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Revista de estudios histórico-jurídicos
Print version ISSN 0716-5455
Rev. estud. hist.-juríd. no.25 Valparaíso 2003
doi: 10.4067/S0716-54552003002500027
PI I SUNYER, Carles, 1939. Memòries del primer exili (Barcelona, Fundació Carles Pi i Sunyer d'Estudis Autonòmics i locals, 2000), 191 págs.
Con la participación de Cataluña en la Guerra Civil española frente al fascismo y el totalitarismo se rompía una lanza en defensa de la libertad democrática, así como la salvaguardia de la personalidad regional, que le había reconocido la República, aunque con un carácter limitado. Esta guerra, en la que Cataluña fue una de las grandes derrotadas, supuso centenares de miles de muertos o exiliados que tenían sus raíces en estas tierras en su origen condales.
En 1939 fueron frecuentes los campos de concentración de miles de refugiados en territorios próximos a la frontera francesa regional, en el Rosellón, la Cerdaña, el Ariège y el Languedoc, para acoger a los exiliados del régimen dictatorial de Francisco Franco Bahamonde. Todos ellos estaban bajo la jurisdicción de otra autoridad, la francesa, y debían someterse a ella. De hecho, uno de los problemas más importantes que se encontraron los refugiados al llegar a su destino fue el alojamiento, la comida, las medicinas, así como la de procurarse los documentos necesarios para la legalización de su situación y evitar, de este modo, la entrada en el campo de concentración. Ciertamente, el problema del alojamiento era importante ya que, sobrepasadas todas las previsiones, no podían ofrecerse soluciones más o menos colectivas. Para afrontar esta situación se adoptaron medidas tales como el hospedaje en un hotel modesto o una fonda, e incluso en casas de particulares que ofrecían su hospitalidad y solidaridad. Un problema que se agravaba día a día era el de la alimentación, ya que los exiliados llegaban desnutridos tras las penurias de una larga Guerra Civil en España. Para reducir estas carencias el Centro Español, subvencionado por el Gobierno de la República, adoptó una serie de medidas colectivas que vinieron a paliar en parte estas necesidades coyunturales.
Muchos refugiados consiguieron entrar por las carreteras, pero otros muchos, tanto soldados como civiles, tuvieron que hacerlo por los caminos de montaña. Entre los primeros grupos de exiliados que llegaron a Francia, había bastantes que no eran catalanes. Más tarde llegaron los que procedían de descendencia de estos territorios, más reacios a abandonar sus posesiones en su tierra natal.
Fueron momentos de gran confusión, ya que el gobierno francés no contaba con datos fiables sobre el número de refugiados que se acercaban a su territorio. Este desconcierto inicial propició que las disposiciones para remediar esta situación fueran modificadas casi diariamente, lo que fomentó que la confusión fuera en aumento (p. 23). De hecho, algunas autoridades francesas de rango inferior, sobre todo policiales, manifestaron una actitud de dureza y de oposición contra los republicanos.
Fue Perpiñán la localidad más conflictiva, ya que en ella se amontonaron los fugitivos con menos recursos. De ahí, que hubo que adoptar medidas para la dispersión de los refugiados por otras zonas, así como contar con la ayuda de organizaciones extranjeras e internacionales de auxilio. De hecho, se creó en Perpiñán el 3 de febrero de 1939 una organización de Esquerra Republicana de Catalunya, de ayuda a los republicanos catalanes. En un primer momento, era la misma organización la que con sus propios medios compraba los alimentos, medicinas, ropa, etc., pero más tarde, debido a la penuria de recursos y las amplias necesidades, hizo que se solicitara la ayuda de otras organizaciones humanitarias y, en particular, de los cuáqueros. Pero uno de los servicios más importantes de la E.R.C., fue el de información sobre los refugiados que deseaban conocer el destino de otros familiares y amigos, que representó una de las grandes tragedias del éxodo masivo. De entre los campos que albergaron a la mayor parte de los catalanes exiliados fue el de Agde el que merece mayor atención y así se la ha prestado la historiografía catalana del exilio. De hecho, era conocido como el campo de los catalanes. Se calcula que unos 40.000 catalanes estuvieron refugiados en los distintos campos franceses.
El texto manuscrito de estas memorias inéditas de Carles Pi i Sunyer, que escribió en la década de los sesenta en Caracas, se encuentra en el Archivo Pi i Sunyer, de la Fundación Carles Pi i Sunyer de Estudios Autonómicos y Locales, en Barcelona. Recogen estas memorias sus vivencias personales y reflexiones políticas e históricas en el período comprendido entre febrero y marzo de 1939. Para la elaboración de las mismas Pi i Sunyer utilizó buena parte de la correspondencia de la época recibida por él durante más de treinta años de exilio vivido, que se conservan en el citado Archivo. La edición respeta substancialmente el original y se ha limitado a la adaptación necesaria de la lengua escrita actual.
GUILLERMO HIERREZUELO CONDE











