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Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. v.58 n.202 Santiago jul. 2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902004020200012 

 

Revista Musical Chilena, Año LVIII, Julio-Diciembre, 2004, N° 202, pp. 92-94

RESEÑAS DE FONOGRAMAS

Dualidad. Chilean Music for Solo Cello. CD. Intérpretes: Pablo Mahave-Veglia y otros. Eroica, JDT 3194. EE.UU., 2004.

En la última década se ha publicado un importante número de discos compactos de música chilena, dentro de los cuales abundan conjuntos de cámara (vocales y/o instrumentales), pero escasos son los discos de música para instrumentos solistas u orquesta sinfónica.

El déficit sinfónico se puede explicar por la falta de una política gubernamental pertinente, asociada al pragmatismo económico imperante, pero el déficit solístico es una cuestión propiamente musical, que debiera preocupar a nuestros músicos, tanto a nivel de intérpretes como de compositores, maestros y discípulos. Inevitablemente, frente a esta realidad, surge una inquietante pregunta: ¿responde ello a algún tipo de falencia en la cultura musical chilena?

La situación no es tan crítica para el piano y la guitarra, pues se trata de instrumentos que tradicionalmente han sido considerados "armónicos" y, por lo tanto, históricamente han gozado de un mayor grado de autonomía que los ha favorecido con un repertorio solístico más amplio. Sin embargo, la producción discográfica para los demás instrumentos -a nivel solista- es bastante escasa en Chile. Existen algunos ejemplos, claro está, como son Hernán Jara (flauta traversa), Luis José Recart (viola), Isidro Rodríguez (violín), Víctor Rondón (flauta dulce) y Miguel Villafruela (saxofón), entre otros, quienes ya tienen una o más producciones discográficas, pero ello no es suficiente como para dar cuenta de un movimiento de intérpretes propiamente solistas que, sin duda, le haría muy bien a la salud musical del país. No obstante, favorablemente existe un número apreciable de músicos chilenos que viven en el extranjero y que, en buena hora, no se olvidan de su terruño y, de vez en cuando, hacen valiosos aportes como solistas. Es el caso de Pablo Mahave-Veglia, quien recientemente dio a luz un disco con música chilena exclusivamente escrita para violoncello: Dualidad. Chilean Music for Solo Cello.

Miembro de una familia de músicos -su madre, Mercedes Veglia, es maestra de piano- Pablo Mahave-Veglia gozó de una sólida formación musical, realizando en Chile sus primeros estudios con el cellista Arnaldo Fuentes. Posteriormente se perfeccionó en el extranjero con maestros como Steven Doane, Tsuyoshi Tsutsumi, Janos Starker y Uri Vardi. Sus estudios de postgrado los realizó en los Estados Unidos, logrando un alto nivel de especialización, con un repertorio de violoncello que abarca desde el período barroco hasta el contemporáneo. Actualmente reside en ese país, ejerciendo como profesor e intérprete, y habitualmente realiza giras de conciertos tanto en Estados Unidos como en América (sur, centro y norte), Europa, Japón y, por cierto, Chile. Dentro de su nutrida trayectoria ha actuado como solista -junto a prestigiosas orquestas- y como miembro de diferentes conjuntos de cámara.

Su disco Dualidad, recientemente publicado, tiene una presentación bastante austera, dando cuenta de que, más que la apariencia visual -tan de moda hoy día- importa su contenido musical. Para contextualizar las obras y sus compositores, el propio músico escribe y hace referencia a la marcada influencia alemana y tradición posromántica que existió en la música chilena del siglo XX, por lo menos hasta la llegada del régimen militar en 1973. Después Chile comenzó a sufrir profundas mutaciones culturales que se tradujeron en la introducción del sistema neoliberal, junto a la apertura de los mercados, con la inevitable internalización y reproducción y/o copia de modelos extranjeros. Con ello se diversificaron nuestras manifestaciones culturales y, en particular, musicales, al punto de que hoy en Chile -y tal vez en el mundo- existe una suerte de sobrepoblación de compositores, que no siempre se traduce en un enriquecimiento y diversificación de la música.

Si bien es cierto que las mutaciones culturales antes referidas influyeron considerablemente en nuestra vida musical - también en su vertiente popular- es importante destacar que, a partir de la década de 1970, según el propio Gustavo Becerra lo manifestó un día: "con el aporte del maestro Cirilo Vila, en Chile se instaló un nuevo piso para la composición musical". En efecto, las enseñanzas y presencia de Cirilo Vila implicaron una mayor conciencia histórica y analítica de la música, además del rigor en el oficio composicional, junto a una apertura, libertad y diversificación creativa. Y el disco da cuenta de estos cambios, incluyendo obras de tres compositores de la antigua corriente musical chilena (Heinlein, Montecinos y Lémann, formados antes de 1970) y tres de las generaciones posteriores (Guarello, Alcalde y Cantón, formados después de 1970).

