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Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. v.59 n.203 Santiago jun. 2005

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902005020300008 

 

Revista Musical Chilena, Año LIX, Enero-Junio, 2005, N° 203, p. 58

OPINIONES

 

Una vieja amistad

 

por Hanns Stein

Facultad de Artes, Universidad de Chile, Chile


Creo que sería difícil encontrar a alguna persona en nuestro mundo musical que no haya sentido felicidad o al menos satisfacción al enterarse de que Cirilo fue galardonado con el Premio Nacional de Arte. El compositor, el pianista, el profesor, el académico tienen méritos de sobra.

Con Cirilo me une una vieja amistad de más de cuarenta años. Una amistad que a lo largo de los años tuvo muchos frutos musicales. Juntos hicimos un sinnúmero de conciertos, en general con programas no corrientes, muchos estrenos, también de obras del propio Cirilo. Hubo algunos conciertos particularmente emblemáticos; ambos actuamos en el concierto de reapertura de la actividad musical en Temuco, después del terremoto del año 1960. En el año 1970, días después de la elección presidencial en la que ganó Allende, fuimos a hacer una serie de conciertos a Puerto Rico, uno de ellos, en el marco del festival “Música de España y de América”, dedicado exclusivamente a obras de compositores chilenos. Fue una gira llena de aventuras. A raíz de una repentina huelga de las compañías de aviación tuvimos que volver de un concierto, cruzando toda la isla, Cirilo, yo y el piloto en un avioncito para dos personas, un vuelo inolvidable. Un año más tarde grabamos juntos un disco con canciones de Hanns Eisler. La tercera edición del disco iba a salir en septiembre de 1973; la edición fue destruida por los militares.

Cuando volví del exilio quise reinsertarme a la vida musical con un concierto. Corría el año 1981. Sólo el Goethe Institut me abrió las puertas y por supuesto yo quería hacer el concierto con Cirilo. El decano “designado” de entonces llamó a Cirilo y lo amenazó con echarlo de la Facultad; uno de los crímenes de Cirilo era haber anunciado que me acompañaría en ese concierto. Según le dijo el decano, él no podía acompañarme porque yo tenía un prontuario kilométrico. Cirilo respondió con una argumentación inteligentísima y logró hacer ese concierto conmigo. Fue un evento muy emocionante, no puedo olvidar el recibimiento que nos brindó el público ese día. Después que ese decano tuvo que abandonar su cargo (poco le faltaba para que abriera una cuenta en el Banco Riggs), volvimos a “delinquir” juntos con conciertos en el Goethe Institut que tenían claros contenidos y mensajes democráticos, para calificarlos de alguna manera.

Toda esta larga historia musical común me hizo conocer a Cirilo muy profundamente, a conocerlo, a quererlo y a apreciar su inteligencia y su pensamiento tan original, su extraordinario sentido de humor, más su enorme musicalidad y su igualmente enorme calidad humana.