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Literatura y lingüística

Print version ISSN 0716-5811

Lit. lingüíst.  no.17 Santiago  2006

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-58112006000100007 

 

Literatura y Lingüítica N° 17, págs: 101-115

Literatura: artículos y monografías

 

Poli Délano y sus incursiones en el género policial*

 

Clemens A. Franken K.
Alemán-chileno
Universidad Católica de Chile, Chile
cfranken@uc.cl


Resumen:

Luego de esbozar brevemente, en un capítulo introductorio, la obra y el estilo literarios del escritor chileno Poli Délano (1936) y de definir el lugar de su obra dentro de la narrativa/cuentística chilena e hispanoamericana, se establece su cercanía formal y temática al género negro latinoamericano a través del análisis de tres cuentos y, ante todo, de la novela corta ‘Muerte de una ninfómana.

Palabras claves: narrativa chilena e hispanoamericana – relato negro – crimen pasional

Abstract:

After briefly summarizing, in an introductory Chapter, the works and literary styles of the Chilean writer Poli Délano (1936), and thus defining the place of his literary work within the Chilean and Hispanic - American Narrative / Story writing, a formal and thematic establishment of his work is concluded to be akin to Black Latin American genre through the analysis of three of his stories and, above all, the short novel entitled ‘ Death of a Nymphomaniac’.

Key words: Chilean and Hispanic - American Narrative; Black speech; passionate murder.


Introducción

El prolífero escritor chileno Poli Délano (1936), hijo del novelista Luis Enrique Délano, nace, gracias a la actividad diplomática de su padre, en Madrid, pasa parte de su adolescencia en México y Nueva York, y conoce tempranamente la ciudad de Beijing antes de establecerse en Chile, donde se convierte primero en alumno y luego en docente del famoso ex Pedagógico de la Universidad de Chile. Como hombre de izquierda es marginado del plantel docente luego del golpe militar y vive once años de exilio en México. En 1984 vuelve a Chile, incorporándose nuevamente en el quehacer cultural nacional. Tres años más tarde se convierte en el nuevo presidente de la SECH (Sociedad de Escritores Chilenos) que su padre ayudó a formar en los años treinta. Los últimos veinte años Poli Délano vive en Santiago para y de la literatura, escribiendo cuentos, relatos y novelas y organizando, entre otros, talleres de literatura.

Desde que se inició como cuentista a comienzos de los sesenta, Poli Délano ha publicado casi veinte libros entre tomos de cuentos, nouvelles y novelas. Debido a razones extraliterarias, ante todo, por ser publicadas en editoriales extranjeras, muchas de estas obras no estaban y tampoco hoy en día están en su totalidad accesibles en Chile, especialmente los textos escritos durante su exilio en México. Esta circunstancia más cierto grado de marginación por su postura política decididamente izquierdista, que se refleja, por ejemplo, en largos años de ignoración y en solo dos entrevistas por parte de la Revista de Libros de El Mercurio en la década de los noventa, hacen explicable el hecho de que su obra literaria fuera durante mucho tiempo más apreciada en el extranjero que en Chile. Los premios literarios recibidos confirman este hecho. Luego de ser laureado en Chile, durante los años sesenta, dos veces (1961 y 1969) con el Premio Municipal de Literatura, recibe en La Habana, a fines de 1973, inmediatamente después del golpe militar y estando recién en el exilio –aparentemente dentro de la lógica de la ley de la compensación–, el Premio Casa de las Américas. Sin embargo, en honor a la verdad, hay que agregar que ya en un concurso literario de esta misma casa, en el año 1970, habían quedado seleccionadas "su colección de cuentos ‘Vivario’ y la novela El cielo sucio" (Aguilera, 1992: 3). Dos años más tarde, Poli Délano obtiene el Premio Nacional de Cuento de México. Luego, en 1981, recibe el Premio Interamericano de la Revista Plural.

