SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.66 número217Carmen Luisa Letelier Valdés: su versátil contribución a la comunicación de la música chilena en el país y en el extranjeroDiva Carmen Luisa Letelier Valdés, contralto índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. vol.66 no.217 Santiago jun. 2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902012000100002 

Revista Musical Chilena, Año LXVI, Enero-Junio, 2012, N° 217, pp. 12-16

Carmen Luisa Letelier Valdés, Premio Nacional de Arte mención Música 2010: su labor como maestra de canto

Carmen Luisa Letelier-Valdés, Winner of the National Arts Award in Music 2010: her Work as Professor of the Art of Singing

por

Gonzalo Cuadra Balagna

Instituto de Música Universidad Alberto Hurtado, Chile gonzalo_cuadra@yahoo.es


A partir de su experiencia personal como discípulo de Carmen Luisa Letelier Valdés en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, el autor evoca la cualidad vocal de la artista, su aporte al desarrollo de la vida musical chilena y su labor como formadora de importantes cantantes chilenos.

Palabras clave: enseñanza del canto, Facultad de Artes, Universidad de Chile, cantantes, familia Letelier, compositores chilenos, Pontificia Universidad Católica, Ensemble Bartok Chile, Teatro Municipal, Instituto de Chile.


The author ofthe article studied singing with Carmen Luisa Letelier-Valdés at the Faculty ofArts ofthe University ofChile. On the basis ofhis direct contact with the artist the author presents a personal view ofthe vocal quality of the artist as well as her contribution to the development ofChilean musical activity and her work as teacher of important Chilean singers.

Key words: teaching of singing, Faculty of Arts, University of Chile, Letelier family, Chilean composers, Catholic University, Ensemble Bartok Chile, Municipal Theater, Instituto de Chile.


 

I

-¡Paulo ¿estás ocupado? te llamo para contarte una noticia!
-Hola Gonzalo, dale, dime...
-¡Voy a grabar un disco con la maestra!
-¿Con quién? ¿qué maestra?
-Escucha bien, Carmen Luisa Letelier.

-¡Qué noticia! Pero ahora se dice CD, modernízate, mira que ya nadie habla de discos...
Oye, a propósito ¿te acuerdas de ese long-play con música de Alfonso Leng que grabó?1

Cómo olvidar. Con mi sobrino Paulo habíamos apenas entrado a la adolescencia y los fines de semana, el año completo, la pasábamos mañana y tarde escuchando discos de ópera, saltándonos el almuerzo y las onces con palta y queque, cantando a voz en cuello cuanta aria se cruzara, actuando escenas de envenenamiento y finales de actos, repartiéndonos personajes y dándole curso a nuestra vocación. En esta locura lírica de más de veinte años atrás, bajo la extraña comprensión de los vecinos de ese tranquilo barrio, un día, traído desde una tienda de compra-venta de long-plays del barrio Franklin, llegó aquel disco de una selección de lieder de Alfonso Leng, con un nombre de cantante solista que no conocíamos.

También recuerdo que fue el legendario productor discográfico de la EMI, Walter Legge, quien dijera que el éxito y el aprecio de un cantante lírico entre los aficionados y profesionales radicaba en la personalidad de su voz, en lo distintivo, en la huella digital, única y recordable, inmediata, de su sonido. Pues bien, en esa tarde de viejos long plays surgió, inmediatamente el timbre único y recordable de Carmen Luisa Letelier y sobre nosotros el gusto de un nuevo descubrimiento, y un aprecio y un recordar, así pasarán (y han pasado) los años.

¿Cómo era esa voz? Tesitura de contralto; más que por el color mismo (en verdad más claro que la habitual alto de raigambre inglesa o alemana) por que aunará lo que uno espera de aquella clasificación: aplomo, musicalidad impecable, regusto en el fraseo amplio y reposado, ningún aspaviento superficial o circense. Una suerte de reservorio cultural. Luego, en timbre, una primera octava franca y sonora, dúctil de articulación y matices, poseedora de aquel color vocal que le será distintivo, para a partir del La o Si bemol (en unas notas más altas que lo que tradicionalmente se espera), hacer el paso de la voz hacia un nuevo registro, más liviano, de matices luminosos, que fue ganando confianza y destreza con los años hasta manejar cerca de una nueva octava. El compromiso emocional, más que a través de una extraversión teatral, se producirá mediante la clarísima enunciación de un texto (impecable, ya fuere en italiano, alemán, francés, inglés e incluso el ruso) y de un señoreo en factores musicales y estilísticos. Su perfil de intérprete retomaba la genealogía de ilustres colegas como Helen Watts, Julia Culp, Sophie Braslau o Nan Merriman, en la intimidad de una voz que no desborda sus decibeles, ahonda los graves, aliviana sus agudos, gusta del recital sin ornamentos, tradicional y a la vez novedoso; sin distracciones más que sólo la música.

