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Literatura y lingüística

versión impresa ISSN 0716-5811

Lit. lingüíst.  n.21 Santiago  2010

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-58112010000100011 

Literatura y Lingüistica N° 21 ISSN 0716-5811 /pp. 135-37

PRESENTACIONES Y RESEÑAS

 

Poemas

Esteban Gumucio ss. cc.

Santiago: Congregación de los Sagrados Corazones, 2005.236 pp.

 

Noventa y siete poemas de Esteban Gumucio ss.cc. (1914-2001) reúne el presente libro. En la "Presentación" (pp.7-8), Eduardo Pérez-Cotapos Larraín ss.cc. nos precave acerca del propósito de este tomo, aparecido después de la muerte del autor: "ofrecer un conjunto no muy abultado de sus mejores producciones, que abarque un abanico amplio de temáticas" (8). Asimismo se nos informa, como comprobamos en notas al pie y en la bibliografía final, que algunos de estos textos aparecieron en poemarios anteriores del autor, como Cantar del niño dolido (Santiago: Congregación de los Sagrados Corazones, 1979), Canto desde el centro de la libertad. Selección de cuentos y poemas (Santiago: Rehue, 1989), y Escritos (Santiago: Rehue, Congregación de los Sagrados Corazones; 1994); otros poemas, en revistas pastorales; pero otros, los más, fueron trabajos inéditos hasta ahora. Editados por Natacha Pavlovic (1977), los poemas cuentan con notas sobre otros poemarios de Gumucio, sobre usos del habla local chilena, y, en especial, acerca de textos bíblicos, que son la principal fuente de las referencias. El libro presenta, además, seis ilustraciones de Claudio Di Girólamo, una de Guillermo Rosas, y las de portada y contraportada de Nelson Plaza; todas, en exclusiva para esta edición. Las solapas se extienden en datos biográficos de Gumucio, especialmente en cuanto a su ministerio sacerdotal, y, en menor proporción, en datos sobre Pavlovic, autora de Esteban Gumucio en la memoria de los suyos (Santiago: Congregación de los Sagrados Corazones, 2004). Pérez-Cotapos nos advierte que el volumen está parcelado temáticamente, lo cual procede sin que los temas sean explicitados: cada sección sólo lleva un epígrafe de unos pocos versos del autor. Por lo demás, según va oyendo el firmante de esta reseña, los temas del libro se muestran y se ocultan con autonomía, a cierta distancia de toda intencionalidad editora; de ahí que sea mejor intentar seguirlos en sus manifestaciones. A continuación, mostraré mi seguimiento mediante aquellos poemas que me parecen los mejores, para ofrecer luego una valoración del libro en conjunto.

