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Biological Research

Print version ISSN 0716-9760

Biol. Res. vol.34 no.3-4 Santiago  2001

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-97602001000300005 

Biophilosophical and epistemological problems in the
study of living beings: Reflections on the views of
Humberto Maturana

Problemas biofilosóficos y epistemológicos en el estudio de los seres vivos:
En diálogo con el pensamiento de Humberto Maturana Romesín

ALEJANDRO SERANI-MERLO

Facultad de Medicina, Universidad de los Andes,Santiago, Chile

Corresponding author: Alejandro Serani-Merlo. Facultad de Medicina. Universidad de los Andes. San Carlos de Apoquindo 2200, Las Condes. Santiago 6782468. CHILE. Telephone: (56-2) 214-1258. Fax : (56-2) 214-1752. . E mail: aserani@uandes.cl

Received: April 12, 2001. Accepted: June 20, 2001

ABSTRACT

Theories on the nature of living beings have been present in our culture since the beginnings of science and philosophy in ancient Greece. The two major theoretical approaches to living beings, philosophical mechanism and Aristotelian realism, appear today with renewed force in almost every confrontation concerning the theoretical considerations of life. In recent times a strong and prolific school of thought has risen, headed by the Chilean neurobiologist Humberto Maturana. This author and his school have developed a complex and articulated theoretical system beginning with a theory of living beings and a `biology of cognition,' and extending to ethical, political, and even metaphysical considerations. This work is one of the first efforts to perform a scholarly analysis of Maturana's doctrines on living beings, starting with the analysis of "On machines and living beings". The book's introduction is placed under scrutiny in this paper. A strongly mechanist philosophical manifesto is dogmatically stated at the beginning of a supposedly purely scientific approach. The challenges for a rational foundation of philosophical mechanism are critically highlighted and briefly discussed. (Biol Res 2001; 34 3-4: 179-189)

 

Key words: biophilosophy; determinism; philosophical mechanism; finality.

Abreviaturas: AC, El árbol del conocimiento; AN, Le hasard et la nécessité; BCEp, Biología de la cognición y epistemología; MSV, De máquinas y seres vivos

INTRODUCCION

En el estudio de los seres vivos nada es más evidente y cercano a nosotros que la constatación de su existencia y de su diversidad, no obstante lo anterior, nada parece haber resultado tan difícil como el precisar adecuadamente en qué consiste su especificidad. Alimentando esta paradoja, los planteamientos teóricos suscitados desde el nacimiento mismo de la ciencia y de la filosofía en la Grecia clásica, en posturas diversas y contrastantes, se mantienen con vitalidad no desmedrada, reapareciendo de tanto en tanto bajo formas variadas.

En los últimos treinta años ha surgido en Chile una influyente corriente de pensamiento que, a partir de un circunstanciado planteamiento en lo tocante a la naturaleza de los seres vivos, ha ido ampliando su alcance a cuestiones gnoseológicas, epistemológicas, políticas y aun metafísicas. Esta línea o escuela de pensamiento tiene su origen principal en la obra del profesor Humberto Maturana Romesín, y cuenta hoy en día con destacados representantes como Francisco Varela, Fernando Flores y Alfredo Ruiz, entre otros.

Alcanzar una idea precisa de los planteamientos de esta prolífica escuela, requiere de esfuerzo arduo de lectura, comprensión, ordenamiento, explicitación y valoración crítica. Establecer un diálogo que enriquezca y estimule la vida intelectual en torno a estos temas; capitalizar los elementos de valor que surjan de esta confrontación, y llegar con estas reflexiones de un modo asequible más allá del restringido círculo de eruditos y expertos, es tarea en gran medida pendiente.

 

ALCANCE Y MÉTODO

Este trabajo no intenta examinar en toda su amplitud la temática abordada por los autores mencionados, y se centra solamente en su doctrina acerca de los seres vivos y en sus proyecciones inmediatas en la teoría del conocimiento. Es a partir de estos planteamientos que surgen, en buena medida, las derivaciones hacia el campo ético, político y metafísico, de ahí el interés de comenzar por ellos.

La presente investigación queda también acotada a la obra del profesor Humberto Maturana, la que, en la parte que más interesa a este estudio, ha sido realizada de modo muy importante en colaboración con Francisco Varela, quién fuera su alumno y luego, colega de investigaciones. Se analiza el pensamiento del autor, a partir de su primer trabajo de síntesis publicado en castellano, en colaboración con F. Varela. Se trata del libro: `De máquinas y seres vivos', (Maturana & Varela, 1972) que junto con `El árbol del conocimiento' (Maturana & Varela, 1984) son sus obras más difundidas e influyentes. En lo pertinente se utilizarán elementos de comprensión aparecidos en obras posteriores.

