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Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. v.59 n.203 Santiago jun. 2005

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902005020300010 

 

Revista Musical Chilena, Año LIX, Enero-Junio, 2005, N° 203, pp. 61-62

OPINIONES

 

Gracias, Cirilo

 

por Jorge Arriagada

Compositor, Francia


Nos conocimos en París a fines de 1966. Allí me presentaste a Max Deutsch, nuestro tan querido maestro, con el cual tú estudiabas y que fue también mi profesor durante cuatro años. Luego fui su amigo y colaborador hasta su muerte.

Mi primer recuerdo es en tu hotel de la rue Cujas donde discutíamos sobre la tercera Sonata para piano, de Boulez, la música electroacústica y el pequeño libro rojo de Mao. De vez en cuando me regalabas un ticket de restaurante universitario para comer, el dinero de la beca aún no me llegaba. Por la misma razón te pedí que me acompañaras para presentarme a un trabajo donde necesitaban una señora para hacer el aseo. Tu labor consistió en convencer a la dueña de casa que, a pesar de que yo no hablaba bien francés y que no era una señora, podía perfectamente ocupar el puesto. Cosa insólita, ahí había vivido Emile Zola; el dueño de casa era crítico musical para un periódico y yo terminé escribiéndole los análisis de los cuartetos de Mozart para el periódico.

Recuerdo los viajes con nuestras respectivas novias en mi Volkswagen, cazando molinos en los alrededores de Brujas, visitando el tríptico de Rubens de la Catedral de Anvers, la casa de Bosch, los cuadros de Bruegel y alojándonos en albergues de juventud porque eran más baratos.

Cómo olvidar nuestras clases colectivas con Sylvano Bussotti, Ahmed Essyad, Luis de Pablo, Eugène Kurtz, Marcello Panni, William Albright. Todos grandes compositores hoy en día, con quienes nos cruzábamos entre las clases de análisis de Max Deutsch y Olivier Messiaen y que se acuerdan de tu talento, de tu cultura y de tu gran modestia.

Me viene a la memoria cuando Max Deutsch nos dio la posibilidad, en abril de 1968, de dirigir nuestras propias obras en un concierto con músicos de la orquesta de París. Dos semanas antes del concierto pasó a visitarlo Sylvano Bussotti para contarle que estaba enamorado. El maestro, junto con manifestarle que se alegraba mucho, nos contó de su preocupación por la obra que tú ibas a presentar, ya que sólo le habías mostrado cuatro compases. Le respondimos que no se preocupara y que tú la terminarías a tiempo, cosa que hiciste. Se trataba de tu obra Canto. Gracias a ese concierto el gran crítico francés Claude Rostand, en su diccionario Larousse de la Musique Contemporaine, que apareció poco después que tú regresaste a Chile, nos cita en el diccionario como compositores importantes, y te traduzco lo que escribió sobre tu persona: "Su Sonata para piano, su Cuarteto mixto, su Rapsodia para trompeta y pequeña orquesta, su Movimiento sinfónico y su Canto para ocho instrumentos y percusión, lo designan como una de las personalidades relevantes en la escuela postserial de América Latina".

Tampoco he olvidado ese fantástico mayo del 68 con todo el entusiasmo y los miles de proyectos. Aquella cena en casa de una princesa rusa un poco mecenas comiendo con puro champagne. Para agradecerle la invitación, tocaste admirablemente una sonata de Beethoven.

Me recuerdo del nacimiento de tu hijo, tu vuelta a Chile y la importancia para ti de volver. A mí me quedaba todavía un año más de beca y aún estoy aquí.

Entonces imagínate mi alegría cuando supe que te habían dado el merecidísimo Premio Nacional de Música del año 2004; pensé que era la ocasión para darte públicamente las gracias por todo lo que me entregaste en nuestra convivencia francesa y por todo lo que has entregado y seguirás entregando a la música.