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Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. v.59 n.203 Santiago jun. 2005

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902005020300006 

 

Revista Musical Chilena, Año LIX, Enero-Junio, 2005, N° 203, pp. 52-53

OPINIONES

 

Algunas reflexiones motivadas por Cirilo Vila Castro

 

por Gustavo Becerra-Schmidt

Universidad de Oldenburgo, Alemania


Empiezo por declarar que no puedo hablar objetivamente de él. Sólo podré referirme a lo que mi relación, directa e indirecta, con él ha cambiado en mi vida interior.

Mucho antes de haberlo conocido personalmente había oído, de sus compañeros de estudios en la entonces Facultad de Ciencias y Artes Musicales, sobre sus extraordinarias cualidades de músico y, especialmente, de su apreciado valor como integrante de diversos grupos informales de estudiantes. Lo que iba atesorando en mi memoria era parte de un proceso de identificación de su personalidad y función en dichos grupos. Se trataba de una persona que hablaba probablemente poco y que resumía con frecuencia el sentir colectivo dentro de una estructura propia que, según iba oyendo, iba marcando en forma duradera a aquellos que entraban en su contacto. Más adelante, cuando tuve la suerte de tenerlo como estudiante, me di cuenta que la parte social, concentrada en las personas, dominaba en su conducta. Como de todos los estudiantes, aprendí también de él. Daba la sensación que se nutría de aquella parte social a la que entregaba generosamente sus valiosos aportes. Para él, eso me parece aún hoy, no era el aula el sitio más importante en su relación con el aprendizaje y la enseñanza. La fuente principal estaba más bien en las conversaciones de pasillo, de patio, de grupos en diversas situaciones, que me atrevo a calificar como privadas. Parecía que había algo de esterilizante, de enajenante, en la relación formal de la academia actual, no como aquella original en los Jardines de Academo, en la Grecia Clásica. Ahora veo, más claro como nunca antes, lo adecuada que ha sido su actitud en este campo. Y, como corolario, anoto que lo delicado del pensamiento estético y científico necesita de ese calor que parece haber desertado de la mayor parte de las aulas, no sólo de los estudios superiores de música, sino que también de los estudios superiores en general. Y este calor germinal parece ser básico en la creatividad que nutre a las ciencias y las artes.

Cirilo Vila ha sido creativo en su vida artística y social. En esta última ha dado vida a grupos, como si fueran seres colectivos. Veo el merecido Premio Nacional de Arte en Música que se le ha otorgado como reconocimiento a su aporte polifacético. Ello se puede observar en su aporte como ejecutante, como compositor y como “centro nervioso” en la dinámica de los grupos que frecuenta. Se me presenta, a la distancia del tiempo y el espacio, algo así como un ganglio, entre sus compañeros, que fueran como un conjunto vivo en la sociedad, que tiendo a ver como un conjunto vivo mayor. Como todos los seres vivos, esos mundos relacionales tienden a preservar su existencia y a reproducirse para actuar en el futuro. Esta fecundidad lleva, en los grupos que él ha frecuentado, su sello personal. Así ocurre también con sus discípulos y ex discípulos, que proyectan al futuro sus enseñanzas, las que rebasan con creces lo puramente musical y académico.

Cirilo Vila lamenta la incomunicación entre la música docta y su auditorio. Dice, definiendo su papel en el momento histórico: “Pensaba, por ejemplo, en todo este divorcio entre la música y el público. Pensaba que a uno le correspondía asumir, como si fuera casi un nuevo punto de partida, establecer los vínculos y –como ha sido siempre en las artes– partir de propuestas relativamente simples que de a poco se van haciendo más complejas, más sofisticadas”. Trato de ver esto en un campo más amplio y afirmo: la comunicación ha sido su vía más importante de relación con el medio. Dura tarea esta, para quien trabaja con las emociones propias y las ajenas. ¿Cómo expresarlas, como recibirlas sin conmoverse frente a su generación y desplazamiento de aquellas profundidades recónditas de las que proceden y a las que llegan, a veces, como la semilla al surco? ¿Cómo no romperse en esta tarea titánica? Para Cirilo Vila siento que sus comentarios, análisis y, sobre todo, sus obras tocan con frecuencia lugares íntimos y que trascienden lo puramente formal. Le deseo que sea así por mucho tiempo, añorando desde hace mucho tiempo, el no haber aprendido más de él.