Tampoco en Chile faltan voces de críticos literarios y escritores que destacan el valor estético de la obra literaria de Poli Délano. Luis Aguilera menciona el "talento y la madurez narrativa de un autor cuya obra sigue entusiasmando a la crítica especializada de América" (1992: 3), Virgilio Rodríguez lo llama un "magnífico cuentista" que posee la "magia de la palabra bien trabajada" (1997: B 15), y su más joven colega Ramón Díaz Eterovic confiesa su admiración por este "amigo y maestro en el oficio de escribir historias", cuya novela Piano Bar de Solitarios, por ejemplo, "representa uno de los puntos altos de la narrativa chilena del exilio" (1996: 38). Antonio Avaria, por su parte, lo ubica entre los "[c]uentistas chilenos de cepa" que "merece atención" porque "se ha convertido, con oficio y perseverancia, en un consumado artífice del cuento de estructura sencilla, desarrollo ágil y fácil solución" (1997: E 5). Finalmente, tanto para Nelson Osorio, quien lo considera "uno de los más representativos escritores de esta América de hoy" (2001: XIV), como para José Promis, nuestro autor estudiado "[sobresale] como narrador claramente del resto de su propia generación y de aquellas que lo continúan" (2001: E4).

Poli Délano comparte con otros representantes de la generación ‘novísima’ como Ariel Dorfmann, Antonio Skármeta e Isabel Allende el inicio de su creación literaria en los sesenta, la interrupción forzosa de ésta debido al golpe militar, la experiencia del "exilio y un posterior cosmopolitismo que los ha validado, sea cual sea la razón, más allá de nuestras fronteras" (Aspurúa, 2001: 17). En su valiosa "Introducción a la lectura de Poli Délano"1, Nelson Osorio destaca como denominador común de esta generación novísima el "nuevo proyecto" y la "propuesta alternativa" que surgen en los sesenta como fruto y en el contexto de acontecimientos políticos, sociales y culturales como

"la modernización de la Iglesia Católica impulsada por el Papa Juan XXIII y el Concilio Vaticano II (1962-1965) [...], el inicio de la Teología de la Liberación [...], la aparición y rápida generalización, a partir de 1960, de la píldora anticonceptiva [...], la insurgencia estudiantil en todo el mundo, el movimiento reivindicativo del pueblo negro en Estados Unidos, el feminismo y las luchas por la liberación de la mujer [...], la guerra de Vietnam [...], la revolución cubana [...], el boom de la narrativa latinoamericana, [...]". (Osorio, 2001: III, IV y VII)

Todos estos fenómenos citados en su conjunto producen un cierto cambio del paradigma cultural conservador imperante y le otorgan al joven escritor Poli Délano el valor de tematizar los conflictos juveniles de la clase media urbana y santiaguina "desde su propia, precaria y lábil condición adolescente" (Osorio, 2001: VII). Surge así, desde el comienzo de su actividad creativa, su manera de ir "directo al grano" y de preferir "la tremenda elocuencia de los hechos" a la "paja de las palabras" (Jerez, 2002: 19). Al igual que a E. Poe, Chejov y, ante todo, Hemingway, de quien reconoce cierta influencia al comienzo de su carrera literaria, Poli Délano se destaca por "[l]a parquedad de las descripciones, la acción, los diálogos certeros" (Rodríguez, 1997: B 15) y el uso de un lenguaje coloquial. Estas características estilísticas llevan a los críticos literarios a insertar sus textos dentro de "un realismo directo, no pedestre ni pedregoso" (Avaria, 1997: E 5) o "un agudo realismo [...] a veces con humor" (Díaz Eterovic, 1996: 38). Délano agregaría, sin duda, el adjetivo "negro" al último sustantivo. Dado que su literatura, según lo manifiesta en diferentes entrevistas, no es inventada en un laboratorio, una biblioteca o una oficina, sino reflejo de una vida que se nutre tanto de la calle como de la pequeña historia personal y de la con mayúscula, no sorprende que sus personajes "están sumidos en la cotidianidad, lo que no significa una vida fácil, sino, por el contrario, agitada, vacía, hostil, esperando siempre lo inesperado [...]" (Ferrada, 1983: 29).

Por eso, encontramos en los textos literarios de este escritor chileno, más bien escéptico que ateo, una permanente búsqueda y reflexión acerca de los valores que podrían dar sentido a la vida humana. Según el crítico literario estadounidense John Hassett,

"[e]l mundo narrativo de Poli Délano tiende a girar en torno a los siguientes temas: el azar como una de las fuerzas más poderosas en nuestra vida; la relación, algunas veces graciosa, otras trágica, pero siempre muy convincente y humana entre el hombre y la mujer; la soledad, cuya presencia en su narrativa alcanzó mayor intensidad durante su exilio de once años; y finalmente, una notable nostalgia del pasado". (citado en Díaz Eterovic 38)

Esta temática hace comprensible que a él le interesen especialmente "los hombres desesperados" y "las mujeres viles, las perras borrachas", "más los pervertidos que los santos", porque él como marginado se siente "bien entre los marginados" y, al igual que Bukowski, a quien visitó estando en los Estados Unidos, no le "gustan las leyes, ni morales, ni religiosas o reglas" (citado en Rojas, 2000: 2). Con razón Nelson Osorio sostiene que la obra literaria de Poli Délano se instala en un "espacio marginado [...], poblado por seres que no son ejemplares, que no destacan por ninguna de las cualidades que la cultura hegemónica considera legítimas aspiraciones; [...]" (2001: XI).

