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Revista de estudios histórico-jurídicos

versión impresa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  n.32 Valparaíso  2010

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54552010000100007 

Revista de Estudios Histórico-Jurídicos
XXXII (Valparaíso, Chile, 2010)
[pp. 161 - 195]

ESTUDIOS - HISTORIA DEL PENSAMIENTO JURÍDICO Y POLÍTICO

Dialéctica y Retórica en los "Topica" de Cicerón

 

Dialectics and Rethorics in Cicero's "Topica"

 

Alejandro Guzmán Brito

Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Chile

Dirección para correspondencia


RESUMEN

La obra que Cicerón editó el 44 a. C. bajo el título de "tópica" ha tenido una infuencia mayor en la Historia del Derecho, de la Lógica y de la Retórica. El presente trabajo explica los conceptos fundamentales que aparecen en aquel libro.

Palabras clave: Tópica - Retórica - Los tópica de Cicerón - Lógica antigua - Lógica estoica.


ABSTRACT

The work that Cicero edited in 44 B.C. as 'Topica' has had a stronger influence on the History of Law, Logics and Rethorics. This work explains the fundamental concepts contained in that book.

Keywords: Topica - Rethorics - Cicero's Topica - Ancient Logic - Estoic Logic.


 

I. Introducción

El opúsculo que Marco Tulio Cicerón editó en el año 44 a. C. bajo el título de topica ("los tópicos", en plural)[1] ofrece variados flancos a la investigación. Desde luego interesa examinar su relación exacta con el libro de Aristóteles que en el órganon aparece designado como topiká ("los tópicos", en plural), con independencia de la declarada y reconocida por el propio Cicerón, ya en el proemio de su obra[2] y en otros lugares. En conexión con lo anterior, también es relevante conocer el grado en que el autor dio entrada en su exposición, a ideas provenientes de la Dialéctica sustentada por las diversas escuelas de su época, esto es, principalmente, por la estoica, la peripatética y la académica[3]. Para el romanista es importante establecer el carácter de los ejemplos jurídicos con que permanentemente el autor anticipa la doctrina que después expone abstractamente en la misma obra, en función de ilustrarla[4], vale decir, entre otros puntos, si ellos son ejemplos reales, tomados de la experiencia de la jurisprudencia de su tiempo, o ficticios y, en este caso, si son inventados por el propio Cicerón o extraídos de alguna fuente, quizá retórica[5]. No es menos trascendente identificar el o los sectores epistemológicos, por así decirlo, y para emplear una nomenclatura moderna, a los cuales pertenece la obra en estudio. Es a este último tema al que nos contraeremos principalmente en el presente trabajo. Ahora bien, las palabras clave que al respecto resultan comprometidas con tal tema son "lógica", "dialéctica", "tópica" y "retórica", que, por cierto, debemos interpretar de acuerdo con la significación y delimitar según el contenido que cada una ofrece en el mundo intelectual de la época helenística al que Cicerón pertenecía.

II. "Ratio disserendi", "ars inveniendi", "ars iudicandi"

Preliminarmente hemos de estudiar el breve discurso general con el cual Cicerón, terminado el proemio, inicia la exposición de su doctrina. En él, aparentemente, resulta delimitado el contenido del libro.

1. En efecto, leemos en top. II,6: "Cum omnis ratio diligens disserendi duas habeat partis, unam inveniendi alteram iudicandi, utriusque princeps, ut mihi quidem videtur, Aristoteles fuit. Stoici autem in altera elaboraverunt; iudicandi enim vias diligenter persecuti sunt ea scientia quam dialektikén appellant, inveniendi artem quae topiké dicitur, quae et ad usum potior erat et ordine naturae certe prior, totam reliquerunt". El concepto fundamental, pues, es el de ratio (diligens) disserendi ("método de razonar"), de la cual Cicerón dice haber dos partes: una pars inveniendi y una pars iudicandi. Aquél opina que Aristóteles fue princeps en ambas, mientras que los estoicos se limitaron a desarrollar únicamente la pars iudicandi, de modo de haber abandonado, en cambio, la pars inveniendi[6]. Añade un dato nominal de interés para nosotros: la pars llamada iudicandi por Cicerón, la única que cultivaron los estoicos, pertenece a una ciencia que ellos mismos denominaron dialektiké; mientras que la otra, la sólo aristotélica, "topiké dicitur". Queda así claro el esquema ciceroniano de las fuentes y la terminología de la ratio disserendi: Aristóteles/ topiké/ pars inveniendi, por un lado; y (Aristóteles) - estoicos/ dialektiké/ pars iudicandi, por otro. Se observará que en esta exposición introductoria, la Retórica está del todo ausente.

2. Con la expresión ratio disserendi, Cicerón entiende verter en latín el término griego logiké[7]. En el de finibus (45 a. C.) lo había dicho expresamente: "Iam in altera philosophiae parte, quae est quaerendi ac disserendi, quae logiké dicitur [...]"[8]; y también en el de fato, contemporáneo de los topica: "[...] totaque est logiké, quam rationem disserendi voco"[9]. Este último pasaje nos sugiere haber sido el propio Cicerón (voco) el autor de la versión[10].

a) En Aristóteles, el término logiké[11] carece de sentido técnico, y le sirve en sus obras, bien para acercarse al campo semántico de lo que él denomina dialektiké[12], en oposición a la analityké, el sentido de los cuales dos vocablos examinaremos después; bien con la significación genérica de "racional" en oposición a physiké[13].

b) Los estoicos, en cambio, le concedieron un sentido técnico, aunque muy amplio. La mayoría de ellos reservó la palabra, en efecto, para designar una parte de la íntegra philosophía, las dos restantes de la cual denominaban ethiké y physiké[14].

En esta división, logiké es el estudio del lógos, en su doble vertiente semántica de "razón" y "palabra". La logiké era subdividida, a su vez, en rhetoriké y dialektiké, la primera referida al bien pensar-decir en discurso unilateral y continuado; y la segunda concerniente al bien pensar-decir en discurso breve y dialogado[15]. La dialektiké, en fin, comprendía dos ramas: la relativa a los significados (semainoménon) y la relativa a los significantes (semaínon), que en el lenguaje se especifica en la voz (phoné)[16].

La Dialéctica de los significantes coincidía aproximadamente con nuestras actuales Ciencias del lenguaje en sentido amplio (Fonética o Teoría de la voz, Morfología, Sintaxis, Prosodia, Métrica, Poética, Semántica)[17]. En eso que con terminología moderna hemos denominado Semántica, interesa aclarar que los estoicos incluían la teoría de la ambigüedad de las palabras, la definición de éstas, y la clasificación en sus vertientes de la partición de un todo en sus elementos y la división de un género en sus especies[18].

La Dialéctica de los significados, por su lado, abarcaba la Teoría del conocimiento, la Criteriología (o Ciencia de los criterios para discernir de la verdad y la falsedad en las percepciones), la Teoría del enunciado (sentencia, proposición, juicio) y la Teoría del razonamiento silogístico y de la argumentación (válida e inválida o sofística)[19].

c) Ahora bien, la parte de la Lógica estoica llamada "Retórica" terminó por constituir una especialidad profesional, como téchne rhetoriké[20]. Por su lado, la sección más "literaria", por así llamarla, de la dialéctica de los significantes, es decir, la Fonética, la Morfología, la Sintaxis, la Prosodia, la Métrica y la Poética, también llegó a constituir otra especialidad profesional a la que se denominó techné grammatiké[21]. El resto de ella, o sea, aproximadamente lo que hoy llamamos Semántica (definición de los significantes, su división o diaíresis, su ambigüedad), continuó haciendo parte de la Dialéctica (de los significantes). Y de este modo la noción estoica de Lógica, originalmente abarcadora de la Retórica y de la Dialéctica, tanto de los significantes como de los significados, tendió a restringirse, en cuanto se identificó con algunas de sus partes: concretamente, con toda la Dialéctica de los significados, y con lo que restó a la Dialéctica de los significantes una vez constituida la téchne grammatiké, o sea, con la Semántica, de modo de resultar excluidas aquélla y la téchne rhetoriké. Así vino a configurarse el concepto de la "Lógica" en aproximadamente los mismos términos en que actualmente la entendemos, si excluimos la Semántica.

Del resultado final de aquel proceso se hizo eco el doxógrafo Aecio (siglo I a. C/ I d. C.), quien, con referencia a la tripartición estoica de la Filosofía, al definir cada uno de sus miembros, dice del que nos interesa: "[...] cuando estudiamos el razonamiento, se tiene la Lógica, también llamada Dialéctica"[22]. Aecio, pues, identifica Lógica y Dialéctica, pero no incluye a la Gramática ni a la Retórica. Sin embargo, el nombre que los estoicos usaban continuó siendo el de Dialéctica, y siempre fueron conocidos con el nombre de "dialécticos" por excelencia[23]. Porque, en efecto, la identificación de Lógica y Dialéctica no implicó el abandono del segundo término ni su reemplazo por el primero. En realidad, la sustitución vino a producirse en la Edad Media.

Al mismo ambiente de ideas, y hacia la misma época, pertenece el uso del término logiké entre los peripatéticos. La sintética noticia la recibimos de Severino Boecio (480-526 d. C.) cuando habla de la ratio disserendi "[...] quam logicem Peripatetici veteres appellavere [...]"[24]. Estos Peripatetici veteres debieron de ser los comentaristas de Aristóteles que empezaron su actividad a partir de la edición de las obras del Estagirita por Andrónico de Rodas, hacia la mitad del siglo I a. C.[25], como Boeto de Sidón, discípulo del anterior, Alejandro Aegus (fl. 30 d. C.), Aspasio (fl. 110 d. C.), Adrastro (fl. 130 d. C.) y Hermino (quizá de Pérgamo), tal vez discípulo de Aspasio. Difícilmente puede referirse a los peripatéticos inmediatamente posteriores a la muerte de Aristóteles (222 a. C.), con Teofrasto, su sucesor, a la cabeza del Liceo[26]. Solo que, para aquellos peripatéticos, el contenido del término logiké venía dado por la que el maestro había denominado analityké, cuyo sentido veremos de inmediato.

3. Cicerón, como vimos, en el interior de la ratio disserendi (= "Lógica") distingue una pars iudicandi, que llama dialektiké.

a) El sentido del término dialektiké que primeramente nos interesa ahora es el que le había impreso Aristóteles. En éste, la contraposición relevante es entre analytiké y dialektiké.

El razonamiento analítico, propio de la ciencia (epísteme), es aquel fundado en premisas apodícticas, esto es, de verdad necesaria, que, correctamente eslabonadas (por medio del silogismo), generan conclusiones también necesariamente verdaderas. De ese tipo de razonamiento, Aristóteles trató en una obra que en el órganon aparece como analytikà hystera (analitica posteriora).

El razonamiento dialéctico, en cambio, es aquel obtenido, sin contradecirse, a partir premisas tan sólo probables, porque consisten en la apariencia de ser verdaderas según la opinión (éndoxa) de todos, la mayoría o los sabios, y, entre estos, de todos ellos, a su vez, o de su mayoría o de aquellos más conocidos e ilustres[27]. Su instrumento es el silogismo dialéctico, que, no bien correctamente aplicado, solo lleva a conclusiones igualmente sólo probables[28]. De tal razonamiento Aristóteles trató en su libro titulado topiká.

b) Ahora bien, el sentido aristotélico del término dialektiké, que acabamos de recordar, no comparece en modo alguno entre los estoicos. Ya hemos examinado qué querían ellos denotar con ese término, y podemos repetirlo sintéticamente: una parte de la logiké o ciencia del lógos, que en el interior de ésta se opone a la rethoriké, consistente en la ciencia del bien decir-pensar en discurso breve y dialogado, y se integra por dos secciones: una Dialéctica de los significantes (voces) y una de los significados. Merced al proceso anteriormente expuesto, en lo esencial consistente en el detraimiento de la Gramática y de la Retórica, la Dialéctica terminó por identificarse con la Lógica.

Cosa distinta es que, en el interior de la Dialéctica de los significados, los estoicos incluyeran una materia que, en términos generales, venía a equivaler a aquello que Aristóteles estudió en la analitica priora, es decir, la Teoría del razonamiento silogístico. El propio Cicerón lo recuerda cuando, al ingresar en el estudio de su locus ex consequentibus et antecedentibus et repugnantibus[29], que no es otro que uno fundado en la silogística hipotética de los estoicos[30], comenta tratarse de un "locus dialecticorum propius"[31]; y, ya por terminar su exposición, al añadir "ex eis modis conclusiones innumerabiles nascuntur: in quo est tota fere dialektiké"[32]. Precisamente aquellos filósofos, a diferencia de Aristóteles, cuya silogística se articula sobre la base de enunciados asertóricos simples del tipo "S es P"[33], concedieron mayor importancia a la articulación de enunciados hipotéticos del tipo "si S, entonces P", y modales, del tipo "si S es posible, P es imposible", etcétera, de guisa de desarrollar una Lógica -empleamos este término con sentido general- basada en ellos.

