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Literatura y lingüística

versión impresa ISSN 0716-5811

Lit. lingüíst.  n.12 Santiago  2000

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-58112000001200010 

REDES INTELECTUALES. NUEVAS POSIBILIDADES DE
ESTUDIO PARA LAS LITERATURAS DEL CONO SUR (1970-1990):
EL CASO DEL URUGUAYO CARLOS MARTÍNEZ MORENO.

                                                                                      Mirian Pino

Resumen

El propósito de este artículo es formular, desde la noción de redes intelectuales, el aporte de Carlos Martínez Moreno, a la cultura continental. Destacar su labor en el grupo Marcha de Motevideo. Su hipótesis es sostener que la crítica cultural latinoamericana encuentra un hito fundamental en este grupo de intelectuales, articulando una red (sensibilidad y mentalidad de una época) y una búsqueda porblematizadora con los aportes de la crítica cultural inglesa en lo referente a la «estructura del sentir» de Raymond Williams.

Abstract

Intelectual networks. New possibilities of study for the South Cone literatures (1970-1990): the case of the uruguayan Carlos Martínez Moreno

The purpose of this article is to formulate, from the notion of intelectual networks, the contribution of Carlos Martínez Moreno to continental culture and to outline his work in the group "Marcha" of Montevideo. Its hypothesis is to sustain the view that Latin American cultural criticism finds a fundamental milestone in this group of intelectuals networks, (senssibility and mentality of an epoch) and a problematic searching with the contributions of English cultural criticism referring to Raymond Williams's 'structure of feeling'.

El objetivo de este articulo es transmitir un conjunto de reflexiones que tienen como objeto re-formular desde la noción de redes intelectuales un rico campo de estudio como el que constituye las narrativas del Cono Sur, en un corte temporal que abarca el período l970-l990. En este sentido, la mayoría de los trabajos de investigación referidos a este objeto de estudio operan con nociones propias de las teorías de las periodizaciones que básicamente emulan los cortes diacrónicos típicos de la historiografía, pero que para aplicarlas a las literaturas latinoamericanas debe ser ejercitado con reservas1, ya que detrás de las mismas se esconde una rica productividad narrativa de carácter plural y heterogéneo. Ya en su ensayo sobre esta problemática, Eva Kushner trata este tema en "Articulación histórica de la literatura", o bien Ana Pizarro en La literatura latinoamericana como proceso (l984) reflexiona en torno a este tema aplicado a la literatura latinoamericana, compilando también valiosos estudios sobre el tema, como el de Domingo Miliani o bien el del Dr. Gutiérrez Girardot. La estudiosa regresará a similares reflexiones en su texto De ostras y caníbales (l994).

Causa sorpresa poder observar en los diversos trabajos de campo realizados, el desconocimiento de las literaturas de este segmento continental referido a las postdictaduras. Si la globalización establece redes de poder, como conjunto de líneas que van tensando discursos políticos, políticas empresariales, etc., es lícito poder otorgar otra dimensión al concepto de lo que comúnmente es aceptado por la doxa. En tal sentido, podemos entenderla como conjunto de personas con inquietudes intelectuales y con propósitos mancomunados que se reúnen en aras de un trabajo intelectual profundo y profuso, en el mejor sentido del término, es decir, como cierta dispersión de líneas rizomáticas que se articulan en la semejanza y en la diferencia.

Pensar en red es pensar entonces en la heterogeneidad, en una cartografía de las narrativas que es procesal, dinámica, y en donde el rol de la crítica y las investigaciones académicas son un hito fundamental, máxime cuando pensamos en la evolución del ideario latinoamericano. Eduardo Devés expresa que "para entender el desarrollo de una onda en el pensamiento latinoamericano es importante comprender cómo ésta se expande y de qué manera se va configurando un clima de ideas que en un determinado planteamiento tiende a hacerse predominante" 2. Infiero que la definición del historiador es acertada e implica la remoción de ciertas nociones que las investigaciones en la historiografía literaria latinoamericana expresan laxamente, especialmente, los conceptos de períodos y generaciones. Ahora bien, ambas nociones pueden ser enriquecidas al articularlas con la red intelectual en la medida que ésta desestabilizaría esas definiciones un tanto fijas que no permiten obsrervar la movilidad propia de muestras narrativas, cuyos corpus están en formación, máxime en estos períodos históricos que afectaron los lugares de enunciación hasta un modo de leer las contra-culturas.

