transversal elaboradas por el Instituto Nacional de Estadística en base a muestras estratificadas seleccionadas en tres etapas. La información mensual que proveen incluye las variables socioeconómicas típicas de encuestas de hogares, que pueden agruparse básicamente en cuatro módulos: características personales de los individuos, condición de actividad y su caracterización, ingresos de los individuos, y características de los hogares a los que los individuos encuestados pertenecen.

Se debe tener en cuenta que durante los más de veinte años en que estas encuestas han sido relevadas en Uruguay, ha ido cambiando la representatividad de las mismas. En este estudio, de manera de hacer comparables los diferentes años utilizados se han considerado únicamente los datos de la población urbana del país que reside en localidades de más de 5.000 habitantes.

B.        El cálculo del ingreso laboral

Para calcular el ingreso de los trabajadores de 40 años, consideramos individuos que cumplieran con los siguientes requisitos:

(i) Tener 40 años cumplidos al momento de la encuesta.
(ii) Declararse jefes del hogar o cónyuges del jefe.
(iii) Ser cotizantes al BPS. Previo a la encuesta de hogares ampliada de 2006 no se preguntaba al encuestado de cuál institución de la seguridad social era cotizante. Entonces, para identificar a los cotizantes al BPS utilizamos los siguientes criterios:
- Entre 2001 y 2005 tomamos en cuenta dos variables. El individuo debía declarar que por su ocupación principal o secundaria tenía derechos jubilatorios y además requerimos que los individuos estuvieran afiliados a una institución de asistencia médica colectiva (IAMC) por DISSE (de esta forma no incluimos a policías, militares ni bancarios).
- Entre 1991 y 2000 tuvimos en cuenta sólo a los individuos que declaraban tener afiliación a una IAMC por DISSE.
(iv) Consideramos solamente a trabajadores dependientes, es decir individuos que declararon ser empleados u obreros públicos o privados.
(v) Tomamos solamente individuos que trabajaran habitualmente al menos 30 horas semanales, teniendo en cuenta sus ocupaciones principal y secundaria.

Otros trabajos que calculan incentivos al retiro, como los contenidos en Gruber y Wise (1999), estiman separadamente los ingresos laborales de trabajadores casados y solteros. En nuestro caso, preferimos no hacer esta distinción por dos motivos. Primero, se debe tener en cuenta que el interés principal para realizar la distinción entre individuos casados y solteros en los trabajos consultados es evaluar si los incentivos al retiro son diferentes cuando existe un mayor número de beneficiarios potenciales, a través de la pensión por sobrevivencia. Dado que el perfil de ingresos de individuos casados y solteros podría ser diferente per sé, se estarían introduciendo al menos dos diferencias de forma simultánea entre el caso base y el caso de un individuo soltero: distinto número de beneficiarios potenciales de las prestaciones de la seguridad social y diferente perfil de ingresos. Segundo, el número de solteros de 40 años fue muy reducido, con lo cual la estimación no resultó confiable.

Tuvimos en cuenta la suma de los ingresos de las ocupaciones principal y secundaria de los individuos que cumplieran con los requisitos anteriores, pero excluimos algunas partidas que no son imponibles para la seguridad social (por ejemplo: salario vacacional, pagos en especie y otros pagos).

Tomamos sólo a los individuos con ingreso positivo y calculamos los valores de corte de los percentiles 10, 50 y 90, así como el número de casos involucrados. Luego tomamos los datos del PBI per cápita a pesos corrientes del período 1991-2005 y calculamos los cocientes de los salarios y el PBI per cápita (Cuadro B1).


Realizamos algunos chequeos previos a la extrapolación hacia 1970. En primer lugar, verificamos que el cociente entre salario y PBI per cápita fuera relativamente estable. Segundo, verificamos que el salario correspondiente al individuo pobre fuera superior al salario mínimo nacional (SMN) contemporáneo. Tercero comparamos las relaciones entre salarios y SMN, jubilación mínima y jubilación máxima (estas dos últimas según Acto9).

Algunas observaciones: (ver Cuadro B1, Cuadro B2, Figura B1, Figura B2, Figura B3 y Figura B4)


El ingreso del individuo mediano es mayor al pbi per cápita mensual. Esto no es de extrañarse debido a que estamos analizando un conjunto particular de individuos: formales, de 40 años de edad, etc. El salario de los pobres es efectivamente mayor al SMN. Los cocientes entre los niveles de ingreso de los individuos pobre y mediano y el pbi per cápita mensual, SMN, y jubilaciones mínima y máxima según Acto 9, son estables en el tiempo. No parece ocurrir lo mismo con los individuos ricos.20