Aquel disco había sido grabado en 1974, a comienzos de la carrera de la maestra (como desde entonces le dijimos con cariño) y fue sólo el inicio de una de las voces que más grabaciones ha realizado en nuestro país. Se sucederán aquí los intereses musicales: Bach, integrales dedicadas a Federico Heinlein, Alfonso Letelier, Domingo Santa Cruz, y sendos trabajos (muchas veces estrenando) música de compositores de la vanguardia nacional y latinoamericana, ya fuere en solitario o integrando el célebre Ensemble Bartok. Y por supuesto el CD que en 2007 tuve el privilegio de realizar junto a ella y del que me he valido para iniciar este homenaje y los recuerdos, La mujer vestida de sol, de Rolando Cori2.

II

Carmen Luisa Letelier nace en el seno de una familia que está en la médula de la institucionalidad musical chilena. Su padre, Alfonso Letelier es uno de los compositores más destacados de nuestro país, su madre, Margarita Valdés, se desempeñaba como cantante profesional, también contralto. En un hogar en el que pasatiempo y profesión era el hacer música, pronto se manifestó la naturalidad de su vocación, estudiando piano y teoría. Ingresará al entonces Conservatorio Nacional de Música de la Universidad de Chile (que hoy lleva el nombre de su padre), a la cátedra de la maestra Lila Cerda, titulándose de Intérprete Superior en Canto en 1979. Esa juventud también estuvo marcada por su trabajo en el área del folclore junto a Violeta Parra, con quien tomara clases durante dos años, antes de 1967.

Su carrera solista se iniciará en 1967. A contar de 1969, y durante veinte años, integrará el pionero Conjunto de Música Antigua de la Universidad Católica.

Con una actividad solista hasta el presente, en ininterrumpidos 44 años, transita diversos escenarios, temporadas, recitales y presentaciones orquestales en Chile, Argentina, México, España, Estados Unidos, Perú, Uruguay, Colombia y Brasil con diversas obras de J. S. Bach, Haendel, Brahms, Mahler, Bruckner, Scriabin, Prokofiev, Ravel, De Falla, Rossini, Leng, Riesco y Letelier, entre otros. Sirve con igual esmero y aplomo el lied romántico y contemporáneo, la mélodie y la chanson francesa o la canción hispanoamericana docta, desde el Renacimiento a la música contemporánea, efectuando una importantísima labor con aquella de compositores chilenos. Prácticamente en todos sus recitales hay una muestra musical nacional, y junto al Ensemble Bartok Chile, fundado en 1983, estrenará más de cien obras de compositores chilenos, latinoamericanos y norteamericanos, escritas especialmente para el conjunto, tanto en nuestros escenarios como en giras a México, Argentina, España, Francia, Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Austria, Lituania y los Estados Unidos. Y esto sin considerar la ópera. Y digo ópera y vuelvo a recordar.

III

Proveniente de una tradición musical familiar e institucional cercana a la vanguardia y la docencia, la ópera (sobre todo aquellos populares ejemplos de raigambre italiana) nunca fue algo de prioridad en sus primeros quehaceres y preocupaciones. Si bien había debutado en 1969 cantando (en un dato que hoy, a la luz de lo que ha sido su carrera, suena sorpresivo) el rol de Emilia en Otello de Verdi en una función que marcó la despedida de los escenarios de nuestro legendario Ramón Vinay (tengo una fotografía y la contemplo: Vinay está emocionado y una veinteañera Carmen Luisa Letelier sonríe a la posteridad y a lo que será un bello futuro). Si bien aquello, una actividad operística asidua tendrá que esperar a su plena madurez y un nuevo disfrute, enfrentándola a nuevos requerimientos sonoros, algunas arduas tesituras y una necesidad de expresión ligada al movimiento y el teatro. Mi memoria, mis ojos y oídos, pueden decir que fueron testigos de cómo se fueron formando muchos de esos títulos: Donizetti, Tchaikovsky, Wagner, Richard Strauss, Monteverdi, Gounod, desde el señorial Orfeo gluckiano, hasta la avispada Dorabella mozartiana, por citar dos de los papeles más importantes en su repertorio. Sin duda que fue interesante ver a esta noble dama del oratorio y del recital íntimo de cámara, ahora caracterizada y teatral. Hilando muy fino, lo mejor de aquellos papeles tuvo relación con lo que nuevamente esperamos de una contralto: certeros retratos en lo vocal y escénico de viejas damas, confidentes, nodrizas y ayas, pícaras o pudibundas, rotundas, nobles, decadentes u orgullosas señoras: Nania Filipievna de Eugenio Onieguin, Auntie en Peter Grimes, Dame Martha Schwerlein de Faust, Suzuki en Madama Butterfly o la Comtesse de Berkenfield en La Fille du Régiment. Para el ojo en confianza, en ellos había más de un sabroso rasgo de su propia personalidad al servicio de la expresión escénica.

