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Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. v.59 n.203 Santiago jun. 2005

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902005020300004 

 

Revista Musical Chilena, Año LIX, Enero-Junio, 2005, N° 203, pp. 33-41

HOMENAJE

 

Cirilo Vila Castro: pianista

 

por Julia Grandela del Río

Facultad de Artes, Universidad de Chile, Chile


"Un pianista, como cualquier otro intérprete digno
de tal calificativo, es y debe ser ante todo un músico,
cabal y consciente".

CIRILO VILA.

Esta reflexión la hacía Cirilo Vila hace 46 años demostrando una madurez no muy común entre los estudiantes de instrumento y canto, los que en una primera etapa están prioritariamente abocados a la adquisición de destrezas técnicas para enfrentar los desafíos de la interpretación frente a un público. La cita fue extraída de un artículo que Cirilo Vila escribiera para la Revista Musical Chilena titulado "Situación de la literatura pianística en el experimentalismo contemporáneo"1. A través de estas líneas se nos revela no sólo el pianista poseedor de una capacidad de reflexión excepcional para sus entonces 21 años, sino el músico integral que se interesa tanto por aspectos fundamentales de la música contemporánea y los problemas específicamente pianísticos que ésta suscita, como por la situación del pianista o estudiante de piano frente a los desafíos técnicos e interpretativos del nuevo repertorio. Desde su época de estudiante hasta hoy día la labor de Cirilo Vila como pianista se encuentra estrechamente ligada a la del compositor y a su quehacer como docente en diferentes áreas de la música. Podríamos agregar, a su posición humanista que reconoce el sentido esencial, profundamente humano de la música, en particular, y del arte en general.

Cirilo Vila inició sus estudios musicales a la edad de siete años en el entonces Conservatorio Nacional de Música de la Universidad de Chile, con las profesoras María Arias y Cristina Herrera, en la cátedra de piano. Con esta última terminó sus estudios formales, recibiendo en 1959 el grado de Licenciado en Interpretación Musical con mención Piano. El programa de su examen final incluyó la Toccata en Re mayor, de J. S. Bach; la Sonata op. 57, Appassionata, de Beethoven; las Variaciones y fuga op. 24, sobre un tema de Haendel, de Brahms; la Suite pour le piano, de Debussy, y la Rústica, de Juan Orrego-Salas.

Siendo estudiante realizó presentaciones públicas importantes. En 1954 interpretó junto a la Orquesta Sinfónica de Chile, dirigida por Juan Matteucci, el Concierto N° 1, de Beethoven. En 1957 con la misma orquesta, dirigida por Victor Tevah, tocó el Concierto op. 54, de Schumann, ambos en la temporada de conciertos del Parque Forestal. Ese mismo año obtuvo su primera distinción como pianista: el Premio Orrego-Carvallo. En 1961 volvió a interpretar el concierto de Schumann en el Teatro Gran Palace bajo la dirección de Luis Herrera de la Fuente y participó en un curso de perfeccionamiento de interpretación pianística con el connotado maestro Rafael de Silva, con quien trabajó la Sonata en Si menor, de Liszt, para ser presentada en el homenaje a los 150 años del nacimiento del músico. A pesar de ser todavía estudiante Cirilo Vila se destacó por la calidad de sus interpretaciones. En 1958, a raíz de un concierto en la Sala Valentín Letelier junto a otro estudiante, el violinista Francisco Quesada, con obras de Bach, Brahms y Debussy, el crítico Federico Heinlein escribió en El Mercurio: "Cirilo Vila llama la atención por su `toucher' sensitivo, su adiestramiento en el espíritu de las obras y una considerable técnica"2.

En la década del 60 Cirilo Vila vivió gran parte del tiempo en Europa (Italia y Francia) gracias a becas obtenidas para continuar estudios de dirección orquestal, análisis musical y composición. A su regreso en 1970, fue nombrado profesor de jornada completa en el Departamento de Música de la Facultad de Ciencias y Artes Musicales y Escénicas de la Universidad de Chile, y sus actividades se repartieron entre la docencia, la composición y la interpretación pianística, además de labores académicas en cargos de responsabilidad. Una actuación importante a su regreso a Chile fue su participación en el ciclo completo de las sonatas para piano de Beethoven organizado por Oscar Gacitúa, con las sonatas op. 14 N° 1, op. 90 y op. 101. Ese año participó en una serie de conciertos en Puerto Rico junto al cantante Hanns Stein, invitado por el Instituto de Cultura de ese país.