4. Cicerón, como quedó dicho, en el interior de la ratio disserendi (= "Lógica") también distingue una pars inveniendi, que llama topiké.

a) Desde luego, ese término da título a una obra de Aristóteles[34], trasmitida por el órganon como topiká. De sus ocho libros, los I y VIII están dedicados al método dialéctico; los libros II a VII discuten una colección de cerca de 337 tópoi. El contenido de estos últimos da su nombre a la obra entera. Ahora bien, el tema de ésta no es otro que la Dialéctica, entendida en el sentido aristotélico que quedó dicho, es decir, como el método del razonamiento probable. En ella, los tópoi cumplen la función de ofrecer argumentos para el enjuiciamiento de las afirmaciones del contrincante en una discusión dialéctica, porque en sí mismos son esquemas formalmente tipificados, que pueden ser aplicados a cualquier tema, en función de generar argumentos[35]. En consecuencia, los tópoi son instrumentos del método dialéctico, y, por consiguiente, hacen parte de la dialektiké, y no de una rama del saber distinta ni paralela, a la que pueda imponerse el nombre de topiké. El título del libro de Aristóteles, pues, tuvo valor puramente editorial, en función de describir su objeto principal[36], a saber, el estudio de los diferentes tópoi dialécticos Propiamente hablando, ese libro mejor pudo haberse intitulado dialektiká.

b) Aunque el vocabulario estoico conoce la palabra tópos, por cierto, en su sentido general de "lugar" (físico), en él no comparece topiké. En el sistema dialéctico de la Estoa, no hay, por otro lado, ninguna sección que pueda hacerse equivalente a la materia que Aristóteles estudio en los libros II a VII de su topiká, vale decir, a los tópoi, considerados como conjunto. En este sentido, Cicerón se ve asistido de una razón nominal y de una razón sistemática cuando, al reconocer que los estoicos trabajaron sobre la pars iudicandi, insinúa que desatendieron la pars inveniendi, sí estudiada, en cambio, lo mismo que aquélla, por Aristóteles.

Este hecho, sin embargo, no impidió que los estoicos hubieran concedido importancia a muchos de los temas asociados al estudio de los tópoi. Para demostrarlo, aunque esto signifique adelantarnos un tanto en nuestro examen, basta tener presente que los loci en que Cicerón subdivide el género superior que denomina loci, quae in eo ipso de quo agitur haerent, son: i) ex toto, ii) ex partibus (totius), iii) ex nota, iv) ex eis rebus quae quodammodo adfectae sunt ad id de quo quaeritur[37]; y que los problemas pertenecientes a la definición (ex toto), al todo y las partes (partes enumeratio), y a la etimología (ex nota), por ni siquiera mencionar el cuarto subgénero de estos loci, que nos llevaría lejos, forman departamentos expresos del sistema de la Dialéctica estoica, sumamente estudiadas por estos filósofos. Sólo que, es cierto, no como lugares inventivos.

5. De la precedente discusión fluyen algunas conclusiones.

a) La diferencia establecida por Cicerón entre topiké y dialektiké, o, en su terminología latina, entre ars inveniendi y ars iudicandi, en el interior de la logiké o ars disserendi, es un original intento suyo por conciliar, como si se dijera que en un único sistema, las concepciones aristotélica y estoica, difícilmente conciliables en el mismo ámbito. Las dificultades derivan del distinto significado que peripatéticos y estoicos atribuían a los términos logiké y dialektiké comprometidos, y de que topiké, como acabamos de recordar, no pertenecía al instrumentario de los últimos. Si nosotros, empero, hacemos un esfuerzo por entender el significado histórico de la ordenación ciceroniana, en general deberíamos decir que bajo topiké o ars invenendi, el Arpinate en realidad instala a la dialektiké peripatética (es decir, a la doctrina de los tópoi), y que bajo dialektiké o ars iudicandi él sitúa a la dialektiké estoica. En todo caso, queda excluida la analytiké aristotélica. Por esta última razón, la reunión de ambas bajo el término común logiké la opera Cicerón según el punto de vista estoico, en cuanto hacia su época ya estaría formada, como vimos, la identificación de la dialektiké, precisamente estoica, con la logiké de los mismos (excluidas la Gramática y la Retórica). La reunión se vio favorecida solo nominalmente desde el punto de vista de los peripatéticos, porque, hacia la misma época, como asimismo observamos, también éstos venían usando el general término logiké, si bien con él se referían a la antigua Analítica de Aristóteles. Materialmente, pues, aquéllos hubieran rechazado considerar a la topiké (dialektiké) del maestro como parte de su logiké (= Analítica).

b) Aunque, como ya el título del opúsculo lo señala, su materia son los loci, y esta materia pertenece, según Aristóteles, al ámbito del razonamiento solo probable, Cicerón nada expreso ni directo explica acerca del estatuto epistemológico de su Tópica, en orden a si por medio de los loci se obtienen conocimientos apodícticos o solo probables; eso es algo que no aparece tratado. La definición de argumentum, a que un locus da lugar, como "ratio, quae rei dubiae facit fidem"[38], pese a ofrecer algún sabor dialéctico, en el sentido aristotélico, e incluso retórico, en cuanto la "fe" procurada por la ratio o argumentum, se podría identificar con el convencimiento o persuasión, que es el fin propio de la Retórica, resulta, con todo, demasiado vaga y ambigua como para tomarla decididamente y sin más en tales sentidos. En contra de ello depone la arquitectura del edificio completo en que el ars disserendi o logiké consiste, la cual, como todo, no puede dejar de perseguir el conocimiento cierto, de guisa que tal tiene que ser el mismo de sus partes. Pero a esto, acto seguido, debe objetarse que algunas partes del ars inveniendi expuestas por Cicerón, como todas las relativas a los loci extrinsici (testimonia), de que hablaremos, y otras, ya preliminarmente deben ser considerados ineptas por sí mismas para generar un tal tipo de conocimiento.

Cicerón no pudo dejar de estar consciente de que su Tópica entremezcla saberes de muy diferente estatuto cognoscitivo, y quizá tal sea la razón de haber callado prudentemente sobre el tema.

III. "Argumenta", "loci" y sus divisiones

En top. II, 7, Cicerón declara estimar bajo un mismo patrón de utilidad el ars inveniendi y el ars iudicandi, y anuncia su intención de tratar de ambas, pero de comenzar con la primera[39].

1. El concepto inicial del ars inveniendi es el de argumentum. Por él, Cicerón entiende, como adelantamos, una razón que aporta fe (fides, en el sentido de credibilidad) en un asunto dudoso[40]. Podemos entender aquel arte, pues, como la de hallar, encontrar o descubrir argumenta. Ahora bien, estos se encuentran escondidos en unos loci. Por consiguiente, así como la inventio de unas cosas corporales físicamente escondidas en un cierto lugar se hace fácil al descubrir el lugar (locus) en que se encuentran depositadas, así también para descubrir los argumenta se hace necesario conocer los loci en donde están[41]. Con este último término, Cicerón traduce muy exactamente el término griego tópoi que había usado Aristóteles; y que aquél define como sedes desde las cuales se extrae los argumentos[42].

2. Cicerón ingresa rápidamente en la partición de los lugares en que los argumentos están encerrados[43], pues unos "in eo ipso de quo agitur haerent" y otros "assumuntur extrinsecus". A tal partición sigue, por un lado, la enumeración de cuatro tipos de lugares "que inhieren en el asunto mismo del cual se trata": i) ex toto, ii) ex partibus (totius), iii) ex nota, iv) ex eis rebus quae quodammodo adfectae sunt ad id de quo quaeritur; y, por otro, la sola definición, por ahora, de los loci extrinsici, como aquellos "quae absunt longeque disiuncta sunt"[44].

a) Tal división suprema de los loci no comparece en Aristóteles. En éste encontramos, en cambio, una división de los písteis (argumenta) retóricos en éntechnoi y átechnoi. Los átechnoi preexisten al discurso y no son formados por el orador [45]. Aristóteles atribuye esta calidad a las leyes, los testimonios, los pactos (documentos), las confesiones bajo tormento y los juramentos[46]. Los éntechnoi son los hallados con método y arte por el orador mismo, mediante el entimema o silogismo retórico a partir de tópoi, sólo que propios de la Retórica[47].

Cicerón se inspiró en esta clasificación aristotélica de la argumentación retórica para formar la suya de los tópoi. Su razón es que los loci extrinsici, que él considera, son también retóricos, frente a aquellos quae, in eo ipso de quo agitur haerent, los cuales ofrecen carácter rigurosamente dialéctico, en el sentido de lógico. Habiendo tomado la decisión de incorporar unos loci retóricos en un tratado de Dialéctica, en el que necesariamente debía exponer los loci de este último carácter, se vio en la necesidad de introducir una división suprema de los mismos; y la encontró en la división aristotélica a la que hemos hecho mención, vertida en la terminología latina que conocemos. Pero hay que insistir en que los "loci, quae in eo ipso de quo agitur haerent" corresponden a los éntechnoi de Aristóteles únicamente en cuanto al concepto general, pero no en cuanto al contenido, pues los éntechnoi de aquél son retóricos, mientras que los "loci, quae in eo ipso de quo agitur haerent" ciceronianos son dialécticos; lo que equivale a decir que se corresponden, en general, con los tópoi examinados por el Estagirita en su topiká, no en su rhetoriké. Ahora bien, se observará que Cicerón no presenta la terminología aristotélica en este punto de su exposición. Solo lo hará más adelante, y en forma parcial, como veremos.

b) La exposición de los loci de ambos tipos supremos aparece organizada sobre la base del sucesivo enunciado preliminar de cada uno, que Cicerón presenta como similar a la indicación del significado y delimitación de las letras de un alfabeto[48]; a tal enunciado preeliminar, ilustrado con ejemplos jurídicos, sigue una explicación en detalle de cada uno. En la parte dedicada al enunciado, con todo, Cicerón, distribuye el "locus ex eis rebus quae quodammodo adfectae sunt ad id de quo quaeritur" en trece subtipos. Podemos reducir a esquema la primera parte, y en él indicar los trece dichos subtipos, así:

top.

denominación

loci, quae in eo ipso de quo agitur haerent

ad id, de quo disseritur

II,9; V,26 - VI,29

ex toto - definitio

II,10; VI,30 - VIII,34

partium enumeratio

II,10; VIII,35-37

notatio

III,11; IX,38

ex eis rebus quae quodammodo adfectae sunt ad id de quo quaeritur

III,12; IX,38

coniugata

III,13; IX,39

ex genere

III,14

ex forma

III,15; X,41-45

ex similitudine

III,16; XI,46

ex differentia

III,17; XI,47-49

ex contrario

IV,18; XI,50 - XII,51-52

ex adiunctis

IV,19; XII,53 - XIV,56-57

ex antecedentibus

IV,20; XII,53 - XIV,56-57

ex consequentibus

IV,21; XII,53 - XIV,56-57

ex repugnantibus

IV,22; XIV,58 - XVII,66

ex causis

IV,23; XVIII,67

ex effectis

IV,23; XVIII,68-71

ex comparatione maiorum aut parium aut minorum

IV,24; XIX,72 - XX,77

loci, quae assumuntur extrinsecus

La explicación con detalle de los loci, quae in eo ipso de quo agitur haerent tiene lugar entre top. V, 25 y XVIII, 70, con la cual -dice Cicerón- el elenco de tales y su respectiva praeceptio quedan perfectos sin que resulte necesario buscar otras sedes argumenti[49]. Después retoma, aunque brevemente, los loci extrinsici (top. XIX, 72 a XX, 78), que en el enunciado preliminar tan sólo había definido[50]. De la exposición resultan los siguientes:

[51][52][53][54]

top.

denominación

loci extrinsici

XIX,73

in testimonio posita51 - ex auctoritate52

XX,76

ex natura53 - virtus54

XX,76

deorum

XX,77

oracula

XX,77

mundus eiusque omnis ordo et ornatus

XX,76

hominum (industria)

XX,78

opinio virtutis

XIX,73

ex tempore55

ingenium

opes

aetas

fortuna

forma

ars

usus

XIX,74

necessitas

XIX,76

concursio rerum fortuitarum

[55]

3. Cicerón hace presente que estos loci, quae assumuntur extrinsecus son llamados átechnoi entre los griegos[56]. Aquél traduce ese término por artis expertes, o sea, "carentes de arte". Quintiliano[57] y la Retórica tardía lo verterán más directa y exactamente por inartificiales.

El término griego empleado por Cicerón ya antes nos ofreció la pista acerca de la naturaleza de la rama a que los loci extrinsici pertenecen, pues, como ya advertimos, nos conduce a la rhetoriké de Aristóteles, en donde aparece la división de los argumentos (písteis), pero retóricos, en éntechnoi y átechnoi. Ahora bien, los loci extrinsici de Cicerón equivalen, en general, a los átechnoi de Aristóteles, a salvo lo siguiente: que aquel los unifica bajo la idea de testimonium y los amplía en su contenido -en todo lo cual obra con originalidad-, mientras que el testimonio es para Aristóteles sólo uno de la serie de estos cinco argumentos: leyes, testimonios, pactos (documentos), confesiones bajo tormento y juramentos, por él enumerados. Pero como el contenido de los loci, quae in eo ipso de quo agitur haerent de Cicerón, rigurosamente dialécticos, no corresponde al de los éntechnoi de Aristóteles, cuya naturaleza es retórica[58], es por tal razón que el Arpinate no los identifica con el término griego éntechnoi.

Para concluir, en materia de ars inveniendi, Cicerón, pues, combina dos tipos de loci: uno, de naturaleza dialéctica, bajo la denominación de loci, quae in eo ipso de quo agitur haerent, y otro, de naturaleza retórica, bajo el nombre de loci qui assumuntur extrinsecus (artis expertes), equivalentes a los átechnoi de Aristóteles.

Seguidamente Cicerón ingresa en otro tema. Puesto que el anterior era precisamente el de los loci extrinsici retóricos, habremos de observar que en el discurso sucesivo aquél se mantiene en la misma materia retórica. Por esta razón podemos decir que el tratado dialéctico (tópico) termina, en realidad, en top. XVIII, 71, en donde finaliza el examen del locus ex comparatione maiorum aut parium aut minorum. Desde top. XIX, 72 hasta el fin del tratado, la materia es estrictamente otra, propiamente, como decimos, retórica. Toda ella falta en el homónimo libro de Aristóteles. En esto, por consiguiente, el Arpinate se conecta con el arte en que es un maestro.

