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vol.58 número202Hernán Ramírez Ávila/Antología. CD. Ministerio de Educación, Fondo de Desarrollo de las Artes y la Cultura (FONDART) [Viña del Mar, 2004] índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
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Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. v.58 n.202 Santiago jul. 2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902004020200014 

  Revista Musical Chilena, Año LVIII, Julio-Diciembre, 2004, N° 202, pp. 97-98

IN MEMORIAM

Carlos Botto Vallarino (1923-2004)

El 27 de junio dejó de existir en Santiago Carlos Botto Vallarino. Su deceso provocó, en los que fuimos sus alumnos, colegas y amigos, una fuerte conmoción, pues aunque ya estaba retirado, su presencia se mantenía intacta a través de sus enseñanzas que, para muchos de nosotros, han constituido lo medular de nuestro desempeño profesional. Recordamos a don Carlos, como cariñosamente le decíamos, como un pedagogo innato. Su labor estuvo centrada en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, la que se hizo extensiva al Instituto de Música de la Pontificia Universidad Católica de Chile y a la Escuela Moderna de Música. Como maestro se ganó un sitial de excelencia indiscutible y su aporte fue decisivo en cuanto al rigor y renovación de las metodologías, especialmente en las asignaturas de Piano, Armonía superior, Análisis musical e Historia de la música. Una de las mayores preocupaciones de don Carlos en todo su ejercicio profesional fue velar por la calidad de la docencia, tanto a nivel básico como universitario. En este sentido su lucha fue incansable, interesándose en todos los aspectos, desde la revisión constante de planes y programas hasta la elaboración de material de trabajo, el cual entregaba desinteresadamente en apuntes inéditos. Debemos destacar tres rasgos fundamentales de su personalidad como docente: la entrega incondicional a sus alumnos, sin buscar el halago o el reconocimiento; su rechazo absoluto a toda manifestación de mediocridad, y su enfoque integral de la música, producto de su amplia formación musical y cultural. Carlos Botto hizo escuela que dejó profundas huellas en varias generaciones de intérpretes, investigadores y docentes, trascendiendo el ámbito de lo nacional a través de sus numerosos y destacados discípulos.

Por otra parte, debamos recordar la relevancia y significación de la labor creativa de Carlos Botto, ganador en repetidas ocasiones de las más altas distinciones en los otrora Festivales de Música Chilena, con aportes decisivos y perdurables al patrimonio musical chileno. Compuso para diferentes medios, pero fueron el piano y la voz los que más le atrajeron y para los que escribió preferentemente. Sus obras para piano se interpretan regularmente, también han sido grabadas, obteniendo muchas de ellas importantes premios: con las Variaciones op. 1 ganó Mención Honrosa en los II Festivales de Música Chilena de 1950; los Diez preludios op. 3, una de sus obras más interpretadas, obtuvo el Premio de Honor y el Primer Premio en los III Festivales de Música Chilena. Los Tres caprichos op. 10, la Partita op. 22, el Scherzo op. 31, la Sonata op 42, dedicada al que fuera su alumno Alfredo Perl, y la Sonata N° 2 op 49, dedicada a María Iris Radrigán también ex alumna de Carlos Botto, son obras que los pianistas incluyen con frecuencia en sus repertorios.

La música vocal es el otro núcleo de su obra. Prioritariamente compuso para voz y piano. Entre las obras que se destacan figuran las Doce canciones op. 4 sobre textos de Lope de Vega, los Cuatro cantares quechuas op. 11 y el ciclo Poemas de amor y soledad op. 12 sobre textos de James Joyce. Una de sus obras cumbres en el género vocal, lo constituye el ciclo Siete cantos al amor y a la muerte op. 8 para tenor y cuarteto de cuerdas. Esta obra representa uno de los aportes más valiosos a la literatura musical chilena, y fue reconocida con el Primer Premio y Premio de Honor en los Festivales de Música Chilena de 1956. De su música de cámara se destaca el Cuarteto op. 5, obra ganadora del Primer Premio y Premio de Honor en los IV Festivales de Música Chilena de 1954. Carlos Botto fue un compositor creativo e independiente, logró dimensiones especiales en el campo de la expresividad y su obra refleja la profundidad y riqueza de su pensamiento. Nunca aceptó nada que le coartara su propia individualidad, y su talento y honestidad frente a la creación artística le permitieron crear obras significativas que, sin duda, constituyen un valioso aporte a la creación musical de nuestro país.

En su calidad de académico de la Facultad de Artes, Carlos Botto también realizó una bella e importante labor. Su gestión como director del Conservatorio Nacional de Música de la entonces Facultad de Ciencias y Artes Musicales, estuvo plena de realizaciones: se sistematizaron los estudios musicológicos, la carrera de Pedagogía en Música recibió un importante impulso con la ampliación y profundización de las materias propiamente musicales, se iniciaron las actividades del Instituto Interamericano de Educación Musical y en su calidad de director dio su aprobación para comenzar a recibir los primeros alumnos extranjeros. A raíz de la creación de Musicología, pensó también en la necesidad de formar profesores especializados en materias teóricas como Lectura, Armonía y Educación ritmo-auditiva. De este programa académico en Teoría General de la Música han egresado excelentes profesores.

Carlos Botto recibió durante su vida importantes reconocimientos y numerosas distinciones provenientes de distintos ámbitos: Diploma de Caballero Oficial de la Orden al Mérito de la República de Italia en 1965, galardón que se le otorga a los descendientes de italianos que destacan por su labor en el extranjero; Diploma de Honor en reconocimiento a su labor "en pro de la cultura chilena", concedido por la Municipalidad de Valparaíso en 1975; Diploma de Honor por su valiosa contribución al desarrollo del arte de la música en nuestro país, otorgado por la Municipalidad de Viña del Mar en 1992; premio Charles Ives otorgado por el Instituto Norteamericano de Cultura en 1993 y nombramiento el mismo año como Profesor Emérito de la Universidad de Chile. En 1995 la Sociedad Chilena del Derecho de Autor le confirió la calidad de Socio Emérito de esa corporación. Estos y otros reconocimientos culminaron con el otorgamiento del Premio Nacional de Arte mención Música en 1996.

Gracias don Carlos por lo que fue y lo que representó en nuestras vidas, por su entrega, por sus consejos y enseñanzas, por su ejemplo, por habernos enseñado a amar la música; su recuerdo permanecerá en nuestros corazones.

Julia Grandela del Río
Facultad de Artes
Universidad de Chile
Chile