Noticia biográfica

Humberto Maturana Romesín, biólogo chileno, nacido en el año 1928, ha desarrollado casi toda su carrera académica como investigador y profesor de Biología en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile. Luego de sus estudios secundarios en el Liceo Manuel de Salas estudió primeramente la carrera de Medicina en la Universidad de Chile, hasta el cuarto año y posteriormente llevó a cabo estudios de pregrado en Biología en la misma universidad. Realizó estudios de postgrado en Londres, Inglaterra, y en Boston en los E.E.U.U. de Norteamérica. Obtuvo su doctorado en Biología en 1958 en la Universidad de Harvard, y. trabajó dos años en el Departamento de Ingeniería Eléctrica del MIT (Instituto Tecnológico de Massachussets), regresando a Chile en 1960. En el plano científico-experimental realizó investigaciones sobre neurofisiología de la percepción sensorial, particularmente en el sistema visual de ranas y aves. Es internacionalmente conocido por su actividad en el campo de la biología teórica, realizada en parte significativa en colaboración con el biólogo chileno Francisco Varela. En este último campo el profesor Maturana ha ido desarrollando a lo largo de los años un pensamiento de vasto alcance, que va desde una teoría de los seres vivos, hasta la ética y la política, pasando por lo que él denomina la biología de la cognición, que se propone como una nueva teoría del conocimiento y que constituye, en buena medida, el elemento articulador de su pensamiento.

LA INTRODUCCION AL `DE MÁQUINAS Y SERES VIVOS'

El libro De máquinas y seres vivos, publicado en castellano en 1972, es en realidad la traducción de un manuscrito que Maturana y Varela redactaron en inglés, y que -como ellos señalan- fue inicialmente rechazado para publicación en diversas revistas científicas tradicionales (Varela, 2000). Este antecedente ilustra el carácter `heterodojo' con que el medio científico tradicional percibió, desde el principio, el planteamientos teórico de Maturana y Varela; planteamiento que, no obstante lo anterior, ellos han persistido en calificar de científico y no de filosófico.

El libro se compone de cinco capítulos, más una introducción y un apéndice. Para nuestros propósitos lo más interesante se encuentra en la introducción, que será objeto de este estudio, y en los capítulos I, II, V y apéndice, que serán examinados en trabajos posteriores.

Los `sistemas vivos' como unidades autónomas

La obra se inicia con una serie de afirmaciones rotundas que contienen ya, de modo conciso, una precisión de los puntos de partida del planteamiento teórico:

"Cuando un espacio se divide en dos, nace un universo: se define una unidad. La descripción, la invención y la manipulación de unidades están en la base de toda indagación científica.

En nuestra experiencia común encontramos los sistemas vivos como unidades autónomas, asombrosamente diversas, dotadas de la capacidad de reproducirse. En estos encuentros, la autonomía es tan obviamente un rasgo esencial de los sistemas vivos, que siempre que uno observa algo que parece autónomo, la reacción espontánea es considerarlo viviente. Pero, aunque revelada de continuo en la capacidad homeostática de los sistemas vivos de conservar su identidad a través de la compensación activa de las deformaciones, la autonomía parece hasta ahora ser la más huidiza de sus propiedades.

Autonomía y diversidad, conservación de la identidad y origen de la variación en el modo como se conserva dicha identidad, son los principales desafíos lanzados por la fenomenología de los sistemas vivientes a los que los hombres han dirigido durante siglos su curiosidad acerca de la vida" [MSV, p.9]

Los conceptos clave en estos párrafos iniciales son: unidad, autonomía, sistema y fenomenología. La noción de `unidad' no queda definida o delimitada en ella misma sino que se alude a ella como aquello que es resultado de una operación divisoria en un `espacio'. Este modo `fenomenista' de definir (modus definiendi) no es accidental sino programático y aparecerá en forma recurrente.

La `autonomía', que supone la subordinación de todos los cambios de un sistema a la conservación de su propia organización [MSV p.21] y, "revelada de continuo en la capacidad...de conservar su identidad a través de la compensación activa de las deformaciones", viene afirmada, en primera instancia, como una característica de ciertas unidades, pesquisable a la observación, y percibida "obviamente" como "un rasgo esencial de los sistemas vivientes".

Aunque no explícitamente dicho, la noción de sistema vendría afirmada casi como sinónimo de unidad, o al menos como una clase particular de unidades, con lo cual las nociones de `unidad viva' o `sistema vivo' vienen a hacerse prácticamente equivalentes.

Por último, la expresión: "fenomenología" denotaría, al parecer, todo hecho empíricamente constatable, en cuanto tal, es decir deprivado de toda referencialidad a algo que pudiera aparecer o manifestarse a través del fenómeno mismo. Esta supuesta referencialidad del fenómeno será de hecho, en obras posteriores, explícitamente negada o puesta "entre paréntesis" (Maturana, 1990, Maturana 1997).