En los años siguientes la labor de extensión de Cirilo Vila continuó tanto a nivel solístico como en diversos grupos de cámara. Sus interpretaciones abarcaron tanto el repertorio universal como las obras de compositores latinoamericanos y chilenos del siglo XX, con valiosos estrenos en Chile de obras tanto extranjeras como nacionales. En música de cámara sus principales actuaciones han sido con el cellista Patricio Barría, en trío con el mismo cellista y el clarinetista Luis Rossi, con los cantantes José Quilapi y Hanns Stein entre muchos otros, en trío junto a Jaime de la Jara (violín) y Patricio Barría (violoncello), el que posteriormente se llamaría Trío Florestán, con el Ensemble Bartók y recientemenete con el Ensamble Contemporáneo.

En la década del 80 sus actividades como intérprete tuvieron grandes logros. En 1982 interpretó el Concierto en Mi b mayor K 365, para dos pianos y orquesta, de W. A. Mozart junto a la pianista Elisa Alsina y la Orquesta Sinfónica de Chile, dirigida por Werner Torkanowsky. Además, tuvo una activa participación en las temporadas de extensión de la Facultad de Ciencias y Artes Musicales de la Universidad de Chile, como pianista y conferencista en charlas-conciertos, tales como el ciclo dedicado a los Preludios de Debussy. En 1984 dio un recital en el Teatro Municipal de Santiago con un programa dedicado exclusivamente a Schumann: el Carnaval de Viena op. 9, las Escenas infantiles op. 15 y la Kreisleriana op. 16. Tres años más tarde realizaría una gira por diferentes ciudades de Chile (Santiago, Quilpué, Concepción y Punta Arenas) con un programa también dedicado a Schumann, agregándose al repertorio anterior, el Arabesco op. 18 y la Fantasía op. 17. Cirilo Vila reconoce su predilección por Schumann por una cierta identificación con el temperamento del compositor. Con su música, por un lado exaltada e impetuosa (Florestán) y por otro nostálgica y lírica (Eusebio), está muy a gusto. Siente además una particular atracción por la música vocal de Schumann, especialmente sus ciclos Amores del poeta op. 48, que trabajó con José Quilapi, y Vida y amor de una mujer op. 42, con Paula Elgueta.

La actividad de extensión de Cirilo Vila se amplió considerablemente al integrarse en 1984 al Ensemble Bartók. Este conjunto desempeña una actividad regular de conciertos en los que da a conocer tanto obras clásicas como contemporáneas y en especial de compositores chilenos y latinoamericanos. Las actuaciones del Ensemble Bartók han abarcado Chile, Latinoamérica, Norteamérica y Europa. A España el conjunto fue invitado en 1992 con motivo de los 500 años del descubrimiento de América, y en todas las ciudades donde se presentó recibió elogios de la crítica especializada. En varias ocasiones Vila ha viajado a Argentina junto a este conjunto, en giras donde la música latinoamericana y chilena han recibido gran difusión. La característica principal del repertorio escogido por el Ensemble Bartók es su diversidad, lo que significa un notable esfuerzo, dada la complejidad de muchas de las músicas contemporáneas. En este sentido el papel de Cirilo Vila en el conjunto ha sido fundamental, no sólo como pianista, sino que también en la dirección musical. Le preguntamos a Carmen Luisa Letelier, cantante e integrante del Ensemble Bartók desde su fundación, por la participación de Cirilo Vila en el conjunto y nos manifestó lo siguiente:

"Como pianista es extraordinario, no se equivoca nunca, y su labor en el conjunto es esencial, pues con su mentalidad de director, capaz de mirar la partitura en su totalidad, prácticamente maneja los ensayos. Cirilo guía la interpretación de las obras desde una visión integral, siendo una ayuda valiosísima para el resto de los músicos. Cuando se aborda el repertorio actual, bastante difícil por la novedad y variedad estilística que estas obras presentan, su papel es fundamental, pues gracias al conocimiento e intuición musical extraordinaria que posee, toma siempre las mejores decisiones interpretativas. Además, debe destacarse otro rasgo de Cirilo, cual es su respeto por la partitura y por lo que el compositor pide; cuando en la notación se detectan imprecisiones o errores siempre son subsanados por su buen criterio. En cuanto a la elaboración de los programas y el orden en que deben ubicarse las obras, nuevamente Cirilo es quien dice la última palabra".

