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Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. v.58 n.201 Santiago ene. 2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902004020100011 

 

Revista Musical Chilena, Año LVIII, Enero-Junio, 2004, N° 201, pp. 118-119

RESEÑAS DE FONOGRAMAS

Fernando García
Facultad de Artes, Universidad de Chile.Chile.


Bicentenario de la música sinfónica chilena (vol. 1). CD. Orquesta Sinfónica de Chile, director: David del Pino. SVR Producciones Limitadas. ABA-SVR-70000-1. Santiago: Academia Chilena de Bellas Artes, 2003.

En el mundo musical contemporáneo nadie tiene dudas en cuanto a que lo más significativo para la difusión de la música de tradición escrita es, en la actualidad, el fonograma, en cualquiera de sus modalidades y no las presentaciones en vivo. Si se toman en cuenta los costos que el complejo montaje de las obras sinfónicas exige y se considera el aumento permanente del repertorio para semejante combinación sonora, se concluye que es extremadamente difícil que los auditores, a través de conciertos públicos, por muy grandes que sean los recintos que se utilicen para éstos, puedan satisfacer sus necesidades de conocer lo mucho que se ha compuesto desde la creación de la orquesta sinfónica.

En nuestro país este fenómeno se comprendió tempranamente y en la década de 1940, al poco tiempo de haber sido creado el Instituto de Extensión Musical (IEM), este organismo -desgraciadamente desarticulado a comienzos de la dictadura militar-comenzó a grabar todos los conciertos que ofrecía, tanto sinfónicos como de cámara, existiendo particular preocupación por registrar las obras de los compositores chilenos. En los cerca de 40 años de esta ininterrumpida y sistemática labor, se logró grabar y conservar en discos de acetato primero y en rollos de carrete abierto después, prácticamente la totalidad de la música de autores nacionales interpretada durante ese período, que era un porcentaje pequeño de toda la música compuesta en el país. Estas grabaciones fueron retransmitidas por diferentes radioemisoras de ciudades del norte y del sur, lo que permitió al público chileno tener mayor acceso a la música de nuestros compositores.

Las autoridades del IEM entendían que la transmisión radial no era suficiente para masificar el conocimiento de la música culta chilena y ya en 1946 esta institución universitaria lanzó al mercado los primeros discos con música chilena de tradición escrita. Antes, en 1944, la Universidad de Chile había comenzado las grabaciones de música folclórica, cuando, con los auspicios del Instituto de Investigaciones Folklóricas, se grabó el álbum de diez discos de 78 rpm denominado Aires tradicionales y folklóricos de Chile. Desde entonces en Chile se han ido produciendo fonogramas con música docta de autores nacionales, producción que en los últimos tiempos se ha acrecentado gracias al FONDART, que se sumó a los esfuerzos de, entre otros, la Universidad de Chile, la Asociación Nacional de Compositores y el sello SVR.

Desde 1999 la Academia Chilena de Bellas Artes del Instituto de Chile, que preside el compositor Carlos Riesco _a quien en los años 40 Domingo Santa Cruz, director del IEM y Decano de la Facultad de Ciencias y Artes Musicales de la Universidad de Chile, encomendó comprar en los Estados Unidos los equipos de grabación del IEM_ ha jugado un papel muy importante en la producción de discos compactos con música de nuestros compositores. La Academia, en 1999, puso a disposición de los aficionados el primer CD de la serie "Música de concierto chilena" (ABA-SVR-900000) que en los siete CD editados ha incluido obras de Federico Heinlein, Jorge Urrutia-Blondel, Próspero Bisquertt, Carlos Riesco, Carlos Botto, Juan Orrego-Salas, Jaime González, Fernando García, Cirilo Vila, Santiago Vera-Rivera, Miguel Letelier, Juan Lemann, Fernando Antireno y Juan Amenábar.

En 2004, la Academia ha puesto en circulación una nueva serie, la ABA-SVR-70000, que ha titulado Bicentenario de la música sinfónica chilena, cuyo primer volumen se lanzó el 9 de enero, en el Teatro de la Universidad de Chile. El proyecto de la Academia de Bellas Artes es llegar al año del Bicentenario de la Independencia con varios discos de música sinfónica chilena que cubran el amplio espectro de la composición nacional en este género. Además, la Academia ha iniciado el registro de obras que engloben otros géneros para así editar nuevas colecciones, las que, junto con la de música sinfónica, muestren un panorama general de la composición de tradición escrita en 200 años de nación independiente.

En el primer volumen de esta colección inicial que edita la Academia Chilena de Bellas Artes, se contó con la colaboración de la Orquesta Sinfónica de Chile, dirigida por David del Pino Klinge, y se contemplaron obras de los siguientes autores: Enrique Soro (1884-1954): Tres Aires chilenos, Domingo Santa Cruz (1899-1987): Preludios dramáticos y Alfonso Leng (1884-1974): La muerte de Alsino. Son ellas, tres de las más celebradas obras de autores considerados entre los pilares fundacionales de la música chilena del siglo XX.