IV. "Quaestio" y "status"[59]

1. En top. XXI,79, el Arpinate se hace cargo de la noción de quaestio. El punto que le permite conectar la doctrina de los loci con aquélla noción es la triple advertencia de i) no existir disputatio alguna en la cual no incida algún locus; ii) ser excepcional que todos los loci incidan en todas las disputationes a la vez; y iii) haber algunos loci aptos para unas quaestiones y otros aptos para otras[60]. En su mente, pues, el uso de los loci, cuya exposición acaba de finalizar, depende de la aptitud de cada uno en relación con una quaestio. Es el uso este término en su última advertencia el que le consiente empalmar la doctrina de los loci con la materia en la que ahora se adentra.

Cicerón no define qué entiende por quaestio, y directamente distingue dos géneros en ella: infinitum y definitum. El primero corresponde al que los griegos denominan thésis y Cicerón propositum; el segundo corresponde a la hypóthesis de aquellos, que aquél propone llamar causa[61]. Con semejantes conceptos, Cicerón ingresa en el corazón mismo del ars rhetorica, que nos transporta a la escuela de Hermágoras de Temnos, el más influyente sistematizador de la techné rhetoriké, quien floreció hacia la mitad del siglo II a. C., y al cual se debe buena parte de su terminología técnica[62].

2. La noción de quaestio pertenece a la parte de la Retórica denominada eúresis (inventio)[63], que se ocupa de la individualización de los temas propios del orador, el modo de plantear cada asunto y el examen de los argumentos concretos en pro y en contra utilizables, todo en función de tipificar cada resultado.

a) La palabra quaestio traduce el término griego zétema[64], que significa "investigación". Con ambas se designa la materia del discurso. Todo zétema o quaestio versa bien sobre los hechos que son significados (prágmata-facta, a veces también res), bien sobre una manifestación oral o escrita que algo significa (rhéton-verba o dicta)[65], aunque en la Retórica latina lo significante quedó limitado a la manifestación por escrito (scriptum). De ello fluye una gran división de los zetémata en logiké zetémata y nomiké zetémata, cada uno de cuyos extremos da lugar al génos logikón y al génos nomikón; los latinos tradujeron estas expresiones como quaestiones rationales y quaestiones legale (genus rationale-genus legale)[66].

Hermágoras dividía los zetémata (quaestiones) en aórista (indefinita) y orisména (definita), dando lugar, respectivamente, a una thésis y a una hypóthesis[67]. La terminología latina es variada: para el concepto de thésis, se suele decir propositum[68], quaestio infinita[69] y otras expresiones[70]; para hypóthesis se acude a causa[71], quaestio definita[72], finita[73] o specialis[74]. Según Hermágoras[75], la diferencia entre "tesis", o "cuestión indefinida" de los latinos, e "hipótesis", o "cuestión definida" de éstos, radica en lo siguiente: en que mientras la primera abstrae de las "circunstancias" (peristáseis-circumstantiae)[76], como personas, cosas, causas, tiempo, lugares, modos y materia, la hipótesis, en cambio, incluye dichos datos. Así, por ejemplo, ¿hay que contraer matrimonio? (an uxor ducenda?), es una tesis; pero ¿debe Catón contraer matrimonio? (an Catoni ducenda?) es una hipótesis[77].

La retórica admite tres géneros, cuya individualización también remonta a Aristóteles[78]: judicial (dikanikón génos - genus iudiciale), si el discurso se refiere al derecho; deliberativo (symbouleutikón génos - genus deliberativum) cuando atañe a lo útil, honesto, justo, conveniente, posible, etc.; y demostrativo o laudatorio (epideiktikón génos - genus laudativum o demonstrativum) cuyo tema es la virtud[79].

b) Para que en cada zétema o quaestio vaya envuelta una controversia o controversibilidad, toda cuestión se debe formar como consecuencia de dos afirmaciones contradictorias: una katáphasis[80] (intentio[81] o insimulatio[82]) y una apóphasis[83] (depulsio[84]). Cicerón ofrece este ejemplo en el de inventione: después de haberse narrado las circunstancias de la muerte violenta de un individuo, se toma como intentio o afirmación inicial la de haber uno dado muerte a ese individuo: ¡mataste! (occidisti!); y como depulsio, la negación de haberlo hecho: ¡no maté! (non occidi!); con cuya colisión se forma la quaestio[85]. Ahora bien, ésta es algo distinto a la pregunta que de la colisión entonces se forma: ¿se habrá matado? (occideritne), que entre los griegos recibe el nombre de krinómenon, mientras los latinos suelen denominarlo iudicatio[86]. Esa pregunta contiene el asunto sobre el cual ha de juzgarse[87].

3. Ahora bien, los retóricos establecían una diferencia entre la noción de zétema o quaestio surgida en abstracto del encuentro de una afirmación y una contrafirmación, y el tipo de conflicto concreto al que la controversia puede ser conducida. Dada la acusación, por ejemplo, de haber alguien matado a otro, si una defensa alega no haber matado y otra acepta haber matado, pero con justificación o derecho[88], hay esta diferencia entre ambas defensas: que mientras en la primera se niega la existencia del hecho, en la segunda se lo acepta, pero se dice que intervino una cualidad en él: su juridicidad (que exculpa por supuesto). Ambos casos generan una quaestio abstracta; pero, enseñaban los retóricos, cada uno es reconducible a un tipo concreto distinto. A eso que hemos denominado "tipo", la mayoría lo denominaba "estado"[89] (stásis[90] - status[91], también constitutio[92]) y algunos kephálaion genikótaton (caput principale = "capítulo" o "cabeza" principal)[93]. Así, en el primer ejemplo, el "estado" de la cuestión versa sobre la existencia del hecho, y en el segundo, sobre una cualidad del hecho[94].

a) Una de las finalidades de la eúresis o inventio consiste en la tipificación de los diferentes stáseis o status posibles. Pero se discutió en qué géneros retóricos resultaban utilizables los status; y también si ellos son tolerados por todo tipo de quaestiones: las infinitae (thésis-propositum) y las finitae (hypóthesis-causa), o solo por estas últimas.

Hermágoras había circunscrito la doctrina de los stáseis al campo de las hypótheseis y parece que dentro de éstas, solo a las del génos logikón[95]; por lo tanto, en las théseis de aquél género y en el génos nomikón, ellos no tenían lugar. Por otra parte, Hermágoras prescindía de distribuir la Retórica en géneros judicial, epidíctico y deliberativo, por modo que estuvo ausente en él un debate en torno a la relación de los stáseis con estos géneros.

La Retórica posthermagorea adoptó la tripartición de estos tres últimos géneros, y entonces se presentó el problema de determinar la aplicabilidad de los stáseis a ellos[96]. Así, por ejemplo, en la rhetorica ad Herennium, de los status solo se trata en el interior del género judicial, mientras que en el de inventione Cicerón los aplica a los tres géneros; también Quintiliano opinaba en el mismo sentido[97].

Para Hermágoras, el oficio del orador se extendía tanto a las théseis, cuanto a las hypótheseis, aun cuando su preceptística técnica de hecho se limita a estas últimas[98]. Cicerón, en el juvenil de inventione, criticó este punto de vista, sugiriendo que el orador debía limitarse a las causae (hypótheseis)[99]. Pero posteriormente varió su opinión y vindicó para el orador el tratamiento de los asuntos generales o thésis[100]. En consecuencia, los status también debían tener lugar en ellas[101], pero limitando su aplicación a las que ofrecieran vis cognoscendi (genus cognitionis), o sea, de carácter teorético, y excluyendo a las otras con vis agendi (genus actionis), vale decir, de carácter práctico[102]. Asimismo Quintiliano fue de su opinión[103].

b) Dentro del génos logikón de zétemata, Hermágoras distinguía cuatro stáseis, como eran: stochasmós (conienctura), cuando la controversia versa sobre hechos que se afirma y se niega haber acaecido, de modo de ser necesario discutir en torno a los indicios que lo acusan; hóros (definitio), si la controversia consiste en saber si el hecho, cuyo acaecimiento no se discute, se encuentra o no en los límites del concepto (por ejemplo, del tipo delictual), por lo cual necesario es definir tal concepto y poner el hecho en relación con él; poiótes (qualitas), cuando, sin negar el hecho ni discutir su inserción en los términos o conceptos, se discute acerca de sus atributos o cualidades, como si el reo, que no niega su conducta ni su incidencia en el tipo delictual, alega haberle afectado un error; y metálepsis (translatio), cuando se ataca y por ende discute, el procedimiento usado en razón del tiempo, del lugar o de la competencia del juez que obliga a decidir si debe o no "trasladarse" la controversia (y equivale a nuestros incidentes dilatorios), como si en el caso de haberse promovido acusación de peculado, el reo alegara que la acción procedente fuera aquella de hurto.

El génos nómikon, por su lado, parece que no contenía stáseis según Hermágoras[104], pero él reconocía los siguientes géneros de controversia en su interior: rhetòn kaì hypexaíresin (dictum et exceptio[105]), después llamado rhéton kaì diánoia[106], y, entre los latinos, ex scripto et sententia según la rhetorica ad Herennium[107] y Cicerón[108], y scriptum et voluntas desde Quintiliano[109], el cual stásis tiene lugar cuando la controversia se plantea como discordancia entre lo pensado o sentido y lo declarado; amphibolía (ambiguitas), si se afirma que la declaración ofrece varios sentidos; antinomía (leges contrariae), cuando se dice que dos declaraciones aparecen como contradictorias; y syllogismós (ratiocinatio), si se asevera que un hecho no está comprendido en la declaración, y se pretende que, por semejanza, lo está en otra.

4. A partir de top. XXI,79 y hasta XXVI,96, Cicerón ofrece un sistema retórico fundada en la quaestio, que ofrece aspectos singulares suyos, vale decir, modificatorios de la tradición hermagorea. Preliminarmente lo presentamos reducido a esquema, para enseguida comentar sus aspectos más significativos:

[110]

XXI,79

quaestiones

XXI,79

1. infinitum - thésis - propositum

XXI,82

a) cognitionis

XXI,82

sitne: coniectura

sitne aliquid

unde ortum sit

quae id causa effecerit

in qua de mutatione rei quaeritur

XXII,83

quid sit: definitio

notio

proprietas

divisio

partitio

XXII,84

quale sit: distinctio iuris et iniuria

simpliciter: de expetendo fugiendoque/ de aequo et inicuo/ de honesto et turpi

XXII,85

comparate: de eodem et alio/ de maiore et minore

XXII,86

b) actionis

ad officium

ad motum

XXIV,90

2. definitum - hypóthesis - causa

status (stásis)110

[rationales (logíkon)]

legitimae disceptationes111

[status legales

(nomíkon)]112 (top. XXV,95-96)

XXIV,91

a) iudicialis: ius

XXIV,92

infitialis aut coniecturalis113

ambiguum114

XXIV,92

definitive115

discrepantia scripti et voluntatis116

XXIV,92

iuridicialis117

scripta contraria118

XXIV,91

b) deliberativus: utilitas

XXIV,92

infitialis aut coniecturalis119

---120

XXIV,92

definitiva

XXIV,92

iuridicialis

XXIV,91

c) laudativus: honestas

---121

XXIV,92

infitialis aut coniecturalis122

XXIV,92

definitiva

XXIV,92

iuridicialis

[111][112][113][114][115][116][117][118][119][120][121][122]

a) Ya hemos comentado, sin embargo, la noción de quaestio y su división en 1. infinitum - thésis - propositum y 2. definitum - hipóthesis - causa, cuyo contenido se reconduce a Hermágoras. La distinción, con todo, es debilitada por Cicerón. Él explica, con la tradición, que la causa se reconoce por atañer a personas, lugares, tiempos, acciones y negocios determinados, sea que se presenten todos esos eventos accidentales, sea que los más[123]. Tales eventos que perfilan la hypóthesis reciben el ya indicado nombre griego de peristáseis y los latinos tradujeron la palabra por circumstantiae, que Cicerón, sin embargo, no apunta[124]. Ahora bien, con respecto al propositum o thésis, él expresa que versa en uno que otro de los dichos eventos, o en muchos, pero nunca en todos. De ello se sigue que toda causa contiene un propositum, o que aquella hace parte de éste, de modo que toda quaestio, a su vez, incluye eventos accidentales (circumstantiae), sea uno, sean muchos, sean todos de los enumerados, en la que siempre al menos hay una causa[125]. En otras palabras, Cicerón establece la diferencia en relación con la mayor cantidad y principalidad de las circunstancias incidentes en la causa, y menor en el propositum, así que en toda causa hay escondido un propositum, en la misma medida en que, despojada aquélla de sus más ricas circunstancias, aflora éste[126].

b) Enseguida, Cicerón empieza con el estudio del propositum mismo, que ahora individualiza como quaestiones quacumque de re. Lo divide en cognitionis, cuyo fin es la ciencia, como cuando se pregunta si el derecho deriva de la naturaleza o de alguna condición humana y del pacto; y actionis, que no define, pero ilustra con el ejemplo de una pregunta sobre si es propio del sabio ocuparse de los asuntos públicos[127].

c) Acto seguido divide el propositum cognitionis en tres especies, según se indage i) sitne, ii) quid sit, iii) quale sit. La primera pregunta da lugar a una conienctura; la segunda, a una definitio; y la tercera, a una distinctio iuris et iniuriae.