La dimensión personal de Cirilo Vila también es resaltada por Carmen Luisa, quien muy entusiastamente se refiere a su calidez, buen humor, sencillez, paciencia y su amplia cultura general y de la historia que han hecho del trabajo regular y de las giras de conciertos, momentos inolvidables y sumamente enriquecedores desde el punto de vista humano, influyendo muy positivamente en el trabajo del conjunto. Una frase encomiable cierra nuestra conversación: "Es difícil encontrar otro pianista como él". El Ensemble Bartók recibió en 1998 el Premio del Círculo de Críticos de Chile con una mención especial por el II Festival Internacional de Música Contemporánea de ese año. En 1993 la Sociedad Chilena del Derecho del Autor le otorgó su Premio Anual "por su significativo aporte a la música docta chilena".

Difundir la música contemporánea especialmente chilena y latinoamericana ha sido uno de los objetivos prioritarios de la labor de Cirilo Vila como pianista. Ésta se engarzó perfectamente con la creación de la Agrupación Musical Anacrusa a la que Vila perteneció desde su fundación en 1984. Anacrusa, entidad formada por compositores, intérpretes y musicólogos, se preocupó de realizar actividades de extensión y reflexión en torno a la música de los compositores chilenos y latinoamericanos, y permitió crear espacios de encuentro entre los compositores y los intérpretes. Ello generó un ambiente propicio para que surgieran músicos solistas y de cámara interesados en interpretar el repertorio contemporáneo. En 1985, en el marco del primer encuentro musical organizado por la Agrupación Anacrusa en el Goethe Institut, Cirilo Vila junto a Valene Georges, estrenaron Añoranzas para clarinete y piano, de Carlos Riesco. Un considerable número de obras de compositores latinoamericanos y chilenos fueron difundidas ese año: en el Teatro Colón de Buenos Aires, se presentó en primera audición, el Trío op. 4, de Marlos Nobre y las Tres canciones sobre textos de la Condesa de Noailles, de Miguel Letelier, además del estreno mundial de Antipoeta y Mago con texto de V. Huidobro, de Federico Heinlein. Otras obras de compositores argentinos interpretadas en aquella ocasión fueron el Concertino a tre, de Eduardo Alemann, Voces, de Alicia Terzian, y Dos tangos, de Astor Piazzolla, en arreglo de A. Terzian. Esta última obra es una de las preferidas de Cirilo Vila quien siempre ha sentido una inclinación especial por este género. Muchos son los compositores que han escrito música especialmente dedicada al Ensemble Bartók. Es el caso de Cinco canciones a seis op. 87, de Juan Orrego-Salas, estrenada en la Sala América de la Biblioteca Nacional en 1985. Ese mismo año Cirilo Vila participó activamente en importantes presentaciones y estrenos. Uno de ellos fue el concierto Chile canta a Israel. En el Teatro Municipal, iniciativa de la Embajada de Israel. En aquella ocasión el Ensemble Bartók estrenó No en el día, no en la noche, de Alfonso Letelier, y Canto a Jerusalén, del mismo Cirilo Vila. También en 1985, en el homenaje al centenario del nacimiento y cincuentenario de la muerte de Alban Berg, en el Goethe Institut, Cirilo Vila junto a Ilse Simpfendorfer presentaron las Siete canciones tempranas op.1 y los Cuatro Lieder op. 2, además de las Piezas op. 4, para clarinete y piano, y el Adagio del Concierto de cámara. En la gira por Washington DC, ese mismo año, y con ocasión del homenaje a don Alfonso Letelier realizado en esa ciudad, merecen destacarse la ejecución de la Sonata para clarinete y piano, las Canciones antiguas, Desvelada y Dame la mano, para voz y piano del destacado compositor chileno. Entre Vila y Alfonso Letelier, quien fue su maestro siendo muy joven y con quien trabajó directa y personalmente muchas de sus obras, existía una singular conexión. Es así que consultado Vila sobre la obra chilena mejor lograda desde el punto de vista interpretativo, nos dice que Nocturno, de Alfonso Letelier, obra con texto propio y dedicada al Ensemble Bartók, es una de las más atractivas para él, habiéndose logrado en el trabajo de conjunto una gran compenetración con resultados musicales extraordinarios en el ámbito dramático y sonoro-expresionista. Otras obras chilenas por las cuales siente una especial admiración son la Partita, de Juan Orrego-Salas y en general las obras que contienen elementos improvisatorios de Fernando García. En 1987, para el II Encuentro de Música Contemporánea, también organizado por Anacrusa, con obras de compositores latinoamericanos del cono sur, Cirilo Vila estrenó la obra para piano del argentino Claudio Lluán titulada Vidala de los tiempos muertos.