La expresión `ser vivo' es soslayada en el De máquinas y seres vivos, siendo reemplazada de modo constante por la de "sistema vivo o viviente". Como pareciera ser que la noción de ser (o realidad), tanto en el lenguaje como en el pensamiento resulta inevitable, escatimarla redunda en que el peso de su significación termina recayendo necesariamente sobre otro concepto, el que en este caso parece ser el de `sistema'. Esta constatación está en concordancia con la filiación sistémica de nuestros autores, corriente de pensamiento frente a la cual ellos mantienen permanentemente una posición ambigua, sea sintiéndose tributarios, sea desvinculándose de ella en algunas de sus conclusiones.

La noción de sistema no se encuentra delimitada, pero no parece arbitrario entenderla como un tipo de totalidad dinámica en la cual la operación del todo no es reductible al operar de ninguna de las partes. O, dicho de otro modo, en un sistema el operar global es la resultante del operar mancomunado de la multitud de elementos constituyentes.

La autonomía y la ausencia de `fuerzas organizadoras'

La experiencia común, que "encuentra" a los "sistemas vivos" como "unidades autónomas, asombrosamente diversas", señala a: "la autonomía", como el "rasgo esencial de los sistemas vivos". Tanto así que, "siempre que uno observa algo que parece autónomo, la reacción espontánea es considerarlo viviente". No obstante lo anterior, "la autonomía parece hasta ahora ser la más huidiza de sus propiedades" [MSV, p. 9]. En consecuencia, el estudio de la autonomía y de la diversidad son -para nuestros autores- "los principales desafíos lanzados por la fenomenología de los sistemas vivientes a los que los hombres han dirigido durante siglos su curiosidad acerca de la vida" [MSV. p. 9].

El pensamiento clásico, "dominado por Aristóteles", habría "creado" el vitalismo, "asignándoles a los sistemas vivos un elemento rector inmaterial finalista" [MSV. P.10]. Sin embargo, la historia de la biología mostraría que: "mientras más buscaban la formulación explícita de una u otra de esas fuerzas organizadoras especiales, más decepcionados quedaban los biólogos al hallar solamente lo mismo que en cualquiera otra parte del mundo físico: moléculas, potenciales y ciegas interacciones materiales gobernadas por leyes físicas carentes de objetivo. De ahí que, bajo la presión inevitable de la experiencia y el impulso decisivo del pensamiento cartesiano, emergiera un enfoque distinto, y que el mecanicismo ganara paulatinamente el mundo biológico, al insistir en que los únicos factores operantes en la organización de los sistemas vivos son los factores físicos y negar la necesidad de alguna fuerza inmaterial organizadora de lo vivo"[ MSV. p.10].

La diversidad, por su parte, "por obra del pensamiento cartesiano y de la genética particulada", habría dejado de ser "fuente de perplejidad", ya que estas teorías habrían conseguido explicar la diversidad y el origen de los sistemas vivientes "sin recurrir a ninguna fuerza directriz peculiar" [MSV. pp.10-11]

Es de señalar la equivalencia que parecen establecer nuestros autores entre "elemento rector inmaterial finalista" y "fuerza inmaterial organizadora"; conceptos que en ningún modo son equiparables, ya que el primero surge como una conclusión teórica interpretativa de los datos empíricos, mientras que el segundo es concebido al modo de una realidad empíricamente constatable o afirmada como tal. Esta discusión es ilustrativa acerca de como nuestros autores piensan que no se debe entender a los seres vivos. Por lo tanto, dado el modo impreciso como Maturana y Varela conceptualizan el planteamiento finalista clásico, su propia postura sistemáticamente anti-finalista se ve frecuentemente afectada de las mismas imprecisiones.

Siguiendo con su análisis histórico-doctrinal, Maturana y Varela afirman que "Hoy las dos corrientes de pensamiento representadas por la explicación físico-química y por la explicación evolutiva están entrelazadas...[tanto así que]...al parecer, estamos en un punto de la historia de la Biología en que se han eliminado las dificultades fundamentales" [MSV. p.11]. No obstante lo anterior, los biólogos, protagonistas de la proliferación de datos experimentales acerca de los sistemas vivientes, "se sienten desalentados cuando procuran mirar como un todo la fenomenología de los sistemas vivos. Muchos manifiestan este desaliento rehusando contestar la pregunta ¿qué es un sistema viviente?"[MSV. p.11]. Las teorías cibernéticas, en opinión de Maturana y Varela, serían incapaces de responder a esta pregunta, ya que -como agudamente hacen ver-, sus nociones organizadoras, "implícitamente exigen a los biólogos la comprensión fenomenológica que se quiere obtener con ellas"[MSV. p.11]. Este escueto juicio parece querer decir que la teoría cibernética supone de partida que el vivo es una máquina cibernética, con entradas y salidas, mientras que eso es justamente lo que se trata de probar. En definitiva, y haciéndose lejano eco de una conocida fórmula retórica de Aristóteles (Metafísica, Z 1 1028b 3-4), nuestros autores expresan: "La pregunta siempre presente es: ¿Qué tienen en común todos los sistemas vivos que nos permite calificarlos de tales?, si no es una fuerza vital, si no es alguna clase de principio organizativo, ¿qué es entonces?" [MSV. p.11].

