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Revista de estudios histórico-jurídicos

versión impresa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  no.33 Valparaíso  2011

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54552011000100023 

Revista de Estudios Histórico-Jurídicos
XXXIII (Valparaíso, Chile, 2011)
[pp. 665 - 667]

BIBLIOGRAFÍA

Aurell, Martin, Le chevalier lettré. Savoir et conduite de l'aristocratie aux XIIe et XIIIe siècles (París, Impr. Maury de Millau, Eds. Fayard, 2011), 539 pp.

 


 

Con el inicio del siglo XII tuvo lugar un despertar cultural significativo, que supuso un vasto movimiento de renovación letrada que, a partir de los años centrales de la centuria 1100, llegó a occidente, y provocó que las escuelas y las universidades naciesen y se multiplicasen. Sus enseñanzas se diversificaron, aumentando el número de autores y de libros. De esta forma, surgió una nueva generación de eruditos monásticos que pretendía salvaguardar los nuevos saberes, que se definían a sí mismos como “modernos” (p. 11). Con el despertar del siglo XII, la Iglesia sufrió una transformación radical: las exigencias morales, espirituales y culturales de los clérigos se reforzaron. Para la mayoría de los medievalistas, se produjo un importante cambio mental en esta época. De hecho, en occidente comenzó a tener auge la escritura y, de otra parte, la Iglesia utilizaba constantemente la Biblia, la patrística y los libros litúrgicos. En efecto, antes del año 1130, salvo raras excepciones, todo se escribía en latín. De hecho, las invasiones normandas introdujeron en Inglaterra los primeros textos franceses. Por otro lado, en esta época el término “clero” (clérigo) presentaba cierta ambigüedad. Además, un laico –como sinónimo de inculto– podía aprender latín y adquirir el conocimiento de los libros. En esta época comenzó una proximidad entre el clero y los caballeros, que respondían a la organización de la familia aristocrática, si bien unos dedicaban sus esfuerzos a la guerra mientras los otros al estudio.

El arte de las armas requería una formación previa e intensa. A partir del siglo XI, los caballeros se diferenciaban en el campo de batalla. Pero en todos los casos, la instrucción latina de base a los descendientes se consideraba fundamental, aunque era frecuente que un noble delegara la instrucción de las letras de sus progenitores a sus preceptores. A lo largo de la alta Edad media, en occidente los monasterios iniciaban en las letras, si bien la escolarización monástica de los futuros guerreros sólo era para los príncipes y la más alta aristocracia.

En Italia, más que en occidente, existían centros de enseñanza urbana destinados tanto a los laicos como al clero. En la península, las numerosas escuelas privadas o municipales subsistían desde la antigüedad (p. 71). A principios del siglo XII, varios jueces contribuyeron a la elaboración de diversos textos legislativos que más tarde conformarían los Libri feudorum, una compilación de Derecho feudal difundida por parte del mediterráneo occidental. A principios del siglo XIII, una quincena de localidades italianas estaban dotadas de universidades. En definitiva, que en estos dos siglos el nivel del latín de los caballeros mejoró en gran medida. De hecho, la irrupción en ambos siglos de los caballeros en las letras en el panorama literario occidental sorprendió por su precipitación (p. 115). El aumento de los escritores laicos en los siglos XII y XIII hizo que poetas, romanceros o cronistas dedicaran algunas palabras a la caballería. Sin embargo, los clérigos preferían escribir en latín, mientras que los nobles optaban por su lengua materna. De esta forma, los caballeros contribuyeron a la aparición de un nuevo género literario que reivindicaba la ficción y la imaginación. A finales del siglo XIII, la mayoría de las crónicas eran escritas en italiano, la lengua vulgar que se estaba extendiendo en estos momentos.

Martin Aurell señala que María de Francia fue la primera escritora en lengua francesa, autora probable de cuatro obras en versos octosilábicos (pp. 244-249). De hecho, en los siglos que se estudian la mayor parte del género lírico provenía de las féminas. En estos siglos, la cultura de los libros de caballería crecía, no siendo abandonada en ningún momento por las élites de occidente. También se recogían en los escritos las reformas de las costumbres de guerra. De hecho, Alfonso X de Castilla (1252-1284) tuvo que ver (aunque se ha discutido mucho al respecto) con la redacción del código legislativo conocido como Las Siete Partidas, que contenía una disposición precisa sobre la protección que se debía otorgar los caballeros. En sendos siglos, los cristianos latinos conocieron una expansión territorial sin precedentes, sobre todo en el mediterráneo, en detrimento del Islam. De hecho, en 1085, el rey de Castilla y León conquistó Toledo, la antigua capital visigótica. El momento más trascendental tuvo lugar en 1212 con la victoria de las Navas de Tolosa, que abrió la conquista en el valle del Guadalquivir. Por otro lado, los reinos de Valencia y de Mallorca también sucumbieron décadas más tarde. La situación fue similar en Sicilia, cuando los normandos derrotaron a los musulmanes a finales del siglo XI.

A lo largo del siglo XII, los nobles se integraron con entusiasmo en las órdenes militares, que hacían compatible la práctica de la guerra y la vida religiosa. Martin Aurell destaca que la influencia clerical en la pacificación de la aristocracia no se limitó a la propaganda a favor de un poder monárquico fuerte, sino que fue de naturaleza más profunda y espiritual. Era una época en la que el amor estaba considerado como el objeto de debate entre cortesanos. No faltaban autores que trataban el tema religioso como Francisco de Asís (1181-1226), que consideraba la verdad teológica de la caridad como la más importantes de todas en el cristianismo (p. 408). En esta época la devoción a la Virgen María estaba aún más presente que en el pasado del cristianismo occidental. De hecho, en el cristianismo el amor de Dios quedaba de manifiesto en el amor al prójimo. Además, en el cristianismo medieval, el sacrificio voluntario estaba considerado como la mejor forma de penitencia para reparar los pecados cometidos.

Martin Aurell, catedrático de Historia medieval en la Universidad de Poitiers y miembro del Instituto universitario de Francia, ha publicado obras recientes e importantes como La Légende du roi Arthur y L'Empire des Plantagenêt (1154-1224), esta última recensionada en esta misma sede en el vol. XXVI (2004), pp. 601–603.

Guillermo Hierrezuelo Conde

Universidad de Málaga

España