Este espacio marginado y otros aspectos característicos de su producción literaria como el lenguaje coloquial, la presencia temática de la búsqueda de la verdad y de un sentido de la vida, del amor y del sexo, de la violencia y de la crítica social emparentan su narrativa con la novela negra. De hecho, según confiesa a Teresa Cárdenas, "h[a] sido siempre un lector relativamente fanático del género policíaco y dentro de él [l]e gusta mucho la novela negra: Hammett, Chandler, Jim Thompson, Ross Macdonald [...]" (E 4), es decir, los máximos representantes de la novela negra norteamericana. Poli Délano, sin embargo, no ha leído solamente muchas novelas negras, sino también la aprecia como "gran maestra en el manejo del argumento" (citado por Cárdenas 4) y ha hecho un pequeño aporte tanto a la teoría sobre este género como a su divulgación en su artículo "Novela negra. Sherlock Holmes, Poirot, Spade y otros"2, publicado en noviembre de 1990. Ahí sostiene que entre estos cuatro autores norteamericanos leídos por él se destacan Hammett y Chandler porque "sobrepasaron las limitaciones del género creando gran literatura" (50). Tal vez es la preocupación por escribir gran literatura y por no ser encasillado como escritor de novelas policiales la causa que a Poli Délano le impidió escribir relatos dentro de este género bastante despreciado en Chile. Efectivamente, llama la atención que a pesar de su ya expuesta cercanía al género negro, Poli Délano sólo haya escrito hasta hoy dos relatos claramente policiales, y, dicho de paso, solamente porque se lo pidieron. Se trata de Muerte de una ninfómana, publicada en 1980 en México bajo el seudónimo de Enrico Falcone y reeditada en Chile, en 1996, por la editorial chilena LOM, y el relato Un cadáver en la bahía, publicado este año en la editorial EDAF en Madrid.

Desarrollo

Antes de entrar en un análisis pormenorizado de estas dos novelas cortas parece oportuno corroborar lo arriba dicho acerca de la cercanía temática y atmosférica de la narrativa de Poli Délano con el género negro a través de un brevísimo esbozo interpretativo de los cuentos "Uppercut", "Felices" y "Dos lagartos en una botella".

En los tres cuentos estamos frente a la temática de problemas entre parejas. En "Uppercut", el más logrado cuento de los tres, que recuerda fuertemente a Hemingway por su temática y estilo, el al comienzo sencillo y humilde provinciano y luego exitoso y algo "prepotentón" (104) boxeador Toni López y su mejor amigo Rodolfo, que le enseñó a sobrevivir en los bajos fondos de la gran urbe de Santiago, se enfrentan finalmente como dos machos duros y fuertes3 en una pelea limpia, porque Rodolfo, sin ser boxeador profesional, lo desafía valientemente y lo deja inconsciente, porque se sentía traicionado y no aceptaba que Toni le quisiese quitar a su novia. Están, por tanto, presentes aquí los típicos aspectos negros de la gran amistad entre dos hombres, la relación furtiva con las mujeres y la violencia en su vertiente machista. Podremos agregar, además, el uso de un lenguaje coloquial.

También el cuento "Felices" tematiza la relación problemática entre una pareja. Esta vez se trata de dos jóvenes enamorados y aparentemente felices que terminan muertos. A través de un narrador-investigador interesado en entender el sentido de la muerte de Miguel Torres y Amelia, nos enteramos que nunca se llevaron bien, que "pelearon como perro y gato" y que Miguel sospechaba de una traición de ella debido a su intercambio epistolar con un profesor. Como consecuencia se multiplican "las escenas de celos" y de "violencia" (142). Nunca se supo si en verdad se trataba de un "[c]rimen y suicidio, o doble suicidio, o crimen y accidente [...]" (140).

