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Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. vol.66 no.217 Santiago jun. 2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902012000100007 

Revista Musical Chilena, Año LXVI, Enero-Junio, 2012, N° 217, pp. 75-79

DOCUMENTOS

Medio siglo del Centro de Música Latinoamericana en los Estados Unidos

por

Juan Orrego-Salas

Universidad de Indiana, Estados Unidos jucar@ciswired.com


 

Describir este medio siglo es repasar en mi vida los últimos cincuenta años de compositor, agregados a los de profesor y luego, de fundador y director del Centro establecido en 1961 por un acuerdo entre la Fundación Rockefeller y la Escuela de Música de la Universidad de Indiana. En estas tres últimas funciones me mantuve hasta mi jubilación como Profesor Emérito, en 1987. La idea de establecer este Centro tenía como propósito abrir un cauce en Estados Unidos al estudio y promoción de la música latinoamericana, correspondiente al que se le había abierto en Buenos Aires con el Instituto Torcuato Di Tella, bajo la dirección del compositor Alberto Ginastera, a la formación superior de compositores de los países de América Latina.

Lo que originalmente la Fundación Rockefeller me ofreció, por voz del miembro de su Consejo Directivo Jack Harrison, fue encabezar un programa asentado en la OEA en Washington, institución que no me pareció adecuada debido a su naturaleza política. Felizmente terminó por ser ofrecido a una de las escuelas universitarias de música más prestigiadas de los Estados Unidos, con programas de la mayor amplitud y un profesorado internacionalmente reconocido, como la de la Universidad de Indiana, la que estaba encabezada por un rector progresista y por un decano visionario, como Herman Wells y Wilfred Bain, respectivamente.

Viajé entonces a Bloomington, la amable ciudad de verdes y florecientesjardi-nes, acogedoras casas abrazando el campus universitario. Con mi mujer y mis hijos nos instalamos en un medio siglo de hábitos diferentes e insospechadas perspectivas y fuimos recibidos por una colectividad de cálidos amigos. Mi destino fue abrir cauces a la investigación y promoción de la música latinoamericana, conducir a mis alumnos de composición en el descubrimiento de sus propios cauces creativos y ayudar a quienes habrían de sucederme en estas tareas.

En agosto de 1962 -cincuenta años atrás- me recibí de la oficina y estudio de profesor desde donde presidiría las funciones de director del que decidimos con el decano bautizar con el nombre de Latin American Music Center (LAMC). Entonces fui informado de las bases del contrato que la Fundación Rockefeller y la Universidad de Indiana habían suscrito para el funcionamiento de este Centro, el que comprometía a la Fundación a sufragar los gastos de éste en sus primeros cinco años, los que enseguida serían de responsabilidad total de la Universidad.

Lo fundamental y primero que debía procurarse era ingresar a la biblioteca los materiales de libros, partituras e información que permitiesen realizar la tarea investigativa y de promoción que el Centro se proponía. Para ello se confeccionaron fichas que se distribuyeron entre compositores, musicólogos, críticos, profesores de música de Latinoamérica, en las que se solicitaban datos biográficos, catálogos de obras (impresas o manuscritas), bibliografías y otros antecedentes.

No existían entonces los medios de difusión electrónica que hoy han facilitado considerablemente la circulación en línea de música y libros, de modo que el proceso de reunir todo esto demoró algunos meses. Sin embargo se procedió a difundir entre ejecutantes y profesores de voz e instrumentos, conjuntos de cámara y orquestas, la música que se tenía a disposición y a interesar a los departamentos universitarios de musicología en la investigación de temas en el espacio de la creación musical de Latinoamérica. Para ello el LAMC obtuvo, como primera medida, la aprobación en la Universidad de Indiana de un programa para la postulación a maestrías y doctorados en musicología con especialización en música latinoamericana.

La enseñanza y estudio de este repertorio, orientados hacia la sala de conciertos, se conjugó con la organización de conciertos públicos y festivales. Siete de los festivales tuvieron lugar antes de mijubilación en Bloomington. En sus programas se dieron a conocer obras corales, de cámara y orquestales, de cincuenta y cinco compositores diferentes, desde la Colonia e Independencia hasta el siglo XX, de diversos países iberoamericanos.