En esta materia, Cicerón se aparta de la tradición hermagórea. Coniectura (stochasmós), definitio (hóros) y distinctio iuris et iniuriae (poiótes-qualitas) son status del genus rationale (lógikon). Pero Hermágoras, como vimos, había prescindido de considerar la existencia de stáseis en una thésis (propositum), que Cicerón, por el contrario, afirma. Así que la indicada tripartición del propositum cognitionis, en realidad, contiene la distinción de sus tres status[128]. Sólo que el Arpinate no los identifica como tales. Recién hablará de status a propósito de la causa, como veremos.

Al examen del propositum cognitionis, a través de sus tres status, Cicerón dedica el discurso desde top. XXI,82 a XXII,85. Enseguida entra a considerar el propositum actionis, en top. XXII,86.

d) Pero antes de dar el turno a la causa, Cicerón vuelve a la materia dialéctico-tópica: "Loci autem qui ad quasque quaestiones accommodati sint deinceps est videndum. Omnes illi quidem ad plerasque, sed alii ad alias, ut dixi, aptiores"[129]. Los loci a que se refiere son aquellos que antes había estudiado bajo el doble concepto de loci, quae in eo ipso de quo agitur haerent y de loci extrinsici. Se trata de examinar cuáles de cada cual son aplicables a las diferentes quaestiones (status) cuyo examen acaba de dar por terminado. A tal materia van referidos top. XXIII, 87-90.

e) Sólo entonces se da paso el estudio de 2. definitum - hypóthesis - causa, aunque breve, porque mucho del propositum es aplicable a aquélla: "De proposito satis multa, deinceps de causa pauciora dicenda sunt. Pleraque enim sunt ei cum proposito communia"[130].

Cicerón comienza con una tripartición de la causa en los tres genera que había reconocido Aristóteles: iudici (dikanikón génos - genus iudiciale), deliberationis (symbouleutikón génos - genus deliberativum) y laudationis (epideiktikón génos - genus laudativum o demonstrativum). Fin del primero es el ius; del segundo, la utilitas; del tercero, la honestas[131]. Hermágoras no había tomado en cuenta esta tricotomía y partía directamente de los zetémata en logiké zetémata y nomiké zetémata, dando lugar al génos logikón y al génos nomikón, para después pasar a los stáseis, de que hablaremos. Los latinos, en cambio, solieron aceptar la tradición aristotélica, y combinaron la tripartición peripatética de géneros retóricos con la bipartición de los géneros racional y legal de Hermágoras. Es lo que en parte hace Cicerón en los topica, como veremos.

f) Acto seguido, aquél empieza a hablar de los status; y, primeramente, de cómo se constituyen, vale decir, merced al entrecruce de una accusatio (katáphasis) y de una defensio (apóphasis). Cuando el accusator imputa un hecho a alguna persona, el defensor puede oponerle tres respuestas: bien que el hecho imputado no existió (non esse factum); bien que existió, pero que su nombre es otro distinto al atribuido por el acusador (si sit factum, aliud eius facti nomen esse); bien que existió, pero que fue cometido con ajuste a derecho (si sit factum, iure esse factum). La primera quaestio se llama infitialis aut coniecturalis; la segunda, definitiva; la tercera, iuridicialis[132].

Cicerón habla de quaestio; pero enseguida aclara que propiamente se refiere a algo que se llama status: "Refutatio autem accusationis, in qua est depulsio criminis, quoniam Graece stásis dicitur appelletur Latine status; in quo primum insistit quasi ad repugnandum congressa defensio"[133]. Aquél advierte que estos status también existen en los géneros deliberativo y laudatorio, y explica el alcance de su afirmación[134]. Estos conceptos, puestos en relación con la doctrina hermagórea, nos indican que Cicerón piensa, aunque sin expresarlo, en las quaestiones rationales, cuyos status eran, como ya hemos visto y repetido con respecto al propositum, stochasmós (conienctura), hóros (definitio) y poiótes (qualitas).

g) Inmediatamente después resalta Cicerón el concepto de krinómenon, vale decir, el problema que resulta de la quaestio según el status planteado. Cicerón lo traduce esta vez como id, qua de re agitur, acudiendo, pues, a una terminología técnica del Derecho[135]. Ahora bien, como el krinómenon contiene la refutatio accusationis o depulsio criminis, y ésta tiene que tener algún fundamento, sin el cual decae, todo lo cual obedecía a exigencias de la retórica tradicional, Cicerón lo hace precisamente notar[136].

h) Ahora se da paso a las quaestiones legales, bajo el nombre de legitimae disceptationes[137]. En ellas, el Arpinate reconoce unos status distintos a los que acaba de exponer. En efecto, ante la acusación fundada en cierta ley, el defensor arguye que ésta no dice lo que el adversario pretende, sino algo distinto, porque, o bien, i) el escrito es ambiguo y en él pueden considerarse haber dos sentidos diferentes (de los cuales defenderá el que le convenga); o bien, ii) al sentido del escrito (argüido por el acusador) se opone a la voluntad del escritor (invocada por el defensor), de modo de discutirse si más valen las palabras que la voluntas; o bien, iii) que hay una ley contraria a la invocada, con la que argumentará el defensor. El nombre de tales status es, respectivamente: ambiguum, discrepantia scripti et voluntatis y scripta contraria. Por lo demás, advierte, ellos son aplicables no únicamente con respecto a leyes, sino a toda clase de escritos, como testamentos y estipulaciones y otros. La explicación de cada uno es reenviada a otros libros[138].

V. "Partes orationis"

Con esta última advertencia, Cicerón termina el tema de las quaestiones y los status. Pero aún considera no haber acabado su labor, por lo cual asume brevemente la materia de las partes orationis. El pretexto se lo ofrece la consideración de que los loci no solo ayudan a la oración entera, mas también a cada una de sus partes, algunos de ellos a ciertas partes y otros comúnmente a todas[139]. Al efecto divide la oratio en las partes que se ven a continuación, con terminología latina que entiende verter la griega:

top.

denominaciones

XXVI,97

partes orationis

XXVI,97

principium

XXVI,97

narratio

XXVI,98

fides quae sequitur narrationem

XXVI,98-99

peroratio

Expuesta sintéticamente esta materia, Cicerón da por terminado su opúsculo.

VI. ¿Y la "pars iudicandi"?

En top. II,7, después de partir la ratio disserendi en una pars inveniendi (tópiké) y otra iudicandi (dialektiké), había expresado Cicerón: "Nos autem, quoniam in utraque summa utilitas est et utramque, si erit otium, persequi cogitamus, ab ea quae prior est ordiemur". Así que había insinuado haber de tratar también de la pars iudicandi en el mismo libro en que se apresta a considerar la pars inveniendi, bajo la condición de disponer del necesario ocio. Por pars iudicandi Cicerón debía de entender, en general, la doctrina del silogismo, que Aristóteles había expuesto en su analitica priora. Pero lo cierto es que, sistemáticamente, en los topica no hay anunciada ninguna sección destinada a la exposición de la pars iudicandi, así entendida, ni, de hecho, existe, aunque no estuviera formalmente anunciada con tal fin.

Sin embargo, Cicerón sí expuso una materia silogística, sólo que bajo la forma de un locus, aquel que denomina ex consequentibus et antecedentibus et repugnantibus[140]. Que la presente como un locus, eso la excluye de la pars iudicandi, pues, por definición, pertenece a la pars inveniendi, precisamente llamada topiké.

El lugar consiste en descubrir aquellas cosas que se ligan necesariamente entre sí en relación de antecedente, consecuente o repugnante. Partiendo de uno de los tres, la argumentación estriba en deducir su consecuente, su antecedente o su repugnante[141]. Por ejemplo, dado un marido que legó "toda la plata" a su mujer, se trata de saber si quedan incluidas las monedas de plata en el legado. Esta cuestión puede ser tratada de tres maneras, razonando así: i) "si el dinero acuñado es plata (antecedente), fue legado (consecuente); pero el dinero acuñado es plata; por tanto, fue legado"; o así: ii) "si el dinero acuñado no fue legado (consecuente), el dinero acuñado no es plata; pero el dinero acuñado es plata; por tanto fue legado"; o bien, así: iii) "no: que (sí) fue legada la plata y que no fue legado el dinero acuñado al mismo tiempo (repugnantes); pero fue legada la plata; por tanto el dinero acuñado (sí) fue legado"[142].

En esta materia Cicerón no tuvo por fuente a Aristóteles sino a la Estoa, una de las características de cuya Lógica de la deducción fue precisamente estar fundada en el silogismo hipotético o condicional, que Aristóteles apenas había tratado y del cual Crisipo había propuesto unos esquemas básicos como "indemostrables" (anapódeiktoi) por evidentes[143], de los cuales reconocía cinco figuras (schémata)[144]. Cicerón los denomina modus conclusionis[145], pero expone siete[146].

El primer "indemostrable" consiste en postular la implicación condicional de un consecuente con un antecedente, y en afirmar el antecedente, para inferir la afirmación del consecuente[147]; obedece, pues, a este esquema: "si lo primero, entonces lo segundo; lo primero; luego lo segundo[148]. Cicerón lo representa, como vimos, así: "si el dinero acuñado es plata, fue legado a la mujer; pero el dinero acuñado es plata; por tanto, fue legado"[149].

El segundo modo también estriba en la implicación condicional de un consecuente con un antecedente, pero en negar ahora el consecuente, para inferir la negación del antecedente[150]; se adapta al modelo: "si lo primero, entonces lo segundo; pero no lo segundo; luego no lo primero"[151]. En Cicerón este esquema está proyectado (solo que con negación) en el ejemplo: "si el dinero acuñado no fue legado [antecedente], el dinero acuñado no es plata [consecuente]; pero el dinero acuñado es plata [negación del consecuente]; por tanto fue legado [negación del antecedente]"[152].

El tercer modo se organiza sobre la base de una primera premisa en que se niega una conjunción y de una segunda premisa en que se afirma uno de los conjuntados, para inferir la negación del otro[153]. Corresponde, pues, a esta figura: "no: lo primero y lo segundo[154]; pero (sí) lo primero; luego no lo segundo"[155], que Cicerón aplica en el ejemplo "no: (que sí) fue legada la plata y que no fue legado el dinero acuñado al mismo tiempo; pero (sí) fue legada la plata; por tanto el dinero acuñado (sí) fue legado"[156].

El cuarto "indemostrable"[157] supone una primera premisa disyuntiva, y la afirmación de uno de los disyuntos como segunda premisa, de manera de inferir la contradicción del otro disyunto, del tipo: "o esto o aquello; pero sí esto; por consiguiente no aquello"[158].

El quinto indemostrable[159], cuya primera premisa es una disyunción, y la contradicción de uno de los disyuntos la segunda, infiere el restante disyunto, como "o esto o aquello; pero no esto; por consiguiente sí aquello"[160]. Para el cuarto y quinto indemostrables vale que solo uno de los disyuntos puede ser verdadero ("in disiunctione plus uno verum esse non potest")[161]. Cicerón todavía presenta otros dos esquemas, en los que no nos detendremos[162].

Es interesante la advertencia con que el Arpinate concluye esta materia: "Ex eis modis conclusiones innumerabiles nascuntur, in quo est tota fere dialektiké [...]"[163]. Si recordamos que aquél había comenzado su libro con la afirmación de que la dialektiké corresponde al ars iudicandi, en la que también descollaron los estoicos (dialectici), entonces resulta ser exacto lo dicho al comenzar este nuestro capítulo, en orden a que Cicerón sí trata el ars iudicandi, solo que bajo la vestidura de la topiké, puesto que -debemos tenerlo presente-, la silogística que acabamos de examinar viene imputada al locus ex consequentibus et antecedentibus et repugnantibus.

VII. Epílogo

1. Con su distribución del ars disserendi o Lógica en una pars inveniendi (topiké) y una pars iudicandi (dialektiké), Cicerón elevó el estudio de los tópicos peripatéticos al rango de disciplina. Ya indicamos que, en Aristóteles, el término topiká no pasa de ser un hecho editorial, pues sólo mienta el título de un libro, correctamente escogido como indicador de la materia que en él se estudia, esto es, los tópoi; la cual materia, sin embargo, encuentra su exacta localización en la Dialéctica (opuesta a la Analítica), según el mismo Aristóteles lo expresa. Superada la distinción entre conocimiento cierto y conocimiento probable, e incorporada la topiké en el más amplio concepto de la logiké, como una de sus dos únicas partes, la primera, en efecto, adquiere un rango disciplinar entre los primeros niveles del sistema de la ciencia Lógica.

2. En esta perspectiva, Cicerón no parece haber tenido seguidores sino desde la Antigüedad tardía. En los tratados de Lógica de esa época, todavía, empero denominada Dialéctica, la Yópica ciceroniana aparece incorporada plenamente en el sistema; el cual suele ser uniforme, pues obedece a una secuencia que por primera vez vemos aparecer en el capítulo 3º: de dialectica, de la institutio de artibus ac disciplinis liberalium litterarum, de Aurelio Casiodoro (c. 485 - c. 585)[164], como sigue:

1 de isagoge Porphyrii

de genere

de specie

de differentia

de proprio

de accidente

2 categoriae Aristotelis

substantia

quantitas

ad aliquid

qualitas

facere

pati

situs

quando

ubi

habere

3 perihermeneias, id est, de

interpretatione

de nomine

de verbo

de oratione

de enuntiatione

de affirmatione

de negatione

de contradictione

4 de formulis syllogismorum

5 de definitionibus

6 de dialecticis locis

alia in eo ipso de quo agitur

haerent

a toto

a partibus

a nota

affecta quae quodammodo

ex rebus aliis tracta noscuntur

a genere

a forma generis

a similitudine

a differentia

ex contrario

ab adiunctis

ab antecedentibus

a repugnantibus

a causis

ab effectibus

a comparatione (a

maiore ad minus,

a minore ad maius,

a pari ad parem)

alia assumuntur extrinsecus,

quae Graeci átechnos, id

est artis expertes, vocant

ex persona

ex nature auctoritatis

ex temporis auctoritate

etc.