Finalmente, en el cuento "Dos lagartos en una botella", se repite la temática del desencuentro amoroso, esta vez entre un hombre y su amante que quiere dejarlo porque se casa con otro. La reacción de Teófilo, que se siente como una criatura indefensa frente al abandono anunciado por su amante, consiste en emborracharse totalmente e intentar vanamente convencerla de que no le deje. Pero cuando ella, en un siguiente encuentro amoroso, le dice que el otro es "mejor", "salvaje" y que le hizo "ver estrellas, dar gritos, delirar" (149), Teófilo "le plantó la primera cachetada" y luego "no pudo detenerse hasta verla inconsciente y la cara llena de sangre" (151).

Queda corroborado así, el eje articulador en la narrativa de este escritor chileno: el desencuentro amoroso que desemboca primero en traición, luego en violencia y, finalmente, en muerte.

Todos estos aspectos, característicos de la novela negra, también los encontramos específicamente en su novela corta Muerte de una ninfómana –cuyo cronotopo son las ciudades mexicanas de México D. F., Querétaro y Cautla en los años setenta–, aunque no solo en la relación amorosa de Rolando con Leonor. El conflicto o choque generacional se hace presente en el concepto de pareja y de amor, en la forma de relacionarse sexualmente con otros4. Para Leonor, su marido resulta un tanto retrógrado en su manera de pensar; ella, que se considera una mujer liberal y que plantea que debe existir plena libertad para sostener relaciones extramatrimoniales; ella, que sostiene "que cuando a cualquiera de los dos se le atraviesa alguna persona que le provoque atracción, no hay ninguna razón para hacerle el quite a esa persona y la relación que entre ellos pueda surgir" (102). Para esta joven rubia, que se burla constantemente de los celos de su marido, lo más importante es no perder su libertad y dejarle en claro a éste "que ella no era mujer para un solo hombre" (114). Su liberalismo queda aún más establecido cuando es ella misma quien le ofrece a su marido facilitarle el camino para que él tuviera un affaire con su hermana Sandra. Por su parte Rolando, es más bien conservador y si bien desde un comienzo Leonor le advierte sobre su naturaleza, se niega a ver la verdadera mujer que tiene a su lado. "A pesar de todo, del disparate que pudiera responderme, de que hubiera pasado por la cama de todos los hombres de su generación, ella era pura, era un ángel, una enviada de los dioses" (114). Rolando es un hombre provinciano, ingenuo, de escasa experiencia sexual, criado en un ambiente muy católico, que se sorprende desde el primer encuentro con Leonor de que ella hubiese sido la que con avidez tomara la iniciativa. Es por esto que a él, a la larga, se le hace intolerable el modo de vivir de su esposa y cae preso de unos tremendos celos que no lo dejarán tranquilo hasta verla muerta. Y es por eso también que la hace espiar a toda hora, porque quiere saber cada movimiento y cada pensamiento de ella, quiere estar adentro suyo y poseerla por completo. Rolando señala más adelante:

He tratado por todos los medios de dominarme, de autoconvencerme de que la formulación de mi esposa es correcta, pero al momento de sólo imaginarme que ella pueda andar con otro tipo me empieza a hervir la sangre y me transformo en una persona distinta de lo que soy, de como usted me ve. Pierdo el control, el sueño, el apetito. [...] [Ella] [p]ertenece a una generación distinta a la mía. Con distintos valores, distinta manera de afrontar algunas cosas, diría más libre, eso es, una generación que ha logrado de veras romper con ciertos tabúes que a nosotros todavía nos encadenan. (101-02)

El fracaso matrimonial entonces, desencadena en el derrumbe del proyecto familiar y del proyecto de pareja estable.

Además de la clásica crítica al matrimonio entre un hombre mayor y una joven y a las consecuencias de esto (infidelidad por parte de la joven), vemos también la crítica a la violencia masculina ejercida sobre la mujer. Bajo una mirada patriarcal de las relaciones sociales, sobre la figura femenina recae la responsabilidad de ser esposa y madre. No obstante, la protagonista de esta historia rompe con este esquema y es ella, como insaciable ninfómana, la que busca satisfacción sexual y amorosa fuera de su hogar, la que engaña al hombre frente a sus narices, porque reconoce que "los maridos solían comportarse de un modo relativamente autoritario" (114). Sin embargo, esta actitud transgresora le costará caro y, además de pagar con el dolor físico y psicológico, deberá pagar con su vida. En reiteradas oportunidades Rolando, preso de la ira y de los celos, golpeará a su mujer y la tildará de "puta", acusándola de ponerlo en ridículo frente a sus amigos universitarios. Finalmente tanto Rolando como Renato deciden matar a la joven, cada uno por su cuenta, a modo de castigo y para poner fin a sus libertades sexuales.