Como actividad inaugural del Centro presenté en el semestre 1961-62 un ciclo de conferencias públicas ilustradas, fundamentalmente dirigidas al profesorado y alumnos graduados de la Escuela de Música de la Universidad de Indiana, que abarcaron desde las tradiciones aborígenes de la América Latina hasta el presente. Estas contaron con una concurrencia de muchos maestros y estudiantes y despertaron el interés inmediato en las tareas del LAMC, del Archivo de Folklore y Música Primitiva, establecido por el etnomusicólogo Georg Herzog, a quién yo había conocido como su alumno en la Universidad de Columbia en Nueva York en 1944. Ahora este archivo formaba parte del Departamento de Folklore y era dirigido por el Dr. George List, con quien compartí posteriormente muchos proyectos y actividades, que incluyeron la convocatoria en 1965 a una Conferencia de Compositores, Etnomusicólogos y Críticos, con el auspicio agregado del CIDEM [Consejo Interamericano de Música], la Pan American Union y el Inter-American Conference on Ethnomusicology.

En cada uno de los semestres siguientes dicté varios cursos y seminarios para postulantes a maestrías y doctorados en musicología, que condujeron a la aprobación entre 1973 y 1984 de seis tesis de maestría y cinco memorias de doctorado. Ellas cubrían un espacio desde la música eclesiástica de la Colonia, la tradicional, la obra de compositores como Ginastera, Villa-Lobos, Santa-Cruz, Cordero, Becerra, Campos-Parsi, el cultivo en Latinoamérica de técnicas como la dodecafonía y géneros como el cuarteto de cuerdas, el lied y la suite para piano. A esto pueden agregarse numerosos documentos que fueron redactados por los alumnos asistentes a los diversos cursos y seminarios que se ofrecieron bajo los auspicios de Centro.

Profesores graduados de la Universidad de Indiana en esta especialidad de la investigación musical, han figurado desde las décadas finales del siglo pasado en las facultades de Texas-Trinity, Kentucky, Duke, Puerto-Rico, Northeast-Missouri, Michigan-State, Miami, Louisville y Humbolt-State Universities. Entre estos, Gerald Benjamin, quien a la edad de 67 años falleció en 2006 y dejó sin terminar un valioso estudio sobre la obra del compositor mexicano Julián Carrillo (1875-1965) y la microinterválica.

Entre 1966-69 conté con la ayuda en mis obligaciones directivas del compositor panameño Roque Cordero, quien también fue contratado para desempeñarse como profesor de composición.

Junto a las tareas formativas en la enseñanza y estudio de la producción musical de Latinoamérica, el Centro ha dedicado desde sus más tempranos días un interés especial en establecer y profundizar relaciones e intercambios con los planteles de educación superior, organizaciones de conciertos, bibliotecas y museos orientados al desarrollo de esta música en Latinoamérica. Para ello realicé en 1965, con el decano Wilfred Bain y su mujer, una extensa gira por Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú, Uruguay y Venezuela, concebida para establecer contacto con las cabezas de la vida musical de cada uno de estos países y exponer el programa y propósitos del LAMC.

En Santiago, el decano fue investido con el grado de Miembro Honorario de la entonces Facultad de Ciencias y Artes Musicales de la Universidad de Chile. En todos los países que en esa oportunidad visitamos, fuimos recibidos con un interés similar.

Inmediatamente después se realizaron tres visitas más de esta especie, en que la presencia del Centro fue singularmente reconocida. Una se efectuó en 1969 con el propósito de concurrir con la profesora Rona Hokanson a la reunión del Consejo Interamericano de Educación Musical ( CIDEM) en Santiago. Otra tuvo lugar en 1971 para asistir a la reunión del Centro Internacional de la Música de la UNESCO, en Moscú. En 1979 junto al nuevo decano de Música, Dr. Charles Webb, concurrimos a desempeñarnos en el jurado del Concurso Internacional de Piano Luis Sigall, en Viña del Mar.

Las visitas al LAMC, de reconocidos investigadores de la música de Iberoamérica, tanto en misión de conferencistas-invitados, asistentes a reuniones especiales, estudiosos u observadores, fortalecieron también la presencia del Centro más allá del campus universitario. Los nombres de Lauro Ayestarán, Robert Stevenson, Charles Seeger, Francisco Curt Lange, Gilbert Chase, Luis Heitor Correa de Azevedo, Bruno Nettl, Gerard Béhague, Carleton Sprague-Smith, Luis Merino, Juan Pablo González, Manuel Dannemann, Andrés Pardo Tovar, Isabel Aretz, Luis Sandi, María Ester Grebe, Malena Kuss, Jorge Peña y Rafael Manzanares han quedado grabados en el memorial de este espacio. Ellos figuran además en el libro Music of the Americas editado por List y Orrego-Salas, con los trabajos presentados en la Conferencia de 1965 en la Universidad de Indiana, antes mencionada.

