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Literatura y lingüística

versión impresa ISSN 0716-5811

Lit. lingüíst.  n.12 Santiago  2000

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-58112000001200013 

CONTRAPUNTO EN PAZ

                                                                                Mariano Muñoz H.

Resumen

En este artículo se presentan los dos rostros creativos de Octavio Paz: su experiencia en verso y su discurrir en prosa a través del ensayo. Se hace referencia al poema Piedra de sol, sustrato de su escritura vivida que se lo contrasta con el ensayo La llama doble: amor y erotismo.

El análisis hacer surgir su propia alteridad y devela sus máscaras. En la obra de Paz se congrega grácilmente el amor y el erotismo con la contribución pensante de la emoción al intervenir en las subjetividades de los hombres con su mundo. A veces se separa eros de fertilidad como construcción cultural, pero siempre con una actitud crítica. Además de los cinco elementos constitutivos del amor, la tesis es hallar una visión de la pareja humana que devuelva la conciencia de la singularidad e identidad de cada uno.

Abstract

This article discusses the existence of two different creative possibilities for Octavio Paz's literature: essay and poetry, involving two complementary attitudes towards language and thought.

The essay mode is illustrated by one of his last writings, La Llama Doble: Amor y Erotismo, even though it is a subject Paz had undertaken long before it was published. The "poetry" labour is shown through his best known large poem, "Piedra de Sol", these works attempting an overall explanation of the two styles by regarding both through the idea of "alterity", being alterity -and its inner sense of self-splitting- the omen and matter every complete artist deals with, struggles against and lives along while the sacred, desperate and solitary process of creation somehow occurs.

                                                               

Aclaración liminar

Los rostros tan disímiles que ilustran este trabajo fueron obtenidos a partir de una única fotografía de Octavio Paz, aquélla que figura en las portadas de sus Obras Completas.

Se dividió aquel rostro en dos mitades y luego se duplicó cada una, especularmente. Artificio tecnológico para revelar un secreto del cuerpo, dispositivo cibernético esclareciendo la tesis de este trabajo: todos y cada uno de nosotros cohabitamos con Otro, que es nuestro propio fantasma interior.

Octavio Paz es Uno y es Otro: rostro de inquieta madurez y faz de locura en acecho, convivio aberrante de Ariel y Calibán, Luz y Tiniebla hermanadas bajo un solo rostro, ensayista y poeta cohabitando un cuerpo único, Jano bifronte para una sola Psiquis, Eros y Tánatos en comunión literaria, dualidad fatal repitiéndose desde la diferencia: he aquí la doble esencia de La Llama Doble..., iluminada desde su "Piedra de Sol". Más que monografía, el presente texto es un contradiccionario resuelto en voz.

La llama doble o el dolor de la partición

Octavio Paz ha escrito un canto ensayístico a la dualidad. Quizás se trataba, al escribirlo, de saldar una deuda consigo mismo, desde 1965, desde su tiempo en la India, su enamoramiento, el afán de entender la filosofía oriental, o tal vez de hallar sentido a la casi absurda presencia de un mejicano en Nueva Delhi, cuando en Occidente ardía tanto cosmos. Se gestaba la primera y última revolución estudiantil del mundo, la imaginación aspiraba al poder, bajo el asfalto se soñaban playas, se hablaba de sexo en la Renault, De Gaulle se perdía por un cuerpo suave y numerosos estudiantes en las universidades de 57 países del mundo vivían a gritos su fiesta colectiva, su comunión del nosotros, hasta más allá del referéndum francés, hasta la matanza aberrante de más de 300 estudiantes en la plaza de Tlatelolco: Paz renunció a su cargo de embajador en la India en señal de protesta. El proyecto de escribir sobre el amor y el erotismo no se concretó hasta 30 años después, con un nuevo contrasentido: un octogenario teorizando sobre el erotismo parece una suerte de cirugía plástica literaria, aunque se puede aquí acudir al cliché del 'alma joven'...

O pensar en el tiempo circular del poema "Piedra de Sol", que concluye recomenzando.