En el dicho capítulo 3º, hay una acumulación de libros de diferente proveniencia: i) el comentario de Porfirio (234 - ca 305 d. C.) a los predicables de Aristóteles (con modificaciones[165], titulado eisagogé; ii) el libro de Aristóteles que en el órganon aparece bajo el nombre kategoríai, y fue traducido como categoriae por Boecio; iii) el libro de Aristóteles que en el mismo órganon se titula perì hermeneías, y que Boecio vertió como de interpretatione; iv) un opúsculo de syllogismis categoricis atribuido a Apuleyo de Madaura (123/5 - ca 180 d. C.) y otro de hypotheticis syllogismis atribuido al rétor africano Mario Victorino (280-362 d. C.), ambos bajo la rúbrica de formulis syllogismorum; v) un de definitionibus del mismo Mario Victorino; y vi) los topica de Cicerón. Esta acumulación se repite en los capítulos 25º a 30º del libro II, de las etymologiae de Isidoro de Sevilla, dedicados a la Dialéctica[166]. Lo propio ocurre en el ya bajomedieval de dialectica de Alcuino (735-804)[167]. En todos los casos, la incorporación de la obra ciceroniana, empero, quedó limitada a la doctrina de los loci, tanto intrinsici como extrinsici, y, por consiguiente, se omitieron las partes retóricas concernientes a la quaestio, y sus temas conexos, y a los genera causarum. En lo que más interesa, se observará, en efecto, que el elenco de loci, quae in eo ipso de quo agitur haerent y de aquellos afecta, quae quodammodo ex rebus aliis tracta noscuntur, de Casiodoro, corresponden al elenco de los respectivos de la topica ciceroniana[168].

3. El centón de fuentes no fragmentadas (al contrario de como habría de ser en el Digesto), aunque resumidas, en que consistió el capítulo 3º: De dialectica, de la institutio de artibus ac disciplinis liberalium litterarum de Casiodoro (como, en realidad, toda esta obra), y que, en tal aspecto, recuerda al "Breviarum Alarici regis" o "Lex romana Visighotorum", junto a los mencionados escritos de Isidoro de Sevilla y Alcuino, más varios otros, que no es necesario mencionar aquí, hizo parte importante del corpus dialecticum tardo-antiguo, base de la llamada logica vetus de la temprana alta Edad Media[169]. En lo que a nosotros interesa, menester es verificar la incorporación de los topica de Cicerón en él, a través precisamente de su adopción en la institutio de Casiodoro, en las etymologiae de Isidoro y en el de dialectica de Alcuino. Ello quizá explica que en las célebre y difundidas summule logicales de Pedro Hispano (ca 1205-1277, como papa Juan XXI), uno de sus tractatus, el quinto, vaya dedicado precisamente al tratamiento de locis, divididos en intrinsici, extrinsici y medii[170]. Aunque su contenido proviene, no directamente de los topica ciceronianos, sino del de differentiis topicis, de Boecio (no bien que en tal libro su autor también exponga los topica del Arpinate), con algunas adiciones de la topiká de Aristóteles[171], lo importante es la apariencia de que el examen de los loci en una obra de Lógica (ya en el sentido medieval), se deba a la lejana decisión de Casiodoro de incorporar esa materia en un tratado de Dialéctica (= Lógica); decisión, a su vez, facilitada por la idea ciceroniana de considerar la materia, cual ars inveniendi, como parte de la ratio disserendi o logiké, sin atención al carácter de fuente de argumentos meramente probables que le había otorgado Aristóteles, aunque también al precio de entremezclar topicos puramente retóricos, como es el caso de los loci extrinsici. Es en este sentido que hemos dicho que fue gracias a Cicerón que la doctrina de los tópicos adquirió un rango disciplinar propio en el interior de la Lógica.

4. Ahora bien, ni Aristóteles, excesivamente ligado a su distinción material de conocimiento apodíctico y conocimiento probable[172], ni Cicerón, quien en su topica silencia la distinción[173], estudiaron, al menos sistemática y metódicamente, algo que se echa de menos con urgencia en tema de tópicos: su fuerza lógico-demostrativa, limitándose, pues, a sostener su valor persuasivo o convincente. Los tópicos, ¿demuestran y por qué? Si, por ejemplo, el locus a genere postula que cuanto vale para el género vale para la especie[174], de modo que si se legó la plata (género), se legaron también las monedas de plata (especies)[175], ese locus, ¿tiene valor lógico-demostrativo o sólo probabilístico? En la terminología aristotélica, ¿tiene valor analítico o solo dialéctico? Este es el asunto, incluso actual, que plantea la noción de locus. Personalmente nos parece que desde que Viehweg redescubrió para la Ciencia del Derecho el concepto de "tópica" en su célebre Topik und Jurisprudenz (1963) y provocó una literatura sobre la materia, impresionante por su volumen, pese a ello, este crucial asunto ha quedado siempre al trasluz. En este estudio hemos querido contribuir al discernimiento de algunos conceptos clásicos que son necesarios de tener en cuenta antes de hablar de "tópica", para estar en mejores condiciones de saber de qué propiamente y en realidad hablamos al emplear ese término[176].

NOTAS

[1]En este trabajo usamos la edición franco-latina de los topica que aparece en Cicéron, División de l'art oratoire. Topiques. Texte établi et traduit par Henri Bornecque (3ª edición, Paris, Les Belles Lettres, 1990), pp. 67 ss.

[2]Cic., top. I,1-3.

[3]Este es el tema quizá más investigado a que da lugar el libro; véase: Riposati, Benedetto, Studi sui "tópica" di Cicerone (Milano, Vita e Pensiero, 1947), en permanente discusión con la literatura precedente.

[4]Específicamente, véase: Sturm, F., "Abalienatio". Essai d'explication de la définition des topiques (Cic. Top. v. 28) (Milano, Giuffrè, 1957); Crifò, Giuliano, Per una lettura giuridica dei Topica di Cicerone, en Annali dell'Istituto Italiano per gli Studi Storici, 1 (Napoli, 1967-1968), pp. 113 ss.; El mismo, L'argumentum 'ex contrario' e Boezio con particolare riferimento a Cicerone, Top. 3,17, en Hommages à Marcel Rénard, I: Collection Latomus, 101 (1969), pp. 280 ss.; El mismo, "Ex iure ducere exempla". Gaius Trebatius Testa ed i "Topica" ciceroniani, en Studi in memoria di Carlo Esposito. (Padova, Cedam, 1970), II, pp. 3 ss. Por cierto, cabe recordar el clásico que es Costa, Emilio, Cicerone giureconsulto (1927, reimpresión, Roma, L'Erma di Bretschneider, 1964), dos volúmenes, en cuanto cita a los topica ciceronianos. No me refiero a los estudios generales sobre Cicerón, la Retórica y el Derecho, que los hay muchos: últimamente Sposìto, Gianluca, Il luogo dell'oratore. Argumentazione topica e Retorica forense in Cicerone (Napoli, Edizioni Scientifiche Italiani, 2001), en donde se encontrará una buena bibliografía (pp. 123-133). Tampoco a los estudios generales sobre Cicerón, la Dialéctica y el Derecho, que asimismo los hay abundantes, como: La Pira, Giorgio, La genesi del sistema nella giurisprudenza romana. Problemi generali, en Studi in onore di F. Virgili (Roma, 1935), pp. 159 ss.; El mismo, La genesi del sistema nella giurisprudenza romana. L'arte sistematrice, en Bulletino dell'Istituto di Diritto Romano, 42 (Roma 1934), pp. 326 ss.; El mismo, La genesi del sistema nella giurisprudenza romana: Il metodo, en Studia et Documenta Historiae et Iuris, 1 (Roma, 1935) 2, pp. 319 ss.; El mismo, La genesi del sistema nella giurisprudenza romana. Il concetto di scienza e gli strumenti della costruzione scientifica, en Bulletino dell' Istituto di Diritto Romano, 44 (Roma 1936-1937), pp. 131 ss.; von Lübtow, Ulrich, Cicero und die Methode der römischen Jurisprudenz, en Festschrift für Leopold Wenger (München, Beck, 1944), I, pp. 224 ss.; Villey, Michel, Recherches sur la litterature didactique de Droit romain (Paris, Montchrestien, 1945); Mette, H. J., "Ius civile in artem radactum" (Göttingen, Vandenhoeck u. Ruprecht, 1954), pp. 50 ss.; Wieacker, Franz, Über das Verhältnis der römischen Fachjurisprudenz zur griechisch-hellenistischen Theorie, en Ivra. Rivista Internazionale di Diritto Romano e Antico, 2 (Napoli, 1969), pp. 448 ss.; Bretone, Mario, Tecniche e ideologie dei giuristi romani (Napoli, Ed. Scientifiche Ital., 1971), pp. 183 ss.; D'Ippolito, Federico, I giuristi e la città. Ricerche sulla giurisprudenza romana della Repubblica (Napoli, Edizioni Scientifiche Italiani, 1971), pp. 95 ss.; Watson, Alan, Law Making in the Later Roman Republic (Oxford, 1974), pp. 159; Behrens, Okko, Die Wissenschaftslehre im Zivilrecht des Q. Mucius Scaevola pontifex (Göttingen, Vandenhoeck und Ruprecht, 1976), pp. 271 ss.; Schiavone, Aldo, Nascità della giurisprudenza (Roma, Laterza, 1976), pp. 101 ss.; Talamanca, Mario, Lo schema 'genus-species' nelle sistematiche dei giuristi romani, en La filosofia greca e il Diritto romano (Roma, Accademia Nazionale dei Lincei, 1977), II, pp. 12 ss.; Stein, Peter, The Place of Servius Sulpicius Rufus in the Development of Roman Legal Science, en Festschrift für Franz Wieacker zum 70. Geburstag (Göttingen, 1978), p. 176 ss.; Bona, Ferdinando, L'ideale retorico ciceroniano e il ius civile in artem redigere, en Storia et Documenta Historiae et Iuris, 46 (1980), pp. 282 ss.; cfr. El mismo, Cicerone e i "libri iuris civilis" di Quinto Mucio Scaevola, en Questioni di giurisprudenza tardo-repubblicana (Milano, Giuffrè, 1985), pp. 205 ss.; Waldstein, Wolfgang, Cicero, Servius und die neue Jurisprudenz, en Ivra. Rivista Internazionale di Diritto Romano e Antico, 44 (1993), pp. 104 ss.; Scarano Ussani, Vincenzo, Tra "scientia" e "ars". Il sapere giuridico romano dalla sapienza alla scienza, nei giudici di Cicerone e di Pomponio, en Mantovani, Dario (editor), Per la Storia del pensiero giuridico romano dall'età dei pontifici alla scuola di Servio. Atti del seminario (Torino, Giappichelli, s. d. [1996]), pp. 229 ss.; El mismo, L'"ars" dei giuristi. Considerazioni sullo statuto epistemologico della giurisprudenza romana (Torino, Giappichelli, s. d. [1997]), pp. 5 ss.; Cuena B., Francisco, Sistema jurídico y derecho romano. La idea de sistema jurídico y su proyección en la experiencia jurídica romana (Santander, Universidad de Cantabria, 1998), pp. 70 ss.; Guzmán Brito, Alejandro, Historia de la interpretación de las normas en el Derecho romano (Santiago de Chile, Instituto Juan de Solórzano Pereyra, 2000), pp. 307 ss.

[5]Uno de los caracteres que sobresalientemente concurren en los tratados de retórica griega y latina es la naturaleza ficticia de los ejemplos con que se ilustra la doctrina expuesta en ellos. Al respecto, véanse: Dirksen, H. E., Ueber die, durch griechische und lateinische Rhetoren angewandete, Methode der Auswahl und Benutzung von Beispiele römisch-rechtlichen Inhalts, en Hinterlassene Schriften (Leipzig, Teubner, 1871), I, p. 254 ss.; Lanfranchi, Fabio, Il Diritto nei retori romani. Contributo alla storia dello sviluppo del Diritto romano (Milano, Giuffrè, 1938); d'Ors, Álvaro, El carácter ficticio del derecho en los retóricos romanos, en Boletim da Faculdade de Direito 21 (Coimbra, 1945), p. 337 ss.; Paoli, Ugo Enrico, Droit attique et droit romain dans les rhéteurs latins, en Revue Historique de Droit Français et Étranger 31 (1953), p. 175 ss. Cfr. Sirks, Boudewijn, Juridical Rationality in Rhetorics: the Roman Law in the Minor Declamations ascribed to Quintilian, N.os. 340 and 342, en Atti del III Seminario Romanistico Gardesano (Milano, Giuffrè, 1988), pp. 331 ss.

[6]Lo mismo en Cic., de finibus IV,4,10: "Cumque duae sint artes, quibus perfecte ratio et oratio compleatur, una inveniendi, altera disserendi, hanc posteriorem et Stoici et Peripatetici, priorem autem illi egregie tradiderunt [...]".

[7]El verbo dissero es un compuesto integrado por la partícula dis-, en función intensificante, y el verbo sero = "trenzar, entrelazar, entretejer, entreligar", también "colocar en fila" (de donde series = "serie"). En sentido figurado, pues, significa "trenzar, entrelazar, entretejer, entreligar, poner en fila y orden los pensamientos", vale decir, "razonar, pensar, discurrir". Ahora bien, el auténtico calco latino de logiké es rationalis; la expresión ratio disserendi, por consiguiente, es sólo una adaptación.