Jacques Monod (1970), quién negando la existencia de toda finalidad, caracteriza sin embargo a los seres vivos como aquellos seres naturales que poseen un "proyecto" inmanente [AN p. 25], habría intentado -según Maturana y Varela- una respuesta a través del planteamiento de una organización teleonómica de naturaleza molecular, esto es, la "subordinación de la organización individual a un plan definido por la especie"[MSV p.12]. Para nuestros autores, y sin que haya lugar a mayores explicaciones, "las nociones teleonómicas dejan intocada en lo esencial la cuestión de la organización de la unidad viva" [MSV. p.12]. Esta será, por lo demás, la crítica permanente que Maturana esgrimirá contra el pensamiento evolucionista darwiniano, el que -según su opinión- tiende permanentemente a subordinar el individuo a la especie, y que tiende también como en el neodarwinismo de Monod a la hipertrofia del genoma como núcleo molecular en el que ese "proyecto" se encuentra encarnado. Esta crítica no obsta a que nuestros autores admitan que el gran aporte del pensamiento darwiniano habría estado en "explicar la diversidad y su origen sin recurrir a ninguna fuerza directriz peculiar" [MSV pp.10 -11].

COMENTARIO

Nuestro autor principal se presenta a sí mismo, como un biólogo que reflexiona científicamente acerca de la vida y acerca de la biología del conocer. Este modo de presentarse podría conducir a equívocos. Maturana hace notar con toda razón, en distintos lugares de su extensa obra, la necesidad de distinguir una pluralidad de dominios explicativos autónomos, y la necesidad de ser rigurosos en cuanto a no amalgamar explicaciones de dominios explicativos heterogéneos. En consecuencia, intentaremos precisar cual es el dominio explicativo en el que se mueve el discurso del doctor Maturana, con el objeto de poder juzgar acerca de su coherencia interna y de su validez.

Es claro que el profesor Maturana pretende que su discurso tenga validez científica, y así lo expresa con frecuencia. No es menos claro, sin embargo, que su modo de `hacer' ciencia no es el habitual: "Con mucha frecuencia, se supone que la observación y la experimentación deberían revelar la naturaleza de los sistemas vivientes, y no se cree necesario para caracterizar el organismo vivo ningún análisis teórico. Sería muy largo exponer por qué discrepamos de este empirismo extremado. Diremos simplemente que argumentos epistemológicos e históricos justifican con creces la opinión contraria: ningún experimento ni observación son significativos a menos que se hagan e interpreten dentro de un marco teórico explícito". [MSV p.26]

El profesor Maturana parece estar en lo cierto al reconocer que hoy en día, "con mucha frecuencia", se sostiene ese "empirismo extremado", que con plena conciencia de su tarea él intenta contrarrestar. Admitamos entonces que si bien es cierto que el planteamiento del `De máquinas' intenta ser científico, no lo será en el sentido habitual de lo que se califica como empirismo extremado, sino que incorporará una proporción no despreciable de teorización. Resulta pertinente, por lo tanto, intentar precisar qué entiende el `De máquinas' por `científico' . Para esto deberá determinarse cuál es el punto de partida de su especulación y cual el alcance de sus conclusiones.

El punto de partida

Nuestros autores dan comienzo a su obra aludiendo a dos hechos de experiencia: la autonomía y la diversidad de los vivientes, dos hechos que, con razón, han llamado la atención de los biólogos de todos los tiempos. El somero análisis histórico llevado a cabo en la introducción del De máquinas y seres vivos mostraría que, en la tentativa por dar cuenta de la autonomía y la diversidad de los vivientes, se habrían enfrentado dos posturas teóricas fundamentales: el vitalismo, según nuestros autores, "creado" por "el pensamiento clásico, dominado por Aristóteles" y el mecanicismo surgido de "la presión inevitable de la experiencia y el impulso decisivo del pensamiento cartesiano". Sin hacer mayores distinciones entre el realismo aristotélico referido a la existencia de "un elemento rector inmaterial finalista" y las doctrinas vitalistas post-cartesianas que son las únicas que en realidad postulan la existencia de "fuerzas organizadoras especiales", el `De máquinas' proclama el triunfo inapelable, y al parecer definitivo, del mecanicismo sobre el vitalismo, como consecuencia de la imposibilidad de sustentar la existencia de estas "fuerzas organizadoras" y el sólo hallazgo, por parte de los biólogos, de "lo mismo que en cualquiera otra parte del mundo físico: moléculas, potenciales y ciegas interacciones materiales gobernadas por leyes físicas carentes de objetivo".