Menos violento y atraído por las mujeres es el Doctor Oscar Lambret, hombre joven, de esbelta figura, que se dedica hace poco tiempo al ejercicio práctico de la profesión de detective privado. Aunque no era "Doctor", le gustaba que su secretaria y el resto lo llamaran así, "ostentosamente doctor, doctor en investigaciones privadas, doctor a secas, como fuera, pero doctor" (98). Además le gusta el brandy, licor que bebe siempre en su oficina, y fuma cigarrillos. Tiene una oficina particular y cuenta con su propia secretaria, Marcela, quien además de hacer las llamadas y contestar el teléfono debe redactar las fichas técnicas de aquellos que serán investigados. Ella es, según sus palabras, de su entera confianza.

Oscar Lambret se autodefine como un hombre "modesto" (135) y callado: "como llevaba poco tiempo en el ejercicio práctico de la profesión, decidió no armar enredos y quedarse, mejor, más callado de lo que por lo general era, o sea, más callado que un muerto" (97). De esto, se deduce también que era una persona reflexiva, pues si bien tiene un impulso por llamar al inspector Becerra y comunicarle alguna información de importancia para el caso, finalmente desiste y cuelga el teléfono, pues necesitaba antes de hablar con él, "clarificar un poco la película" (97).

Más adelante, Rolando Quiroz, el segundo asesino de Leonor, señala que Lambret es "un tipo eficiente, serio y reservado que en estos momentos debe ser la única persona en el globo que estará pensando que yo soy el asesino, que encontrará la clave de la verdad" (130). Quiroz describe con estas palabras a Lambret y deja al descubierto que es la única persona que posee la clave para desentrañar el misterio. De hecho, al final del relato, es Lambret quien va hasta la oficina del inspector Becerra y le entrega los últimos antecedentes que faltan para esclarecer completamente el caso.

Vale destacar que no se le conoce mujer y que tampoco se manifiesta como creyente de alguna religión. Tal vez, y debido a una breve alusión, nos enteramos de que cree más bien vagamente en la existencia del "Padre Eterno" (110). Sin embargo, esto puede resultar contradictorio con respecto a su visión frente al suicidio y a su pesimismo existencial.

En sus propias reflexiones notamos que Lambret es un hombre sensible, que se conmueve ante la belleza y las cualidades de una persona, que se conmueve ante la muerte de una joven a la que por encargo de su esposo había estado siguiendo desde hace algún tiempo. "El joven doctor Lambret decidió trasladarse de su escritorio al sofá [...] dedicarse quizás, también, a soñar un poco con esa mujer que en las últimas semanas había ocupado tanto de su tiempo y cuya muerte le conmovía hasta la propia médula" (99). "Sí, el mismo también sentía el peso doloroso de la realidad, porque también era hombre, débil, sensible a la belleza y al talento" (99).

Y de esta belleza era dueña la joven asesinada, Leonor Salinas de Quiroz, atractiva rubia de veinticuatro años, a quien Rolando Quiroz, su esposo, había hecho espiar por Lambret. Ante la muerte de la rubia intelectual, estudiante de Letras Inglesas, el detective se siente conmovido y se pregunta qué era aquello que tenía Leonor que la hacía ser "una de esas personas que no suelen encontrarse dos veces en la vida, porque la vida de un hombre es demasiado breve en la suma total de los minutos, y mujeres como la rubia Leonor son absolutas excepciones a la regla, no sólo del género femenino, sino del género humano en su conjunto" (99). Esta reflexión del detective nos permite vislumbrar cierto pensamiento pesimista de la vida, la preocupación por la brevedad de la existencia y la valoración hacia la especie humana, a quien indirectamente acusa de no poseer los atributos reconocibles en la bella, sensible y talentosa Leonor.