En tal sentido, he de señalar para el caso chileno las importantes investigaciones de Bernardo Subercaseaux3 en torno al estado de los lectores y la lectura en dictadura, como así también las reflexiones de Tomás Moulian en su texto Conversación interrumpida con Allende (s/f).

El caso de la literatura uruguaya y chilena implica en este corte una rica productividad y una comprensión de los movimientos de la lógica del campo artístico, abruptamente modificado por el exilio. Desde mi perspectiva, esta problemática implicó una serie de efectos de escritura de muy diversa tonalidad; se generaron de este modo contradiscursos de resistencias que no sólo pueden leerse en la diversidad de estrategias narrativas, sino también en cómo desde el campo cultural se fueron gestando las contra-culturas, surgiendo y modificando en la práctica las tan mentadas y difundidas nociones y teorías de género. La operatividad del concepto de red posee puntos de relación con la teoría que Raymond Williams define como estructura del sentimiento4 , concepto que absorbe la noción de período y generación literaria al relacionarla con determinados cambios en la sensibilidad y con las condiciones de producción en torno al valor del arte, superando la noción de generación de Pierre Bourdieu5.

La red tensaría en lo que se denomina con cierto grado de error 'apagón cultural' las diferentes líneas artísticas y los modos de relación de un aliento común, no sólo en una productividad narrativa nacional, sino también entre literaturas de un mismo período, que superan el carácter de 'nacional' como es la chilena y la uruguaya, ya que nos permite captar primero la densidad de lo que entendemos por ese enunciado, constructo mutable y que debe re-pensarse en la era de la globalización, y luego, observar los movimientos, la circulación de un cierto ideario que echaría luces sobre esas literaturas y también del estado de la crítica que se gestó paralelamente en ese período.

El material para armar los corpus ha sido bastísimo y no circula por librerías argentinas ni por la academia. Este dato un tanto anecdótico afecta la noción de canon, porque cómo se lo define o qué textos lo componen y cuáles no, si la academia desconoce, porque no se han leído autores que tienen una sólida trayectoria. Ángel Rama, ya en la década del '70, había advertido la 'valcanización' de los bienes culturales luego de las dictaduras6, pero ya pasado el fin del milenio cómo historiografiar lo que no se conoce ni se lee, y no se lee porque no circula, en fin, es un círculo vicioso del cual podemos salir, arrojando el agua de la tina (Cfr. A. Ajens: 1998)" 7, pero no con el chico adentro.

El caso de Carlos Martínez Moreno

Consigna la crítica uruguaya Rosario Peyrou en su artículo "La lucidez y el coraje", publicado en El País Cultural de l994, que Martínez Moreno es un autor poco conocido en la literatura de su país, hecho que se acentúa si pensamos su largo exilio en México, desde l977 hasta l986, año que muere sin haber regresado definitivamente a la banda oriental. José Donoso lo menciona en su Historia personal del boom (1972), dentro del grueso de autores de su canon, y en la academia de Córdoba su obra circuló entre especialistas de cultura continental exonerados durante el golpe de estado.

Lo importante aquí es que si pensamos y adensamos la noción de red, podemos observar el modo cómo el exilio -al producir contra-culturas-, permitió la creación de un conjunto de ondas de expansión que estuvo nucleada por acontecimientos históricos claves: la revolución cubana, la muerte del Che Guevara y las dictaduras militaristas, constituyendo un arco lo suficientemente extenso para poder procesar esta producción y observar cómo un conjunto de autores uruguayos y latinoamericanos en general, nucleados en torno a la revista Marcha, fundamentalmente en su segundo período, que se abre en los '60 y se cierra un tiempo después del golpe de estado de l973, conformaron un ideario que tuvo que ver con la noción de Patria Grande que arranca desde Martí en adelante, actitud que atravesó un conjunto de estudiosos latinoamericanos en torno a la labor del maestro Ángel Rama y Carlos Quijano. También esa línea crítica, fundante de los estudios sobre culturas latinoamericanas, tiende en fin de siglo e inicio de un nuevo milenio a ser corrida para privilegiar otras teorías y prácticas críticas que tienen más que ver con la univocidad que con la heterodoxia.