En todo caso dualidad, paradoja y contradicción que Paz resuelve con oficio y elegancia, dos atributos de quien envejece con la lucidez intacta.

Precisamente, por ser un libro postrimero, se puede hurgar en su estructura, más allá del ropaje retórico, desentrañando la actitud fundamental que subyace a todo el discurso, y que aquí llamo "el deleite de Narciso": Paz se crea y recrea a sí mismo en su texto, ordena su pensamiento de acuerdo con sus vivencias, recuerda sus propios aprendizajes, transubstancia su personal devenir intelectual en prosa ensayística y no trepida en apoyarse en la poesía:

"Para mí la poesía y el pensamiento son un sistema de vasos comunicantes. La fuente de ambos es mi vida: escribo sobre lo que he vivido y vivo".

De este modo, es posible leer su poesía o sus ensayos alternadamente: es la primera bipartición, la inicial insinuación de lo Otro. Ensayo: quehacer intelectual, tentativa de rigor ideacional, exploración argumental sin pretensión de exhaustividad, esgrima lógica contra lo incierto, fundación racional de la certeza, imperio apolíneo de las luces, afirmación de la claridad en prosa estoica... aquí se despliega un Octavio Paz inteligente y elegante, que rodea con parsimonia los meandros de un discurso que no se estanca, un pensador que no ceja de auscultar al verbo para obtener de él máximo rendimiento, aun a costa de bordear la afectación oratoria. Poesía: oficio sensible, abandono sufriente al quehacer gozoso, caricia con el verbo, húmedo estertor lingüístico, dolor quintaesenciado en rima, ardor alambicado idem, inconsciente entronizado sino, insoportable levedad del creer, suspensión de toda certidumbre anterior, captura saturnal enfebrecida... aquí se alza un Octavio Paz profuso y pasional, que se adentra con impaciencia de vórtice y vértice, que es vivido por el verbo hasta devenir amanuense automático del imperio de sí mismo, que muere mil veces en la piedra de sol y renace otras mil en el combate de amar.

No son las personalidades múltiples ni psicóticas de Pessoa: son dos modos de ser nítidos y mutuales, una dualidad que por propia reciprocidad de sus componentes concluye estableciendo la posibilidad de la unidad, la Mismidad que surge como afirmación de lo Otro. Un Paz que arguye y razona; otro que cae y vuela: los dos con igual intensidad expresiva. Ambos con el mismo "Deleite de Narciso" a flor de pluma, expresando entrambos la cosmovisión crítica y creativa, denunciando de consuno la imposibilidad de respetar límites, violando desde dos fronteras la integridad del territorio literario.

Y la gozosa afirmación de la diferencia: derrota de la uniformidad, capturada por combatientes voluntarios desde trincheras opuestas. ¿Fenomenología de la dualidad o consagración de la contradicción? Octavio, te llevaste el secreto bajo tierra...

Pero está tu obra

Está La llama doble. Amor y erotismo, ensayo que quiso ser análisis desde un estado de ánimo y desembocó en dialéctica de un modo de vida: un Paz revive en él sus propias ambigüedades biográficas, revisa sus propias fuentes creativas e ilumina el eje semántico de su vida y sus influencias. Otro Paz recapitula un sueño de la hora treceava -"Piedra de Sol"- y revive desde las primeras inquietudes prenatales hasta el éxtasis de la historia y la posterior caída en la Nada, ese despertar que es morir en un tiempo circular. "Piedra de Sol" protagoniza lo que La Llama Doble... enumera: el origen primordial de la persona es la dualidad de cuerpo y alma. En nueve capítulos argumenta la tesis, y resumirlos aquí es narrar la historia de la sensibilidad en la civilización occidental.

Etapas del flujo o el esqueleto de la llama

1) Los Reinos de Pan:

El primer capítulo traza una sucesión primordial. El origen vital del vínculo humano es lo sexual. Y lo sexual es biológico, natural, vitalidad pura. La metáfora sexual dice siempre reproducción y con ello perpetuación de la vida. Mas lo humano se distingue por una primera operación, que es el Eros como fenómeno. Lo erótico es una superación cultural de la servidumbre reproductiva de lo sexual. El erotismo suspende la procreación e instaura el goce de los sentidos como fin en sí mismo.