[8]Cic., de finibus, I,7,22. Cfr. Cic., tusc. 4,14,33: "Habes ea quae de perturbationibus enucleate disputant Stoici, quae logica appellant, quia disseruntur subtilius".

[9]Cic., de fato 1,1. Cfr. de orat. I,68: "Sed [...] quoniam philosophia in tris partis est tributa, in naturae obscuritatem, in disserendi subtilitatem, in vitam atque mores [...]" en donde Cicerón refleja la tripartición estoica de la filosofía en physica, logica y ethica, a que dentro de poco nos referiremos, de modo que la pars disserendi subtilitatem significa logica, aunque este término no venga expresado.

[10]Así lo cree Prantl, Carl, Geschichte der Logik im Abendlande (1855, reimpresión Hildesheim y otras, Olms, 1997), I, p. 514. Lo acepta Eucken, Rudolf, Geschichte der philosophischen Terminologie (1879, reimpresión Hildesheim, Olms, 1964), p. 267.

[11]Que, según Eucken, Rudolf, Gesch. der philosoph. Terminologie, cit. (n. 10), p. 25, aparece por primera vez en el propio Aristóteles.

[12]Prantl, Carl, Gesch. der Logik, cit. (n. 10), I, p. 116 y n. 104. Los pasajes en que se ve ello son: anal. post. I,21 ( 82b 35); I,22, (84a 7); I,24 (86a 22); I,32 (88a 19).

[13]Así, por ejemplo, en phyis. VIII,8 (264a 7-8); de gen. et corr. I,2 (316a 10-11). Sobre esto, Le Blond, Jean-Marie, Logique et méthode chez Aristote. Étude sur la recherche des principes dans la physique aristotélicienne (2ª ed., Paris, Vrin, 1970), pp. 203-209.

[14]Cic., de finib. IV,2,4; de orat. I,15,68; Aecio, placit., proem. 2 (= von Arnim, SVF. II, 35); Sen., epist. LXXXIX,9 y 14; Plutarch., de stoic. repug. 9,1035 A (= von Arnim, SVF. II, 42); placita I, 874 E (= von Arnim, SVF. II, 35); Sext. Emp., adv. math. VII,22 (= von Arnim, SVF. II, 44); VII,16 (= von Arnim, SVF. II, 38); Pyrron. hypot. II,12 ss.; Marc. Aurel., solil. VIII,13; Diog. Laert. VII,39 (= von Arnim, SVF. II, 37). Pero la distinción de esos tres ámbitos, aunque no formalmente como partes de la filosofía, es anterior: véase Gourinat, Jean-Baptiste, La dialectique des stoïciens (Paris, J. Vrin, 2000), pp. 22, quien, de todos modos, la atribuye a la Academia antigua. Según Zeller, E., Die Philosophie der Griechen in ihrer geschichtliche Entwicklung (1923, reimp. Darmstadt, WBG., 1990), III, 1, p. 65 n. 1. habría sido Zenón de Citio, el fundador de la Estoa, el primero en usar la palabra logiké para designar una de las partes de la filosofía. En todo caso, los estoicos no inventaron esta palabra.

[15]Sen., epist. LXXXIV,17; Diog. Laert. VII,41 (= von Armin, SVF. II, 48); Sext. Emp., adv. math. II,6-7 (= von Armin, SVF. I, 75; II, 294); cfr. Cic., orat. 32,113; de finib. II,6,7. Sobre la dialéctica estoica: Abbagnano, Nicola, Quattro concetti di Dialettica, en VV. AA., Studi sulla dialettica (Torino, Taylor, 1958), pp. 12 ss.; Viano, Carlo Augusto, La Dialettica stoica, ibídem, pp. 63 ss.; Pohlenz, Max, La Stoa. Storia di un movimento spirituale (1959, traducción italiana, Firenze, La Nuova Italia, 1967, reimp. 1978), I, pp. 49 ss.; Gourinat, Jean-Baptiste, La dialectique des stoïciens, cit. (n. 14). Véanse también estas exposiciones antiguas: Prantl, Carl, Gesch. der Logik, cit. (n. 10), I, pp. 413 ss.; Brandis, Christian, Geschichte der Entwickelungen der griechisschen Philosophie (1864, reimpresión Hildesheim - New York, Olms, 1981), II, pp. 92 ss.; Ogereau, F., Essai sur le système philosophique des stoïciens (1885, reimpresión La Versanne, Encre Marine, 2002), pp 187 ss.; Zeller, E., Die Philosophie der Griechen in ihrer geschichtliche Entwicklung (1923, reimp. Darmstadt, WBG., 1990), III, 1, pp. 65 ss.; Bréhier, Émile, Historia de la Filosofía (1928, traducción castellana, 4ª edición, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1956), I, pp. 457-462.

[16]Sen., epist. LXXXIV,17; Diog. Laert. VII,43; VII,62 in fine (= von Armin, SVF. II, 122); VII,55 y 63; Sext. Emp., Pyrron. hypot. II,214; cfr. Quint., instit. orat. II,20,7.

[17]Diog. Laert. VII,44; VII,55-62.

[18]Diog. Laert. VII,60-62.

[19]Diog. Laert. VII,43-45; VII,49-54; VII, 63-82. De todos modos, hubo quienes extrajeron de la dialéctica de los significados a la teoría del conocimiento y a la criteriología, erigiéndolas en partes autónomas de la lógica, paralelas a la retórica y a la dialéctica (Diog. Laert. VII,41 in fine; VII,42 in princ.).

[20]Sobre el contenido de la téchne rhetoriké: Volkmann, Die Rhetorik der Griechen und Römer (2ª edición, 1885, reimpresión Hildesheim y otras, Georg Olms Verlag, 1987); Martin, Josef, Antike Rhetorik. Technik und Methode (München, Beck, 1974); Calboli-Montefusco, Lucia, La dottrina degli "status" nella Retorica greca e romana (Hildesheim y otras, Olms-Weidmann, 1986).

[21]Sobre el contenido de la téchne grammatiké: Lersh, Laurenz, Die Sprachphilosophie der Alter dargestellt an dem Streite über Analogie und Anomalie der Sprache (1838-1840, reimpresión Hildesheim y otras, Olms, 1971), dos volúmenes; Egger, E., Apollonius Dyscole. Essai sur l'histoire des théories grammaticales dans l'antiquité (1854, reimpresión Hildesheim y otras, Olms, 1987); Steinthal, H., Geschichte der Sprachwissenschaft bei den Griechen und Römern mit besonderer Rücksicht auf die Logik (1890-1891, reimp. Hildesheim, Olms, 1961), dos volúmenes; Della Corte, Francesco, La Filologia latina dalle origine a Varrone (Torino, Rosenberg & Sellier, [1937]); Matthews, Peter, La Linguistica greco-latina, en Lepschy, Giulio C. (editor), Storia della Linguistica (Bologna, Il Mulino, 1990), I, pp. 255 ss.; Ildefonse, Frédérique, La naissance de la Grammaire dans l'antiquité grecque (Paris, Vrin, 1997).

[22]Aetius, placit. phil., proem. 2 (= von Armin, SVF. II, 35): mèn [...] zetõmen [...] logikòn dè tò perì tòn lógon, hò kaì dialektikòn kaloysin". Cfr. Diog. Laert., VII,48.

[23]A ellos se refiere el mismo Cicerón cuando habla de los dialectici: véanse, por ejemplo, part. orat. 139: "ut dialectici qui appellantur"; orat. 32,114: "Nam et ipse Aristoletes tradidit praecepta plurima disserendi et postea qui dialectici dicuntur spinosiora multa pepererunt"; top. XIII,54: "Appellant autem dialectici eam conclusionem argumenti, in qua [...]"; top. XIV,57: "Atque ex eis conclusionibus quas supra scripsi prior quartus posterior quintus a dialecticis modus appellatur". También Sexto Empírico los denomina invariable y constantemente así.

[24]Boethius, Severinus, de differentiis topicis, cap. 1º, en Migne, J.-P., Patrologia cursus completus, Series latina (Parisiis, 1891), LXIV, tomus posterius, col. 1173. Cfr. Boethius, Severinus, in topica Ciceronis commentaria, lib. I, en Migne, J.-P., Patrologia, cit. ibi, LXIV, tomus posterius, col. 1045: "Haec est igitur disciplina quasi disserendi quaedam magistra, quam logicem Peripatetici veteres appellaverunt".

[25]Así Prantl, Carl, Gesch. der Logik, cit. (n. 10), I, p. 529.

[26]Como cree Riposati, B., Studi sui "topica", cit. (n. 3), p. 2.

[27]Arist., top. I,1 (100a-100b).

[28]Sobre la dialéctica aristotélica: Abbagnano, Nicola, Quattro concetti di Dialettica, cit. (n. 15), pp. 10 ss.; Viano, Carlo Augusto, La Dialettica in Aristotele, ibíd., pp. 38 ss.; Evans, J. D. G., Aristotle's Concepts of Dialectic (Cambridge y otras, Cambrigde University Press, 1977). Véanse también: Prantl, Carl, Gesch. der Logik, cit. (n. 10), I, pp. 95 ss.; Brandis, Christian, Geschichte der Entwickelungen der griechischen Philosophie (1864, reimpresión Hildesheim - New York, Olms, 1981), II, pp. 414-426; Bréhier, Émile, Historia de la Filosofía (1928, traducción castellana, 4ª edición, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1956), I, pp. 354 ss.

[29] Véase más abajo VI.

[30]Es la opinión generalizada: véase Riposati, B., Studi sui "topica", cit. (n. 3), p. 128-129; quien, empero, encuentra prudente no descartar alguna influencia peripatética, fundado en que Aristóteles trató del silogismo hipotético esparcidamente.

[31]Cic., top. XII,53.

[32]Cic., top. XIV,57.

[33] Aunque, como señala Riposati (véase la nota 30), y es, por lo demás, sabido, Aristóteles no desatendió algún examen del silogismo hipotético.

[34]Además, según Eucken, Rudolf, Gesch. der philosoph. Terminologie, cit. (n. 10), p. 26, el término topikós comparece por primera vez en el propio Aristóteles.

[35]Según Bochensky, I. M., Historia de la Lógica formal (1959, traducción castellana de su Formale Logik, Madrid, Gredos, 1968, reimpresión 1976), p. 64, hasta la fecha nadie ha logrado expresar clara y brevemente qué son los tópoi. Véase el intento de Brunschwig, Jacques, "Introducción" a su edición de la topiká de Aristóteles (1967), que leo en la traducción de Evans Civit, J. H. (Buenos Aires, Ciudad Argentina, 1999), pp. 51-59, quien, empero, menos que definir los tópoi, intenta esclarecer su estructura lógica.

[36]El título le fue impuesto por el propio Aristóteles, porque en otras obras éste suele citar el libro de marras precisamente con ese título. Véase, por ejemplo, Arist., rhet. I,1 (1355a); I,3 (1358a); II,25 (1402a); II,26 (1403a).

[37]Cic., top. II, 8: "Sed ex his locis in quibus argumenta inclusa sunt, alii in eo ipso de quo agitur haerent, alii assumuntur extrinsecus. In ipso tum ex toto, tum ex partibus eius, tum ex nota, tum ex eis rebus quae quodam modo affectae sunt ad id de quo quaeritur. Extrinsecus autem ea ducuntur quae absunt longeque disiuncta sunt".

[38]Cic., top. II,8.

[39]Cic., top. II,7: "Nos autem, quoniam in utraque summa utilitas est et utramque, si erit otium, persequi cogitamus, ab ea quae prior est ordiemur".

[40]Cic., top. II,8: "itaque licet definire [...] esse [...] argumentum autem, rationem quae rei dubiae faciat fidem".

[41]Cic., top. II,7: "Ut igitur earum rerum quae absconditae sunt demonstrato et notato loco facilis inventio est, sic, cum pervestigare argumentum aliquod volumus, locos nosse debemus".

[42]Ibid.: "locos [...], sic enim appellatae ab Aristotele sunt eae quasi sedes, e quibus argumenta promuntur".

[43]Cicerón omite la doctrina aristotélica de los llamados predicables (definición, propio, género y accidente: Arist., top. I, 5), en torno a los cuales el Estagirita agrupa sus tópicos, así: libros II y III: tópicos del accidente; libro IV: tópicos del género; libro V: tópicos del propio; y libros VI y VI: tópicos de la definición. Los predicables son presupuestos de la doctrina de los tópicos. Algunos de ellos con convertidos directamente en tópicos por Cicerón.

[44]Cic., top. II,8: "Sed ex his locis in quibus argumenta inclusa sunt, alii in eo ipso de quo agitur haerent, alii assumuntur extrinsecus. In ipso tum ex toto, tum ex partibus eius, tum ex nota, tum ex eis rebus quae quodam modo affectae sunt ad id de quo quaeritur. Extrinsecus autem ea ducuntur quae absunt longeque disiuncta sunt".

[45]Arist., rhet. I,2 (1355b).

[46]Que son examinados uno a uno por Arist., rhet. I,15 (1375a-1377).

[47]Arist., rhet. I,2 (1358a).

[48]Cic., top. IV,25: "His igitur locis qui sunt expositi ad omne argumentum reperiendum tamquam elementis quibusdam significatio et demonstratio datur".

[49]Cic., top. XVIII,71: "Perfecta est omnis argumentorum inveniendorum praeceptio, ut, cum profectus sis a definitione, a partitione, [...] parium, nulla praeterea sedes argumenti quaerenda sit".