Pensada así, la red implica el trazado de una planimetría literaria que pone en evidencia primeramente que la misma no es homogénea, sino además puede estar constituida por modulaciones teóricas que pueden reelaborarse a través del tiempo, por ejemplo poder articular la incipiente comparatística latinoamericana con la, redes en un corte determinado. Infiero que la labor de las revistas literarias fue fundamental en los '70 y 80: pienso en Crisis de Argentina y Marcha en Uruguay.

El caso de la revista uruguaya como un elemento dentro de la lógica de campo capaz de hacer posible las condiciones objetivas de la obra de arte, fue un punto capital, habida cuenta que permitió -con los aportes de las colaboraciones de relatos, reseñas y organización de premios- el conocimiento de un conjunto de autores, incluso que poco y nada tuvieron que ver con la 'onda expansiva' bum (parafraseando la onomatopeya de Juan Carlos Onetti), como el caso del uruguayo, transterrado en EEUU, Hiber Conteris, que de otro modo el público lector no hubiese tenido acceso. Por otra parte, es preciso señalar que las posibilidades de pensar en red atrae la articulación no sólo de cortes en la investigación, sino también de la forma en cómo Marcha pautó un tipo de mentalidad y de sensibilidad que abogó por la integración latinoamericana; en tal sentido, he tomado la definición de mentalidad vertida por Eduardo Devés, ya que armoniza los términos período, grupo literario y proyección histórica. Consigna el historiador: "Entiendo mentalidad como el consenso que se produce en el sector intelectual por sobre las diferencias religiosas o partidarias (...)" 8. Un tanto más amplia es la noción que presenta Dominick La Capra, quien la define como historia social de las ideas 9.

La definición del investigador chileno no excluye la noción de diferencia, sino más bien en una mentalidad de una época o etapa pueden estar echadas las bases de modificaciones o cambios; de todas maneras, mentalidad y sensibilidad constituyen los ejes sobre los cuales se construye el concepto de red. Asimismo, define sensibilidad como "el estado de ánimo compartido grosso modo por las personas de una época, en este caso por el grupo intelectual"10; además es interesante cotejar estos términos con estructura del sentir de Williams, porque lo residual y lo emergente en este teórico tienen su articulación con los elementos antes señalados. En efecto, una estructura de sentimiento, en tanto conjunto de valores y significados tal como son vividos y sentidos, también implica la idea de red, es decir, un conjunto dinámico de relaciones internas, muchas veces de carácter ambivalente, la que no puede ser formalizada en el presente de su desarrollo, pero que con el paso del tiempo es captada, entendida y hasta convertida en una clasificación o una institución.

Dicha estructura se conforma al menos por dos instancias: residual y emergente, la primera está constituida por elementos de una cultura que están depositados en el pasado, pero como afirma el estudioso inglés, "como un efectivo elemento del presente" 11, mientras que el segundo término implica "los nuevos significados y valores, nuevas prácticas, nuevas relaciones y tipos de relaciones que se crean continuamente" 12. Es interesante acotar que la definición de residual tiene alcance incluso en modos o formas culturales alternativos, o de oposición frente a la cultura dominante, si bien en numerosas oportunidades también puede estar actuando dentro de lo dominante. En tal sentido, el grupo Marcha analizado desde una perspectiva actual configuró a través de visiones de mundo comunes a una determinada línea de pensamiento en el continente una similar estructura de sentir con eslabones discontinuos desde el siglo XIX en adelante, pero bajo una misma sensibilidad. No es casual que las investigaciones en torno al grupo del cual nuestro autor fue parte integrante haya sido enfocado en conexión con Rodó y Carlos Vaz Ferreira13.