IV

Cuando ingresé a la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, el nombre de Carmen Luisa Letelier era ineludible. Allí estaba en las comisiones académicas, en mis conversaciones de pasillo con los estudiantes de canto, allí me la cruzaba al entrar y salir, allí aparecía como solista en las temporadas de música contemporánea. Y mi recuerdo no es más que uno compartido con las muchas generaciones que hemos pasado por aquellas aulas.

Si bien fue docente de canto en el Instituto de Música de la Universidad Católica de Chile desde 1969 hasta 1978, su ingreso al Departamento de Música de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, en 1979, marcará definitivamente su carrera docente. Será una de las principales formadoras de cantantes a nivel nacional, grandes solistas de entre los que destacarán Isaac Verdugo, Claudia Virgilio, Patricio Sabaté, Evelyn Ramírez o Paulina González, por citar ejemplos de presencia nacional e internacional de las dos últimas décadas. En 1980 será nombrada profesora titular de la Universidad, en 1995 miembro de número de la Academia Chilena de Bellas Artes del Instituto de Chile, y en 1998 y 2000 consejera de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile y miembro del directorio del Teatro Municipal de Santiago, respectivamente.

V

Va terminando el año 2007, han llegado las tardes calurosas. Por fuera parece una casa de barrio residencial, por dentro es un estudio de grabación. Confieso que he sido algo mañoso, reticente con la acústica, el orden en que grabaremos y alguna tesitura demandante. Esta gran señora al lado mío, que mezcla en sus conversaciones temas musicales con preocupaciones institucionales y docentes, actualidad social y algunas frases de fino humor, tiene mucha mejor disposición que yo, dialoga con el compositor-guitarrista (Rolando Cori), sugiere algunos cambios, toma sus lentes y canta las nuevas indicaciones. Así de simple. Tiene a su haber tres premios del Círculo de Críticos de Arte de Chile, otro en Uruguay por la Canción de la tierra de Mahler, dos premios APES, dos premios Altazor, una condecoración de la Embajada de Austria, otra del Gobierno de Chile como "Mujer destacada" y un premio en reconocimiento a la vida profesional otorgado por la Orquesta Sinfónica de Chile. Todavía no sabemos que en un año más será reconocida como mejor docente por la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, y menos que en cuatro vendrá el Premio Nacional de Arte en Música. Grabamos de tarde, a nuestra derecha hay un ventanal que da a un jardín interior verde y fresco y ella lo encuentra de lo más grato que hay. Su canto se mueve con la destreza de quien lleva muchos estrenos contemporáneos en el cuerpo y allá vamos nuevamente, con los lentes puestos, para otra toma del dúo. Mientras canto, me oigo y la oigo; no puedo evitar el sentir que llevo años escuchando ese timbre a mi lado y que podría hasta adivinar el color o inflexión que tomará su voz al mirar los giros melódicos de la pieza; y me digo ¡pucha3 que tengo suerte, Paulo, que por eso te llamaba! Imagina, cuando pasen muchos años y alguien venda un viejo CD grabado en qué va a saber cuál estudio era y cuán fresco el jardín que se veía por el ventanal. Como un giro del eterno retorno, cómo sabes, algún adolescente que canta tardes enteras lo compre, lo lleve a su casa y oiga por primera vez aquella voz y le acompañe en la memoria emotiva de su futuro. ¿Verdad que recuerdas aquel long-play con lieder de Alfonso Leng? La carátula... ¿era blanca?... no, ahora recuerdo, era una impresión en blanco y negro.

NOTAS

1Ver listado selectivo N° 6 bajo la entrada Leng, Alfonso.

2Ver listado selectivo N° 6.

3Pucha: expresión coloquial de Chile que significa "Por Dios".