La tajante afirmación hecha en la introducción: "Nuestro enfoque será mecanicista", no parece ser trivial. Se trata, en efecto, de un punto de partida, y sabemos que es en ellos donde se juega el carácter y el destino de una teoría. En la consideración de los planteamientos teóricos acerca de la naturaleza de los seres vivos, el mecanicismo es tenido habitualmente por una doctrina `filosófica', la que por lo demás no tiene su origen histórico en Descartes sino que remonta a los filósofos presocráticos. Llama la atención que un planteamiento que, como el del profesor Maturana, se pretende `científico', comience de modo tan categórico y explícito adscribiéndose a una doctrina de tipo `filosófico'. Y esto no en un sentido colateral, sino para apoyarse en ella como punto de partida. Esto último no tiene en sí mismo nada de objetable, pero en el contexto contemporáneo del uso de los términos, y en estricto rigor epistemológico, no cabe duda que se presta a confusiones. Precisemos, entonces, y sin cuestionar de entrada el carácter de cientificidad que pueda o no tener la doctrina del `De máquinas', que es claro que este planteamiento introductorio al `De máquinas' se acerca más a un tipo de discurso que se designaría hoy en día con las expresiones de `filosofía', `biofilosofía', o aún,'biología teórica', que a lo que se designa como `ciencia natural experimental' en el sentido más concreto, preciso y restringido del término.

Nos encontramos, en consecuencia, desde la partida, frente a una doctrina con claras connotaciones teóricas o filosóficas, con todo lo que esto implica en cuanto a la exigencia de justificación. No obstante lo anterior, los autores del `De máquinas', no parecen estar muy dispuestos a justificar sus puntos de partida, sino que luego de un expeditivo examen histórico lo dan por autoevidente. La consecuencia epistemológica implícita en este proceder, es que la ciencia biológica moderna, para ser tal, no podría sino dar por válida una postura filosófica, y más precisamente, la filosofía mecanicista. Una tal afirmación es una afirmación filosófica y no puede ser dada por válida sin más en el ámbito de la ciencia experimental. Maturana mismo nos precave, en otra obra, contra este tipo de falacias: "los científicos...procuramos ser impecables en no confundir dominios...y a menos que yo sea cuidadoso en mi reflexión me puede pasar eso" [BCEp p.45]

Como ha sido lúcidamente expresado, en nuestros días, por Jonas (1966) y Serani-Merlo, (2000), buena parte de los autores contemporáneos dedicados a cuestiones teóricas de la biología incurren en este salto lógico, dando por supuestos como válidos, sin justificación, los postulados de la filosofía mecanicista.

Escuelas biofilosóficas

De modo muy simplificado podríamos decir que se han propuesto a través de la historia tres doctrinas principales en relación a la naturaleza de los seres vivos: la doctrina mecanicista, el vitalismo y el realismo aristotélico. En realidad, éstas podrían ser incluso reducidas a dos, ya que el vitalismo es una suerte de híbrido doctrinal que surge como un intento por dar respuesta al planteamiento mecanicista, pero que implícitamente acepta sus mismos postulados iniciales, sin admitir sus conclusiones. Según esta interpretación, el vitalismo se encontraría, aunque sus autores de hecho no lo pretendan así, en la misma esfera conceptual del mecanicismo. En efecto, el vitalismo pretende adicionar, al supuesto conjunto desarticulado de átomos y moléculas -que según el mecanicismo son los componentes básicos del ser vivo, una `fuerza', a la vez inmaterial y eficiente, que daría unidad, organización y coherencia al todo. En realidad, y con toda razón, tanto el mecanicismo como el pensamiento aristotélico reniegan del vitalismo; desde el punto de vista experimental, el primero, y desde el punto de vista teórico, el segundo, haciendo ver tanto la irrealidad física como el absurdo conceptual de una tal `fuerza' vital, que sería a la vez inmaterial y física.

El mecanicismo como doctrina filosófica

No es este el lugar para formular una crítica en regla del mecanicismo filosófico. Sin embargo, lo que sí interesa dejar establecido, es el carácter filosófico del planteamiento materialista, y la naturaleza de sus opciones teóricas. El objetivo primario de este análisis es el de delimitar epistemológicamente el dominio de validez y el criterio de validación de las explicaciones contenidas en el `De máquinas'.

Para hacer más patente el carácter filosófico de la doctrina mecanicista consideraremos a modo de ejemplo algunas de sus tesis. La afirmación de la existencia de "ciegas interacciones materiales gobernadas por leyes carentes de objetivos", la reducción de los fenómenos biológicos a los fenómenos físico-químicos, la consideración empirista del universo físico, la negación de la existencia de una finalidad inmanente a la realidad natural, se establecen como principios filosóficos autoevidentes que no parecen necesitar fundamentación. Examinemos brevemente la fuerza de algunas de estas pretendidas evidencias.

El objeto de estudio de la biología como ciencia autónoma

El hecho que los biólogos al examinar a los seres vivos sólo se encuentren con "moléculas, potenciales y ciegas

interacciones materiales gobernadas por leyes físicas carentes de objetivo" "lo mismo que en cualquiera otra parte del mundo físico", probaría -según el mecanicismo- que "los factores físicos son los únicos operantes en la organización de los sistemas vivos" y permitiría "negar la necesidad de alguna fuerza inmaterial organizadora de lo vivo". Ahora bien, y sometidas a un examen crítico estas aseveraciones: ¿es tan evidente que los biólogos al investigar los seres vivos "sólo" encuentren: "moléculas, potenciales y ciegas interacciones materiales gobernadas por leyes físicas carentes de objetivo"?

