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Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. v.59 n.203 Santiago jun. 2005

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902005020300027 

 

Revista Musical Chilena, Año LIX, Enero-Junio, 2005, N° 203, pp. 127-128

IN MEMORIAM

 

Escuchemos la música de Luis Advis para recuperarla

 

Luis Advis trabajó con los autores de teatro más importantes de Chile y también con los directores más importantes. Entonces, me hice la pregunta ¿por qué voy yo a hablar sobre él, sobre su relación con el arte dramático, con el teatro chileno?... Es que yo tengo un privilegio muy grande. Luis, hizo su primer trabajo para el teatro conmigo, escribió su primera partitura para la escena para un texto mío. Hace 50 años, medio siglo, fui a su casa, a su departamento de la Avenida Bulnes, con un modesto texto infantil bajo el brazo, a tratar de pedirle que le pusiera música. Se lo empecé a leer y Luis prendió un cigarro y se distrajo un poco, finalmente se concentró y compuso una partitura fulgurante. Era de cuecas, de rondas infantiles, de tonadas, pero con una resonancia straussiana que es la característica de su período juvenil. Es muy marcada esta resonancia de Richard Strauss. Luego, durante 50 años, hicimos juntos más de quince obras, proyectos realizados tanto en Chile como en el extranjero. Como dije anteriormente, él cumplió su labor musical con los más importantes personajes del teatro chileno, aunque en cierta manera su creatividad para el teatro estuvo circunscrita, de algún modo, al Instituto de Teatro de la Universidad de Chile. Luego hizo música para montajes de teatros independientes, y ahí hay que nombrar a Eugenio Guzmán, con quien colaboró muchas veces. Compuso música para textos de María Asunción Requena, Isidora Aguirre y otros, en los teatros independientes. Trabajó para el Teatro Callejón, que fue un teatro de mucha gravitación en los años 60, fundado por Pedro Orthous. Con posterioridad colaboró mucho, haciendo muy buenos aportes musicales, con Tomás Vidiella. Pero la presencia de Luis en un montaje no se limitó solamente a componer la música, pues él tenía grandes conocimientos de la estructura dramática y muy clara la visión de la estética teatral, por lo tanto, siempre su opinión, su sugerencia fue muy enriquecedora para todos los montajes y obras en las cuales trabajó. Rebasaba con creces las tareas de un mero compositor.

Si pensamos en su labor para el teatro o conexión con el teatro, no se pueden dejar de mencionar los textos de sus obras. Tanto en la Cantata Santa María de Iquique, Canto para una semilla, Murales extremeños o Los tres tiempos de América, hay elementos de construcción dramática y estos textos construidos, y en algunos casos escritos totalmente por él, tienen la misma validez que puede tener un libreto de ópera de Wagner. Son textos que tienen validez teatral, aparte de la música.

No es fácil definir a Lucho. Se asemeja a un hombre del renacimiento, un hombre que abarca muchos campos del saber y del arte humano, y todos con brillo: la pedagogía, la filosofía, la estética, el teatro, la música. Él está en todos ellos, igual que un renacentista. Es muy difícil encontrar un parangón contemporáneo, hay que irse a esa época que él tanto amó y estudió tan bien, como es el renacimiento.

La música para teatro suele ser considerada no muy importante en el contexto general del quehacer teatral. La música para teatro es puntual, se presta al servicio del montaje, está supeditada a la concepción de un director y por eso, a veces, incluso se piensa que esa música es casi desechable. Sirvió para la obra y luego se nos pierde. Lucho hizo quince trabajos conmigo, y nos ha dejado varias tareas, una de ellas es una investigación sobre cuántas obras de teatro él trabajó como músico. Compuso músicas maravillosas para la escena y luego, después de grabadas, las partituras no fueron archivadas, no se guardaron. Las cintas y casetes con la música suya quedaron repartidas en diversas instancias teatrales de Santiago de Chile. Poco antes de irse, acompañándolo, hablamos de esto, y él reconoció que entre las obras que había escrito para teatro, estaban, tal vez, algunos de los mejores trozos que él haya compuesto. A nosotros, entonces, nos queda una tarea y desde aquí yo aprovecho para hacer esta invocación: que los teatros, que el Teatro Nacional Chileno o la compañía de Tomás Vidiella u otros grupos que tengan cintas, casetes o partes, partituras o fragmentos de partituras, las hagan llegar a la SCD y allí crear un fondo con esa música, porque esta herencia que nos ha dejado Luis, si nosotros la gozamos -y la gozamos plenamente- debe ser conservada para las futuras generaciones. Este llamado mío es para reunir toda esta enorme obra dispersa. Quiero saber cuántas obras son, investigar y agruparlas, para luego transcribirlas y que quede este legado musical.

Podríamos hablar mucho de Luis Advis, compartimos el arte, la vida; existe el enorme anecdotario de su amistad, pero ahora estamos haciendo este contacto con todos los aspectos de él y escuchando su música. Cuando alguien se va, se suele decir: "Pido un minuto de silencio por …". Esto no se puede decir en el caso de Lucho. No podemos pedir un minuto de silencio. Queremos oír su música para recuperarlo en toda la dimensión humana. Por el momento nos tiene a todos un poco destrozados, pero seguimos con él a través de su obra maravillosa.

Jaime Silva
Dramaturgo, Chile