Con ello, se hace explícita una atractiva analogía. Si el propósito lingüístico es la comunicación, el poema -que ya no aspira a decir sino a ser- pone entre paréntesis a la comunicación, se vuelve él también un fin en sí mismo, así como el erotismo se desprende de la reproducción y configura su propia legitimidad. El erotismo deviene una poética corporal y la poesía una erótica verbal.

Una vez separado el eros de la fertilidad, ya es construcción cultural. La próxima etapa de desarrollo será el amor, inmersión en el ser del otro.

2) Eros y Psique:

Entre Oriente y Occidente habría un conflicto en la concepción del mundo (dualismo versus monismo), aunque el fundamento de la doctrina del amor occidental puede hallarse en Platón y su noción del alma, que es, en un sentido primario, un dualismo alma-cuerpo.

Pero en la doctrina platónica de los grados de ascenso del amador hasta la contemplación de lo absoluto, Paz percibe más bien una aventura solitaria, sin reciprocidad: una especie de Don Juan filosófico. Con todo, Octavio Paz dirá más adelante que la noción de alma es central para reconstruir la persona.

3) Prehistoria del amor:

La relación de amor requiere la participación de ambos amantes y por lo tanto no pudo producirse hasta que la mujer ocupó un lugar social más desahogado que en la misógina Atenas; Roma y Alejandría, las grandes ciudades del período helenístico. La sociedad clásica, en cambio, reprobó a la pasión amorosa (y Platón la culpaba de engendrar el delirio, fiebre de las ideas). La decadencia de las democracias y el surgimiento de monarquías más poderosas generó un repliegue general hacia la vida privada. "La emergencia del amor es inseparable de la emergencia de la mujer. No hay amor sin libertad femenina", afirma Paz, por la voluntariedad de la elección.

También los poetas han demostrado profusamente que el amor se transforma desde una atracción involuntaria y ciertamente tiránica en una unión voluntaria e imperiosa. Esta última es su condición paradojal necesaria, el acto que transforma la servidumbre en libertad.

En el período helenístico, con el surgimiento de una polis abierta que enriquece los intercambios sociales entre ambos sexos, sitúa Paz el surgimiento del amor en Occidente, a diferencia de Denis de Rougemont, que postula la preeminencia de la lírica provenzal del siglo XII. Su argumento es claro: en Grecia sólo pudo haber erotismo, y podemos agregar que Michel Foucault, en su Historia de la sexualidad, demuestra algo parecido. El amor es un fenómeno ciudadano: resultado del intercambio más igualitario de roles. Ha comenzado, para Paz, la historia de la sexualidad en la civilización. Ya Propercio plantea la posibilidad poética de un amor que perdure más allá de la muerte, tema que retoma magníficamente Quevedo mil seiscientos años más tarde en su más bello soneto (según opinión de Neruda, varios otros, y yo) aunque de modo trágico.

4) La Dama y la Santa:

El amor cortés, la cortesía medieval, surge con la lírica provenzal, en la oposición entre corte y villa. La relación cortesana da cabida a la expresión de los trovadores, y la visión trágica es contrarrestada por la cortesía. Para su descripción, Paz despliega una retórica de la dualidad que vuelve a expresar narcisista y brillantemente al propio yo del escritor en su pensamiento binario:

"Doble fascinación ante la vida y la muerte, el amor es caída y vuelo, elección y sumisión".

La lírica provenzal muestra influencias múltiples: la prosodia de la poesía litúrgica latina, el platonismo amoroso, las formas arábigo-andaluzas del zéjel y la jarcha. Pero su principal contribución es la inversión de las posiciones tradicionales del amante y su dama, a quien ahora se considera ama y señora del destino de su amador. Nace también el ritual de iniciación amorosa, como prueba (assai), lo que exacerba el erotismo de los preámbulos y hace que el amor cortés merezca la condenación de la Iglesia, que eleva la castidad a virtud capital.