Enrique Soro compuso sus Tres aires chilenos en 1942, es decir, era ya un músico maduro que dominaba su oficio plenamente. Esto se percibe desde los primeros compases de su conocida y gustada creación. Maneja la orquestación con brillantez y soltura y da a sus Aires chilenos la claridad formal propia de la música de tradición oral, para lo cual recurre a las estructuras de la cueca y la tonada, así como a sus esquemas rítmicos y melotipos. Los Tres aires chilenos de Soro gozan de merecida popularidad entre nosotros y se les debe situar, indiscutiblemente, entre las obras para orquesta sinfónica más representativas de la música chilena de la primera mitad del siglo pasado.

La notable labor que realizó Domingo Santa Cruz en el desarrollo de la institucionalización musical de nuestro país, ha opacado muchas veces algunos aportes notables que hizo a la creación musical chilena. Uno de esos es la composición número 23 de su catálogo, que denominó Preludios dramáticos. Estos preludios, fechados en 1946, son tres: "Presentimiento", "Desolación" y "Preludio trágico". En ellos el compositor evoca a su primera esposa, Wanda Morla, al cumplirse, el 14 de abril de 1946, veinte años de su fallecimiento. Son piezas con gran carga emocional y dramatismo, y sus títulos son fiel expresión de los dolorosos momentos vividos por el compositor en su juventud. Los Preludios dramáticos de Santa Cruz, lo mismo que la obra de Soro, ocupa un lugar muy importante en la literatura sinfónica nacional anterior a 1950.

El programa del CD termina con el poema sinfónico La muerte de Alsino, que Alfonso Leng dedicó a su amigo y colega compositor Enrique Arancibia. Se basa en la novela de su "hermano decimal" Pedro Prado, quien escribiera _después de escuchar las cinco Doloras para piano- las glosas a cada una de estas piezas de Leng. El poema La muerte de Alsino fue compuesto en 1920 y estrenado en 1922 bajo la dirección de Armando Carvajal. Esta creación ha sido considerada la más importante de su autor y es una síntesis de su estilo, caracterizado por un romanticismo surgido básicamente de Wagner, pero empapado de tendencias posteriores que le confirieron contemporaneidad e identidad propia. Desde su estreno, se ganó un lugar privilegiado en las presentaciones sinfónicas en nuestro país y, al igual que las dos composiciones anteriores incluidas en este disco, es estimada una obra clave de la música chilena del siglo pasado.

Las obras de Soro, Santa Cruz y Leng que incluye el fonograma están brillantemente interpretadas por la Orquesta Sinfónica de Chile, hábilmente conducida por su director titular, el maestro peruano David del Pino Klinge. La agrupación muestra compenetración en su tarea, disciplina, afinación, un bello sonido, empaste , y sus solistas se desempeñan en forma sobresaliente en los solos que deben abordar. Por su parte, el trabajo artístico-técnico realizado por el maestro David del Pino con la Orquesta Sinfónica es extraordinario. Obtiene un rendimiento notable de la agrupación orquestal. Esta alcanza enorme expresividad al moverse dentro de una amplia paleta dinámica, sin nunca perder el necesario equilibrio sonoro. También consigue de los músicos una permanente atención, lo que redunda, entre otras cosas, en la precisión de entradas, cortes y rubatos que contienen sus versiones. Pero lo más importante es, seguramente, la comprensión que el director alcanzó de los estilos de las tres obras incluidas en el CD, de los cuales se empapó. En los registros dirigidos por el maestro del Pino se observan con claridad el criollismo de los Aires chilenos de Soro, el expresionismo postromántico de los Preludios de Santa Cruz y el romanticismo postwagneriano del Alsino de Leng.

En este primer disco de la serie Bicentenario de la música sinfónica chilena se empleó una avanzada tecnología, lo que sumado al muy alto nivel musical de la grabación, permiten al auditor escuchar las obras de Soro, Santa Cruz y Leng en las mejores condiciones posibles. Además, el CD es acompañado por un librillo editado excepcionalmente en cuatro idiomas, castellano, inglés, alemán y francés, que entrega breves biografías de los compositores y comentarios de las obras, la biografía de David del Pino Klinge y una corta historia de la Orquesta Sinfónica de Chile. Es una lástima que los comentarios sobre los compositores y sus obras sean tan exiguos, y es de esperar que en los próximos CD esto se modifique .

El esfuerzo que está haciendo la Academia Chilena de Bellas Artes para celebrar el Bicentenario de nuestra Independencia, con una cantidad importante de fonogramas de música chilena de tradición escrita circulando nacional e internacionalmente, es digno de elogios y aplausos, y esta iniciativa debería concitar el apoyo de todo quien se interese por el desarrollo de la vida musical chilena.