En la experiencia corriente lo primero que parecen encontrar los biólogos son hongos, plantas, insectos, aves, peces, anfibios y reptiles, en lugares bastante circunscritos y no "moléculas, potenciales y ciegas interacciones materiales" "lo mismo que en cualquiera otra parte del mundo físico". De hecho, una parte muy sustantiva de la biología consiste en observar, describir, entender, ordenar y clasificar la inmensa variedad de seres vivientes, intentando observar su comportamiento en sus nichos naturales, y no se puede decir, en ningún caso, que esta tarea esté concluida.

El sesgo profesional adquirido por la aplicación habitual a la biología molecular, la biofísica o la bioquímica puede constituir un riesgo a la hora de precisar con rigor epistemológico el punto de partida real de la biología como ciencia. Contrariamente a lo que nos han acostumbrado los grandes teóricos de la ciencia de los dos siglos pasados como Poincaré, Duhem, Bunge y Popper, provenientes de las matemáticas y de la física, la biología sí puede pretender de pleno derecho al carácter de cientificidad, sin necesidad de tomar prestados los criterios epistemológicos de las matemáticas, la física o la química. La biología tiene un punto de partida epistemológico propio, definido y claro, y este no es otro que el que nos es dado en la observación, descripción y comprensión de los seres vivos íntegros, funcionando en su entorno natural. Lo primero que encuentran los biólogos frente a ellos son seres vivos interactuando libremente, y no cadáveres disecados, cortes histológicos, homogenizados bioquímicos o registros electrofisiológicos. Es surgiendo de ese punto de partida que idealmente todo debe comenzar, y es en esa realidad donde en definitiva se coteja la validez o no de las afirmaciones científicas biológicas, y no en un postulado abstracto idealmente matematizable. Esta es la razón del interés de los biólogos naturalistas de poder observar su objeto de estudio con el mínimo de interferencias, y de la necesidad permanente del morfólogo y del fisiólogo de cotejar en el animal intacto que lo que él observa en su microscopio o en sus registros no es un puro artefacto experimental.

Inconsistencias de la visión atomista de los seres vivos

Avanzando un paso más, podría objetarse, como más de alguno ha hecho notar con agudeza, que moléculas, átomos y electrones aislados son, por relación a los seres vivos, y en estricto rigor experimental, `productos de descomposición'. Moléculas, átomos y partículas subatómicas son lo que aparece cuando ya no hay ser vivo. Estos elementos físico-químicos serían aquello en lo que se descompone el ser vivo cuando éste se destruye en totalidad o en parte, y no aquello que por su conjunción lo produce sin más. Parecería, en efecto, que siempre que los vemos incorporarse a un ser vivo, el ser vivo ya precede a la existencia de estos materiales. Parece ser necesario reconocer que, en rigor, y por lo menos hasta el momento presente, jamás científico alguno ha observado el surgimiento de un ser vivo a partir de una colección de materiales inorgánicos, sin la mediación de un ser vivo preexistente. Siempre que hay incorporación de elementos físico-químicos a un ser vivo, la existencia del ser vivo se encuentra presupuesta. Mal podría concluirse que los elementos moleculares dan cuenta per se de la existencia de algo que existencialmente los precede y que les otorga su carácter de partes.

Examinando el problema en perspectiva histórica no está tampoco demás considerar que en la biología del siglo XIX se tuvo por un gran avance, justamente lo contrario a la tesis atomista; es decir, la refutación experimental de la tesis de la generación espontánea, o la formación de lo vivo a partir de lo no-vivo (Pasteur, circa 1860; Vial Correa, 1999).

En consecuencia, pareciera ser que la afirmación del surgimiento de la vida a partir de átomos y moléculas no pasa de ser, en la hora actual, y en estricto rigor epistemológico, una inferencia más o menos fundada o una hipótesis científica, sin sustento experimental próximo, salvo experiencias de alcance limitado. Por lo tanto, y por razones estrictamente experimentales, mal podría afirmarse a partir de la sola constatación empírica, que los factores aislados o elementos físico-químicos resultantes de la descomposición de la vida son los únicos operantes en la organización de los vivientes.

¿Interacciones `ciegas' o `discriminantes'?