Por supuesto, ante tanta prohibición era natural que proliferara el discurso amoroso, pues la historia del amor cortés, con sus modificaciones adaptativas, es también el relato que acompaña a nuestra mitología del sentimiento, desde el siglo XII hasta ahora. Añado como ejemplo contemporáneo el surgimiento hace un siglo (y su perpetuación hasta hoy) de una forma moderna de cortesía: el bolero, ese inmarcesible fin'amors moderno.

5) Un sistema solar:

Instalado con comodidad en la literatura moderna, Octavio Paz señala uno de sus sellos característicos: la actitud crítica. Y con ello postula que el amor es sometido a revisión y análisis también. El amor humano se le aparece como la reunión de dos seres de inescapable sujeción al tiempo y la finitud. Y aunque el amor "no nos salva del tiempo, lo entreabre para que, en un relámpago, aparezca su naturaleza contradictoria, esa vivacidad que sin cesar se anula y renace y que, siempre y al mismo tiempo, es ahora y es nunca".

He aquí nuevamente la dualidad (este hombre parece tener un cerebro facetado: duplica la óptica por contradicción y resuelve las antinomias por síntesis).

En nuestra concepción del amor se reconocen, dice Paz, cinco elementos que son constitutivos:

1. El afán de exclusividad, que es la condición que permite el establecimiento de la relación.

2. El desafío y la transgresión (pues amar es combatir y vencer los obstáculos, así como instalarse fuera del orden religioso y hasta en contra de éste). La noción de transgresión es aquí más tibia que la de Bataille, que postula que el interdicto y la transgresión son fuerzas necesarias y antagónicas del tejido social y sensual.

3. Dominio y sumisión: otra dimensión dual, que en este caso involucra la voluntariedad de la entrega y al mismo tiempo la posesión del otro, lo que constituye una paradoja pragmática y nos reenvía, por efecto de imposibilidad, a la dimensión trágica del amor.

4. Fatalidad y libertad: el amor es anhelo de completitud, no simple deseo de hermosura (sello de lo erótico). Es una transgresión tanto de la tradición platónica como de la herencia cristiana: en un cuerpo ama el alma, mezcla la tierra con el cielo, y realiza con ello la Gran Subversión. Recuerdo la frase de Khayyam "Adán y Eva: ¡qué amargo debió ser vuestro primer beso para engendrarnos tan desesperados!" Para la dimensión contemporánea del amor, la fatalidad es distinta de la noción de predestinación: es más bien el sello trágico de la otra cara de la libertad. Si el amor es una inmersión desesperada en el otro, su alternativa es la soledad.

5. Unión indisoluble de cuerpo y alma: Según Paz, nuestra época ha minado la noción de persona, doble herencia del cristianismo y la filosofía griega. La idea de alma era, y sigue siendo, componente indisoluble del concepto de persona, y sin persona el amor sufre una regresión, degradándose en mero erotismo. La recreación sensual en otro cuerpo carece, por sí sola, de la aspiración de infinito que conlleva el amor.

En este capítulo el escritor proyecta su análisis hacia el orden social, postulando que la decadencia de Occidente -que él llama envilecimiento de nuestra civilización- es resultado de la deshumanización de las relaciones -que denomina pérdida de la persona-. Hay, postula, una directa conexión de sentido entre las nociones de alma, persona, derechos humanos y amor: hermoso tour de force discursivo, que entraña la apología de un neohumanismo que se echa de menos.

6. Lucero del Alba: Ya en pleno siglo XX, la revolución del cuerpo se le presenta como otra dualidad: nos ha liberado de sujeciones ancestrales, pero también puede degradarnos. La mercantilización del cuerpo en la sociedad occidental es un reflejo del desequilibrio en la noción de persona y fomenta un doble estándar. Se lo estimula como carne de consumo y se lo reprime como carne de condenación. Este doble estatuto es la génesis de la inseguridad.