El año 1988 fue nutrido en estrenos e interpretaciones de música contemporánea y chilena: A la memoria de Alberto Ginastera para violín, violoncello y piano, de Gabriel Brncic, y Nocturno para clarinete, violín, contralto y piano, dedicada al Ensemble Bartók, de Guillermo Rifo, fueron presentadas en el marco de la Tercera Temporada de Música Chilena Contemporánea realizada en el Instituto Cultural de las Condes. Además se interpretaron el Trío para flauta, violín y piano, de Gustavo Becerra y Triptychon (Tres canciones) para voz y piano, con textos de Bertold Brecht del mismo compositor, junto a Hanns Stein. Otras obras en las que participó Cirilo Vila junto al Ensemble Bartók ese mismo año en una gira al sur fueron: India hembra, de Guillermo Rifo; Tres canciones para voz y piano, de George Gershwin; El fín de la primavera, de Edward Brown; Chansons madecasses, de Maurice Ravel; Le merle noir, de Olivier Messiaen; Dramatic Polimaniquexixe, del brasileño J. Antunes; Canción del árbol del olvido, de Alberto Ginastera, y Tango revolucionario, de Astor Piazzolla. En el marco del II Festival Internacional de Música Contemporánea, el Ensemble Bartók, con la participación de Cirilo Vila, presentó en primera audición en Chile Tres piezas para clarinete, trompeta, violín, contrabajo y piano, de Paul Hindemith; Dos canciones, con textos de Pablo Neruda, de Juan Lémann, y Tres trozos en forma de pera para piano a cuatro manos, de Eric Satie, junto a Gerardo Gandini. Ese mismo año, en el Teatro de la Universidad de Chile, el Ensemble Bartók con Cirilo en el piano y la dirección, interpretó una de las obras más queridas del maestro y que ha hecho en varias oportunidades: el Cuarteto para el fin de los tiempos, de Olivier Messiaen. En 1988 Messiaen cumplió 80 años y en el concierto-homenaje al compositor francés, Carmen Luisa Letelier y Cirilo Vila interpretaron Poémes pour Mi para canto y piano. Debemos recordar que Vila estudió con Messiaen en Francia, por lo que su cercanía emocional y conocimiento del repertorio del maestro es muy grande, siendo en este aspecto una autoridad en nuestro país.

El 16 de noviembre de 1990 Cirilo Vila interpretó junto a la Orquesta Sinfónica de Chile, dirigida por Agustín Cullell, el Concierto N° 2, de Juan Orrego-Salas. Esta obra había sido estrenada en Estados Unidos tres años antes y en Chile era la primera audición. El crítico Federico Heinlein se refiere a esta ocasión en los siguientes términos: "Una labor heroica correspondió al músico Cirilo Vila, a Cullell y a la orquesta en el transcurso del concierto[…] El entendimiento de los intérpretes nos pareció inobjetable. La voluntad de la batuta vigiló sobre la gallardía de los ritmos agitados, y el pianista pudo exhibir su gama enorme de técnica y musicalidad"3.

