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Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. v.59 n.203 Santiago jun. 2005

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902005020300028 

 

Revista Musical Chilena, Año LIX, Enero-Junio, 2005, N° 203, pp. 128-129

IN MEMORIAM

 

Después te escribo más largo

 

Querido Lucho:

Tengo que decirte, en primer lugar, que el Ministro José Weinstein me encomendó representarlo en este homenaje y decir algunas palabras en nombre del Consejo Nacional de la Cultura y del Consejo de Fomento de la Música. Ya sé lo que me vas a decir: "¡Qué tienen que ver estas cosas con mi muerte!". Nunca creíste mucho en los discursos. Detestabas las falsas solemnidades. Pero créeme que esto es sincero. En el Consejo de la Música hay, además, muchos amigos tuyos, Fernando García, el Loro Salinas, Eduardo Gatti, Enrique Baeza, Guillermo Rifo. Son tus pares y todos ellos hubieran querido decirte algunas palabras de adiós. José estaba muy conmovido con la noticia. Va a comprender que te hable en forma personal. Y tampoco yo deseo hacer un discurso de circunstancias. ¡Cómo se te ocurre!... No, no te preocupes, no voy a leer tu curriculum. Tampoco voy a decir que fuiste la mejor persona del mundo. Todos te conocemos aquí. Fuiste el que fuiste y los que te quisimos, te quisimos así, con tus grandezas y con tus defectos.

Desde que te conocí lo que más me impresionó de ti es que eras una suerte de síntesis entre la ingenuidad del niño y la sabiduría del anciano. Un día llegaste a mostrarnos la Cantata ¿Te acuerdas? Te sentaste al piano más desafinado de Chile y te pusiste a cantar con esa voz destemplada que era la tuya. Nosotros hacíamos chistes. Y tú no entendías cuando el Willy te decía que no "agarraras papa"1. "Agarrar papa. ¿Qué es eso?" Nos preguntabas extrañado. No habías escuchado nunca una expresión como esa. Y seguías cantando. Así escuchamos por primera vez tu obra. A pesar del piano y de tu canto, nos entusiasmamos con ella y nos pusimos a montarla. Fue extraordinario. ¿Te acuerdas cómo nos enseñabas lo que teníamos que hacer, voz por voz y guitarra por guitarra? Como no cabíamos en tu departamento esperábamos nuestro turno en el pasillo. Después cantábamos todos juntos en las escaleras. ¡Cómo sonaba! Estábamos emocionados. ¿Y te acuerdas cuando la grabamos? ¿Y cuando se nos perdió un pedazo de cinta que finalmente descubrimos en un basurero? Esa noche, en el Chez Henry, no sé qué celebrábamos más, si haber terminado de grabar o haber encontrado el maldito pedazo de cinta. Y con esa obra le devolviste la memoria a tu ciudad y también a Chile. Y enriqueciste su patrimonio y le diste voz a los que no la tuvieron. Y ahora eso es para siempre. ¿Te das cuenta, Lucho? Para siempre.

Despistado total de todo lo mundano. Ni un pelo tuviste de farandulero. No estoy cien por ciento seguro de que hayas sabido nunca quién es el Quique Morandé2. Pero sabías muy bien quién es San Juan de Cruz o la Gabriela Mistral. Y René Char y Paul Eluard. ¿Te acuerdas de esas cartas donde me explicabas por qué había que leer a Zurita? Fuiste un gran artista, no cabe duda. Sensible, culto, intransigente en la autenticidad y en la inteligencia. Más de algún tonto te odia, porque le dijiste alguna pesadez. ¡Qué le ibas a hacer! No los soportabas.