[50]Cic., top. XIX,72: "Sed quoniam ita a principio divisimus, ut alios locos diceremus in eo ipso de quo ambigitur haerere, de quibus satis est dictum, alios assumi extrinsecus, de eis pauca dicamus, etsi ea nihil omnino [...]".

[51]Cic., top. XIX,73: "Haec ergo argumentatio, quae dicitur artis expers, in testimonio posita est. Testimonium autem nunc dicimus omne quod ab aliqua re externa sumitur ad faciendam fidem".

[52]Cic., top. XIX,73: "ad fidem enim faciendam auctoritas quaeritur".

[53]Cic., top. XIX,73: "[...] sed auctoritatem aut natura aut tempus affert sed auctoritatem aut natura aut tempus affert".

[54]Cic., top. XIX,73: "[...] Naturae auctoritas in virtute inest máxima".

[55]Véase la nota 53.

[56]Cic., top. IV,24: "Quae autem assumuntur extrinsecus, ea maxime ex auctoritate ducuntur. Itaque Graeci talis argumentationes atéchnous vocant, id est artis expertis".

[57]Quint., inst. orat. V,1,1.

[58]Aristóteles los estudia según los diferentes géneros del discurso: deliberativo (rhet. I,4-9 [1359a-1366a]), demostrativo (rhet. I,9-10 [1366a-136a]) y judicial (rhet. I,9-15 [1368b-1375a]). Se trata de tópoi materiales; así, por ejemplo, la ley o la equidad (en el sentido de la epieíkeia) en el género judicial (rhet. I,13 [1373b-1374a] para la ley, y I,13 [1374a-1374b] para la equidad).

[59]Lit.: Volkmann, Die Rhetorik der Griechen und Römer (2ª edición, 1885, reimpresión Hildesheim y otras, Georg Olms Verlag, 1987); Kroll, W., Rhetorik, en PWRE. suppl. VII (1940), col. 1139 ss.; Riposati, B., Studi sui "tópica", cit. (n. 3), pp. 224 ss.; Lausberg, Heinrich, Manual de Retórica literaria (1960, trad. castellana, Madrid, Gredos, 1966, reimp. 1990), II; Martin, Josef, Antike Rhetorik. Technik und Methode (München, Beck, 1974); Murphy, James, Sinopsis histórica de la Retórica clásica (1983, traducción castellana, Madrid, Gredos, 1989); Braet, Antoine, The Classical Doctrine of "status" and the Rhetorical Theory of Argumentation, en Philosophy and Rhetoric 20 (Pennsylvania State Univwersity, 1987) 2, pp. 79 ss.; Vickers, Brian, Storia della Retorica (1989, trad. Italiana, Bologna, Il Mulino, s. d. [1994]); Kennedy, George, A New History of Classical Rhetoric (Princeton, 1994); El mismo, Classical Rhetoric and its Christian and Secular Tradition (Chapel Hill - London, The University of North Carolina Press, 1999); Reyes Coria, Bulmaro, Límites de la Retórica clásica (México, UNAM., 1995); Plebe, Armando, Breve storia della Retorica antica (3ª edición, Roma-Bari, Laterza, 1996); Clarke, M. L., Rhetoric at Rome. A Historical Survey (3ª edición, London-New York, Routledge, 1996); Barthes, Roland, La Retorica antica. Alle origine del linguaggio letterario e delle tecniche di comunicazione (3ª edición, Milano, Bompiani, 1996); Hernández, José Antonio - García, María del Carmen, Historia breve de la Retórica (Madrid, Síntesis, s. d. [1996]), pp. 15-68.

[60]Cic., top. XXI,79: "Expositis omnibus argumentandi locis illud primum intellegendum est nec ullam esse disputationem in qua non aliquis locus incurrat, nec fere omnis locos incidere in omnem quaestionem et quibusdam quaestionibus alios, quibusdam alios esse aptiores locos".

[61]Cic., top. XXI,79: "Quaestionum duo genera sunt: alterum infinitum, definitum alterum. Definitum est quod hipóthesis Graeci, nos causam; infinitum quod thésis illi appellant, nos propositum possumus nominare". Obsérvese que Cicerón habla de genera quaestionum, cuando pareciera que debió decir species.

[62]Sobre él: Murphy, James (ed.), Sinopsis histórica de la retórica clasica (1983, traducción castellana, Madrid, Gredos, 1989), pp. 122 ss.; Kennedy, George, A New History of Classical Rhetoric (Princeton, Princeton University Press, 1994), pp. 97 ss.; Plebe, Armando, Breve storia della retorica antica (Roma-Bari, Laterza, 1996), pp. 81 ss.

[63]Martin, Josef, Antike Rhetorik, cit. (n. 59), p. 11, con las fuentes.

[64]Quint, inst. orat. III,11,4.

[65]Quint., inst. orat. III,5,4.

[66]Quint., inst. orat. III,5,4. Una "cuestión racional", pues, es aquella que versa sobre los hechos, y una "legal", sobre manifestaciones escritas. La adopción de los adjetivos nómikos y legalis (derivados respectivamente de nómos y lex) no nos debe inducir a creer que las "cuestiones legales" tienen ya por exclusivo y directo objeto un asunto jurídico, aun cuando, por cierto, sean éstos los principales; para la elección de esos vocablos tan sólo primó el hecho de que en retórica una cuestión acerca de algo manifestado oralmente o por escrito habitualmente se refiera a una controversia en torno a la ley escrita o a los actos jurídicos reducidos a escritura, pero ello no implica una exclusividad.

[67]Cic., de inv. I,6,8; orat. 14,46; top. XXI,79; Quint., inst. orat. III,5,5.

[68]Cic., part. orat. 18,61; top. XXI,79.

[69]Cic., de orat. III,28,109; part. orat. 18,61; Quint., inst. orat. III,5,5.

[70]Como quaestio generalis (Quint., inst. orat. III,5,9); consultatio (Cic., de orat. III,28,109); genus infinitum (Cic., part. orat. 18,61).

[71]Quint., inst. orat. III 5,7.

[72]Cic., part. orat. 1,4; top. XXI,79.

[73]Cic., de orat. I,31, 138; Quint., inst. orat. III,5, 5.

[74]Quint., inst. orat. III,5,9.

[75]Autor de la división de los zétema en thésis e hypóthesis: Cic., de inv. I,6,8: Quint, inst. orat. II,21,21.

[76]August, de rhet. 7.

[77]Quint., inst. orat. III,5,8.

[78]Arist., rhet. I,3 (1358b).

[79]Entre los latinos: rhet. ad Herennium I,2,2; Cic., de inv. I,5,7; II,51,156; de orat. I,31,141; part. orat., III,10; top. IV,24, 91; Quint., inst. orat. III,4,11.

[80]August., de rhet. 11.

[81]Cic., de inv. I,10,13.

[82]rhet. ad Herennium. I,11,18.

[83]August., de rhet. 11.

[84]Cic., de inv. I,10,13.

[85]Cic., de inv. II,4,15; Quint., inst. orat. III,6,5.

[86]rhet. ad Herennium I,16,26; Cic., de inv. II,4,15; Quint., inst. orat. III,11,4.

[87]Sobre este concepto: Calboli-Montefusco, Lucia, La dottrina del "krinómenon", en Athenaeum, n. s., 50 (1972), pp. 276 ss.

[88]Quint., inst. orat. III,6,10.

[89]En general: Volkmann, Die Rhetorik der Griechen und Römer, cit. (n. 59), pp. 38 ss.; Martin, Antike Rhetorik, cit. (n. 59), pp. 28 ss. En especial: Calboli-Montefusco, Lucia, La dottrina degli 'status' nella retorica greca e romana (Hildesheim y otras, Olms-Weidmann, 1986); La misma, Logica, retorica e giurisprudenza nella dottrina degli status, en Mantovani, Dario (ed.), Per la Storia del pensiero giuridico romano dall'età dei pontifici alla scuola di Servio. Atti del seminario (Torino, Giappichelli, s. d. [1996]), pp. 209 ss.; Patillon, Michel, La théorie du discours chez Hermogène le rhéteur. Essai sur la structure de la rhétorique ancienne (Paris, Les Belles Lettres, 1988), pp. 43 ss.

[90]Cic., top. XXV,93; Quint. inst. orat. III,6,3.

[91]Cic., top. XXV,93; part. orat. 29,102

[92]Cic., de inv. I,8,10; Quint. inst. orat. III,6,2.

[93]Quint. inst. orat. III,6,3; August., de rhet. 12.

[94]El status, al igual que la quaestio, también surge del conflicto entre intentio y depulsio. Comoquiera que el status constituye un modo de ser de la quaestio, en las fuentes tardías se tendió a identificar quaestio y status. Así en August., de rhet. 12. Véase Calboli-Montefusco, Dottr. degli "status", cit. (n. 89), p. 3 n. 8. Ello se entiende, porque ambos consisten en una controversia, aunque la quaestio sea la controversia en sí y en abstracto, y el status la misma controversia que en su concreción es reconducida a un tipo determinado.

[95] Vid. más abajo IV,3,b).

[96]Calboli-Montefusco, Dottr. degli "status", cit. (n. 89), p. 38 ss.

[97]Quint., inst. orat. III,6,1; III,7,28; III,8,4.

[98]Calboli-Montefusco, Dottr. degli "status", cit. (n. 89), p. 42 s.

[99]Cic., de inv. I,6,8.

[100]Cic., de orat. II,133; III,108; III,120. Calboli-Montefusco, Dottr. degli "status", cit. (n. 89), p. 44 ss.

[101]Cic., de orat. I,138 s.; II,104; orat. 45; de fin. IV,6.

[102]Cic., de orat. III,111-118; part. orat. 62-67; top. XXI,81- XXII,86.

[103]Quint., inst. orat. III,5,5-6.

[104]Calboli-Montefusco, Dottr. degli "status", cit. (n. 89), p. 199 ss., sobre la base de lo dicho por Cic., de inv. I, 17, 13. De todos modos, según Quint, inst. orat. III, 5, 55, para algunos, que no individualiza, las controversias del género racional eran status y las del género legal, quaestiones; mientras que para otros, por el contrario, las del primero eran quaestiones y las del segundo, status.

[105]Quint, inst. orat. III,6,61.

[106]Quint., inst. orat. III,6, 46; August, de rhet. 11; Iul. Vict. 15,31; Hermog. 40,8 s.

[107]rhet. ad Herennium I,19.

[108]Cic., de inv. I,17,13; de orat. I,140; II,110; orat. 121; part. orat. 108.

[109]Quint., inst. orat. III,6,46.

[110] Cic., top. XXV, 93: "Refutatio autem accusationis, in qua est depulsio criminis, quoniam Graece stásis dicitur appelletur Latine status; in quo primum insistit quasi ad repugnandum congressa defensio".

[111]Esta denominación en Cic., top. XXV,95.

[112]Cic., top. XXV-XXVI,96: "XXV. Ista sunt tria genera quae controversiam in omni scripto facere possint: ambiguum, discrepantia scripti et voluntatis, scripta contraria. XXVI. Iam hoc perspicuum est, non magis in legibus quam in testamentis, in stipulationibus, in reliquis rebus quae ex scripto aguntur, posse controversias easdem existere. Horum tractationes in aliis libris explicantur".

[113]El acusador arguye: factum est, pero el defensor opone: non esse factum (top. XXIV, 92).

[114]Cic., top. XXV,96: "Tum enim defenditur non id legem dicere quod adversarius velit, sed aliud. Id autem contingit, cum scriptum ambiguum est, ut duae sententiae differentes accipi possint".

[115]El acusador arguye: factum est, pero el defensor opone: si sit factum, aliud eius facti nomen esse (ibíd.)

[116]Cic., top. XXV,96: "Tum opponitur scripto voluntas scriptoris, ut quaeratur verbane plus an sententia valere debeant".

[117]El acusador arguye: factum est, pero el defensor opone: si sit factum, iure esse factum (ibíd.).

[118]Cic., top. XXV,96: "Tum legi lex contraria affertur".

[119]Cic., top. XXV,93: "Atque in deliberationibus [...] idem existunt status".

[120]Cic., top. XXV,95 parece excluir que las legitimae disceptationes tengan lugar en el género deliberativo. Riposati, B., Studi sui "topica", cit. (n. 3), pp. 255-256, sin embargo, piensa que, por extensión, deben aplicarse a él.

[121]Cic., top. XXV, 5 parece excluir que las legitimae disceptationes tengan lugar en el género laudatorio. Véase la cita de Riposati en la nota precedente, quien piensa lo mismo con respecto a este género.

[122]Cic., top. XXV 93: "Atque in [...] laudationibus idem existunt status".

[123]Cic., top. XXI,80: "Causa certis personis, locis, temporibus, actionibus, negotiis cernitur aut in omnibus aut in plerisque eorum [...]".

[124]Sobre la doctrina de las circumstantiae: Volkmann, R., Die Rhetorik der Griechen und Römer, cit. (n. 59), pp. 36-37; Riposati, B., Studi sui "topica", cit. (n. 3), pp. 170-181; Martin, Antike Rhetorik, cit. (n. 59), pp. 17 ss.; Calboli-Montefusco, L., Dottr. degli "status", cit. (n. 89), p. 34 n. 17. En especial: Granatelli, Rosella, "Thésis", "hypóthesis", "perístasis" in Apollodoro di Pergamo, en Philologus. Zeitschrift für antike Literatur und ihre Rezeption, 127 (1983), pp. 207-217.

[125]Cic., top. XXI,80: "[...] propositum autem aut in aliquo eorum aut in pluribus nec tamen in maximis. Itaque propositum pars est causae. Sed omnis quaestio earum aliqua de re est quibus causae continentur, aut una aut pluribus aut nonnunquam omnibus".