La década del 90 se caracterizó por un renovado impulso a la difusión de obras de gran variedad de lenguajes musicales contemporáneos, en un deseo de que éstos fueran incorporados definitivamente al quehacer artístico-cultural del país. Podemos destacar las siguientes composiciones donde la participación de Cirilo Vila fue fundamental: en 1990 se estrenó Allá abajo, dos canciones con textos de David Rosemann, para voz, violín, clarinete y piano, de Federico Heinlein, y en 1991 Objetos varios para violín, clarinete y piano, de Fernando García; Piezas en forma de pera para piano a 4 manos, de Eric Satie; Silogística II para voz, clarinete, violín, violoncello y piano, de Santiago Vera; De consuno para clarinete, violín, violoncello y piano, de F. Heinlein; Nocturno, de Alfonso Letelier, y Epigramas sobre cuatro poemas mapuches, de Eduardo Cáceres. Ese mismo año el Ensemble Bartók celebró su décimo aniversario con un concierto en la Parroquia San Vicente Ferrer de Los Dominicos, organizado por la Corporación Cultural de Las Condes donde se rindió además un homenaje a Mozart en el bicentenario de su muerte. En esa ocasión, y haciendo gala de una gran versatilidad en el manejo de estilos tan diversos, el conjunto interpretó entre otras obras el Trío K 489 para clarinete, viola y piano y el Quinteto K 581 para cuerdas con clarinete. La Agrupación Anacrusa también se unió a este homenaje, encargando obras especiales para la ocasión. Una de ellas fue Retrovías inconexas (Algo así como un Réquiem) para 4 manos, de Juan Amenábar, estrenada por Cirilo Vila y Cecilia Plaza en el Goethe Institut.

En el marco del IV Festival Internacional de Música Contemporánea del Ensemble Bartók, en 1993, estrenaron composiciones especialmente escritas para el conjunto: Canciones de asombro, con textos de Hernán Galilea, de Pablo Délano, y Parrianas (Homenaje a Nicanor Parra), de Gabriel Matthey; además se intepretaron tres de las doce Canciones de cuna, con textos de Gabriela Mistral, de Ema Ortiz. En estas obras, como en tantas otras para canto y piano, Cirilo Vila ha tenido que asumir el papel de "pianista acompañante", actividad que es todo un desafío para los pianistas formados como solistas, y que dadas las particularidades del género que requiere una sensibilidad y adecuación al canto solista muy singular, ha hecho de esta actividad toda una especialidad. Cirilo Vila es un pianista acompañante por excelencia: a la vez que "sigue" al cantante sin jamás sobrepasarlo, le trasmite desde el piano toda la emoción interpretativa que requiere este género, en el cual ambos intérpretes deben transformarse en uno solo. Muestra de esto son las versiones del año 1996 en el Goethe Institut de las siguientes canciones de Eduardo Maturana: Una cuenta que saldar, con texto de Paul Eluard, y Alone y Ecce puer, con textos de James Joyce, con Paula Elgueta, y de Juan Allende Blin Drei Rilke-Lieder, con textos de Rainer María Rilke, junto a Hanny Briceño.