Decir que Martínez Moreno perteneció a la generación literaria del '45 o también llamada 'crítica' en Uruguay, caracterizada por el rigor estético y una reacción frente al quietismo político, cercana a la actitud antimperialista de Carlos Quijano, director de Marcha, nos dice mucho y poco al mismo tiempo, porque el Martínez Moreno de su nouvelle Cordelia (l961) es bastante diferente al del Color que el infierno me escondiera de la década del '80; digo mucho y poco porque la noción de generación literaria tal como se utiliza en la historiografía, congela escrituras en la medida que ni siquiera es la noción bourderiana la que ha tenido influjo, sino la de corte positivista, proveniente de Ortega y Gasset. Pero si digo que en M.M. de las décadas del '60 al '80 puede observarse la interdicción de modulaciones de un discurso jurídico que se construye en su escritura, puedo conjeturar una actitud transdisciplinar en un letrado formado en lecturas de la literatura universal, abogado penalista y defensor de prisioneros políticos; puedo complejizar ciertas nociones como la de compromiso sartreano, que circulaba en la etapa en que autor comienza a escribir; incluso problematizarlo en relación a su producción de la etapa mexicana y, fundamentalmente, en las polémicas que suscitó la última novela citada la cual parecería, en una lectura poco atenta a la construcción estética o bien a la ambigüedad del género relato testimonial, ser una condena a la guerrilla tupamara, perfil que queda obturado cuando podemos leer el material completo de su posición acerca del compromiso del escritor, del crítico y de la complejidad de los juegos de la política nacional e internacional del período.

De este modo podemos demarcar que las colaboraciones de M.M. para la revista citada datan de los años '60 y '70, habiendo rastreado incluso colaboraciones anteriores a la etapa que me interesa; dichos artículos están reunidos en tres de los ocho tomos bajo el título Crítica teatral. En el período mexicano colaboró para el periódico La Jornada con diversos artículos sobre Derechos Humanos. Paralelamente a su labor como ensayista escribe El color...(l981), obteniendo el primer premio del concurso Proceso/Nueva Imagen, cuyo segundo lugar lo obtuvo un autor chileno, no canónico y que no debiéramos olvidar: Francisco Simón Rivas con su novela política El informe Mancini (l981). Ambos autores no tuvieron contacto directo entre sí, pero hay en sus escrituras rastreables en las ficciones y sus declaraciones públicas una sensibilidad común en torno a las dictaduras y los derechos humanos.

En l994 Carmen García Mendieta, esposa del autor, recopila en ocho tomos publicados por la Cámara de Senadores de la República del Uruguay el total de la producción del autor. En ella es posible observar no sólo las colaboraciones para la revista en lo referente a teatro por ejemplo, sino también el ideario de M.M. que se articula con un modo incluso de ejercicio de la crítica, que si bien se adecua a la época conforman verdaderas lecciones de cómo se ejercita esa actividad desde una revista de difusión masiva. Por otro lado, las reflexiones sobre el poder y sus microfísicas, el tratado sobre el lumpen, hasta las reseñas sobre un Vargas Llosa no dejan de provocar cierta admiración porque en su escrito sobre el autor peruano salva la construcción estética más allá de toda diferencia ideológica, el artículo al que hago referencia es "Quién era Mayta y quién era Vargas Llosa" de l984, recopilado en el tomo II.

En l973 aparecen en Marcha sus colaboraciones sobre política internacional reunidas en la compilación bajo el título Los días que vivimos. Los artículos "Los fantasmas de casa y los de afuera" y "Tiempos duros para el hombre" se refieren justamente al golpe militar de Chile y la figura de Salvador Allende. Pero lo importante es observar aquí cómo el autor articula su discurso jurídico a una reflexión de la cultura en Latinoamérica de los '70 y los '80.

Consideraré los artículos que me parecen fundamentales para entender la formación de la red que tiene que ver con un pensamiento genuinamente continental, lo cual no implica la renuncia de la tradición europea, menos aun en el caso de este autor pero con las raíces puestas en el continente tal como lo señaló José Martí en Nuestra América. Este nuevo latinoamericanismo del cual considero a M.M. como parte integrante fue formador de discípulos, e indagó en una corriente del pensamiento continental que no ha perdido vigencia. Pero un estudio atento de la evolución de la crítica literaria en Latinoamérica deberá operar con la pluralidad y considerar también cómo los golpes de estado produjeron en cada país un vaciamiento de importantes equipos de intelectuales. Las consecuencias son sumamente complejas para analizar en este artículo, pero he de decir que la diáspora produjo un doble movimiento contradictorio: la internacionalización de estudiosos y escritores, como M.M., y al mismo tiempo su olvido en el país de origen. Un examen pormenorizado de los programas de estudio en las academias del Cono Sur son un ejemplo elocuente de ello y puede ser entendido como otro caso más de lagunas estructurales14, es decir, vacíos en el interior del sistema social que necesitan ser colmados.