El orden de las obras es casi cronológico, según la edad de los compositores, vale decir, según su aparición en el escenario histórico-musical. La primera partitura que se escucha es Canzona, Tonada y Giga (1999) de Federico Heinlein; luego continúa con Eólica (1990) de Juan Lémann, y le sigue Tres piezas op. 28 (1989) de Alfonso Montecino. Posteriormente incluye Solitario II (1985) de Alejandro Guarello, Der Mondbach I (1985-1986) y Der Mondbach II (con doble cuarteto de cuerdas, 1985) de Andrés Alcalde, para concluir con Dualidad para uno (1983), de Edgardo Cantón, cuyo título sirvió para el propio disco.

Al escuchar la música se disfruta y se aprende. Por de pronto queda claro que -dentro de una perspectiva contemporánea- el concepto de "instrumento armónico" carece de todo sentido y, más bien, es una aberración: un equívoco que contradice a la música misma, pues todos los instrumentos son armónicos y melódicos; todos los instrumentos son polifónicos. Sólo depende de cómo se escriba o conciba la polifonía. Una monodia en su trayectoria va definiendo armonías. La melodía y la armonía son diferentes formas de escribir polifonía. Las "melodías quebradas" de Juan Sebastián Bach - en sus partitas- son un buen ejemplo de ello. Y en el disco Pablo Mahave-Veglia nos los hace sentir y recordar con su interpretación. Por cierto que en la música contemporánea la polifonía no sólo tiene relación con la horizontalidad y verticalidad, sino con propuestas y búsquedas que intentan ampliar el espacio-tiempo musical: se pueden distinguir procesos, texturas y segmentos - o dibujos sonoros- fonemas que se dilatan y contraen, que se exponen, se reflejan o se giran, dando lugar a verdaderas figuras musicales, colores, diagonales, vórtices y, a veces, complejos montajes sonoros.

En este sentido, las propuestas de los compositores, sin duda, son diferentes, pues se cubre a tres generaciones con realidades socioculturales muy distintas de nuestra historia (antes y después de 1970 según se explicó). Sin embargo ese es justamente uno de los valores del disco, porque permite pasearse por nuestro siglo XX musical. Compositores como Federico Heinlein y Alfonso Montecino son claramente más clásicos en su concepción, pero los demás -cada cual desde su perspectiva- intenta avanzar en su propia búsqueda, explorando en las sonoridades mismas, en la plasticidad, fluidez, contrastes de texturas, de sonidos y silencios o sonidos y "ruidos".

En la audición también queda claro lo que muchas veces reiteró el compositor Juan Amenábar: "música chilena es simplemente música hecha por compositores chilenos". En efecto, en esta música son muy escasos los referentes locales. El disco contiene "música del mundo" y es la "potencia propia" -o vida propia de la música- la que finalmente definirá el posicionamiento de cada partitura en la historia. Pablo Mahave-Veglia hace todo lo suyo para darle curso a este desafío. Técnicamente su interpretación es intachable. Sonoramente nos hace sentir dentro de la caja de resonancia del violoncello, con la profundidad que lo caracteriza, escuchándose los diferentes ataques del arco, su roce, el espesor y tensión de las cuerdas, los pizzicati y toquidos desde el ponticello hasta la tastiera. Musicalmente nos hace recorrer parte de nuestra historia y riqueza musical, refrescándonos nuestro espíritu. En algunos momentos, sin embargo, se echa de menos un contacto más directo con el compositor o un mayor tiempo de maduración de las obras. Pero eso es inevitable cuando se trata de música de tan reciente creación. Y sea como sea, los auditores tienen la última palabra. Además, no hay que olvidarse que Pablo Mahave-Veglia vive en el norte, en la cara norte de nuestro planeta. Nosotros vivimos en la cara sur. He allí una "dualidad" concreta que, de una u otra manera, influye en nuestras perspectivas y, por cierto, en nuestra forma de sentir, entender y hacer la música.

Finalmente, sólo queda agradecer el valioso aporte musical realizado por este colega y violon-cellista que nos saluda, acompaña y apoya desde los Estados Unidos. Tal vez, como una sugerencia de orden sociocultural -para futuras publicaciones-, considerando que el disco es de músicos chilenos, ideal sería escribir los textos en forma bilingüe -español-inglés-, por cuanto ello daría una mejor cuenta de la "dualidad sur-norte" en que convivimos.

Gabriel Matthey Correa
Facultad de Artes. Universidad de Chile, Chile