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Revista de estudios histórico-jurídicos

versión impresa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  no.33 Valparaíso  2011

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54552011000100054 

Revista de Estudios Histórico-Jurídicos
XXXIII (Valparaíso, Chile, 2011)
[pp. 780 - 782]

BIBLIOGRAFÍA

Tratado sobre el Orden, el Matrimonio y la Extremaunción de san Carlos Borromeo. Introducción, traducción y edición bilingüe con notas por Mario Luigi Grignani (Lima, Fondo Editorial Universidad Católica Sedes Sapientiae, 2010), 175 pp.

 


 

El Concilio de Trento fue el impulsor de la verdadera reforma introducida a la Iglesia en el siglo XVI, reforma a la que se aspiraba desde hacía tiempo y que había dado origen a intentos equívocos como el quiebre luterano. No eran suficientes, empero, meras decisiones para encauzar una renovación de la vida eclesial, aunque ellas hubiesen sido tomadas al máximo nivel, sino que era necesario un conjunto de actividades que transmitieran dichas decisiones a todo el cuerpo de la Iglesia e impulsaran su puesta en práctica. En esta perspectiva hay que situar la renovación de la actividad sinodal que vivió la Iglesia a partir del concilio tridentino, cuyos ecos en la América indiana son bien conocidos. Quizá el prelado que más destacó en llevar adelante el concilio a través de la actividad sinodal fue el arzobispo de Milán, san Carlos Borromeo. Pero los sínodos, con ser importantes, necesitaban todavía un complemento: instrucciones dirigidas a los sacerdotes, precisamente los encargados de ponerlo en práctica en la vida cotidiana de los fieles, a efectos de instruirlos y orientarlos en la actividad pastoral que debían desplegar en sus iglesias. Es en esta perspectiva en la que hemos de situar el Tratado que reseño, en el que se dan instrucciones a los sacerdotes en su actuar pastoral en relación con los tres sacramentos del Orden, del Matrimonio y de la Extremaunción.

Aunque se le denomina Tratado, se trata de un manuscrito de 27 fojas, escritas en el italiano hablado en el ámbito milanés del siglo XVI, que se guarda en la Biblioteca Ambrosiana de Milán, que ahora el profesor Grignani nos presenta a los lectores de habla hispana en texto bilingüe, italiano-castellano. Antes ya había sido dado a conocer en lengua italiana. Al parecer, este texto no ha sido redactado materialmente por el arzobispo milanés, aunque en la portada es posible identificar algunas palabras manuscritas personalmente por él; quienes lo han estudiado afirman que es lícito concluir que san Carlos lo vio y leyó y que lo conservó entre sus escritos; en todo caso, su contenido corresponde a su pensamiento, por lo que es de su círculo. La presente publicación bilingüe contiene el texto original escrito en italiano y la traducción castellana. La transcripción del texto italiano original se hace tal como aparece en el manuscrito original; en cambio en la traducción castellana se han seguido las normas ortográficas modernas, aclarando mejor el sentido de la oración donde pareció necesario.

El “Tractatus de Ordine et Matrimonii et Extrema unctione sub ratione praxis spiritualis manu propia S. Caroli” se compone de tres partes, cada una de ellas correspondiente a cada uno de los tres sacramentos tratados. Como lo pone de relieve el profesor Grignani, es posible relacionar cada parte del Tratado con las Instrucciones dadas por san Carlos y publicadas en latín en las Acta Ecclesiae Mediolanensis. El Tractatus escrito en italiano sería el medio para divulgar con más facilidad dichas instrucciones ante la necesidad, presentada por la praxis espiritual, de actuar conforme a ellas y de darlas a conocer al pueblo fiel. De hecho, el Tratado se dirige en primer lugar a los sacerdotes a cargo de la cura de almas, para que no descuiden esta tarea; pero se dirige también a los fieles, a quienes hay que instruir en el contenido de estos tres sacramentos. Y no sólo eso, pues en estas páginas se incluyen aspectos diversos de la vida de relacionados con los tres sacramentos, como litúrgicos, morales, de pastoral vocacional tanto sacerdotal como familiar, y también canónicos.

La primera parte está referida al sacramento del Orden y comprende la mitad del manuscrito, desde el folio 1r al 14v. Está estructurada según la comprensión que en la época se tenía de la praxis ministerial, describiendo cada una de las órdenes menores –primera tonsura, ostiario, lector, exorcista, acólito– y mayores –subdiácono, diácono, cura–, sacramento del que “el sacerdote tiene que pensar y que hablar consigo mismo y con sus clérigos y con el pueblo […] para que [el pueblo] sepa lo que debe esperar de cada grado de clérigos y sacerdotes suyos”. La segunda parte está dedicada al sacramento del Matrimonio, desde la foja 14v a la 21r, una cuarta parte del texto total. Se trata de un sacramento importante para la vida de los fieles de manera que el sacerdote tenía que instruirlos para evitar abusos y problemas, para lo cual había que aplicar los decretos del concilio tridentino lo que le obligaba a estar bien informado de los impedimentos y de los casos difíciles. La tercera parte se dedica al sacramento de la Extremaunción, que ocupa la última cuarta parte del manuscrito, desde el folio 21r al 27v. De él se advierte la gran ignorancia que existe sobre él entre el pueblo fiel, sobre todo por la práctica de recibirlo sólo al final de la enfermedad; y se pone en guardia frente a supersticiones generadas en torno al mismo.

Como se puede ver a la luz de esta breve descripción, a través de estas páginas es posible asomarse a una página de la vida canónica milanesa de la segunda mitad del seiscientos a través de la práctica de tres sacramentos, en que los aspectos jurídicos aparecen no en la fría descripción de un libro de texto, sino en la riqueza de la vida cotidiana, enriquecidos con la espiritualidad, la liturgia, la moral y la teología que, formando un todo armónico, acompañan la vida cotidiana de los fieles. Aunque escritas hace más de 400 años, muchas de estas páginas no han perdido un ápice de su actualidad, y no pocas de ellas podemos encontrarlas en el moderno derecho de la Iglesia, bajo formas diversas quizá, pero con un idéntico contenido, lo que, a decir verdad, no es de extrañar, porque tanto hace 400 años como ahora, salus animarun suprema lex in Ecclesia.

La presentación de este Tratado se complementa con una breve semblanza biográfica de san Carlos Borromeo, de cuya canonización, ocurrida en 1610, se han cumplido 400 años. Es de agradecer al autor que haya puesto al alcance de los lectores de lengua hispana este texto, ya conocido en su lengua original, que nos permite acercarnos al derecho de la Iglesia no sólo en una perspectiva histórica poco conocida y, por lo mismo, enriquecedora, sino también en su actuación práctica, haciendo vida las frías prescripciones normativas.

Carlos Salinas Araneda

Pontificia Universidad Católica de Valparaíso

Valparaíso, Chile