De la fuente documental consideraré la "Semblanza a Carlos Real de Azúa", su artículo sobre el lumpen de l974 para el semanario Marcha, el artículo en torno al cierre de esa revista, la situación de los presos políticos y otros escritos.

En ese corpus de textos, la mayoría de ellos escritos en su exilio mexicano, resaltan algunos aspectos que son interesantes; en primer lugar, la figura de Don Carlos Real de Azúa como un letrado, un intelectual cercano a la cultura argentina de los años '30 más que a la propiamente uruguaya, la presencia fundamental de Ángel Rama y su labor de estudioso de nuestra cultura, pero también de un intelectual preocupado por la política, en una línea de análisis cercana y continuadora a la de Alberto Zun Felde. No olvidemos que la mayoría de los colaboradores del semanario emigraron: caso Carlos Quijano, director, Real de Azúa, Juan Carlos Onetti, etc. Y la mayoría al país azteca, en donde se vincularon con el argentino Guillermo Orfila Reynal, director por entonces de la editorial Fondo de Cultura Económica.

"Escrito sobre el lumpen", desde mi perspectiva es un texto inaugural para la comprensión no sólo de su novela La tierra en la boca (l974), sino también de su proceso escriturario, de la forma como ingresa a la narrativa ese actor social, señalando diferencias de su presencia en la obra del chileno Manuel Rojas o Samuel Beckett , expresa el autor: "Los marginados de Manuel Rojas (...) no son lumpen: fracasados o desocupados o perseguidos por la vida, llevan el bagaje de un aparato de ideas (...), de intenciones, de pasados días de raída bohemia. Han sido, de algún modo, más ricos de lo que ahora se les ve. (...). Sin la presunción de emparejarme a nadie, quise retratar otro lumpen, por debajo o a un costado de ambas suertes de vivencias dramáticas. Un lumpen más robusto y menos desmembrado (...). Son los indigentes que por todo concepto (sentimental, cultural, social) siempre lo han sido (....)"15.

No menos importante son los ensayos publicados en el tomo I, referidos en su conjunto a la problemática del poder y el autoritarismo que reflejan la huella de M. Foucault y la Escuela de Frankfurt, líneas teóricas de las cuales era un ávido lector. Quisiera rescatar al mismo tiempo la actitud transcultural de M.M. visible también en la lectura de Néstor García Canclini, antropólogo argentino, exiliado en México. Del conjunto total me he centrado en "De la filosofía social a la Ciencia: condicionamientos históricos e intelectuales" que en realidad es el escrito con el cual accede a la titularidad A de la cátedra Teoría Social en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, que no alcanzó a desempeñar ante su muerte. En dicho escrito, citando a Real de Azúa, desarrolla la problemática de la modernidad desigual en América Latina y el escaso alcance de la sociología crítica alemana en este continente. En Una búsqueda de libertad y de identidad don Carlos Martínez Moreno insiste en las potencialidades de la transdisciplina para comprender la producción simbólica continental y, siguiendo a Canclini, articula la noción de cultura con poder, relación que permite entender las nociones de cultura dominante, cultura de resistencia, etc. . He de acotar que la citación de Canclini data de la década del '80, años antes que comenzara a circular fuertemente en el continente sus estudios sobre culturas híbridas.

Por otra parte, siguiendo estas líneas de reflexiones, hace referencia a la cuestión de la identidad latinoamericana y su relación con las dictaduras militaristas y la doctrina de la seguridad nacional, reflexiones fundamentales para elaborar en una investigación sobre los corpus de postgolpes en lo referente al campo social y artístico. Es interesante observar el análisis sobre la importancia del poder "espiritual" o las diferentes posiciones del poder religioso desde la conquista hasta nuestros días, y el aporte del autor en el rastreo minucioso de las consecuencias de la reunión de Medellín (1968) y de Puebla (1979), que segmentaron la iglesia en dos orientaciones: la élite eclesial y la iglesia popular. El poder en el continente es analizado por gradas: el político, el eclesiástico, hasta auscultar sus consecuencias en la cultura ante el auge masivo de los medios de comunicación o la llamada industria cultural, todas ellas, problemáticas que han sido objeto de investigaciones desde hace aproximadamente una década.

