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Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. v.58 n.202 Santiago jul. 2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902004020200010 

  Revista Musical Chilena, Año LVIII, Julio-Diciembre, 2004, N° 202, pp. 91-92

RESEÑAS DE FONOGRAMAS

Puro Neruda. CD. Cuncumén. Alerce Producciones Fonográficas S.A. Santiago, 2003.

La historia del conjunto chileno Cuncumén se remonta al año 1955 y por sus filas han transitado, entre otros ilustres nombres de la música chilena: Silvia Urbina, Margot Loyola, Juan Collao, Rolando Alarcón, Víctor Jara, Jaime Rojas, Helia Fuentes y su infatigable directora, Mariela Ferreira, quien actualmente continúa con este trabajo tanto de organización como de creación musical.

Al cumplirse los treinta años de la muerte de nuestro Premio Nobel Pablo Neruda, y en el umbral del centenario de su natalicio, el conjunto Cuncumén ofrece su nueva producción musical homenajeando al vate en este disco compacto titulado Puro Neruda. El CD comprende diez canciones basadas en poemas de diferentes momentos de la vida de nuestro poeta nacional, los cuales corresponden, en su gran mayoría, a la vertiente épica de su producción literaria. Cada poema-canción está precedido de una recitación de versos de Neruda, por Jorge Lillo, lo que permite crear el clima de complemento y enlace con el contenido de las canciones.

En el primer surco del CD aparece Joaquín Murieta, de Fulgor y muerte de Joaquín Murieta, en composición y arreglo vocal de Mariela Ferreira y arreglo instrumental de Hernán Barría. La canción evoca la fuerza justiciera a través de un estilo de acompañamiento de guitarra que Víctor Jara llamó "galope", como en su canción El aparecido (1967) que subtituló Galope al Che Guevara.

La segunda pieza del CD es la canción América insurrecta (fragmentos de Canto general), compuesta y arreglada por Mariela Ferreira. Es una canción-tonada estilizada, donde las guitarras y el charango, junto al cello y el bombo, van acompañando la canción en in crescendo que deriva casi al final en una baguala. En el surco tres se escucha la canción Patria prisionera (A Chile de regreso, fragmento de Navegaciones y regresos). En estilo de tonada, esta pieza es una de las canciones mejor logradas del disco, tanto en la composición como en el arreglo, que pertenecen a Mariela Ferreira. En el surco siguiente se incluye La barcarola (Cuando de Chile, fragmentos de Nostalgias y regresos), composición y arreglo vocal de Mariela Ferreira y arreglo instrumental de Marcelo Coulon (Inti-Illimani). Esta canción evoca muy bien el amor y la nostalgia a través de una hermosa y dulce línea melódica, logrando un buen complemento entre música y texto.

Con música de Margot Loyola y arreglos de Cuncumén, en los surcos 5, 6 y 7 aparecen las Cuecas a Manuel Rodríguez: vida, pasión y muerte. En estas composiciones, ceñidas a la estricta métrica de la cueca, el conjunto reflota el sonido tradicional de nuestra danza nacional, con hermosas arpas y acordeones, donde el canto colectivo a dos voces aparece seguro y con gran fiato, especialmente en las dos primeras cuecas. Antecede a la tercera cueca una recitación del fragmento final de José Miguel Carrera (1810), de Los libertadores, de Canto general.

Se da paso en el siguiente surco a todo el romanticismo de No te quiero, Soneto XLIV, de Cien poemas de amor. En estilo de habanera, una vez más, Mariela Ferreira nos ofrece, en composición y arreglo vocal, una bellísima canción muy bien interpretada por un dúo mixto de gran sensibilidad. El arreglo para guitarras, sobrio y atinado, pertenece a Laura Cárdenas.

La bandera, canción inspirada en Las flores de Punitaqui, de El pueblo, de Canto General, es otra pieza de la directora del conjunto, en la cual se aprecia una canción-tonada que intercala una voz solista en las estrofas, con un estribillo con mucha fuerza coral colectiva, apoyado por las cuerdas del charango y el arpa.

La última canción del fonograma es Recabarren (fragmento final de El páramo, de Los libertadores, de Canto General. Con música de Mariela Ferreira y arreglo de Hernán Barría, en la pieza se destaca el recurso del contracanto coral (recordando por momentos a Luis Advis), que lleva al auditor a adentrarse en el espíritu de lucha de ideales que relata sus versos.

A manera de epílogo y muy bien elegido, se escucha la recitación Poema final, que corresponde a un fragmento de Que despierte el leñador, de Canto general.

El conjunto Cuncumén aparece integrado en este disco por Mariela Ferreira (directora), Ana María Báez, Lidia Durán, Claudio Núñez, Sebastián Castillo, Laura Cárdenas, Ester Rodríguez, Pablo González, Janet Hidalgo, Nelson Molina y Patricio Zamorano. Como músicos invitados figuran Javier Estrada, Ernesto Pérez, Carlos Miranda y Mariana Chamorro. Los instrumentos utilizados en la grabación son guitarras, arpa, teclado, bajo, acordeón, quena, flauta dulce, flauta traversa, cuatro, charango, violoncello y percusiones. El disco fue grabado en los estudios Akustik y Estudio 380. El diseño y diagramación pertenecen a Mónica Larrea y la presentación fue redactada por José Miguel Varas.

Lo más valioso de este trabajo discográfico es, tal vez, darse cuenta de la vigencia y permanencia del estilo característico de este conjunto chileno que, casi a punto de cumplir 50 años de vida artística, se mantiene fiel a su sonido propio, considerando incluso la incorporación de variados instrumentos musicales, tanto de la organología latinoamericana como de la europea. En esto tiene mucho que ver, obviamente, el sello de su directora, Mariela Ferreira, ya que es la principal compositora y arregladora de las piezas que conforman esta producción poético-musical. Y aunque no todas las canciones tienen la misma calidad, el trabajo en general es bastante homogéneo, de principio a fin, en sus distintos aspectos. Quizá uno de los puntos más débiles sea la interpretación en las voces femeninas, que en muchos casos se escuchan destempladas y sin fuerza. No obstante, el sonido vocal se recupera en el canto colectivo mixto y en los dúos. Excelente es el trabajo de declamación de Jorge Lillo, un real aporte a este trabajo.

En resumen, pese a los distintos accidentes geográficos e históricos que han vivido y sufrido sus integrantes, Cuncumén es un ejemplo de esfuerzo, sacrificio y perseverancia por continuar a través de tantos años con su plausible labor de creación, rescate y proyección de nuestras raíces, algo tan difícil en estos días, donde siempre será válido luchar cotidianamente por la recuperación, defensa y difusión de nuestro rico patrimonio musical y cultural chileno y latinoamericano.

Claudio Acevedo Elgueta
Facultad de Artes, Universidad de Chile, Chile