En lo que se refiere a la descripción que hace el mecanicismo del mundo inorgánico, como el ámbito de las "ciegas interacciones materiales gobernadas por leyes físicas carentes de objetivo", se puede argüir que esta conceptualización no parece conciliarse de modo tan evidente con algunos hallazgos de la física y la química experimental moderna. La compleja tabla periódica de afinidades y repulsiones atómicas de Mendeleiev, por ejemplo, parece sugerir otra cosa. El mundo inorgánico se revela en ella constreñido a interacciones específicas con determinismos dinámicos fuertes que definen ámbitos de rechazos y atracciones moleculares y atómicas específicas. Un átomo de cloro no interactúa estableciendo uniones o `enlaces', con cualquier otro átomo sino que cuenta con un rango limitado de interacciones posibles ejecutando genuinas operaciones de `discriminación'. No se ve con claridad, en consecuencia, a qué se apunta con la expresión de: "ciegas interacciones materiales".

¿Leyes carentes de objetivo?

Cuesta entender el sentido concreto que se pueda dar a la expresión de interacciones materiales, "gobernadas por leyes carentes de objetivos". Desde un punto de vista estricto se podría pensar que las leyes en su significado propio y cualesquiera éstas sean, sólo existen en la mente humana. En este sentido, la expresión de `leyes' de la naturaleza no pasaría de ser un antropomorfismo proveniente del ámbito jurídico, todo lo útil que pueda ser pero antropomorfismo al fin. Aún así, y en la hipótesis de que se quisiese aceptar esta metáfora jurídica para la comprensión de la naturaleza, no aparece con evidencia qué es lo que haya que entender por una ley que gobierna pero que no tiene objetivo, ni menos tampoco cómo algo carente de objetivo podría guiar interacciones ciegas. Es cierto que es posible llegar a establecer `leyes' de la secreción de adrenalina por parte de la glándula suprarrenal, o de la propagación de la depolarización en los axones nerviosos, del mismo modo que la ley de gravedad para la caída de los cuerpos, pero eso no quiere decir que la glándula suprarrenal, el axon o los cuerpos graves `obedezcan' a una ley. La ley no hace sino enunciar el determinismo propio inherente a cada uno de los entes a los que se refiere. A la ciencia experimental le podrá bastar con constatar empíricamente la existencia de esos múltiples determinismos, y expresarlos al modo de leyes o modelos, según más le acomode para sus propósitos experimentales, pero la filosofía de la naturaleza en cambio, parece tener el deber de hacerse cargo de ellos en sí mismos, por más difícil que pueda resultar el comprenderlos.

La negativa mecanicista a reconocer la existencia de genuinos determinismos biológicos y no biológicos, no reductibles a interacciones espaciales neutras, involucrada en la expresión de "ciegas interacciones materiales", y de "leyes físicas carentes de objetivo", pretende resolver el problema de la finalidad inmanente en los seres vivos retrotrayendo el determinismo operativo de los fenómenos biológicos al resultado de una suma de fenómenos físicos, con lo que no se hace sino postergar la resolución del problema, ya que una vez llevada a cabo esta reducción, queda pendiente la explicación de la naturaleza del determinismo de los entes inorgánicos. ¿Se resuelven también estos determinismos en las propiedades de las partículas atómicas y subatómicas? ¿ Y éstas propiedades de las partículas subatómicas se resuelven también en las de otras subpartículas? ¿Y así sucesivamente hasta el infinito o hasta encontrar un supuesto indivisible (á-tomo) del cual se afirman sus propiedades activas de modo dogmático, y las que en virtud de un colosal vis a tergo son las que dan cuenta en definitiva de todo el dinamismo del universo?

Los entes físicos conocidos (moléculas, átomos, partículas y subpartículas) , al igual que las realidades biológicas muestran determinismos discriminatorios irreductibles, en cierto sentido mucho más inaccesibles a la experimentación directa que los que operan en los seres vivos; contrariamente a lo que una clasificación entre ciencias `duras' y ciencias `blandas' pareciera darlo a entender. De hecho, y a diferencia de lo que ocurre en la biología, el acceso a la intelección directa de las entidades físicas suele estar mediatizado por la utilización de complejos y sofisticados instrumentos y de no menos complejas y sofisticadas teorías.

 

