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Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. v.59 n.203 Santiago jun. 2005

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902005020300009 

 

Revista Musical Chilena, Año LIX, Enero-Junio, 2005, N° 203, pp. 59-60

OPINIONES

 

En realidad no me acuerdo cuándo conocí a Cirilo...(Imágenes sueltas de los años 50 y 60)

 

por Andreas Bodenhofer

Compositor, Santiago de Chile


...Pero debo haber tenido 12 o 13 años, y había logrado colarme de alguna manera en la vida de los estudiantes de música de la Facultad de Ciencias y Artes Musicales...

Recuerdo, por ejemplo, que fue todo un acontecimiento cuando en el año 1958 vino Claudio Arrau a dar un concierto y pidió escuchar al joven Cirilo del cual ya tenía noticias. A mí me lo contó mi profesora de piano, Lucila Césped, gran amiga y admiradora de Arrau. Y según se comentaba, Arrau, sorprendido por el enorme talento del joven pianista, habría dicho: "Este niño va a llegar muy lejos, pero debe estudiar un poquito más...". Cirilo recuerda que "en esa misma ocasión habían llevado a Violeta Parra porque Arrau tenía mucho interés en conocerla. Ella cantó algunas canciones y Arrau quedó muy impresionado...".

Debe haber sido al año siguiente cuando Cirilo interpretó el Concierto para piano de Schumann. Fue impresionante ver al Cirilo de todos los días, a nuestro amigo, tocar maravillosamente, allí, al otro lado, en el escenario, acompañado por la Orquesta Sinfónica. Y luego, al finalizar, seguir como si nada, humilde y casi divertido con la situación. Por aquella época –o algo antes– llegó a Santiago la película de Louis Malle Los amantes, con Jeanne Moreau. Fue todo un acontecimiento cultural, con ribetes de escándalo por la osadía de su famosa escena de amor. Y para nosotros, además, por el hecho de que la música de esa escena pertenecía al segundo movimiento del Sexteto para cuerdas, op. 18, de Brahms, que Cirilo –a falta de una grabación en el mercado nacional– nos lo tocaba al piano.

El año 1962 parte a Italia. Cirilo no olvida la fecha exacta –el 13 de junio–, pues ese día jugó Chile con Brasil en la última etapa del Campeonato Mundial de Fútbol. En Buenos Aires se embarca en el Federico C. Al cabo de un par de semanas llegó a Barcelona, donde lo esperó su gran amigo Diego Ortiz de Zárate, junto a su madre y hermana. Lo primero que hicieron Cirilo y Diego fue partir a los famosos Cursos de Verano de Música Contemporánea de Darmstadt. Esta ciudad alemana era, todos los años durante dos semanas, el lugar de encuentro y confrontación de la vanguardia musical: Stockhausen, Boulez, Berio, Maderna, Ligeti, Pousseur, Nono y muchos otros mostraban sus obras, dictaban charlas, dirigían talleres o participaban en acalorados debates...

Luego partió Cirilo a Roma para iniciar sus estudios de becario. Permanece hasta octubre de 1963, fecha en la que decide irse a París. Ese mismo año, llegué a estudiar al Conservatorio de Stuttgart. Y, a pesar de tener excelentes profesores, no me sentía a gusto en aquella ciudad, por lo que viajaba a París cada vez que podía. Durante aquella época me topé en numerosas ocasiones con Cirilo, Diego Ortiz de Zárate, Enrique Bello y otros. Ellos vivían en un pequeño departamento en la rue Henri Barbusse. Irene Domínguez, la pintora y gran amiga de Cirilo, recuerda: "Lo conocí en la cola de un cine ...y desde ese momento, no nos separamos más. Nos juntábamos todos los días en el "Danton", un café en el barrio del Odéon... También casi todos los días íbamos a algún cine de la rue Champollion". ¡Cirilo, el gran cinéfilo!

Al poco tiempo comenzó a estudiar composición con Max Deutsch, ese gran maestro austríaco, alumno de Arnold Schoenberg. La dirección orquestal la estudió primero en la École Normale y luego con Rosenthal en el Conservatorio de París. Y, para rematar, durante un par de años asistió a las clases de análisis de Olivier Messiaen.

Irene Domínguez recuerda que en aquella época estaba de agregado cultural en la embajada chilena de París Luis Gastón Soublette, quien se fascinó con este divertido y talentoso grupo de artistas chilenos. A menudo organizaba pequeñas veladas en las que Cirilo tocaba el piano.

En mayo del 68 se lo vivió entero. Este grupo de chilenos no se perdía manifestación alguna. Cooperaban en la construcción de barricadas y también en el lanzamiento de adoquines. Por las mañanas, parece que era en la avenida Cardinal Lemoine, Cirilo despertaba a los cohabitantes y amigos alojados con La internacional interpretada en todos los estilos musicales, desde Bach a Stravinsky...

Para Cirilo, desde siempre fue natural combinar y articular de las más diversas formas el compromiso social con su actividad artística. Un compromiso social entendido como práctica cultural, permanente y constante. Una actividad musical atravesada sin cesar por la literatura, la pintura, el cine y también por el dolor de las guerras, la represión y la muerte.

Cirilo Vila, el maestro humanista y progresista, que abrigó y llenó de esperanzas a tantos durante los diecisiete oscuros años de dictadura sórdida, ya era el mismo en aquellos santiaguinos años 50 y los años 60 parisinos... Un fascinado de la vida, lleno de humor y completamente leal a sí mismo.
Cirilo volvió a Chile a comienzos de 1970, atravesando el canal de Panamá y bordeando la costa occidental de América Latina. El nombre del transatlántico: "Giuseppe Verdi".