SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.59 número203Cirilo en la Escuela Musical VespertinaMi experiencia como alumno de Cirilo Vila Castro: Un maestro de la música índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Articulo

Indicadores

  • No hay articulos citadosCitado por SciELO

Links relacionados

  • No hay articulos similaresSimilares en SciELO

Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. v.59 n.203 Santiago jun. 2005

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902005020300013 

 

Revista Musical Chilena, Año LIX, Enero-Junio, 2005, N° 203, pp. 68-69

OPINIONES

 

El Profesor Cirilo Vila Castro

 

por Iván Barrientos Garrido

Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación, Chile


La primera noticia que tuve del maestro Cirilo Vila fue completamente musical. En efecto, me encontraba en clase de lectura con la profesora Sra. Alma Wörner, en la sala 6011 -estudiaba Pedagogía en Educación Musical en el Departamento de Música-y a través de la puerta que estaba entreabierta a causa del calor, oímos que alguien tocaba el piano diestramente y con tal musicalidad que hizo que nos quedáramos escuchando bastante embelesados junto a nuestra maestra de lectura, que comentó: "Es Cirilo". Yo aún no lo conocía. Luego me enteré que efectivamente era el profesor Vila quien tocaba el piano hermosamente en la sala 607. Era el año 1970. El maestro, luego de hacer uso de sendas becas otorgadas por los gobiernos de Italia y Francia, respectivamente, volvía a Chile después de varios años de permanencia en el extranjero, habiendo estudiado dirección orquestal con el maestro Franco Ferrara, en el Conservatorio Santa Cecilia de Roma, Italia; luego en Francia, dirección orquestal con Pierre Derveaux y Manuel Rosenthal, análisis con Oliver Messiaen y composición con Max Deutsch.

Ese mismo año el maestro Vila junto al violinista Sergio Prieto interpretaban con gran éxito, en la temporada de conciertos del Teatro Municipal, la Sonata para violín y piano op. 47, " Kreutzer", de Beethoven; la Sonata para violín y piano, de César Franck, y la Pampeana N° 1 para violín y piano, de Alberto Ginastera.

Mientras permanecí estudiando en el Departamento de Música, desde 1969 hasta 1973, lo divisé muchas veces, pero nunca conversé con él. Su atractiva personalidad me impulsó a observarlo constantemente. Lo veía y percibía como una persona afable y bondadosa, completamente asequible, nunca le vi actitudes de grandilocuencia ni de soberbia; en su genialidad era poseedor de una gran modestia. Desde el mismo día que lo escuché interpretando al piano me interesé siempre por conocer y saber acerca de sus actividades musicales, de su labor como profesor, compositor e intérprete. Ello me condujo a leer sus escritos que aparecieron en la RMCh de ese entonces, siendo él mismo su director entre los años 1971 y 1972: "Igor Strawinsky. In Memoriam"2 y "Entrevista a Luigi Nono"3. En todo ese tiempo nunca conversé con él ni fui su alumno, ya que el maestro era profesor solamente de los estudiantes de las carreras de composición y musicología y no de los de pedagogía en educación musical. Lo admiraba profundamente y para mis adentros pensaba "algún día seré su alumno". Abandoné Santiago en 1974 y volví a la Facultad en 1985, hasta 1988, obteniendo el grado de Licenciado en Música y el título de Profesor especializado en Historia de la Música y Análisis. En este contexto y luego de quince años de espera, se cumplió mi anhelado deseo de ser su alumno. Efectivamente, entre los años 1986 y 1988 cursé con él las asignaturas superiores de armonía y análisis.

En esos tres años pude darme cuenta perfectamente de la genialidad del profesor Vila en varios aspectos: como pedagogo, como músico, como intérprete, como compositor y como ser humano. En sus clases de análisis no sólo se refería a las estructuras presentes en la partitura, sino también a aquellas ausentes. Es decir, al acto creativo trascendente del compositor que lo develaba en su espíritu creativo. Sus notables reducciones al piano de las obras orquestales de Mozart, Beethoven, Brahms o cualquier otro compositor eran incomparables. En las clases de armonía superior, la rigurosidad en la correcta aplicación de las leyes de la armonía tonal, traducida en la correcta conducción de las voces, los exactos enlaces, preparaciones y resoluciones de los respectivos acordes no admitía devaneos. Su proverbial atraso a la realización de sus clases era consubstancial a su genio. Tenía el talento de llegar siempre atrasado… pero sus clases eran de tal calidad que una vez iniciadas toda la espera quedaba recompensada con creces, y no sólo en el ámbito netamente musical, sino también en el tiempo cronológico, porque la cátedra se extendía hasta que –las más de las veces– el encargado de cerrar el edificio se asomaba cautamente a la sala 607 y le decía: "¡Maestro son las 9:30 de la noche y vamos a cerrar!"

Para la realización de sus cátedras nunca llevó ni el más mínimo apunte, sólo las partituras correspondientes, sus notables interpretaciones y su prodigioso saber, que no se limitaba solamente a lo musical, sino que abarcaba otras disciplinas como la filosofía, la literatura, la poesía, la historia y un gran etcétera.

Hoy hace ya treinta y cinco años que lo escuché interpretando al piano y mi primera opinión sobre él no ha cambiado. Al contrario, se ha ampliado y acrecentado demostrándome a través del tiempo que todas aquellas virtudes que percibí primigeniamente en este profesor son reales y que pertenecen a una estirpe de profesores-artistas, lamentablemente, en período de extinción.

Creo que la palabra que lo puede representar en su más genuina condición es la de magíster o maestro. Es decir, aquella persona que no sólo tiene la capacidad de enseñar un determinado arte u oficio. Que no sólo porta en sí el conocimiento necesario para ello, sino que además es poseedor de la máxima metodología y bondad para entregarlo.

En definitiva, el profesor Cirilo Vila Castro no sólo es un maestro de la más alta jerarquía, relevancia y mérito entre sus pares, sino que concita y ostenta un tremendo grado de simpatía, gratitud y reconocimiento entre la pléyade de estudiantes que tuvimos la fortuna de ser sus alumnos. Tal vez sea éste uno de los mayores premios y tesoros que acumuló hasta ahora.

 

NOTAS

1Corresponde al edificio ubicado en la calle Compañía N° 1264 de la entonces Facultad de Ciencias y Artes Musicales.

2"Igor Strawinsky (1882-1971). In Memorian", RMCh, XXV/113-114 (enero-junio, 1971), pp. 55-56

3"Entrevista a Luigi Nono". (En coautoría con Andres Bodenhofer), RMCh,XXV/113-116 (julio-diciembre, 1971), pp. 3-9.