Pero dejémonos de cuentos. Fuiste una gran persona. Sí, trataste de desengañarme cuando yo te hablaba de lealtad. Me decías que hay que ser lúcido y que la verdadera amistad no es de las cosas mejor repartidas en el mundo. Tratabas de enseñarme a que no confiara demasiado en los demás. ¿Pero viste cómo fuiste tú mismo? Hace poco, cuando me contaste que te quedaban pocos días, me lo dijiste sin el menor dramatismo. "Mírame, estoy tranquilo -me dijiste-. Yo sé que todo es fugaz, que todo se acaba. Nadie se escapa de esto". No te quejaste. No. Miraste cara a cara a la vida y a la muerte y a ambas les dijiste: "Estoy reconciliado con ustedes. A ti, vida, te confieso que no siempre me trataste bien. Por eso no te amo demasiado. Siempre supe que eras una amante infiel y que de todos modos me abandonarías. Y a ti, muerte, no estés tan contenta con tu triunfo. Te llevas mi cuerpo pero queda mi música, y a esa no te la vas a llevar nunca. Así que estamos en paz."

No siempre fuiste justo. Hasta te enojaste conmigo por la cuestión de los derechos de autor ¿Te acuerdas? Al final todo se arregló. También fuiste injusto con la Cantata. Te molestaba que te vieran como el compositor de una sola obra, o que te tomaran como un militante político, que nunca fuiste. Y tenías razón. Tu obra es múltiple y ninguna puede opacar a las demás. Tu sensibilidad iba mucho más allá de una mera reivindicación política. Querías que nos diéramos cuenta de que el mayor valor de tu música era que estaba escrita directamente desde tu alma y que se dirigía también directamente a nuestro corazón. También tenías razón en esto y eso lo vas a conseguir Lucho. Te lo aseguro. Tu obra tiene todavía mucho camino que recorrer.

¡Y con qué pasión te lanzaste en cada cosa que hiciste! De repente te bajó el amor por el Brasil y te pusiste a aprender portugués y no cejaste hasta hablarlo perfectamente. Hasta cambiaste de país por unos días y compusiste un disco completo con canciones brasileñas. ¿Y te acuerdas en Buenos Aires cuando sorpresivamente me dejaste parado en una esquina y te fuiste corriendo a tomar la micro3, porque tenías que recorrer exactamente el itinerario del personaje de Sobre héroes y tumbas de Sábato? ¡Y cómo andabas de contento en Mérida cuando fuimos a cantar por primera vez la Sinfonía! Te importaba un pito4la Paloma San Basilio. Lo único que querías ver eran las ruinas romanas. ¡Y con qué cariño recorriste América Latina, que en definitiva fue siempre tu verdadera patria!

Me sorprendiste tan gratamente en estos últimos meses. Enfermo y todo, no sé de dónde sacaste fuerzas para entusiasmarte de nuevo. Te llevé unos textos y ahí mismo te pusiste a componer como malo de la cabeza. Te olvidaste de que habíamos ido a visitarte. ¿Te acuerdas como salió la cueca larga? ¿Y los Preludios? ¿Y hasta el Oratorio, en los últimos, últimos, días de tu vida? No te derrotó tu enfermedad. Sólo te derrotó la muerte. Y al dolor lo combatías con la música.¡Claro que sí! Tu redención fue la música, tu causa fue la música, tu religión fue la música. En muchos, muchos años más, cuando ninguno de los que aquí estamos, sigamos vivos, alguien estará cantando tus canciones.

Te fuiste a tu modo. Quisiste desaparecer, tal como te volatilizabas en los cócteles o en las ceremonias, cuando te cansabas de las mundanidades. De repente te buscábamos y nadie te podía encontrar. Ya sé cómo pasó todo. La muerte golpeó tu puerta. Te vino a buscar. No te resististe. Sabías que era inútil. La tomaste del brazo y te alejaste caminando con ella. Tranquilamente, serenamente, valientemente. Así te fuiste. Y ahora, perdóname, tengo que callarme, porque me pidieron que no hablara demasiado largo. Después te escribo más largo. Adiós amigo. No te voy a olvidar. No te vamos a olvidar. Gracias por tu música. Gracias por tu vida.

Eduardo Carrasco
Consejo Nacional de la Cultura y las Artes y
Consejo de Fomento de la Música Nacional, Chile

 

1Expresión chilena: "no se entusiasme tanto".

2Animador en la televisión chilena de variedades.

3Bus urbano.

4Importarle a alguien nada.