Fernando García ha sido uno de los compositores predilectos de Cirilo Vila. En 1997 presentó de este autor De los sueños para clarinete, piccolo y piano y Sabellíades a ruiseñor rojo, con textos de Andrés Sabella, junto a Gabriela Lehmann, en el Salón de Honor de la Universidad de Chile. Posteriormente, en 1999, el trío de la Jara, Barría, Vila (Trío Florestán) estrenó Aforismos, de este mismo compositor, obra dedicada al conjunto, y en el año 2001 Rosa perfumada entre los astros, a cargo del Ensemble Bartók. Juan Orrego-Salas es otro compositor por cuyas obras Cirilo Vila ha mostrado particular interés, siendo la Partita op. 100 para violín, cello y piano una de sus predilectas, según nos cuenta. Fue interpretada en la Sala Isidora Zegers en 1997 por el mismo trío. De esta época también se destacan otras interpretaciones de este conjunto que ha dedicado importantes esfuerzos a la música chilena. Es el caso del Trío en Sol menor, de Enrique Soro, el cual ha ejecutado en varias ocasiones en distintas salas, y el ya mencionado Trío a la memoria de Alberto Ginastera, de Gabriel Brncic, en la Sala Isidora Zegers y Sala América en 1998. Del repertorio universal merece mencionarse el Trío en Sol menor op. 17, de Clara Schumann, que testimonia el interés del conjunto por dar a conocer un repertorio menos divulgado. También Cirilo Vila ha interpretado en innumerables ocasiones obras para piano solo del repertorio contemporáneo. Podemos mencionar, en el último tiempo, los Estudios emocionales y los Retratos, de Roberto Falabella, en el año 1999, en la Sala Isidora Zegers, y de Olivier Messiaen, Ile de feu, en el Festival de Música Contemporánea del año 2002. La Sala La Capilla del Centro Cultural Montecarmelo es otro espacio que se ha abierto a la música contemporánea con una gran convocatoria. En 1999 en la IX Temporada de Música de Cámara, el Ensemble Bartók, con Cirilo Vila a cargo de la parte pianística y dirección musical, presentó en este centro Cueca y rin, de Luis Advis; Queridas aguas, de Federico Heinlein; Autorretrato, de Nino García, y Epigramas mapuches, de Eduardo Cáceres.

Por el año 1975 Cirilo Vila comenzó a trabajar con el violoncellista Patricio Barría, como una manera de realizar extensión en la entonces sede occidente de la Universidad de Chile. Barría reconoce que en todos estos largos años en que ha trabajado con el maestro se ha producido un contacto vital y muy enriquecedor para él, pues encontró en Vila una persona con la cual hacer música en forma muy activa y viva. Al respecto declara lo siguiente:

"Cirilo Vila tiene una natural disposición pedagógica, siempre apoyando y ayudando a solucionar todo tipo de problemas musicales o de lectura por complicados que éstos sean. Siempre está el profesor detrás, pero nunca es impositivo, pues lo hace con mucha naturalidad y soltura; está abierto a aceptar indicaciones y a realizar un verdadero trabajo de conjunto. Establece un contacto muy llano con las personas con las que hace música y es un guía en aspectos como fraseo, matices y todo lo que tenga relación con la clarificación de la forma musical. Posee una gran solidez musical e intelectual, lo que en el trabajo de la música de cámara es muy importante. Es una persona inquieta, gran amante de la historia y toda su consistencia intelectual se refleja en la interpretación".

Patricio Barría confiesa que el encuentro con el maestro ha sido muy beneficioso para él, pues más allá de todo lo que le ha aportado en el ámbito profesional, ha disfrutado de su amabilidad, de su buen humor y de su calidez. Lamenta que no haya hecho clases de música de cámara (aunque no descarta que en el futuro pueda hacerlo), pues hubiera sido un gran aporte dado su amplio conocimiento del repertorio, su experiencia en el quehacer camerístico y su capacidad para abordar y guiar cualquier conformación instrumental. El repertorio que ha trabajado y presentado en innumerables conciertos el dúo Barría-Vila es extenso y cuenta con muchos estrenos y primeras audiciones en Chile. De los estrenos de obras de compositores chilenos se pueden destacar: Conversación entre el niño y el hombre, de Estela Cabezas; Balada op. 84, de Juan Orrego-Salas; Ofrenda In Nomine…, de Abelardo Quinteros; Sonata N° 1, de Hernán Ramírez, y del propio Cirilo Vila, Del Diario de Viaje de Johann Sebastian: Sarabanda londinense. Del repertorio universal también han registrado varias primeras audiciones en Chile: Sonata en Re menor, de Franck Bridge; Sonata, de Frederick Delius; Sonata en Si bemol mayor op. 71, de Dimitri Kabalevsky; Sonatina, de Zoltan Kodaly; La góndola lúgubre, de Franz Liszt; la Sonata N° 1, de Bohuslav Martinu; la Sonata, de Francis Poulenc; la Balada op. 15, de Sergei Prokofiev, y la Sonata N° 2 op. 66, de Héitor Villalobos.

