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Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. v.59 n.203 Santiago jun. 2005

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902005020300021 

 

Revista Musical Chilena, Año LIX, Enero-Junio, 2005, N° 203, pp. 121-122

RESEÑAS DE FONOGRAMAS

 

Obras para guitarra de compositores chilenos, siglo XX. CD. Composiciones de Violeta Parra, Gustavo Becerra, Edmundo Vásquez, Jaime González y Renán Cortés. María Luz López (guitarra), Héctor Sepúlveda (guitarra) y Felipe Moya (guitarra). Santiago: Ministerio de Educación, Fondo de Desarrollo de las Artes y la Cultura (FONDART) 2003.

 

Este nuevo disco compacto se suma a la producción fonográfica que en los últimos años se ha suscitado a partir del gran momento que vive el cultivo de la guitarra en nuestro país. Dos guitarristas y profesores de trayectoria -María Luz López Zendejas y Héctor Sepúlveda Olivares- más un joven profesor y ex alumno de ellos -Felipe Moya Gómez- se han unido para dar luz a este disco que reúne obras para guitarra de compositores chilenos nacidos en el siglo XX. Las siguientes observaciones surgen como resultado de la audición su contenido:

En primer lugar, todo el repertorio presentado aquí -con excepción de Duo est, de Renán Cortés (n.1958)- remite a matrices de la música popular de raíz folclórica chilena y latinoamericana. De hecho, la chilena Violeta Parra Sandoval (1917-1967) resulta ser la compositora más representada con ocho piezas originales para guitarra, que son las cinco Anticuecas, Travesuras, Tema Libre N° 2 y El joven Sergio, además de las versiones para trío de guitarras -realizadas por Pablo Ulloa Valencia- de las canciones Mazúrquica modérnica, Ausencia (tan cruel) y Cantores que reflexionan. Las otras obras presentadas son Las pascualas, de Gustavo Becerra-Schmidt (n.1925); Suite transitorial, Auzielle y Suite popular, de Edmundo Vásquez (n.1938), además de Por diversos motivos, de Jaime González Piña (n.1956). Por su parte, Duo est, de Cortés, remite a una estética cercana al expresionismo atonal. Tanto la Suite popular, de Vásquez, como las obras de Cortés y de González están escritas para dos guitarras, y son interpretadas por López y Sepúlveda. Moya participa junto a López y Sepúlveda en las versiones para trío de las canciones de Violeta Parra, mientras el resto del repertorio, destinado a guitarra sola, se distribuye entre López y Sepúlveda.

En segundo lugar, la mayoría de estas obras han sido estrenadas, forman parte del repertorio habitual que se escucha en los conciertos y han sido grabadas en otras interpretaciones. En este sentido, el presente disco representa una línea dentro de la producción fonográfica de los últimos años que opta por proponer nuevas interpretaciones de un repertorio más o menos conocido, arrojando así nuevas luces sobre las obras escogidas, a diferencia de la otra línea de producciones recientes que otorga importancia a la comunicación de nuevas obras, frecuentemente encargadas en forma expresa para el disco respectivo. Este es el caso, por ejemplo, de las Anticuecas, de Violeta Parra, las que han sido grabadas entre otros por Ángel Parra Jr., por Mauricio Valdebenito, además de registros de la interpretación de la propia autora. Precisamente, respecto de las piezas de Violeta Parra, los intérpretes del presente disco develan por escrito su abordaje de estudio: el trabajo de edición y transcripción del libro Violeta Parra, Composiciones para guitarra (SCD, 1993) y la audición de los registros hechos por la autora. Se puede aducir que la concepción de estas piezas amerita esta aproximación, pero que no corresponde al enfoque usual de un intérprete frente a una obra concebida y transmitida por partitura. Sin embargo, nos preguntamos hasta qué punto, independientemente de lo que argumenten los teóricos más conservadores de la interpretación musical, es justamente éste el enfoque real y habitual con el que los intérpretes contemporáneos estudian toda obra -con excepción de aquellas a las que les cabe el honor y responsabilidad de estrenar- desde que la tecnología de la grabación fonográfica irrumpió en el mundo de la música occidental, la que permite el estudio tanto de la partitura como de otras versiones grabadas.

En tercer lugar, es digno de destacar el orden de presentación de las piezas en el disco, una especie de disposición "ternaria" que comienza con las piezas de idioma más familiar para la mayoría del público (las obras para guitarra sola de Violeta Parra), para continuar progresivamente con composiciones de mayor complejidad (las obras de Becerra y Vásquez), alcanzando un "clímax" con la obra de Cortés -la que fue dedicada a López y Sepúlveda, quienes la estrenaron en 1995- para retornar hacia una mayor "familiaridad" con la pieza de González y, finalmente, las tres canciones arregladas de Violeta Parra. El folleto que acompaña al disco aporta datos básicos sobre los intérpretes y las obras, entre los que lamentablemente se omite la información sobre la composición de las obras de Vásquez (la Suite transitorial es de 1977, en tanto Auzielle y la Suite popular son de 1979). Tampoco los créditos mencionan el nombre del autor de estas notas, aunque suponemos que se trata de María Luz López, responsable del proyecto. Independientemente de esto, este disco resulta ser un aporte para la difusión de la música chilena y el reconocimiento de sus grandes valores.

Cristián Guerra Rojas
Facultad de Artes, Universidad de Chile, Chile