Junto a esto, esta concepción pesimista de la vida se engarza con un aspecto que puede desconcertar por momentos al lector y que es la visión acerca del castigo "moral" que debe sufrir el asesino. No se trata esta vez de un castigo social, que involucre a la policía y a la ley, no se trata ya de que el asesino confiese o simplemente se entregue para ser enjuiciado, sino más bien se trata de un castigo personal, que nace desde la propia conciencia, la culpabilidad y la sensación de hallarse atrapado. Para el detective el orden debe ser restituido de alguna manera, porque "los crímenes se purgan" y "no se atenta impunemente contra la vida", (142) y la forma que elige para esto es inducir al suicidio a Quiroz. Lo desconcertante, sin duda, resulta de las palabras de Lambret, quien señala darle la salida más humana al culpable: "Luego trataría de persuadir a Quiroz de que se entregara, porque era un buen tipo y eso le daba una salida más humana: el suicidio" (128).

Estaba seguro el detective Oscar Lambret de que después de esa conversación el señor Quiroz no se entregaría. No saldría tampoco huyendo porque era demasiado inteligente para eso. Lo que haría es abrir un frasquito donde guardaba veneno de serpiente coralillo y succionar un poco de líquido con la jeringa para inyectarlo luego en la vena de su brazo izquierdo. (142)

El método de investigación de Lambret resuelve el caso, en primer lugar, por medio del raciocinio, y aunque a veces reconoce usar la intuición, esta se ve que le falla o sencillamente no le basta para convencerlo de sus deducciones. Él se reconoce como "un investigador científico" (109), que busca la "causa y el efecto" (109). Es un hombre seguro, pero que "sabía muy bien que esa seguridad, esa intuición no bastaban" (109). Sabía desde un principio que el asesino era el esposo de la víctima (aunque al final de la historia nos enteramos que eran dos asesinos), pero se pregunta si es lícito acusar así, de primera, a alguien que tal vez resultase inocente. Sin embargo, Lambret se siente orgulloso de sus propias deducciones, obtenidas de su interrogatorio y de la visita a la casa de Renato: "Oscar Lambret se sintió complacido de lo justas que habían sido sus deducciones" (128).

Por otra parte, para resolver el caso necesita, ante todo, conocer los pasos de Rolando Quiroz y de su esposa el día del asesinato, lo mismo que los del amante de la víctima, Renato, un joven universitario, amor de toda la vida de Leonor, y de algunos que rodeaban a la víctima (el dentista y la hermana, a quienes en concreto no interroga, pero que paralelamente son interrogados por el inspector Becerra). Para esto utiliza la interrogación (interroga a Renato sobre sus actividades aquel día y sobre su relación con Leonor) y las pruebas (encuentra en el cuarto de Renato el bolso de Leonor con su diario de vida, que relata los últimos momentos de la joven), además de su conocimiento específico del perfil psicológico de uno de los victimarios, Rolando Quiroz, quien debido a sus crecientes celos y a su amor enfermizo le había encargado al detective vigilar todos los movimientos y las actividades de su joven mujer, a quien, por estas mismas razones, más adelante creería matar.

La relación del ojo privado (Oscar Lambret) con el ojo público (Inspector Becerra) es algo ambigua, pues si bien por una parte hay un cierto rechazo hacia la parte contraria, por otra el narrador deja en claro que ambos cuerpos se necesitan mutuamente para llegar a la verdad. En este sentido, Délano es más bien conciliador y propone un trabajo en conjunto al final del texto, que no excluye por supuesto que tanto el ente privado como el público trabajen separadamente para sacar sus propias conclusiones. Llama la atención que los datos que obtiene el lector sean gracias al trabajo paralelo de ambas partes, representadas por el detective Lambret y por el inspector Becerra. Los capítulos se van turnando para darnos a conocer en qué parte de la investigación se encuentra cada uno. Obtenemos datos, pistas y conclusiones de cada uno por separado, los que se complementan casi al final del texto. Mientras que por medio de Lambret nos enteramos de parte de la personalidad y los motivos de Rolando Quiroz y Renato, por el lado de Becerra nos enteramos de la personalidad de su hermana (la modelo publicitaria Sandra Salinas) y del dentista–amante, que le había puesto la placa dental a Leonor, la que luego del asesinato fue extraída por Renato para despistar a la policía y relacionar a la víctima con el dentista.

Vale destacar que si bien se plantea esta suerte de conciliación, por otra parte se dan los roces propios del género policial. Ya en un principio se ve la reticencia que tiene nuestro detective de acercarse al cuerpo policial con sus propias averiguaciones.