"Discípulos" (41-42) reescribe el episodio evangélico de Emaús, en que los apóstoles se encuentran con Jesús resucitado sin reconocerlo inmediatamente; la anáfora "serían las cuatro de la tarde" otorga dimensión de eternidad a ese trozo de tiempo. Con ritmo de cuna, "Ella lo llama «mi niño»" (55) canta la relación entre el Dios pequeño y su madre, en un flujo referido y recreado: "de su leche María / le da sangre al Redentor / [... ] aquel niño da a su madre / secretos del mismo Dios". En "¿Cómo llamarla?" (62-63), una lista de nombres tentativos: "emperatriz de los pañales, / reina de las ollas, / [...] protectora de Juan,/mensajera de paz en las pellejerías,/ [...] amiga de madres solteras,/ [...] mamá que se las rebusca, / mamá con olor a leche", culmina en "mujer que se inclina sólo a Dios. / María, Madre de Jesús", como en un bautismo. "Invierno (en cesantía)" (119) está en voz de "Carlos Antonio Pérez, cesante, / ilustre candidato al cementerio", quien estoicamente termina por asegurar que "en mortaja me llevan las banderas de mi patria / azul y blanco y rojo; hambre, frío y viento". El poema "11 de septiembre de 1973" (131), en escueta descripción de una ciudad, lamenta el suceso chileno en versos lacónicos: "Niños muertos. / Los palacios / sin ternura / en las altas avenidas", donde el encabalgamiento es verdadero aliento cortado. "Cantata de los Derechos Humanos" (156-164), en sus siete partes ("Introducción", "Presentación de Caín", "Presentación de Abel", "Conflicto", "Desenlace", "Salmo71. Glosa" y "Coro final"), reubica la historia de Caín y Abel en suelo americano; según la nota al pie, la composición fue estrenada, con música de Alejandro Guarello, en la Catedral de Santiago el 25 de noviembre de 1978, y luego difundida discográficamente. El poema "Siete ríos" (167) vuelve al verso de arte menor: "Cada pequeño salta, / tras una estrella; / siete veces se cae, /por ser poeta", animado con anafórica ternura. "Cuadro de la mañana" (222), en clave visual, es el asombro ante la belleza del cotidiano despertar humano: "Es que no se puede pintar el olor a café con leche /[...] Todo quiere salir del living [... ] a revolotear por la Cordillera. / Pero píntala discreta, / apenas unas líneas de campo te bastarán /[...] olvídate del carmesí, / todavía no es hora", cuya inmensidad desafía y desborda cualquier intento de registro pictórico. Es ésta, en fin, una extensa e intensa congregación de poemas.

Gumucio no prefiere ningún esquema de versificación en especial; en el poema de pocos versos y en el de varias carillas, frecuenta la canción, la respiración larga semejante a la prosa, y la combinación de medidas, entre otros expedientes formales. El marcado énfasis vital de esta poesía encuentra en esa pluralidad sus formas precisas, y cuando no, su camino de precisión. La claridad expositiva es un rasgo asimismo predominante: vemos diversas figuras de Cristo, el desempleo de un hombre en particular, la noche de Navidad, un joven arribista, los Huilliches, la dictadura militar chilena y otros objetos; es decir, siempre tenemos certeza inmediata acerca de qué trata un poema. No obstante, en esta superficie de asunto plural, se oye un solo y ronco compás: el pulso ético del poeta Esteban Gumucio. Por eso es difícil juzgar de modo puramente formal, técnico, composiciones como "Cantata de los Derechos Humanos", donde el fervor por la dignidad humana tiende a adelantarse, en la percepción del lector, a su justo equilibrio respecto de la forma plasmada; Gumucio pulsa fibras todavía resentidas de la sociedad chilena... Pero el poeta ofrece poemas, y no crónicas o artículos de opinión; sin perjuicio de incluir esos y otros registros, sus poemas también piden ser leídos como poemas. Y es que esta poesía no zozobra en lo onírico ni en el hermetismo, aguas ni siquiera visitadas. Su fragilidad reside precisamente donde habita su fortaleza: en la claridad que devino didacticismo, y en la humana temperatura que se interpuso; como ocurre en "Palabras huilliches" (201-202), cuya reiteración "¿Sabe usted...?" sólo en la mitad libera al texto de su pura referencialidad para convertirlo en poema, y terminar: "¿Sabe acariciar la noche y tocar la tierra con las dos manos al amanecer? / ¿Sabe cantarle a la muerte y esperarla de pie?". Fragmento que es legítimo hermano de la religiosidad e indigenismo de Ernesto Cardenal y del Neruda de Canto general. En cualquier caso, el poeta va de cara al misterio y, atento a la inminencia de un rostro, es así como nos lo enseña: inagotable... De ahí que esta publicación nos ayude a volver con gratitud sobre una pista a veces extraviada en los estudios literarios: el poema es comunicación, reedición de humanidad. Por eso, agradezcamos también el trabajo de Natacha Pavlovic, que verdaderamente facilita el encuentro con la poesía de Esteban Gumucio ss.cc. Así, postumamente, asistimos a una cita donde se inaugura otra temporalidad.

Dr. © Roberto Onell H.
Pontificia Universidad Católica de Chile