Sumados a estos es propio citar a los concertistas y conjuntos visitantes, como los directores de orquesta Pedro Ignacio Calderón de Argentina, del chileno Juan Pablo Izquierdo, del Cuarteto Latinoamericano, residente en México, de los pianistas Pia Sebastiani, Roberto Eyzaguirre y otros.

Valiosas han sido además las presentaciones del repertorio latinoamericano del pianista chileno Alfonso Montecino y sus alumnos. Después de un brillante concierto suyo en Bloomington Montecino fue contratado como profesor por la Escuela de Música de la Universidad de Indiana en 1963, cargo que mantuvo hasta su jubilación en 1988.

En la continuidad de todas estas tareas el Centro mantuvo sin interrupción el trabajo de complementar su biblioteca y archivo de grabaciones. En 1971 se publicó el primer catálogo de estos materiales, en el que incluyo los donados por muchos compositores y organizaciones tales como el Instituto de Altos Estudios Musicales y la Editorial Argentina de Música de Buenos Aires, la División de Cultura del Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil, el Instituto de Extensión Musical y Facultad de Ciencias y Artes Musicales de la Universidad de Chile, el Departamento de Extensión y Relaciones Culturales de la Universidad de Oriente de Cuba, Ediciones Mexicanas de Música e Instituto de Bellas Artes de México, la Unión Panamericana y la Voz de América de Washington.

En 1995 se publicó una segunda edición del catálogo. Esta vez fue cuidadosamente compilado y editado por el compositor venezolano Ricardo Lorenz, quien desde mijubilación hasta 1992 se desempeñó como director interino y coordinador del LAMC. Fue entonces que se evaluó nuestra biblioteca como la más completa existente en los Estados Unidos en el rubro de la música latinoamericana.

Este período de interinato se distinguió también por la incorporación a las actividades del centro de la música popular de esta región y el establecimiento de un conjunto dedicado al estudio y presentación de este repertorio.

Después de estos cuatro años de mi sucesor, fue nombrada en propiedad, la Dra. Carmen Helena Tellez, brillante directora de coros y orquesta. Además de su esfuerzo por continuar promoviendo el repertorio antes mencionado, la ha distinguido el convocar a conferencias periódicas de musicología y -en colaboración con el Ministerio de Educación y Cultura de España- en la celebración de concursos anuales de interpretación de la música iberoamericana en una variedad de géneros.

A esto habría que agregar su más reciente contribución, que consiste en el ingreso a la biblioteca del centro del patrimonio de Guillermo Espinosa y el legado de los compositores Julián Orbón, Roque Cordero y el mío, los que contienen obras en bosquejo, facsímil y edición, escritos literarios, programas, documentación crítica, fotografías y otros materiales. A estos archivos pueden tener acceso en línea cualquier biblioteca o investigador del mundo.

En otro rubro, con sus estrenos de obras recientes de la música docta de Latinoamérica, Carmen Tellez se ha mantenido fiel a la promoción del género con que se inició el LAMC en los Estados Unidos. Han quedado registradas sus presentaciones de Aidanamar del compositor argentino Osvaldo Golijov, la ópera Únicamente la verdad y la Missa, Consolationis Dominam Nostram, de los mexicanos Gabriela Ortiz y Mario Lavista, respectivamente, como también el de mi cantata La ciudad celeste.

Finalmente: he contemplado con emoción la trayectoria de este Centro en sus cincuenta años de existencia y he observado establecerse la programación de nuestra música, como también, abrirse el abanico de una biblioteca que ya puede ofrecer al investigador un amplio material de documentación para estudiarla y promoverla.

En un terreno más personal, puedo decir que este medio siglo de actividades del Centro de Música Latinoamericana (LAMC) representa más de la mitad de mi vida y obra de compositor. Durante este período mi mujer, junto con apoyarme en Bloomington, impulsó en Chile -nuestro país natal- el desarrollo de una artesanía cuidadosamente descrita por ella en su libro Embroiderers ofNinhue. Abarca además una parte importante de los años formativos de nuestros cinco hijos, en que el menor nació un año antes de la creación del Centro y al que se han agregado ulteriormente siete nietos y cuatro bisnietos.