[126]Riposati, B., Studi sui "topica", cit. (n. 3), p. 179 ss., sostiene que este acercamiento entre ambos tipos de quaestio tuvo precedentes.

[127]Cic., top. XXI,81: "Quaestionum autem quacumque de re sunt duo genera: unum cognitionis alterum actionis. 82. Cognitionis sunt eae quarum est finis scientia, ut si quaeratur a naturane ius profectum sit an ab aliqua quasi condicione hominum et pactione. Actionis autem huius modi exempla sunt: Sitne sapientis ad rem publicam accedere".

[128]Cicerón prescinde del cuarto status de Hermágoras, vale decir, de la metálepsis (translatio), que atañe a una discusión puramente procesal.

[129]Cic., top. XXIII, 87.

[130]Cic., top. XXIV, 90.

[131]Cic., top. XXIV, 91.

[132]Cic., top. XXIV,92: "Sed definitae quaestiones a suis quaeque locis quasi propriis instruuntur, [...] quae in accusationem defensionemque partitae; in quibus exsistunt haec genera, ut accusator personam arguat facti, defensor aliquid opponat de tribus: aut non esse factum aut, si sit factum, aliud eius facti nomen esse aut iure esse factum. Itaque aut infitialis aut coniecturalis prima appelletur, definitiva altera, tertia, quamvis molestum nomen hoc sit, iuridicialis vocetur".

[133]Cic., top. XXIV,93. Según Cicerón, pues, el status se constituye a partir de la defensa o refutación de la acusación, cuyo nombre retórico es depulsio, sin que sea necesaria una posterior confirmación del acusador de su propio punto de vista para aquello. Pero el asunto recibió algún debate: véase Riposati, B., Studi sui "topica", cit. (n. 3), pp. 243-244.

[134]Cic., top. XXIV,93-94.

[135]Cic., top. XXV,95: "Sed quae ex statu contentio efficitur, eam Graeci krinómenon vocant, mihi placet id, quoniam quidem ad te scribo, qua de re agitur vocari [...]".

[136]Cic., top. XXV,95: "[...] Quibus autem hoc qua de re agitur continetur, ea continentia vocentur, quasi firmamenta defensionis, quibus sublatis defensio nulla sit". La palabra constinens traduce el griego synéchon. Firmamentum es el fundamento de la defensio.

[137]Cic., top. XXV,95: "Sed quoniam lege firmius in controversiis disceptandis esse nihil debet, danda est opera ut legem adiutricem et testem adhibeamus. In qua re alii quasi status existunt novi, sed appellentur legitimae disceptationes".

[138]Cic., top. XXV,96: "Tum enim defenditur non id legem dicere quod adversarius velit, sed aliud. Id autem contingit, cum scriptum ambiguum est, ut duae sententiae differentes accipi possint. Tum opponitur scripto voluntas scriptoris, ut quaeratur verbane plus an sententia valere debeant. Tum legi lex contraria affertur. Ista sunt tria genera quae controversiam in omni scripto facere possint: ambiguum, discrepantia scripti et voluntatis, scripta contraria. Iam hoc perspicuum est, non magis in legibus quam in testamentis, in stipulationibus, in reliquis rebus quae ex scripto aguntur, posse controversias easdem existere. Horum tractationes in aliis libris explicantur".

[139]Cic., top. XXVI,97: "Nec solum perpetuae actiones sed etiam partes orationis isdem locis adiuvantur, partim propriis, partim communibus [...]".

[140]Cic., top. IV,19-21; XII, 53-54 y 57; Riposati, B., Studi sui "topica", cit. (n. 3), pp. 116 ss.

[141]Cic., top. XII,53: "Deinceps est locus dialecticorum proprius ex consequentibus et antecedentibus et repugnantibus. [...]. Ea enim dico consequentia quae rem necessario consequuntur; itemque et antecedentia et repugnantia. Quidquid enim sequitur quamque rem, id cohaeret cum re necessario; et quidquid repugnat, id eius modi est ut cohaerere numquam possit. Cum tripertito igitur distribuatur locus hic, in consecutionem, antecessionem, repugnantiam, reperiendi argumenti locus simplex est, tractandi triplex".

[142]Cic., top. XII, 3: "Nam quid interest, cum hoc sumpseris, pecuniam numeratam mulieri deberi cui sit argentum omne legatum, utrum hoc modo concludas argumentum: Si pecunia signata argentum est, legata est mulieri. Est autem pecunia signata argentum. Legata igitur est; an illo modo: Si numerata pecunia non est legata, non est numerata pecunia argentum. Est autem numerata pecunia argentum; legata igitur est; an illo modo: Non et legatum argentum est et non est legata numerata pecunia. Legatum autem argentum est; legata igitur numerata pecunia est".

[143]Sobre los indemostrables: Prantl, Carl, Gesch. der Logik, cit. (n. 10), I, pp. 473 ss.; Bochensky, I. M., Historia de la logica formal, cit. (n. 35), pp. 137 s.; Mates, B., Lógica de los estoicos (1973, traducción castellana Madrid, Tecnos, s. d. [pero 1985]), pp. 117 ss.; Blanché, Robert - Dubucs, Jacques, La Logique et son histoire (Paris, a. Colin, s. d. [pero 970]), pp. 109 ss.; Gourinat, J.-B., La Dialectique des stoïciens, cit. (n. 14), pp. 282 ss.

[144]El término schéma en Galenus, introd. dialect. 6, p. 15, 8 Kalbfl. (= von Arnim, SVF., III, 245). Diog. Laert. VII, 6, los llama trópoi ("tropos"), aunque en su definición incluye la palabra schéma. Sext. Emp., adv. math. VIII,227, hace sinónimos schéma y trópos. Quizá se llamara esquema a la pura forma, del tipo: "si lo primero, entonces lo segundo; lo primero; luego lo segundo"; y tropo, a la aplicación concreta, del tipo: "si es de día hay luz; es de día, luego hay luz". En la dialéctica de los significantes, los estoicos distinguían claramente (como hoy se sigue haciendo en lingüística) los tropos y las figuras: véase Barwick, Karl, Probleme der stoischen Sprachlehre und Rhetorik (Berlin, Akademie Verlag, 1957), pp. 88 y ss. ("Die stoische Tropenlehre") y 97 ss. ("Die stoische Figurenlehre").

[145]Cic., top. XIII,54.

[146]Diog. Laer VII,79 (= von Armin, SVF. II, 241), reconoce que hubo variaciones en la escuela acerca del número de indemostrables. Al introducir Cic., top. XIV, 57 los dos modos suplementarios, dice: "deinde addunt" con referencia a los dialectici, aludiendo, pues, a agregaciones de indemostrables posteriores a Crisipo.

[147]Cic., top. XIII,54: "Appellant autem dialectici eam conclusionem argumenti, in qua, cum primum assumpseris, consequitur id quod annexum est primum conclusionis modum".

[148]Sext. Emp., adv. math. VIII,224.

[149]Cic., top. XIII,53: "Si pecunia signata argentum est, legata est mulieri. Est autem pecunia signata argentum. Legata igitur est".

[150]Cic., top. XIII,54: "[...] cum id quod annexum est negaris, ut id quoque cui fuerit annexum negandum sit, secundus is appellatur concludendi modus". Cfr. Sext. Emp., adv. math. VIII,225.

[151]Galenus, introd. dialect. 6, p. 15, 8 (Kalbfl.) (= von Arnim, SVF., III, 245).

[152]Cic., top. XIII,53: "Si numerata pecunia non est legata, non est numerata pecunia argentum. Est autem numerata pecunia argentum; legata igitur est".

[153]Cic., top. XIII,54: "[...] cum autem aliqua coniuncta negaris et ex eis unum aut plura sumpseris, ut quod relinquitur tollendum sit, is tertius appellatur conclusionis modus".

[154] Vale decir: no es verdad que al mismo tiempo sean verdaderos el primero y el segundo.

[155]Sext. Emp., adv. math VIII, 226-227 (= von Arnim, SVF. II, 242).

[156]Cic., top. XIII,53: "Non et legatum argentum est et non est legata numerata pecunia. Legatum autem argentum est; legata igitur numerata pecunia est"

[157]Cic., top. XIV,57: "Atque ex eis conclusionibus quas supra scripsi prior quartus [...] a dialecticis modus appellatur".

[158]Cic., top. XIV,56: "aut hoc aut illud; hoc autem; non igitur illud". El esquema aparece en Diog. Laert. VII,81 (= von Arnim, SVF. II, 241).

[159]Cic., top. XIV,57: "Atque ex eis conclusionibus quas supra scripsi [...] posterior quintus a dialecticis modus appellatur".

[160]Cic., top. XIV,56: "aut hoc aut illud; non autem hoc; illud igitur". El esquema aparece en Galenus, introd. dialect. 6, p. 15, 8 (Kalbfl.) (= von Arnim, SVF., III,245).

[161]Cic., top. XIV, 56: "Reliqui dialecticorum modi plures sunt, qui ex disiunctionibus constant: Aut hoc aut illud; hoc autem; non igitur illud. Itemque: Aut hoc aut illud; non autem hoc; illud igitur".

[162]Como sexto modo, ofrece el siguiente: "no esto y aquello; pero sí esto; por consiguiente no aquello". Y como séptimo este otro: "no esto y aquello; pero no esto; por consiguiente, sí aquello": "Deinde addunt coniunctionum negantiam sic: Non et hoc et illud; hoc autem; non igitur illud. Hic modus est sextus. Septimus autem: Non et hoc et illud; non autem hoc; illud igitur" (top. XIV,57). Se trata de conjunciones negadas ("no: esto y aquello", es decir, no pueden darse juntos). El por Cicerón llamado sexto modo (que en realidad corresponde al tercer indemostrable) es correcto; pero el séptimo no lo es, porque, al contener dos premisas negativas, de él nada puede deducirse: véase Mates, Lógica de los estoicos, cit. (n. 143), p. 124 (125) n. 55. En general sobre estos dos modos transmitidos por Cicerón, vérase, Gourinat, Jean-Baptiste, La dialectique des stoïciens, cit. (n. 14), pp. 311 ss.

[163]Cic., top. XIV,57.

[164]En Migne, J.-P., Patrologia cursus completus, Series latina (Parisiis, 1847), CXX, Tomus posterior, col.s 1167 ss.

[165]En top. I, 5, Aristóteles distingue la definición, el propio, el accidente y el género (que la tradición posterior llamó predicables). Porfirio, en cambio, sustituyó la definición por la diferencia y añadió la especie, dando lugar a las quinque voces de la lógica medieval.

[166]Véase San Isidoro de Sevilla, Etimologías (edición bilingüe latino-castellana, 2ª edición, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1993), I, pp. 398-419.

[167]Véase B. Flaccus Albini seu Alcuinus, de dialectica, capítulos 2º a 16º, en Migne, J.-P., Patrologia cursus completus (Parisiis, 1851), CI, tomus secundus, col.s. 955 ss.

[168] Véase, más arriba, III,2, b).

[169]Sobre dicho corpus, su formación y su contenido, véase: d'Onofrio, Giulio, Fons scientiae. La dialettica nell'Occidente tardo-antico (2ª edición, Napoli, Liguori, 1986).

[170]Véase Peter of Spain (Petrus hispanus portugalensis), Tractatus called afterwards Summule logicales (edición De Rijk, L. M., Assen, van Gorcum, 1972), pp. 55-78.

[171] Ibíd., "Introduction", p. xciii.

[172]Debe advertirse que entre el silogismo apodíctico y aquel dialéctico no hay diferencia formal de especie alguna. Ambos siguen las mismas leyes, en efecto, que Aristóteles desarrolló y agotó en la analytikà prótera (analítica priora). Su diferencia, como dijimos en su lugar, radica en el carácter de las premisas usadas por cada cual: apodícticas, en el primero, y solo probables en el segundo, así que la diferencia entre la analítica y la dialéctica es únicamente material, si por tal entendemos la naturaleza de las premisas, y no formal, si por esto significamos las leyes rectoras del silogismo.

[173]Cicerón tenía adoptada una filosofía probabilista (derivada del académico Carnéades), que en muchas ocasiones se ha confundido con un eclecticismo, de guisa que la distinción de conocimiento cierto y conocimiento probable carecía de sentido para él. Sobre este probabilismo, véase Michel, Alain, Les rapports de la rhétorique et de la philosophie dans l'oeuvre de Cicéron Recherches sur les fondements philosophiques de l'art de persuader (Paris, Presses Universitaires de France, 1960), passim; El mismo, Rhétorique et philosophie dans les traités de Cicerón, en Aufstieg und Niedergang der römischen Welt (Berlin y otras, De Gruyter, 1973), III, 1, pp. 139 ss., especialmente, 179 ss. Este es el trasfondo del silencio que el Arpinate guarda en torno a la distinción aristotélica.

[174]Cic., top. III,13: "forma [sc. species] enim a genere, quoad suum nomen retinet, numquam seiungitur".

[175] Ibíd..

[176]El estudio de la "tópica" antigua suele concentrarse en los libros homónimos de Aristóteles y Cicerón; pero me parece que él ganaría mucho si se lo extendiera a las obras de Boecio tituladas de differentiis topicis e in topica Ciceronis commentaria.

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Correspondencia: Catedrático de Derecho romano en la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Dirección postal: Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Facultad de Derecho, Avenida Brasil 2950, Valparaíso, Chile. Correo electrónico: aguzman@ucv.cl

Recibido: 3 de mayo de 2010. Aprobado: 28 de mayo de 2010.