7. La plaza y la alcoba: Equivale a la escisión cada vez más forzada entre lo público y lo privado. Luego de la II Guerra Mundial, se extendió por el mundo una moral erótica más libre, producto del ímpetu juvenil que cuestionó fuertemente los fundamentos del establishment. El sexo se transforma, por primera vez en la historia, en materia de debate político, pero también el liberalismo económico ha degradado el amor y hecho del cuerpo un negocio inmenso, pues la modernidad, al desacralizar el cuerpo, posibilitó que la publicidad lo transformara en mercancía y lo utilizara como instrumento de propaganda.

La tesis final es, entonces, "Hallar una visión del hombre y de la mujer que nos devuelva la conciencia de la singularidad y la identidad de cada uno: inventar otra vez lo humano".

8. Finalmente: La conclusión de Octavio Paz bordea los límites de la arenga :

"Somos tiempo y no podemos substraernos a su dominio. Podemos transfigurarlo, no mejorarlo ni destruirlo. Esto es lo que han hecho los grandes artistas, los poetas, los filósofos, los científicos y algunos hombres de acción. El amor también es una respuesta: por ser tiempo y estar hecho de tiempo, el amor es, simultáneamente, conciencia de la muerte y tentativa por hacer del instante una eternidad. Todos los amores son desdichados porque todos están hechos de tiempo, todos son el nudo frágil de dos criaturas temporales y que saben que van a morir; en todos los amores, aun en los más trágicos, hay un instante de dicha que no es exagerado llamar sobrehumana: es una victoria contra el tiempo, un vislumbrar el otro lado, ese allá que es un aquí, en donde nada cambia y todo lo que es realmente es".                                                            

Entonces, ¿qué quise decir al afirmar el deleite de Narciso en Octavio Paz? Simplemente, su refocilarse consigo mismo, su constante alusión a lo propio, su manera inescapable de mantenerse al centro de su desfile personal. Su prosa ensayística devela los artefactos de su propio vivir triunfando, con esa retórica sonora que en él parecía segunda lengua materna: una prestidigitación verbal que sirve para ocultar al lego encantado la desprolijidad de algunos razonamientos y el relleno de ciertas lagunas. Me pregunto cómo es posible que en un ensayo sobre amor y erotismo no aparezca con claridad una concepción de la pareja humana (¿será porque también Paz siente como un Don Juan filosófico?), o porque incorpora ripios como su caricaturización feble de la amistad femenina, donde el cliché no alcanza ni siquiera estatus periodístico. Así como su poética, alternadamente fuerte y débil, deleitando a veces y cansando otras: humano, demasiado humano.

La Llama Doble... es una dialéctica de la alteridad. Sin ideas novedosas, pues se trata de un análisis retrospectivo. Quizás es el ensayo amoroso de un poeta que aprendió a amar y narra su periplo.

"Piedra de Sol" o el tiempo circular

Como complemento, puede considerarse uno de sus poemas, "Piedra de Sol", como una fenomenología de la mismidad. Sueño del origen, inversión soporosa en la nostalgia del tiempo vivido, el poema se inaugura con un epígrafe de Gérard de Nerval acerca de la hora trecena: tiempo circular que vuelve, amante interrogado por la presencia. Es una búsqueda biográfica, que instala un paraíso inicial líquido que se va transfigurando en etapas de vida interrogadas por el recuerdo de la otredad.

Esa otredad que bien podría ser la complementación de sentido de la propia identidad latinoamericana: desde una reminiscencia simultánea de paraíso y reloj (versos 1 al 14) y de inmediato la inmersión balnear en el limbo de lo prenatal (versos 15 al 22) hasta la consolidación del cuerpo, la irrupción semántica hecha vida (23 a 33) y el acta de nacimiento propio (34 a 40) de ese cuerpo que se erotiza con la madre y la tierra (41 a 75) en un convivio somático y preverbal de Hijos del limo.

Luego (76 a 97), recuerdo y exploración en la memoria hasta configurar al niño (98 a 108), en un ascenso biográfico que remeda perfectamente la evolución del continente desde la materia primordial hasta la autoconfiguración perverso-polimorfa de la infancia, que en América es inocencia.