Es verdad que de todo este asunto de la ‘chimuela’ conocía ciertos antecedentes que podrían haber resultado bastante útiles. ¿Pero útiles para quién? Por cierto no para él, ya que de seguro le hubieran traído un sinnúmero de interrogatorios, preguntas van, preguntas vienen, quemarse con la propia policía, si hasta parecía relativamente fatal, algo así como un comienzo con el pie equivocado. (97)

Lo mismo que se deleita al pensar cómo reaccionaría Becerra -no sin cierto aire de superioridad- al llevarle el caso ya resuelto (al final nos enteraremos, que cada parte ya tenía sus propias conclusiones). "Esbozó una sonrisa al imaginar la cara del inspector, cómo se le retorcería el bigote y le bailarían los ojos cuando el modesto detective privado Oscar Lambret le entregara en bandeja todo el caso de la ‘chimuela’ bien resuelto, más claro que el agua" (135).

Por otra parte, la visión del inspector Becerra acerca del detective es menos positiva. Una vez que Becerra se entera que Lambret está de visita en su oficina lo primero que hace es mostrarse molesto por su presencia: "Se retorció la punta de los bigotes preguntándose qué desearía este aficionado al juego policial que ya varias veces había metido sus narices en los asuntos que a él mismo le tocaba manejar" (138). Más adelante, cuando se encuentra cara a cara con éste, reflexiona con bastante arrogancia acerca de la labor de este supuesto "aficionado" a la labor policial: "Becerra le respondió con una sonrisa franca y amplia, como queriéndole decir que a él nadie se le adelantaba, ahí tenía ¿o pensaba que un pinche detectivito de opereta le iba a andar dando lecciones a él, hombre formado en la investigación y experto en esos oficios?" (139)

No obstante, una vez que Lambret relata todo lo que sabía, de los servicios prestados a Quiroz y de sus propias conclusiones, el inspector Becerra baja la guardia y cambia de actitud: "Becerra estaba serio. Lo miró con simpatía y acaso con algo de agradecimiento" (139), y además reconoce que el buen trabajo del detective le será de ayuda para cerrar el caso:

Ha hecho bien en decirme estas cosas, Lambret; se lo agradezco sinceramente. Creo que su informe aporta varios datos que enriquecerán los fundamentos de la investigación. Además, lo felicito porque sus conclusiones, en general, son legítimas. Y bueno, le voy a confesar que en lo del diente sí nos ha dicho algo que no sabíamos. (140)

La figura de este inspector de policía también resultará crucial para resolver el enigma. Ya hablamos de sus rencillas con Lambret, pero nos falta dilucidar algunos rasgos de su personalidad y la crítica que Délano realiza por medio de la caricatura de este personaje.

El inspector Becerra trabaja en la Jefatura de Policía y tiene su propio ayudante, el joven Ignacio Vallina, a quien manda averiguar ciertos datos que le permitan despejar el caso. Por medio de su interrogatorio a Sandra Salinas y a Rolando, y de la confesión escrita que le entrega el odontólogo de la víctima, nos enteramos de los conflictos entre las hermanas, entre el trío Leonor-Renato-Rolando, y del amorío de la asesinada con su médico, ex-pareja de Sandra.

Becerra, si bien es un hombre un tanto arrogante, lo que ya quedó claro en su relación con Lambret, también parece ser un hombre eficiente, cuyas investigaciones conducen a la verdad5 y a que el caso termine justamente, con el correspondiente castigo para aquellos que infringen la ley. El policía es bastante sagaz y se da cuenta de las contradicciones y las omisiones en las versiones de Sandra y Rolando. Él se sirve de su intuición, la que lo inducía "a actuar ya con certeza, como ocurría en los buenos casos que él había resuelto, siempre a partir de una intuición poderosa que por lo general nunca le fallaba" (132). Y también deduce a partir de las versiones contadas por sus interrogados, pues los datos otorgados por su ayudante no sirven de ayuda alguna. Es interesante la visión que tiene acerca de Sandra, pues alaba cualidades de ella que seguramente reconoce en él mismo: "[Sandra] manejaba un discurso inteligente, una sensibilidad especial para captar las sutilezas, cierta habilidad de observación, cierta retención de las atmósferas ocultas que suelen rodear a los hechos" (131).

No obstante, nuestro autor le da cierto matiz caricaturesco a su figura, pues debido a su afición al tequila se queda dormido en pleno interrogatorio. Luego de haber comido lechón en el bar ‘La Opera’ y de haber gozado de una serie de tequilas se entrevista con Sandra Salinas, hermana de la víctima. Si bien el alcohol lo desinhibe y le permite tener "precisión y certeza en todo cuanto emprendía" (122), por otra parte lo hace comportarse de modo más galante y coqueto con la "linda Sandrita" y, finalmente, lo lleva a quedarse dormido cuando ésta estaba en el apogeo de su relato. Por suerte, había tomado la precaución de dejar una grabadora escondida en el cajón de su escritorio.