Cirilo Vila ha actuado también con el Ensamble Contemporáneo fundado en 1999 y dirigido por Aliocha Solovera, conjunto que ha tenido una importante labor en la difusión del repertorio musical contemporáneo, tanto universal como chileno. El Ensamble Contemporáneo ha estrenado un significativo número de obras de compositores nacionales, y su meritoria labor fue reconocida al obtener el Premio Altazor "Música Docta" 2003. El año 2001, con ocasión de la conmemoración del 50° aniversario de la muerte de Arnold Schoenberg, el Ensamble Contemporáneo realizó varias presentaciones de una de sus obras cumbres, el Pierrot Lunaire op. 21, con Cirilo Vila al piano. Esta obra, junto a otras cuatro de compositores chilenos vinculados particularmente con Schoenberg, fueron grabadas en un CD el año 2003.

La participación de Cirilo Vila en varios fonogramas es otra actividad que se ha sumado a sus muchas actividades musicales. De 1991 están dos casetes sello SVR que constituyen una pequeña antología de música contemporánea latinoamericana interpretada por el Ensemble Bartók. Recientemente están diversos CD, uno con obras de Nino García; otro titulado Música…en la frontera…de la música. Esperando el 3000, con obras de Eduardo Cáceres; otro con música para saxofón preparado y realizado por Miguel Villafruela que contiene la Partita op. 100, de Juan Orrego-Salas, y otro con los Cantos de la ciudad sitiada, de José Quilapi y Vila al piano con música de diversos compositores chilenos.

Recopilar los datos sobre la actividad de Cirilo Vila como pianista ha sido una tarea ardua dada la magnitud del repertorio, tanto universal como latinoamericano y chileno que maneja y ha ejecutado en público, como solista y junto a tantos músicos y conjuntos de cámara. Hemos querido destacar aquel repertorio referido al siglo XX y, dentro de éste, aquel perteneciente a compositores de nuestro continente y especialmente de Chile. Sabemos de su gran amor y empatía por la música de Mozart, Beethoven, Debussy, Ravel, Bartók, cuyo repertorio solístico para piano, si bien no constituyen el centro de sus presentaciones en público, sin duda conoce en profundidad. La música de cámara le ha atraído especialmente y ha optado, a nivel de difusión, prioritariamente por este género y por obras que contribuyan a ampliar los límites de los repertorios habituales, ya que su labor como pianista se encuentra estrechamente vinculada a su quehacer como compositor y docente. Su preocupación central ha sido la música contemporánea y la necesidad de que ésta sea difundida, conocida e interpretada con mayor frecuencia por los jóvenes músicos de nuestro país.

Para concluir, quisiera citar las palabras con que Cirilo Vila cierra su artículo que escribiera para la Revista Musical Chilena mencionado al comienzo de este trabajo, considerando que sus palabras mantienen absoluta vigencia.

"Los intérpretes serán siempre necesarios y gozarán de un papel activo en la vida musical -sobre todo, cuando se cuenta con un repertorio de primera categoría, como ocurre con los pianistas- por cuanto nunca cesará la humanidad de acudir a escuchar a los individuos que, poseedores de una sólida cultura musical y una auténtica musicalidad, experimentan una honda conmoción estética y pasional ante la música, y saben transmitir esa misma conmoción al resto de los hombres. En otras palabras, estimamos que el porvenir del intérprete está asegurado mientras no se pierda -confiamos en que no ocurrirá jamás- el sentido esencial profundamente humano de la música, en particular, y, en general, de todo el arte".

 

Notas

1Vila 1958.

2Crónica 1958: 95.

3Crónica 1990: 119.

Bibliografía

CRÓNICA

1958 "Actividades del Conservatorio Nacional de Música", RMCh, XII/59 (mayo-junio), pp. 94-95.         [ Links ]

1990 "Estreno del Concierto N° 2 para piano del compositor chileno Juan Orrego-Salas en el Teatro de la Universidad de Chile", RMCh, XLIV/174 (julio-diciembre), p. 119.         [ Links ]

VILA, CIRILO

1958 "Situación de la literatura pianística en el experimentalismo contemporáneo", RMCh, XII/59 (mayo-junio), pp. 29-38.         [ Links ]