Determinismo y finalidad inmanente

El tema de la existencia o no de determinismos operativos en los fenómenos naturales orgánicos e inorgánicos, su originalidad, diversidad y ordenación jerárquica, no es trivial para una eventual sustentación rigurosa del mecanicismo. El tema tan debatido entre los científicos y epistemólogos del siglo XIX acerca de la necesidad de la existencia de determinismos, como fundamento para la `cientificidad' de la ciencia, no hace sino ocultar otro tema del cual el positivismo moderno creía haberse definitivamente liberado. En realidad, el determinismo no es sino el equivalente `empiriológico' de otro tema propio de la filosofía natural como es el de la existencia de una finalidad inmanente o intrínseca a cada uno de los entes de la naturaleza, abstracción hecha de la existencia o no de una finalidad global del universo, que es un tema que parece escapar a la filosofía de la naturaleza. Es en éste operar finalizado, inmanente a cada uno de los seres naturales, vivientes o no, donde la filosofía natural clásica creyó encontrar la justificación racional última de los determinismos empíricamente constatables. Al afirmar dogmáticamente que los determinismos físicos no son sino las regularidades empíricamente constatables, negándose a fundamentarlos en algo más que el expediente del recurso a la metáfora jurídica de las `leyes de la naturaleza', el mecanicismo positivista creyó poder deshacerse para siempre de la necesidad de fundamentar la constatación de estas regularidades en afinidades específicas y propiedades discriminatorias inherentes a los entes naturales. Más simple parece haber resultado el atribuir en globo, todo el dinamismo y la diversificación de la naturaleza, a las interacciones de un puñado de huidizas partículas, dotadas de ciertas propiedades fundamentales de la materia, gobernadas por un número mínimo de `leyes' o `fuerzas' físicas también fundamentales. Este recurso a la `fundamentalidad' de propiedades, fuerzas y leyes físicas oculta apenas la circunstancia evidente que se trata de propiedades, leyes o fuerzas infundamentadas o infundamentables, más allá de una mera constatación experimental de facto. Siendo cierto que la ciencia experimental puede seguir haciendo su trabajo sin problemas apoyándose solamente en regularidades o determinismos que no tienen más justificación que la experiencia, la filosofía de la naturaleza no puede permanecer sin encontrarse en la permanente búsqueda de fundamentaciones de razón.

CONCLUSIONES

Las consideraciones precedentes han tenido por objeto establecer el carácter epistemológico de los puntos de partida de los planteamientos del De máquinas y seres vivos. Este esclarecimiento resulta indispensable en el cumplimiento del desafío exigente que Maturana propone a todo científico, en el sentido de "ser impecables en no confundir dominios"[BCEp p.45].

Parece desprenderse con claridad a partir de lo examinado que las teorizaciones contenidas en el `De máquinas' suponen una toma de posición `filosófica' en la línea mecanicista. Con este tipo de designación sólo queremos apuntar, por el momento, a distinguir estos planteamientos de otros que pudieran calificarse de `científicos', en el sentido usual y restringido en que hoy se entiende esta palabra. No se quiere con esto descartar la posibilidad que los juicios o explicaciones que hemos llamado `filosóficos' puedan también ser considerados `científicos', ya no en el sentido circunscrito de ciencia experimental, sino en un sentido más amplio. Esta precisión epistemológica nos parece de la máxima importancia en el comienzo de nuestro `periplo' por la obra del profesor Maturana. Buena parte de las conclusiones que él extrae en su larga y diversificada obra sólo pueden juzgarse a la luz de estas clarificaciones.

Se hizo notar que los autores del De máquinas y seres vivos, no se extienden en una justificación de su punto de partida, por lo que es posible colegir, inclusive a partir de lo que ellos mismos explícitamente declaran, que consideran que ese punto de partida es de suyo evidente, y que no requiere en definitiva de mayor justificación. Se han señalado en este trabajo, de modo muy esquemático, evidencias que ponen en tela de juicio que las pretendidas evidencias del mecanicismo sean tales, y que, de ser ciertas, pondrían en entredicho la solidez científica del edificio teórico del mecanicismo filosófico, considerando desde luego la noción de ciencia en un sentido amplio al que parece invitarnos Maturana.

De lo dicho debiera desprenderse que, en realidad, las características distintivas, por una parte, y la fuerza o la debilidad de un desarrollo teórico, por otra, se encuentran en estricta dependencia de las evidencias que se toman como puntos de partida de este desarrollo teórico. Todo esto, obviamente, en el supuesto que ese desarrollo teórico sea llevado a cabo de modo coherente; lo que se encontraría implícito en la noción de un desarrollo teórico que aspire a la cientificidad.

El tema de las evidencias parecería ser la cuestión capital del conocimiento en general, y las evidencias primeras el de aquel saber `específico' que llamamos filosofía. De lo anterior se sigue que la cuestión esencial en la valoración última del saber humano parece descansar más en la adecuada intelección de evidencias primeras que en la obtención mediata de verdades por vía de razonamiento.

La naturaleza `última' de los seres vivos, cuya precisión intelectual es tarea específica de ese `saber de ultimidades' que se ha dado en llamar `filosofía', es captada en una experiencia intelectual a la vez cercana y compleja. Habrá posibilidades de avanzar en la comprensión de esta complejidad toda vez que no se la niegue de modo expeditivo.

RECONOCIMIENTOS

Este trabajo fue realizado como parte del Proyecto FONDECYT 1000499. Agradezco al Dr. Luis Michea Acevedo y a la Dra. Maritza Busquets Calvanese por sus comentarios certeros y constructivos en su lectura crítica del manuscrito final.

REFERENCIAS

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MATURANA H, VARELA F (1972) De máquinas y seres vivos, Santiago de Chile: Editorial Universitaria. [Existe una nueva edición de 1994, que ha sido enriquecida por sendos y extensos prólogos de Maturana y Varela. En esta edición los autores adicionan un subtítulo a la obra (Autopoiesis: La organización de lo vivo) que, como explica Maturana, debió haber sido el título de la primera edición.         [ Links ]]

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