Ahora bien, esta afición a la bebida pareciera tener raíz en este pesimismo existencial expresado por el autor. Becerra circula en su coche por el caos de la urbe mexicana, a la hora del atochamiento y el ruido, a la hora del atardecer en que todos vuelven a sus casas a mirar la teleserie. Y es esto lo que expresa su pesimismo y hostigamiento social, la inercia del ser humano ante la monotonía de la vida, porque

"para él los atardeceres conformaban más bien una hora triste, una hora así como de muerte que le afectaba el organismo, le revolvía las células y le bajaba el ánimo hasta el mismo infierno, una hora en la que se resumía la depresión de la vida, la hora de la fuga, la hora de la cantina y los tres tequilazas seguidos para poder equilibrarse con el mundo, para no perecer".6 (131)

Conclusión

Resumiendo podemos destacar que Poli Délano logra mantener la tensión, la expectación y el misterio hasta el fin. Sólo cuando el detective y el inspector se encuentran al final, nos enteramos de que fue Renato quien mata a Leonor asfixiándola con la almohada, luego de sentir hasta los huesos la humillación de ver salir al dentista y de tener luego que ponerse los pantalones y partir huyendo ante la llegada del esposo. Rolando le rompe el cráneo una vez que la mujer ya está muerta, pero como esta se encontraba boca abajo, no se dio cuenta de que otro hombre nuevamente había llegado antes que él.

Otro aspecto destacable es su profundo realismo psicológico. Nos enteramos de los acontecimientos (motivos del crimen, personalidad del asesino, etc.) a través del relato del mismo Rolando, quien creyendo haber asesinado a su esposa escribe esta carta confesión a la que el lector accederá siempre y cuando Rolando opte por la opción del suicidio y no por la de asesinar a Lambret, la única persona que conocía sus motivos y que sería capaz de llegar a la verdad. Así, nos damos cuenta que los deseos de Lambret se cumplieron y que, efectivamente, Rolando se habría suicidado luego de la llamada del detective.

De esta forma, después de haber escrito varios cuentos al borde del género negro, Poli Délano crea una novela corta negra con todas las de la ley que provoca inmediatamente la asociación a "cinco autores chilenos [A. Rojas, S. Gómez, M. Serrano, D. Oses y R. Bolaño] que comparten la tematización de crímenes pasionales, pertenecientes generalmente al ámbito privado de las relaciones humanas; específicamente, indagan sobre la realidad de las parejas" (Franken 15). La figura de la ninfómana Leonor, en especial, provoca la comparación con la figura femenina de la "loba" en Nuestra Señora de la Soledad (M. Serrano) y, en mayor grado aún, con la bella Cristina de "La bella y las bestias" (D. Oses).

 

Notas

Este trabajo es fruto del Proyecto Fondecyt Regular 2004 Nº 1040983 "El detective en la narrativa policial chilena del siglo XX".

1 Esta introducción aparece como prólogo en el tomo de cuentas de Poli Délano Rompiendo las reglas (México, D.F.: Grijalbo 2001. i-xv).

2 Sospecho que solamente el título es de Poli Délano, mientras que el subtítulo y la siguiente frase introductoria manifiestan una gran confusión respecto al tema, dado que no distinguen claramente entre el género policial y los subgéneros de novela de enigma (o novela policial clásica) y novela negra.

3 Poli Délano reconoce en su entrevista con Ana María Larraín que ya le han dicho que es machista y proclieve a la violencia (cfr. E 4).

4 La mujer es la que en este caso gozaría de mayores libertades y se rebelaría ante el matrimonio y el concepto de familia. Si pensamos que este texto fue escrito en México en 1976, bien podríamos engarzarlo con el nacimiento de la crítica feminista surgida del movimiento feminista moderno de las décadas de 1960 y 1970, principalmente en los Estados Unidos y Francia. (Cf. Diccionario de teoría crítica y estudios culturales)

5 Cuando Lambret llega a denunciar que el real asesino era el joven Renato, el inspector ya lo sabía y lo había encarcelado.

6 Confróntese este pesimismo existencial con la influencia bukowskiana que posee el autor.

 

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