Conclusión

Los escritos de Carlos Martínez Moreno componen el nivel de formación intelectual de un grupo de escritores y de críticos que utilizaron su discurso en función de problematizar la cultura latinoamericana, preparando el camino de una corriente que el exilio fue enriqueciendo en el intercambio intelectual de una cultura de resistencia. No es casual que dos de los artículos citados hayan sido ponencias en Congresos realizados en México, en la década de los '80, etapa en la cual reverbera esta circulación de discursos que ya prepararon definitivamente las bases para los estudios sobre nuestras culturas, pensados desde nuestro continente.

Este conjunto de reflexiones de la etapa mexicana y las publicaciones de El color... y la edición póstuma de Animal de palabras estará acompañada de tesis doctorales en Francia, EEUU y México referidas a su obra, investigaciones que no son casuales, porque ya lo había planteado Ángel Rama en La riesgosa navegación del escritor exiliado (l995, edición póstuma), en orden a que en el exilio el escritor se enfrenta a simultáneamente a tres públicos: el que dejó en su lugar de origen, el de lugar del exilio y el de la comunidad de desterrados. Según lo ya consignado por Peyrou, no parecería haber sido la suerte corrida por el autor Martínez Moreno pero es lícito acotar que el aura de exiliado ha tenido su reverso y su anverso en las décadas del '70 y '80. La legitimidad de la denuncia expresa la imagen del escritor comprometido con la palabra, fundamentalmente, no le restó importancia o lo hizo menos comprometido. El espíritu combativo de la época en el que se desarrolla el legado de M.M. queda expresado en numerosos artículos jurídicos y sociológicos sobre el asilo político en América Latina, queda expresado en las ficciones, en esa comunidad de libros escritos bajo una sensibilidad y una mentalidad común, especialmente, con el equipo intelectual de Marcha , textos e instituciones que navegan riesgosamente en la memoria de los lectores exiliados de las obras que enriquecieron nuestra cultura en ese período.

Si la historia literaria tal como lo expresa La Capra es la reconstrucción infinita de los grandes libros, éstos son los que se ubican más allá de la industria académica del canon latinoamericano, en singular o en plural. En este sentido, el nombre de este autor uruguayo será nombrado y reflexionado en cualquier historia literaria que se precie de tal y que insista en la idea de buscar la reconstrucción infinita más allá del archivo, cubierto muchas veces por un sutil manto de olvido.

Notas:

1AAVV, Teoría literaria, Madrid, Alianza, 1993, pág.125 y ss.

2 Devés, Eduardo, "La red de los pensadores latinoamericanos en los años `20", en Boletín Americanista Nº 49, Barcelona, 1999.

3 Me refiero al trabajo de Bernardo Subercaseaux "Notas sobre autoritarismo y lectura en Chile", documento CENECA, Santiago de Chile, 1984.

4 Williams, R., Marxismo y literatura, Madrid, Edit. Biblos, l997.

5 Bourdieu, P., La distinción. Criterio y bases sociales del gusto, Madrid, Taurus, 1999; también en numerosos pasajes de La regla del arte. Composición del campo literario, Barcelona, Anagrama, 1999.

6 Rama, A., La novela en América Latina. Panorama 1920-1980 (cap. "Los contestatarios del poder"), México, Ed. Fundación Ángel Rama / Universidad Veracruzana, 1986.

7 Ajens, A., Más íntimas misturas, Santiago, Edit. Intemperie, 1998.

8 Devés, E., "Pensadores chilenos en el debate de fin de siglo" (documento del Instituto de Estudios Avanzados), Santiago, USACH, l999.

9 La Capra, D., ¿Somos todos un caso de Mentalité? Transferencia en el concepto de cultura, Cornell, 1998, (trad. de Cristina Godoy y María Laboranti) Rosario, Universidad de Rosario, 1999.

10 Devés, E., ob. cit., pág. 22.

11 Williams, R., ob. cit. , pág. 144.

12 Williams, R., ob. cit., pág. 145

13 Me refiero a la investigación realizada por Gustavo De Armas y Adolfo Garcés, Uruguay y su conciencia crítica, que fue publicada en 1997 por editorial Trilce de Montevideo.

14 Bourdieu, P., ob. cit., pág. 347.

15 Martínez Moreno, C., Literatura uruguaya. Tomo I, pág. 261.

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