En seguida (109 a 152), la aparición de una muchacha, sólo una adolescente, marca otro tránsito evolutivo. Esta vez en el mundo contradictorio de lo juvenil, ya despierta la sexualidad que, como vida en potencia, latía ígnea en los versos previos. Desde la contemplación platónica hasta el desencanto del vacío (153 a 161), del olvido a la percepción del tiempo (162 a 188) para desembocar (189 a 194) en una primera instantánea del tiempo circular que plantea el primer gran drama (195 a 222): en ritual de sol, Circe hechicera se adueña de las voluntades. Es la irrupción del pensamiento mágico arrollando la inocencia prístina, el desvirgamiento plural y femenil de Melusina y la memoria (223 244), hasta caer en el encuentro edípico con la madre (245 a 254) y salir de la olvidanza para luego volver a caer (255 a 287) en otra muerte con recuerdos y dolor en la memoria.

La semejanza con el apogeo y desmoronamiento de las civilizaciones precolombinas me parece absoluta. Más tarde vendrá la invasión conquistadora y humillante, en el texto replicada por la invasión de Madrid (versos 288 a 434).

"Madrid, 1937,
en la Plaza del Ángel las mujeres
cosían y cantaban con sus hijos,
después sonó la alarma y hubo gritos,
casas arrodilladas en el polvo,
torres hendidas, frentes escupidas
y el huracán de los motores, fijo:"

Para Paz el amor de dos es el rescate, a través de Eros fundamental, de la permanencia. Es la postergación de la muerte y la prolongación de la lucha: "amar es combatir", y este combate engendra el mito, la historia y la muerte (435 a 503) hasta el final colectivo. Por último, la colectividad que renueva sus ritos de vida y muerte (504 a 524), esa muerte que es pan de todos y esa muerte que tiene de mujer la hondura de abismo en el que seremos tragados (525 a 570) hasta la nada.

Por último, tras la caída en la nada, despertar es morir (571 a 590) y los versos que se repiten marcan el eterno tiempo circular del mito, emparenta, al Chilam-Balam y al Eclesiastés... Mito del eterno Retorno, por cierto, pero también algo más: apoyo autorreferente y sostenido en la propia sensación, parapeto en el territorio personal, imposibilidad de sustraerse al destino en lo real, aunque se lo maquille de sueño. La piedra de sol es la escuela de la infancia bajo el calor prolijo, es también la piedra donde se oficia el rito de la inmolación y hasta puede ser labradorita, un compuesto mineral que se presenta en masas cristalinas, traslúcidas, blancas, grises, verdes, azuladas, y que al soplete se funde, formándose un vidrio incoloro. Transubstanciación poética del cuerpo en cristal, del alma en luz: cada brillo es un encuentro, cada estallido erótico un reverbero.

Quizá efectivamente despertar haya sido para el ensayista Paz y el poeta Octavio, morir para otros y nacer para sí, incursión irreversible en la gran otredad.

                                                              

                                            Apéndice

                                 Manuscrito de homenaje a la partida
                                del escritor, expresado como vivencia
                                 de pareja rota, la separación de los
                               dos que se amaban desde Madrid 1937...

Voz de savia sola y simple, la plenitud aviesa de su satisfacción me escarnecía como una revolución reprimida. Voz de talle urgido y tallo erguido, voz de petrificada sombra: nada había en el grito destemplado de sus ojos glaucos que no me enviase a ser lobezno incontinente para sus pezones capitolinos. Turgencias trágicas de cuerpo ajeno, se me evadían de golpe como un cierzo arrebatado que cantara añoranzas de loba en celo para otro cielo más bestial que éste mío de traga y trepa.

Prontuario pronto de diente y labio, su piel se me iba a pesar de los mordiscos, dejando su sabor en jirones breves de sal y agua. Y así, entre captura y evasión se fue estableciendo la pulsación de esta distancia, que no por recíproca fue menos honda, instaurando a latidos la nostalgia absurda de un abrazo póstumo, abrazo necrófilo que ni la taxidermia de una carcajada logra ahora revestir de ardor.

Frialdad progresiva de espanto, acumulado imperio de las ansias torpes o vacuidad enarbolada para naufragio, tras vencer la séptima inquietud de los deseos la octava paz de su abandono jamás perdió su soledad de laberinto.